Capitulo 37:
Tigresa_
Mi alma no era mía. No más.
En ese momento lo comprendí, cuando él me observó con aquel brillo adornándole sus ojos de jade, suplicándome que hiciera lo correcto. Pidiéndome en silencio que actuara con prudencia.
Mi alma ya no me pertenecía, pero tampoco a él.
Shen parecía haberlo adivinado antes de que nosotros lo pudiéramos deducir.
Un sacrifico de un alma, tenía que ser yo, y no por la estúpida razón que Lord Shen estaba pensando. Tenía que ser yo, por que la única forma de liberar el cuerpo de Po de su alma era matarla.
Quizás esto suene imposible, pero es lo mejor que pude pensar con las prisas de un grupo de asesinos y un lunático forzándome a asesinar a mi mejor amig… a mi novio.
Matar el alma de Po. Yo debía hacerlo porque, supongo, era mía. Me pertenecía porque él me la cedió, igual que yo. Xiao Po Ping era el dueño legítimo de mi persona. Y yo de la suya. Matar el alma de Po significaría sacrificar parte de mi propio ser en el proceso. Nunca había matado a nadie, aunque a veces jugara con pensarlo, jamás me hubiera atrevido, y lo sé.
Lord Shen quería, no solo sacrificar a Po y su esencia misma en este ritual. El hombre albino parecía querer llevarse parte de mí también. Si yo asesinaba a Po entonces su alma moriría, porque yo lo habría hecho ¿Confuso, no? Déjenme explicarme mejor:
En palabras de una gran mujer: "Asesinar fragmenta el alma, porque es una violación a la naturaleza". Si yo asesinaba a Po, o a cualquiera, entonces parte de mi propia alma se vería sacrificada en el proceso, al menos parte de ella. Po, que me había dado su ser espiritual a mí, estaría apegado a esa misma esencia muerta, mi esencia muerta.
-No tenemos todo el día.- me dijo Shen dándome un empujoncito con el codo.
Mis manos seguían atadas de las muñecas, impidiéndome hacer nada más que sostener el arma con piedrecillas de jade que se me incrustaban en las palmas.
Miré a Po, mis ojos vibrantes de dolor.
El joven de hermosa sonrisa me devolvió el gesto, con los ojos de esmeralda ahogados en agua salada. Esbozó una mueca de falsa felicidad.
Sonreí, que al menos pensará eso antes de lo que iba a hacer.
Él cerró los ojos al tiempo que yo alzaba mis brazos sobre mi cabeza, sujetando el cuchillo en dirección de su corazón.
Sudaba. Mis respiraciones se hicieron cada vez más rápidas y desesperadas mientras el llanto emergía. El tiempo parecía estirarse, alargarse solo para torturarme con el pacifico rostro de mi chico de jade.
Entonces le observé, parecía dormido.
Mis ojos ardían, mi corazón estaba cansado de todo esto… no podía soportarlo, quizás era mi pequeña enfermedad, pero… No podía soportarlo.
Comencé a descargar el cuchillo, Po entreabrió los ojos.
Moví el arma con una velocidad que nunca me hubiera imaginado de mi misma. El cuchillo volaba en mis manos, dejando una estela esmeralda su paso. Lord Shen estaba detrás de mí, sonriendo como una hiena al ver el movimiento de mis manos. Su sonrisa se borró tan pronto como apareció.
La hoja plateada atravesó su arrugada mejilla con una precisión y profundidad suficientes para hacerle tambalearse, cayó al tiempo que soltaba un grito animal. Me moví, impulsada por la adrenalina, con el cuchillo destripé las ataduras del chico blanco y negro con suma facilidad.
Sus muñecas estaban rojas e irritadas. Una vez libre, Po se apresuró a tomar el arma y romper las sogas en mis manos. No lo logró.
Lord Shen se colocó detrás mío, sus huesudas manos me rodearon el cuello. Una de sus manos estaba empapada en sangre. En medio del ataque logré admirar al resto de los lobos, nadie movió un dedo. Estaban muy absorbidos por el espectáculo como para ayudar a su líder. El único que parecía moverse era el jefe de piel morena, pero no había forma de llegar hasta acá, solo nadando.
-¡Déjala!- gritó Po blandiendo el arma hacia Shen. Él ignoró la amenaza, remplazándola con la suya propia: Sus manos dejaron mi cuello, ubicándose en mi nuca y parte baja de la cabeza, dijo entonces:
-Suelta el arma, o ella lo pagará.- Observe como Po, con impotencia, arrojaba el cuchillo, directo al hombro de Lord Shen. Casi me desmayo, y juro que Po recibió unas buenas patadas por el hecho de que la daga casi me daba en el pecho.
Shen me soltó la cabeza, desubicado por el dolor en el pecho. EL cuchillo había atinado a enterrarse en la carne, lo suficientemente profundo como para que él me soltara la cabeza. Se tambaleó, tropezando con una roca y finalmente cayendo al agua, arrastrándome.
Quise resistirme, pero Shen, en medio de sus tropiezos, logró sujetarse del cuello de mi sudadera, caímos al agua.
Después del rápido chapoteo me encontré a mi misma sumergida hasta el cuello, pataleando y luchando con el agarre del Lord. Tome varias bocanadas de aire antes de rendirme ante el peso del hombre. De alguna forma Shen logró arrastrarme por el agua. Me deje llevar unos segundos, confundida por la repentina ceguera y el mundo azul a mí alrededor.
Agité la cabeza frenéticamente.
Patee a dónde pude.
De pronto una tela empapada me rodeo el cuello. Era áspera. Una corbata.
Mis pulmones y músculos ardían por el esfuerzo de mantenerme consciente y luchando. Tenía los oídos llenos de agua, por lo que no fui capaz de escuchar nada de lo que sucedía afuera. Entre las rendijas que ahora eran mis ojos logré divisar un movimiento en la superficie, alguien había caído al agua, o quizás saltado. No me importaba mucho.
Mis manos se apresuraron hacía mi garganta, sujetando la tela y evitando que me presionase el cuello. Seguí intentando elevarme, pero el hombre albino me tenía bien sujeta, dispuesto a no dejarme ir por ningún motivo. Estaba furiosa por el haber sido tan lenta en reaccionar y no haberme ido en cuanto tuve la oportunidad.
Patee hasta cansarme, Lord Shen comenzaba a soltar el aire, creando burbujas alrededor de mi cabeza. El hecho de que él se comenzara a quedar sin oxigeno me recordó que yo también llevaba cerca de un minuto sin…
Abrí la boca.
Burbujas.
La volví a cerrar, pero ya había consumido agua y mi corazón latía con la fuerza de un tren bala. Mis pulmones suplicaban por piedad, y yo… Yo solo quería descansar.
Shen aflojó su agarre, segundos después vi una sombra larga como de serpiente nadar con desesperación hacia la superficie. Otra figura pareció y arrastró al hombre. Mientras yo seguía cayendo en el abismo profundo de aquel hermoso lago de agua dulce.
Estaba oscuro, y arriba solo iluminaban algunas linternas y antorchas. El techo de la caverna, ahora desdibujado ante mis ojos, contaba con agujeros por los que pasaba algo de luz solar, debía ser cerca de medio día, pues las estelas de luz amarillenta golpeaban las rocas con intensidad.
Era hermoso, aun cuando lo veías borroso y con una capa azul sobre los ojos.
Otro chapoteo, alguien había entrado al agua.
Intente moverme, pero me fue imposible. Mis extremidades se volvieron pesadas en el agua y mi cabeza ya no quería volver a abrir los ojos una vez que los hubo cerrado.
Yo quería ir con quien fuera que pudiera ayudarme, pero mi cuerpo no me respondió. Estaba flotando a la deriva, lo suficientemente profundo como para no poder elevarme por mi cuenta.
Mi boca y nariz se desbloquearon en cuanto sentí el tacto de unas enormes manos sujetándome por la cintura y cargándome sobre un par de anchos hombros. Me dejé llevar mientras aquel hombre de fuerte composición me sacaba a ver de nuevo la poca luz del día.
Sus manos me presionaron por debajo del pecho y sus cálidos labios me devolvían a la vida, de apoco sentí mi cabeza despejarse gracias a la adrenalina y al placer de volver a sentir mis extremidades. Me levante, convulsionándome y escupiendo cada gota de agua que pudiera sobre la camisa gris de aquella persona, estaba empapado, arrodillado junto a mí, observándome con la vista fija en mi rostro.
Quise sonreírle, pero no podía creer quien era.
-Tú...-murmuré.- Tú no eres Po.-agregue con un puchero de lo más infantil, tomando en cuenta la situación.
Po_
Mi vista se perdió en las ondas que emergían del agua después de que Lord Shen hubo caído.
Estaba aterrado. Congelado por un maldito sentimiento de culpa e impotencia al ver como mi amada Tigresa era arrastrada al fondo del agua sin poderlo evitar. Había sido mi culpa. Fui yo el idiota que arrojó el arma, que incluso eso pudo haber herido a Tigresa. Mi corazón se detuvo observando aquellas burbujas, ella seguro estaba peleando, luchando como pudiera para zafarse de las garras del monstruo que Lord Shen había demostrado ser.
Me preparé. Me quité la chaqueta y salte al agua.
Estaba helada y mi ropa comenzó a pesarme y a pegarse a mi piel. Era muy incomodo. Aun así, y pese a los gramos extras, comencé a nadar. Braseando cada vez más profundo mientras la luz de las linternas y el sol se perdía de mi campo de visión, dejándome con una oscura noción de lo que me rodeaba, agua, agua y más agua.
Pude percibir las sombras de las dos personas que pataleaban unos metros debajo de mí. Comencé a moverme con más apuro… No sé si eso está bien dicho…. Pero en realidad no me importaba mucho la gramática en ese momento.
Vi como una de las figuras se separaba de la otra y nadaba hacia arriba.
"Tigresa", pensé acelerando lo más que podía para sacar a la figura del agua.
Estiró su mano hacía mí. La tomé, estaba helada, resbalosa y sumamente firme.
Comencé a nadar de vuelta a la superficie sujetándole con la esperanza moviéndome las piernas, ella también cooperaba nadando a su ritmo, algo más lento y pesado que yo.
Salimos.
Mi vista estaba borrosa.
Los lobos estaban quietos… De hecho estaban dormidos…
Me limpié el agua de los ojos y el cabello de la cara.
Ella hizo lo mismo.
Ella no era Tigresa.
Ni siquiera era una mujer.
¿Qué demonios había hecho?
-Gracias, muchacho.-dijo con una aplastante sinceridad aquel esqueleto de traje fino.
-¡Tú!-me lancé contra él, ignorando todo a mí alrededor. Debo admitir, cegado por mis emociones de ira y estupiditis aguda me llegué a olvidar de la chica peli naranja que pataleaba debajo de mí.
Estaba demasiado ocupado gritando improperios y golpeando al Lord con mis puños.
Nos revolvimos en el agua durante unos segundos. Yo intentando golpearle con fuerza, fuerza frenada por el agua. Y él, como vil rata de alcantarilla, huyendo de las consecuencias de sus acciones. Nadando como si fuera un joven de veinte años. Y un servidor nadando como si fuera el Kraken arremetiendo contra un desprevenido barco carguero.
Alguien más cayó en el agua. Escuché el agua salpicar e incluso llegue a sentir algunas de las ondas que aquel ser producía al nadar.
Lord Shen logró llegar a una orilla conmigo mordisqueándole los zapatos como perro rabioso.
Salí del agua al mismo tiempo que la otra persona lo hacía.
Me di la vuelta para ver quién había sido el loco que saltó sin motivo al agua.
Mi corazón se detuvo por cuarta vez en un solo día.
Tai Lung salía del agua, con sus pantalones cayéndose por el peso y su torso desnudo, parecía cansado y cargaba algo en sus brazos. Alguien.
Sus ropas gruesas estaban escurriendo.
Tai Lung se agachó en el islote del sacrificio y le retiró la sudadera negra que llevaba puesta. Luego prosiguió a juntar sus manos y hacer presión en el pecho de la muchacha.
1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10…
… 25. 26. 27. 28. 29. 30.
Sus manos se colocaron sobre la frente y la barbilla, abriendo su boca.
2 insuflaciones.
Se agachó y colocó su oído justo dónde debe estar su corazón.
Repitió el proceso.
Observé.
Shen estaba respirando pesadamente con las manos apoyadas sobre una pared de la cueva. Sus malditos jadeos me devolvieron a la realidad.
O mejor dicho, a mi realidad.
Volví mi atención hacía él.
Totalmente dispuesto a romperle la cara, las costillas y cualquier otra parte del cuerpo que se me atravesara.
Tigresa_
Sus ojos de fuego se clavaron en los míos. Ambos observándonos como dos felinos a punto de lanzarse contra el cuello del otro. Extraña comparación, lo sé, pero así lo sentí…
-Lo lamento.- fue la primera palabra que salió de su boca.
-¿Qué cosa?-respondí furica.- ¿El habernos entregado a Shen? ¿Engañar a tu propio padre? ¿Dejar que tus hijos fueran carnada? ¿Acosarnos desde que dejamos el país? ¿O acaso te estás disculpando por haberme besado?- enliste de manera que la emoción del momento me hizo soltar la lengua más de lo que sentía correcto.
-No te bese, Tigresa, no seas infantil.- me corrigió con una sonrisa fugaz apareciendo en su rostro avergonzado. De haber sido un animal, podría jurar que sus orejas estarían más caídas que el muro de Berlín.- De… de no ser por mí estarías muerta desde hace mucho tiempo…-murmuró él sin atreverse a verme a los ojos.
-¿De qué hablas?-le pregunte, sintiendo el peso de sus palabras en mi pecho. Quería saber la verdad. Merecía saber la verdad.
-Yo… Shen… estamos asociados desde que mis problemas genéticos me terminaron metiendo en la cárcel…-
Su expresión, usualmente fiera, cambió. Su semblante reflejaba la pena y el arrepentimiento en su estado más puro. Sus ojos de pronto habían perdido el brillo y su voz gruesa se cortaba con cada palabra que pronunciaba.
-Dijo que podía ayudarme… Y lo hizo.-me contó el viejo leopardo.- Hice trabajos para él… Claro, nunca me dejaba ir solo, pero… me ayudó a encarrilar mi vida otra vez.-una pausa, tragó saliva.- Nunca creí que fuera nada grave. Sus negocios con la arqueología…. Los rivales… no me molestaba encargarme de ellos… Mi estado mental y mis hereditarios transtornos de alguna forma me hacían más fácil servirle a Shen para sus propósitos oscuros…-
-No es fácil vivir con tendencias psicopáticas desde que eres un niño… Y Shen me daba las oportunidades que quisiera para liberarme, ese hombre me soltaba la correa cuando yo quisiera… hasta cuando yo no deseaba salir a pasear.- reí internamente por su extraña comparación, tomando en cuenta que a Shen le parecían atraer los caninos…
Escuché con atención cada palabra de su historia… pero algo seguía molestándome. Y no era el hecho de que casi morí ahogada.
Algo se me olvidaba.
Era importante.
Mis ojos comenzaron a examinar la cueva.
Me di la vuelta.
A mis espaldas dos hombres empapados peleaban. Uno de ellos sostenía un cuchillo. El otro iba desnudo, no literalmente.
Luego un golpe, un trueno.
La bala rebotó en el hombro del sujeto más viejo.
Me paralice, escuchando apenas al que me había salvado la vida.
-Aquel accidente fue mi culpa…-
Mis oídos eran sordos a sus palabras.
Mi atención se centró en los peleadores.
Más gritos.
Volví a darme la vuelta… Que redundante sonó eso…
En fin, vi a los lobos peleando… ¿Otra vez?
La manada se enfrentaba a los cientos de Avatares calvos y a tres mujeres con ropas oscuras y sumamente ajustadas a sus cuerpos. Una de ellas se encargaba de proteger a Peng y a mi , ¿Amiga?, Song.
Eran las… mujeres que nos habían rescatado.
Les agradecí mentalmente.
-¡Tigresa!-gritó Tai Lung sacudiéndome los hombros.-
-¿Si, Tai?-pregunté sin prestarle atención, estaba más ocupada en angustiarme ahora que podía ver la pelea entre Shen y Po…
Shen blandía el cuchillo con la maestría de un maldito espadachín.
Po esquivaba con la gracia de un panda.
Esto estaba mal.
Una vez más, desde que salí de mi casa aquella tarde a buscar a mi padre, mi cerebro se desconectó y mi cuerpo se apoderó de mi consciencia.
Los gritos de Tai Lung sonaban lejanos para mí. Ahogados por el ruido de mi propio chapoteo al caer en el agua y comenzar mi nado de perrito hasta dónde mi guerrero comenzaba a perder la batalla.
Otro salpicón a mis espaldas. Lo ignoré, pero sabía de quién se trataba.
Alcancé la orilla para ver como Po lograba conectar un golpe en la muñeca de Shen, con la fuerza de aquel golpe, Po, logró hacer que su enemigo soltara el cuchillo. Shen soltó un gruñido y luego se abalanzó contra Xiao. Ambos cayeron, por centésima vez, en el agua.
Estuve a punto de arrojarme, pero Tai Lung me alcanzó y me detuvo, me golpeo el estomago, posiblemente me rompió una costilla o dos. Estaba tan molida que no lo soporté. Caí, recargando mi espalda contra el muro de roca ancestral, golpeándome la cabeza una y otra vez, recriminándome mi propia debilidad.
Observé como Po salía del agua con un montón de moretones en el rostro. Me arrastré hacía donde él estaba y lo ayudé a salir del agua. Él me recibió con una sonrisa que no pude corresponder.
Po_
Shen se retiró el pesado saco.
Me troné los nudillos y el cuello, ansiando el momento en que mis puños pudieran conectar con su rostro.
Sonreí.
Lord Shen sonrió también.
Cambie mi expresión.
Él sacó un arma. Un cuchillo de plateada hoja con empuñadura de apariencia preciosa, tenía incrustaciones de jade. Me observó mientras acariciaba el arma con una mirada casi maniaca.
-Escucha, niño.-dijo sin siquiera dirigirme la mirada.- Desde hace décadas estoy buscando este lugar… Y el poder del ojo del dragón.-se detuvo, murmurando algunas cosas que no me molesté en memorizar.- Estas.- mostró sus manos, mientras, sostenía el cuchillo entre los dientes.- están empapadas hasta los codos de las personas que intentaron interponerse en mi camino. No pasé años de burlas y trabajo para que un estúpido niñato vaya a arruinarme esto…-
¿Burlas? ¿Quién se burlaría del sujeto loco, albino y con aspiraciones divinas?
-Voy a conseguirlo.-dijo, ignorando mi presencia, más bien para sí mismo.- si tu madre no pudo impedirlo, tú no vas a ser mayor problema…-
Y….
Bam
Lo hizo, ese pavo había activado mi detonante.
No me desmoroné como suelo hacerlo. Esta vez algo más sucedió.
Ese sujeto de ojos cafés que me apuntaba con el cuchillo había sido sin lugar a dudas el orquestador del "accidente" que despojó a mi madre de su vida y a mí de una vida normal.
Ni si quiera la explosión de Hiroshima se podía comparar a las bombas nucleares que volaban dentro de mi corazón y cerebro.
Gruñí y cargué contra el hombre. Este me esperaba con el arma en alto.
Ciego por mis sentimientos me importó poco el filo del arma atravesándomela piel de los brazos. Apenas sentía mi propia sangre correr por mi piel. Toda mi atención y energía estaban concentradas en una sola cosa, acabar con ese sujeto.
Una ira casi animal poseyó mi cuerpo, influenciado por una especie de espíritu malvado, me moví como nunca lo había hecho antes.
Esquivando sus tajadas, pero también dándole unos buenos golpes en lugares estratégicos.
Pese a la gran cantidad de cansancio que ambos sufríamos, eso no era impedimento, seguimos luchando como un par de salvajes. Él atacaba con el cuchillo, siempre apuntándome al pecho, esperando atravesarme el corazón. Y yo, estaba demasiado ocupado atacando sus puntos vitales, tratando con desesperación psicótica por conectar con su cabeza o corazón, me conformaba con golpearle en la nuca.
Llegó un momento dado en que perdí la poca ventaja que la adrenalina y el enojo me habían brindado.
Lord Shen aprovechó mi tropiezo contra una roca, caí estrepitosamente. Él se me acercó, cayendo sobre mí y descargando todo el peso de su cuerpo sobre la puntiaguda hoja de plata. Alcancé a levantar los brazos y bloquear. El filo del cuchillo se clavó en mis manos, mis palmas sangraban mientras el arma resbalaba con una mortífera lentitud hacía mi pecho.
-Ahg.-gruñó Shen mirándome con aquellos ojos de maniaco, sus pupilas contraídas al punto de casi desaparecer y la sangre recorriéndole el blanco de los globos oculares… Era como ver a Johnny atravesar la puerta detrás de la que escondía.
Ambos sudábamos y nos revolvíamos, Shen acercando el arma a mi corazón,
Intente patear, moverme, hacer ALGO.
Shen me tenía bien sujeto.
Pero las rocas en las que peleábamos estaban empapadas, y eran resbaladizas.
Comencé a moverme como un caracol dentro de un salero. Shen se vio obligado a alterar su posición cuando amenace con arrojarnos a ambos al agua. Shen sujeto su arma y se levantó. Yo hice lo propio.
Una vez en pie la pelea continuó entre golpes y estocadas con aquel cuchillo.
Debía deshacerme de él si quería realmente tener una ventaja.
Shen volvió a apuntarme directo al pecho, sin apuntar realmente, el hombre estaba tan ciego de ira que solo se me lanzaba, aleteando sus brazos como pelicano ebrio.
Sonreí por la comparación.
En cuanto se paró a una distancia suficiente de mí hice mi movimiento.
Mis pies se posicionaron de forma que me fuera imposible perder el equilibrio. Alce el brazo derecho y tome un rápido impulso. Haciendo uso de aquella energía, descargué el peso de mi cuerpo sobre mi palma extendida. Mi mano hizo contacto con la frágil muñeca de Lord Shen.
Un grito.
El tintineo del arma al caer y finalmente su chapoteo al hundirse en las profundidades del lago.
Suspiré aliviado.
Shen se arrojó contra mí.
Caímos al agua.
Tai Lung_
A cualquier que pueda escucharlo.
Solo quiero disculparme con todos ustedes.
Con mi madre y mi padre.
Con mis hijos y mi esposa.
No pido su perdón.
No busco redención.
Solo quiero darles una explicación. Deseo brindarles el contexto necesario para entender que no fue mi culpa aquel accidente.
Después de que Bárbara y sus colegas murieran quise anunciarlo a la policía. Yo…. Solo era un joven asustado y confundido conmigo mismo. Lord Shen me insistió en que él se encargaría de todo…
Yo…
Fui yo quien saboteo y automóvil en que ellos viajaban al aeropuerto.
Yo… yo le quité el líquido a los frenos y fui yo quien conducía el "camión de pasajeros" que los sacó del camino.
No pido su perdón.
Pero que sepan que mis acciones futuras no podrán redimirme.
Por más bien que haga jamás podré escapar a los tres fantasmas que me atormentan en mis pesadillas y me claman a gritos que proteja a quienes ellos no pudieron.
Dentro de unas horas Po será sacrificado para obtener el poder del ojo de dragón.
No lo lograra mientras aun tengamos a Tigresa…
-Si quieres irte a salvar al chico tendrás que saltar, porque nosotros no te vamos a….-
Un chapoteo.
Tigresa se ha ido.
A buscar a Po.
¡Mierda!
Tigresa_
Po se quedó junto a mí todo el tiempo.
Durante esos estresantes minutos en que no supe nada de Lord Shen o de Tai Lung. Desde dónde estaba pude ver la forma en que los dos hombres se revolvían en el agua. Ambos golpeándose y rasguñándose con las uñas, casi parecían querer morderse entre ellos. Estaba impactada. Po se sujetaba a mi lado. Intentábamos atender sus heridas, pero nos era imposible sin equipo médico.
Al otro lado del islote, los lobos ya habían caído. Ni uno solo quedaba consciente. Los monjes se alzaban victoriosos junto a las mujeres y el viejo de ropas finas y baja estatura. Creí reconocer aquel bigote Fu manchu.
Los ojos azules del viejo maestro se posaron en los míos, suplicantes como los de un cachorro hambriento. Sentí las lágrimas correr por mi cara.
Po se acercó a mí, pegado su brazo al mío con una mueca de dolor. Estaba muy herido por aquel cuchillo de Shen y yo no podía hacer nada.
…
Tai Lung arrastró a Shen por debajo del agua. Jalándole del cuello como un furioso cocodrilo. Por más que Shen se resistiera, él no era rival para Tai.
Comenzaron a patalear en el agua. Forcejeando por salir de ahí.
Un brillo captó la atención del pavo real. Sus ojos se abrieron con una asesina emoción. Se soltó del agarre de Tai Lung y nadó aun más profundo. El hombre de cabello gris arqueó la ceja, pero siguió al otro hasta el fondo del lago, en dónde la luz no me permitía ver nada más.
Vi burbujas salir a la superficie y temí por lo peor.
-Ahg, ¡Cuidado, viejo!-gritó Po con un ahogado gruñido.
-No seas llorón, Po.- le recriminó Shifu apretando las ventas alrededor de su brazo con más fuerza que antes.
-¿Qué ha sucedido?- preguntó el viejo mirándome con expectación. Yo parecía ser la única al pendiente de la pelea entre mis dos mayores rivales.
Negué con la cabeza.
-No lo sé, está muy profundo y no puedo ver nada.- mentí al momento en que Lord Shen se acercaba a Tai Lung con el cuchillo de jade entre sus dientes.
-¿Segura?- dijo Po.
No respondí. Estaba absorta. Mi sangre se me congeló en las venas cuando pude ver como el filo del cuchillo atravesaba a Tai Lung justo dónde, medicamente, está el corazón.
¡No!
¡Demonios, NO!
Tai Lung se retiró el arma, Shen sonreía, perdiendo oxigeno a cada segundo.
Una macha de rojo tiño el agua, impidiéndome ver completamente lo que sucedía. Aun así pude distinguir el momento en que el pesado y moribundo cuerpo del hombre de ojos de fuego se aferró al del albino.
Más burbujas.
Shen estaba atrapado por las manos de acero de Tai Lung.
Tai Lung quizás había cometido errores.
No era toda su culpa.
Pero si iba a irse, entonces se llevaría a su cómplice con él.
Las burbujas cesaron.
La sangre bañó el lago hasta la última gota.
Un temblor.
Shifu se volteó hacia mí con una acusadora mirada.
Sus ojos estaban caídos, pero aun así prestando atención a los detalles y los cambios del lugar.
Se fijó en mí.
-¿Qué pasó, Tigresa?- demandó saber.
Observé al lago de sangre y luego a mi padre.
-Lo que sucedió es que hoy ha muerto un guerrero.- exclamé con los ojos vidriosos.
Ante mis palabras otro temblor sacudió la cueva.
Caí en el suelo.
Po se sujetaba las vendas.
Shifu les hacía señas a todos para que salieran.
Un rugido hizo retumbar las paredes de mi corazón.
Continuará…
Este es oficialmente el capítulo más largo de todo este fic.
Espero que les haya gustado :D
En caso de cualquier duda, comentario, queja o lo que sea, déjenlo en los reviews o envíenme un PM, lo responderé tan pronto como pueda :D
Hasta luego.
