Especial: Rojo y amarillo
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– ¡Eres un idiota! – Se quejó Chloé al ser llevada a otro sitio para poder hablar bien con Nathanaël. – ¡Esto es muy obvio!
– Como si alguien nos prestara atención. – Chasqueó los dedos mostrando a los reporteros sintonizando la entrevista con la pareja del momento. – Por lo menos no he dicho una mentira tan obvia.
– Claro, y yo soy la que se vio desesperada al tratar así de mal a la tonta panadera. – Respondió la ojiazul con cinismo. – Esto no se acaba hasta que se acaba. – Se cruzó de brazos claramente molesta.
– Aún hay tiempo...
– ¡Claro que lo hay! Siempre lo habrá. Adrikins no escogería a una tonta como ella.
– Si tú lo dices... – El pelirrojo rodó los ojos, otra vez estaba en su fantasía. – Ese tipo no vale la pena.
– ¡Oye! – Gritó la niña rica. – ¡Él es perfecto!
– Dí lo que quieras. – La tomó del mentón, acercándose para verse directo a los ojos. – El punto es que cada quien obtenga lo que quiera.
Por un instante, el joven artista admiró con interés los orbes femeninos. Aunque compartían el color con los de Marinette, eran diferentes, estos eran más profundos.
– Suéltame. – Parecía nerviosa, pero esa era imposible para Bourgeois. – ¡Asco!
– Tampoco es de mi agrado tenerte cerca. Esto solo lo hago por Marinette.
– Y yo por Adrien.
– Has lo que debas hacer y nada de estupideces.
– ¡Ja! ¿Intentas darme órdenes? ¡Absurdo! – Ahora ella lo sujetaba por la corbata. – Yo soy la que pone las reglas.
Si no es porque le desagradaba su estúpido pelo de tomate, juraría que en vez de una sonrisa de superioridad era una lasciva. Tal vez era culpa de su cabello lacio y largo que ahora tenía.
– C-Chloe... – Sabrina habló detrás del dibujante.
– ¿Qué? – Odiaba ser interrumpida.
– T-tú padre... ¡El alcalde! T-te habla.
No dijo nada, solo se retiró golpeando el hombro de su compañero a modo de seña. Él rascó su mejilla para notar que su enemigo y la chica de sus sueños llevaban tiempo observando la escena.
– Tonta Chloé. – Entró al salón junto a otros.
