Los personajes de Yuri on Ice no me pertenece.
Gracias por su apoyo, por sus comentarios, votos y vistas. Me alegra mucho que les esté gustando y espero seguir manteniendo el interés en esta historia que para mí es especial.
Les invito igual a ser parte del grupo de lectores, está en mi perfil de está página el link del facebook. Seré muy feliz por ello. También estoy aprovechando para subir el fic en AO3 y así tenerlo en tres plataforma.
Capítulo 30: Fue mi culpa.
Otabek observó la pantalla que informaba los próximos vuelos con mirada ausente. Dejó que su móvil sonara y llegaran incontables notificaciones a su mensajería. Ya sabía que se trataba de J.J, era el único que le escribía, porque de Mila no había sabido nada desde el viernes y de Yuri ya entendía que no iba a recibir nada.
Hundió de nuevo su cabeza entre sus manos, apretando las yemas de sus dedos sobre su cuero cabelludo como si con eso pudiera hallar la calma. Cuando había tomado el vuelo a San Petersburgo, de algo estaba seguro: no quería perderlos. No quería hacerlo aún si las palabras de J.J sonaban las más certeras. No quería hacerlo aún si supiera que era lo correcto.
Y ese fue su error.
Convencido de que podría manejarlo, llegó a San Petersburgo con la idea de continuar. De que podría mantenerse con Mila, y dejar de lado los sentimientos despiertos con Yuri. Confiaba que el tiempo sería suficiente para colocar de nuevo todo en su lugar y la distancia en Almaty junto a las competencias, servirían de agente distractor para que las cosas funcionaran. Contaba con eso, por eso llegó siendo el mismo que siempre había sido. Lo terrible de todo era reconocer que ni siquiera era necesario mentir, o fingir, porque le agradaba en demasía la presencia de Mila. Que incluso había pensado en la posibilidad de proponerle que se fuera con él a Almaty, otro de los consejos de J.J, pero solo imaginó que a Yuri le afectaría no tenerla cerca y fue suficiente desistir.
Al final, Yuri seguía siendo su prioridad en ese momento y ahora con él no quedaba nada por el desastre que había dejado a su paso.
Cuando Mila le preguntó sobre quedarse en San Petersburgo, tuvo un ataque de pánico. Todo lo peor que podría decidir en ese momento era mudarse con ellos dos, convivir con ellos dos, porque sabía que las cosas serían insostenible para él y no podría ocultarlo por mucho tiempo. Una semana conviviendo con Yuri había sido suficiente para hacerle ver lo intenso que estaba viviendo sus emociones para con él. Escucharlo una y otra vez hablando de Yuuri Katsuki era algo que no quería vivir como una constante de vida. No podría, no, pero ante la insistencia de Mila, la manera en que lo miraba, las pocas opciones que quedaban, no pudo hacer más que mirarla con profundo dolor.
La negativa era innegable, pero sus emociones se habían filtrado a través de sus ojos oscuros para decirle que no, no podía quedarse. No podía porque las cosas se saldrían de sus manos. No podría porque ese amor que veía en Mila, era incapaz de corresponderlo en ese momento, y eso le provocaba una profunda culpa.
—¿Por qué me miras así? —Había dicho Mila, mientras daba un paso hacía atrás. Otabek solo pudo desviar la mirada a otros rumbos, incapaz de mantenersela a ella.
—¿Así como?
—Con lástima, con culpa… —Tuvo que cerrar sus labios y solo levantó los ojos lo suficiente para ver al puño que sujetaba la sábana y dejaba cubierto pobremente el cuerpo de quien había sido su novia de tres años—. Nunca me habías mirado así, Otabek… ¿Qué está pasando? ¿Qué me ocultas?
—No te estoy ocultando nada.
—¿No? ¿Entonces porque no me miras a los ojos? ¿Oso…?
—Lo siento, Mila, lo siento. No puedo.
Allí iniciaron los reclamos, las preguntas sin respuestas, las expresiones de Mila cortándose más y más ante sus ojos cuando lograba alzar la mirada, intentando detener lo que ya no tenía freno. Porque ella lo conocía lo suficiente para no creer sus mentiras. Lo conocía lo suficiente para no creer en sus excusas. Y por mucho que intentó mantenerse ecuánime, creerse su propia farsa, Mila fácilmente podía quitarle la máscara del rostro y mirarle directamente.
—No quieres venir aquí, no quieres mirarme a los ojos, me miras como si estuvieras haciendo algo mal…
—Mila por favor.
—¿Hay alguién más…? —Había preguntado con un hilo de voz, una sonrisa benevolente que ocultaba lo aterradora que le resultaba la posibilidad.
—Sólo… solo necesito tiempo. —Intentó ganarlo. Ganar tiempo, espacio, escapar.
—¿Tiempo para qué?
Cuando Otabek había subido la mirada, ya el rostro de Mila era puro pasmo. Era la expresión de la desdicha, intentando mantener una falsa serenidad. Porque ella ya lo sabía. Su instinto de mujer ya se lo estaba gritando. No hacía falta que Otabek dijera nada porque todo se podía respirar en el aire húmedo que llenaba aquella alcoba que tantas veces habían compartido.
Y volvió a preguntarlo. Así, suave, como un susurro que no quería escapar por si satán lo escuchaba y lo hacía realidad. "¿Hay otra persona?", repitió, agarrándolo del brazo desnudo y buscando el calor de su mirada. Otabek no había podido ofrecerlo, solo había movido sus ojos a distinto puntos de la habitación, había deseado dejar de estar allí. Había deseado encontrar fuerzas para decirle una mentira, buscar una salida, cual sea.
Entonces posó sus ojos al final en una foto que Mila y Yuri compartían. Había mirado la sonrisa de ambos, pero sobre todo la de Yuri. Había mirado sus ojos, había mirado la calma que tenía, y le miró como se miran a los dioses cuando se siente pecador.
Y fue demasiado tarde porque cuando volvió los ojos a Mila, en ellos había un cruel entendimiento. Mila lo había leído todo, lo había comprendido todo. En sus ojos azules, rotos, y en las lágrimas que habían empezado a caer sin misericordia, Otabek supo que ya no había remedio.
—Es Yuri...
Todo lo que vino después fue el caos.
Volvió su móvil a sonar y la voz de la operadora en el aeropuerto, anunciaba la salida de su vuelo. Se puso de pie, jalando su morral, mientras veía la pantalla con la fotografía de J.J. Miró hacía la fila que se formaba con todos los pasajeros que se dirigían como él a Almaty y decidió responder. Ya no sentía que nada pudiera empeorar, así que tomó la llamada embargado de resignación.
—¡Por todos los santos, Otabek! ¿Planeas matarme de la ansiedad? ¡No he podido patinar por tu culpa! ¡Te hago responsable si pierdo el Grand Prix! —No sabía como lo había logrado, pero el escandaloso dramatismo de J.J había logrado arrancarle una sonrisa en medio de esa tormenta.
—Exageras.
—No exagero. Te he enviado ciento de mensajes. ¿Qué pasó? ¿Cómo que lo arruinaste?
—Ya va a salir mi vuelo. No puedo hablar suficiente. Tampoco quiero hacerlo… —Jaló aire, aunque su pecho silbaba en su cabeza—. Ya lo hecho, hecho está. Quizás ha sido lo mejor.
—¿Entonces te llamo cuando llegues a tu casa? ¡Me avisas!
—Jean…
—Y deberías venir a Canadá. Es en serio lo que te estoy diciendo. Hablé con mis padres, me dijeron que les gustaría entrenar al campeón del mundo. —Otabek se quedó en silencio, escuchando todo sin salir de la sorpresa—. Además tenemos un cuarto extra para visitas, podrías quedarte con nosotros, entrenar aquí, ¡como en los viejos tiempos!
—No puedo pensar en algo como eso ahora, Jean. —Pasó una mano sobre su frente—. Ahora… ahora no tengo cabeza para eso.
—No voy a dejarte solo con esto. —Aseguró, y se escuchaba esa molesta terquedad del canadiense que él podía reconocer muy bien—. Ellos se tienen y tienen a otros, yo no voy a dejar que estés solo. Así qué… ¡ten buen viaje!
Otabek podría sentirse agradecido, pero eso sería en otro momento. En ese instante, donde todo pesaba, donde era doloroso incluso respirar y sentía las costillas clavadas en sus pulmones, él no podía pensar en ser agradecido. Siendo sincero consigo mismo, lo único que quería era acostarse a dormir y despertar quizás dos o tres años después, donde pudiera ver que valió la pena perderlo todo. Donde Mila y Yuri fueran felices sin él, sin el dolor de lo que acababa de hacerles y sin huella de su presencia ese día. Posiblemente en brazos de alguien más.
J.J no esperó su agradecimiento, simplemente cortó la llamada. Otabek no le quedó otra cosa que hacer más que formar una fila, seguir los distintos protocolos aéreos y quedarse en el asiento que daba al pasillo, con la cabeza mirando los botones sobre su cabeza y la sensación de estarse hundiendo. Con la barbilla endurecida, los ojos húmedos y la piquiña en su garganta.
"—Eres mi amigo, ¿me ayudarás o no?
—Sólo hay una respuesta para eso. "
Y recordar cada palabra, cada momento; ese día en Barcelona que se animó a buscar a Yuri y pedirle su amistad, esa misma que había tirado a la borda. Su primera travesura, la complicidad que se desarrolló en cuestión de horas. Era fácil recordarlo, revivirlo con una sonrisa y saborearlo con una lágrima de pérdida por cada recuerdo que se abría y clavaba por dentro.
"—¿Me regalas tu oso? ¿En serio?
—Sí. ¿Lo quieres o no?
—¡Claro que lo quiero!"
Memorar aquella sonrisa genuina, esos ojos azules mirándolo con ternura y revivir el sentimiento de su pecho queriendo abrirse para dejar salir su corazón y caer en esas manos dulces de Mila. Recordar cuánto la quería, la sonrisa que se formó en sus labios cuando ella abrazó ese peluche y le miró con felicidad contenida. Cuando le abrazó y le dejó ese beso sobre su comisura, solo para que luego él buscará iniciar el primero de sus tantos besos. Lo bien que se sintió, la dulce vibración de su garganta y el retumbar de sus latidos que hicieron temblar incluso su estómago.
En qué momento cambió… En qué momento.
Otabek no podría saberlo, y ya no habría remedio aún si lo supiera. Tal certeza solo le provocó dejarse llevar por la desolación, con la humildad de quien se sabe condenado.
Y así pasó las cinco horas del viaje para llegar a su hogar. Arrastró el morral a su espalda y caminó siguiendo cada indicación hasta que migración lo dejó ir. Deslizó sus pasos hacia la salida del aeropuerto y pidió el taxi, como si fuera llevado por acciones repetitivas y no hubiera alma en ellas. Llegar a casa no fue tan difícil, saludar a su madre quien estaba ocupada en la cocina tampoco. Fingir que solo estaba cansado y que quería acostarse, no resultó complicado. Pero, mantenerse fuerte tras cerrar la puerta de su habitación, no lo fue.
Con ese dolor latente en sus costillas, pecho, estómago, sin comer bien y apenas beber poco más de medio litro de agua, Otabek se lanzó en la cama dejando caer por allí el morral solo para pasarse el brazo sobre sus ojos y dejarlo allí. Las lágrimas corrieron por sí solas, el gemido corto y atorado rasgó su garganta y le supo a sangre, porque sentía que tenía una hemorragia aunque jamás hubiera vivido una. Se sentía así, debilitado, sin fuerza y simplemente lleno de dolor. Y con la garganta atorada, sabía que no había mucho que decir. No había mucho que hacer
Por supuesto, le picaron los dedos para enviar un lo siento a Yuri, a Mila. Claro que deseó que con eso se arreglara todo, como si se tratara de una palabra mágica. No le prestó atención al tiempo que duró así, ni tampoco al llamado de su madre preguntándole si quería comer. Se dio vuelta, mirando el teléfono que descansaba a su lado, sin hambre, sin sueño, con solo ganas de dejar de respirar. Pasó el dedo por la pantalla y vio algunas notificaciones en sus redes sociales, las que sabía que no iba a usar por un buen tiempo, y en su correo. También en la mensajería estaban algunos mensajes que no quiso atreverse a leer.
Deslizó su yema por el icono del correo y esperó que la pantalla cambiara. El correo que le había llegado venía de una página de vuelo y su frente se arrugó al no entender nada. Al abrirlo, comprendió mucho menos al ver que era el tiquete electrónico para un vuelo desde Almaty a Montreal. Frunció su ceño, mirando la fecha, la hora, y la escala en Londrés, que sumaría un vuelo de aproximadamente diecinueve horas. Aquello le dió las fuerzas para salir de esa aplicación y buscar en la mensajería el chat de J.J y los mensajes que estaban sin leer.
J.J Leroy » Me tomé el atrevimiento de comprarte un pasaje de venida.
J.J Leroy » Si no quieres venir a esa fecha, tienes para reclamarlo por un año.
J.J Leroy » Hey, ven, no pierdes nada.
J.J Leroy » Aquí eres bienvenido.
…
Dos horas esperó en la pista, dos horas. Víctor apenas pudo mascar su propia indignación durante el camino a casa, donde se dedicó a caminar frente a las tiendas y tratar de conseguir las palabras y los métodos para hacerle ver el entrenamiento como algo serio para Yuri. Claramente no lo estaba tomando así, si había salido después de pedirle permiso para una llamada y no había vuelto a la pista.
Aunque sabía que el domingo era mejor como día de descanso, ese tiempo extra de entrenamiento era necesario para que Yuri pudiera dominar los dos programas lo más pronto posible. Y eso que aún faltaba por definir el programa de exhibición, por lo tanto, el tiempo se sentía insuficiente. Más con las faltas y constantes caída de Yuri cada vez que quería alcanzar un salto.
Después de pedir comida china para llevar, llegó a su apartamento y comió. Se dedicó el resto de la tarde a revisar algunas cosas en las redes, a grabar las nuevas fotos de Yuuri a su carpeta, ver cuantas menciones había en su cuenta y observar lo mucho que seguía acumulando la etiqueta #IWantToWatchTheInterview. Todavía no había pronunciamiento por parte de la cadena de TV Japonesa para liberar la entrevista, así que solo suspiró. En todo caso, si no lograba salir en línea, sabía que no tardaría en estar en internet y mucho menos en tener traducción. Y si acaso faltaba, no dudaría un segundo en buscar un interprete japonés para que le diera todo el detalle de lo que decían, porque aunque Víctor manejaba un poco el japonés, sabía que no lo suficiente como para entender a cabalidad todo lo que Yuuri dijera allí.
Distinto a Yuuri. Yuuri si aprendió ruso mientras estuvo allí.
El recuerdo de aquella incómoda cena que tuvieron con su padre regresó, y le acompañó mientras disfrutaba de un baño en su tina, mirando el techo y con la calidez del agua. Su padre había llamado para invitarlos a comer y aunque Víctor no había querido aceptar, lo hizo porque Yuuri le comentó que le gustaría conocerlo. Iván no era precisamente la mejor compañía del mundo, y que apareciera con su nueva esposa no lo hizo más agradable. Durante casi toda la cena se dedicó a hablar con su hijo, comentar anécdotas y demás, en ruso. Y Víctor sabía muy bien que su padre hablaba el inglés con el mismo acento británico que le obligó a aprender desde niño, y que podría hacerlo con la soltura de cualquier británico si quería.
Así que el enojo que iba creciendo en la cena no disminuyó y la mirada de Víctor se había hecho cada vez más y más afilada, mientras su padre lo ignoraba deliberadamente. No sabía si era alguna clase de prueba, si pretendía humillar a Yuuri o si lo único que quería hacer era molestarle, pero se estaba hartando. Y lo demostró cuando en medio de la conversación, con la sonrisa más fingida que le había tocado mostrar, le pidió a su padre que hablara en inglés. Yuuri no había dicho nada hasta ese momento; se había dedicado a mirarlos como si intentara descubrir lo que decían por sus gestos y a comer, en silencio.
—Pensé que hablaba en ruso. —Había dicho Iván, con la expresión de obviedad que se sintió como una patada en su estómago mientras seguía hablando en ruso—. Pudo haberlo pedido si no era así.
—Lo siento, —Habló Yuuri por primera vez después de haberse presentado. Su voz había salido en inglés con mesura, como si nada de lo que había ocurrido en la hora más larga de la vida de Víctor hubiera hecho mella en él—, no es que no entienda el ruso. Es que aún no sé muy bien hablarlo, pero puedo entender todo lo que ha dicho.
Víctor se había quedado mudo, mirándolo con una inevitable expresión de sorpresa mientras el corazón le bombeaba a toda velocidad, llevando sangre a su rostro. Su padre no había puesto una expresión muy distinta, pero luego se suavizó dejándole una sonrisa.
—Puedes hablarlo entonces. Entenderé que no lo domines aún. —Había dicho su padre, mirando con interés la expresión sorprendida de su hijo. Yuuri inclinó adorablemente la cabeza frente a ellos y con el ruso más enredado le respondió:
—Por favor, tenganme paciencia.
Víctor podía recordar su emoción, el deseo de besarlo en ese mismo minuto y lo mucho que tuvo que contenerse hasta que la cena terminara. Era cierto, Yuuri aún fallaba en la pronunciación y le faltaba algunas palabras, pero lo hacía muy bien, y cuando le preguntó porque no le había dicho nada y en dónde o cómo estaba aprendiendo, Yuuri le explicó de forma sencilla el porqué. Yuuri estaba aprendiendo mientras Víctor dormía, una hora de más que se quedaba para tomar clases en línea por Internet. Y la razón por la que no le dijo era simple: quería sorprenderlo pero aún no sentía que su pronunciación fuera la correcta para hacerlo.
Yuuri en seis meses en Rusia había logrado más que Víctor en sus ocho meses en Japón, porque Yuuri quiso desde el primer momento en que decidió irse con él a San Petersburgo derribar la barrera del idioma entre ellos.
Terminar de bañarse, vestirse, y mirarse en el espejo con el recuerdo de Yuuri no era algo anormal, pero Víctor estaba aprendiendo a sobrellevarlo mejor. Al menos ahora no se sentía como si recordara a un muerto.
—Quizás debería anotarme a clases de Japonés. —Pensó abstraído, mientras jalaba su abrigo para salir, mirando a hora de su reloj de pulsera.
Sin preocuparse por nada más, abrió la puerta de su apartamento dispuesto a irse hasta que vio la figura de Yuri en el suelo del pasillo, sentado con las piernas abiertas, flexionadas, y su cabeza oculta tras la capucha de su chamarra rusa. Víctor no pudo evitar mirarle con sorpresa al encontrarlo allí, sin poder encontrar los regaños que había estado pensando al inicio precisamente para ese momento.
—¿Por qué estás afuera y no has entrado? — Yuri no dijo nada. Solo movió la cabeza y empezó a levantarse, aunque claramente se le dificultaba. Eso le dio a pensar a Víctor que no tenía poco tiempo allí—. ¿No tenías tus llaves?
Yuri solo renegó mientras se abría espacio en la puerta para entrar. Víctor logró ver el rojo de su nariz, y la expresión derrotada que cargaba. Pero Yuri no dijo nada y solo siguió su camino hasta la habitación, ignorándolo.
Así no iba a poder salir, lo supo. No quería dejarlo así sin saber qué era lo que tenía y porque había llegado de esa manera. Así que cerró la puerta y esperó a verlo antes de decidir qué hacer. La imagen del cuerpo tendido en la cama de Yuri, boca abajo y agarrado a la almohada, no ayudó a que su preocupación bajara. Se quedó mirándolo desde el marco de la puerta, con los brazos cruzados mientras Potya se subía al sofá cama de su amo.
—¿Quieres comer algo? Compré comida china hace unas horas…
—Vete a donde te ibas, anciano. —Victor escuchó su voz afectada, pero evidentemente agresiva.
Soltó un suspiro pero no se movió. Víctor podía recordar las palabras de Georgi, aquello que ahora enlazaba al actual estado de su alumno. Mila había cortado con su pareja, quien era el mejor amigo de Yuri. Y si mal no había escuchado, su mejor amigo se regresaba hoy a su país. Ahora podía entender un poco más el panorama, aunque le hubiera gustado que Yuri le dijera que tenía que verlos a ellos en vez de dejarlo esperando en la pista.
—¿Ya se fue tu amigo? —Los hombros de Yuri se endurecieron, aunque no se movió de allí. Víctor notó esa tensión.
—Ya no es mi amigo.
Víctor apretó sus labios, mirándolo con más atención. Que Yuri viniera a decir eso de aquel era ya algo que indicaba la gravedad de la situación. No veía porqué razón, aunque fuera por la separación de aquel con Mila, Yuri tenía que dejar la amistad. No sonaba como algo con sentido, mucho menos conociendo a Yuri y cómo rápidamente le había otorgado un lugar en su vida. De hecho, recordaba aún lo sorprendido que estuvo cuando en su primera exhibición como senior, tras su victoria en el Grand Prix, le había dado un lugar a Otabek en la pista.
Así que todo indicaba que había una ruptura, una pelea entre ellos posiblemente por Mila. No tenía los detalles, Georgi mismo no los había tenido ese viernes que le había comentado lo que habló con ella. No había querido mencionar nada porque supuso que Yuri ya lo debía saber, y que era algo que iba a tener que manejar. Pero todo indicaba que no había sido así.
—A ver, parece que se pelearon —dijo en tono casual, desconociendo la gravedad de la situación. Víctor se acercó para sentarse a un lado en la cama y por supuesto, volvió a sentir la incomodidad en Yuri—. ¿Por eso te sientes mal?
La voz comedida de Víctor no logró el efecto pensado en Yuri. Este agarró la almohada en la que se había hundido y se la arrojó a la cara, soltando una exclamación frustrada y enojada.
—¡Deja de fingir que te importa, anciano! ¡Vete!
—Me importa —dijo, recogiendo la almohada para ponerla sobre sus piernas y luego dirigir la mirada hacía el rostro de Yuri, que hablaba más que las palabras.
Allí estaba, enrojecido, irritado, con los ojos hinchados de llorar. Se veía tan mal que le provocaba ganas de abrazarlo, de decirle que todo estará bien aunque no tuviera idea de qué debía estar bien, pero se contuvo, porque ya imaginaba una reacción incluso más agresiva de su parte.
—Yuri, ¿quieres hablarlo…?
—Dije que no te importa. —Volvió a taparse el rostro ahora con las manos, negándose a verlo.
—He dicho que me importa. Como tu entrenador debería saberlo tod…
—¿Ahora sí te importa saber algo de mí? —Volvió a reclamar, sin darle la cara—. ¡No te ha importado desde que estoy aquí! ¡Deja de fingir que ahora es diferente y lárgate de una vez!
Víctor calló, asumiendo su parte de la culpa. Tenía razón Yuri al decir que antes no le importaba lo que estuviera pasando y que sí, había tomado aquello más como un compromiso hacía Yakov que hacía él. Pero ahora no podía ignorarlo. Algo había cambiado, no sabía si solo en él o en toda su relación, que ahora no le permitía ignorarlo aún sabiendo que Yuri le odiaba, tal como le dijo en Moscú.
Sin saber qué hacer, pero convencido de que no quería salir, miró hacia el librero donde estaban todas las pertenencias que antes fue de su madre. Ese lugar había sido compartido tantas veces por él y por Yuuri que le traía recuerdos, pero no les dio pie a aparecer y simplemente se sintió embebido por el silencio.
—Mila estará bien, si eso te preocupa. Georgi me dijo lo que pasó el viernes. —Intentó llegarle, hablar, pero Yuri no le devolvió la mirada.
—¿Bien como tu? —Soltó con amargura.
—Puedo saberlo porque ya pasé por allí.
—No vengas a mencionar que es lo mismo o te golpearé. —Y hablaba en serio, porque Víctor fue capaz de escuchar el odio en el tono de su voz. Tuvo que resoplar.
—¿Cómo crees que fue mi ruptura con Yuuri? —Yuri no quiso responder ni quiso voltear, pero la tensión en su espalda se leyó con tal facilidad que Víctor supo que no era el momento de mencionarlo— . En todo caso, estaré aquí en mi habitación por si quieres hablar.
Víctor logró levantarse, pensando en cancelar su salida cuando escuchó la voz de Yuri. Miró entonces hacia el sofá cama y aunque Yuri mantuviera su cabeza oculta, si logró escuchar claramente su voz.
—No quiero hablar contigo —replicó con la voz ahogada—. Quiero es hablar con Mila. Y ella no quiso recibirme.
—Supongo que estará muy lastimada. Cuando… estamos así, no queremos que nadie nos vea. Deberías darle un poco de tiempo.
—¿Por qué debería darle tiempo y dejarla sola si es mi amiga? —Reclamó, apretando todos los músculos de su espalda y hombros. Víctor solo pudo suspirar admitiendo que aunque sonara estúpido, la mayoría de las personas deseaban eso cuando estaban lastimadas: un poco de distancia.
Pero era cierto, era solo una respuesta egoísta de la persona que se dejaba llevar por el dolor. Era mucho más fácil superarlo estando en compañía, o así debería ser, aunque Víctor reconocía que habían clases de dolores que eran mejor llevarlos solos.
Y quizás él no era la persona más idónea para hablar de buscar ayuda en medio del dolor o aceptar las manos que se tendían.
—Quizás porque es lo que necesita. —Intentó razonar, rascándose la nuca—. Cuando me pasó con Yuuri…
—No compares, maldita sea… —Apretó lo garganta, viendo el tumulto de cosas que Yuri cargaba dentro—. No es lo mismo, ¡no es medianamente lo mismo!
—¿Cómo puedes comparar algo que desconoces? —preguntó Víctor, levantando ligeramente la voz—. Aunque las situaciones sean distintas, el dolor del abandono es bastante similar. En fin, —Decidió no seguir discutiendo. No se trataba de su dolor ni de su fallida relación, después de todo, se trataba de Mila y de cómo había afectado a Yuri—, si deseas hablar de esto, estaré en mi habitación. Ya no saldré.
Escuchó los pasos de Víctor abandonando la habitación para dejarlo solo, pero conforme esos pies se alejaban, algo en él nació como un fuego visceral, que estaba arrasando la poca cordura que creía tener en ese momento. Quería gritar algo que sabía era incorrecto, reclamarle lo que no tenía derecho de reclamar y sobre todo mostrarle porque no era medianamente parecido a lo que estaba pasando entre Mila y él.
"¿Cómo te hubieras sentido si Yuuri te hubiera dicho que me quería a mí?"
La espalda desapareció tras la madera de la puerta y Yuri miró con las palabras atoradas a soledad de su habitación. Apretó sus puños y volvió a ver sus mensajes, todos los que le había enviado desde que recibió solo los gritos de Mila diciendo que se fuera y fue la propia madre la que le pidió que lo hiciera, porque no quería que su hija se alterara más. El rostro de esa mujer afectado por las horas en vela y por la preocupación hacia su hija, no habían pasado desapercibido. Y él, sin embargo, seguía empeñado con la idea de arreglar algo, lo que fuera.
No, no tenía tiempo ni para Víctor, ni para escuchar su recién encontrada fuente de sabiduría, mucho menos para escuchar lo que ocurrió con Yuuri cuando todo dolía como aún estuviera dentro.
Así pasó la noche, entre la vela y el insomnio, abriendo los ojos para ver las formas que se hacían en la sombra y tratar de descansar algo para tener fuerzas el día siguiente. Apenas amaneció, Yuri se levantó y se dio un baño, para despejar el cansancio que ya estaba dejando huellas visibles en su rostro: bolsas pronunciadas bajo sus ojos, los párpados hinchados y los pómulos más hundidos, como si hubiera pasado días aguantando hambre. Al salir, pese a ver a Víctor preparándose para los entrenamientos, solo salió sin decirle nada, claramente indicándole que no pensaba entrenar.
Tenía algo que hacer, algo mucho más importante.
Cuando la madre de Mila abrió la puerta de la casa, se sorprendió al verlo allí, de nuevo, con el ceño fruncido, el rostro demacrado pero sus ojos ardiendo de determinación. No pudo evitar sonreír suave y permitirle el paso.
—Ayer abrió la puerta ya en la noche. Pidió comer algo suave y le hice su crema favorita. Dejó su puerta abierta pero debe estar durmiendo. —Yuri asintió y miró las escaleras que daban a la planta alta donde se encontraba la habitación de Mila. Sin embargo, la madre lo convidó a comer algo de desayuno.
Parecía ignorar que él era el culpable del sufrimiento de su hija, porque así se sentía: el culpable. Aunque no correspondiera a los sentimientos de Otabek, aunque todo fuera una locura, Yuri no podía dejar de sentirse culpable. Así que comió de a poco, para no rechazar la invitación y cuando la madre le dejó subir, lo hizo en silencio, abriendo la puerta para ver el desastre que había en la habitación y a Mila hecha una bola de cobijas en la cama.
Tragó grueso, como si con eso aplacara su propia desesperación. No quiso posar la mirada en los destrozos a sus pies y simplemente se abrió pasó entre ellos hasta lograr sentarse al lado de la cama de su amiga. Mila estaba así, dormida, con el rostro pálido y la expresión que delataba que incluso dormir dolía.
Extendió su mano sobre el cabello de Mila, y lo encontró opaco y descuidado. Aún así lo acarició, mirándola con dolor acumulado, hasta que los ojos de ella se abrieron débilmente y sintió el golpe de la leve luz de la ventana. Tenía también los labios resecos, las bolsas de sueño marcaban su pálida piel bajo sus ojos irritados. Era tan contrario a todo lo que ella era que a Yuri le dolió aún más.
Cuando ella enfocó sus ojos en Yuri y lo reconoció, pudo ver el miedo en sus ojos. Yuri mismo sintió miedo, pero pese a esa respuesta, se abalanzó a ella para no dejarla ir.
—¿Qué haces aquí? Vete Yuri, ¡no quiero verte! —Intentó esconderse bajo las sábanas, pero los brazos de Yuri la habían envuelto. Ella solo pudo apretar sus párpados, cerrar sus ojos con todas sus fuerzas.
—No te voy a dejar sola, Mila. No te voy a dejar. —Sus palabras salían atropelladas—. Yo lo siento mucho… lo siento, yo no quería que esto pasara. Quería golpearlo por imbécil, por estúpido, quería… quería sacarlo a patadas… yo no sabía nada, Mila. Te lo juro, yo no sabía nada.
Pero esas palabras no llegaban a ella, no podían atravesar su dolor, no podía curar la herida que tenía, ni devolver las lágrimas que ya se había cansado de derramar. No llegaban y por eso ella buscó de todas las formas posibles alejarse de él, porque Yuri en ese momento era el reflejo de todo lo que cómo mujer no había sido. De todo lo que debió carecer para que Otabek mirara hacia otro lado. Y en medio del dolor, no había espacio al razonar, al analizar ni al reflexionar.
Solo sentir, a flor de piel.
Mila respondió con codazos, con empujones, con la necesidad de alejarse mientra los brazos fuertes de Yuri se cerraron alrededor de ella y se negaron a soltarla, aún recibiendo el desprecio y el rechazo a viva voz, escuchándolo. Yuri se tragó todo aquello con los ojos enrojecidos, con la mirada determinada, obligándose a ser más fuerte porque era la única forma de salvarla. Porque si la soltaba, se acababa todo, y Yuri estaba cansado de perder. Mila siguió batallando con esos brazos, con la amargura, con la rabia y la desolación. Batalló a modo de jadeos entrecortados, de golpes débiles y de reclamos sin sentidos. Luchó con las fuerzas que le quedaban, esas pocas, hasta que su alma dejó de pelear una guerra perdida y sus ojos redescubrieron el arte de llorar.
Allí estaba, llorando en esos brazos, soltando gemidos lastimeros y sollozos audibles mientras su visión se llenaba de más agua y su cuerpo de más pena. Y se sintió tan irónico, tan descabellado, que recibiera el consuelo de la persona que había sido la culpable de perder su amor. Que fuera la mano de Yuri la que apretara su espalda y acariciaba su cabello seco. Que fuera la voz de Yuri la que le susurrara un lo siento al oído, con la voz cortada a tajos y el corazón abierto a carne viva. Listo para ser lastimado si ella lo quería.
Pero Mila no quiso, no. Mila no tenía fuerzas para tal cosa. Solo tenía fuerzas para llorar y en ese abrazo compartido, también encontró fuerzas para al menos pensar que seguía con vida.
Notas del autor: ¡Muchas gracias por sus palabras, por los favoritos, ¡por las recomendaciones y por amar esta historia tanto como yo! Recuerden que está publicado también el fic Filomeno on Ice! que también habla de todo esto y hará menciones a estos eventos. ¡Será una manera más amena y divertida de comprender el panórama deportivo para esta temporada! Y que está el grupo de lectores de Matryoshka, en facebook. Pueden ver el link en mi perfil.
Ahora he mostrado un poco de la visión de Otabek, y de momento, se cierra esta parte que seguro retomaremos en medio de la competencia. Yuri, Mila y Otabek tendrán que recoger sus pedacitos y seguir para la temporada, donde les espera una competencia dura. Porque mientras ellos estan pasando por todo esto, los demás competidores estan entrenando duro. Elñ interludio todavía estpá en proceos, espero acabarlo para publicarlo el jueves, antes del nuevo capítulo.
Les agradezco a todos los que se han animado a entrar al grupo de lectores de este fic en Facebook. Ya somos 27, y me hace feliz verlos allí, comentando y compartiendo impresiones y siendo participes de la creación de esta historia. Ya también he actualizado el fic en Ao3, así que también me pueden encontrar allí, para los que les guste más esa plataforma.
zryvanierkic: ¡Muchas gracias por tu comentario! Me alegra mucho que se haya notado lo diferente de la situación. Aunque me guste mucho el Otayuri (más cuando hay más edad por parte de Yura), no era momento de que terminara con felices como perdices, menos cuando hay una victima en el medio: Mila. Agradezco mucho que valoraras eso pese a que pudiera afectar a tu pareja OTP.
Es justo eso lo que quería mostrar: lo importante de la amistad, y el porqué a Yri le hab{ia afectado tanto lo de Victor y Yuuri. Hay cosas que Yuri no puede manejar bien por la sensación de abandono que ha vivido durante toda su vida. Eso lo hace muy posesivo con todas sus relaciones, sin importar su estatus. Por eso creo que el niño fue a buscar a Victor aunque no lo tratara como algo más que compañero de pista en aquel momento.
Sí, justamente el detonante fue Almaty y en especial esa escena del baño. Fue darse cuenta que lo que sentía era algo mucho más allá y nada, al darse cuenta fue como si todo se hubiera enredado dentro de él. Otabek no la está pasando bien y me duele un poco eso, pero era necesario que aclarara su situación. Mila también debe intentar encausar su sufrimiento si no quiere que la devore, y decidir si quiere a Yuri aún en su vida.
Me gustaque se haya notado la importancia que tiene Mila en la vida de Yuri, lo que se ha convertido. Depsués de que Lilia se fuera, ella fue la figura femenina que quedó con él. No es de extrañar que Yuri también aún guardara comunicación en el anime con Yuko. Necesita figuras femeninas, las busca, y no quiere perder a nadie más. Mila es su amiga y con quien ha vivido muchas cosas, incluso más que con Otabek, por eso no quiere perderla.
Me alegra que el drama te parezca coherente, no quiero entrar al punto en donde se pierda la esencia de los personajes y la importancia de sus motivaciones. Victuuri también tendrá su momento, pero antes, como dices, deben pasar un par de cosas solos para poder tener en claro que es lo que quieren y necesitan para el futuro. Sobe todo ahora que ambos son dos adultos.
¡Gracias por comentar!
Anonimo: ¡Lamento haberte hecho llorar!
acevedomonroydv: Era necesario por mucho que doliera :c
rinachi: Sí, era necesario hacer esto porque definitivamente las cosas iban a empeorar si Otabek no aclaraba, aunque no le salieron las cosas como Otabek pretendía en un inicio. Me alegra mucho que te alegrara ver la voz de Mila en acción, no quería dejar a ninguno de los lados descuidados porque son necesarios para entender la situación de los personajes. El recuerdo de Yuuri es importante y es doloroso para Yuri ver todo lo que pasó Yuuri. ¡Gracias por responderme y leer!
LadySkyBlue: Otabek se enredó un poco en sus propios sentimientos y desgraciadamente va a quedar como el malo. Como todo es reciente ni Yuri ni Mila podrán verlo de otro modo, pero seguramente el tiempo pondrá en balance las cosas. Otabek seguramente no quería que las cosas llegaran a ese punto, pero al final sucedió. ¡Gracias por tu comentario!
