Capitulo Treinta y Siete
-Aquí es –. dijo Jesse, estacionando la camioneta frente a un edificio futurista que abarcaba un enorme espacio en la calle, tuve que estirar el cuello para alcanzar a ver su altura a través de la ventanilla de la camioneta.
-Es inmenso –. farfullé, asombrada.
Jesse bajó y también lo hice yo, mirando aun la fachada de aquel edificio pintado de color salmón. Con fuentes y jardines en el exterior. Me pareció algún estudio de Disney, sólo que más moderno.
-Vamos, no queremos llegar tarde –. Jesse me arrastró hacía el interior, en donde la suela de mis converse rechinaron sobre el piso recién encerado.
Nos acercamos a la recepcionista, quien con una sonrisa amable nos dio las buenas tardes.
-Hola, tenemos una cita con la señorita González, es para las fotos de la presentación de James Blunt –. dijo Jesse, con todo ese profesionalismo que usaba en el trabajo.
-Oh, claro –. dijo la señorita-. Por ese pasillo, en la tercera puerta –. señaló a su derecha.
-Gracias –. sonrió Jesse y me hizo seguirlo hasta donde nos habían mandado.
Al ver los cuadros en la pared y las placas en las distintas puertas, me percaté de que este no era sólo un lugar en donde se editaba la revista más vendida de la ciudad, sino que, había muchas más personas dedicadas al arte en distintos aspectos.
Paré cuando Jesse también lo hizo. La secretaria que se encontraba afuera de la tercera puerta acomodaba unos papeles en un folder.
-Hola, tenemos una cita con la señora González –. informó Jesse y la pelirroja, Roxanne, según decía su gafete de identificación, lo miró.
-¿Son las fotos de James? –. preguntó.
-Sí.
-Oh, tomen asiento, en seguida los atiende –. nos invitó a acomodarnos en el sillón de cuero negro que se recargaba sobre la pared paralela.
-Gracias –. dijo Jesse.
Nos fuimos a sentar y oí cómo el cuero rechinó cuando dejamos caer nuestro peso. Jesse miraba hacía el otro pasillo, que cruzaba perpendicular con el que estábamos nosotros. Miraba tanto que me hizo preguntar.
-¿A quién buscas? –. bromeé.
-¿Eh? –. me miró-. A nadie, espera un segundo, enseguida vuelvo. Si nos llaman, métete sin mí –. me dijo y se paró del sofá, tomando entre sus manos una carpeta azul que sacó de su valija y caminando hasta donde tanto miraba para perderse luego de mi vista.
Jesse a veces podría llegar a ser muy extraño.
Suspiré allí, hundida en el cuero negro del sofá, aburrida. Mi mente no dejaba de rondar en torno al país lejano.
Observé a Roxanne musitar algo en el teléfono y luego lo colgó. Me miró.
-Pasa –. me sonrió.
¿A dónde había ido Jesse? Suspiré de nuevo y tomé las fotografías que estaban a mi lado, luego me encaminé hasta la oficina de la señora González, la editora.
Abrí la puerta con algo de recelo, repentinamente sin Jesse no me sentía muy segura de algo que ya había hecho centenar de veces.
Tras el escritorio de roble, había una señora con el pelo cobrizo, enrulado hasta los hombros. Los ojos remarcados con lápiz negro y los labios pintados de un rosa pálido. Las arrugas en su piel se hicieron más notorias cuando esbozó una sonrisa.
-Pasa, corazón –. dijo amable-. ¿Dónde está el señor Martínez? –. preguntó al notar que venía sola.
-Lo mismo me pregunto. Salió casi corriendo hacía el pasillo continuo –. me encogí de hombros y ella rió.
-Bueno, muéstrame el trabajo que hicieron –. me hizo un gesto con la mano para que me acercara y me sentara en una de las sillas frente a su escritorio.
Caminé hasta ella y me senté, entregándole el sobre de fotografías. Ella las sacó del sobre y comenzó a mirarlas.
¿A dónde habrá ido Jesse? ¿Qué era tan importante como para dejarme sola en esto? A menos de que fuera algo de lo que no quería que me enterara. Sacudí levemente la cabeza. Me estaba volviendo una paranoica. Pero Jesse me daría una explicación.
Posé mi vista en la placa de metal dorado que estaba frente a mí y la leí pasivamente. Katharine González, Editora de la "Notes". Mantuve mi vista sobre la placa, mientras que la señora González revisaba las fotografías y asentía en gesto de conformidad.
-Son muy buenas fotografías –. dijo y luego me sonrió, mostrándome de nuevo todas esas arruguitas-. Hacen un muy buen trabajo –abrió su cajón derecho y sacó de allí un recibo. Garabateó en él con un bolígrafo y luego me lo pasó-. Dile a Roxanne que te selle esto y que te diga dónde cobrarlo.
Miré el papel, era el pago por nuestro trabajo. Las cejas se me elevaron al ver la cantidad.
-Fue un placer trabajar con ustedes –. se levantó y yo hice lo mismo, luego me tendió la mano.
-Igualmente –. le sonreí.
Salí de aquella oficina y al salir vi a Jesse, que apenas venía llegando.
-¿Ya pasaste? –. me preguntó.
Asentí con la cabeza una sola vez y luego me giré hacía Roxanne.
-¿Podrías…?
-Oh, claro –. tomó el papel y lo selló y luego de firmarlo también me lo devolvió-. Lo cobras al fondo del otro pasillo –. me regaló una sonrisa con sus potentes labios rojos.
-Gracias.
Jesse se acercó y tomó el papel.
-¡Vaya! ¿Todo eso para nosotros? –. dijo, mirando la cantidad que nos pagarían.
-La mitad para cada quien –. reí, mientras caminábamos hacía el pasillo opuesto-. Por cierto, ¿a dónde fuiste?
-¿Eh? –. conocía esa expresión de desentendimiento que ponía cada vez que no quería decir algo.
Entonces la incertidumbre me recorrió el cuerpo.
-¿A dónde fuiste, Jesse? –. lo miré, parando mi caminar.
-Ah… saludar –. se encogió de hombros.
-¿A saludar a quién? –. fruncí el ceño.
-A una persona con la que ya me había topado antes.
-¿Tiene que ver conmigo? –. por un segundo, lo que dura un latido, Harry pasó por mi pensamiento.
-Esa persona jamás te ha visto –. dijo, ya más calmado e hizo que me calmara también- Anda, ya vamos por nuestro pago –. me instó a seguir caminando hacía el siguiente cubículo.
No sabía por qué, pero la incertidumbre no se iba. Algo me decía que todo eso tenía que ver conmigo. O a lo mejor, de verdad me estaba convirtiendo en una paranoica. No quería hacerme falsas ilusiones en que a lo mejor, Harry también tuviera que ver en esto; pero era algo ilógico. Harry estaba muy lejos y Jesse ni siquiera lo conocía más que en fotos.
Cobramos nuestro dinero y lo repartimos mitad y mitad, luego Jesse me llevó a casa en donde las especulaciones continuaron.
Era una terca, si Jesse me conocía bien sabría que no me iba a dar muy fácil por vencida y que no me iba a quedar de brazos cruzados; además de que era una completa curiosa igual que… Harry. Era inevitable no traerlo a mi pensamiento, vivía allí día y noche y no podía bloquearlo. Pero todo esto sólo se enredaba con tantos nombres, de por sí, eran ya suficientes.
La noche llegó rápido, pero no dispersó mis pensamientos. Tenía que separar todas las cosas que se enredaban en mi cabeza y saber en qué se relacionaban una con la otra. Harrt y la canción, Jesse y su misteriosa desaparición en la mañana, Harry, Jesse.
Suspiré y me asomé por la ventana, el cielo oscurecido sostenía un cuarto menguante en lo alto y tuve que pensar en Harry, una vez más. ¿Dónde estaba? Deseaba tener una señal, un lugar, lo que sea. Quería que alguien me dijera que lo había visto, que estaba bien, quería saber cualquier cosa. Pensarlo me hacía recordarlo, a poco más de un mes de haber regresado, tenía su recuerdo nítido en mi mente: sus bellos ojos verdes brillando con luz propia, su cabello lizo despeinado y azabache, tan suave como espuma en los dedos, sus sonrisas tan mágicas y sus labios… deliciosos.
Suspiré de nuevo y me puse a pensar en Jesse, ya que si seguía dándole luz verde a los pensamientos de Harry, se me iría toda la noche y terminaría llorando. Volví a concentrarme en el asunto de Jesse entonces, recordé lo que le me contestó cuando le pregunté si aquella persona tenía que ver conmigo: "Esa persona jamás te ha visto". A Jesse no le gustaba mentir a sus amigos, pero cuando no quería decir algo daba una respuesta real pero no acertada. Abrí los ojos de par en par. Entonces aquello sí tenía que ver conmigo, podía apostar a que sí. Pero… ¿de qué forma? Aquella persona tenía que ver conmigo, pero jamás me había visto… todo era tan confuso.
Volví a mirar la luna, Harry, Harry, Harry. ¿Dónde estás? ¿Estará pensando en mí? Me reí, no podía siquiera alejar un minuto mis pensamientos de él. Ya debería de saberlo, es como pedirle a un manzano que no produzca ya sus frutos.
Como sea, tarde o temprano tenía que enterarme de lo que Jesse tramaba; sólo que esperaba que no fuera demasiado tarde.
-
La luz de la contestadora parpadeaba cuando llegué a casa. Había estado casi toda la mañana vagabundeando por mi ciudad en busca de buenas fotografías para tomar. Había tomado sólo tres en casi seis horas. Me acerqué y apreté el botón para oír el mensaje, mientras iba por un vaso de agua.
-"Oh, buenos días señorita Granger, o buenas tardes según escuche mi mensaje.
Su fotografía nos ha fascinado y queremos que nos muestre toda la colección. Hay algo especial en esa imagen y, estaríamos muy honrados en ver su trabajo para si usted quiere, hacer la exposición.
Comuníquese en cuanto oiga el mensaje. Ya sabe el teléfono de la compañía, pregunte por el señor Blade.
Que pase buen día, hasta luego."
El pitido que anunciaba el final del mensaje me hizo aterrizar. ¿Cuál fotografía? ¿De qué exposición está hablando? ¿Qué señor Blade? Corrí hasta el teléfono y garabateé el número de esa llamada en un papel, luego lo marqué. Una voz femenina me contestó al segundo timbre.
-Olmos estudio, ¿en qué puedo servirle?
-Amm… ¿hay allí un señor Blade con quien pueda comunicarme? –. pregunté, terriblemente confundida.
-Claro, enseguida.
-Gracias –. tamborileé los dedos en la mesita mientras escuchaba la fastidiosa melodía a través de la bocina del teléfono.
-Oficina del señor Blade, ¿en qué puedo ayudarte? –. me contestó otra voz más aguda que la primera. Fruncí el ceño. ¿Qué allí todo mundo contestaba de la misma manera?
-Hola, ¿podrías comunicarme con el señor Blade, por favor?
-¿Quién lo busca?
-Hermione Granger.
-Oh, claro. Enseguida –. dijo y transfirió la llamada por un lapso de tiempo más corto que el anterior.
-Señorita Granger, es usted –. dijo la voz de hombre, ronca y amable.
-Eh… sí, pero aun no entiendo quién es usted –. musité, con franqueza.
-Bueno, soy el presidente de las exposiciones fotográficas de esta empresa. Thomas Blade.
Los ojos se me abrieron como platos. Thomas Blade, había leído de él hace bastante tiempo; era el "productor" de las exposiciones fotográficas que tuvieron más fama en el país y no sólo allí.
-¿Señorita Granger? –. preguntó, ya que me había quedado muda.
-Estoy aquí –. farfullé-. Pero aun no entiendo por qué me llamó.
-Pues vimos su fotografía. Nos ha encantado y…
-¿Qué fotografía? –. lo interrumpí.
-Un joven vino el día de ayer mostrándonos una fotografía que usted tomó en su viaje a Venecia, Italia, según nos contó él muchacho.
El corazón comenzó a latir debajo de mi pecho. Todo estaba cobrando sentido de pronto.
-A decir verdad, la fotografía es muy buena y pensamos que una exposición con ese tipo de fotografías sería magnífico, pero antes queremos ver todas.
-Ah…
-Si se pregunta cómo conseguimos su teléfono y su nombre, pues déjeme decirle que tiene un amigo muy… insistente –. soltó una risita gutural.
Me quedé en silencio por un momento, sintiendo cómo encajaban todas las piezas del asunto de Jesse. Él había tomado una de mis fotos ayer, y ese mismo día la había llevado con Thomas Blade –una persona que jamás me había visto pero que tenía que ver conmigo, para que me diera la oportunidad de una exposición de arte, de fotografías. Por eso no quería decirme, por eso esa mirada misteriosa cuando vio el sobre… mataría a Jesse.
-Es usted muy callada, señorita Granger –. bromeó Blade soltando otra risita.
-Lo siento. Disculpe, esa foto no debió de salir de mi casa, es un error –. farfullé, ¿cómo iba a hacer una exposición de todas las fotografías que tenía de Harry? Ni que estuviera loca.
-¿Por qué no viene y lo hablamos? Y traiga las demás fotografías. Es una oportunidad excelente, ¿la va a dejar pasar? –. me tentó.
Me mordí el labio inferior, vacilante.
-¿Señorita Granger? –. insistió.
-Llego en una hora, ¿le parece? –. dije, dándome por vencida.
-Perfecto. Hasta pronto, entonces.
Trunqué la llamada de manera brusca y me llevé las manos a la cara. Ahora además de "roba novios" me volvería una asesina. Jesse me las pagaría, pero antes tenía que recuperar mi foto.
Me dirigí al estante de libros y tomé el sobre de fotos, lo introduje en mi morral y salí directo a aquel edificio en el que había estado ayer. Mientras iba, pensaba en la posibilidad de aceptar la oferta de Blade. Exponer mis fotografías en un salón inmenso, mientras ofrecían aperitivos elegantes a la gente que admiraba mi trabajo era el deseo que tenía desde que empecé a dedicarme a la fotografía; el deseo de todo fotógrafo profesional que dispara su lente para encontrar la belleza en este mundo. Pero existía otro lado de la moneda. La parte oscura del sueño.
