37. Sumisión

Sumario: La última de su especie estaba en su posesión, finalmente había ganado.


Había seis guardias, seis Técnicos con sus respectivas Armas distintas cada uno, vigilando la puerta.

Le pareció un poco excesivo, inclusive para él, pero no podían descuidarse en este momento tan vulnerable.

Siguió a Kilik por los pasillos del calabozo y los seis Técnicos se enderezaron en posición de firmes al verlos pasar, saludándolos de manera formal cuando se detuvieron frente a la puerta del calabozo.

—Reporte —dijo Kilik en tono autoritario, una chica de apenas unos dieciocho años tomó un paso firme al frente.

—Margaret Clavell reportándose señor, las extremidades del prisionero está asegurado con cadenas de acero fortificado contra la magia, tuvimos que cubrirle la boca para evitar que se suicidara después del primer intento, fuera de eso el prisionero se encuentra saludable.

Las cejas de Kilik se alzaron y negó con la cabeza, murmurando algo sobre brujas testarudas.

—Abran la puerta —dijo un hombre alto detrás de Kilik, vestido de pies a cabeza en una gabardina negra con una máscara de calavera caricaturesca en su rostro.

Margaret parecía que estaba a punto de protestar, pero se contuvo y asintió con respeto—. Entendido señor ¡Escucharon a Lord Death, abran la puerta!

Uno de los Técnicos sacó un par de llaves de su cinturón, después de girar la llave en la cerradura esta se abrió pesadamente, gimiendo y rechinando con desuso. Una luz tenue salió del pequeño calabozo su fuente era una pequeña vela en piso, sin embargo, no era suficiente para iluminar todo el lugar, dejando los rincones en penumbras.

Bajo la gabardina, las manos del Shinigami temblaban y las apretó en un puño para detenerlas. Entró al calabozo y no tardó en encontrarla, una vez que sus ojos se adaptaran a la oscuridad la vio.

Estaba atada al muro con cadenas, especialmente hechas para repeler la magia, la cadena empotrada al muro no la dejaba irse muy lejos así que estaba sentada, acurrucándose en la esquina más cercana. Sus pies estaban descalzos, algo sucios con hollín y tierra, estaba vestida completamente de negro. Lentamente la bruja levantó la cabeza, mechones rosados y largos apartándose para revelar un par de ojos azules mirándolo con miedo y desprecio.

Tomó la vela y la acercó a donde estaba, arrodillándose para ver su rostro mejor. Las cadenas de la bruja protestaron cuando ella se presionó más contra la esquina, seguramente hubiera gritado de no haber sido por el bozal de tela entre sus labios.

El Dios de la muerte se quitó la máscara, revelando un rostro joven torcido en una morbosa fascinación, ojos dorados brillando con una intensa alegría infantil que le hacía honor a su nombre de la infancia. Sintió en su rostro los comienzos de una sonrisa, haciendo que la bruja comenzará a temblar.

Deseaba que su padre estuviera con vida, al igual que todos sus ancestros antes que él para apreciar este momento. Por fin, después de ochocientos años de lucha, las brujas habían perdido, sus números decayendo con los siglos hasta que solo una quedaba y él la tenía. Él la tenía, encadenada, prisionera, sometida a su voluntad para hacer lo que se le diera gana.

Había ganado.

—Lo logré, —susurró el joven Dios de la Muerte, mirando a los ojos azules turbios de la bruja—. Atrapé a la última bruja.


No se porque pero me gusta este Kid sádico, quiero escribir mas sobre el con esta personalidad.

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