El príncipe y el zorro

[Eren. J]

Historia Reiss era lo más cercano a un amigo que yo tenía en la universidad, claro, hablaba con los amigos de Zeke y algunos compañeros de clase, incluso con el fastidioso de Farlan, pero a Historia la sentía más cercana que a cualquiera de ellos. Y claro que, ella se molestaba en decirle a media universidad que yo era su amigo, eso podía parecer un honor muy grande viniendo de alguien como ella. A pesar de que era amable con todo el mundo, confiaba en muy poca gente y al resto sólo los veía como sus compañeros de aula, de escuela, lo que sea.

Pero a mí, por alguna extraña razón me había dado su total confianza y el honorable titulo de amigo, a veces me sentía bastante halagado por caer en la gracia de Historia Reiss, parecía ser algo difícil de conseguir. Todos en el salón decían que formábamos una agradable pareja, ninguno de los dos se esforzaba por desmentirlo, pues en el fondo, realmente éramos un gran dúo pero como simples amigos que se ayudaban mutuamente.

Quizá, era por eso que ahora ambos nos encontrábamos tomando un café en un centro comercial, hablando como los mejores amigos que acaban de salir de un ajetreado día en la universidad y que ahora sólo se relajan. Trataba de ser cuidadoso con ella, estaba acostumbrado a llevarme de forma ruda con Annie y Mikasa, pero Historia era tan educada y correcta que a veces me daba miedo haber metido la pata diciendo algo incorrecto, o fuera de lugar. Si era así, ella nunca se quejaba al respecto, tal vez, siendo tan amable como sólo ella podía ser.

—Ya sé de que iré disfrazada a la Noche de brujas— Chilló con emoción, sus mejillas totalmente rojas por la cantidad de prendas que la protegían del frío otoñal.— De hecho, ya lo diseñé, sólo me falta pasarlo por la maquina de coser, ¿qué hay de ti? Podría ayudarte a diseñar el tuyo.

—Te lo agradezco— Asentí ligeramente ante su amable ofrecimiento.— Pero no iré, la verdad es que no me he sentido bien últimamente.

La taza de porcelana con la bebida caliente quedó a medio camino de sus labios embarrados con labial rosado, volvió a colocarla sobre la mesa y su frente se arrugó en un gesto que detonaba lo contrariada que se sentía ante mi negativa de ir al baile de Noche de brujas. Cuando me informó que el club de artes plásticas sería el encargado de armar la casa de terror yo parecía entusiasmado con la idea, pero ahora sólo era un globo que había sido ponchado con un filoso alfiler. Bueno, así me sentía.

—Lo noté, has estado de mal humor, generalmente no eres así.— Su expresión compungida pronto mutó en una suave, como la de una madre compresiva.— ¿Debo preguntar qué sucede?

Quise decir que no, pero luego pensé en que Historia era la única que quizá podría comprenderme, así que terminé por asentir.

—Pero antes, me gustaría hacerte una pregunta incomoda... no, más bien personal, ¿puedo?

Ella arqueó una ceja rubia, sus expresivos ojos azules me examinaron por largos momentos. Pensé con gracia en Armin y en que Historia podía decir en cualquier momento algo como: "tu vida gira en torno en hacerme preguntas incomodas". Pensar en Armin se sintió amargo en mi boca, después de que Annie le dijera que el bebé no era suyo, él pareció cortar todo lazo que lo involucrara con Annie y sí, eso me incluía a mí.

Su alejamiento me dolía siempre que pensaba en ello, nos había reemplazado como piezas de ajedrez por sus nuevos amigos, me estaba sintiendo desplazado nuevamente y dolía. Y estaban todas esas veces que Historia sin querer me recordaba a mi viejo amigo y una oleada de tristeza me atacaba, pero ahora todo lo ocultaba bajo una mascara de mal humor perpetuo. Se estaba volviendo un mecanismo de defensa algo desagradable.

—Pregunta.— Sonrió amplio, mostrando con ese gesto la confianza que estaba a punto de depositar en mí.

—Cuando tú... es decir, ya sabes, ¿cómo te diste que cuenta de que eras... de que eras...?

La pregunta fue muriendo poco a poco en mi garganta, otra vez me di cuenta de que un tema del que jamás me incomodaba hablar, se estaba volviendo tabú para mí y eso me frustraba. Historia sonrió con gentileza y asintió.

—Sí, cuando me di cuenta de que era lesbiana, ¿no?— Soltó sin más, sin importarle que la gente la mirara raro. Asentí con un leve movimiento de cabeza.— Bueno, no fue sencillo. Cuando era pequeña fui criada bajo ciertos roles y estándares, ya sabes: "Historia, aprende a lavar", "Historia, aprende a cocinar", "Historia, aprende a planchar", "te tienes que conseguir un buen hombre". Todo eso parecía normal, nos hacen creer que nacemos incompletas y que sólo un hombre podrá complementarnos, que es todo un logro ser mamá y esposa.

»Pasé buena parte de mi niñez creyendo que lo correcto era que me gustaran los niños, porque toda niña normal quiere tener a su príncipe azul y casarse. Entonces, la niñita creció y cuando entró a la secundaria se escandalizó por tener ese deseo de besar a Virginia Dion, la chica más linda del salón. Los dos primeros años de mi descubrimiento negué lo que era, estaba tan acostumbrada a la idea de que debían gustarme los hombres porque así había sido criada, que pensar en querer besar a otra chica era algo totalmente errado.

De pronto, ante las palabras de Historia, comencé a sentirme identificado. Últimamente tenía esos pensamientos de querer besar a Levi sólo para comprobar si se sentiría tan bien como en mis sueños, pero una pequeña parte de mí se seguía rehusando totalmente; toda mi vida me habían gustado las chicas, no parecía normal que ahora mi cabeza estuviera llena de puros pensamientos acerca de Levi. Y entre más pensaba en ello, me iba dando cuenta de que esto no era algo nuevo que había iniciado hace un par de meses atrás, mis conclusiones siempre me llevaban al día del baile de primavera cuando me besó.

Debí saber que el primer signo estuvo ahí siempre, no me había molestado que otro chico me besara, lo había sentido tan normal que pasé por alto que cualquier chico heterosexual al cien por ciento, hubiera sentido un mínimo de incomodidad de que alguien de su mismo sexo lo besara. Era como si los últimos meses hubiera estado acumulando y reprimiendo sentimientos por Levi, y ahora me estuvieran explotando en la cara, todos al mismo tiempo. En mi oxidado cerebro eso parecía tener sentido, pero aún existía una parte de mí llena de miedo y vergüenza que se negaba a admitirlo.

—Fueron tiempos muy duros, en donde ni siquiera sabía quién era, en donde no aceptaba que era parte de mí— Suspiró y su rostro se iluminó ante algún pensamiento feliz.— Todo mejoró cuando conocí a Ymir. ¿Sabes?, tenía miedo, pero ya no me asusta más.

Sus manos ahora acunaban la frágil taza y sus ojos miraban a la nada, parecía estar recordando algo de suma importancia para ella porque sus ojos brillaban con emoción y sus labios estaban curvados en una ligera sonrisa que delataba sus pensamientos felices. Supuse que debía estar pensando en Ymir, su novia. Había hablado con ella un par de veces e Ymir estaba complacida de que no estuviera interesado amorosamente en Historia; yo fungía como su arma de doble filo, pues lo único que me interesaba de Historia era su amistad y al mismo tiempo, podía ahuyentar a sus pretendientes en potencia, parecía que por esas dos razones había logrado ser del agrado de la apática Ymir.

—Ahora— Dijo con voz suave la rubia, volviendo al anterior hilo de conversación.— ¿Me vas a decir qué pasa?

Asentí, por debajo de la mesa frotaba frenéticamente las palmas de mis manos contra el uniforme de la facultad. Por primera vez iba a contarle a alguien acerca de lo que pasaba por mi cabeza y del revoltijo de sentimientos confusos, era normal sentirse nervioso.

—Levi, te he mencionado a Levi, ¿cierto?

Ante mi interrogante, Historia dejó escapar una suave carcajada y enseguida asintió.

—Lo haz hecho, al menos un millón de veces— Arrugó la nariz y pude sentir la sangre hervir dentro de mis mejillas.— Bueno, ¿qué pasa con Levi?

—Bueno, todo comenzó cuando...

Y... le conté todo, desde el principio de ésta historia que no tenía pies ni cabeza. Historia estaba bastante entretenida con cada pequeña parte que le contaba, como niña pequeña escuchando un cuento antes de ir a dormir. En las partes interesantes, ella colocaba aquella expresión de total sorpresa, en otras tantas, arrugaba la frente y no parecía estar de acuerdo, pero si era el caso, no había modo de saberlo, ella siempre fue respetuosa de mí y de lo que le contaba, jamás daba su opinión o punto de vista. Se mantenía callada, escuchando atentamente mis palabras.

Para cuando terminé de relatar el pequeño revoltijo, el centro comercial y la cafetería en donde estábamos ya estaban medio vacíos, la gente ya estaba yéndose a su hogar. Fue raro, mientras más hablaba de todo lo que ocurrió, de cómo me sentía, de los pensamientos llenos de confusión, miedo y vergüenza que estaba experimentado desde hace un tiempo atrás, más liviano me sentía. Era como si por un largo tiempo hubiera estado aguantando la respiración, y ahora finalmente pudiera dejarlo salir. El café que nunca probé ya estaba totalmente frío, mientras que Historia ya se había terminado el suyo hace tiempo atrás, realmente había pasado un largo tiempo sacando algunas cosas del equipaje pesado.

Historia suspiró largamente una vez que terminé de exteriorizar mis sentimientos. Esperé con paciencia a que ella pudiera darme su veredicto final.

—Seré muy honesta contigo, porque estoy segura de lo que te diré— Su implacable voz resonó con una seriedad un tanto impropia de ella.— Tú, en realidad haz estado enamorado de Levi desde... bueno, desde siempre. Desde que todo comenzó.

Y, el peso de aquella firme resolución volvió a caer con fuerza sobre mis hombros, los espacios que se habían liberado volvían a ser ocupados y a sentirse pesados. Demasiadas cosas que asimilar en un mismo día, en tan poco tiempo, no había sido lo suficientemente maduro para comprenderlo, admitirlo y aceptarlo como era.

Historia pareció notar la soga imaginaria alrededor de mi cuello y enseguida su pálida mano fue a buscar la mía para dar un apretón firme en ella, como clara muestra de apoyo. Sus ojos azules me miraron con ternura y una sincera comprensión, y la soga pareció aflojarse sólo un poco más.

—Puedo entender como te sientes, nuevos horizontes que jamás imaginaste se están abriendo ante ti ahora— Su suave voz calmó el desastre que comenzaba a formarse en mi maltrecho cerebro.— Estás enfrentando un nuevo cambio y es normal sentirse como te sientes, habrá mucha gente que no será comprensiva, pero debes tomártelo con calma. Sin presiones.

La palabra bisexual volvió a llegar con fuerza en mi cabeza, pero ahora no me parecía tan lejana, ni imposible. Todo lo contrario. Relamí mis labios que estaban secos debido al frío y me esforcé por tragarme el nudo de la garganta.

—¿Realmente es normal?— Junté ambas cejas, esta de más decir lo mortificado que me sentía.— Es decir, ¿es normal que hasta ahora me de cuenta de que... me gustan los chicos?

—Absolutamente— Historia asintió vigorosamente sin dejar espacio alguno a los titubeos.— El que seas bisexual no quiere decir que te tengan que gustar todos los hombres, quizá sólo necesitabas a alguien como Levi para darte cuenta de que esto también es parte de ti. Está bien, Eren, no estás cometiendo ningún delito, ni haciendo nada malo.

No pude hacer nada más que asentir ante sus palabras de aliento que eran como un sedante a todos los pensamientos que luchaban por asfixiarme. Le dediqué una sonrisa llena de gratitud, Historia me había ayudado a dar ese gran paso que ni siquiera sabía que tenía que dar porque hasta hace algunas horas no sabía como nombrar lo que yo soy. Seguía siendo Eren, acababa de descubrir algo nuevo en mí, pero eso no me había cambiado, aún era yo. Sin alteraciones, ni anomalías, todavía me llevaría un tiempo acostumbrarme a la idea pero a fin de cuentas, lo único que cambió fue la perspectiva con la que veía a Levi.

Levi... pensar en él fue un golpe en el estómago cuando me di cuenta de lo que estaba pasando. Farlan le pediría que salieran en el próximo baile y siempre estaba esa posibilidad en potencia de que Levi le dijera que sí.

—Cuando estés listo— Dijo Historia, trayéndome a la realidad nuevamente.— Tal vez puedas hablar respecto a tus sentimientos con Levi. Podrían intentarlo.

—Tal vez... lo mejor sea que simplemente deje las cosas como están— Encogí los hombros, vi a la chica con intenciones claras de regañarme, por eso rápidamente agregué:— Farlan le pedirá que salgan el día del baile, no tengo derecho alguno de intervenir y Levi... él... bueno, en realidad creo que ya es tarde para mí. Además, hay muchas cosas que todavía debo asimilar y aceptar antes de dar el siguiente paso. Ya no... hay que hablar de esto, ¿sí?, por hoy fue suficiente.

Pedí en un murmuro agonizante y ella aceptó rápidamente mi decisión. Lo único que le quedó fue torcer los labios en una mueca lastimera y suspirar con frustración. Le tomó al menos medio minuto encontrar otro tema que no fuera mi reciente descubrimiento, pero entonces dijo:

—¡Ya sé de que voy a hacer tu disfraz para el baile de brujas!— Insistió, sus ojos volvieron a llamear con aquel matiz de emoción que tiene cada vez que se le ocurre una excelente idea.— Seré tu hada madrina, yep.

—Oh, ¿hablas del baile de brujas al que no iré?— Pregunté con sarcasmo y algo de burla.

—Hablo del baile de brujas al que irás— Cruzó los brazos sobre su pecho y su ceño se frunció de manera tierna, si es que eso era posible.— Acabo de hacer magia, confía en ella.

—No dejarás de insistir, ¿cierto?

Le cuestioné, en realidad, nadie podía decirle que no a Historia por diferentes motivos: porque era tierna, porque era terca como mula y porque nunca querrías verla enojada porque era realmente aterradora, aunque sonara imposible. Ella pareció pensarlo por rápidos segundos y encogió los hombros.

—Tomaré eso como un sí, listo, ya está. No puedes retractarte.— Sentenció, decidiendo prácticamente por mí.

—Si no hay más remedio.

Concedí, fingiendo molestia pero al final de cuentas, terminando por darle una sonrisa cómplice, ella de inmediato sonrió amplio y sus mejillas se tiñeron de un agradable rosa.

—¡Brillante!


Treinta y uno de octubre llegó más rápido de lo que me hubiera gustado, entre el estrés común de la universidad, los duros entrenamientos a los que ya estaba acostumbrado, las hojas anaranjadas que caían de los árboles, los días cortos y las noches largas, y claro, todas las facultades vueltas locas por los preparativos de éste baile.

A diferencia de todo América del norte y algunas partes de Inglaterra, en Alemania las noches de brujas, o Halloween no eran algo de importancia; sólo algunos lugares festejaban tal fecha, como era el caso de mi universidad. Entonces, todos los chicos se emocionaban ante la idea de tener una noche para disfrazarse de monstruos de películas famosas o de su personaje preferido, de la casita de terror que prometía ser aterradora y de las historias de miedo a media noche que contaban los profesores que asistían para comprobar que todo estuviera en orden, y aprovechar el momento para sacar su yo joven que normalmente dejaban de lado el resto del año.

Erwin y Mike discutían en la sala, esta era su tercer pelea en toda la semana y no sabía si sentirme aterrado o irritado. Ellos nunca peleaban a gritos como ahora, siempre arreglaban las cosas hablando y luego, todo volvía a la normalidad, pero ahora incluso se dejaban de hablar por días enteros cada vez que una nueva pelea se presentaba.

Ellos ni siquiera notaron cuando me paré frente a ellos con mi ridículo disfraz que Historia muy amablemente me había ayudado a hacer, ni cuando anuncié que me iba y que intentaría regresar temprano. Sus gritos sólo se hicieron más fuertes, reclamos de Erwin y protestas de Mike ante esos reclamos; decidí entonces, que lo mejor sería simplemente irme a mi siguiente destino: la casa de Historia e ignorar que ellos estaban todo el tiempo molestos el uno con el otro.

Mi trayecto hacia la casa de Historia fue normal, en tanto tratara de no pensar que había dejado a mis padres discutiendo. Uno que otro local había sido adornado para tal ocasión, no habían niños en las calles disfrazados pidiendo dulces, o toda esa atmósfera mágica que nos vendía Hollywood acerca del tan enigmático Halloween.

Al llegar a la casa de los Reiss me encontré con la agradable sorpresa de que ellos adornaban su casa al puro estilo típico estadounidense. Con las calabazas de aterradoras expresiones y las telarañas falsas en las esquinas de la casa, los espantapájaros y todo lo que pudiera parecer aterrador, supuse que en gran parte la culpable de esto era Historia. Mis nudillos se apresuraron en golpear la puerta de madera un par de veces y sólo tuve que esperar medio minuto para que la puerta fuera abierta por una radiante rubia.

Frente a mis ojos estaba Historia Reiss, enfundada en un... extraño disfraz. Toda ella era cubierta por una tela plateada muy brillante, un singular y llamativo pico sobresalía de su cabeza, un único mechón dorado resbalaba por su frente, pues su demás cabello parecía estar dentro de esa botarga extraña a la que no le encontraba forma alguna.

—Realmente te sienta tomar los roles de la nobleza.— Dijo con emoción, mirando de abajo hacia arriba el resultado final de lo que había planeado.

—Gracias— Asentí, sintiéndome un tanto tímido ante la mirada llena de escrutinio de Historia.— Tú también te ves genial en tu disfraza de... de...

—¡Estrella fugaz!— Chilló con emoción, ahora estirando ambos brazos y separando un poco las piernas, mientras se movía de un lado a otro de una forma de lo más tierna. Supe que esa imagen se quedaría para siempre en mi cabeza.— Una estrella que nació de los buenos deseos, y que además, cumple deseos.

Asentí, apretando fuerte los labios para evitar reír, pero es que toda esta situación me parecía hilarante. Busqué a Ymir con la mirada, esperando verla salir con un botarga circular y proclamando ser la luna.

—Entonces Ymir debe ser...

Comencé, sin embargo mi oración se quedó a medias cuando la otra chica apareció de quién sabe dónde, diciendo:

—El lobo, naturalmente.

Y tras decir eso, arrugó la nariz llena de pecas y fingió que gruñía como lo haría un lobo. Estaba totalmente disfrazada de lo que parecía ser un lobo de pelaje caoba, dos simpáticas orejas puntiagudas se ceñían sobre su cabeza, la punta de su nariz completamente de negro y los bigotes pintados con lápiz delineador en ambas mejillas. Miré a las dos y traté de pensar en qué podrían tener de común una estrella y un lobo, pero no hallaba conexión alguna, hasta donde sabía, ellas irían disfrazadas como pareja, y durante estas semanas pensé en Historia como Emily e Ymir como Víctor, o como Coraline y su gato negro. No una estrella y un lobo, la cosa más rara que había visto.

Miré a ambas una vez más, ésta vez detenidamente y sonreí de lado, negando ligeramente con la cabeza mientras intentaba contener las risas que amenazaban con salir. Se miraron entre ellas, como preguntándose mutuamente con la mirada qué había mal en su atuendo.

—Ustedes, las dos... son realmente raras, hacen una excelente pareja.

Exclamé con algo de burla, ellas nuevamente se miraron la una con la otra, sin entender lo qué era gracioso para mí, pero al final sólo se limitaron en encoger los hombros. Mi automóvil se quedó en la cochera de la casa de Historia, la universidad estaba a unas cuantas calles, así que no era necesario conducir hasta allá cuando podíamos caminar sin problema alguno.

Al llegar a la universidad, la mayor parte de la escuela estaba ahí, todos con sus disfraces raros y costosos, tomando ponche y platicando entre ellos con entusiasmo sobre los otros disfraces. Y entre toda esa muchedumbre, se encontraban Levi y Farlan, Farlan iba disfrazado de un súper Nómada... súper desnutrido. Mi cerebro envidioso gritó que más bien tenía parecido a el chico percebe de Bob esponja. Levi, por otro lado, iba sencillamente con unas puntiagudas orejas rojas sobre su cabeza y como Ymir, la punta de su nariz pintada de negro, al igual que los bigotes en sus mejillas.

Me pregunté si también sería alguna especie de lobo... solamente llevaba eso como referencia, pues traía puesta una sudadera roja y jeans negros, algo simple que no parecía encajar con los demás disfraces elaborados de los demás. Sin embargo, sabía cuánto odiaba éste tipo de cosas y a pesar de eso, había hecho el esfuerzo porque Farlan lo había invitado. Otra dolorosa patada en el estómago y a este paso, me daría gastritis.

Había perdido de vista a Historia e Ymir, así que aquí estaba, totalmente solo en la barra de bocadillos y panecillos con formas de calabaza o fantasmas deformes. Armin estaba en el otro lado, riendo con sus nuevos amigos e ignorando que yo estaba allí, él también se había esforzado en su disfraz de Jack Frost, pensé con tristeza que a Annie le hubiera sentado de maravilla ser el hada de los dientes. Me sentía un tanto patético estando ahí solo, sin nadie con quien platicar sobre los disfraces o el tipo de cosas que se platican en un día como hoy; quizá, simplemente debí hacer caso a Zeke e invitar a Riko Brzenska.

Y como si la hubiera invocado de alguna forma, ella se apareció, parándose a un lado de mí mientras veía con aburridos ojos a las demás personas. Hoy no llevaba sus lentes y era raro verla sin ellos, pensaba que eran como otra extensión de su cuerpo. Entonces, ella finalmente me miró y sonrió de lado, tan imperceptible que no estaba seguro de que la sonrisa estuviera allí. Miré su disfraz, repentinamente me sentí en sintonía con ella.

—Mh... déjame adivinar— Le dije, de pronto sintiéndome en completa confianza con la chica por algo tan banal como un personaje de Harry Potter.— ¿Astoria Greengrass?

Riko bufó con ironía, pareciendo cansada de tratar de explicar en qué o quién consistía su disfraz.

—Todo el mundo piensa que vengo disfrazada como una simple estudiante de Hogwarts. Subiste una décima en mi estima por decir que Astoria, aunque me parece que ella es castaña, aún así, diez por tu esfuerzo— Palmeó mi hombro en un gesto de camaradería y luego se apresuró en decir:— En realidad, traté de hacer una versión joven de Narcissa, por, ya sabes, el cabello rubio y los ojos grises. ¿Y tú eres..?

Cuestionó, ahora ella examinando mi grandioso disfraz, como juraba Historia.

—El principito, del cuento del principito— Encogí con simpleza los hombros.— Me siento ridículo.

—Te ves bien— Aseguró rápidamente, aunque con aquella seriedad que la caracterizaba y que tanto me recordaba a Levi. Luego, a lo lejos pareció ver a su grupo de amigos y robó un panecillo antes de decir:— Iré con los chicos, podrías unirte a nosotros.

—Seguro, más al rato, quizá.

Asentí mintiendo completamente, no tenía intención alguna de ir con ellos, sentía que no pertenecía a ese selecto grupo de niños populares. Zeke parecía bastante interesado en que comenzara a frecuentar más con ellos, invitándome a salir a las tardes de karaoke o a los viernes de pizza con sus amigos, no me entusiasmaba la idea. Prefería a mis antiguos amigos pasando un día en el parque, o bromeando en la cafetería de la Charlottenburg, mientras Hanji robaba mis papas fritas y cucharaditas "discretas" de mi tarta de manzana.

Riko asintió con solemnidad, supongo que en el fondo sabía que nunca me acercaría a ellos, porque todo el tiempo ponía la misma excusa de siempre, cada vez que Zeke me decía "únete a nosotros, mini Jaeger", yo decía "seguro, más tarde", "seguro, en un rato", "seguro, después" y ese "seguro, lo que fuera" jamás se cumplía. Antes Zeke sólo se conformaba con saludarme cuando nos veíamos fuera de los entrenamientos, ahora insistía en que fuera uno de ellos y era simple y supremamente extraño.

La chica guió sus pasos a su grupo de amigos que eran, como siempre, el centro de atención. ¿Y cómo no lo iban a ser? Zeke tenía puesta una botarga de Botas, a su lado, Pieck estaba totalmente disfrazada de Dora la exploradora. Los demás miembros de su selecto grupo de amigos iban con botargas de los Teletubies. Obviamente, ellos causaban sensación con sus disfraces que podían ser calificados como "graciosos", era por eso que una vez más, no encajaba entre ellos. Yo sólo era un aburrido príncipe.

Me serví un poco del ponche caliente que prometía apaciguar un poco el frío de esa noche. En cuanto le di un primer sorbo mi cuerpo vibró de satisfacción al tener algo que contrarrestara un poco el frío que calaba en mis huesos; había sido bastante valiente en sólo traer la fina chaqueta azul de seda que me cubría todo el torso y los brazos. Historia se había esforzado demasiado en diseñar y coser mi disfraz, que me negué a la idea de opacar su trabajo con otra sudadera que cubriera la bonita chaqueta azul cielo, con sus dorados botones brillantes y sus dobladillos en plateado que le daban un parecido cercano al del personaje del libro.

No sabía en realidad porqué Historia había escogido éste disfraz y tampoco dije nada cuando la rubia dijo que por esta noche, yo sería el Principito. No había estado de humor para pensar sobre ello, con demasiadas cosas en la cabeza, sentimientos encontrados y cosas que aún no asimilaba del todo, por eso dejé que Historia se hiciera cargo de todo, sin objetar ni un poco.

—Así que, su real alteza ya no habla más con la plebe, ¿hm?

Respingué ante aquella voz tan familiar que había venido de la nada, estuve cerca de ahogarme con el ponche, hacer el ridículo y salirme un poco del rol de príncipe que según parecía, el disfraz me obligaba a tomar. Mis ojos rápidamente captaron los ojos grises de Levi que parecían brillar bajo las luces de las lámparas anaranjadas que se colocaron por todo el campus para iluminarlo.

—¡Caray!, Levi— Logré exclamar entre la tos que me había atacado ante el abrupto.— ¿De dónde saliste?

—Bueno, del canal de parto de mi madre, naturalmente... creo que sabes que las mujeres tienen algo llamado vagi...

—¡Ya entendí!— De un rápido movimiento me acerqué a él para tapar sus labios y evitar que terminara la oración.— Cielos, tiendes a malinterpretar todo, o a darle otro sentido...

Concluí con voz suave, y en cuanto me percaté de que estaba invadiendo su espacio personal groseramente, me alejé tan rápido como me había acercado. Ahora, sintiéndome nervioso y avergonzado ante esa cercanía, hace poco había hecho el inminente descubrimiento que me gustaba y parecía que a mi cerebro le encantaba recordármelo constantemente en los momentos menos acertados. Sentí a mis mejillas calentarse de un momento a otro y no pude sostenerle por mucho tiempo la mirada a él; toda esta situación me recordaba a cuando conocí a Mikasa y me ponía nervioso estar cerca de ella.

Nunca antes me había pasado con Levi, pero al parecer, estos eran los efectos secundarios de haber descubierto que podías batear de ambos lados sin problema alguno y que tu mejor amigo estaba en la lista de "crush masculinos potenciales".

—Entonces... ¿el Principito?— Dijo con una ceja alzada, sus afilados ojos estudiando mi disfraz.— No creí que fuera posible que tú te disfrazaras de un personaje literario.

—Sí, bueno, una amiga tuvo la idea y ella me ayudó a hacerlo así que...— Suspiré encogiendo los hombros.— Yo sólo me dejé guiar por la corriente.

—Mh, te ves bien, te sientan todas esas porquerías principescas.

—Gracias.

Asentí ante el obvio halago, apreté muy fuerte los labios, ni siquiera me había dado cuenta que la mano que sostenía mi vaso con ponche temblaba ligeramente, y que la otra sudaba. Pensé en que a Levi le daría asco tomar mis manos sudorosas y temblorosas, aunque rápidamente me regañé mentalmente por tal pensamiento, no llevaba ni un mes siendo consciente de mi nueva orientación y yo ya estaba imaginando como sería si Levi y yo nos tomáramos de la mano. Y es que simplemente, no podía evitarlo, los pensamientos llegaban solos y con tal facilidad, porque yo ya no me esforzaba por reprimirlos o evadirlos.

—¿Y tú?— Rompí el silencio que a mí me sabía incomodo, quería alejar esa sensación de nervios que me recorría el cuerpo.— ¿Eres un lobo?

—Un zorro, en realidad— Arrugó la nariz y cruzó los brazos sobre su pecho.— No tenía idea de qué disfrazarme, Hanji y yo improvisamos y bueno... parece que tú y yo estamos destinados a estar involucrados de una u otra forma.

—Aterrador— Admití entre risas suaves, poco a poco la incomodidad se iba y todo se volvía a sentir como siempre.— Creo que estamos...

—¡Primor! ¡Levi!

Gritó Farlan, interrumpiendo la peor cursilería que estaba a punto de soltar. Se acercó a nosotros y de inmediato abrazó a Levi por los hombros, pegándolo completamente a su cuerpo; mis labios se fruncieron en desagrado como protesta. Nuevamente reinó el silencio, la incomodidad regresó más rápido de lo que deseé. El cabeza de pollo alternaba su mirada entre Levi y yo, como si de alguna manera comenzara a sospechar lo que estuvo a punto de pasar.

Levi poco a poco se fue liberando de su abrazo y Church por fin pareció reaccionar.

—Pensé que te habías perdido, te estuve buscando por todas partes. Hay algo de lo que me gustaría hablarte— Dijo, mirándome de reojo.— Eren, ¿nos puedes dar unos momentos a solas?

Me tensé al pensar en lo que se aproximaba, fui incapaz de moverme o decir algo, miraba a los dos con suplica. Gritándole en silencio a Farlan: "por favor, no lo hagas" y a Levi: "por favor, no aceptes". Junté ambas cejas y traté de tragarme el enorme nudo que se había apretado en mi garganta, el estómago se me fue a los pies y entonces comprendí lo que Levi había sentido todo éste tiempo y supe que me lo merecía.

—Eren, primor, por favor.

Insistió Church cuando los segundos pasaron y yo continué en la misma posición, fue eso mismo lo que me hizo despabilar y asentir sintiendo mi cuello totalmente rígido.

—Sí, correcto.

Antes de dar media vuelta e irme, cogí una de esas galletas con forma de fantasma y rápidamente me la lleve a la boca, fingiendo que no quería marcharme de ese lugar por las galletas, el ponche y los dulces que había por montones. Caminé a toda velocidad entre los estudiantes disfrazados de brujas, vampiros y demás, sólo cuando la oscuridad se hizo más notoria y el ruido más lejano, fue que me di cuenta de que me había alejado del campus en donde se concentraba todo el barullo.

Lo suficientemente lejos como para haber llegado hasta el solitario edificio de rectoría que se encontraba en penumbras. El sabor dulce del glaseado de la galleta aún permanecía en mi boca y nunca antes había odiado tanto el sabor de algo como el de esa galleta, el frío arreciaba con fuerza y un estornudo escapó de mis labios, después de todo, sí había sido mala idea no haber traído un suéter de repuesto.

Me senté al pie de las escalinatas del edificio, poco me importó si el pantalón blanco se manchaba con la mugre del piso. Abracé mis rodillas contra mi pecho en un intento de calentarme un poco y protegerme del frío al mismo tiempo, tenía deseos de regresar allá e impedir cualquier cosa que estuviera a punto de ocurrir pero no tenía derecho alguno. Me sobresalté ante el ruido que hacían unos tacones al tocar el suelo, pronto mademoiselle me halló en medio de esa oscuridad, su mirada sorprendida y contrariada por verme ahí, luciendo tan patético.

Llevaba un enorme camisón que parecía ser del siglo pasado, color blanco, con encajes y olanes que caían con gracia de la cintura para abajo, su cabello suelto con varios caireles que daban la apariencia de ser la melena de un león. Su piel morena había sido opacada por el ligero retoque del maquillaje blanco que abarcaba todo su rostro, había sangre falsa en su mejilla derecha, fingiendo una cortada inexistente.

—Bonjour, Eren— Enunció al fin, había preocupación evidente en su voz y supe que debí de verme tan mal como me sentía.— ¿Te encuentras bien?, ¿por qué no estás con los demás chicos divirtiéndote?

—Bonjour, mademoiselle— Traté de imitar su elegante acento francés, aunque sabía que había sido un total fiasco, enseguida agregué:— Estoy bien, sólo necesitaba estar en otro lugar en donde no fuera un mal tercio, supongo.

Dije intentando sonar gracioso, aunque en el fondo sabía que no lo había conseguido, encogí los hombros con fingido desinterés. La mujer de bonitos ojos dorados me miró con una mueca de total angustia reflejada en sus delicadas facciones, titubeó durante varios segundos entre preguntar o no hacerlo, al final se decidió por lo segundo y forzó una sonrisa amable, a la vez que decía:

—Abriré rectoría, en un rato más se abrirá el espacio para las historias de terror, ¿por qué no entras conmigo mientras tanto? Es frío aquí.

—Estoy bien aquí— Mentí, en realidad moría de frío pero también necesitaba estar un momento a solas.— Pero prometo unirme para escuchar los relatos de miedo.

Le regalé una sonrisa falsa que prometía que todo estaba bajo control, supe que no me había creído, pues aún persistía la mueca de preocupación en su rostro. Me pregunté fugazmente por qué le interesaba, de todos modos.

—De acuerdo, su alteza.

Terminó sonriendo también, hizo una pequeña reverencia antes de retirarse para abrir las puertas de rectoría y encender todas las luces. Suspiré cuando supe que ella ya no andaba cerca, vaho caliente salió de mis labios y recordé cuando era pequeño y fingía que el vaho que salía de mi boca era el humo de un cigarrillo, a veces deseaba volver a esos días, cuando todo era más sencillo. Recargué mi barbilla contra mis rodillas, encorvándome por completo y dejando que el peso de todo lo que estaba ocurriendo recientemente me abrazara totalmente.

Ni siquiera había podido hablar con Erwin sobre esto, desde que sus peleas con Mike se hicieron más frecuentes, siempre estaba de mal humor y "sin tiempo" de hablar. Mike parecía llevar las cosas mejor, aunque siempre estaba ausente, su mente demasiado lejos como para prestar atención al nuevo descubrimiento del año de su único hijo. Las cosas habían estado bien, y al segundo siguiente todo era un caos, y no sabía que lugar ocupaba yo en él, exactamente.

—¿En dónde quedó la etiqueta?, creí que los príncipes se sentaban con la espalda recta, no te ofendas pero pareces jirafa encorvada a punto de parir.

Alcé la mirada encontrándome con el rostro de Levi, tenía la nariz ligeramente arrugada y sus ojos grises me parecieron más grandes y brillantes que de costumbre, tenía las mejillas sonrojadas y una ceja azabache arqueada. Levi jamás me había parecido tierno, no creía que eso fuera posible, pero ahí estaba él, parado frente a mí, luciendo más tierno de lo que podía ser posible, no quise pensar en cómo me había encontrado pero me aliviaba verlo ahí. Pensar en que estuvo buscándome, fue un bálsamo para mi adolorida cabeza que no dejaba de pensar.

Inflé las mejillas en un gesto silencioso de reproche hacia él por haber tardado tanto.

—Ser príncipe es aburrido— Dije.— Ser una jirafa encorvada a punto de parir es de niños cool.

Él puso los ojos en blanco y enseguida tomó asiento a mi lado, tan pegado a mí que podía sentir el calor de su cuerpo emanar y a su hombro rozando con el mío.

—Te vi venir hacia acá— Admitió sin problema alguno, podía sentir su mirada clavada en mi rostro.— Esperaba que no hubieras ido demasiado lejos, a lugares en donde no te puedo seguir.

Sonreí involuntariamente al entender lo cursi que se estaba poniendo esto y como bajo otras circunstancias no lo habría ni siquiera notado.

No soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros— Comencé citando lo que recordaba de un dialogo entre el zorro y el principito, mademoiselle me había hecho leer el libro días atrás y esta frase en particular, se había quedado grabada a fuego en mi memoria.— Pero si me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo... conclusión: el zorro no puede estar sin su principito, ¿cierto?

—Eso mismo, exactamente.

Respondió Levi, entre la bruma de sorpresa de que yo supiera un par de cosas de libros y también, pude ver la satisfacción brillando en sus ojos grises y la emoción inminente ante aquel "su principito" que había salido tan natural de mis labios y que me proclamaba como suyo. Pensé en que si esta era mi nueva forma de coquetear, era demasiado cursi y empalagosa. Nos mirábamos fijamente, verde contra gris y pronto unas sonrisas involuntarias adornaron el rostro de ambos, sonreíamos y ni siquiera sabía por qué, pero en ese momento pensé en que me gustaría besar a Levi.

Pronto recordé porque no iba a hacerlo, esa razón tenía nombre y apellido, y andaba por ahí avergonzando a Nómada por no haber llenado el traje. Aparté mi mirada de la de Levi y carraspeé con incomodidad, mis ojos ahora fueron a dar al suelo y el suspiro tembloroso, lleno de decepción de él se dejó escuchar.

—El cabeza de pollo me pidió que saliéramos en una cita— En la voz de Levi había cierta burla, eso me hizo mirarlo de reojo.— ¿Acaso no sabe que los pollos son la cena de los zorros?

No pude evitar reír ante semejante comentario, sin embargo, Levi tenía un punto: los pollos y los zorros no son compatibles por obvias razones.

—Probablemente no lo sepa— Otra carcajada escapó de mis labios y logré que Levi volviera a reír.— Y... bueno, la verdad es que yo sí sabía de sus malévolos planes. Me quería hacer su secuaz para convencerte de que es un gran partido.

Él simplemente negó con un ligero movimiento de cabeza y alzó los hombros, dejando salir una risita discreta.

—Es un buen tipo, ¿sabes?— Su semblante de diversión poco a poco fue mutando en una expresión seria.— Fue un poco difícil explicarle que sólo podía verlo como amigo.

—Pero creí que tú...— Dije, haciendo evidente mi confusión.— ¿Por qué no?

Pregunté con el ceño fruncido sin comprender realmente, estaba seguro de que Levi le diría que sí, porque tenían cosas en común y les gustaba hablar de libros, la música de opera y la comida china. Ellos encajaban, eso era lo que había dicho Levi, entonces, ¿por qué todo eso no había sido suficiente para él?

—Tú y yo sabemos la razón, probablemente ya estés cansado de esto pero...—Hizo una breve pausa en la que pareció pensar en qué diría a continuación.— Y me dará mucha vergüenza admitirlo, pero... tú eres el hombre de mi vida.

La esperanza que se había marchitado floreció de nuevo, bullendo de lo más profundo de mi pecho, logrando que todo lo que estaba en conflicto en mi cabeza dejara de importar y todo se basara en este único momento, en el que ya no me daba miedo admitir que quería a Levi más de lo que pensaba, sonreí tan amplio como pude, y con aquella seguridad con la que sabía que la luna salía por las noches y el sol durante el día, me animé a decir:

—Y tú el hombre de la mía.

Palabras sinceras saliendo de mis labios, en retrospectiva, si lo pensaba bien, fue por Levi que había descubierto esta parte de mí que había estado reprimida por mucho tiempo, fue por Levi que había logrado ser mejor persona, era por él que ya no sentía miedo de decir quién era realmente. Y él se había mantenido firme a mí, ahora estaba aquí, conmigo. Cuando todo parecía estar yéndose al diablo, él era la única certeza que me quedaba, definitivamente era el hombre de mi vida.

"El zorro se quedó, no era rosa, ni sería nuevo brote, pero, ¿qué más daba?, a veces los príncipes y los zorros también se enamoran, ¿no?"


¡Hola a todas/os!, espero que se encuentren muy bien y que estén teniendo una agradable semana. Pasaba por aquí para dejar la actualización de esta historia, deseando que haya sido de su agrado. Creo que por el momento sería todo, muchas gracias por las personitas que se toman el tiempo y la molestia de leer mi historia y dejar un review, eso siempre me anima mucho. En fin, sin nada más que agregar, nos andamos leyendo próximamente, ¡saluditos! ✨

All the love, Dragón. 🐉🌹