Scared to Be Lonely
Nunca faltaba un: «Bonjour, belle», por las mañanas, que Tori respondía con una sonrisa y algún apodo sacado de una de sus conversaciones. En esta ocasión fue un: « :D Igualmente, moco».
«Moco, ¿eh?», contestó Jade. «Nunca más te contaré sobre mis desafortunados accidentes mientras estoy enferma».
Sí, Jade ya había dado a conocer su género, aunque todavía no llegaba la esperada conversación sobre su identidad.
—¿Nuevamente en el teléfono? —pregunto su tía al entrar a la sala, donde Tori yacía acostada en el sofá.
«¿Qué harás por la noche?», le preguntó ella a Jade.
«Conversar contigo, supongo. ¿Todo bien?»
«Sí, solo que acaba de levantarse mi tía y seguro empieza con su sermón».
«Tranquila, ve», le contestó la gótica. «Ten un buen sábado y hablamos en la noche».
«Buen día a ti también, bye».
—Al menos, ¿puedo saber quién es? —insistió la mujer, sirviendo café para ambas.
—Nadie —respondió Tori, se levantó y caminó hacia la mesa de diario guardando su celular en el bolsillo de su pantalón.
Maggie la observó con cuidado. Su sobrina se notaba por demás cuidadosa de no darle a conocer la identidad de esta misteriosa persona con la que se escribía y, como es normal, lo primero que imagino era que se trataba de una chica con la que se coqueteaba.
—En lugar de pasártela con los dedos en el móvil, deberías aplicarte más en tus estudios —mencionó la mujer, repitiendo el mismo discurso de los últimos dos fines de semana—. Ayer, Phillipe volvió a decirme que no tienes ningún interés en seguir sus consejos y que tu proyecto final decae en calidad.
—Por supuesto, tenía que hacerlo —susurró la chica con desgano.
—Está preocupado por ti, así como yo.
—Claaaro —respondió Tori con sarcasmo, subiendo el volumen de su voz—. Lo único que le preocupa a Phillipe es que, la estudiante que presumió a principio de año frente a toda la clase, no haga lo que a él le da la gana.
—Ten cuidado con lo que dices, Tori —reclamó la mujer—. Phillipe es un buen amigo y es tu maestro principal.
—De hecho, Delphine es mi maestra principal y ella es la única que trata de guiarme en la carrera.
—Delphine es una pésima artista, no deberías fiarte de ella —dijo la mujer con molestia—. No entiendo ni cómo consiguió ser titular en la facultad.
—Quizá porque es una artista clásica muy destacada internacionalmente y su técnica es impecable.
—Ja —se burló Maggie—, esa mujer solo sirve para hacer dibujos que se podrían vender en la esquina de cualquier calle, para nada más.
Tori respiró fuerte e intentó detener la discusión ignorando lo que su tía le decía, sin embargo, la mujer tenía guardadas un par de observaciones extra.
—Escucha a Phillipe, por favor. Él si es un artista que vale la pena y que no se enfoca en la ilustración barata. Él puede hacer de ti una increíble pintora.
La morena calló, esperando de verdad que la conversación parara y continuó con su desayuno, evitando contradecir a su tía.
—¿Qué planes tienes para hoy? —preguntó Maggie.
—Nada en especial, iré a pasear unas horas y volveré antes de…
—¿Irás a la plaza?
—Sí, supongo —respondió Tori sin más detalle, pero su tía sabía exactamente a qué se refería.
—¿Por qué te empeñas en arruinar tu talento así?
—¡Ay, Maggie! —contestó la morena, perdiendo por completo el apetito. Alejó su taza y se echó hacia atrás hasta apoyarse en el respaldar de la silla—. ¿Qué tiene de malo que dibuje un rato?
—Ir por ahí, retratando gente, no es arte. ¡Es barato, no tiene sustancia! —criticó la mujer—. ¿Cuándo vas a entender que hacer lindos dibujitos de extraños no va a hacerte mejorar? ¿Por qué mejor no te quedas en casa y trabajas en el arte conceptual que Phillipe te mencionó? ¿Por qué no trabajas en algo que abra tu mente, que te desarrolle?
—¡Hago eso todos los días en la facultad!
—Tori, baja tu tono de voz.
—¡Qué importa en que tono lo diga, tú no quieres entender! ¡Hago todo lo que mis maestros me piden, mejoro a cada paso, pero lo que yo decida hacer en mis tiempos libres no es de su incumbencia o la tuya!
—Tori…
—¡No, estoy harta! —volvió a gritar la chica, levantándose de la silla con furia—. ¡Quizá jamás sea la pintora renombrada que llena una galería con sus pinturas de cuadritos de colores secuenciales con una anomalía que nadie entiende y a las que la gente llamará arte por esa única razón! ¡Quizá termine vendiendo mis dibujitos de extraños en la esquina de un burdel, pero eso es algo que no debe preocuparle a nadie más que a mí! ¡¿Okey?!
—¡No viniste a Francia para convertirte en un ilustrador más!
—¡La verdad es que no sé ni para qué vine, cuando todo lo que amo está tan lejos de mí!
—¡¿Otra vez con la letanía de esa chica?!
—¡Jade, Maggie! ¡Se llama Jade!
—Habiendo tantos muchachos apuestos aquí, como Adrien, ¿te sigues empeñando por una chica enferma que, ahora mismo, debe estar acostándose con otra?
—¡Basta, ella no es así!
—¡Por Dios, abre los ojos, Tori! —continuó su tía—. ¡Tienes el mundo entero a tus pies, ve por él! ¡Deja de ahogarte en el pasado, en lo que fuiste, en lo que ya no tienes! ¡Abraza tu futuro!
—¡Estoy intentándolo!
—¡Lo único que haces es recordar a esa maldita chica y poner toda tu energía en ilustraciones baratas! ¡Te desperdicias por gusto y por tu mediocridad!
La mujer se arrepintió de inmediato por la forma en la que se expresó, pero ya era demasiado tarde. Tori la miró con todo el odio que tenía acumulado, sin embargo, antes de responderle, decidió calmarse y cerrar los ojos. Así permaneció por varios segundos, hasta que su respiración volvió a la normalidad y entonces dijo:
—Agradezco todo lo que haces por mí, Maggie, de verdad. Pero cómo yo decida llevar mi carrera y mi vida personal es asunto mío. Cumplo en la universidad, pongo lo mejor de mí, aunque parezca no ser suficiente para Phillipe o para ti. En cuanto a Adrien, salí con él como me lo pediste, pero ya, basta.
—Tori. —Su tía quizo disculparse al ver lo afectada que estaba su sobrina—. Amor, trata de entender…
—No, no más —respondió la menor, interrumpiéndola—. Iré a la plaza a hacer mis dibujitos baratos porque es lo único que me da paz y me tranquiliza. Solo así encuentro energía suficiente para hacer todo lo que la gente demanda de mí, así que, por favor, no me pidas que no lo haga.
La chica se acercó al perchero y tomó su chaqueta, recogió la bolsa con sus materiales del piso y se la colocó al hombro abriendo la puerta del departamento.
—Lamento haberte gritado, estuve mal —dijo sin siquiera ver a su tía—. Volveré en la noche.
Mas la indisposición de la discusión no le dejó concentrarse. Permaneció sentada en una de las bancas de la plaza, sin hacer nada, por horas. Y allí, rodeada por cientos de personas, se sentía la chica más solitaria del mundo.
«Amor, me llamó Maggie. ¿Está todo bien?», le envió por mensaje su madre pasado el medio día. «Por favor, llámala y dile donde estás. Está preocupada».
Tori leyó el mensaje y no sabía si reír o llorar. Le había dicho que iba a la plaza. ¿Tan difícil era de entender?
«Estoy en el medio de París, queriendo hacer lo que a ella menos le gusta», escribió y borró de inmediato. No quería volver a indisponer a su madre con sus problemas con su tía, así que decidió responderle con un: «Estoy bien. Voy a ir a almorzar con unos amigos. Tranquila».
«Por favor, amor, dile a tu tía donde vas a estar, como lo harías conmigo».
La latina volvió a suspirar profundamente y le escribió una respuesta accediendo a su petición, mas no tenía planes de regresar temprano a casa para continuar la discusión y decidió llamar a alguien que le hiciera compañía.
—Hey, ¿Emille?
—¿Tori? —respondió la francesa a un lado de su amiga Jade, quien no tardó en poner cara de sorpresa—. ¿Cómo estás?
—Bien, bien, todo bien. Ya sabes... preguntándome si tienes planes para almorzar.
—Amm…
—Ponla en altavoz —le susurró de manera inaudible la gótica. Emille se despegó el aparato del oido y subió el volumen de la llamada.
—No, no tenía planes. Iba a almorzar aquí con mi compañera de departamento…
Entonces Jade la interrumpió con un golpe en el hombro y una cara que describía lo torpe que creía que había sido.
—…, pero ella salió fuera de la ciudad por el fin de semana.
Jade se frunció y se alzó de hombros en tono de pregunta, pero a Emille le interesaba más lo que la latina tenía que decir que responder a sus señas y la ignoró.
—Bueno, si es así, estaba pensando en invitarte a comer algo. No sé, quizá algo simple como unas hamburguesas o…
—¿Qué problema tienen los extranjeros con la comida local?
—Emm… —rió Tori—. Ninguna en realidad. Vamos por algo más típico si quieres.
—¿Por qué mejor no vienes al departamento y yo cocino algo especial?
—¡Nooooooo! ¡¿Eres estúpida?! —murmuró Jade con sus labios mientras se jalaba de los pelos y se tiraba en el sofá de la sala, sofocándose con el almohadón esperando morir.
—Trato hecho —respondió Tori—. ¿Cómo llego a tu casa?
—Todo depende de donde estés. Lo mejor será que tomes un taxi, yo te enviaré la dirección por mensaje.
—Listo, espero tus instrucciones y te veo en un rato.
Ambas chicas se despidieron amenamente y colgaron la llamada. Fue cuando Jade resurgió con una cara de reproche y le gritó:
—¡¿Estás loca?! ¡¿Cómo se te ocurre invitarla aquí?!
—¿Qué tiene de malo?
—¡Yo vivo aquí! Eso tiene de malo.
—Exactamente mi punto. Ya es hora de que hablen cara a cara.
—¡No, no es hora! Falta mucho para ese momento y... —Volvió a desesperarse—. ¡No debiste decirle que venga!
—Jade, cálmate…
—¡No! Es que ella va a dar un paso dentro de esta casa y va a saber que yo vivo aquí. ¡Y no es el momento!
—¿Por qué no confías en ella y le das una oportunidad? —replicó la francesa—. Enfréntala de una buena vez, dile que con quien ha estado hablando, por más de tres semanas, es la mujer con la que tanto anhela reconciliarse.
—Basta, no.
—¡Jade, ¿por qué diablos eres tan terca?! —respondió su amiga, desesperada.
—¡Porque Tori no va entender lo que estoy haciendo! Ella va a creer que estaba jugando o que quería lastimarla y se va a ir, me va a dejar otra vez. ¡Y yo no estoy lista para eso! ¡No lo estoy!
—No se va a ir a ningún lugar. Sé sincera y fin del cuento. ¡Arregla las cosas ya!
Jade miró de lado a lado del departamento y se apresuró a recoger todos los detalles que delatarían su identidad.
—¿Qué haces? —le preguntó la francesa.
—Desaparezco todas las huellas de mi existencia. ¿Tú quieres almorzar con ella?, bien. Yo me encerraré en mi habitación, con mis cosas, y nadie va a sacarme de ahí. Nadie sacará una sola palabra de mi boca, ¡nadie! ¡Y con «nadie», me refiero a ti!
—Deja de ser ridícula, Jade…
—¡No me hables! Desde este momento no existo, soy aire, soy nada, me esfumé, me convertí en un alma negra que vagará por la eternidad y te jalará los pies cuando menos te lo esperes… ¡Idiota!
Emille entonces se echó a reír. ¿Cómo no hacerlo al verla así de desesperada, guardando en sus brazos cada cosa que encontraba y corría a dejarla sobre su cama para volver a volver a llevarse aún más?
—El segundo que la escuches aquí afuera en esta sala, hablando conmigo sobre el sillón en el que te duermes mensajéandole, en ese momento saldrás como Pepé Le Pew, flotando para besarla.
—¡No! —respondió Jade con un último grito y lanzó la puerta de su habitación, cerrándola con furia.
Emille la miró, suspiró y caminó con calma hacia la cocina. Tomó el cartón de pizza que habían ordenado la noche anterior, el litro de gaseosa y caminó de regreso hasta la puerta de su compañera.
La francesa estaba a punto de contar hasta cinco para golpear, mas Jade no le permitió ni llegar al número dos cuando abrió de golpe la puerta y salió dos pasos para quitarle lo que tenía en las manos y volver a encerrarse.
—¡De nada! —le dijo Emille con gracia.
—¡No creas que la pizza va a quitarme el enojo!
—Disfrútala y, de paso, cámbiate de ropa y péinate. No vas a querer que Tori te vea, después de meses, con esas greñas.
—¡Te odio!
—Oui, oui, bien sûr.
La latina no tuvo problema en seguir las instrucciones y dirigir al taxista hacia el departamento y en menos de media hora estuvo golpeando a la puerta.
Emille se acercó hasta la habitación de Jade y le dijo en un susurro:
—Última oportunidad, cariño. Ahómbrate.
—Vas te faire encule! —le respondió Jade, sacándole una corta risa y fue a abrir la puerta principal.
—¡Llegaste! —le dijo ella al ver a Tori—. Te dije que la calle era muy fácil de encontrar.
Ambas chicas se dieron un corto abrazo y Emille la invitó a pasar.
—Sí, el taxista ya la conocía y vino directo —le respondió Tori—. Es un lindo barrio, muy acogedor.
Entrar en el pequeño departamento la hizo sentir tan a gusto que soltó un suspiro antes de decir que le encantaba el lugar. Entraba mucha luz y aire fresco por las ventanas y el ambiente se notaba muy juvenil.
—Gracias, mis papás pensaban arrendarlo a un extraño, pero confiaron en que podría mantenerme sola, así que me dejaron pagarles una cuota mínima mensual y me mudé.
—Oh, es de tus padres.
—Sí, lo compraron con unos ahorros para sacar algo de dinero. Aunque creo que, con no tener que gastar en mí, ahorran mucho más —rió la francesa—. Toma asiento. ¿Quieres algo de beber? Tenemos agua, jugo y gaseosa.
—Agua gracias —respondió Tori, acomodándose en el sillón—. Ser independiente debe ser genial.
—Lo es, un poco. A veces extraño la bulla de casa y a mis hermanos menores, pero ellos están bien en Marselle.
—¿Eres de allá?
—Sí, vine a estudiar aquí hace casi un año. Pero nací y crecí frente al mar.
—Debe ser lindo por el sur. Yo solo conozco París.
Emille tenía razón cuando había dicho que, al escucharla, Jade no querría nada más que salir a verla, tenerla cerca una vez más, besarla, pedirle disculpas por no haberse acercado antes y contentarse con ella. Pero como toda una cobarde, fingió valor y se quedó pegada a la puerta para escucharlas hablar.
—Me dio curiosidad cuando dijiste que cocinarías —mencionó Tori—. Digo, de todas las veces que hemos charlado, nunca me habías dicho que te gustaba la cocina.
—Es un arte que todo francés lleva en las venas —bromeó Emille.
—Ya veo, eso explica por qué la comida de mi tía es tan mala —rió su invitada.
—Pues espero que te guste la carne.
—¿Qué tenías planeado hacer?
—Algo que todo extranjero tiene que probar en esta vida, pero al estilo típico francés… Filet Mignon.
—Vaya, entonces sí que sabes cocinar. Me encanta la idea. De solo pensarlo, se me hace agua a la boca.
—¡Perfecto! —respondió la anfitriona—. Ya tenía ganas de cocinar algo de carne, ¿sabes? Mi compañera de apartamento ooodia la carne —enfatizó, subiendo un poco el volumen de su voz para provocarla—. Dice que es «vegetariana» —destacó haciendo comillas con sus dedos.
—¿Dice?
—Dice, porque si hay algo que no puede dejar de comer, es la pizza con queso… y jamón. Así que dice, nada más.
—Qué gracioso —sonrió Tori—. Mi ex era así, amaba el jamón en la pizza y con extra queso. Eso sí, solo comía jamón, ningún otro tipo de carne.
—Tu ex suena genial… o al menos así hablas tú de ella.
—Es genial, créeme.
—¿Has hablado con ella?
—Nop —respondió la latina acentuando la última letra y se levantó del sofá para acercarse a Emille en la cocina. La observó en silencio por unos segundos. La francesa estaba muy concentrada en cortar el filete y adobarlo a la perfección. Después, sin pensarlo demasiado, Tori se arrimó de espaldas al mesón y continuó con la conversación—. No sé con seguridad a dónde, pero sé que se cambió de universidad, al menos eso asumo por lo que me mencionó Beck, un amigo que tenemos en común.
—Bastardo, el bastardo habló —susurró Jade para sí misma.
—¿Y sabes a dónde? —preguntó Emille.
—Imagino que a Nueva York porque su madre se mudó para allá hace unos meses por trabajo. Eso me lo contó Cat.
"Dios, ¡no pueden quedarse callados", pensó la gótica.
—Hmm, Nueva York, ¿eh? —respondió la francesa haciéndose la estúpida—. ¿Y qué estudiaba?
—Cine y producción de televisión. Siempre fue buena en eso y era su sueño, así que supongo que sigue estudiando lo mismo.
—¿Y no la has buscado?
—Traté, pero cuando intenté hacerlo por las redes sociales vi que, como yo hice cuando terminamos, ella me bloqueó también, de todo lado.
—¿Lo hizo?
"¡Pero ya no! Ya no soy tan estúpidamente inmadura", pensó Jade. "La desbloqueé… hace poco".
—¿Y no intentaste de nuevo con tus amigos?
—No, a ellos no les gusta hablarme de Jade. Dicen lo mínimo y pues, prefiero no indisponerlos. Entiendo que son amigos de las dos y que no puedo estar como loca averiguando que hace cada cinco minutos. Supongo que tengo que conformarme con esperar a volver a Estados Unidos para buscarla.
—¿Vas a regresar para las vacaciones? —preguntó Emille mientras continuaba con la preparación del almuerzo y se preparaba para sellar la carne en el sartén .
—Sí… y no.
—¿Cómo es eso?
—Pues, en realidad, sí, regresaré al terminar el semestre, pero… no voy a volver.
Al escuchar esa parte de la conversación, Jade se quedó petrificada. ¿De qué demonios hablaba Tori? Nunca le comentó nada en tantos mensajes durante las pasadas tres semanas. ¿Qué significaba lo que acababa de decir?
—Vamos Emille, ¡pregúntale! —dijo entre dientes—. Sé buena para algo.
—¿Eso quiere decir que abandonas la carrera y regresas definitivamente a tu país?
—Estudiaré artes en Nueva York, ya envié toda mi información y mis cartas de recomendaciones. Solo estoy esperando la respuesta.
—Entones, no es definitivo.
—Digamos que es un noventa por ciento seguro.
"¡No! ¡No, no, no, no!"
—Es algo drástico, ¿no crees? ¿Pasó algo para que lo decidieras tan de la nada?
—Ha pasado mucho, pero no es algo de la nada. Lo hablé con mi mamá cuando vino para el feriado de navidad.
—¡Oh, vaya! Es serio entonces.
—Digamos que lo he pensado bastante.
—Todavía tienes muchos problemas con tu tía, ¿es eso?
—Demasiados, es más, hoy peleamos por lo mismo. Que debo dejar de pensar en chicas y enfocarme en lo que su mejor amigo quiere que haga en la universidad.
—Me perdiste —dijo Emille terminando de colocar los filetes en la bandeja y colocarlos unos minutos al horno—. Ven, sentémonos un momento y ve por partes.
La francesa se quitó el delantal, lo dejó sobre el mesón y continuó a la sala, donde se acomodó con Tori nuevamente en el sofá.
—¿En qué chicas estás pensando? Si se puede saber —le preguntó.
—Pues… No es nada.
—Debe ser algo si estás teniendo riñas con tu tía.
—Es… es que estoy hablando con una chica por teléfono, pero no sé quién es.
—¿Y si no sabes quién es, cómo la conociste?
—Bueno, ella me escribió y conocía mucho de mí. Yo la verdad no quise saber mucho sobre ella. Me hizo sentir tan a gusto que preferí dejarlo en incógnito y seguir charlando.
—Podría ser un psicópata —le dijo la francesa pretendiendo estar preocupada.
«Deja la idiotez. No soy una psicópata», le mensajeó Jade de inmediato. Emille recibió el mensaje y siendo prudente en que Tori no lo viera, revisó su celular y apagó la pantalla.
—Lo pensé, lo pensé mucho. Pero qué tan loco podría estar alguien que te hace reír todos los días, alguien que te hace sentir importante y… yo que sé, bonita.
—O sea que esta persona sí te conoce.
—Supongo que sí, pero nadie que conozco, ni en la universidad, ni en la galería, ha hecho algún comentario o movimiento delator.
—Yo, la verdad, estaría espantada.
«DE-JA LA IDIO-TEZ», volvió a escribirle Jade, queriendo ser muy clara con su lenguaje.
—Quizá… me recuerda mucho a alguien que nunca me haría daño. Quizá quiero creer que es ella.
—¿Quién? ¿Tu ex?
—Jade era… Ella me hacía sentir así y yo… la extraño.
—Tori, entiendo eso, pero esta persona podría ser peligrosa.
«¡Basta estúpida, vas a hacer que se asuste por hablarme!», envió Jade bastante molesta.
—Espera, dame unos segundos para escribirle un mensaje a mi compañera. Está como loca tratando de darle sentido a su vida —bromeó.
«Si no quieres que le de mi honesta opinión sobre lo que creo de tus mensajitos, ¡sal de la maldita habitación y enfréntala!»
—Listo, perdón. Me decías.
—Tengo este presentimiento de que es ella, ¿sabes? Y me da una ilusión enorme de que sea así.
A Jade le palpitó el corazón de golpe al escucharla. ¿Sabía que era ella? Porque ella creía que Tori tan solo quería pretender que lo era, no que ya lo daba por hecho.
—A ver, aclaremos las cosas, porque de verdad… A ver —le pidió Emille—. Estás escribiéndote con una persona que suena mucho a tu ex, que te da tranquilidad y alivio y por eso te sientes bien. Crees que podría ser ella, lo que quiere decir que de alguna forma mística, ¿tu ex está en París? Y sin embargo, ¿piensas regresar a Estados Unidos al final del semestre para ir a buscarla en Nueva York?
Tori rió, pero Emille estaba realmente confundida, tanto como Jade.
—Mi regreso a Nueva York depende de si me aceptan para el siguiente semestre en NYU, aún así, si no me aceptaran consideraría volver, porque no me siento bien aquí… —trató de explicar—. ¡No me malentiendas! —se corrigió apurada—. Si todas las personas fuesen como tú, querría quedarme, pero me siento ya tan agobiada con mi situación familiar, con las exigencias hipócritas de mi maestro, con mis compañeros que ya me tienen harta con sus burlas y sus: «miren a la gringa loca, miren como bebe con Adrien, miren como se emborracha en una estúpida fiesta y después de incitarlo a tener sexo lo hace sentir como un violador». Cosas como esas.
"¿Qué?", pensó Jade. La misma pregunta se la hacía Emille, pero no se atrevió a decirla en voz alta. Tori por supuesto, había tenido atorada esa experiencia en medio del pecho y finalmente confiaba en alguien para comentársela.
—Resulta que, Adrien, en chico con quien mi tía me animó a salir, me invitó para nuestra segunda salida a una fiesta de la facultad de artes de mi universidad, aunque en realidad él estudia arquitectura. —Tori inició la historia—. En fin, puedo decir que no es un mal tipo, pero tantas cosas salieron mal esa noche que… —dijo interrumpiéndose unos segundos. Tori lucía algo avergonzada, pero dio unos respiros y volvió a hablar—. Llegamos a la fiesta ya bebidos, yo había tomado temprano un par de cervezas con él en el pequeño bar en el que nos encontramos y al llegar nos hicieron tomar tres shots de vodka para poder entrar. Acepto que no fue lo único que tomamos y que yo tengo muy mala cabeza para esas cosas. En menos de un par de horas yo ya no podía ni caminar y fue cuando le pedí que me acompañara a una de las habitaciones para descansar unos minutos.
Emille la escuchaba atenta, pero no tanto como Jade quien además tenía el corazón acelerado por lo que Tori contaba. Su preocupación estaba marcada en su rostro y su pesada respiración.
—No recuerdo mucho de lo que dije, solo sé que me acosté en la cama y él se recostó a mi lado. Yo me dormí un rato, no sé en realidad cuanto, pero cuando desperté me incorporé, todavía con algo de dificultad y me acerqué al aparador para verme en el espejo —continuó la latina—. Noté que la habitación era grande y elegante. Supongo que sería de los papás de quién había organizado la fiesta. Y, todavía con algo de dificultad, apoyé mis manos sobre el mueble y me acerqué al espejo. Sentía mis labios hinchados, aunque mi reflejo no me mostraba lo mismo. Supuse que sería algún efecto del alcohol, alguna reacción alérgica o, no sé, pero cuando quise acercar mis manos para tocarlos sentí que alguien las presionaba contra la madera y se acercó a besarme el cuello sin que yo se lo pidiera.
"¡Maldito idiota!", pensó Jade con furia. Emille esperaba que algún mensaje llegara de su amiga o que saliera despavorida de la habitación pero no fue así.
—Me di cuenta de que era Adrien por su voz, pero hablaba tan confuso en francés y yo no entendía el idioma lo suficiente como para saber qué decía. Él tampoco entendió cuando yo le dije que me dejara, que no quería nada de eso, que quería irme a casa. Fue imposible que pensara en cómo decirlo en francés, así que lo hice en español y… supongo que eso no ayudó.
—Él… ¿hizo algo más? —preguntó Emille con duda.
—Adrien… él… Sí, me tocó el pecho, empezó a empujarse hacia mí e introdujo su mano en mis pantalones…
De repente, un quejido se escuchó desde la habitación de Jade. Tori se interrumpió de inmediato y volvió a ver a su anfitriona.
—Debe ser el gato del vecino, siempre anda caminando por el filo de las ventanas —dijo rápidamente Emille.
—Oh… —respondió Tori—. En todo caso, nada más pasó. Yo lo empujé como pude con mi cuerpo y lo golpeé en la entrepierna. Él se asustó y entendió que estaba pasado de ideas, que yo no quería lo mismo y me pidió mil disculpas que no terminé de entender. Después tomó sus botas y salió apresurado por el corredor. Eso fue todo.
—Bueno, al menos, se detuvo.
—Sí, y no solo eso. Durante semanas pasó disculpándose conmigo por lo que hizo. Yo creo que fue una cadena de malas decisiones y malinterpretaciones. No puedo culparlo, pero mis compañeros que estuvieron en la fiesta y que son sus amigos, asumen que yo fui a tentarlo, que le pedí que me llevara a algún lugar para tener sexo con él y luego me arrepentí. Así que lo hice sentir como un violador y le arruiné la vida. Qué se yo.
—¿Te molestan mucho?
—La mayoría del tiempo me ignoran, el resto pasan criticándome como si fuese su deber hacerme ver que mi detestan tenerme allí y que mi arte apesta. Eso, además de lo intenso que es el estúpido de mi maestro, quien me exige cosas sin sentido todo el tiempo. Mi tía y… la ausencia de Jade. La verdad solo quiero ir a casa, dormir y seguir durmiendo. No pensar en nada por un tiempo.
—Okey, eso lo entiendo. Pero ¿qué hay con esta chica entonces, con tu escritora anónima?
—Como te digo, tengo algo en el pecho que me dice que es ella. Le escribo y pienso en ella, la siento, no sé, solo… está ahí.
—Pero tú te vas. ¿Qué pasará con ella?
—Bien pues, ahí yace el problema, porque la única forma de descubrir quién es, es pidiéndole que me lo diga, que me deje conocerla. Y si resulta que no es Jade… —se lamentó la latina—. Creo que prefiero nunca saberlo. Jade no me ha escrito en meses, me bloqueó de todo. Esa noche, cuando yo la lastimé y le terminé, ni siquiera me habló y yo lo entiendo. Lo arruiné y no lo merecía. Pero Jade, ella encontró a alguien más, ella está bien sin mí y aunque quiera con todas mis ganas que quien me escribe sea ella, las probabilidades son tan diminutas que… es mejor así.
—Entonces te vas sin saber quién es esta persona. Te irás a buscar a la Jade que crees que está en Nueva York, pero ¿y sí ella estuviese aquí?
"¡Emille, no!", pensó la gótica.
—Si ella estuviera aquí, si fuese quien me escribe… ella me daría una señal. Si ella me perdonó, si aún me viera como lo hacia antes, ya habríamos hablado.
—Tal vez tiene miedo.
"¡Yo no le tengo miedo a nada!", se quejó Jade en silencio. "bueno, puede que sí".
—Faltan dos meses para que se acabe el semestre. Podrías intentar conocerla, de todas formas, si no es ella…
—No —la interrumpió la latina—. No es Jade. Y prefiero no confirmarlo…
En medio de esa frase, las alarmas contra incendios comenzaron a sonar y en menos de dos segundos vieron el humo salir del horno.
—Non, mes steaks! —gritó Emille y salió corriendo para abrir la puertilla y dejar salir aún más humo.
Ambas se habían perdido en media conversación y la carne estaba completamente carbonizada.
—Vaya, el estilo francés de los filetes es realmente único —se burló Tori—. Creo que mejor los tiramos y vamos por esas hamburguesas, ¿qué dices?
La chica no podía estar más decepcionada. Le costaba dejar de ver la bandeja que había sacado del horno.
«Ve con ella», le escribió Jade. «Hay algo que tengo que hacer y no quiero que me vea. Por favor ve a almorzar algo afuera. Yo me encargo de limpiar».
—Creo que alguien te esta escribiendo —le dijo Tori acercándole su teléfono, por suerte Emille no tenía grabada a Jade por su nombre, sino como: "la testaruda numero uno".
Después de leerlo, la francesa tiró las carnes a la basura y dejo la bandeja en el lavaplatatos.
—Está bien, vámonos. Pero voy a prepararte algo muy francés la próxima vez que vengas a casa, muy, muy francés.
—Listo, es un trato —dijo Tori, recogió sus cosas del sofá y ambas chicas salieron riendo por lo sucedido.
Nota:
Hey, hey, hey. Quería escribir más, pero la verdad ya estaba muy largo y pues ¿mas capítulos?
La canción de hoy es: Scared to Be Lonely de Martin Garrix & Dua Lipa.
Ahora sí, a los saludos.
Marilinn: Eso sí que es verdad. Quién no ha sentido inseguridad por algo en la vida. Así sea por algo muy tonto que luego nos damos cuenta. Yo también espero ya escribir el próximo con ansias, tantas ansias que mañana mismo lo empiezo. Gracias por escribir, ten una buena noche y un lindo domingo, suerte.
Yorbelis: Perdón :(, supongo que ahora también te dejé picada. ¿Por qué estas dos no pueden verse ya? :) De verdad, perdón por tanta demora, es que hay cosas que tenían que suceder antes de ese encuentro, porque de que se encuentran, se encuentran. Jade ya tiene que dejar de ser tan testaruda, ¿no? Suerte y una linda noche.
Dios17: Se nos viene el final, sí, aunque como que ya se me ocurrió otro capítulo después del final que tenía pensado. Yo por eso ya dije, no vuelvo a prometer finales. En todo caso, la otra historia va porque va. SAbes que se me ha hecho muy difícil terminar este capítulo porque ya tengo la otra historia en la cabeza. Es raro, pero me pasa con estos últimos capítulos, así que apenas le ponga punto final a este me lanzo a escribir el otro. Muchas gracias por escribir y mucha suerte, buena noche para ti.
VBJTDEPT: Sí, lo sé. Perdóooooname, porque todavía falta el siguiente capítulo para que se vean, o sea, al siguiente. Ya sabemos eso, ¿no? No era spoiler… espero. Suerte y un buen domingo.
Guest: Pues de salud sí, mucho mejor, ya no tengo tos y con eso es bastante, también he mejorado mucho de mis dolores de cuerpo ¿y sabes qué? Emocionalmente, me pasó algo hace dos semanas justo cumplidas hoy y, aunque al principio me dolió mucho, hoy por hoy estoy tan tranquila con eso que creo que lo mejor que pudo pasar en mi vida es cerrar ese capítulo. Por ahí dicen que la vida misma se encarga de obligarte a seguir tu camino, aunque sea con menos personas en ella. Y bueno, me extendí. Suerte y un lindo fin de la semana para ti.
LenyRehim: En Ao3 para mí más es el formato. Me encontré una vez las mismas historias que en FF así que me quedé por ahí. Siento que uno a veces se pierde en las historias, especialmente si no las vez por completo hasta el final. Yo por ejemplo, quería que este fic sea de 7 capítulos, no más. O sea, poner estos 37 capítulos de forma comprimida en 7. Y cada que escribo una parte me doy cuenta de que no lo puedo comprimir así, es demasiado y pues se ha alargado y se sigue alargando. Pero ya tenía la idea de este final desde que inició. Pero sí me ha pasado que en otras historias voy con por donde quiere ir la historia y a veces no sé si me volé la teja o no. Pero bueno, eso también es lindo, descubrir en el camino. Sabes que no he visto el 2x19, no he visto casi toda la temporada de Supergirl. Voy a hacer maratón, porque necesito ver qué pasa con esas dos. Yo creo que el frances es muy difícil por la pronunciación. El alemán lo aprendí un poco en la escuela, pero no demasiado, sin embargo, la pronunciación se me hace muy difícil. Lo único que creo que recuerdo es que la pucha lámpara era un problema para ponerle el artículo, ya ni me acuerdo si era die o das. Pero no importa, no tengo con quién hablarlo de todas formas XD. Suerte con el idioma, es lindo eso de seguir aprendiendo. Gracias por escribir y que tengas un lindo domingo.
Kuroneko: Eso mismo pensé yo, que de la nada un desconocido te escriba es muy creepy, pero creo que cuando uno tiene esa ilusión de que sea alguien que anhela volver a tener en la vida, bueno, muchas cosas se pueden dejar de lado. Espero que todo esté bien por allá y que tengas un lindo domingo. Supongo que ya es la madrugada para cuando publique esto, así que buen día para ti, una buena semana de hecho.
Rustjacque: Oh, vaya. Llegaste con como 5 reviews a la vez XD. Sabes que la ilustración que tienes de imagen de la cuenta es muy miedosa. ¿De qué es? No logro distinguir el personaje. en todo caso es muy, muy perturbadora. Perdón por haberme tardado tanto publicando, sabes que la vida se me ha complicado un mundo últimamente y, aunque la verdad, ha pasado tanto, por fin ahora empiezo a sentirme muy libre y con más ganas que nunca. Gracias por todas tus palabras y espero que tengas una linda noche y día mañana. Suerte.
Soledad Infinita: Hey, muchas gracias por los saludos. La verdad a mí también me da mucha nostalgia terminar. Quizá esa sea otra de las razones por las que me cuesta terminar el fic. No quiero ponerle un fin definitivo. Pero bueno, todo debe terminar alguna vez. ni modo que pasen 84 años y sigamos con el fic XD. Mucha suerte y que tengas una linda noche.
erivip7: Que alegría me dio que hayas comentado hoy tarde. Me motivó mucho para seguir escribiendo este capítulo, así que te agradezco. Por lo del encuentro, perdón otra vez. Siento que sigo y sigo alargando ese encuentro definitivo, pero espero que les guste como lo tengo pensado en mi cabeza y que lo disfruten. Mucha suerte y un lindo día.
Gracias a todos, a los que me enviaron mensaje interno ya les respondí y espero que todos tengan una linda noche y día mañana. Suerte y nos leemos en el siguiente.
