Jugamos (parte XXXVII)
Según vamos pasando por el Distrito 9, por el 11, por el 5, se va uniendo más gente a nuestro ejército. Suben como pueden al tren, corriendo en paralelo al vehículo, agarrándose a cualquier saliente que ofrezca sujeción, atrapando las manos que les ofrecemos desde dentro. El espacio disponible en el vagón mengua a medida que entra más gente. Los hombros ya se rozan unos con otros, los cuerpos se aprietan, y pienso que si todos los vagones están igual de atestados, seremos más de doscientos los que llegaremos al Capitolio.
Decido que necesito moverme cuando la claustrofobia y el olor a sudor empiezan a ser insoportables. Salto a unas cuantas personas hasta llegar a Haymitch, que tampoco ha podido dormirse. "¿Cuánto falta?", le pregunto en voz baja para evitar despertar a Paylor.
"Al menos un par de horas, tal vez más", contesta con aire de cansancio en la voz. No me extraña, debo de haberle preguntado lo mismo unas treinta veces en lo que llevamos de trayecto.
Me abro paso como puedo hasta la puerta automática que conecta los vagones, y me quedo un buen rato en el espacio intermedio, disfrutando de la sensación de tener los miembros estirados. Si permanecía mucho más tiempo allí adentro, creo que nunca habría vuelto a ponerme de pié. Todo mi cuerpo se resiente.
Recuerdo las palabras de Gale al principio de la noche. Tienes que dejarla bien muerta. No puedes fallarme. Tampoco puedo fallarme a mí misma, ni a Peeta, aunque no creo que él fuera a compartir toda mi furia vengativa. No dejo de preguntarme si es posible que él esté vivo. Soy incapaz de desechar la esperanza después de haber escuchado su voz. Pero tampoco puedo dejar que el optimismo me ciegue, o llegue a frenarme. Voy al Capitolio con un objetivo. Cuando me haya vaciado de odio, me permitiré pensar en algo más.
Muevo hacia delante el arma que llevo colgada a la espalda. En el Trece tuve que sustituirla por una más pequeña, que ahora guardo en el cinturón. La empuño con ambas manos y acerco un ojo a la mirilla. No hay nada a lo que apuntar, pero me paso un rato haciendo eso, girando el cuerpo en diferentes ángulos, con el dedo índice rozando el gatillo, lista para disparar. Entonces aparece Gale por las puertas de acceso al siguiente vagón. Viene sólo, y se ríe un poco al verme.
"¿Se puede saber qué estás haciendo?", me pregunta.
Suelto el fusil y lo dejo colgando de su correa. "Nada", digo levantando ambas manos. "Me estaba agobiando un poco ahí a dentro".
"Yo estaba comprobando que todo sigue en orden. Contestando preguntas a quién me las quiera hacer. ¿Quieres acompañarme?".
"Sí", respondo como una bala. "Sí, voy contigo. No quiero volver a adoptar la posición del escarabajo pelotero. Me duele todo el cuerpo".
Gale me recoloca el arma por detrás de la espalda y coge mi mano para poder deambular entre vagones sin perdernos de vista el uno al otro. Noto las miradas de la gente clavadas en mí. Sé que me reconocen como el Sinsajo, tal vez no debería de haber abandonado las gafas protectoras en el suelo del aerodeslizador. Sus miradas me traspasan, escucho el parloteo de la mayoría a mi paso, sus ojos me desarman. No quiero sentir que soy el Sinsajo una vez más. Lo que quiero es ser un soldado anónimo, ¿es que nunca van a entenderlo?. No, no lo harán. Y dudo que todo ese asunto del pájaro llegue a tener arreglo en un futuro cercano…
Gale siente mi incomodidad, tal vez por la forma en que le clavo las uñas en el dorso de la mano. "Hay un lugar en el que podemos estar a solas, lejos de miradas indiscretas. ¿Quieres ir allí?", propone.
"Por favor", es lo único que me sale decir. "No tenía que haberme movido de mi sitio".
Él roza la palma de mi mano con sus dedos, y luego tira de mí con más ímpetu. "Vale, pues vamos".
Tardamos un buen rato en llegar al lugar al que quería traerme, en esquivar el mar de personas. Es una diminuta habitación contigua a la sala de máquinas. Según me explica, la usan los conductores para descansar cuando les sustituye el copiloto. Hay un cochón minúsculo, y poco más, pero puede cerrarse desde dentro.
Gale entra primero, yo cierro la puerta detrás de mí, dejo caer el arma al suelo y me apoyo contra ella, mientras Gale corre las cortinas de una pequeña ventana que da al exterior. "Para que no nos moleste la luna", dice. "Con esto no puedo hacer nada", añade señalando una pequeña luz de emergencia que hay justo por encima del colchón. Después se acerca hasta que no hay más de 15 centímetros entre nosotros. Me observa indeciso mucho rato.
"Catnip…", me dice, y aparta hacia atrás la trenza que caía por encima de mi hombro; luego se inclina y me besa en el cuello con cuidado, dejando allí los labios durante unos segundos.
¿Por qué no veo venir estas cosas antes de que sucedan?. Es probable que yo misma haya provocado la situación de manera inconsciente, al pedirle que me llevara a un lugar alejado del mundo o aceptando venir. Aunque yo tampoco podía imaginar que acabaría aquí, ni creo que él fuera ajeno a lo que podía pasar si nos quedábamos a solas.
Mueve los labios desde mi cuello hacia mi mandíbula sin apenas rozarla, a continuación me besa en la boca, sujetándome la barbilla entre los dedos índice y pulgar, apoyando su otra mano contra la puerta primero, para después bajarla y cerrar con cerrojo.
Su beso sigue siendo suave, pero me atrapa entre su cuerpo y la entrada; eso hace que el aire que nos separaba se evapore y que solo pueda sentir su calor. Le rodeo el cuello con los brazos para tenerlo más cerca, cuelo mis dos manos en su pelo y lo pego aún más a mis labios, usando la lengua para impedir que se aleje, obligándole a apartar la mano de mi barbilla.
Todo asciende en espiral hacia algo intenso y descontrolado; lo abrazo con más fuerza y él me atrae contra su cuerpo, sin parar de acariciarme la boca. Gale me gira y camina el paso que nos separaba del colchón permitiendo que caigamos encima. Apoya su peso en los codos y vuelve a besarme el cuello, el hombro, la clavícula; comienza a desabrochar los botones de mi camisa… descendemos en picado hacia un lugar que él mismo dijo que nunca volveríamos transitar. Sin embargo, aquí estamos.
Lo empujo un poco, obligándole a qué se aparte de mí. "Para, Gale. ¿Qué… qué estás haciendo?".
"Creía que lo estábamos haciendo los dos", me dice, y después me clava los dientes suavemente en el lugar en el que antes tenía la lengua.
Vuelvo a empujarlo. Esta vez se aparta de inmediato, dejándose caer boca arriba sobre el colchón, con la respiración entrecortada, las pupilas inmensas y los labios de color rojo fuego.
"Lo siento", me dice. "Lo siento, Katniss. Pensé que tú también querías esto".
"Me has traído aquí para… para…", balbuceo indignada. Ni siquiera soy capaz de pronunciar la frase completa.
"Por supuesto que no", exclama él. "Pero te he besado, y tú me has devuelto el beso, y… maldita sea Katniss, cada vez me cuesta más contenerme contigo".
Gale se incorpora y hace un intento de recolocarse la ropa y el pelo, que se lo he dejado hecho un desastre. Con los labios poca cosa puede hacer, ni con su cara todavía un poco desencajada.
"Creo que voy a dejarte sola. Intenta descansar, ¿vale?".
Me siento sobre el cochón rápidamente. "Espera. No te vayas. Quédate. No quiero estar sola aquí dentro".
Gale tarda una milésima de segundo en dar media vuelta. "Decídete Katniss. Joder".
"Vale. Quédate".
Se tumba a mi lado en la cama, y al principio, se dedica a mirar el techo. Luego se apoya sobre un codo y me mira a mí, recorriendo con un dedo la franja de piel que queda libre entre la camiseta que llevo puesta bajo la camisa reglamentaria del uniforme y las costuras de los pantalones. Así va a ser complicado que me entre sueño.
"¿Vas a intentar algo más?", murmuro con aire ausente.
"Para nada".
"¿Qué es lo que ha pasado Gale?", pregunto haciendo palanca con los brazos para incorporarme un poco. "¿Había algo que quisieras olvidar? ¿Me necesitabas para eso?".
Gale frena el recorrido de la yema de su dedo un segundo, para continuar mientras dice: "Más bien lo que quería era crear un recuerdo mejorado, ahora que todavía estamos a tiempo. Pero no te preocupes Katniss, se me pasará".
Otra vez está muy cerca, respiro su aliento, nuestras narices se rozan. Él usa la mano que no tiene apoyada contra el colchón para pasar por mi mejilla el dedo pulgar, apartando de paso un mechón de pelo descarriado, entonces me incorporo un poco más y sin un pensamiento previo, soy yo quien presiona los labios contra los suyos.
"Catnip", murmura en mi boca. "¿Volverás a culparme dentro de un momento?". Se ríe un poquito. "Porque esta vez has empezado tú…".
"No. No voy a culparte de nada. ¿Por qué no te limitas a besarme?".
Lo hace, me besa rápidamente en los labios una vez. "Pues entonces no me pidas que pare". Lo hace de nuevo."Se me han agotado los mecanismos de autocontrol contigo".
"Creo que no vas a necesitarlos, Gale", suelto también sin pensar. Y es raro, porque no me arrepiento de haberlo dicho.
Su peso cae sobre mí y envía un escalofrío por todo mi cuerpo. Continúa donde lo había dejado hace un rato: en mi cuello, en mi mandíbula, en el lóbulo de mi oreja, dejando un reguero de besos y saliva que me calienta la piel. Baja la cabeza a mi cintura y besa la zona por la que antes se paseaba su dedo, poniendo las manos en mis costados y haciendo que mi camiseta se desplace hacia arriba. Arqueo la espalda y eso le anima a subirla todavía más, hasta mis pechos, por encima de mis pechos y fuera de mi cuerpo junto con la camisa a los pocos segundos.
"Dios, Catnip, ¿sabes cuantas veces te he imaginado así?", susurra.
"Pero ya me habías visto..."
"Sí…, y no es lo mismo", dice tragando saliva. "Está vez no tengo que verte los ojos humedecidos por las lágrimas. Esta vez no estás helada".
Sus rodillas se encuentran a ambos lados de mis piernas, su piel ha perdido el contacto con mi piel y noto el aire y la ausencia de calor sobre ella. Por eso me incorporo yo también, para desabrochar su camisa y sacar su camiseta por encima de sus hombros, para poder tocarlo sin que haya telas de por medio.
Su piel es suave y se eriza al contacto con mis manos. El sutil halo de luz sobre su cuerpo hace que resulte increíblemente atractivo, y deseable, y me hace querer más de él. Me hace querer todo de él. Vuelvo a besarlo y ambos volvemos a estar sobre el colchón. Paso las manos por encima de sus hombros y recorro su espalda de arriba abajo tantas veces como puedo, abarcando toda la piel que puedo, notando sus cicatrices y como sus músculos se tensan y se destensan bajo mis palmas cada vez que inspira o espira. Él atraviesa cada milímetro de mi cuerpo con besos dulces, o ligeros mordiscos necesitados, como si lo conociera de memoria, obligándome a hacer ruidos si toca algún punto en especial.
Me retuerzo debajo de él, intentando llegar al botón de sus pantalones. Aunque parezca increíble, la última vez sirvió para tener la lección aprendida; ahora sé que es esto lo que viene después. Él, sin embargo, se dedica a acariciar la piel que hay justo debajo de los míos, rozando las costuras de mi ropa interior, pero sin descender ni un centímetro más.
"¿Necesitas ayuda Catnip?", me pregunta al darse cuenta de que yo sola no puedo con ellos, aunque espero que no haya notado la manera en que me tiemblan las manos, la forma en que apenas puedo controlar la respiración.
Vuelve a ponerse de rodillas y él mismo desabotona sus pantalones, los cuales me apresuro a bajar, porque quiero mirarlo, necesito mirarlo, aunque sea con esta luz tan suave. Una vez que los pantalones han desaparecido de su cuerpo vuelve a tumbarse sobre mí y yo vuelvo a sentir que me falta el aire al notar su peso. Va a besarme el cuello una vez más, pero lo agarro del pelo para acercarlo a mis labios, para sentir los suyos y acariciarlos con la lengua.
Mientras me concentro en la suave textura de su boca soy inconsciente de lo que sucede más abajo, y lo que sucede es que yo también estoy en ropa interior, aunque como me gustaría estar es completamente desnuda, sin ninguna franja de tela que nos separe. Siento la humedad en mi entrepierna y noto lo tensa que está la suya, y lo deseo, lo deseo más de lo que haya deseado nada nunca.
Gale no necesita hacer muchos malabares para conseguir deshacerse de mi sostén. Entierra los brazos bajo mi espalda y en un clic está fuera. O el broche oponía muy poca resistencia, o él tiene mucha maña haciendo eso. Tira de la prenda hacia fuera mientras me mira y sonríe y hace que aumente la electricidad que ya me corría en las venas. La ausencia de barreras entre él y mis pechos desnudos hace que la versión delicada de Gale desaparezca. Sus pupilas se dilatan, sus músculos se contraen, ataca de nuevo mi cuello un segundo pero enseguida se aleja. Una vez en ellos usa todos sus recursos: dientes, labios, manos y lengua. La sensación es inexplicable, tan misteriosa como la conexión nerviosa entre esa zona de mi cuerpo y algún punto entre mis piernas
El corazón me late a mil por hora; lo siento palpitante en el pecho, en el estómago, por debajo del estómago, en toda la piel. Definitivamente, es muy distinto a la primera vez. Es como carbón candente a punto de estallar en llamas, y aún no hemos llegado a la parte más interesante. Gale va en su busca, deslizando la lengua por el surco que forman mis costillas hasta alcanzar mi ombligo. Coloca ambas manos en mis caderas y levanta la cabeza para mirarme. Lo veo borroso.
"¿Me dejas probar algo?", me pregunta, su voz suena grave pero traviesa.
Trago saliva junto con un gesto afirmativo. Me obligo a desenredar las manos de su pelo aunque busco enseguida un lugar en el que volver a enredarlas cuando noto el algodón y sus dedos rozarme los muslos de camino a mis rodillas. Cierro los ojos y me muerdo los labios cuando Gale posa una mano en cada una, y las flexiona y las separa y esconde la cabeza entre mis piernas.
La sensación es la misma que al sumergirte bajo el agua de un salto: te moja y te hunde, para después elevarte y hacerte flotar, sólo que es mejor y más intensa. No tenía ni idea de que Gale supiera hacer tantas cosas con la lengua. Encierro su cabeza entre mis piernas cuando empiezo a sentir calambres por todo el cuerpo, entonces él se detiene y vuelve a mi boca para besarme allí también.
No sé si cuando me pregunta que qué tal, pretende que le conteste, porque la forma en el cuerpo me tiembla y me pide más lo haría imposible, pero mis caderas se mueven en respuesta. Gale capta la indirecta a la primera y en medio suspiro desaparece la prenda que nos separa. Juega un buen rato por encima de mí mientras yo me retuerzo e intento en vano sentir más contacto. No es ni siquiera un poquito divertido cuando deja de besarme y de moverse y compruebo la mezcla de urgencia, autocontrol y ligera decepción que hay en sus ojos.
"Catnip…", empieza a decir. "Será mejor que… no deberíamos… mejor no tentar a la suerte".
"¿Qué?", es lo primero que digo en lo que pueden haber sido horas.
"Necesitamos protección".
Tengo que cerrar los ojos y sacudir la cabeza para entenderlo. Voy a hacer otra pregunta, pero lo que me sale es algo así como: "Gale, continúa… por favor".
Me mira con seriedad y mueve la cabeza negando, seguidamente se acerca a mi oído para decirme: "Ninguno de los dos queremos niños… todavía".
Sus palabras me lanzan de bruces contra la realidad y mandan toda la sangre de regreso a mi cabeza, que busca soluciones igual que si le fuera la vida en ello.
"Me parece… creo que el País del frío… se encargaron hace unos meses de eso".
"¿Si?", pregunta inseguro. "¿Me explicas cómo?".
"Una inyección. Preguntaron si la quería; y… tú… y yo… y él… no descartaba la posibilidad de que algo así…".
Gale sonríe de oreja a oreja, tal vez porque le gusta ver como peleo con las palabras, quizá porque la información le hace feliz, probablemente lo segundo dada la forma en que lo siento vibrar entre mis piernas.
Sin contemplaciones hunde las manos bajo mi espalda, las desliza hasta mi trasero y me empuja en su contra, limpia y fácilmente, como si lo hubiera hecho mil veces. Lo resbaladizos que están nuestros cuerpos ayuda, pero sobre todo es porque se conocen; se conocen desde siempre. Ahora lo sé.
Él busca en mi cara cualquier indicio de dolor, el cual no debe de encontrar, por la forma en que se hunde en mí más profundamente.
Respiro por la nariz para no desperdiciar el aire; su olor es cálido y familiar, y lo siento mío. Es sencillo encontrar el ritmo de sus caderas y dejarse llevar, es fácil quemarse con el fuego que nos conecta. La sensación me transporta, me calienta, me congela. Me siento aquí y en todas partes cada vez que su cuerpo se tensa y se destensa.
A ratos resulta frenético, y él me devora la boca para no levantar sospechas. Otras es mucho más lento y siento que el placer me incendia.
"Catnip", jadea en mi oído. "Es mejor si me rodeas con las piernas".
Miro a sus ojos salvajes, parpadeo, y acepto la sugerencia.
En el momento en que lo hago, sé que esto no va a durar mucho más. Un calor líquido, desbocado, comienza a recorrerme entera. Primero me eleva, me estremece; después hace que descienda.
Busco un punto fijo en su mirada para dejarme caer; al encontrarlo, la sensación es intensa; es ardiente y delicada, es punzante, eléctrica, muy lenta.
Gale se desploma sobre mi cuerpo pocos segundos después; me abraza, luego me besa.
"Ha mejorado", afirmo, una vez que vuelvo a sentirme capaz de hablar.
Me contempla unos momentos antes de incorporarse.
"No. Quédate así. No me molestas", susurro para intentar que no se mueva.
"Vale…", me contesta, y permite que siga enredando su pelo entre mis dedos.
"¿Qué ha mejorado, Catnip?"
"El recuerdo. Ahora es mucho mejor, ¿no?".
"Lo es". Me sonríe y me besa. "Aunque entre los dos podríamos hacer que fuera perfecto".
"¿Más perfecto?".
"Mucho más"
Cuando salgo de ese cuarto resulta más fácil sonreír. La vida, de repente, es un poco menos mala. Tal vez mucho menos mala.
a/n: sin excusas. Me apetecía escribirlo después de ver la peli. El título del fic es ¿Jugamos?. Tenía que permitir que lo hicieran, al menos un poco. Espero que os haya gustado.
