Nota: siento muchísimo el retraso. Digamos que las cosas se complicaron para mí y no fui capaz de sacar tiempo para traducir la semana pasada. En total, este capítulo tiene 9.100 palabras, así que tampoco estaba de mi lado. Debo decir que las actualizaciones se suspenderán durante 4 semanas a partir del sábado que viene. Lo siento mucho, pero no voy a tener tiempo para ello.
Gracias por vuestro apoyo, sabed que después de este capítulo quedan exactamente seis más: cinco en la Parte 5 (vaya coincidencia) y el epílogo. Ya queda poco.
No se nota en la traducción, pero el título es una referencia a "Spirited Away" (El Viaje de Chihiro) y su preciosa banda sonora.
Desenmascarada - Capítulo Intermedio IV: Siempre estás Conmigo
Para soportar el hambre del tiempo… Debe ser fuerte, este amor nuestro.
Hambre. Un deseo insaciable para buscar poder, para llevar a seres mortales más allá de sus limitaciones físicas, de sus barreras psicológicas y sus vínculos emocionales; haciéndolos lo suficientemente bravos como para romper el horizonte de sus mundos… hacia distintas dimensiones. Distintos mundos. Por siempre persiguiendo algo más, algo mayor, para mejorarse a sí mismos.
—¿Acaso no es adorable? ¡Heredaste el hambre de poder que hizo que tus ancestros destrozaran universos enteros! ¡Eres especial, Sasuke! —Eres un monstruo. Pero ella no lo dice. Es simplemente una implicación en sus palabras, veneno que usa para darles vida. Lo hace con gracia, casualmente; como si fuera conocimiento común, que ni siquiera requiere ser dicho en voz alta.
Es insultante, y ella lo sabe.
Es la verdad: mi destino siempre estuvo escrito ante mis ojos. Desde que nací, y cuando todos murieron. No sabía cómo de atrás llegaba: miles de años y vidas, una reencarnación tras otra… enredado en una lucha de poder y odio. Ningún lado podía ganar, y sin embargo, ambos heredamos el deseo de lograr la paz, nuestros métodos siendo muy distintos.
Al final, no éramos tan distintos: Naruto y yo queríamos ser los más fuertes, para hacer nuestros sueños realidad. Eso es a lo que se reduce, ahora y siempre, y ningún humano puede negar que no desea que sus deseos egocéntricos se hagan realidad. Sea para liberar u oprimir a otros, todos llevan al mismo principio.
—No eres tan distinto, ¿sabes? —comenta Sakura, rodando los ojos. La miro duramente, porque es bastante innecesario que ella lo diga en voz alta. Ella resopla.
Ya lo sé. Y no me importa: la humanidad no es capaz de gobernarse a sí misma. Las distintas voluntades chocarán, y ningún alma es lo suficientemente fuerte como para sobreponerse a todas las demás e imponer una verdad universal. Nadie más que yo. Es mi deber, como el que tiene todo ese poder, poner fin a esta locura.
…
Reencarnación. Una oportunidad de vivir de nuevo, el deseo de un alma de tomar forma y cambiar el mundo. Los espíritus no conocen el tiempo, lo que significa que no pueden cambiar nada, ya que el tiempo es cambio. Las almas son mucho más antiguas que nada que la humanidad conozca, más viejas que la civilización y la vida: son la representación de la existencia, el deseo de crear desde la nada.
Todo está constantemente cambiando, y sin embargo en el flujo del tiempo, hay lugares donde la energía se acumula y arremolina, atascándose. Las almas están hechas de ésta, colores resonantes mezclándose para formar un concepto: un nombre, una idea. Y prevalecen: su única función es soportar la erosión del tiempo.
Son la contradicción a la idea de que nada permanece igual por siempre: incluso si cambian y evolucionan, pues nada puede escapar al tiempo del todo, su concepto base permanece, a través de eones y dimensiones; vida y muerte.
Eventualmente, las almas creason habitáculos más complejos, capaces de utilizar su poder y utilizarlo para cambiar el mundo, Así, nació la humanidad.
...El pergamino continúa con cháchara espiritual. Leo los caracteres rápidamente, pero mi mente ya se ha movido a distintos temas. Hay algo abrumante cuando pienso en el concepto de mi voluntad, impresa en distintos cuerpos a través de muchas vidas. Y, como un eco, el alma de Indra reverberará a través de la eternidad…
Soy sólo una reflexión de un ser mayor. Incluso mi deseo de poder viene de un instinto, criado por los Ōtsutsuki, una raza que no pertenecía a la Tierra; gente que siempre estaba persiguiendo dicho poder. Mi odio no me pertenece. Sólo poseo los deberes que me han sido otorgados. Nací para esto: y no hay manera de escapar ese destino.
—Para ya con las chácharas pesimistas, ¿quieres? Suenas como Neji —protesta el clon, sujetándose la cabeza como si le doliera. ¿Qué sabe ella de mirar el mundo en escalas mayores? Sólo es un pedazo de un alma completamente humana: Sakura y yo pertenecemos a mundos distintos, incluso si centurias de dilución me han hecho más humano que nada.
¿Estaba su alma aquí, cuando Asura e Indra vivían? ¿Habrá estado persiguiéndonos, vida tras vida? ¿O es sólo una persona nueva en la ecuación, alguien insignificante en comparación con nuestras raíces, nuestra historia?
—Maldito imbécil, te has enamorado a través de vidas incontables, y todavía cuestionas si la humanidad vale tu interés.
No puedo evitar mirarla, cuestionante, ¿qué sabrá ella?
—¿Es que te perdiste la parte de mi existencia que dice: "tengo una conexión con las partes más profundas de tu alma"? Tú permitiste que sucediera. Puedo ver cosas en ti que no notarías incluso si vivieras un millar de años. —Ella responde, antes de que tenga oportunidad de decir nada. El clon musita algo que, asumo, es un insulto, pero ahora estoy intrigado.
Ella parece considerarlo por un momento, mirándome como si intentara buscar una razón válida para concederme este deseo. Sigue siendo extraño, verme bajo la mirada evaluativa de Sakura Haruno: se siente extraño ver algo que no sea amor en sus ojos. En lugar de una bienvenida cálida, sus ojos escrutadores hacen balance sobre si yo me lo merezco.
...Supongo que tiene razón. He fallado demasiadas veces, y ella me ha derrotado cada vez que he intentado plantarle cara. No importa cómo de bueno sea: al parecer, nunca será suficiente.
—-¡Oh, por favor, para, hablaré! —lloriquea ella, como si le doliera. Incluso sabiendo que es ella, casi respingo: eso no lo esperaba. Ella sonríe dulcemente, y luego se aclara la garganta teatralmente, convenientemente mostrando las marcas en su cuello.
Debería de haberme acostumbrado a estar alturas, pero no es así. Sin embargo, ahora sé que es mejor no apartar la mirada.
—Tu gran raza de siniestros aliens, hambrientos de poder, siempre fueron un poco… retrasados en el departamento concerniente al amor, a pesar de todo el conocimiento que poseían. En particular, les pareció fascinante la capacidad de los seres humanos para preocuparse los unos por los otros, o por cosas que no eran ellos mismos, tan profundamente: Kaguya Ōtsutsuki, idiota y fácil de impresionar, fue la primera capaz de entender el dolor de un mundo destrozado por la guerra.
A veces, su voz se hace más profunda, temblando como si el clon hablara desde debajo del agua. La oficina comienza a desvanecerse de la existencia, reemplazada por figuras borrosas hechas de carmesí muy oscuro. Más allá de los gritos de otros, que nunca se callan de veras, casi se siente como si estuviera en un mundo distinto. Sin embargo, sigo siendo capaz de oír su suspiro.
—Tu clan era… inocente. A pesar de que compartían la sed de conocimiento y poder de la humanidad, su verdadera meta era la inmortalidad: no dominarse los unos a los otros. Se adaptaban y aprendían, como nosotros… y pasaron un muy largo tiempo buscando distintas fuentes de poder, así que estaban acostumbrados al cambio.
Sus ojos tienen un brillo extraño, casi vidrioso, y como siempre, me pregunto qué pensamientos llenan su mente. Si Sakura era un puzle, su clon no es mejor.
—Aprendieron de nosotros… incluso cosas que no quisimos enseñarles, o en las que no habíamos pensado. Como niños, incluso si estaban mucho más allá de nuestra sabiduría y tecnología… aprendieron nuestras virtudes, y ganaron nuestros defectos. Fuerzas y debilidades: amor y odio. —Ella respira profundamente, y entonces sacude la cabeza ligeramente, como si estuviera intentando apartar malos pensamientos—. Kaguya se enamoró de nosotros, de un hombre en particular… y sin embargo, ella también sucumbió a nuestra maldición.
Sólo su silueta permanece iluminada, contra los colores oscurecientes de un atardecer que pasó hace mucho. Parece fuera de lugar, un recordatorio de que mis alrededores son sólo una ilusión. Lo intenté… y ni el Sharingan, ni el Rinnegan, son capaces de romperla. No son genjutsu: sólo un reflejo de mi propia mente.
—...Mi ancestro también se enamoró, ¿cierto? —No hace falta preguntar, pero ella parece haberse perdido en sus pensamientos. Algo extraño de ver, pues siempre parece preparada para lidiar con cualquier cosa: su mera existencia es una lucha constante contra mí. Sus ojos se dirigen a los míos, y sé que he dado diana—. Y fuiste tú.
Es su turno para suprimir un respingo; y es extraño ver este tipo de lenguaje corporal en ella. Aunque su expresión de emociones ha sido igual de abierta desde que el clon se formó, nunca tuvo la guardia bajada. Siempre luchando, llena de furia, dispuesta a hacerme pedazos. Esta visión me recuerda más a la Sakura real, a la que no he visto de veras en más de un año.
Parece vulnerable, pero no utilizo mi ventaja. No es una buena idea, pues podría ser una trampa; y estoy seguro de que se recuperará, y me castigará por ello. Ya he tenido suficiente de tratar de romperla: en ese aspecto, estoy empezando a pensar que es más fuerte que yo, y por extraño que suene, me llena de pavor considerar esa posibilidad.
—...Como polillas hacia una llama. Los humanos siempre estuvieron fascinados por esos como tú, y yo no era una excepción —musita, al fin. Inclina la cabeza hacia el lado, mirándome como si fuera una persona distinta. Alguien a quien no odia desde el fondo de su alma—. No necesitabas ayuda o protección… no, eras mucho más fuerte que cualquier humano. Pero tu corazón se había debilitado, y tu curiosidad te hizo acercarte demasiado.
Y Sakura sonríe, con cariño y nostalgia llenando un rostro cuyas expresiones no puede recordar ver así.
—Reencarnación, ¿hm? Estábamos atraídos el uno hacia el otro: incluso a través de distintas vidas. Nunca te abandoné, no me rendí jamás. Ni siquiera lo recordaría si no fuera por las marcas en tu alma. Tu estabas más cerca de la inmortalidad, después de todo, así que cada vez que renacías conservabas más piezas intactas que la mayoría de humanos normales. Sin saber por qué, buscabas un hogar para tu corazón, a pesar de que tu fuerza no tenía límites. Y yo busqué a un hombre que era tan fascinante como el mismo mundo, a pesar de que no podía recordar su nombre.
...Su primer nombre no era Sakura, y ella no era una niña de la primavera. Nació en el invierno, y la mitad de su familia había sucumbido al hambre para cuando tenía cinco años.
Las almas humanas eran demasiado débiles como para sobrevivir reencarnaciones de verdad, y algunos sentían lástima por ellas. Poder, pensábamos, era una cosa maravillosa. Pero sus emociones: el poder de sus corazones. Dejaban una marca en el mundo, una que no podíamos entender. Su pasión por la guerra y el amor. Incluso si no podían recordar sus vidas pasadas (y nuestros descendientes acabarían por olvidar, también, la mayoría), seguían reteniendo sus emociones.
Y ella era una criatura fascinante: sus emociones fluían tan libremente, su espíritu tan grande. Debió haber vivido muchas vidas, porque incluso como una niña inmadura, había algo en sus ojos que hablaba de inteligencia y conocimiento. Ojos que, con el tiempo, ganarían un tono de sabiduría y compasión. Sólo hizo que su empatía se multiplicara por diez.
Las escenas están emborronadas frente a mis ojos, demasiado rápidas como para ser consciente de todo lo que sucede, pero su intensidad no hace más que crecer. Y su imagen se hace más clara, más cercana, más brillante. Duele, a pesar de que en la superficie no parece ella: no hay nada remarcable en su pelo oscuro y figura famélica, pero los ojos verdes son iguales.
El clon ha sido reemplazado por su figura, y ya no puedo moverme, atrapado en su mirada. Su sonrisa es tímida, como si nunca hubiera aprendido el coraje por el cual la conozco. ¿Cuánto tiempo tardó en comportarse más como estudiante, como amiga, que como sirviente? ¿Cuánto, hasta que pudo mirarme a los ojos?
Esa mirada siempre era intrigante, siempre llena de emociones que yo no podía entender. Le importaban demasiadas cosas, en demasía. Y a pesar del hecho de que no era tan fuerte como yo, nunca se rindió sin luchar. Nunca abandonó a alguien que le importaba: ni siquiera yo, después de que sucumbiera a la Maldición de Odio, perdido en emociones demasiado intensas como para expresarlas.
Una, y otra, y otra vez.
Me persiguió de una vida a la otra, siempre ahí para mí a pesar de que estaba demasiado ciego como para verlo. Y si no era así, pronto me centraba en misiones de venganza y poder. Pero ella nunca se rindió.
Habitó cuerpos tan distantes a mi sangre como era posible; su espíritu creció con el tiempo. Genio prematuro, emociones desbordadas, maestría con el chakra de la que nadie había oído hablar. Casi siempre, se convertía en un médico, como si las enseñanzas de Hagoromo no se hubieran desvanecido por completo de su mente.
Juró mantenerse humana, mi contraparte lógico. Había sido un reto, la primera vez que conseguí que su furia estallara: ¡los humanos también son fuertes! A pesar de que les faltaban nuestros kekkei genkai (que nos daban una ventaja, incluso si siglos de mezcla los habían diluído), nuestras raíces ancestrales nos llevaban a buscar más poder a base de instinto (que pocos humanos podían alcanzar, incluso si habíamos perdido la mayoría de nuestras habilidades originales).
Yo perdí la fe a causa de los pecados de la humanidad,y sin embargo ella juró que me mostraría su mejor parte.
—Demuéstralo —digo, una vez más, como siempre he hecho—. Demuéstramelo.
...Es irónico. Cuando acepté su desafío, cuando ella lo proclamó, fue todo una repetición de la misma historia, contada miles de veces.
Pero ella nunca pudo hacerlo, ni yo pude apartarla de mí. Bailamos a través de los mismos pasos, vida tras vida, renegando la rendición. Ella me persiguió sin entender por qué, del mismo modo en que yo no pude olvidarla.
Si no fuera por las circunstancias excepcionales de la guerra, yo habría vivido mi vida entera sin saber nada sobre mis orígenes.
Si el observatorio conjunto de Konoha y Oto no hubiera detectado el cambio en la luna, yo nunca habría encontrado los pergaminos que hablan de un clan oculto en el satélite de la Tierra; y mencionando, casi casualmente, información que lo cambió todo.
—Lo haré —estalla ella, sacándome de mi ensimismamiento. Su pelo es rosa otra vez, y los contornos de un castillo antiquísimo han vuelto a convertirse en la oficina. Parpadeo varias veces, para ajustar mi visión a la luz; sé que me va a dar un dolor de cabeza pronto, y el mareo y las náuseas amenazan con hacerme perder el balance. Con la práctica de un shinobi, logro mantenerme firme.
La única cosa que no puedo evitar es el torrente de emoción recorriéndome las venas; casi como un rayo de luz en medio de la oscuridad, chocando tan violentamente contra el odio que me siento enfermo. En sí, no es algo malo o doloroso; es el significado oculto y las connotaciones, ahora a plena vista para ser percibidas.
—...Lo divertido es, ella no lo entiende. Que aunque tu vínculo con Asura y sus reencarnaciones es tan fuerte, no comparte el amor mutuo, humano, que tú y yo desarrollamos por el otro —musita el clon, aunque su voz ha perdido el tono suave. Sus ojos son acerados de nuevo, y parece divertida por la terrible ironía de todo—. Se pregunta, como tú, cómo podría compararse. Pero no puede recibir las respuestas, así que considérate un bastardo con suerte.
Nunca pudo matarme. Lo intentó, incluso si era para salvarme del camino que elegí. Pero yo sí lo hice, a pesar de que siempre fue un accidente, o algo hecho bajo la adrenalina de un momento. Una y otra vez, me dejé ahogar en mis propios pecados; y le hice cosas inmencionables. Su espíritu nunca se rompió. Nunca se rindió, y murió con una sonrisa que se ha quedado marcada a fuego en mi memoria.
Cada una de mis reencarnaciones poseyó el Sharingan, y cada una de ellas, indudablemente, chocaba con las de Naruto (que siempre se quedaba cerca de su propia rama de descendientes). Y ahí estaba ella, siempre una chica normal que era demasiado humana, tratando de salvarme; de salvarnos, corriendo en paralelo a cada una de nuestras vidas.
…
El punto muerto siempre tuvo tres esquinas, incluso si era fácil perderse la tercera pieza. Y las mismas notas se repetirían, tocando la misma canción: dos rivales, y una amante. Ella nunca podría alcanzar ese poder fuera de este mundo, pero su fuerza era igual a la nuestra, en su manera tan dolorosamente humana. Su coraje, su corazón, eran una representación de todo lo bueno y malo de esta civilización
Permaneció fuerte cuando yo me desmoroné, y siempre se recuperó tras cada caída, a diferencia de Naruto, que sólo aprendió amor. Era nuestro balance, el punto medio; un anclaje para ambos lados de la humanidad.
Su juramento no era para ser la más fuerte.
Era para demostrar la belleza única de la humanidad: para demostrar que valía la pena amarlos, creer en ellos, incluso admirarlos.
"Hoy he tenido una mañana extraña." Masajeo mis sienes con las manos, tratando de poner cada pensamiento e imagen en su lugar adecuado, pero sé que es una causa perdida. Como este feudo tiene que serlo: Naruto está muerto, pero cuando yo muera, nos reencontraremos, y el ciclo se repetirá. Es demasiado tarde, una vez más.
¿Qué pasará con Sakura, entonces? Este clon (justamente furiosa hacia mí, manchada por mi propia alma corrupta) sólo es prueba de que su alma se ha roto. ¿Significa eso que no se reencarnará? ¿Que, si muere, desaparecerá?
El pensamiento despierta memorias de mil vidas que no recuerdo: el Sharingan no puede mostrar las escenas, pero el trauma de las emociones permanece. La maldición de los Uchiha, ser incapaces de olvidar del todo: de preocuparse demasiado, y caer en la oscuridad con demasiada facilidad.
Y duele de un modo que no puedo comprender. Perderla, perderla de verdad y para siempre. Incluso si apenas pude tratar de matarla (y fallé), logré destruirla. Retazos de pensamiento pasan ante mis ojos, pero ya no puedo comprenderlos. Es demasiado: una sensación que conozco demasiado bien.
—Tienes que ganar —musito, a pesar de que apenas soy consciente de la súplica que escapa mis labios. Sakura nunca tendría que haber luchado contra mí, ella siempre estaba a mi lado, sin condición… pero he roto el ciclo.
El clon no dice nada, pero ella y yo conocemos la verdad.
Si no gana, se acabó. Sin embargo, ¿cómo podría ella cambiar algo que ha permanecido igual durante tanto tiempo?
—¡Eeeeey! ¡Lee! ¡Lucha contra míiii! Apenas soy consciente de cómo arrastro las sílabas, casi como si estuviera borracha. En cierto modo, estoy un poco drogada a base de poder. Es una sensación maravillosa: mi cuerpo funciona tan rápido, tan perfectamente, que incluso el mundo parece lento y torpe en comparación. Puedo hacer lo que sea, y ese sentimiento es liberador y excitante.
He pasado demasiado tiempo bajo la influencia del Ningyo, y por mucho que esto esté quemando cada célula de mi cuerpo, se siente genial.
Vale, puede que esté un poco hiperactiva Siempre pasa cuando logro reunir chakra natural, por pequeñas que las dosis sean. Mi práctica se ha extendido a través del verano, pero no me he acostumbrado todavía. No creo que quiera: se siente bien estar vivo.
"¿De veras?" musita Sachi, rodando los ojos.
Un prado se extiende tras ella, la silueta de Konoha dibujada contra el velo azul del cielo veraniego. Recuerdo cuando ella no era más que un dibujo de tiza blanca contra un muro negro… qué simple que era todo entonces. Supongo que ella también se volvió más viva al pasar el tiempo.
Tantas cosas han cambiado desde la guerra. Fui de negación, a desespero, a donde estoy ahora. Incluso después de aceptar lo que pasó, en lo que Sasuke se convirtió… era demasiado. Ahora estoy lisiada, pero sé que si me rindo, nadie podría detenerlo. Por algún capricho del destino, acabé siendo la única persona capaz de afectarlo en un nivel profundo.
No podría ser capaz de huir de esto, incluso si quisiera.
Por alguna razón, él no pudo deshacerse de mí. No sé si es porque todavía le importa, pero no voy a sentarme a rezar para que cambie de planes. Soy yo quien tiene que moverse y hacer que las cosas sucedan, y nadie me va a detener en mis intentos.
Lee abandona su carrera sobre las manos para mirarme, una expresión determinada y excitada en su rostro. Siempre lo da todo en cada acción, incluso el entrenamiento. Supongo que la prótesis que Katsuyu y yo le hicimos sólo ha avivado las llamas de su juventud.
"Puedo hacer tantas bromas respecto a hacer que... crezca," comenta Sachi, tan pervertida como siempre, haciéndome sonrojarme un poco. Aparto esos pensamientos, centrándome en Lee. Katsuyu y algunas de las otras babosas ayudaron en la creación de las prótesis para su brazo y pierna; nos hicieron falta materiales de Taki, y no es remotamente similar a lo que mi shishou podría haber hecho en Konoha, pero funcionan.
Él no necesita expulsar chakra como los usuarios de ninjutsu y genjutsu, y la madera ha sido reforzada con savia para prevenir que arda. Se alimenta de su chakra como un miembro normal lo haría, y es casi tan resistente como acero endurecido, como descubrí poco después de nuestro primer entrenamiento. El único inconveniente es que no tiene el sistema de chakra de un ser humano, así que es una molestia si abre las Puertas.
Todavía está trabajando en su equilibrio, pero grita en asentimiento y arremete contra mí; sé que más me vale estar preparada. Lee es un maestro del taijutsu, después de todo; incluso con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda, sería capaz de patear culos severamente. Me coloco en una postura que ha sido marcada a fuego en mi memoria tras años de práctica, y le sonrío ligeramente.
Lee no es ajeno a cuánto disfruto poder luchar. Por fin tiene un oponente dedicado. Tenten observa desde el borde del claro, sus ojos acerados pero llenos de interés. Es un día radiante, y el final del verano se aproxima, pero el aire sigue estando cálido y lleno de fragancias del bosque.
Si cerrara mis ojos, podría casi pretender que estoy en Konoha de nuevo. Sé que, si vuelvo algún día, será distinto. Sasuke destruyó las cabezas de los Hokages, y ahora sé a través de mis visiones que la aldea ha caído en desarreglo. Una sombra de su antiguo ser, como él y yo.
Esquivo el primer golpe por instinto, echando la cabeza a un lado y dejando que el brazo de Lee pase sobre mi hombro. Pongo mi peso en una finta, dejándolo pasar a mi lado. Obviamente, sus reflejos son increíblemente buenos, porque no se le escapa nada. Una patada giratoria es lanzada hacia mis piernas menos de un segundo más tarde, y la desvío con un brazo, tratando de mantener algo de distancia.
Una cosa buena de entrenar con una maestra que tira piedras gigantes a sus estudiantes, es que tiendes a volverte bueno esquivando. Ver a Shizune sufriendo de la misma manera me hace sentir sólo un poco mejor.
Lee no da un golpe por medio minuto, y yo pongo toda mi energía en esquivar. Es rápido, pero el senjutsu me da una ventaja que no tenía antes. ¿Y si él abriera las Puertas? Sé que la velocidad de Sasuke es casi inhumana, así que necesito trabajar en la mía.
Estar en este estado es como tener fuego en las venas; y duele mucho. Puedo ralentizar el daño interno con pequeños estallidos de chakra curativo, pero eso no ayuda con el dolor. De hecho, a causa de lo corrosivo que el chakra senjutsu es, curar con él es bastante difícil. Supongo que tiene que haber un balance para el poder que gano…
Mis reflejos son mejores que nunca, y con menos chakra puedo hacer más. Sin embargo, puedo sentir mi fuerza desapareciendo a cada segundo, y todavía no he descubierto cómo recargar mientras lucho. Reunir energía natural requiere que la mía se mantenga perfectamente quieta, o será repelida. Quizá funciona como los imanes… irradiando chakra senjutsu, la energía natural a mi alrededor es apartada. Es una de las cosas que los shinobi sensores usan para detectar peligro.
El primer golpe que Lee encaja me manda rodando por el suelo, pero logro ponerme en pie y pegarme al suelo. La lucha pronto acabará, y más me vale acabarla en una victoria. No he visto errores en sus movimientos, pero su balance no es muy bueno, y le falta el control en sus nuevos miembros. Un buen golpe que cambie su centro de masa a los prostéticos podría darme la ventaja que necesito.
Hace meses, no sería capaz de ganar una lucha, ni siquiera contra él. Mi cuerpo era demasiado pesado bajo el efecto del Ningyo. Se siente tan lejano…
Es importante recordar que incluso el enemigo más poderoso puede cometer errores: y necesito tantas posibilidades como pueda para aprovechar los suyos, y sobrevivir los míos propios.
Extiendo mi chakra hacia el exterior, al suelo bajo mis pies. Esta área ha sido diseñada para entrenar, así que a las babosas no les importará un poquito de destrucción. Canalizo la energía en hilos, conectándola a la tierra y empujándola entre las moléculas que la mantienen pegada, apretando mi agarre y separando las piezas que quiero usar.
Alzo un muro de tierra delante de él, y Lee salta por encima sin inmutarse. Extiendo mis brazos, separando el muro en dos pilares y lanzando uno tras de mí, hacia su punto de aterrizaje, ya predicho. Es mucho más rápido que mis jutsu de Liberación de Tierra, y lo pilla desprevenido.
Aún así, Lee es capaz de esquivar el primer pilar, pero no el segundo, pues no tiene tiempo para preparar su postura. Abusando de mi ventaja momentánea, pongo tanto chakra en el puñetazo como puedo. Es lo último que me queda de chakra senjutsu, y comprimirlo es como intentar mantener un mar tormentoso en calma. Se desliza a través de mi piel y el Ningyo más fácilmente de lo que la energía normal lo haría, y dirijo el golpe al brazo prostético de Lee.
Él vuela por el aire, aterrizando sobre su espalda casi hasta el borde del claro. Me siento agotada tan pronto como el chakra abandona mi cuerpo, y me duelen lugares que, hasta hace poco, no sabía que podían doler tanto. Incluso como médico, el esfuerzo de usar senjutsu es en su propia liga.
Tengo que seguir intentándolo. Es la única manera.
Me detengo para recuperar el aliento, mis miembros temblando, y resisto el impulso de doblarme por la mitad y vomitar. En lugar de eso, centro la mirada en Lee: no se ha puesto de pie, tratando de recuperarse. Puede sentir el dolor causado por la disrupción de chakra en las prótesis, y le di tan fuerte que debo haber causado bastante caos en su sistema.
Asintiendo mutuamente, acabamos el entrenamiento.
No es una victoria, pero sé que puedo convertirlo en una con suficiente tiempo.
—La luna va a chocar contra la Tierra —explico, sabiendo que no hay palabras elegantes que puedan hacer el impacto mayor—. El nuevo régimen de Iwagakure está preparándose para la guerra, y no tenemos suficientes fuerzas leales como para defender Konoha de ambas amenazas al mismo tiempo.
Los líderes de los clanes, junto a un Kazekage bastante sumiso, observan en silencio. ¿Qué podrían decir ante estas noticias? Mantienen la vista alta, sus ojos severos, algunos de ellos intercambiando miradas calculadoras. Sé que algunos de ellos están planeando un golpe de estado, pero no importa: tanto ellos como yo sabemos que no pueden ganar.
En el pasado, este sería el momento para reunir a los luchadores de largo rango, o los más poderosos… pero ya no queda ninguno. Sólo yo soy capaz de defender Konoha, mas no puedo permanecer aquí. Alguien tiene que detener la caída de la luna, y en ese caso estoy completamente solo en mi habilidad de enfrentar sus desafíos.
No puedo dividir mi poder, porque a pesar de que me gustaría poder sentir confianza, Sakura sigue recordándome que la maldita luna se nos está cayendo encima. Ahora no es el momento de pensar que puedo hacer algo al respecto con arrogancia, y no hay segundas oportunidades. Típicos asuntos ninja.
Hanabi no está. La ira que siento al saber que se escurrió entre mis dedos de esa manera no puede compararse al temor que su situación me causa. Ha estado aquí durante tanto tiempo… que, como Sakura dijo (muy amablemente), incluso yo acabé por preocuparme por ella.
Tengo que ir y ejecutar la venganza que es debida. Tengo que proteger a Konoha y al mundo, pero sé que no puedo hacer ambos. No a solas.
Pienso por ello durante mucho más de lo que dura la reunión: es básicamente una formalidad para informar a la aldea de estos hechos. No quedarán sin cuidado, pero sería imposible prevenir que Konoha se desmoronara por completo sin alguien para mantener las cosas bajo control…
Extrañamente, el clon no protesta cuando dirijo mi atención hacia el interior de mi mente de nuevo, y trato de encontrar los finos hilos del chakra de Sakura dentro de mí.
Nunca es invierno en Shikkotsu. Las babosas son capaces de manipular el clima, a través de jutsu y modificaciones minimalistas de la vegetación, e incluso si el resto del mundo se está helando, el cielo permanece despejado y las temperaturas, altas. El aire permanece húmedo y fresco a pesar de que, en esas circunstancias, debería haber una sequía eterna.
La atmósfera está cargada de vida, y es bastante extraño pensar que, no hace mucho, yo no era capaz de percibirlo. Menos aún manipular la energía natural que resuena a mi alrededor, circulando a través de las distintas formas de vida. Nunca es algo que pueda ser dominado a base de poder; al contrario, debe de ser bienvenida en el cuerpo.
Suprimo mi chakra ligeramente, dejando que esa energía llene el espacio vacío que el chakra irradiado había estado llenando hace un momento. El truco es entender que cada ser vivo tiene este chakra dentro de ellos: y resuenan, afectándose los unos a los otros. Son lo mismo, sólo con distinta forma. Arrastrándolo a mi interior, empiezo el lento proceso de mezclarlo con lo que ya tengo.
El proceso dura, quizá, una fracción de segundo. No hace falta más, y ya me estoy moviendo mientras comienzo a convertir el chakra en algo que pueda usar. Es difícil, pero el Ningyo me ha enseñado a mantener control de cuánto chakra tengo y dónde, de forma constante.
Cada uno de mis movimientos está hecho tras un cálculo preciso de cuánto queda en mis reservas, cuánto más puedo mezclar antes de agotar mi propio chakra (usar chakra natural puro me devoraría de dentro a fuera), y cuánto estoy gastando.
Cada segundo de una lucha me pone al borde de mis habilidades.
He aprendido el estilo de Lee de memoria, y los pequeños trucos de Tenten en las muchas armas que amasa. He pasado días enteros solamente meditando, tratando de entender el funcionamiento más profundo del chakra y mi propio cuerpo. Y he estudiado, aprendido de Katsuyu y las babosas: técnicas basadas en el Estilo Babosa, que ni siquiera puedo usar sin empezar a dañar mi cuerpo.
Soy lo suficientemente rápida como para luchar contra las tres primeras Puertas, y tengo suficiente finura en mi control como para manipular agua y tierra a voluntad, como una segunda naturaleza. Mi creatividad y resistencia con genjutsu han aumentado, porque cuando luchas contra un Uchiha, nunca puedes entrenar lo suficiente.
Por una vez, tengo una posibilidad de romper mis antiguos límites como nunca antes. Puedo hacer algo: el senjutsu es increíblemente eficiente. Mis golpes son casi tan fuertes como antes, y puedo curar más deprisa. El tiempo, sin embargo, se me acaba: todo esto está agotando mi cuerpo, a pesar de las mejoras obvias.
No puedo practicar para siempre, o darle a Sasuke la oportunidad de volverse aún más poderoso. Ya han pasado dos años desde la guerra: casi tanto como el tiempo que pasé entrenando bajo el tutelaje de Tsunade. Es tiempo suficiente como para superar la mayoría de mis nuevos límites, incluso si mi cuerpo y estilo han cambiado drásticamente.
Incluso este conocimiento no me prepara para el momento en que colapso en el suelo, respirando ahogadamente, mi cuerpo entero temblando debido a una sobrecarga de chakra. Mis alrededores se emborronan, los árboles retorciéndose y reformándose hasta crear los que hay en torno a Konoha. No necesito mirar dos veces para saber que estoy en mi propio paisaje mental.
La única cosa en que puedo pensar es expulsar todo el chakra extra que he estado reuniendo durante mi meditación, y rezar para que no esté aquí para matarme. Él. Tiene que saber lo menor posible de mis planes, porque la ventaja de la sorpresa podría ser la única oportunidad que tenga.
La fuerza sigue creciendo, hasta que parece que voy a estallar. Luego se detiene, justo al borde de ser insoportable. Cada nervio de mi cuerpo está ardiendo en agonía, y el Ningyo no puede contener todo esto.
—¡Para! ¡Estás matándome! —grito ahogadamente, tan fuerte como puedo; por un instante, temo que no se detendrá. Es definitivamente su chakra, invadiendo mi propio espacio con un aire casi casual. Despreocupado, sin saber cómo, si empuja un poco más, el Ningyo se romperá y yo moriré.
Al fin, acaba por apartarse. Respiro aire que no llegaba a mis pulmones antes, soltando un suspiro tembloroso y tratando de centrarme en mis alrededores. La cabeza me duele en poderosas pulsaciones, y mis miembros se sienten helados. Es horriblemente parecido a lo que el Ningyo era hace tiempo, y ya siento ira a cómo de fácil me afecta.
Hay un rugido distante, un coro de campanas mezclado con llantos que conozco bien: las voces de las víctimas que murieron en su masacre claman su sangre. Sólo tardo unos segundos en localizar la fuente del caos: una figura sumida en las sombras, manteniéndose a diez metros de la linde del bosque. Demasiado cerca. Es instinto, lo que hace que mi sangre se hiele, que mi cuerpo se tense, que mi corazón se acelere.
Por mucho que me importe, sigue siendo peligroso y un enemigo. Bloqueo las memorias en su lugar centrando mi energía en ponerme en pie. No puedo mostrar debilidad alguna, pero diría que su presencia ya ha sacado a la luz una debilidad fatal.
Contra lo que mi miedo me grita que haga, fuerzo la supresión de mis temblores y asumo una postura serena, aproximándome. Sasuke no se mueve un centímetro, pero sus ojos están centrados en los míos. La idea de un poder mayor, juzgándome, no es ajena a mis pensamientos.
—¿Y tú qué demonios quieres? —pregunto, con más dureza de la necesaria, y me doy cuenta (con algo de retraso) de que la presión en mi chakra puede haber empujado a Sachi más cerca de mí. Mi alma ha sido comprimida; mi voz interna ha vuelto a mí. Quiero taparme la boca de una bofetada, pero eso no ayudaría. Me siento exhausta tras expulsar el chakra senjutsu.
Sasuke no podría haber elegido un momento mejor…
El Uchiha alza una ceja y siento que mis músculos se contraen. No, no, no-
—Colaboración.
Parpadeo varias veces, tratando de discernir si esto es un genjutsu. O una broma. Sí, Sasuke gastándome una broma parece más lógico que lo que acaba de decir. Tiene que serlo, ¿verdad? Sólo está riéndose de mí antes de acabar con mi vida. No hay expresión alguna en su rostro estoico, y entonces entiendo que está hablando seriamente.
—Tú- ¡¿QUÉ?! —estallo, agitando las manos en el aire, como si eso pudiera ayudar a entender. ¡Maldito seas, Sasuke Uchiha, nada en ti tiene sentido! Su otra ceja se alza de forma que casi parece divertida (si no fuera Sasuke de quien estamos hablando), y me doy cuenta de que lo he dicho en voz alta. O quizá percibió los pensamientos, ya que estamos tan cerca.
Acceso a los pensamientos más profundos, recuerdo. Y he estado mirándolo a los ojos, a pesar de que sé que son peligrosos, sólo para demostrar que no estoy acobardada en su presencia. Maldición, esto es injusto.
—La luna caerá sobre la Tierra si no la detengo —repite; y entonces me doy cuenta de que estoy recordando lo que él dijo antes, a pesar de que no estuve ahí. Ya me duele la cabeza, y esta situación no ayuda en absoluto. Detecto un poco de incomodidad por su parte, a pesar de que sus palabras no tienen inflexión alguna. Es cierto: él tampoco puede esconderse de mí—. Necesito a shinobi capaces para que se queden en la aldea mientras yo no estoy.
Venir aquí en busca de ayuda debe haberle costado.
—No me importaría si intentaras matarme, mientras te quedes.
Su boca no se ha abierto, pero la mía lo hace cuando oigo las palabras. Ahora es su turno de reprimir el impulso de darse una bofetada para taparse los labios, sé que quiere. Todo esto es estúpido, y más incómodo de lo que creí capaz. Se supone que somos enemigos, pero míranos comportándonos como completos idiotas. Esto es lo más anticlimático que un reencuentro podría ser. No puedo evitar una risilla.
...Espera un momento.
—¿Qué dices? —inquiero, comprensión e incredulidad acabando por registrar en mi mente. ¿La luna? ¿Por qué iba la luna a salirse de su órbita? Pavor comienza a correr bajo mi piel, porque no hay razón para que él mienta al respecto. Sasuke siempre ha sido demasiado directo como para utilizar ese tipo de decepción; y no necesita una trampa, al fin y al cabo. A menos que haya algún otro motivo para llevarme a Konoha… pero lo dudo. No parece ser su estilo.
No tiene aspecto de querer explicar, pero tiene que saber que no voy a aceptarlo sin preguntar. Es lo que debería de hacer, como shinobi sospechosa y persona curiosa. Es cierto que podría probablemente obligarme, si quisiera, pero no parece que quiera hacerlo. Sólo espera, como si intentara averiguar qué hacer.
A decir verdad, es probable que él tampoco hubiera esperado mi comportamiento.
—Hay un… hombre. Toneri Ōtsutsuki: un descendiente de Hamura —acaba por decir, cruzando los brazos sobre el pecho—. Aparentemente, ese lado del clan ha vivido en la luna por un largo tiempo. Es el último, y ha determinado que la humanidad merece una purga, por utilizar el chakra como un arma. Raptó a Hanabi Hyūga, y está preparándose para aniquilarnos a todos.
...Pues sí que es bueno explicando. Si dependiera de mí, habría tardado horas. Obviamente, muchas cosas todavía quedan sin explicar, pero es suficiente como para llamar mi atención.
—¿...Se llevó a Hanabi? —¿Por qué está toda esta gente siniestra tras ella? Es la primera cosa en que puedo pensar, ligeramente sorprendida. Kurenai habló de cómo una gran cantidad de niños de familias importantes fueron raptados; y el interés de Sasuke en la heredera Hyūga. Pero nadie ha sido capaz de descubrir dónde están los rehenes, y menos aún acercarse a ellos. Hanabi estaba siempre junto a Sasuke, así que era incluso más difícil de raptar—. ¿Quién sería lo suficientemente fuerte como para hacer eso?
Su reacción es una mezcla de irritación ante el recordatorio, y algo muy cercano a orgullo al ser reconocido como muy, muy fuerte. De un modo u otro, ha fallado.
—Es bueno —ofrece, haciendo una mueca ligeramente más pronunciada—. Es por esto que no puedo dividir mis fuerzas para proteger a la aldea.
—¿…Y esperas que yo sea capaz de hacerlo? —No, ni siquiera eso: ¿espera que camine derecha a su guarida y le ayude con su tiranía, bajo la excusa de defender a Konoha? ¡Qué cara! Una vena empieza a pulsar con fuerza en mi frente, pero resisto el impulso de golpearlo. Prefiero vivir, muchas gracias.
Sasuke me mira de una manera que casi hace que me sonroje. Casi. Es en parte condescendiente y en parte "sí, por supuesto, ¿por qué no?"
Parece hacer eso con mucha frecuencia: se limita a implicar cosas sin decirlas. Sabe que yo sé todas las implicaciones de esto, todas las connotaciones. Me impresiona, la verdad. Comunicación sin palabras en todo su esplendor, a pesar de que estoy segura de que somos incompatibles en una cantidad impresionante de niveles.
—Bajo dos condiciones. —Alzo un dedo, casi con el aire de un profesor, pero nada en su comportamiento cambia. Lo tomaré como un sí—. Quiero que Lee y Tenten vengan conmigo.
Sólo hay una ligera sorpresa ante la noción de que siguen vivos. Parece estar recordando su "lucha" contra Lee; y preguntándose como, si eso no lo mató, logró sobrevivir. Yo, por mi parte, observo la situación de forma más pragmática: necesito tanto apoyo como pueda reunir. He aprendido cuánta fuerza Lee gana cuando usa las Puertas, y Tenten tiene su propia rama de técnicas que podrían derrumbar montañas, si fueran usadas correctamente (porque es cierto que ella aprendió para usar explosivos a máxima capacidad).
No hay pregunta alguna sobre si aceptaré o no, y Sasuke también lo sabe. Una voz molesta, en lo más hondo de mis pensamientos, se pregunta (una vez más) cómo de suicidas serán mis acciones con tal de defender Konoha y, o, este tío. Si las cosas van mal, debería de ser capaz de sacar a mis compañeros de su alcance con una invocación inversa. Soy el único objetivo que debería importarle… así que si esta es una manera de arrastrarme hasta la última fase de nuestro desafío, que así sea.
No voy a correr, y por mucho que él la haya cambiado, Konoha sigue siendo mi hogar. No sé qué les sucedió a mis padres, pero no puedo abandonarlos sin más.
Sasuke gruñe en asentimiento, y parece quedarse esperando por unos segundos más. Qué esperamos, tanto él como yo… bueno, no estoy segura. Hasta ahora, yo creía que él odiaba a la humanidad demasiado como para defenderla así; y no esperé encontrarme con él de nuevo, no así.
—Nuestro desafío será puesto en espera —continúo, tratando de no hacer obvios mis nerviosos tragos de saliva—. Necesito tu palabra de que todo esto es estrictamente en defensa de Konoha, y no una trampa o excusa para que luche contra ti. —Lo miro a los ojos, expulsando la incertidumbre a la parte de atrás de mi mente, porque este es el momento de la verdad. Si está mintiendo, podría ser la última oportunidad para descubrirlo.
No pierde el control, y el latido de su corazón no se acelera en absoluto. La impresión que me da no indica traición de ningún tipo, cuando asiente en silencio. Es lo mejor que puedo pedir. Puede que sea estúpido, pero no puedo abandonar mi aldea sólo por la posibilidad de que no está diciendo la verdad.
—Estaré esperando en Konoha —musita, tras un silencio incómodo. Las palabras tienen un aire de finalidad, y momentos más tarde se ha dado la vuelta e ido tan rápido como vino. La presión abrumante en el aire desaparece de forma gradual, y me doy cuenta de que he estado mirando el espacio que Sasuke ocupaba, durante al menos cinco minutos. Todo está callado, y ahora él ya no está.
—¿...Qué demonios acaba de pasar? —musita una voz a mi derecha, y me vuelvo para ver a Sachi. Ella parece tener un dolor de cabeza, como yo. Me siento mareada, enferma: como si algo hubiera sido apretujado en un lugar incómodo de mi cuerpo, y luego arrancado de ahí.
—No tengo ni idea.
—¿En serio fuiste y le pediste ayuda, después de todo lo que le has hecho? —Nuestras miradas se encuentran, pero sé que mi expresión no contiene emoción alguna. No hay nada que pueda decir: Sakura pareció la mejor opción, ya que la he visto dando puñetazos capaces de destruir montañas. Sé que, durante la guerra, se convirtió en una kunoichi temible en términos de fuerza.
Su corazón era, y sigue siendo, demasiado débil. Pero si ha mantenido una fracción de ese poder, es la única persona que sería capaz de proteger la aldea. Tiene buenas habilidades de analización y conocimiento estratégico, y como la aprendiz de Tsunade, debería de saber una o dos cosas sobre ser líder.
Ha intentado matarme en el pasado, pero nunca pudo traicionarme del todo. Me di cuenta sólo en retrospecto, cuando vi de nuevo esos momentos que determinaron que se había rendido… que había dejado de intentar salvarme.
En verdad, no fue así. Ella, como yo, no pudo… ni quiso.
—¡Ella no…! —estalla el clon, y luego cierra la boca muy deprisa. Casi ha soltado algo que no quiere que yo sepa. Por una vez, sin embargo, sé lo que es.
—Sé que está lisiada. —El clon frunce el ceño, casi fulminándome con la mirada; casi como si estuviera a punto de hacer algo temerario. Un signo de pánico—. Y que ha entrenado. Pude sentirlo en ella.
Una fluidez en sus movimientos, en su energía, que no estaba antes ahí. Distinta, incluso, del poder que tenía durante la guerra. Hay un aire de chakra potente en ella, a pesar de que sus reservas no son tan grandes como una vez lo fueron.
Y sé que, para sobrevivir tanto tiempo, Sakura tiene que haber superado sus antiguos defectos; para llegar tan lejos, tiene que haber superado sus límites. Dos años: estoy seguro de que ha descubierto alguna manera de hacerse más fuerte a estas alturas.
El clon lo intentó esconder, probablemente para confundirme; quizá incluso para protegerla. Es una lógica común, sin embargo, el comprender que Sakura ha estado haciendo algo que le otorgue el poder que necesita. El clon no es perfecto, al fin y al cabo.
Pero no se le escapa nada… y es tan inmisericordiosa como siempre.
—Sabes, estoy segura de que todavía piensa que la violaste.
Qué… Se sonríe, orgullosa de sí misma, mientras que la sorpresa saca mis pensamientos del sitio. ¿Por qué demonios pensaría- por qué haría yo algo así?
—...Oh. Ya —prosigue el clon, mirándose las uñas con aire casual—. Sabes, todo este asunto de odiarla tanto como para torturarla e intentar destruirla. Algo respecto a una matanza maníaca y tratar de darle en todos los puntos débiles sólo porque te apetecía. ¿Qué diferencia hay, eh?
No puedo pensar. Ha sido capaz de poner presión en mis peores emociones, y a decir verdad… tiene fuerza. ¿Por qué no lo haría? Aunque puedo recordar cada detalle con una precisión dolorosa, es demasiado abrumador como para recordar lo que pasó con claridad. No lo hice, ¿verdad? No lo habría hecho…
—Mírate, con la compostura de un pez fuera del agua —se ríe, pero ni siquiera puedo enfadarme con ella. Sólo hay confusión y un pavor que me ahoga, hasta el punto de que duele. Cuesta respirar—. Eres sólo otro humano depravado, querido. Claro que lo habrías hecho, lo hiciste en el pasado.
Orochimaru tenía experimentos; no los vi todos, pero sabía que estaban ahí. Lo catalogué como algo que la gente mala hacía. Algo que yo no haría, porque estaba ganando poder para una causa justa. Pero tras descubrir los secretos más sucios de Konoha, y que la persona que debió ser un villano acabara por ser un héroe… todo se rompió. Dejó de importar.
—Su comportamiento, cielo. Desafiante, sí, pero lleno de temor. Sumiso por instinto —prosigue ella, resoplando en burla—. ¿Viste cómo apenas podía mirarte? ¿Cómo respingaba cada vez que te movías, mirándote como una presa acorralada? Es como si alguien hubiera roto su espíritu.
No soy un extraño a la tortura, especialmente del tipo psicológico. Sin embargo, hay algo en este concepto en particular que causa caos al recorrer mi mente. Especialmente, o quizá porque… es Sakura. Apenas puedo imaginar algo peor para ella, excepto quizá la pérdida de Konoha como una comunidad. ¿Podría yo haber hecho algo peor? ¿Abusé de esa debilidad?
No lo habría hecho. No lo hice.
Necesito saberlo, y casi me sumerjo sin pensar en las memorias enloquecedoras, antes de recordar que es el clon quien mencionó esto. Sea cierto o no: sólo quiere hacerme sufrir. No puedo arriesgar perder la cabeza completamente… pero ella sabe que incluso rechazando la verdad, envenenará mi alma. Quiere que dude de mí mismo, para debilitarme.
Es buena, y a estas alturas, no puedo negar que tiene una buena razón para odiarme tanto.
—Esto es una locura. —La expresión de Kurenai refleja su opinión bastante bien. Si antes pensaba que yo poseía determinación, ahora debe de pensar que tengo deseos suicidas. De un modo u otro, no hace nada para detenerme. Tal vez sabe que nada me detendrá en mi intento de volver a Konoha.
—Necesitaréis colaborar para defender a la aldea, o buscar refugio en otra parte. —Shibuki asiente ante mis palabras, y ya puedo ver planes de acción formándose en su mente. Takigakure está en buenas manos. Me vuelvo hacia Misho, que parece estar poco contento ante la idea de quedarse atrás. Sin embargo, de ningún modo arriesgaría llevarlo a Konoha. No hace falta. Shikkotsu tampoco es lugar para él—. Volveremos.
Tenten y Lee parecían estar ligeramente preocupados ante mi desmayo durante nuestro ejercicio (mitad lucha de práctica y mitad meditación), pero no han dicho que no. Vendrán conmigo, y con un poco de suerte, los sellos dibujados en su piel serán suficientes como para mantenerlos a salvo si hace falta.
Utilizando el sistema de chakra de las babosas, mover de un punto a otro de un contrato sólo requiere el chakra para ejecutar la técnica… y alguien capaz de transformar chakra natural en algo que no matará a los seres humanos.
Tras ocuparme de cada problema y hacer planes para los problemas más probables, nos vamos. Katsuyu ha colocado babosas en torno al perímetro de Konoha (es bastante aliviante saber que está mostrando cuidado por la aldea), así que no tardamos mucho en encontrarnos en terreno familiar.
Podría ser una trampa, y para ser sincera, la idea de encontrarme con Sasuke hace que mi estómago se retuerza, incómodo. Incluso si no quiere matarme, es inestable. Tendremos que estar alerta, listos para lo que sea. Como buenos shinobi deberían estarlo, especialmente cuando estamos entrando en territorio enemigo. Pensar en Konoha de esa manera… no se siente bien.
Una patrulla de shinobi que llevan el símbolo de Oto nos alcanza menos de diez segundos después de que aterricemos. No dicen nada, escoltándonos hasta la aldea.
Un millón de pensamientos cruzan mi mente: desespero y dolor, esperanza y determinación. Mi promesa de desafiar a Sasuke, a pesar de que ambos sabíamos que no era lo suficientemente fuerte. ¿Querrá luchar, tras todo esto? (Si sobrevivimos). No hay vuelta atrás. Nunca la hubo, pero ver la línea final tan cerca envía escalofríos por mi espalda.
No habrá tiempo para dudar, para ser débil o cometer errores. Recuerdo memorias de un tiempo muy lejano, cuando todo era fácil y las cosas parecían tan seguras. El infierno por el que tuve que pasar, sólo para sobrevivir otro día más. Estar tan cerca de ser uno de los ninja más fuertes de todos los tiempos… y luego perderlo todo, bajo el capricho de un loco.
Alguien que todavía me importa, hasta el punto de ser irracional, y sin embargo se supone que tengo que luchar contra él, probablemente hasta la muerte. Está cerca, tan cerca, y quiero hacerme un ovillo y esperar a que pase. No lo hago. Mientras nos aproximamos a la aldea a través del camino principal, respiro profundamente y me obligo a seguir adelante.
Ya es hora.
Necesito un momento para darme cuenta de que ella nunca consideró decir no como una opción. Tan aterrorizada y cautelosa como se comportó, Sakura no se preguntó si debería ayudar a Konoha o no, a pesar de la posibilidad muy clara de una trampa. Me sorprendió, echando al traste todos mis planes: su comportamiento también era extraño, alternando entre audaz y manso.
—No es como si tú hubieras considerado a nadie más. ¿Quién fue la primera persona que te vino a la mente, a pesar de que, basándote en lo que sabías, podría haber estado rota y ser inútil? —inquiere el clon. Tiene un argumento válido, aunque me hace sentir incómodo. No tengo manera de saber, de verdad, cómo de fuerte Sakura es; y tengo la impresión de que no va a hacer un espectáculo frente a mí. Aceptó, sin embargo, así que debe de tener un plan o una manera de lidiar con las amenazas.
Eso es todo a lo que me puedo aferrar. A decir verdad, es casi divertido: nos hemos atraído el uno al otro una vez más, a pesar de las circunstancias y probabilidades. Sin siquiera pensarlo, ella y yo estamos bailando a través de los pasos finales de nuestra canción.
No puedo hacerlo más fácil para ella… iría contra todo lo que represento, y por lo que luché. Una imagen de Itachi pasa a través de mi mente, pero no le presto atención. Espero en la entrada principal, sabiendo (sintiendo) que ella estará aquí pronto. Este es un reto, una lucha que hemos mantenido a través de vidas incontables.
—Estás confundiendo vínculos con destino, cielo —riñe el clon, apretando los labios. Está de pie junto a mí, desconocida al mundo, aunque estoy seguro de que algunos de los shinobi que pasan por aquí sienten un escalofrío al estar cerca de ella. Puede que no sea tangible, pero está ahí—. Son algo que formas, no que te encadene.
No opino igual. Nuestras reencarnaciones han estado persiguiéndose la una a la otra por un tiempo muy largo, y ninguna de ellas pudo jamás romper el ciclo. Sin saberlo, hemos estado retrazando los mismos pasos, una vez tras otra. ¿Qué podríamos hacer para evitar esto? No podemos alejarnos el uno del otro, especialmente no ahora.
Sakura está destinada a lucharme, y la única manera de romper el ciclo es si la mato; que, como el clon me informó con tanta candidez, ha pasado demasiadas veces. Si gano, ella desaparecerá, pero su fallo está asimismo destinado a suceder.
Esto es lo único que puedo hacer para burlar al destino. Quedarme aquí, sin moverme, y esperarla.
Ya es hora.
