- Estrellas -

Coni miraba detenidamente a Alex y Magni, quienes correteaban a su lado olvidando el motivo por el cual se encontraban en Asgard. Como si la historia se repitiera, el pequeño rubio se apegó más a Odín y el pequeño ojiverde a Frigga.

Thor previamente le había pedido que cuidara de su hijo ya que él junto a Jane liderarían aquella emotiva despedida. También le comentó que buscó a Loki por todo el reino, sin resultados positivos. Steve y Sigyn estaban algo más atrás, por lo que estaba completamente sola mirando cómo se preparaba el reino para decir adiós.

No recordaba cómo ni cuándo Halof apareció a su lado. Este cargó a Alex en sus brazos, mientras ella consolaba a Magni, el que estaba mucho más afectado que su hijo.

Le dolía la herida del estómago todavía, pero no podía hacer nada más que esperar.

La imagen de las numerosas pequeñas barcas que viajaban por las aguas de Asgard la emocionaron un poco. Porque estas contenían los cuerpos de los soldados caídos en batalla. De Odín. Y de Frigga.

Estaba consiente que Loki no había huido precisamente por su padre adoptivo. Sabía que el Dios trató de utilizarlos a su favor en todo minuto. Era por su madre, Frigga, la que siempre le demostró el cariño que él necesitaba. Incluso sentía que le afectaba su muerte, porque en todo minuto también se comportó como una madre con ella.

Miro hacia un lado, en donde se fijó que Alex tenía una esfera de luz en las manos, la cual cada vez subía más y más hasta llegar al cielo donde las estrellas brillaban intensamente.

Ahora todo el reino dejaba ese lugar para entrar en el castillo, donde las palabras de Thor resonaban en todo el reino. De triste forma, tuvo que autoproclamarse Rey de Asgard. Habló sobre el padre de Odín, Bor. Dirigió unas palabras hacia el mismo Odín. Explicó junto a Jane que desde ese minuto en adelante, el tomaría el mando en Asgard, con ayuda de su hermano.

Hermano que no se había dignado en aparecer desde la batalla de esa tarde.

También si no había escuchado mal, incluso ella tendría que aportar en aquel reinado del mundo al cual no pertenece. La mirada de Thor y Coni se cruzó por un fugaz segundo, como si ella aceptara mentalmente aquel trato que el rubio acababa de proponer.

Nuevamente el castillo se vació, dando espacio para que Coni y sus amigos conversaran por un segundo.

-¿Aun no aparece?- Susurró Jane en el oído de la castaña, haciendo que esta negara bruscamente y se entristeciera un poco. Devolvió a Magni a los brazos de su madre y recibió a Alex gustosa en los suyos. El pequeño ojiverde se acomodó en el hombro de la castaña, dándole a entender que tenía sueño y quería dormir.

O de algún modo, volver a casa y olvidarse de lo que estaba sucediendo en Asgard.

-¿Dormiremos juntos, cariño?- Le preguntó a Alex, quien sonrió de manera suave, pero negó al mismo tiempo. Coni sonrió extrañada.

-Tienes que encontrar a Papá. La tía Pep dijo que podía quedarme con ella y Lily, además, el tío Tony estaría fuera unos días – Respondió. La sonrisa de la castaña desapareció de inmediato.

Con justa razón Tony no había respondido a su pedido de ayuda esa tarde.

-Bien. Pijamada con Lily entonces-

Coni camino en silencio hasta el Bifrost junto a su hijo y amigos, para volver a la Tierra. Saludó a Pepper y se despidió de todos, encaminándose a la habitación.

Ahí se dio cuenta que aun tenia puesto el vestido Asgardiano. Se lo quitó a duras penas y cuando estaba semidesnuda, notó que el vendaje que Bruce le coloco esa tarde, estaba ensangrentado.

Le dio un poco de asco verse así.

Débil. Humana.

-Señorita Stark, la señorita Coulson está fuera y desea verla-

La máquina interrumpió sus pensamientos. Cogió un pequeño short que estaba sobre la cama y en sujetador, partió a abrir la puerta.

Para su sorpresa Syl no estaba sola, si no que la acompañaba nada más y nada menos que Sean, por lo que su encuentro fue algo incómodo. La morena tapó los ojos de su amigo como acto reflejo, haciendo que la castaña riera sonoramente.

-Deja de reírte, podrías vestirte un poco- Suspiró Syl. Al bajar la vista, notó el vientre ensangrentado de su tutora - ¡Coni! – Chilló, apuntándola.

Ahora la castaña tenía clavada la vista de ambos jóvenes sobre su estómago.

-Nada grave. Pasen – Dijo Coni, dejando que ellos pasaran primero. Tras eso, cerró la puerta de la habitación y se recostó de espalda sobre la cama, palmeando a su lado para que ambos se sentaran. Pero el único que se sentó fue Sean, mientras Syl revolvía los rincones del lugar buscando algo para curar a la castaña.

-Sylvia- Murmuró Sean.

-¡Qué!- Chilló la joven, nerviosa, aun revolviendo la habitación.

-Siéntate. Yo lo haré- Musitó el joven. Ella lo miró y entendió todo. Se sentó al lado contrario, observando al joven rubio de manera atenta – Necesito que quites esa venda, por favor-

La morena lo tomo casi como una orden, por lo que de un rápido movimiento quitó el vendaje y lo lanzó al cubo de basura más cercano.

Podía ver la mano de Sean bajando hasta hacer contacto con la herida de la castaña, mientras una suave luz dorada aparecía y comenzaba a sanar. Coni tenía los ojos cerrados, entre sorprendida y confundida, pensando en cómo demonios había terminado así.

Una vez que la tarea del rubio finalizó, Coni sacó de un armario el libro que contenía la fotografía que previamente Sean le regaló. También sumó un álbum de fotos de Ireth, para que los jóvenes curiosearan mientras ella se daba una ducha.

-Todo suyo, vuelvo en unos minutos y me explican que necesitan ¿Si?-

La voz de la castaña se alejaba cada vez más. La puerta se cerró, dejando a ambos jóvenes solos.

Sylvia observaba a Sean, quien nervioso, guardó aquel papel y se disponía a revisar el libro más grande. Hojeaba suavemente las hojas, hasta que notó que el rubio se detenía.

Su vista estaba empañada con lágrimas, tenía el ceño fruncido y su barbilla temblaba nerviosa. Syl le tomó la mano, intentando reconfortarlo.

Entendió que todo aquello que había sucedido era cierto. Ellos eran hermanos.

-¿La recuerdas?- Interrumpió la morena. Él la miro fijamente, negando.

-No. Por lo que me contaron, se fue de Bhel cuando yo aún era un bebé- Respondió.

-¿No hay más… de ustedes?-

-No lo creo. El único que logró salir de ahí fui yo. Y encima de todo, con ayuda de ustedes- Rio – A pesar de tener poderes, no podemos viajar de un lugar a otro sin haber estado ahí antes. Es complicado usar las energías así-

Sean le entregó al álbum a Syl, quien siguió hojeando, pero de atrás hacia delante. No tenía demasiadas imágenes y le extrañó la monotonía de cada una de ellas. Como si estuvieran obligadas a estar juntas, madre e hija, en una incómoda situación.


La castaña se vestía rápidamente en el baño, tambaleándose varias veces a causa de un intenso mareo. No era malestar por su ya inexistente herida, o la pérdida de sangre. Cada vez que cerraba los ojos, veía una serie de imágenes que le inquietaban.

Podía ver un prado, agua cristalina, algo parecido a un bosque. Y una fuerte tormenta.

Pensó en llamar a Thor, para consultarle si eso era como aquella visión del Helicarrier. Su móvil sonaba apagado, obviamente. El único que se le ocurrió en ese minuto para preguntar fue Luthien.

Si tenían la misma condición, seguro que él tenía información.

La mirada de ambos jóvenes cayó en ella al salir del baño, ya vestida más decente pero con una expresión de preocupación.

-Si quieres podemos volver mañana, al doctor Banner se le escapó lo que te sucedió. Veníamos a ver como estabas- Dijo Syl, sonriente.

-No, no. Quédense. Así me hacen compañía. Y conversamos – Respondió la castaña, acercando una silla a la cama para sentarse. Ellos sonrieron, acomodándose para formar algo parecido a un círculo.

-¿De verdad te encuentras bien? – Preguntó Sean, ladeando la cabeza.

-Si. Gracias por esto –Coni apuntó a su estómago, sonriendo ahora - Tendrás que enseñarme como utilizar ese poder. Cuando era niña, mi madre nunca dijo que yo también podía hacer esto. De hecho, cuando cumplí los dieciocho descubrí que también era una guerrera. Y utilice mis poderes por primera vez, si no me falla la memoria, a los veinticuatro-

-¿La señora Ireth nunca dijo que tenía otro hijo?- Preguntó Syl, cruzándose de brazos.

-No. Del único que supe siempre fue Tony… y que no les quepa duda, si lo hubiera sabido, lo buscaba por cielo, mar y tierra – Le dedico una mirada maternal a ambos jóvenes, y le incomodaba el hecho de saber, que según Sean, ella sería la menor de los tres – No les niego que ha sido intenso, por decirlo de alguna manera, descubrir que hay otro guerrero. Que es mi hermano y todo eso- Miró a Syl.

-Lo sé. No es tu mejor momento- Rio la morena, a modo de broma. Coni rio también, mientras Sean las miraba incómodo.

-He pasado por cosas peores, Syl-

-¿Es eso… cierto?-

-¿Qué?-

-¿Qué moriste?-

Syl se acomodó las gafas. Estaba algo sonrojada, la pregunta se le hizo algo incomoda, pero la curiosidad le ganó. Sean abrió los ojos como platos y Coni soltó un suspiro.

-Según Bruce, estuve muerta clínicamente poco más de dos minutos. Odín creyó que no era mi tiempo y… me dio otra oportunidad. Sé que suena extraño, pero allá es muy común. Cuando viví en Asgard, soldados morían por causas ridículas. Algunos tenían la suerte, otros no-

-¿Crees que hubieran hecho lo mismo por el Tío Phil?-

La cara de Coni se desfiguró en menos de un segundo. Sintió una punzada en el pecho, por ocultarle que él estaba vivo, a pesar de saberlo desde tan poco tiempo.

-Frigga siempre decía que en las únicas vidas humanas que se entrometieron, fue con Jane y conmigo- Respondió, cerrando los ojos. Pero podía percibir la decepción de la joven – Por cierto, Sean ¿Qué hay con eso de las pseudo visiones? – Preguntó la castaña, desviando el tema. El rubio se puso de pie y Syl lo siguió.

-No son visiones, eso no existe – Respondió – Son las energías. Bueno y malo. Blanco y negro. Bien y mal. La luz que proyectan las personas te hace ver lo que desean, lo mismo con la oscuridad. Si no me equivoco, me estás hablando de algo relacionado con Loki. Él irradia energías, lo sentí cuando estuvimos… allá. También es un poderoso hechicero, tal vez él quiere que veas cosas. Que lo encuentres, por ejemplo-

Jodido niño inteligente.

-Entendido, señor – Dijo Coni, sarcástica. Ellos rieron y abandonaron la habitación, dejándola sola. Cerró los ojos nuevamente, intentando ver algo.

Las mismas imágenes.

Decidió ir a Asgard nuevamente, seguramente allá lo encontraría. Heimdall la recibió y la castaña decidió hablar con el guardián.

-¿Puedes verlo?- Le dijo.

-Loki es un hechicero poderoso. Cuando quiera que lo veas, lo verás. Y cuando no, será imposible encontrarlo-

¿Acaso todos estaban dando consejos sabios ese día?

-Heimdall ¿Puedo ir a Jotunheim?-

El guardián miró seriamente a la castaña, como si ella no notara la estupidez que acababa de decir.

-Si hay peligro no responderé a tu llamado. Ha sido suficiente con lo de hoy-

-Me las arreglaré-

-Nadie ha salido ni entrado por el Bifrost, aparte de ti-

-Entendido-

Desapareció de ahí.


Escuchó un ruido estruendoso, pero lo ignoró. Seguramente la tormenta que estaba provocando estaba causando la destrucción que tanto deseaba.

No podía dejar la mente en blanco. A penas podía notar su nariz y su cabello negro estaba lleno de blanca y fina nieve. Los Jotun lo habían atacado un par de veces, pero los derrotó con facilidad.

Pensar que él era uno de esas cosas.

Asegurándose de estar solo, se recostó sobre la nieve. Nadie lo vería, pero la situación era algo suicida.

Cerró los ojos y lo único que veía era a Frigga cubierta de sangre y a su esposa desesperada intentando ayudar. La jodida mortal había fingido ser su madre, para protegerlos. Las dos mujeres que más amaba, protegiéndolo, como si fuera aun un niño.

Ni él ni el idiota de su hermano lograron hacer algo.

Una presencia se estaba acercando a él, pero lo ignoró. Estaba tan sumido en sus pensamientos, que no podía detectar lo que era. Cuando abrió los ojos para ponerse de pie y luchar, una espada estaba entre sus ojos.

-Heimdall- Susurró ella.

En el Bifrost, ambos cubiertos de nieve. Ella seguía apuntándolo, él con las manos protegiendo su cara en el suelo.

Coni no supo cómo los sacó de ahí y aparecieron en el lago. Fue una manera oportuna de ocupar sin saber su energía, así le evitaba a todo Asgard esa ridícula escena.

Volvió a la normalidad y se sentó al lado de Loki, quien seguía ocultando su mirada. Ella le quitó el brazo que tenía sobre la cara, esperando ver aquellos ojos verde esmeralda. Costó un poco antes de que Loki le devolviera la mirada.

Podía ver perfectamente el color de sus ojos gracias a la luz de la luna que los iluminaba tenuemente.

-Dejé que huyeras. A veces nos hace bien, Loki… pero es suficiente. No quiero que pases por esto solo- Dijo Coni, mirando fijamente al pelinegro. Este sonrió de medio lado, chasqueando la lengua.

-Creo que este asunto no te incumbe- Soltó Loki.

-Está bien- Respondió la castaña. A veces creía que el pelinegro era exasperante. O simplemente, no podía hacer nada por él.

No podía decirle que hacer, que decir, ni que sentir ni mucho menos pensar. Solamente le tocaba esperar. Que él la necesitara o le pidiera ayuda.

A los pocos minutos tenia a Loki recostado sobre su regazo, mientras ella le acariciaba el cabello, aun húmedo por la nieve.

-¿Qué sucedió con tus heridas?- Preguntó el pelinegro, al ver que la cara de la castaña dejaba mucho que desear. Tenía varios cortes por donde la ropa dejaba ver y recordó verla sangrar. Seguramente eso con la magia ya se hubiera solucionado.

-Pues… el brazalete dejó de funcionar, por lo que Bruce tuvo que coser todo. Y hace poco, las heridas se abrieron, por lo que… Luthien terminó por curarme- Susurró. El sintió una punzada en el pecho.

-¿Te enseñara a usar tu poder?-

-Si. Se lo pregunté- Rio ella. Loki se sentó, ahora quedando casi a la misma altura de Coni. Le miró fijamente a los ojos.

Ella tenía algo que decir, pero no quería.

-Dímelo- Ordenó el Dios. Ella lo miró extrañada.

-¿Qué?- Preguntó.

-Te conozco. Tienes algo que decir, pero o no quieres, o no puedes. Dilo- Ordenó nuevamente.

-Creo que no tengo nada que decir, querido- Soltó algo irónica. Claro que tenía muchas cosas que contarle.

-¿No será que estas…?- Loki abrió los ojos exageradamente, lo que hizo reír a Coni.

-¡No! – Rio suavemente, antes de continuar – Cuernitos, lo único que quiero es verte bien. Pero te alejas y me causas dolor de cabeza. Compórtate como el adulto de más de mil años que eres – Hizo una pausa al ver que el pelinegro sonreía – Sé que es difícil… lo será. Pero ella está ahí – Apuntó al cielo, donde la estrella más brillante se veía- Te cuidará desde ahí-

La expresión de ambos se endureció. Loki escondió la cara en el cuello de Coni, causándole ternura. Palmeó su espalda, dándole a entender que todo estaría bien.

El pelinegro hizo que aparecieran en la habitación de este, en donde tomó un baño demasiado largo junto a la castaña, para luego dormir juntos en paz, como no podían hacerlo desde hace mucho tiempo.


Hola! :) He sido consumida por el trabajo, oficialmente soy una zombie cobradora xD Espero que lo disfruten. Solo quedan tres capítulos mas y espero que sigan disfrutando la lectura de este fic que ya tiene poco mas de un año, junto con Luz.

Setsuna Cooper.