Aquella mañana Colonnello no entendía porque había alguien tocando a su puerta cuando no eran ni siquiera las ocho de la mañana, era un sábado y no deberían haber muchas personas vivas a esa hora, el lo estaba por mero hábito de ser un militar.
— Buenos días. — Le saludo Tsu en la entrada de su casa viendo alrededor, mientras esperaba que le dejara pasar. Pestañeo un par de veces confundido de ver a su cielo ese día a esa hora y al parecer la estuvo mirando muy fijo por demasiado tiempo por qué Tsu se aburrió y decidió entrar mirando mejor su casa.
— ¿Qué haces aquí? — Pregunto finalmente notando como el cielo observaba todo el lugar.
— ¿Tú elegiste esta casa? — Pregunto ignorando su pregunta de forma olímpica.
— ¿Eh? Si, ¿Porque? — Quiso saber de forma curiosa decidiendo ir a su ritmo.
— Perfecto, vendrás conmigo, ponte una camisa estaré esperando. — Se dio la vuelta y volvió a salir por la puerta. Pestañeo un par de veces y bajo la mirada notando que no traía camisa, bueno acababa de salir de la ducha... Suspiro bien podría seguirla y pasar el día con Tsu, eso no sonaba mal.
Al parecer Tsu decidió que el departamento donde vivía se estaba volviendo demasiado pequeño, considerando que prácticamente todos sus elementos vivían ahí y que ahora estaba el pequeño Kuran con ellos, por lo que decidió comprar una casa, eso sería algo imposible para una adolescente normal, pero dado a que Tsu estuvo ahorrando gran parte de su vida, y los últimos meses su quincena era más que generosa (junto con lo que gano con su niebla) podía darse ese gusto, y ya que Colonnello era el único que tenía una casa pensó que el podría ayudarle a encontrar una adecuada para todos, ella era nueva en y sabía pedir ayuda cuando era necesaria pero no quería a todos los elementos incordiando mientras elegía su nueva residencia así que... Solo Colonnello en una mañana de sábado.
Ya iban por la tercera casa cuando el agente de bienes raíces finalmente se calló y les dejo ver el lugar por su cuenta.
— ¿Que hay de esta? — Pregunto Colonnello viendo a Tsu caminar a la cocina.
— Mhmm... Me gusta, y tiene un lindo patio, puedo ver a Skull y Kuran jugar afuera con Fon meditan aún lado — Sonrió colocándose frente al lavavajillas en donde había una ventana que daba al patio.
Colonnello por su parte también podía imaginar lo que ella decía, y también podía imaginarla a ella preparando algo en la cocina con Lal y Reborn peleando por algo en la mesa de la cocina y Verde durmiendo sobre algunos papeles en una esquina de la mesa, incluso podía ver a Bermuda negando con la cabeza mientras Viper le convencía de usar sus habilidades para abrir un negocio, si, definitivamente se veía viviendo en esta casa.
— Espera — Dijo finalmente al darse cuenta de algo. — ¿Quieres que vivamos todos juntos? ¿Contigo? — Pregunto notando el extraño cambio en la posición de la chica que ahora parecía querer esconder su rostro sin despegar su vista de enfrente.
— Ustedes de todas formas vendrán cuando quiera ... ¿Que tiene de malo querer adelantarme un poco? — Pregunto con la voz algo ¿Dudosa? No esperen ¿Nerviosa? Se acercó con cuidado y de forma rápida le dio la vuelta para ver sus ojos llenos de sorpresa y sus mejillas encendidas de un lindo carmín.
— ¿Me estás pidiendo que viva contigo? Oh Ange no sabía que querías eso, es decir me gusta la idea pero ¿No te parece que vamos algo rápido? — Preguntó de forma juguetona notando las mejillas infladas y la mirada frustrada en su rostro. — ¿Y ni siquiera me hablas bonito primero? ¿Que hay de unas flores? No soy un hombre fácil ¿Sabes?
—¡Cállate! — Murmuró cuando no pudo más de la vergüenza y termino tapando su rostro con sus manos. — No te estoy pidiendo nada... Solo quería tu opinión en... — Mordió su labio y bajo sus manos pareciendo frustrada para luego mirar al suelo. — Nuestra casa... — Susurro despacio apretando sus labios y eso fue todo lo que el rubio necesitó. — ¡¿Que estás haciendo?! — chillo en cuanto la tomo en sus brazos y la dejo en su hombro por sorpresa.
— Está casa es perfecta y está a un buen precio, te ayudaré a pagar la mitad y no aceptaré un no por respuesta. — Dijo mientras miraba alrededor, si no recordaba había una gran mesa en la sala que podría usar, suerte que el corredor de bienes raíces se fue. — Ahora, deberíamos estrenarla — Sonrió dejándola sentada sobre la mesa.
— ¿Estrenarla? ¿De que— fue callada por los hambrientos labios de su lluvia que aprovechó sus protestas para colar su lengua en su boca haciendo que las manos en sus hombros que intentaban alejarlo se volvieran débiles.
— Sabes tan bien... — Susurro en su oído lamiendo su cuello aún sintiendo pequeños golpes y tirones en su espalda.
— ¡No podemos hacerlo aquí! ¡Aún ni la compramos! — Se quejó la chica y el rubio solo disfruto de su jadeo en cuanto apretó su trasero y la atrajo a él haciendo que chocara contra su dura erección. — ¿Cuando...? — Pregunto con algo de vergüenza en su tono.
— Desde que te escuché hablar de nuestro hogar — Contesto sin pudor alguno llevando sus manos debajo de su falda para acariciar mejor sus piernas notando que ya no había resistencia por parte del cielo.
— Solo... Hazlo rápido... — La lluvia levantó la mirada elevando una ceja a lo que ella se sonrojo. — El corredor puede volver y no quiero dejar a Kuran solo mucho tiempo con el resto.. — Se justificó pero el rubio siguió con su mirada y Tsu elevo una ceja hasta que finalmente entendió la mirada y los colores se le subieron al rostro. — ¡Ya se que eres malditamente grande! ¡Solo hazlo antes de que me arrepienta! — chillo apretando sus manos.
Eso fue todo lo que Colonnello necesito oír, y ver.
Rápidamente el frío de la mañana fue olvidado y el calor embargo la habitación junto con el sonido de las respiraciónes aceleradas y pesadas, con los melodiosos gemidos que el cielo dejaba escapar acorde con los pequeños gruñidos de placer que la lluvia producía.
— ¡Demonios! ¡M-Mas despacio! — Se quejó la castaña totalmente arrimada al cuerpo del militar enterrando sus uñas en su piel sin importarle la cantidad de marcas que estaba dejando.
— ¡Lo siento... No se puede! — Respondió con sus manos apoyadas en la mesa, embistiendo cada vez más duro y de forma frenética a su cielo, en su defensa la calidez y lo estrecha que era Ange eran capaz de volver loco a cualquiera y estaba seguro de que si ella no se sintiera la mitad de bien que él no lo estaría apretando tanto... Así que no se iba a detener.
— ¡T-Te D— Un fuerte crack se escuchó y la mesa debajo de ellos cedió ante la presión provocando que ambos cayeran al piso.
Aunque por la sorpresa no pudo evitar caer, si pudo dar la vuelta para que de esta forma fuera el quien cayera y Tsu siguiera sobre él. De esa forma el quedó sentado en el piso en medio de lo que solía ser la mesa de la sala, con Ange sobre él.
Hubo unos pequeños segundos en que ambos tan solo se quedaron viendo el uno al otro antes de estallara en risas.
— No... No puedo creer que rompieras la mesa — Comento entre carcajadas Ange sujetando su estómago.
— ¿De qué hablas kora? ¡La rompimos juntos!
— ¡Te dije que fueras más despacio! — Se defendió limpiando una lágrima imaginaria de su mejilla y dándole una brillante sonrisa a la lluvia. — ¿Se acaba d—
— Creo que tenemos algo pendiente. — Sonrió colocando sus manos sobre la cintura de la chica antes de volver con el ritmo que tenía antes, ya luego pediría que añadieran el valor de la mesa junto con la casa, tan solo esperaba que el piso fuera más resistente...
Finalmente cuando se estaban yendo y Colonnello paso junto al lugar donde trabajaba se dio cuenta de que todas las casas que vieron estaban dentro del mismo área, el de su trabajo y el de Lal... Una sonrisa genuina se formó en su rostro, tenía al mejor cielo del mundo.
