Hola, aquí les dejo capítulo extra por alcanzar los 1000 reviews, GRACIAS.
Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 34
Leah
El hedor a cigarrillo esta impregnado por todo el ruidoso lugar, la iluminación es baja, pero aun se distinguen las personas compartiendo todo tipo de bebidas alcohólicas, unos parecen haber nacido para perderse entre botellas de alcohol del bar, otros solo parlotean sus aventuras como si fuese una gran hazaña. El bullicio me está sacando de quicio al igual que los estúpidos borrachos que se han acercado a mí, ofreciendo su compañía.
Bola de imbéciles.
Mi falda se sube al cruzar mis piernas, no me molesto en bajarla. Las miradas recaen sobre mí, puedo sentirlas.
— ¿Vas a querer otro martini? —pregunta una voz insulza. Es Jared detrás de la barra.
Lo veo. Su ropa de vestir en color negro, lo hace verse un poco mayor. Aunque no deja de ser un jovencito.
¿Qué se sentirá estar con uno?
Leah deja de pensar idioteces, me recrimino.
— No. Son un asco, ser bartender no es lo tuyo.
— Tengo un cóctel especialmente para ti. —flirtea, inclinándose un poco hacia mí—. ¿Quieres probarlo? Es una bebida que yo invente, se llama "para que no me dejen". —suelta una carcajada, burlándose de mí.
— Imbécil. —riño, vaciando el resto de mi bebida sobre la barra.
Un hombre se acerca; me incorporo del taburete, pidiendo que me deje sola. No estoy de humor para soportar ebrios.
Miro mi celular, son casi las 9 de la noche. Marco el número de Edward y entra al voicemail.
— Aquí estoy. —dice la voz aterciopelada que he estado esperando.
Esbozo una enorme sonrisa.
Sigue estando igual de guapo a pesar de verse más delgado; no quiero pensar en el porqué su delgadez, quizá no es feliz, eso debe ser.
Me mata que doble las mangas de su camisa, justo como la está haciendo. Pero mirar los 3 primeros botones de su camisa, sin abotonar, es mi debilidad. Cuántas veces le arranque la ropa para hacerle el amor. Infinidad de veces.
Él también gozaba que lo dominara, no lo puede negar.
— ¿Leah, cuál es la urgencia?
Su pregunta me hace mirarlo con rabia.
¿Tanto aborrece estar cerca de mi?
— Tómate una copa conmigo. —ofrezco.
Busco a Jared con la mirada, él me ve, no exactamente. Esta viendo a Edward y con eso me basta.
— Niño, un whisky doble para mi acompañante y un martini para mi.
Edward se percata de Jared, abre los ojos totalmente sorprendido.
No le doy tiempo a nada, solo tiro de su mano, guiando a buscar una mesa lo más apartada posible. Él zafa su mano, haciéndome rodar los ojos.
— No tengo tiempo de esto, estoy cansado y quiero llegar a casa. —dice, quedándose de pie—. Me desvíe del camino porque dijiste que teníamos algo importante que hablar.
— Te ves terrible.
Rueda los ojos. Sus manos descansan sobre el respaldo del taburete, miro sus dedos y no lleva nuestra alianza de matrimonio.
— Hey, Edward. —Jared interrumpe, poniendo nuestras bebidas en la mesa—. Hoy visité a Bella. Por cierto, tu bebé es hermosa, nada que ver contigo.
Imbécil.
— No digas mentiras, Bella no quiere saber nada de ti. —responde Edward con total convicción.
Al parecer Jared sigue de rogón con la mustia.
— Bella me aceptó de nuevo, y esta vez no voy a fallarle.
Edward entrecierra los ojos, dudando de lo dicho.
— Jared —le llamo, al tronido de mis dedos—. ¡Lárgate de una vez!
Éste mueve su mano sobre mi rostro, despidiéndose con su estúpida sonrisa.
La cara de Edward es de total amargura. Río por ello.
— ¿Cómo están mis hijos?
Mi pregunta lo hace resoplar, sin embargo decide sentarse frente a mi.
— Eres una hipócrita. Derek cumplió años y te hiciste la desentendida. No respondiste ni una sola de mis llamadas, así como tampoco lo haces con ellos.
La vena de su frente está exaltada, su enojo me gusta. Al fin está donde quiero.
— Tú no me has dejado verlos.
Mi voz de víctima me asusta. Del mismo modo que parece asustarle a él.
— ¿Qué dices?
— Me has pagado mucho dinero para que no me acerque a mis hijos, al igual que me has amenazado por teléfono para que me aleje de ellos.
— Estás loca, yo nunca haría nada de eso, no mientas.
— Entonces qué significa todos los cheques que has girado en mi nombre, cariño.
— Sabes bien que ese dinero, tú, lo pediste. Lo usaste para viajar, darte la buena vida, no te hagas la tonta. —refuta, bastante exaltado.
— No, yo no he viajado a ningún lado. Fuiste tú quien me dió todo esas cantidades de dinero a pago por desaparecer de la vida de nuestros hijos. Yo no acepté tus chantajes y fui en busca de ellos, ¿y qué me gané?, me sacaste a halones de tu oficina, al igual que de tu casa, ¿no lo recuerdas?
Su expresión me dice, que sabe lo que hablo.
— Dejaste marcados tus dedos en mi piel, tengo evidencias de los cardenales en mis brazos. También hay testigos de lo ocurrido, Irina, James, demás empleados y el portero de tu penthouse.
— ¿Qué pretendes, Leah?
— Tengo todo a mi favor para acusarte de violencia doméstica y quitarte a mis hijos. Si quiero, puedo obtener la custodia total y mandarte encarcelar por lo que me has hecho.
— Estás mintiendo, lo sabes.
Le doy un sorbo a mi martini, sin dejar de ver su cara de estupefacción. Después de un rato de silencio, la copa del martini esta vacía, relamo mis labios, todo bajo su mirada asesina.
Sonrío.
— Todo te culpa, cariño.
Bufa a la vez que aprieta de nuevo el puente de su nariz por unos segundos.
— ¿A dónde quieres llegar? —cuestiona.
Me inclino por sobre la mesa, haciéndolo retirarse de mi rostro.
— Hay algo que quiero y, que sólo tú, me puedes dar.
Suelta una risita, creyendo haber adivinado mis pretensiones.
— ¿Dime cuánto dinero tengo que darte esta vez?
Miro por sobre su hombro; el niñato de Jared nos observa mientras se hace tonto sirviendo bebidas para algunos hombres que hay en la barra.
Aprovecho para inclinarme hacia Edward dándole una buena vista de mis senos, los que casualmente luzco con gran escote, sin dejar mucho a la imaginación. Éste se pone rígido por mi cercanía, mas no se aleja.
— Quiero una noche... contigo. —susurro en su oído.
— ¿Acaso te has vuelto loca? —indaga incrédulo.
— Tengo la necesidad de pagarle con la misma moneda, a la estúpida mustia que vive contigo.
— ¡Vete al infierno! —me enfrenta, se pone de pie con tanta prisa que el taburete se tambalea. Da media vuelta, saliendo entre los borrachos.
— Maldita seas Isabella. —murmuro, echando mierda a todo el que se atraviese en mi camino, lo sigo.
El bochorno golpea mi cuerpo al salir del lugar, siempre suele ser así las últimas noches del verano, es la peor temporada de Chicago. Apresuro mi paso detrás de Edward, entretanto unos hombres me ven extraño mientras comparten un cigarrillo escondidos en la oscuridad del aparcadero.
— Estoy dispuesta a retractarme de todo, también te cederé la custodia de mis hijos. A cambio de una noche entera. —chillo tras su espalda, él se detiene a medio aparcadero.— Solo quiero desquitarme de lo que me ha hecho, te juro que si aceptas, no volverás a saber de mi.
Se entorna hacia mí, no distingo su rostro, mas pudo imaginar la rabia que está sintiendo.
Lo conozco tan bien, sé a la perfección sus puntos débiles. Así como él también sabe de todo lo que soy capaz.
— Tengo una reserva en la mejor suite The Langham, esta noche, ¿te parece, cariño? En ese hotel la hemos pasado bien, es como recordar viejos tiempos, ¿no crees?
Edward está frente a mí, estoy segura que ahora quiero apretar mi cuello y matarme con sus propias manos, es una pena que no pueda.
— No, no iré a ningún lado. Tus chantajes no me interesan, solo me confirman la clase de ser tan despreciable que elegí para madre de mis hijos, y no tienes una idea de lo que me arrepiento que sea así. No mereces que te quieran, como lo han hecho siempre.
Sus palabras se clavan en mi pecho, y duele. Pero no voy a demostrarlo, si yo no soy feliz, él tampoco lo será. Así de fácil.
Da media vuelta, dejándome sola. Se ha marchado. Sin importarle lo que pueda pasarme en este lugar.
Mas el sonido de mi móvil me hace sonreír.
...
Edward
Después de dejar a Leah a mitad de la oscuridad de un solitario aparcadero, había conducido como un loco por la interestatal, hice también un par de llamadas al móvil de Black hasta que obtuve su respuesta. Hablé con él en el trayecto de regreso a casa, poniéndolo al corriente de lo hablado con mi ex mujer, por supuesto, omitiendo lo de la propuesta. Jacob ajeno a eso último, me advirtió que Leah tiene la sartén por el mango, dejándome claro que teniamos que reunirnos para examinar los posibles caminos a elegir. Me había dicho que cualquier cambio exigido por alguno de los dos, debía ser por la vía legal.
Aún con mi mente llena de las ruines palabras de Leah; llego a casa, dejándome caer en el sofá, alargo mis piernas a la vez que echo mi cabeza hacia atrás.
La quietud de la estancia me hace erguir la cabeza, echo un vistazo hacia todos lados, no es normal el silencio en esta casa, no importa que sean las 10 de la noche, aquí nunca hay esa extraña calma que hoy se respira.
Recorro la cocina, todo se ve en perfecto orden a excepción de un par de tazas que hay en el fregadero, sigo mi búsqueda por el pasillo, los dormitorios continúan con la misma calma, entro a nuestra habitación comprobando que Bella y Erin no están en casa, captando mi atención la pañalera de mi hija sobre la cama.
Me dispongo a llamar a su móvil, cuando los murmullos en la sala me devuelven la tranquilidad.
Me vuelvo sobre mis pasos, llegando a la estancia dónde todos se hayan sobre los sofás compartiendo risas, hay una caja de pizza sobre la mesa de centro, que hace un rato no estaba, y mi vista no ubica a Isabella y mi bebé.
— Edward, parece que has visto a un fantasma. —escucho decir a James.
No pongo suficiente atención a lo que continúa hablando porque me centro en la llamada que estoy haciendo a Bella, sigo el sonido que sale de la cocina, mirando su teléfono móvil sobre la encimera. Tomo en mis manos el celular el cual tiene varias llamadas perdidas; de Irina y mi última llamada.
— ¿Dónde está Bella? —hago la pregunta en voz alta.
Ian es el primero que se remueve, me mira encogiéndose de hombros. Jasmine se baja del regazo de su padre echándose a correr en el pasillo. Derek camina hasta mi dando una palmada a mi espalda.
— Quizá salió con Irina. —dice éste último.
— No, porque hay varias llamadas perdidas de ella. —les muestro el móvil de Bella.
Mis hijos y James cruzan miradas, volviendo su atención a mi.
— Tal vez salió a caminar —comenta James—. Hermano, déjala respirar.
No, ella nunca saldría sin el maletero de Erin, tampoco dejaría su celular. Aquí hay algo que no encaja y estoy seguro que tiene que ver con Jared. Él tuvo contacto con ella, él mismo lo dijo.
Sin pensarlo mucho busco en los contactos de Bella el número de Jared, éste no responde y su rechazo me hace desconfiar. También llamo a Irina y ella me dice que no sabe nada de Bella desde en la mañana. Como última opción me comunico con Paul dejándome saber que no ha sabido nada de ella desde dos semanas.
— Voy a salir a buscarlas. —aviso.
No he dado ni cuatro pasos y James me detiene.
— Tranquilo, Edward. No puedes alterarte de esta manera, tan solo porque tu mujer no está.
Me zafo de su agarre.
— No entiendes, Bella está desaparecida junto con Erin. Oh... cómo le llamas a qué su móvil y la pañalera de mi hija, estén aquí, ella nunca dejaría a nuestra bebé sin su cambio de pañal o leche.
No me detengo a escuchar respuestas. Pues los murmullos tras de mí, me hacen saber que vienen conmigo. Juntos recorremos el largo pasillo mientras Ian y Derek se han divido tocando cada puerta de los vecinos adjuntos a nuestro apartamento, sin que ninguno la haya visto el dia de hoy. Lo mismo sucede cuando James me dice que el portero no la vio salir.
Tiro de mi pelo, mirando en todas direcciones de la carretera.
— Pá... —dice Ian a mi espalda, me vuelvo a él y veo que agita su móvil delante mi—. Es mamá, quiere hablar contigo.
— Leah, créeme que no estoy de humor para soportarte.
— Pensé que querías saber dónde está tu bebé... es muy bonita.
Erin...
Les dije que Leah venía muy fresca, por cierto, muchísimas gracias por cada comentario que me dejan, hoy solo pude responder algo breve. Disculpen mi pésima ortografía.
Daniela, estaba escribiendo cuando leí tu review, aquí esta tu petición, besos. Jessi, hola, muchas gracias por tu comentario, ¿seguirás sintiendo lastima por Leah? Besos. Yoliki, hola, andaban muy calurosos esos dos, besos Rocío, creo igual que tú, pero también sería bonito que se le haga su sueño realidad, veremos que sucede, besos. Crister11, me alegro que te guste, besos. Flor Mcarty, vuelve a dar alerta al fic, besos. Vanina Iliana, espero que no venga a desincomodar, besos. Vane, seguro harás coraje con Leah, besos. Quiin94, oh, y volví a dejarte con la intriga, besos. LittlePieceOfMyMind, creo que todas lo han querido matar, James se ha pasado de bobo, besos. Pera I.t, también me cae bien Irina por eso no sé qué decisión tomar respecto a James, besos. Nancygov, ¿qué te pareció Leah? Mejor no te pregunto, besos. Diannita Robles, también siento feo por ella, pero sigo sin decidirme, besos. Techu, se me hace que James pronto descubrirá el secreto de Irina, besos. Jane Bells, a ti te mando un abrazo tipo Emmett, besos. Adriu, no, él no ha pensado aun en matrimonio:( besos hasta Ecuador. mrs puff, no, no llegó Edward pero si supo de Jared, besos.
GRACIAS TOTALES POR LEER.
