Disclaimer: Los personajes pertenecen a J. K. Rowling y la trama a camnz.


Hermione se sentía pensativa. Odiaba el conocimiento que tenía en la cabeza. Trataba de distraerse leyendo e ignorando a la gente a su alrededor. Sintió que pasaron horas antes del regreso de Draco. Se sintió aliviada el momento en que lo vio. Era obvio que se habían divertido. Su cabello estaba revuelto de la forma en que sólo el mar y la arena podían dejarlo. Se había protegido del sol de alguna manera, porque su pálida piel no parecía haber sufrido de horas bajo el sol.

–¿Pasa algo malo? –le preguntó él mientras ponía sus cosas en el camastro junto al suyo; el sol se estaba poniendo, así que la única razón para estar ahí era alejarse un poco de los demás.

–Ha sido un día difícil –dijo ella.

–¿Por qué? –dijo él más enérgicamente.

–No es nada –dijo ella, no sabía cómo abordar el tema ahora que él estaba ahí; era claro que no le creía–. Vi algo que tal vez no debería haber visto.

Él alzó las cejas un poco. Estaba esperando que ella se explicara. Ella se sentó de manera que daba la espalda a la gente que estaba en la mesa de más allá.

–Fui al zoco con algunas de las personas de ahí –dijo ella–, y me encontré a Theo con alguien que no era Daphne. Y cuando digo "con", quiero decir "con", en un sentido carnal.

Draco se sentó un momento en su silla.

–No sé qué hacer –dijo ella–. Daphne no tiene ni idea y corre por ahí comprando cosas para la boda.

–No te involucres –dijo él después de un rato–, no te concierne.

–¿Cómo puedes decir eso? –lo retó–. Ella merece saber –ni siquiera quería entrar en detalle de con quien la estaban engañando porque eso era perturbador a otro nivel.

–Están comprometidos. Ella está mejor sin saber.

–No, ella necesita saber ahora, para que pueda tomar decisiones sobre su propio futuro.

–No entiendes –dijo Draco en voz baja–. Están comprometidos, es prácticamente un acuerdo coercitivo. Daphne es la responsabilidad de Theo. A él le corresponde decidir cómo va a llevar su casa.

–¿Qué quieres decir con que es coercitivo?

–La boda en sí es una formalidad, el tipo de compromiso que tienen es obligatorio. Ameritaría algo astronómico para romperlo, y no va a terminar porque él se enrede con alguien. Su unión es un acuerdo entre las familias, seguirá adelante a como dé lugar.

–Eso es bárbaro –Hermione estaba mortificada.

–Así es como es. Es mejor que ella no sepa. Ella es la responsabilidad de Theo y si él quiere mierda en su propia casa, eso es asunto suyo.

–Eso es completamente intolerable –soltó ella.

–Dile si quieres, pero ¿qué beneficio le va a traer?

Hermione cerró los ojos. Tenía náuseas. Por un lado él tenía razón, si no cambiaba nada, ¿qué beneficio le traería? ¿Querría ella saber si estuviera en los zapatos de Daphne? Hermione miró a su novio. ¿Querría ella saber? Le rompería el corazón. ¿Preferiría vivir en una ilusión o saber? Estas espantosas preguntas daban vueltas en su cabeza. La devastaría si llegara a saber que él le mentía o que la engañaba. No tanto el acto en sí, pero el saber que la relación entre ellos no era lo que pensaba. Sería algo diferente. Algo menor.

"Por favor, no me lastimes", imploró en su propia mente.

Él se inclinó y la tomó de la mano. –Ya que mañana es mi cumpleaños ¿qué tal si hacemos otra cosa? Hagamos algo diferente, sólo tú y yo –ella tuvo la sensación que quizá el trataba de distraerla de la incomodidad relacionada con la gente a su alrededor. Y había atinado, ella no quería eso en su cerebro, quería huir de ellos y no pensar en ellos o en sus serios defectos. Necesitaba darle la espalda a eso.

–¿Qué haces normalmente? –preguntó ella.

–Normalmente, me pongo muy borracho y alguna golfa juega con mis partes –dijo con una sonrisa irónica. Ella se encendía cuando bromeaba así. Sentía esa endiablada sonrisa como si le diera directo una lámpara de mil watts. Era muy bueno para distraerla.

–Yo puedo ser una golfa –dijo ella provocativamente.

–Bueno, entonces pienso que este será el mejor cumpleaños que he pasado.

Cenaron con todo el grupo, pero se centraron en el pequeño mundo entre ellos, el mundo donde todo era perfecto. Ni Pansy podía entrometerse si lo intentaba. No había nada en el mundo mejor que Draco cuando era juguetón. Él intentaba mezclar sabores extraños en su comida justo cuando trataba de tomar un bocado. Tenía que proteger la integridad de su tenedor. Y fue en ese momento cuando se percató que lo amaba.

No estaba totalmente segura de qué conllevaba eso, pero sí cambiaba las cosas. Se había estado conteniendo. Siempre había una parte de ella que no lo dejaba acercarse. Era una demarcación invisible, pero había desaparecido. Y era alarmante.

Se quedaron un rato después de la cena. Tenían compañía, pero ella se había olvidado por completo de ellos. Sólo servían como torturante anticipación para cuando estuvieran solos de verdad.

También era un poco diferente cuando la tocó después. Era más dulce. Pasaron horas en la cama, sin dormir.

–Vámonos –dijo él la tarde siguiente.

–¿A dónde vamos?

–Ya lo verás.

Hermione le rodeó la cintura con sus brazos y sólo cerró los ojos mientras él los aparecía. Llegaron a otro recibidor. Arenisca pulida por todos lados, y arreglos florales enormes. Draco la instó a que lo siguiera y lo hizo. Estaban en otro hotel. Iban a pasar una noche lejos de los demás, sólo ellos dos. Hermione sintió la emoción burbujear en sus entrañas.

Los horribles sentimientos del otro día se habían evaporado, al menos por ahora. Hermione no los quería instalados en su mente, destruyendo sus vacaciones y este precioso tiempo. No había nada que pudiera hacer al respecto y en esencia no era su culpa.

Entraron a una habitación con enormes puertas abiertas hacia un balcón. La habitación tenía los mismos colores tenues de la arena, pero la vista, no había más que pirámides. Tres de ellas, gigantes. Podía ver gente en la base, parecían hormigas.

–Esto es increíble –dijo ella.

–¿Te gusta?

–Me encanta.

–Bien. Ahora, ya fue suficiente de la vista. Hay una cama ahí.

–¿En serio? Y es tu cumpleaños y todo.

Simplemente no tenía suficiente. Quería tocarlo constantemente. Casi se sentía consternada cuando no podía. No quería pensar cómo se veía. Siempre había hecho muecas a los ridículos ojos saltones que tenía la gente cuando estaba enamorada. No se sentía ridículo, se sentía absolutamente profundo y cautivador.

Draco la llevó escaleras abajo para la cena. Estaba vestido un poco más formal esta noche, se había puesto su traje negro, aunque hacía mucho calor para el saco, y lo llevaba colgado de su hombro. Hermione estaba asombrada de lo endemoniadamente atractivo que era él. Ella nunca, nunca, se permitió tener ese pensamiento en la escuela, pero simplemente lo era. Su cabello estaba pulcro, un poco fuera de la cara así que podía ver sus encantadores ojos grises, y esa boca tan llena que la hacía sentir mareada cuando la veía.

Había césped afuera del hotel, de cara a las pirámides y había una estructura de madera donde aparentemente iban a comer. El sol se estaba poniendo y era cálido más no opresivo. Había una mesa baja y muchos almohadones. No había sillas, sólo almohadones.

La vista era espectacular, el sol poniente hacía resplandecer todo con tonos dorados y rosas y rojos cálidos. La comida llegó no mucho después de que se sentaran. Eran platillos egipcios tradicionales mágicos. Condimentados y picantes, y tenían que comer con las manos.

–Ya que es mi cumpleaños, creo que la ocasión amerita un poco de champaña –le llenó el vaso.

–¿Estás tratando de emborracharme?

–Por supuesto –sonrió él. Ella no pudo evitar corresponder la sonrisa. En realidad no le importaba estar un poco mareada. La ocasión era perfecta, la ubicación era espectacular y la compañía impresionante.

Comieron y platicaron, y lentamente los alrededores se tornaron oscuros, excepto las pirámides que estaban iluminadas con una especie de luz verde. También estaba haciendo más fresco. Ella tuvo que acurrucarse ya que estuvieron sentados y platicando por mucho rato. Cuando hizo más frío decidieron subir a su habitación.

Hermione se puso un suéter. No quedaba espectacular con su vestido, pero no le importó. Draco abrió otra botella de champaña y sirvió para ambos.

–Tengo un regalo para ti, aunque siento que todo este día ha sido un regalo –dijo ella.

–Todavía no termina.

Fue a su bolsa y sacó un regalo envuelto.

–Es algo muggle, sé que no son tus favoritos, pero es sumamente práctico y cuando lo vi pensé en ti.

–¿Algo muggle, eh? –preguntó él. No parecía enojado. Le había preocupado que reaccionara mal a recibir un regalo muggle, pero comprarle regalos era difícil. Él tenía todo.

Lo sostuvo frente a ella para él y él lo tomó y lo desenvolvió. Abrió la larga caja negra para revelar un brillante bolígrafo de plata.

–Es un bolígrafo. Un instrumento de escritura muggle. Lleva su propia tinta y dura mucho. Años. Es bueno para cuando necesitas escribir sobre la marcha.

–¿Un bolígrafo? Es bonito –podía decir que le había gustado. A él le gustaban los objetos elegantes de plata.

–Y cabe en tu bolsillo.

–Las plumas de ave se ven raras en el bolsillo.

–¿Te gusta?

–Sí –dijo y la besó. Puso la pluma con cuidado en el escritorio y la jaló hacia el balcón. Le quitó la copa de champaña de la mano y la puso en la mesa. Entrelazó sus dedos con los de ella y la acercó a él.

–Hay otro regalo que yo estaba esperando.

–¿Eh? –dijo Hermione y tragó en seco. Esto se sentía intenso. Él le masajeó ligeramente los dedos, y levantó su mano para besar la punta de su dedo índice.

–Tú.

–Ya me tienes –dijo ella.

–Quiero decir, quiero que seas mi responsabilidad –dijo él. Hermione captó el significado. Oh, esto en verdad era intenso. Ella parpadeaba, tratando de que su mente respondiera. Él la atrajo hacia sí y la besó. Ella se derritió. Algo en el fondo de su mente le decía que entrara en pánico, pero luego estaban los besos, y simplemente era muy dulce.

Él interrumpió el beso y acarició el costado del cuello con los labios. Eso era completamente injusto, eso le nublaba la mente por completo.

–¿Me amas? –preguntó él.

–Sí.

–Entonces di que sí.

Su mente funcionaba muy lento, no del todo bien y él la distraía con lo que hacía en su cuello. Sus manos le recorrían el costado y ella sentía su fuerte cuerpo tensarse cuando él la acercaba aún más. Había sonidos de alarma en su cabeza, pero ella también sabía que era verdad, lo amaba.

–Di que sí –repitió él.

–Sí –dijo ella y se sintió como un alivio.

Él la besó, más fuerte, posesivamente. Ella había hecho algo importante y así se sentía. Había una crudeza nueva y un nuevo nivel de necesidad. Él invadió su boca con la lengua, pero ella necesitaba más que su lengua. Necesitaba que él le mostrara que había tomado la decisión correcta.

Su vestido había desaparecido, no se dio cuenta como o cuando. No era como que le importara, las manos de él estaban en su piel y ella sentía que lo necesitaba. Donde él la tocaba irradiaba calidez y sensaciones. Luego su peso sobre ella, estaban en la cama. No había notado eso tampoco, estaba muy distraída. Amaba la sensación de él en ella, el peso y la firmeza de su cuerpo.

Se levantó de ella y trazó un camino de besos por su pecho. Su cuerpo estaba en llamas, lo necesitaba con desesperación. Pero estos provocativos besos le daban un poco de alivio.

Oh Dios, había aceptado ser suya. Haría esto con él, para siempre. Eso daba miedo, pero por otro lado era un alivio porque no estaba segura que podría vivir sin eso.

Él regresó con su cara justo encima de ella. La estaba viendo a los ojos mientras entraba en ella. Hacía eso cuando quería su total y completa atención. Hermione dejó que la sensación de plenitud y saciedad la invadiera. Lo necesitaba desesperadamente, pero él no se dejaría apresurar. Él hacía salir cada exquisita sensación hasta que ella creía que ya no podía más. En realidad no podía, se vino.

–Eso es trampa –sonrió él. Su clímax sólo duró hasta que él se empezó a mover con más vigor. La tensión regresó como una venganza, hasta que ella no pudo más que esforzarse para lograr más contacto. Pudo sentirlo tensarse para su clímax y fue demasiado cuando se le unió.

Lentamente recobró sus sentidos. Él yacía sobre ella, su peso muerto la empujaba al colchón. Ella lo rodeó con sus brazos y la realidad de lo que acababa de hacer empezó a asentarse.


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