Descargo responsabilidades, Glee no me pertenece, su dueño es el Sr. Ryan Murphy.
Rachel y Quinn, ya habían llegado a Irlanda, en este momento iban en un taxi a la casa de la morena, Quinn sonreía viendo como su chica miraba toda la ciudad, sonreía por la felicidad que mostraba por regresar al lugar que fue su hogar por mucho tiempo y que tantos buenos recuerdos le traían.
-Señorita llegamos – anuncio el taxista.
-Claro, aquí tiene – la morena le entregaba dinero – Vamos – miro a Quinn y esta asintió, juntas bajaron del auto, el taxista les ayudo a bajar las dos pequeñas maletas que traían, el taxista se fue y juntas miraban la entrada de la casa.
-Es bonita – comento Quinn.
-Mi papá Hiram la construyo, pero fue mi papá Leroy, quien escogió el diseño – recordaba a sus padres – Entramos – miro a la rubia y esta asintió.
Entraron a la casa que era sencilla, pero apenas entrabas en ella podías darte cuenta, que era un lugar muy acogedor, a pesar de que nadie la habitaba te daba una sensación de tranquilidad, de paz, sus paredes, su colores, trasmitían amor.
La morena se paro en medio de la sala y suspiro, tanto recuerdos venían a su mente, miro cada uno de los cuadros que seguían colgados en las paredes de la casa, en las repisas, veía fotos de ella y sus padres, de ella y Amelia, como deseaba tenerlos con ella, lagrimas mudas empezaban a caer por su rostro.
-¿Estás bien? – la rubia abrazo por detrás a la morena.
-Si, es solo que, nunca imagine que algún día iba a estar en esta casa y que mis padres y Amelia no estuvieran – intentaba limpiarse las lagrimas.
-Estoy segura, que ellos están feliz, de que estés aquí – le daba un beso en la mejilla.
-No lo habría echo sin ti – ponía sus manos encima de las de la rubia.
-Siempre estaré contigo Rach, siempre – se abrazaba las a la morena.
-Vamos a mi habitación – le propuso.
-Ya decía yo, que para eso me traías – bromeo.
-Si pues, para eso, ¿para que más? – también bromeo – Pero en serio, vamos a mi habitación, quiero que la conozcas – la rubia asintió, cogieron las maletas y juntas subieron las escaleras.
Entraron a la habitación de la morena, que era parecida a la que tenía en Ohio, pero más grande, estaba vacía, ya que la morena cuando se fue, empaco todo, aunque todavía conservaba algunas fotos de sus padres y Amelia.
-Es grande – la rubia se sentaba en la cama.
-Papá Leroy siempre estuvo obsesionado, con el tamaño de las habitaciones – sonrió.
-¿Por qué? – vio como la morena se sentaba a su lado.
-El solía decir que entre mas grandes mejor, así no tendrías problemas, si querías meter una mesa de billar – se encogía de hombros.
-Entiendo – sabia que su suegro tenia un poco de razón - ¿Puedo utilizar el baño? – señalo una puerta.
-Estas en tu casa, además antes de venir, le pedí a mi padrino que mandara a limpiar todo, así que no hay problema – explico.
-¿Veremos a James? – pregunto curiosa la rubia.
-Por supuesto – sonrió y la rubia termino por meterse al baño.
-Rachel… - la rubia salió del baño pero no encontró a la morena – Rachel…-empezó a llamarla pero no había señales de la morena, salió de la habitación y unos metros mas adelante, había una puerta abierta, se acercó, entro y vio a la morena parada en una repisa viendo unas fotos.
-Es la habitación de mis padres – la morena se giro para mirarla.
-Es linda – miraba la habitación, parecía mas grande que la de la morena, tenia varios muebles, un escritorio, una cama bien grande, muchos cuadros, pinturas, estaba arreglada, como si todavía durmieran ahí.
-Como te dije, mi padre tenia una preocupante obsesión, con las habitaciones – sonreía - ¿Estás lista para salir?.
-¿Dónde iremos? – eran las diez de la mañana.
-A que conozcas a mis padres – la rubia asintió, sabia que la morena quería ir al cementerio.
…
-Hola papá – tocaba la tumba de su padre Hiram – Hola papá – esta vez tocaba la tumba de su padre Leroy – se arrodillaba y colocaba los ramos de rosas, mientras Quinn estaba parada atrás de ella, con una ramo en las manos, que era para Amelia – Los extraño – bajaba un poco su cabeza – Traje a alguien conmigo – se giro un poco, para mirar a la rubia - Ven, acércate – la llamo, la rubia hizo caso, se arrodillo a la altura de la morena y puso el ramo que tenia en las manos a un lado.
-Ellas es Quinn, la mujer de mi vida – miro a la rubia.
-Hola Señores Berry – los saludo, le parecía un poco raro hablarle a dos tumbas, pero sabía que era importante a la morena.
-Quiero que la conozcan y nos de sus bendición, ella me hace feliz y sé que si estuvieran vivos, estarían encantados con ella, es mas, creo que ya la quisieran mas que a mi – la rubia sonrió y la morena la miro.
-Quinn te amo, eres lo mas especial e importante que tengo en la vida, además de toda mi familia, por eso aquí delante de mis padres te quiero preguntar, ¿si te gustaría volver a ser mi novia? – la miro tiernamente y la rubia la miro sorprendida.
-¿En serio? – no lo podía creer.
-Si aceptas me harías la mujer mas feliz de este mundo, esa fue una de las razones por la que te pedí, que vinieras conmigo, entonces ¿Aceptas? – la miraba expectante.
-Claro que si mi amor – se abalanzo a los labios de su ya novia.
-Te amo… te amo – susurraba la morena sobre los labios de su novia.
-Yo te amo mas – seguía besando a su novia.
-Quinn mis padres – la molestaba un poco, la rubia se separo de ella.
-Lo siento señores Berry – se sonrojo, como si los hombres pudieran verla.
-No lo sientas si, lo dije por molestar, además me encanta que me beses – nuevamente se acercaba a besarla.
-Sera mejor que vayamos a ver a Amelia – señalaba una tumba que estaba unos metros mása la derecha – la rubia asintió - Bueno papá y papá, me voy feliz porque sé que, de donde estén me han dado su bendición –tocaba por ultima vez las tumbas de sus padres – Los amo – termino de decir y se levanto.
-Señores Berry les prometo que hare muy feliz a su hija, la amo, ella… ella es el amor de mi vida y siempre… siempre estaré con ella, me hubiera encantado conocerlos, pero lamentablemente el destino no lo quiso – la morena sonreía por lo que estaba haciendo su novia.
-Vamos – la morena le tendía una mano, para ayudarla a levantarse.
-Adiós Señores Berry – acepto la mano de su novia, se levanto y juntas caminaron a la tumba de Amelia.
-Hola mi amor – la morena nuevamente se arrodillaba, pero esta vez en la tumba de su mejor amiga – Te extraño sabes – colocaba el ramo de flores – Traje a Quinn conmigo – señalaba a la rubia que estaba atrás de ella – Seguí tu consejo, al principio me porte como una idiota, pero bueno, estoy aquí y nuevamente es mi novia – sonreía feliz – Ven – nuevamente llamaba a su novia, esta se acercaba y se arrodillaba junto a ella.
-Hola Amelia – también saludaba a la chica, cogió la mano de la morena, se miraron y se sonrieron tiernamente.
…
Las Faberry caminaban cogidas de la mano por las calles de Dublín, específicamente de dirigían al puente O'Connell, unos de sus lugares preferidos de la morena y la rubia llevaba su cámara.
-Llegamos – anuncio la morena, se desprendió de su novia y corrió al centro del puente.
-Es hermoso – la rubia llego a la altura de su novia.
-Lo es – respiraba profundamente, como queriendo captar cada uno de los olores, que se hacían presentes y ese momento un Flash llamo su atención - ¡Oye! – la rubia la apuntaba con la cámara – Déjame ver – le pedía.
-No – salía corriendo.
-Quinn, déjame ver – intentaba alcanzar a su novia.
-Solo si me alcanzas – jugaba con ella, la morena sonrió y en un momento de descuido de la rubia, la agarro.
-Te tengo – la abrazaba por la cintura
-Hiciste trampa – hacia pucheros.
-Déjame ver – nuevamente le pidió, resignada la rubia le enseño.
-Vaya eres muy buena, demasiado, incluso me sacaste muy guapa – miraba la foto con detenimiento.
-Es que eres guapa y sexi – la rubia besaba la nariz de su novia.
…
-Es aquí – la morena le señalaba a su novia una cafetería – Otro de mis lugares preferidos de Dublín, sirven el mejor café – le abría la puerta a su novia para que entrara y se sentaba en una mesa, esperando que alguien les viniera a coger la orden.
-Pero si es Rachel – una chica rubia muy guapa, de unos 20 años se acercaba a su mesa.
-Caroline – la morena se levantaba de la mesa, para saludar a la chica.
-Pero… pero tanto tiempo, no sabes lo feliz que estoy de verte – prácticamente se le tiro encima a la morena y le daba dos besos en la mejilla, parecía demasiado emocionada, para el gusto Quinn, que frunció el ceño, la morena se dio cuenta de eso, así que decidió actuar.
-Eh… Caroline, ella es Quinn mi novia – señalo a la rubia.
-Hola Quinn – ni siquiera la miro.
-Hola Caroline – le daba una mirada asesina a la rubita esa.
-Caroline, porque mejor, no nos traes dos cafés especiales y las galletas de siempre – quería evitar que Quinn se le fuera encima a la chica.
-Claro Rach – le sonrió a la morena y rápidamente se fue por la orden.
-Vaya, estas chicas de aquí son, bien efusivas – dijo la rubia con toda la ironía del mundo y se cruzaba de brazos.
-Solo esta feliz de verme, es normal ya que hace mucho que no venia – intentaba explicar la actitud de la chica.
-Claro - seguía cruzada de brazos, la morena sonrió.
-Sabes que solamente y únicamente te amo a ti ¿verdad? – cogía la mano de su novia y esta finalmente sonrió.
-¿Rachel? – alguien interrumpía el momento.
-¿Megan? – a la morena se le ilumino el rostro y rápidamente se paro de la silla para saludar a la chica, que también la saludo de manera efusiva y Quinn no pudo evitar ponerse incomoda, suficiente había tenido con la rubita esa.
-No sabia que ya estaba aquí – Megan se separa del abrazo.
-Llegue en la mañana ¿Mi padrino no te había dicho que llegaba hoy día? – le pregunto.
-Si me dijo que vendrías, pero no me dijo el día – explico y esta vez miro a la rubia.
-Eh… Megan, ella es Quinn mi novia – señalo a la rubia.
-Hola Quinn – le tendió la mano a la rubia.
-Hola – acepto la mano de la chica.
-Quinn, ella es Megan la hermanan de Amelia – ahora si la rubia se sintió avergonzada
-Un placer conocerte Megan – esta un poco sonrojada.
-El placer es todo mío – sonreía – te quedaste corta, es muy hermosa – la rubia terminaba por sonrojarse.
-Ni me lo digas – se dio cuenta como Caroline, venia con la orden – ¿Por qué no te sientas con nosotras?.
-Claro – la chica abrió una de las sillas y se sentó.
-Rach, aquí esta tu orden – ponía las tazas de café encima de la mesa, junto con el plato de galletas.
-Podrías traer un café para ella – señalaba a Megan.
-Claro Rach – le guiño un ojo a la morena, Quinn rodo los ojos, Megan se dio cuenta de la situación y solo sonrió.
-¿Y cómo estás? – la morena le preguntaba a Megan.
-Bien, intentando seguir adelante – se ponía un poco triste, la morena sabía que era por Amelia – Horita estoy trabajando Four Courts Press – comento.
-Tu café – Caroline nuevamente llegaba a la mesa.
-Gracias – Megan le sonrió a la chica.
-Me retiro – Caroline miro a la morena y termino por irse.
-¿Y Thomas y Diana? – la morena quería saber como estaban.
-En casa, después de lo de Amelia, no han querido salir del país – suspiro.
-Me imagino – la morena también suspiro.
-Pero cuéntenme, ¿Cómo están? – las miraba a las dos con una sonrisa.
-Bien, estamos mejor que nunca – la morena miraba a su novia con cara de enamorada.
-Me alegro, que hayas encontrado la felicidad, mi pequeña mariposa – también tenia la costumbre de llamarla así – Mejor dicho me alegro por las dos.
-Gracias – dijeron al mismo tiempo las Faberry.
Estuvieron un rato charlando, hasta que Megan tuvo que irse, no sin antes hacerles prometer a las dos que se darían una vuelta por la casa de los Harrison, las chicas se quedaron un rato mas, pero después decidieron irse, Caroline tardo como dos minutos en soltar a la morena, después de que esta se había acercado a despedirse de ella, ganándose mas de una mirada asesina de Quinn. Decidieron caminar un poco mas por la ciudad, hasta que se hizo la hora de cenar, fueron al restaurant vegano favorita de la morena, después de eso fueron al cine y en este momento ya estaban regresando a la casa.
-Estoy muerta – la morena se tiraba a uno de los muebles.
-Y yo – la rubia se tiraba junto a su novia y se acercó para besarla, el beso poco a poco se fue tornando más pasional, al punto que la rubia ya estaba encima de la morena, Quinn comenzaba recorrer el cuello de la morena con su lengua y empezaba a realizar sensuales movimientos sobre ella.
-Quinn…- comenzaba a gemir la morena.
-No quieres…- susurraba de manera sexual, en el oído derecho de la morena.
-Vamos a la cama – le sugirió y la rubia asintió.
Entre tropezones y besos se dirigían a la habitación, como podían se sacaban la ropa, ropa que quedaba botada por el piso, la primera en poner su espalda en el colchón fue la morena, la rubia rápidamente se colocaba encima de ella y comenzaba a besarla desesperadamente, hace mucho tiempo que deseaba volver a tener a la morena así, deseaba volver a hacerla suya y es este momento no podía estar mas feliz, hacer el amor con su novia, con el amor de su vida, sin lugar a dudas era uno de sus momentos preferidos. La morena acariciaba la espalada de su novia, bajaba un poco mas sus manos y le apretada el trasero.
-Rach… - gemía la rubia sintiendo el contacto de las manos de su novia.
-Hazme tuya Quinn…- le pedía totalmente excitada, la rubia obediente, se separo un poco y entrelazo sus piernas con las de su novia, comenzó a moverse suavemente, sintió un pequeño escalofrió en su espalda y supo que su novia también había sentido algo así, por la manera en que tembló.
-Oh Quinn si… - gemía la morena, intentando moverse, para seguir el ritmo de su novia – Más rápido – le pedía, la rubia comenzó a envestirla con más fuerza.
-Rach…- hizo la cabeza para atrás cuando las manos de su novia agarraron sus pechos, ninguna de las dos podían controlas sus gemidos, la morena estaba con sus ojos cerrados y se mordía los labios debido a el placer que sentía.
-Mírame mi amor – la rubia le pedía a su novia sin dejar de moverse – Rach mírame – volvió a pedirle y la morena le hizo caso – Te amo – se inclino como pudo para besarla y aumento el ritmo, unas cuantas envestidas más y las dos sintieron como sus corazones se aceleraban y un escalofrió les recorrió el cuerpo, desde la cabeza hasta la punta de los pies, habían llegado al orgasmo, juntas.
-Te amo Rach – la rubia se abrazó a su novia.
-Y yo te amo a ti mi amor – acariciaba la espalada de su novia.
...
Ohio días después… Noche de fin de año…
-¿Tienen las uvas?, ¿Se pusieron ropa interior amarilla? – la pequeña morena estaba en la sala, molestando a todo el mundo, con sus tradiciones de fin de año.
-Si Rebecca – respondieron todos, al igual que en Navidad, los Fabray, Ben y Puck las acompañaban.
-Genial – dijo emocionada - ¿Qué hora es? – le preguntaba a Grace.
-Cinco para las doce Rebecca, ¿Puedes calmarte?, ¡nos estas desesperando a todos! – estaba a punto de amarrar a la pequeña morena.
-Deja de exagerar quieres – miro molesta a su hermana y todos, incluido su novio rodaron los ojos. -Ya prepárense – cogía la uvas.
-¿Crees que se las coma todas? – Quinn le preguntaba a su novia, mientras miraba de manera divertida a su cuñada, que se comportaba como una niña.
-Pues Grace me dijo que se las come todas, incluso vi varios videos – sonrió.
10… - empezaba el conteo la pequeña morena y todos le siguieron.
9…
8…
7…
6…
5…
4…
3…
2…
1… FELIZ AÑO NUEVO – gritaron todos y empezaron abrazarse, sin lugar a dudas este serian un buen año.
