Midnightblue1
Total Eclipse of the Heart
Act II
Epilogue
'¿Estás segura que esto es lo que deseas?'
Aquella voz provenía de lo más profundo del Cristal del Cosmos y su timbre era una mezcla del de los billones de seres vivos que alguna vez habían poseído una partícula de su resplandor.
Sailor Moon asintió con un rostro lleno de paz. "Mientras exista, siempre habrá alguien que busque mi poder." Respondió recordando las escenas de las múltiples batallas acontecidas desde la creación del universo.
"La Oscuridad y la Luz continuarán buscándose infinitamente." Agregó llevándose las manos al pecho. "Las batallas nunca terminarán hasta que logren reunirse."
'¿Estás dispuesta a sacrificarte por ello?'
Sailor Moon asintió de nuevo. "Ver a mis seres queridos sanos y salvos es el deseo de toda Sailor." La rubia se detuvo por un instante, como si intentase aclarar sus pensamientos.
"No es un sacrificio." Agregó tras reflexionar por unos instantes. "Estar con ellos y protegerlos, darles el futuro que merecen, la paz que tanto anhelan, es mi deseo como persona."
'¿Cómo sabes que es lo correcto?'
El Cristal del Cosmos adquirió un fulgor extraordinario y el cuerpo de Sailor Moon comenzó a desvanecerse lentamente. Sailor Moon sonrió plenamente. "Éste es nuestro destino."
En el centro del Cristal Supremo apareció una diminuta llama oscura. Un hilo de luz plateada comenzó a rodear aquella flama hasta encapsularla por completo. La llama oscura giró rápidamente en el interior de aquella prisión a medida que la presión ejercida por la luz plateada aumentaba.
Ambas energías se fusionaron en una para después estallar en millones de destellos que se esparcieron en el interior del cristal. El Cristal del Cosmos iluminó por completo todo a su alrededor y después explotó en billones de fragmentos, cada uno convirtiéndose en una nueva Semilla Estelar con un brillo plateado en el centro.
Las Semillas Estelares volaron en todas las direcciones posibles, en pos de todos aquellos planetas y estrellas reconstruidos tras aquella victoria, de regreso a su hogar. Una gran cantidad de ellas tenía como destino la Vía Láctea, ansiosas por retornar a la vida que conocían.
"¡Ama Rei!"
Las voces de Phobos y Deimos despertaron a la sacerdotisa del templo Hikawa. Rei se incorporó de un salto, llevándose una mano al pecho, tratando de tranquilizar su respiración. En su cabeza aún tenía la imagen de las Semillas Estelares volando en dirección a la Tierra. Rei se talló los ojos varias veces, tratando de secar las lágrimas antes de que sus compañeras abrieran la puerta de su habitación como acostumbraban a hacer.
'A veces preferiría que continuaron siendo cuervos', pensó con una sonrisa agridulce.
Como predijo, ambas chicas aparecieron en unos instantes en la puerta de su cuarto. Cada una de ellas llevaba la vestimenta característica de sacerdotisa e instrumentos de limpieza en cada mano.
"¡Ya les he dicho que no tienen que llamarme 'ama'!" Regañó más por costumbre que por realmente estar enfadada. Ésa era su rutina desde el día en que regresaron a la Tierra tras la batalla por el Cristal del Cosmos.
"Atiendan a las personas que vayan llegando." Indicó desganada al escuchar el tintineo de la campana del oratorio.
Phobos y Deimos se miraron la una a la otra dudosas en si debían decir algo o no. Al final las dos bajaron la mirada y asintieron lentamente volviendo a dejar a Rei en la soledad de su habitación.
Rei suspiró y observó el calendario. "Ya han pasado diez años desde que regresamos." Se dijo al posar sus ojos sobre la cifra 3011 en el centro del anuario.
Como todas las mañanas, la mujer se dirigió hacia la habitación del Fuego Sagrado para su consulta diaria. Se sentó de frente a éste y, tras orar en silencio, Rei cerró los ojos para tratar de calmar su mente e iniciar con la meditación.
Sin embargo, el sueño que había tenido había alterado su estado mental. Aún cuando no era la primera vez que lo tenía, un sentimiento extraño la había invadido aquella mañana. Rei estaba segura que aquello era una visión del final de aquella despiadada batalla, es decir, de los últimos momentos de Serena.
La mente de la chica divagó hasta aquella mañana, años atrás, cuando despertó en pleno siglo XXX. La sacerdotisa del templo Hikawa despertó a la voz de Serena, quien parecía llamarla desde algún lugar infinitamente lejano pero a la vez demasiado cercano.
La chica recordó el dolor en su pecho cuando instintivamente comprendió lo que había ocurrido con su mejor amiga. En lo profundo de su alma una calidez conocida mitigó aquel sufrimiento, reconfortándola a pesar suyo.
Una lágrima escurrió por su mejilla al recordar ese momento.
"Rei…"
Rei abrió los ojos de inmediato, segura de que no había sido su imaginación. El Fuego Sagrado reaccionó avivándose con violencia, lanzando varias llamaradas en todas direcciones.
"¡¿Serena?!" Exclamó Rei al salir de su estupor.
La sacerdotisa abandonó la habitación a toda prisa y corrió hacia el patio trasero del templo. Sus ojos escanearon rápidamente toda el área, deseando con fervor reconocer la figura de aquella persona que hacía tanto había desaparecido de su vida. Después de varios minutos, Rei suspiró derrotada, renunciando una vez más a sus esperanzas de encontrarla.
La chica se dio la media vuelta y comenzó a caminar de vuelta a su habitación cuando un destello en el suelo la hizo detenerse. Ella se acercó muy lentamente a éste recogiéndolo con delicadeza entre sus manos. Rei volteó al cielo mientras apretaba la enorme pluma blanca con destellos plateados fuertemente contra su pecho.
Luego de un breve momento, la sacerdotisa suspiró una vez más, dirigiéndose una vez más a sus aposentos.
"¡Muchas gracias por su compra!" La mujer de pelo negro hizo una pequeña reverencia antes de proceder a atender al siguiente cliente.
Como cualquier otro día, la pastelería se encontraba llena de clientes gustosos por probar los deliciosos postres que ya eran famosos en toda la ciudad. No lejos de la caja registradora, un hombre de pelo blanco corría de un lado a otro del establecimiento llevando consigo todas las órdenes que le habían encargado.
Desde la cocina, Lita observaba a aquel par con una sonrisa de satisfacción. 'Les tomó mucho tiempo aprender, pero al final lo lograron', pensó mientras veía a Luna y Artemis atender su local.
Se pasó el dorso de la mano por la frente, tratando de recuperar el aliento por un instante. Con un largo suspiro se volteó y regresó a preparar la masa para aquel pastel especial que le habían encargado hacía un par de días.
La chica no pudo aguantar la risa al ver su rostro parcialmente cubierto de harina reflejado en una de las cacerolas. Cuando logró tranquilizarse observó de nuevo su reflejo, sus verdes ojos mirándola de vuelta.
'Nunca pensé que tendría oportunidad de cumplir este sueño', reflexionó mientras recordaba el día en el que aquella idea dejó de ser una fantasía y se convirtió en una posibilidad real. '¿Pero a qué precio lo estoy cumpliendo?'
Su corazón aún recordaba la tremenda decepción que sintió al no poder volver a transformarse en Sailor Jupiter. Como sus amigas, ninguna de ellas estaba preparada para un futuro en el que no necesitaran nunca más de sus poderes. Nunca habían contemplado aquella otra posibilidad. No obstante, con la desaparición de Serena, también ese futuro se hubo esfumado.
De igual forma, Luna y Artemis, así como Phobos y Deimos, adquirieron forma humana ahora que su misión de proteger a la Princesa había concluido. En ese planeta la paz había reinado desde el momento en que despertaron en el siglo XXX. Lita sospechaba que en todos los otros planetas en los que alguna vez había existido algún ser con una Semilla Estelar especial había ocurrido algo similar.
'Con su sacrificio nos otorgó el futuro que creíamos que merecíamos', susurró con lágrimas en los ojos, 'Pero tenerla cerca era el futuro que realmente queríamos.'
La chica sacó un pañuelo de su bolsillo y se limpió rápidamente los ojos, antes de que alguien pudiera verla. Después, se dirigió a la pequeña maceta que reposaba en el alfeizar de una de las ventanas. Una bella rosa roja había florecido en ella.
Lita acercó un pequeño recipiente y procedió a regarla. Al terminar cortó algunas hojas con unas pequeñas tijeras y limpió la tierra de los restos de éstas. Al hacerlo, lo que parecía ser la punta de un tallo de color blanco le llamo la atención.
La mujer trató de desenterrarlo y, al hacerlo, una larga pluma blanca surgió de entre la tierra. Lita la observó sorprendida, pensando de inmediato en la última vez que había visto aquellas plumas.
"¿Serena?" Murmuró con los ojos clavados al cielo, como si esperase una señal que confirmase lo que estaba pensando.
"¿Lita?" Llamó Luna desde la entrada de la cocina.
La mujer salió de su ensimismamiento y observó a Luna interrogante asegurándose de ocultar la recién hallada pluma de su vista.
"Se acabaron las galletas de jengibre." Anunció la mujer con Artemis detrás de ella.
"¡No se preocupen!" Exclamó con más energía de la necesaria. "¡Ya están por salir del horno las siguientes!"
Los ex-felinos se observaron el uno al otro sin comprender realmente lo que había ocurrido. Con un alzar de hombros, ambos regresaron a sus puestos dejando a Lita sola una vez más.
"Vuelve pronto, Serena." Murmuró una vez que estuvo segura que sus ayudantes se encontraban fuera del alcance de sus palabras.
En un acto de fe, clavó la pluma en la maceta antes de continuar con su laboriosa faena.
"¡Vamos, muchachas, sonrían para las cámaras!" Exclamó una rubia desde atrás de una cortina.
Del otro lado, tres chicas posaban para las decenas de reporteros que se encontraban ahí exclusivamente para verlas. La rubia escuchó las respuestas a cada una de las preguntas y asintió complacida.
'¡Todas esas horas de práctica han funcionado!', se dijo con una gran sonrisa mientras anotaba furiosamente en una pequeña libreta.
"¡Senorita Aino, su bebida!"
Mina volteó rápidamente y arrebató la lata de manos de su asistente antes de continuar observando al trío. La chica abrió la lata y se terminó de un sorbo la bebida, sintiendo como el alcohol calentaba su cuerpo de inmediato. Sin más, extendió la lata vacía hacia su asistente quien la miró algo sorprendida.
"¡La vida de la manager de un grupo tan exitoso no es fácil!" Se justificó con una risotada antes de correr a abrazar a las chicas que regresaban de la entrevista.
Mina procedió a felicitarlas y a darles la agenda para el día de mañana. Cuando todo estuvo dicho y hecho, la chica se despidió de todos los involucrados y salió por la puerta trasera del salón de congresos hacia la fría noche de enero.
Un lujoso automóvil negro la esperaba a unos metros de ahí. Mina sonrió al saber que otro día había terminado exitosamente y comenzó a caminar hacia él. La luna se reflejó en los acabados metálicos del vehículo, cegándola momentáneamente. Mina volteó hacia el cielo, un sentimiento de nostalgia amenazando con invadirla en cualquier momento.
'Esta noche brillas tanto como ella', pensó con una sonrisa triste.
Sacudiendo la cabeza, entró rápidamente a la parte trasera del vehículo y procedió a quitarse el abrigo de inmediato. Al desenrollar la bufanda de su cuello, una pluma casi plateada cayó en su regazo.
La chica la recogió con cuidado y volteó a un lado y luego al otro, tratando de encontrar alguna explicación sobre su procedencia. Al examinarla a detalle, Mina sonrió instintivamente.
"Aún sigues conmigo." Murmuró abrazando la pluma con delicadeza, sus ojos amenazando con desbordarse en lágrimas en cualquier momento.
"¿Señorita Aino?" Preguntó el conductor del coche viéndola sospechosamente por el espejo retrovisor. "¿Se encuentra usted bien?"
Mina sacudió rápidamente la cabeza como si así lograse alejar todos aquellos sentimientos y le dedicó una sonrisa triunfal. El chofer asintió y arrancó el vehículo.
Ami se removió en su asiento tratando de dormir un poco. La chica bajó la mirada a su reloj calculando en silencio cuántos minutos le restaban todavía. "218 minutos." Murmuró para sí misma lamentando por un momento su decisión de volver a Japón de vacaciones.
La joven mujer trató de acomodarse una vez más para volver a dormir pero, después de varios minutos de intentarlo inútilmente, se dio por vencida. Derrotada se agachó para buscar su bolso bien escondido debajo de su asiento. De éste sacó una pequeña libreta, la cual procedió a hojear de inmediato.
"Ni bien regrese, tendré bastante trabajo." Se dijo a sí misma leyendo con detenimiento el nombre de cada uno de los pacientes que aguardaban a su regreso.
Ami enderezó su asiento y levantó la cubierta de la ventanilla del avión. Sus ojos fueron inmediatamente deslumbrados por la brillante luz de la luna llena. Cubriéndose los ojos con una mano trató de bajar la cubierta de nuevo, sin embargo, antes de hacerlo, le pareció ver una silueta flotando en la lejanía.
Ami pegó el rostro al cristal tratando de definir aquella silueta con claridad, pero las blancas nubes bloquearon su visión por completo. Cuando se despejó de nuevo, la silueta que la mujer había creído ver se había esfumado.
'Debió ser mi imaginación', pensó tallándose los ojos con fuerza, aunque no podía negar que se encontraba un poco decepcionada. Alejando de su cabeza aquellos pensamientos sin lógica alguna, se dispuso a revisar su agenda una vez más.
La mujer cambió rápidamente las hojas hasta toparse repentinamente con una esponjosa pluma de tono plateado en medio de su libreta.
'¡Serena!', pensó exaltada asomándose una vez más hacia la ventana.
Sus ojos analizaron cada punto en el cielo, tratando de distinguir a la que creía era la dueña de aquella pluma. Al no tener resultados su búsqueda, la mujer suspiró frustrada. Con un movimiento rápido, cerró su agenda, la cual tenía escrita en la portada el título de su propietaria.
"Doctora Mizuno." Leyó lentamente, sus dedos trazando las líneas de cada letra. "He pasado los últimos diez años negando la existencia de los milagros pero parece que aún no los he olvidado." Sus dedos peinaron la pluma plateada con delicadeza. 'Aún espero que ocurra un milagro, Serena.'
Darien se sentó a observar la luna a través de las grandes ventanas corredizas que daban a su balcón. Era un hábito que había adquirido desde aquella mañana cuando su vida cambió para siempre. Los copos de nieve caían regularmente sobre su balcón, la luz lunar se reflejaba en cada uno de ellos.
La mente de Darien lo transportó, como de costumbre, al día en que habían despertado después de la batalla por el Cristal del Cosmos.
Darien secó sus lágrimas y respiró profundamente varias veces, tratando de tranquilizarse. Albergando aún la esperanza de que todo había sido su imaginación, el joven marcó a la casa de Serena en donde la cálida voz de su madre le respondió.
"¿Se encuentra Serena?" Preguntó abruptamente.
"¿Serena?" Respondió de vuelta la voz al otro lado de la línea. "Lo siento, pero en este hogar no hay nadie con ese nombre."
Darien se llevó ambas manos a la boca, el teléfono se le resbaló de los dedos. "¡No puede ser… No puede ser…!" Se repitió una y otra vez, no sabiendo qué más hacer.
De repente, una idea le cruzó por la mente. Se vistió de inmediato y abandonó su apartamento.
Darien se topó con un gran comité a su llegada al Templo Hikawa. En el lugar se encontraban ya las ocho mujeres que tantas veces habían protegido al Sistema Solar, así como Artemis, Luna, Phobos y Deimos, todos ellos extrañamente en forma humana. Todos ellos compartían la misma expresión lúgubre.
"¿Serena…?" Preguntó Darien deseando fervientemente que la chica apareciera en cualquier momento.
Sin embargo, al escuchar aquel nombre, las miradas de todas las personas se desviaron. Ninguno de ellos quería ser el portador de tan terribles noticias.
"Darien…" Rei dio un paso hacia adelante. "Serena nos ha… ella…" La chica tomó aire un par de veces, como si al hacerlo adquiriese el valor que necesitaba para proferir las siguientes palabras. "Serena se ha ido."
"¡No, no, no es cierto!" Gritó Darien cayendo de rodillas al suelo.
"Darien…" Luna quiso correr hacia él pero Artemis la detuvo por la muñeca. Con un movimiento horizontal de su cabeza le indicó que no lo hiciera.
"Tuve una visión. Ella se sacrificó por todos nosotros." Murmuró Rei apretando con fuerza ambos puños.
"Su deseo era que todo el dolor y el sufrimiento causado por el Cristal del Cosmos no volviese a repetirse." Agregó Mina acercándose a Rei.
"Pero las batallas nunca terminarían mientras el Caos y el Cristal de Plata siguieran existiendo." Trató de explicar Setsuna sin saber bien cómo continuar.
"¿Qué significa eso?" Preguntó Darien levantando la mirada, sus ojos enjugados en lágrimas.
El grupo de chicas se miraron entre ellas. Ninguna de ellas quería ser quien repitiese la terrible verdad, como si al callarla dejara de ser menos cierta. Sin embargo, los ojos implorantes de Darien eran igualmente devastadores.
Michiru tomó aire y procedió a explicar lo ocurrido. "Una vez unido el Cristal del Cosmos, la Princesa se fusionó con el Caos." Dijo en un susurro.
"¡No es posible!" Exclamó Darien no queriendo creer lo que decían aquellas personas. "¡Aún siento la presencia de Serena aquí!" Gritó golpeándose un par de veces en el pecho. "¡No puede ser… no puede ser… no puede ser…!" Negó una y otra vez más para sí mismo que para los demás. La zona donde su puño golpeaba el suelo una y otra vez pronto se tiñó escarlata.
"Gracias al poder del Cristal de Plata hemos podido despertar en el siglo XXX." Agregó Haruka con los puños fuertemente apretados a cada lado de su cuerpo. "Una pequeñísima parte del Cristal de Plata y del Caos se almacenaron en cada uno de los nuevos Fragmentos del Cosmos."
"Sólo así podría asegurar que la Luz y la Oscuridad no volvieran a separarse nunca más. Sólo así podía evitar que tuviéramos que volver a luchar." Finalizó Ami.
Darien salió de su ensimismamiento. Desde aquella mañana su mundo había cambiado para siempre. El dolor de aquella pérdida no le permitió mantener contacto con ninguna de ellas.
Aunque algunas de ellas lo intentaron por algún tiempo, la única persona con la que seguía manteniendo un contacto esporádico era con Ami. Sin embargo, una postal al año difícilmente podía considerarse como mantener contacto.
El timbre de su departamento sonó y corrió a abrir la puerta. Miles de veces había imaginado que la persona del otro lado de la puerta sería su amada y el mismo número de veces se había decepcionado. Esta vez sabía que no era nadie más que el repartidor de comida. El hombre abrió rápidamente la puerta, pagó y la cerró de inmediato.
Dejó la comida sobre la mesa y se sentó sintiéndose de repente sin ganas de probar bocado. Contemplaba los platillos por un segundo, debatiendo si debía comer algo o tirarlo todo como usualmente hacía, cuando el timbre sonó por segunda vez.
Ami se bajó del taxi y subió lentamente los escalones del templo Hikawa. Al llegar a la cima, se sorprendió al ver a Mina y a Lita platicando en voz baja.
"¿Chicas?" Llamó sin saber qué más decir.
"¡Ami!" Exclamó Mina corriendo a saludarla.
Lita la siguió e intercambiaron abrazos y frases cordiales. Como en el caso de Darien, todas ellas se habían alejado con el tiempo, queriendo así evitar pensar en la persona que les faltaba.
"¿Qué hacen aquí?" Preguntó Ami al fin percatándose al instante del intercambio de miradas dudosas que ocurrió entre las otras dos mujeres.
"Bueno… eh…" Lita no sabía cómo explicar la situación.
"¿También ustedes tienen una?" Preguntó una voz proveniente detrás de unas puertas corredizas. Sin esperar respuesta, las puertas se deslizaron, permitiendo a Rei reencontrarse con las otras mujeres.
Ami se sorprendió al ver una pluma de tintes plateados similar a la que había encontrado en el avión entre las manos de la sacerdotisa. A su vez, Mina y Lita hurgaron entre sus bolsillos, mostrando a las demás su hallazgo.
"¿Qué significa esto?" Preguntó Mina curiosa.
"¿Creen que…" Lita dudó en si debía o no terminar la pregunta. "¿Creen que Serena ha vuelto?"
"No lo sé." Respondió Rei evitando las miradas de sus compañeras. "Pero me parece extraño que todas nosotras hayamos encontrado algo similar."
"Tal vez no fuimos las únicas." Ami pensó en voz alta. "Tal vez Darien, Haruka, Michiru, Hotaru o Setsuna también tienen una."
"¡Sólo hay una manera de averiguarlo!" Atinó a decir Mina jalando a Rei del brazo.
Ami y Lita se observaron por un instante y alzaron los hombros en señal de derrota. Después se apresuraron a alcanzar a Rei y a Mina, que ya estaban en los últimos escalones del templo.
Su corazón se aceleró pensando de nuevo en aquella fantasía sólo para decepcionarse al ver al repartidor de nuevo. Después de una breve explicación sobre el error de precio en la nota, Darien cerró la puerta una vez más.
"¿Serena?" Murmuró incrédulo al darse la vuelta y ver una silueta de pie en el balcón de su departamento.
La luz de la luna atravesó las nubes e iluminó el balcón develando así el rostro de la persona que tanto había añorado durante aquellos diez años. Darien se talló los ojos varias veces, pensando que el alcohol que había bebido hacía un par de horas le estaba jugando una mala broma.
Después de varios intentos de hacer desaparecer aquella visión, Darien corrió hacia el balcón. Los cristales de las puertas corredizas retumbaron al haber sido abiertas con demasiada fuerza.
"¡¿Serena?!"
"Lo logré." Respondió la rubia con una gran sonrisa en su rostro. "Después de todos estos años, al fin regresé a todas las Semillas Estelares a sus hogares. Al fin pude-
Darien se abalanzó sobre ella y la calló con un beso. De inmediato se separó de ella y pasó sus manos por su rostro y su pelo.
"Eres tú… ¡Eres tú!" Exclamó lleno de júbilo besándola de nuevo. "¡Eres tú, Serena!"
El hombre la abrazó con fuerza sintiendo como las lágrimas comenzaban a desbordarse de sus ojos. "¡Pasó tanto tiempo, pensé que nunca más volvería a verte pero… pero…!"
Darien se hincó, hundiendo el rostro en su regazo. Las emociones eran tantas y las palabras para expresarlas tan pocas que lo único que pudo hacer fue llorar.
La chica acarició su cabeza, pasando sus dedos por entre su pelo. "Todo está bien ahora. Todo ha terminado al fin." Murmuró sin dejar de acariciarlo. "Al fin tendremos el futuro que merecemos; al fin seremos felices."
Darien se separó de ella y se talló los ojos con el antebrazo. Con la otra mano se buscó rápidamente algo en el pantalón. "No, Serena, no necesito ser más feliz. Nunca podré ser más feliz que en este momento."
De su bolsillo extrajo el anillo de compromiso que le había dado hacía tanto tiempo. "Esperé mil años para devolvértelo." Le dijo deslizando torpemente el anillo en su dedo. "Esperé mil años para estar contigo… ¡Serena, te amo!"
Darien se puso en pie de nuevo y se apresuró a besar a su prometida, abrazándola fuertemente contra su cuerpo, con miedo a perderla de nuevo.
"¿Darien?" Llamó una voz desde la entrada del departamento. "La puerta estaba abierta y... ¿Serena?"
Darien volteó rápidamente y vio a las cuatro mujeres en la entrada de su departamento completamente perplejas,
"¡Serena!" Exclamó Mina corriendo hacia el balcón.
Detrás de ella llegaron Ami, Lita y Rei, haciendo a Darien a un lado. Las mujeres rodearon a la recién llegada y la cubrieron en un gran abrazo grupal, todas ellas incapaces de contener la alegría que las inundaba.
"Tenías razón." Murmuró Hotaru con una sonrisa mientras veía la escena sentada en el asiento trasero de un auto deportivo. Una de sus manos sostenía una pluma plateada que peinaba con los dedos de la otra.
"La Princesa volvió." Dijo Setsuna secándose las lágrimas con un pañuelo.
Haruka vislumbró el peinado característico de la rubia y sonrió plenamente. De inmediato se colocó sus gafas de sol, a pesar de ser de noche, al sentir que las emociones la invadían.
Michiru posó una de sus manos sobre la suya, haciéndola voltear sorprendida. "¿Estás segura que no quieres ir?" preguntó con una sonrisa.
Haruka negó con la cabeza. "No quisiera estar en otro lado que no sea contigo."
Las cuatro mujeres observaron como el grupo comenzaba a moverse al interior. Antes de ingresar al departamento, Serena volteó hacia donde se encontraba el coche estacionado y las saludó con un movimiento de la mano.
Las cuatro chicas en el deportivo asintieron a manera de saludo antes de que Haruka arrancase el coche con un gran estruendo. En instantes, el vehículo desapareció en la oscuridad de la noche.
Tres cabezas se alzaron de entre un gran campo de flores de distintos tamaños y colores. Los tres hombres observaron al firmamento en el momento en que un destello plateado surcaba el cielo a toda velocidad.
"¡Miren!" Exclamó el hombre del pelo blanco apuntando hacia esa zona.
"¿Será posible que…?" El segundo hombre, de pelo castaño, siguió con detenimiento el movimiento de aquel destello. "¿Princesa Kakyuu?"
"Una estrella vuelve a casa." Respondió la mujer al escuchar su nombre. El destello plateado se acercaba rápidamente hacia un brillante punto azul, apenas visible desde aquel punto del espacio.
"Su misión ha terminado." Añadió Galaxia quien regresaba de otra zona de aquel enorme campo de flores con una canasta repleta de varios especímenes.
"Serena…" Murmuró Seiya experimentando varias emociones en aquel momento. Sus ojos siguieron con ahínco la trayectoria de aquella estrella fugaz hasta que desapareció en el brillo de la Tierra.
"Seiya…" Susurraron Yaten y Taiki al ver todas aquellas expresiones en su rostro.
Seiya les sonrió y se encogió de hombros antes de continuar sembrando semillas. '¡Estás viva! ¡Estás viva!' pensó lleno de dicha mientras regresaba a su faena.
La mañana siguiente Darien despertó a Serena con un beso.
"Darien…"
"Serena…"
"Tuve un sueño." Susurró tratando de contener su emoción. "Una estrella está naciendo dentro de mí."
Darien la miró sorprendido y después sonrió al comprender a lo que se refería. "¿Rini?"
Serena asintió. "Nuestra hija viene en camino."
Darien la besó una vez más.
"Tendremos la vida que siempre quisimos." Dijo Serena besándolo también. "Viviremos juntos por mucho tiempo."
"Te prometo que estaremos juntos por siempre." Le dijo el hombre viéndola fijamente a los ojos. "Y cada día que pase me encargaré de protegerte."
Darien se acercó a ella hasta que sus rostros estuvieron a centímetros el uno del otro. "Aunque todo lo demás desaparezca, mi amor por ti será inmortal."
"Darien…"
"Tú eres y serás la más hermosa, la más brillante, la más cálida de todas las estrellas del universo. Eres una princesa, eres una neo reina… eres Sailor Moon."
FIN
¡Se acabó!
Una disculpa por no haber actualizado antes. Me mudé a Montreal, inicié la maestría, redescubrí el amor por las drogas y el alcohol, y miles de cosas más pasaron en mi vida.
Les agradezco a todos los que leyeron este fic por aguantar mi pésima redacción, mis actualizaciones cada tres años y mis pésimas notas de autor. Les agradezco el doble a los que me dejaron reviews y a los que (no diré nombres) me presionaron para seguir escribiendo este fic, sobretodo en los últimos meses.
Me tardé diez años en escribir este fic y puedo decirles que es de las cosas más satisfactorias que he hecho. Con este capítulo cierro un ciclo en mi vida. Espero ustedes lo disfruten tanto como yo disfruté escribiéndolo. Les deseo lo mejor a todos y… ¡qué viva Sailor Moon!
