CAPITULO 37
Caminar en la oscuridad no siempre es temeroso, por el contrario… puedes encontrar la paz que el alma tanto anhela.
Aún y cuando la luz con su resplandor te permita ver el camino, no siempre es así, pues también puede cegarte.
Los traviesos rayos de sol se filtraban por el ventanal de la habitación, aún y cuando deseara dormir por un poco más no podría, el sol deseaba jugar y al parecer mi rostro era el sitio perfecto para hacerlo. Decidí abrir los ojos y ponerme en pie, me daría una ducha y saldría a desayunar al jardín la mañana era hermosa y la primavera ya dejaba anunciar su próxima llegada.
Como siempre en esa época, el hermoso jardín de Anthony estaba listo para reventar los hermosos capullos de los que pronto nacerían las hermosas Dulce Candy que tanto adoraba. Candy, sentada junto a uno de los rosales aspiraba el hermoso aroma de las rosas que tanto amaba.
- Cuanta belleza ¿por qué tendrías que haberte ido tan pronto, mí querido Anthony? Te extraño tanto, quisiera poder verte aunque fuera sólo una vez más…
- ¿Amaneciste nostálgica, princesa? –
- Buen día, Albert… quizá un poco. Ven siéntate un rato junto conmigo. –
Albert observó a Candy con detenimiento, su semblante no reflejaba demasiada mejora cuando estaba triste. Con gran esfuerzo logró ocultar el dolor que se sentía al verla así y le sonrió sentándose a un lado y recargándola en su regazo.
- ¿Qué es lo que te ha puesto triste, princesa? –
- Son tonterías… seguramente mi estado de ánimo se debe a que estoy aquí todo el día sin hacer nada. ¿Cuándo me dejarás regresar, Albert? –
- Princesa, lo dices como si te tuviera prisionera. Si te he traído a Lakewood, es por tu bien, el doctor Claise te ordenó estricto reposo para que pudieras recuperarte, creí que Lakewood sería el lugar perfecto para hacerlo. –
- Me conoces muy bien, Albert y sabes que Lakewood siempre será como un santuario para mí, pero creo que he descansado lo suficiente, ya me siento bien ¿acaso no he salido estos últimos días al jardín a diario? De no sentirme bien, no lo haría ¿no crees? No olvides que soy enfermera y sé cómo cuidarme. –
- Créeme que no lo olvido, por lo mismo no logro entender cómo es que llegaste a descuidar tanto tu salud. –
- Sigues molesto conmigo… lo siento mucho Albert. De verdad que no quería que pasara todo esto y hacer que te preocuparas por mí. –
- No es que esté enojado contigo, princesa, me duele el que no hayas confiado en mí ¿por qué nunca me dijiste que no te sentías bien? Que la presión y la carga de trabajo eran demasiado para ti, nunca quisiste aceptarlo. Estoy molesto conmigo mismo porque lo sabía, sabía que era demasiado para ti sola y te permití continuar. –
- Albert, por favor, no me gusta verte así. No ha sido tu culpa, además, yo… no creí que fuera nada grave, pensé que cuando todo lo de la inauguración de la productora pasara… podría tomarme las cosas con más calma y descansar, creí que era sólo cansancio. –
- Claro que lo era, Candy. Más que eso era agotamiento, un desgaste tanto emocional como físico, te excediste exigiendo demasiado a tu cuerpo, y siendo enfermera esto debería ser imperdonable para ti. –
- No me perdonarás aun entonces…
Albert apretó el abrazo y hundió su rostro en la rubia melena de Candy.
- Princesa, no tengo nada que perdonarte, sólo quiero que me prometas que cuidaras tu salud de aquí en adelante… no sé qué haría sin ti, Candy… eres muy importante para mí, eres parte vital de mi existencia, no soportaría el perderte, pequeña. Te quiero demasiado mi pequeña traviesa. –
- Albert… - susurro Candy, resguardada en los brazos de Albert, Candy pudo sentir el dolor en las palabras de su príncipe de la colina ¿por qué siempre lastimaba a quienes más amaba con sus imprudentes acciones? – Perdóname por favor, te prometo que me cuidaré. –
- Gracias, Candy. –
- Sabes, creo que es hora de que regrese a mis actividades… necesito activarme, tú me conoces y sabes que estar todo el día sin hacer nada más que vestir vestidos de seda no es para mí. –
- Princesa, porque te conozco sé que aún no estás del todo recuperada, además, hasta donde sé, George te mantiene al tanto de todo, Archie te envía informes detallados de todas las transacciones y esta vez te he traído una gran valija de documentos por firmar que George te ha enviado. Así que, señorita Andley, colgará su uniforme blanco por unas horas y se pondrá su estilo ejecutivo para que comience a trabajar, debo llevarlos firmados de regreso conmigo pasado mañana. –
- ¿Tan pronto te irás? Pero apenas has llegado ayer, Albert…
- Lo siento, princesa, pero debo hacerme cargo de muchos pendientes, me he retrasado un poco últimamente y debo ponerme al día. Ahora que tú te harás cargo de revisar las inversiones que te he traído, yo me haré cargo de otras cosas. Además, debo viajar a Florida y New York, Archie y Terry no pueden solos. Neal me ayuda en lo que puede cuando no está en sus propios asuntos, recuerda que él está al mando de los negocios de los Leegan en Florida. Eso sin mencionar que, no puede permanecer mucho tiempo en el corporativo, Archie y él no se soportan y al pobre de Terry le ha tocado hacerla de interventor en varias ocasiones. ¿Quién lo hubiera pensado, eh? Que Terry algún día tendría que ponerse en medio para que Archie no se enfrascara en una pelea. –
- Bueno, por lo menos él y Archie ya no pelean, seguramente terminarán siendo amigos. –
- ¿Qué no pelean? A ese par no hay quien los haga recapacitar, de esa parejita le toca pararla a George, por eso también debo viajar. Y ya que tú estás aquí, los documentos importantes debo firmarlos yo, el poder que posee Archie no abarca ciertas clausulas. –
- Pero si el de George, él puede ayudarte un poco más al ser mi representante, yo le he dado ciertos privilegios y firmar documentos importantes es uno de ellos ¿sigues molesto con George verdad? –
- Candy, no quiero hablar de eso. Además, a George lo necesito en New York y no estando él, alguien tiene que ir a darle una vuelta a ese par de delincuentes, ¿no crees? –
- Albert, yo me siento muy mal de ser la causante de que George y tú se hayan distanciado. George sólo obedeció mis órdenes, no puedes recriminarle nada, Albert, por favor entiéndelo. –
- No, Candy, antes que obedecerte a ti, George tiene un deber conmigo y él lo sabe. Sobre todo tratándose de ti, él sabe que no debe ocultarme nada, por eso te dejé bajo su cuidado, es mi hombre de confianza y me falló al ocultarme algo tan grave como lo es tu salud. –
- Albert, él intentó decírtelo muchas veces pero yo se lo impedí, después con las crisis de la tía abuela todo se complicó y cuando sucedió que me desmayé en aquella recepción de New York, yo le prometí que llegando a Florida me sometería a un chequeo estricto y si algo salía mal, yo misma te lo diría, no queríamos preocuparte sin necesidad. –
- Pero si no sólo lograste preocuparme sino que también asustarme. ¿Y por qué no te hiciste los exámenes, Candy? ¿Por qué le mentiste a George al respecto? –
- No era mi intención, fue verdad cuando le dije que lo haría, me sentía mal y sabía que debía hacerlo…
- ¡Pero no lo hiciste, Candy! –
- Lo hice, sólo que no regresé por los resultados, no tenía tiempo, lo de la productora estaba encima y… de repente me olvidé de mi malestar… cuando me proponía a ir al hospital por los resultados algo se me presentaba, yo no podía simplemente botarlo todo…
- Por Dios, Candy… - Albert tomó a Candy por lo hombros y la encaró – Claro que podías, mírate ahora, lo has botado todo obligadamente y no ha pasado nada, el corporativo sigue en pie. Tú no estabas sola, ¿por qué no pediste ayuda? ¿Por qué no me pediste a MI, ayuda, Candy? No lo comprendo… -
- Albert, no era para tanto, yo podía sola…
- ¿Qué no era para tanto dices? Mírate Candy ¿te has visto al espejo acaso?, ¿es que no notas la palidez de tu rostro? No puedes decirme ahora que no es para tanto, que no era necesario…
- Albert… yo… lo siento mucho, de verdad… pero, ya me siento bien, estoy recuperada. Mira estamos aquí en el jardín junto a las rosas de Anthony tomando el sol como antes… Estoy bien, todo es igual que antes…
- No es verdad, Candy y lo sabes… ¿Por qué crees que la tía Elroy dejo Lakewood y regresó a Chicago? Simplemente porque no podía verte así, el doctor le ordenó alejarse porque su preocupación por ti estaba afectando la tan difícil estabilidad cardiaca que hemos conseguido después de mucho tiempo y tú te atreves a decirme que estás bien… sigues mintiéndome y eso me duele…
- ¿Por qué me dices esto, Albert? Yo… no te miento… puedes preguntarle a Dorothy si no me crees a mí, pregúntale si es que no salgo todas las mañanas al jardín. –
- Sé que lo haces, Candy… con gran esfuerzo, pero lo haces. Eres una guerrera, siempre has logrado sobreponerte en la adversidad y es algo que siempre he admirado de ti, pero, aún no estás totalmente recuperada, de ser así, respóndeme una sola pregunta… pero, hazlo con la verdad…
- Las que sean, Albert, responderé lo que me preguntes con la verdad, lo prometo. –
- ¿Cuántas veces desde que estás en Lakewood… no, te la pondré más fácil aún… ¿Cuántas veces desde que ¨te sientes bien¨ has trepado a los arboles? –
La mirada azul de Albert, esa dulce mirada que siempre reconfortaba a Candy la miraba ahora cargada de dolor, la había sorprendido mirándola fijamente, tomándola desprevenida a la vez con la pregunta que acababa de hacerle, era un golpe bajo, pero esta vez, no sabía si el golpe era para ella o para él.
- Albert… pues yo… … es que yo… - Candy se sintió atrapada y lo único que encontró a hacer era actuar como si él estuviera diciéndole un total disparate y la hubiese ofendido –¡Ya no soy una niña ¿sabes?! No puedo andar por la vida trepando a los arboles cada vez que vea uno. ¡Por Dios, Albert, soy una mujer ahora, tengo una imagen que cuidar!… ¿no se supone que debe ser así? –
Albert respiró profundo y clavó su mirada firme y dura pero a la vez triste muy triste y sin rodeos la enfrentó a conciencia de saber que Candy estaba a punto de desmoronarse, la había acorralado, desgraciadamente lo había hecho.
- Prometiste responderme con la verdad, Candy… –
Candy bajó la mirada, Albert la había atrapado y sabía que no había nada que pudiera esconder de él, pues Albert tenía la cualidad de ver a través de ella, su alma era transparente para él y lo sabía.
- … No he trepado ni una sola vez… yo… oh Albert… - Candy se echó a los brazos de Albert nuevamente bañada en lágrimas. –
- Princesa…
- Albert… yo… no puedo, mis fuerzas se han ido de mi cuerpo, intento mantenerme de pie durante un rato, dar un paseo aunque sea pequeño por el jardín, pero… simplemente no puedo, no puedo… oh Dios mío… ya no quiero seguir sintiéndome así…
- Tranquilízate, pequeña, todo va a estar bien, te recuperarás y lo sabes, yo no puedo engañarte, tú sabes de medicina mucho más que yo y sabes que te estoy diciendo la verdad. –
- Lo sé, es sólo que estoy tardando mucho en recuperarme, necesito ocuparme en algo ¿sabes? Déjame por lo menos, regresar parcialmente, déjame acompañarte en Chicago, así, tú mismo podrás darte cuenta de que no me excederé en mis actividades. –
- Princesa, pero si tú misma has dicho que no puedes mantenerte en pie por mucho tiempo, ¿cómo me pides que te lleve a la oficina? Estás mucho mejor aquí, Candy. ¿Por qué no mejor organizamos un picnic este fin de semana, he? ¿Qué te parece? Terry me ha llamado y me contó que vendrá a verte este fin de semana y pasará unos días contigo. Pobre Terry, ha estado trabajando muy duro y para poder venir, seguramente lo ha hecho el doble. –
- No quiero que venga, dile que no debe de dejar la productora sola, le corresponde a él estar al frente, más aún aun en mi ausencia. –
- Pero Candy, Terry quiere verte, cuando te llama a penas si te mantienes en la línea tres minutos, no entiendo porque te comportas de esa manera con él. Por fin ahora tienen la oportunidad de poder vivir su amor y tú reaccionas de una manera extraña. –
- No es bueno que venga, Albert, entiende, no puede dejar la productora sola. –
- Pero no será así, Archie y George están allá, no estando Terry, puedo pedirle a Neal que me ayude un poco, todo saldrá bien, no debes preocuparte, no te hace bien. –
- No lo sé…
- ¿Se trata de algo más, Princesa? –
- No, es sólo que…
- Permiso. Señorita Candy, tiene una llamada del señor Grandchester. –
- Dorothy, ¿podrías decirle por favor que lo llamaré más tarde? Necesito ir a mi habitación ahora, quiero recostarme un poco. –
- Como usted diga, señorita Candy. –
- Espere Dorothy, yo atenderé la llamada, sólo llevaré a Candy a su habitación. –
- Le informaré al señor Grandchester enseguida. Con permiso. –
Albert tomó a Candy en sus brazos y la llevó a su habitación en un total silencio, ninguno de los dos había dicho ni una sola palabra.
Los días habían pasado y Candy se sentía mejor, Albert había decidido extender su estancia en Lakewood para hacerle compañía, sin duda, a Candy le hacía muy bien compartir con Albert, era como estar de vacaciones, él la trataba como su verdadera princesa y lo más importante de todo, era que podía decirle libremente cuando se sentía cansada, él la llevaba a su habitación en brazos, sin que fuera necesario pues ya se sentía en verdad mejor y podía subir ella misma, pero Albert la consentía lo más posible, ¨lo mejor para mi princesa¨ siempre le decía cuando ella trataba de oponerse, habían ido a cabalgar después de mucha insistencia de su parte, lo más que logró fue que Albert la llevará en su regazo y el pobre caballo apenas si daba un paso cada dos minutos, pues Albert aseguraba que era peligroso y él no correría riesgos, como sea, el momento siempre era agradable. Los días eran maravillosos, desayunaban en el balcón, comían en el jardín, platicaban entre broma y broma, visitaban el hogar de Pony por la tarde, todo era perfecto, Albert había dejado totalmente todos sus asuntos en manos de George y toda su total atención era para ella, la calidez de Albert era su mejor medicina, debía reconocer que en verdad le era necesario este descanso y ahora se estaba sintiendo más revitalizada.
- Albert es maravilloso estar aquí después de un largo tiempo… me siento tan ligera, podría dejarme llevar por el viento, sentirlo en mi rostro es maravilloso, cuanta falta me había hecho. –
- Me imagino. –
- Albert… yo he querido preguntarte desde hace días acerca de algo…
- ¿De qué se trata, pequeña, puedes preguntarme lo que quieras. –
- Bueno, sí pero… en realidad me siento un poco culpable y he sido un tanto egoísta, por eso no lo he hecho. –
- ¿De qué se trata, Candy? –
- Es que… recuerdo que habías traído a Chicago a una chica ¿no es así? ¿Qué fue lo que sucedió con ella? Te lo pregunto porque como has pasado tanto tiempo aquí en Lakewood conmigo…
- Es verdad, si me acompañó pero… ella está en New York ahora, visitando a un familiar. Es algo complicado y largo de contar, pero… creo que ha sido lo mejor…
- ¿Qué quieres decir, Albert? –
- Creo que es mejor que se haya ido. Las cosas entre ella y yo no son del todo claras, de hecho, no son para nada claras, sé que no me lo vas a creer pero sé muy poco acerca de ella y de sus vida, no conozco a su familia a excepción de una tía con la que vive que es quién se hizo cargo de ella desde muy pequeña pues sus padres fallecieron, yo, no he querido presionarla, en un principio creí que era mejor darle tiempo y dejar que ella decidiera el momento adecuado para contarme, además, tampoco ha querido saber mucho de mí, sin embargo, creo que sabe más de lo que yo le dicho y tal vez eso sea lo que la cohíba. Además hemos tenido nuestras diferencias y decidió que era mejor irse y pasar un tiempo en casa de su primo, dijo que nos serviría a ambos para pensar bien lo que queremos y …
- ¿Qué sucede, Albert? –
- Ella dice que necesita resolver ciertos asuntos familiares para poder casarse conmigo y me parece que mucho tiene que ver con ese primo al que fue a visitar y como se marchó un poco molesta conmigo, no pude decirle que me contara lo que realmente sucede. –
- ¿Por qué han peleado? –
- Tonterías mujeres. –
- ¡¡Oye!! –
- Discúlpame, princesa. Lo que quiero decir, es que, son tonterías, se le ha metido una tonta idea y es tan necia que no hay quien la haga cambiar de parecer. –
- ¿Estás viendo a otra chica? Se trata de eso, ¿no es así? Está celosa, sin duda eso es. –
- Bueno, algo hay de eso…
- Pero Albert, como puedes decir que son tonterías, le pides que se case contigo y después te pones a salir con otra chica, es lógico, ¡si yo fuera ella te mataba! –
- ¡jajaja! Pues déjame decirte que me alegro de que no la conozcas, eres una influencia peligrosa. –
– Albert, me estás ofendiendo. Además, no me cambies el tema. –
- No lo cambio, sólo te digo la verdad, una prueba legitima de lo que te digo es tu amiga Patricia, ha cambiado mucho, aunque, en ese caso particular, debo reconocer que la influencia ha sido positiva. –
- Vaya, has pasado mucho tiempo con Patty, ahora que recuerdo, parece que a quien llamara cada vez que lo hace, que es muuuy seguido, es a ti en lugar de a mí, pues después de conversar conmigo durante un mínimo de tiempo, dura bastante conversando contigo. –
- Bueno, Patricia y yo nos hemos hecho buenos amigos, eso es todo. –
- Patricia y tú ¿eh? Desde cuando es ¨Patricia y tú¨?... ¡¡Oh dios mío, es ella!!… ¡¡Es Patty ¿no es así?!! –
- Pero Candy, casi logras que me caiga con tu grito. ¿Qué quieres decir con que es Patty? –
- Por favor, Albert, no intentes mentirme porque no lo lograrás. Patty es la otra chica que estás viendo y por lo cual tu prometida está celosa. ¡No puedo creerlo, ¿cómo fue que no me di cuenta antes?! –
- Candy, detente, estás inventando un disparate. –
- Albert, por favor, tú y yo siempre hemos sido sinceros el uno con el otro, no comenzaras a mentirme ahora, y más aún cuando mi mejor amiga está involucrada. –
- Está bien, Candy, seré sincero contigo. Patricia me agrada…
- ¿sólo te agrada? –
-Está bien, Patricia me agrada mucho y me parece muy linda, pero, eso ocurrió de pronto sin darme cuenta y disfruto mucho de su conversación, pero no es que tenga algo que ver con ella, sólo somos amigos y no es de ella de quien Graysi está celosa, así se llama, ella está celosa de…
- ¿De quién? ¡Albert eeres un sinvergüenza!, ¿es que hay otra chica? ¡¡Te has convertido en un don Juan!! –
- Candy, por favor déjame terminar antes de sacar conjeturas o ya no te contaré más. –
- Está bien, está bien. ¿De quién está celosa? –
- De… de ti, pequeña. –
- ¿De miiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii? Pero ni siquiera nos conocemos. –
- Ese es el problema, bueno, el problema de ella quiero decir. Ella no entiende lo que tú significas para mí y el por qué no puedo dejarte sola ni dejar de preocuparme por ti. Te lo dije ya hace un tiempo, primero estás tú, Candy… no sé cómo explicarlo, nadie me entiende, yo te he dicho lo que significas para mí, eres parte de mi y no puedo darte la espalda, no puedo dedicarme totalmente a alguien más mientras tú no tengas a ese alguien que cuide de ti y te proteja de todo que se preocupe de tu felicidad tanto como yo, no es tu culpa y no quiero que comiences a inventarte ideas locas. Creo que Graysi no me ama como yo necesito, y… por eso creo que es mejor que se haya ido, quizá ella termine por terminar nuestra extraña relación, quizá sólo nos confundimos al compartir el amor por los animales pero, eso no es suficiente para formar un hogar. –
- Albert, sé que te molestarás porque yo me sienta culpable pero, esa chica tiene razón, tú debes dedicarte a ella y dejarme a mi hacerme cargo de mis asuntos, he sido demasiado egoísta al tenerte aquí todos estos días sólo conmigo. Ve a verla, viaja a New York y habla con ella ¿por qué no la invitas a Lakewood? Así nos presentarías y se daría cuenta de que yo no soy ningún peligro para ella, en realidad, yo le ayudaría a cuidar que no andes de coqueto con ninguna otra cuando ella no esté. –
- Vaya, recuerda que tu familia soy yo y no ella, pequeña. Mejor dejemos que pasé un poco de tiempo y dejemos que ella piense bien las cosas, es mejor así. –
- No estoy segura, pero, tú debes saber lo que es mejor para ustedes, sólo me siento fatal por intervenir en tu felicidad una vez más, Albert. –
- ¡FIUUU! Sin duda la pecosa se ha recuperado eh, si está trepada a un árbol como toda una tarzán nuevamente, eso es sin duda la mejor prueba de su recuperación. –
- ¡Eh Terry! ¡Qué gusto me da verte amigo! Enseguida bajamos. –
- Que tal, no será una embustera mi pecosa que ha logrado convencer al importante hombre de negocios, el honorable señor Andley de trepar a un árbol como un muchachito. –
- ¡Hey, soy un chico aún, Terry, no me quieras sumar años con eso de ¨señor Andley¨ ¿no será que más bien lo dices para protegerte? –
- ¿Protegerme? ¿De qué? –
- ¿De qué? no, sino ¿de quién? ¿No será que temes a que Candy te pida que subas con ella y el ¨GRAN ACTOR DE BROADWAY¨ no se atreve? Creo que el que ha envejecido eres tú mi estimado Terry. –
- ¿Ah sí? Te demostraré cuanto he envejecido. Hágase a un lado y agárrese bien, señor Andley, no vaya a perder el equilibrio y herede a mi pecosa antes de tiempo, no sé qué haría con tantos millones, jajaja. –
Terry se disponía a hacer muestra de talento para trepar cuando Candy, quien hasta el momento había permanecido callada intervino impidiendo que Terry subiera.
- No es necesario que subas, Terry, de hecho, creo que necesito bajar ya. ¿No te molesta? –
- Por supuesto que no, mi hermosa princesa, si la razón de subir eras tú y bueno de paso darle una demostración de lo que es trepar verdaderamente al ¨abuelo William¨ –
- Bien, creo que tengo una mejor idea para demostrarte lo que este ¨abuelo¨ puede hacerte mocoso insolente. –
Albert que ya se encontraba abajo, ya tenía a Terry en un candado sobre el cuello cuando Candy cortó su diversión.
- uhum ejem… ¿sería mucho pedir que por lo menos 1 minuto, sean unos caballeros e interrumpan su tonta pelea para que yo pueda bajar sin correr el riesgo de que me arrastren en una de sus embestidas? –
Terry sin darle tiempo a Albert de reaccionar le dio un codazo a en el estomago para romper el candado en su cuello y correr hasta donde Candy.
- Lo siento abuelo, pero mi princesa requiere de mi atención. –
- Este golpe fue a traición, ya me las cobraré. Y en cuanto a lo de ¨TU PRINCESA¨ no me agrada demasiado, creo que deberemos discutirlo. –
- Pues será en otra ocasión. Mi hermosa princesa Julieta, ven a mis brazos. –
- Basta, Terry, yo puedo bajar sola. –
- Y no lo dudo, pero deseo ayudarte, mi hermosa dama. –
- Además, no me agradó en lo absoluto la salvajada que acabas de hacer con Albert. –
- ¿Salvajada? Pero pecosa, si sólo lo toqué, fue él que sobre actuó, creo que quiere demostrarme sus dotes histriónicos para que lo considere en una de mis futuras películas, ¿no es así, Albert? –
- Oh, sí por supuesto. ¿Deseas que te recite el Romeo? –
- Mi querido Albert, no se recita, se interpreta… pero bueno… vamos pecosa, ven conmigo. –
- Ash, está bien. –
Candy se dejó atrapar por lo fuertes, firmes y seguros brazos de Terry y al estar convencida de que la ayudaría a ponerse en pie sobre el jardín, se percató de que sus pies no tocaron el suelo y la boca de Terry estaba ya sobre la de ella. Terry la tenía entre sus brazos, la besaba con el beso más cargado de amor que recordaba y podía escuchar el latir de su corazón a través de la exquisitez de sus labios.
- ¡Terry! Albert nos ve. –
- Mi hermosa pecosa, ese caballero se ha ido desde el momento en que mis brazos te alcanzaron. –
Y así había sido, Albert sabía cuánto ansiaba Terry estar con Candy, así que los dejó solos.
Terry volvió a besar a Candy, la recargó en el árbol con delicadeza y comenzó a besarla con más pasión cada vez, con deseo, con necesidad.
- Te.. Terry, detente, pueden vernos…
- Te extrañé como un loco, mi amor. –
- Terry…
Terry no dejaba de besarla, la besaba toda, no quedo un solo centímetro de su rostro sin ser marcado por los labios de él. La respiración de Candy se había acelerado y de pronto ya no se resistió más y además de entregarse a los besos y caricias de su Romeo, ella también comenzaba a tomar lo suyo.
- Te extrañé mucho, Candy, no sabes cuanta falta me hacía verte, sentirte, respirar tu aroma… eres mi vida, te amo. –
- Terry… - susurró Candy con los ojos cerrados dejándose llevar por las sensaciones que le hacía sentir la boca de Terry en su cuello – Yo también te extrañé. –
- Dios mío, cuanto deseo hacerte mía, Candy. Te necesito. Será mejor volver a la mansión o no podré contenerme más. Además, mi querido suegro nos está esperando. –
- Terry, eres un bromista pesado. Tienes razón, vayamos adentro. Además, eres un grosero pervertido que intenta seducir a esta fina dama. –
- Vamos pecosa, en qué papel me dejas, si eras tú la que casi me deja sin boca hace un momento y ni que decir de mi cabellera. Jajaja. –
- ¿Ah sí? Perfecto, no volveré a besarte, nunca más. –
- Me encanta cuando pones esa carita enojona, me dan ganas de comerte completita. –
- Pues lo siento, pero la hora del almuerzo ya pasó. –
- ¿Y quien habló del almuerzo?… yo más bien… estaba pensando en la cena… - Terry le regaló una mirada seductora y coqueta mientras la envolvía de nuevo en sus brazos y comenzaba a besarla nuevamente, pero esta vez, con una pasión diferente, despacio como saboreando cada beso al máximo, respirando profundo cada vez, llenando sus manos con su rubia melena y su delicada espalda, le besó en los labios, en el rostro completo para después explorar el camino de su cuello hasta su pecho y con la respiración entrecortada al detener su avance, logró decirle cuanto la amaba para de nuevo subir a su rostro y terminar depositando un beso en su pequeña frente mientras ella mantenía los ojos cerrados disfrutando de cada caricia de él.
Respiraron profundo y Candy se acurrucó en su pecho y antes de descansar su cabeza sobre él, desabotonó los dos primeros botones de su camisa de seda, besó su cuello y por último, respiró su aroma depositando un pequeño beso en su pecho, recargó su mejilla sobre su piel desnuda cerca de su corazón y finalizó escuchando el ritmo desaforado del latir de su corazón que estaba a punto de estallar.
- Terry… ¿me responderías una pregunta? –
- Las que quieras, mi hermosa princesa. –
- Tú… ¿aceptarías… … casarte conmigo? –
By
DaNi
Ok, ok, sé que hay muchas dudas, pero todo se irá aclarando poco a poco, además, si han leído bien los capítulos anteriores, pues no deberían de andar tan perdidas, así que, respiren y abran su mente, aunque ya me imagino que dirán que casi tendrán que hacerse un boquete con tanto enredo, no. jeje.
Ok chicas, como siempre les agradezco sus comentarios y claro más que nada, el tiempo que siempre le dedican a esta historia.
Quiero agradecer a todas, ya que casi nunca puedo responder de manera individual como me gustaría, pero les aseguro que leo cada uno de sus cometarios y se los agradezco de corazón.
A Mary que me escribe desde chile, muchas gracias, te gradezco en verdad tus comentarios tan alentadores, en verdad que se siente algo, pues como un rush punch cuando los leo, también quiero agradecer a Lady que siempre está al tanto y no tarda en darme su opinión en cuanto los lee, gracias también a mi querida amiga Lulú G que siempre está apoyándome en todo lo que le requiero y es fiel seguidora de esta historia, a mi querida amiga Nadia siempre constante te lo agradezco mucho Nadia, a Diana, Edith, a Selene M, Susyale, gabyea, karelem, a rosial por ser tan honesta, a Martha, a Lady White 15, a maat sacmis, a Anne rianne Black gracias shika, Adrix G., Lady Annalise, coquette81, María, HildyWhite, patt, gracias amiga por tu apoyo, Jamileth gracias por tus consejos, bueno son tantas las chicas, también existen aquellas lindas que aunque no comentan de todas formas siguen la historia, así que, también quiero agradecerle a ellas, quiero agradecerle a todas en general por su apoyo.
Hasta pronto y felices fiestas.
*¨¡Ama, besa, entrégate, brinca, baila, diviértete, ponte guapa, sonríe, grita, disfruta, vive; pero más que nada, deja que la vida te despeine!¨*
From:
*La DaNi*
