Disclaimer: los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama
Advertencias: lo mismo de cada capítulo. Capítulo de transición, es algo latoso, pero también necesario.
Capítulo sin betear, lamento mucho si hay faltas de ortografía :(
Dedicado especialmente a mi esposa-bebé Paola por siempre apoyarme y presionarme para que actualice, jejeje, tkm.
Hanji comenzó a guardar todas las cosas con apuro, sabiendo que Moblit le estaba observando, pero si era honesta, no tenía el tiempo suficiente como para enfrentar su mirada de cachorro necesitado.
Erwin había salido para acompañar un momento a Levi luego del juicio de Eren, dos días atrás, sin embargo, Hanji no sabía qué tanto podía ayudar aquella presencia por la terrible condena que había recibido el omega.
Inyección permanente de Vorlage. Hanji no se veía capaz de soportarlo, el ser sumisa en todos los aspectos de su vida, relegando el control a un alfa que sólo velaba por sus intereses. Preferiría matarse antes de hacer aquello.
Escuchó el llanto de Ethan, sus manos temblando, y terminó de hacer el bolso del bebé.
—Hanji, ¿qué…?
La mujer se giró, mirando a Moblit, su omega interior queriendo el contacto con el alfa, y se sintió miserable porque él no se merecía eso. Ese alfa tan bueno no se merecía al desastre que era ella.
Se acercó a la cuna, tomando al pequeño bebé, obligándose a soltar feromonas maternas para calmarlo, y procedió a alimentarlo, la boca diminuta cerrándose alrededor de su pezón para chupar ávidamente.
—Tienes que irte —le dijo a Moblit, su voz ahogada de forma repentina, y vio al alfa palidecer—, tienes que llevarte a Ethan contigo, Moblit.
El alfa parpadeó, sorprendido por la petición, pero Hanji no cambió de opinión, sólo la afianzó por el horrible pensamiento de que todos los pilares que sostenían esa monstruosa nación se estaban cayendo de a poco, uno por uno, el mundo derrumbándose, y ellos no podían hacer nada para evitarlo.
Tal vez huir era una buena opción, pero Hanji sabía que su posición, en ese caso, no era la mejor: omega, con un hijo, atada a un alfa… ¿cómo le iban a permitir poner un pie fuera del país? Y aunque Pixis estuviera dando posibilidades a unos pocos omegas para huir, ella sabía que no podía hacerlo. Tenía un terrible sentido del deber, en especial para sus amigos, e irse sin mirar atrás, dejando a Levi, a Eren, a Erwin… El sólo pensamiento no era una opción para ella.
Sin embargo, Hanji sabía una cosa: tenía que sacar al bebé de allí, aunque eso le rompiera el corazón. Pero no podía arriesgar la vida de Ethan de esa forma, y Moblit tendría que hacerse cargo de ello, porque a fin de cuentas, el alfa no pertenecía a ese país.
Y Moblit lo iba a cuidar, lo sabía, él podría hacerse cargo del bebé sin problema alguno.
—No puedes pedirme eso —Moblit, como siempre, pareció adivinar el hilo de sus pensamientos, lo que mandó un escalofrío por su espina dorsal debido a que encontraba todo eso de las parejas destinadas demasiado espeluznante—. Hanji, los dos…
—No —le interrumpió con suavidad—. Has hecho mucho por mí, Moblit, pero no puedo irme contigo —su garganta se apretó—. No vamos a arriesgar tu vida ni la de Ethan, así que tienen que irse sólo los dos —miró al pequeño bebé, que le contempló con ojos llenos de sueño—. Le podrás conseguir una nodriza que se haga cargo de amamantarlo y así no tener problema alguno.
—Hanji…
La omega le agarró el brazo, haciendo malabares para no soltar a Ethan, y Moblit enmudeció al observar su expresión necesitada, desamparada.
—Por favor, Moblit —le rogó, su voz temblando, rota por la situación—, por favor. Si algo le llegara a pasar a Ethan, si el Gobierno decide quitármelo…
Moblit permaneció en silencio, observando el rostro quebrado de Hanji, sus ojos rotos en señal de desespero, y sintió a su alfa contestando en señal afirmativa porque no podía ver a su omega de esa forma. No podía negarle nada, porque así se lo habían enseñado a él: si llegaba a encontrar a su pareja destinada, ¿cómo le haría sufrir de esa forma?
No, a él le habían enseñado a respetar cada decisión que un omega tomara, a entender los motivos por los que actuaban así. Contrario a lo que creían en ese país, para Moblit, los omegas no eran ni irracionales ni estúpidos, sino que parecían albergar sentimientos más complejos de entender. Como la compasión. Como el amor por un hijo.
Cuando un omega actuaba así, ¿acaso podía negarse?
Asintió, sus labios temblando, y algo en su interior sintió alivio al ver el rostro ahora tranquilo de la omega, Ethan todavía mamando, ajeno a esa dolorosa conversación.
Hanji dio un paso.
—Te mereces a un omega que realmente te ame, Moblit —le dijo, su voz triste, y el alfa se sintió apenado también.
Porque ellos podían ser destinados, pero habían ciertas cosas que no podían forzarse. Y ellos, tristemente, no tenían una apasionada historia de amor que pudiera forjar una relación fuerte y buena.
Sólo tenían un destino caprichoso que decidió juntarlos cuando ellos no podían estarlo.
Isabel observó el rostro de Kuchel, a varios metros de ella, jugueteando con unos bloques que Farlan le compró, y le sonrió aun cuando no se sentía demasiado bien.
La niña también le sonrió, gateando hacia ella dificultosamente, tomándole la mano.
—Ella te extraña mucho.
Levantó la mirada, chocando con los tranquilos ojos de Farlan, y procedió a tomar a Kuchel en brazos. La pequeña arrugó su nariz un instante, pareciendo disgustada por el olor horrible que exhalaba Isabel gracias a las marcas en su cuello, pero luego de varios segundos, pareció acostumbrarse. Sobre todo cuando Isabel se obligó a soltar feromonas más maternales, dulces y amables.
Le gustaba mucho eso, que la pequeña pareciera acostumbrarse a su detestable olor a pesar de todo.
—Yo también te extraño —prosiguió Farlan, sentándose en el sofá frente a ella, e Isabel lo miró—. Isa…
—Gracias por estar aquí —le interrumpió ella, porque no quería hablar de ese tema—, gracias por acompañarme, cuando deberías estar con Levi —desvió la vista—. Él necesita todo el apoyo disponible en este momento.
Isabel lo había acompañado el día anterior, ayudándolo a cuidar a Mikel, que parecía desorientado y perdido porque ya no tenía la compañía de su mamá, y según lo que le comentó el alfa, el pobre bebé se la pasaba llorando por las noches. No le quedó más remedio que entregarle la almohada de Eren para que sintiera un poco más el olor del muchacho, porque Levi no sabía qué más hacer para calmarlo.
Por otro lado, el alfa no parecía muy dispuesto a hablar sobre el dictamen del juicio, e ignoró todos los intentos de Isabel para conversar sobre sus sentimientos.
—Tú me necesitas más —contestó Farlan, tomando una pequeña cajita que estaba sobre la mesita del comedor, y sacó unos comprimidos—. Te faltan los últimos cuatro, Isa.
La chica hizo una mueca leve, sintiendo un pequeño dolor en su abdomen, y sabía que volvería a sangrar como había ocurrido una hora atrás.
Agarró las pastillas de misoprostol que el alfa le tendió, ubicando los cuatro comprimidos bajo su lengua, jugueteando con las manos pequeñas de Kuchel.
Farlan le había conseguido aquellas pastillas para abortar el día anterior luego de una enorme cantidad de tiempo buscándolas. Isabel no tenía oportunidad alguna de conseguirlas a pesar de que sabía que las podría encontrar en el mercado negro, sin embargo, todo el mundo sabía que si cualquier persona la veía comprando aquello y notaba que era una omega, muy probablemente la llevarían presa en unos minutos porque estaba prohibido, bajo cualquier término, que un omega abortara.
Así que Farlan tuvo que hacer uso de todas sus armas para poder comprar los doce comprimidos que necesitaría para abortar, lo que le costó bastante caro por lo difíciles que eran para conseguir. Pero lo había hecho, las encontró, y no dudó en comprarlas cuando no era su obligación. Isabel se lo recordó constantemente, por lo que estaba muy agradecida por lo que había hecho el alfa. Su alfa.
Tembló al notar la mirada intensa de Farlan sobre ella.
Pasada la media hora necesaria, Isabel tragó lo que quedaba de las pastillas, sintiendo un nuevo calambre en su estómago.
Pero no había culpa alguna, ni trágico dolor: sólo dulce alivio por lo que había hecho, por lo que evitó debido a ese terrible ataque que recibió meses atrás.
Ya tenía un terrible recordatorio de lo que ocurrió ese horrible día, las marcas alrededor de su cuello arruinando su hermosa piel, ¿para qué iba a querer otro recuerdo doloroso de lo que pasó? Isabel no podía amar a un niño de esa forma, nunca estaría en paz consigo misma, y menos cuando ella amaba tanto a Kuchel, fruto del amor que sentía por un hombre que la amaba también.
—Deberías irte a casa —le dijo Isabel unos minutos después—, no creo que este sea el mejor ambiente para Kuchel.
—¿Qué estás diciendo? —Farlan le sonrió, y para Isabel se sintió como un bálsamo, como si pudiera beber agua luego de caminar muchos días por un abrasador desierto—, nos vamos a quedar contigo, preciosa. Siempre estaremos contigo.
Quería llorar en ese momento, porque Kuchel pareció reafirmar sus palabras, balbuceando algunas cosas incomprensibles pero asintiendo en señal de apoyo, y a pesar de que todavía algo doliera en su interior, se sintió feliz.
Por un instante, fue feliz.
Eren extrañaba el olor de Levi y de Mikel.
Acostado en el catre que había en la celda, aburrido y hastiado de la monotonía del lugar, llegó a la conclusión de que echaba de menos el aroma alfa a su alrededor. Más aún: extrañaba las manos suaves de Levi acariciando su cuello, sus labios dulces dándole pequeños besos para marcar su piel apestosa, y deseó por un breve instante que apuraran todo ese show y así volver pronto con su familia.
A esas alturas, Eren no sabía qué estaban esperando.
¿No era mejor que le inyectaran esa mierda cuanto antes, para acabar con todo ese circo mediático, ese intento de lucir como hombres justos y amables cuando no eran más que pedazos de mierda andantes?
No, por supuesto que no. Querían mantener a la población en vilo, querían que todo el mundo estuviera mirando hacia lo que harían en cualquier momento, para así agregarle morbo, que todo fuera mucho más retorcido. Para así hacerlo entrar en pánico, para hacer que se desesperara, y rogara, se humillara, llorara por un alivio. Como una mosca atrapada en una telaraña, querían que tratara de escapar, que buscara una salida en tanto ellos observaban de lejos, gozando porque sabían que no había escapatoria, que él ya estaba condenado, y no importaba cuánto gritara por ayuda, ellos no aparecerían.
Bastardos.
Pero Eren no iba a rogar, no iba a llorar, no iba a arrodillarse nunca más frente a todas esas personas. Ya aceptó su destino hace mucho, aceptó que su historia iba a acabar en ese instante, que no había una forma de salvarle, y no le interesaba. En ese momento, para él, era lo de menos, porque había una calmada resignación de que, al menos, podría estar con Mikel y Levi.
Luego de tanto dolor, de tanto sufrimiento… ¿no era ese un buen panorama?
Qué trágico, pensó, conformarse con sólo eso cuando antes deseaba más, ambicionaba más. Una parte suya todavía lo quería, todavía soñaba, sin embargo… ¿qué podía hacer bajo esa situación?
Si gritaba, si les exigía respuestas, les estaría dando lo que tanto parecían querer, y Eren estaba decidido a no hacerlo.
No, ya no les entregaría más partes suyas a esos imbéciles.
Por otro lado, él tenía claro que era poco probable que hubiera un rescate a su favor. Nanaba había sido clara en ese aspecto: no contaban con los recursos suficientes para liberarlo en caso de que el gobierno le llevara preso, y tampoco quería convertirse en un mártir porque ese papel no pintaba para él.
Si iba a morir, que fuera bajo sus propias condiciones, no bajo las que todo el mundo quería imponerle.
Por último… Debido a todos los últimos hechos, Eren no sabía si confiar realmente en Nanaba. No luego de la nota de advertencia de Nicholas. No luego de todas las últimas discusiones que mantuvo con ella.
Sin embargo, el sólo pensamiento de una traición de parte de ella enviaba un escalofrío por toda su espina dorsal porque si eso llegaba a ser cierto, significaba que todo ese juego de poder en el que estaban metidos, no era más que una vil mentira.
Eren sabía que eso significaría que todo su mundo se derrumbaría por completo, y no estaba listo para enfrentarlo.
Las horas siguieron pasando lentamente, cada vez más cerca de su condena, pero no lo suficiente como para que encontrara algo de paz.
—Ah, pequeño demonio…
Mikel le devolvió la mirada, frunciendo el ceño ligeramente, sus ojos algo rojos por todo el llanto de la última hora, y Levi limpió sus mejillas, aliviado de notarlo mucho más calmado y estable.
Cuando estaba Eren, normalmente era él quien se hacía cargo de esos momentos de llanto, pues el bebé parecía comprender sin problema alguno que era su papi y liberaba ese dulce y atractivo olor que le calmaba en unos segundos. Y el alfa sabía que Mikel se sentía extraño porque solía pasar todo el tiempo en los brazos del omega, pero ahora…
Bueno, Levi no quería pensar demasiado en ello. No quería pensar en el momento en que le llamaran para avisarle que le pondrían la inyección a Eren y podría retirarlo, porque esos malditos bastardos le habían impedido ver al menor antes de ser drogado para siempre. Sabía, sólo con mirarlos, que esos imbéciles sospechaban de él pues no se estaba comportando como esperarían de un alfa a quien le entregarían un omega completamente sumiso y vulnerable, por el contrario, Levi había amenazado y gruñido contra medio mundo una vez el juicio acabó y la condena fue dictada.
Agarró la mamadera que Isabel le había dejado antes de irse, la leche tibia y lista para beber, y la llevó a los labios de Mikel. El pequeño se resistió un instante, pero terminó cediendo porque tenía demasiada hambre y apenas había comido algo las últimas horas debido a todo el llanto.
Levi, por otro lado, estaba considerando seriamente sus opciones para poder sacar a Eren del lugar en el que le tenían, aunque sabía que el sólo considerar esa desquiciada idea era un suicidio porque el muchacho se encontraba encerrado en una celda con vigilancia todo el día, ¿cómo un alfa podría pasar por encima de todos esos guardias sin salir herido en el proceso? No había oportunidad alguna.
Pero, de alguna forma, Levi tampoco quería ceder a la resignación. No luego de todo lo ocurrido. No luego de que ellos se hubieran destrozado uno al otro para poder rearmarse entre llantos y sangre. No luego de que hubiera tantas cosas que decirse al otro.
Además, estaba el tema de Mikel. Si Levi iba a buscar a Eren, ¿qué haría con el bebé? Dios, el alfa sabía que el chico le mataría si arriesgaba la vida de su hijo, y aunque a Levi le gustaba verlo enojado y desquiciado, no iba a jugar con el bienestar de su bebé.
De su Mikel.
Soltó un chasquido y el bebé le miró, sin dejar de chupar la mamadera aunque su ceño se frunció en una señal reprobatoria.
—¿Por qué me miras así? —le regañó, pellizcándole la nariz.
Mikel gruñó.
Alfa, con toda probabilidad, porque Mikel era malcriado, posesivo con Eren, y cuando algo no le agradaba, soltaba gruñidos en advertencia, aunque no daba ni un poco de miedo.
Se puso de pie cuando el timbre de la casa resonó, alejando la mamadera y ganándose un quejido del bebé, y caminó hacia la puerta.
Observó unos segundos el rostro de Jean.
Llevaba bastante tiempo sin verlo, básicamente desde el funeral de Mikasa, meses atrás, pero aun así no dudó en hacerlo pasar al ver su rostro urgido.
—Vengo muy rápido —le dijo Jean, cerrando la puerta detrás de él—. Armin se ha comunicado conmigo.
Levi lo miró, parpadeando, pero diciéndole en silencio que continuara.
Jean tomó aire.
—Me ha dicho que van a sacar a Eren como sea de ese lugar —Jean mordió su labio inferior, su mandíbula apretándose—, y me ha pedido que te avise por si quieres participar. Entiendo que…
—¿De qué mierda hablas? —dijo Levi, ladeando la cabeza cuando volvió a resoplar, y estaba seguro de que Mikel le imitó—, por supuesto que voy a participar, idiota. Estás hablando de mi omega.
Jean abrió su boca un instante, sin saber qué decir porque estaba casi seguro de que iba a negarse porque lo que harían podría calificarse como un acto suicida, y creía que Levi querría restarse para proteger al bebé.
Pero Mikel le miró también como si fuera un idiota, y soltó sólo una risa nerviosa.
Levi hizo una pequeña mueca, parecida a una sonrisa, y sus ojos brillaron con algo que no supo reconocer. ¿Diversión? ¿Emoción?
¿Era posible que Levi Ackerman estuviera emocionado de ser partícipe del desastre nacional que iban a causar?
Pareciera que sí, lo que hacía todo mucho más divertido.
A Levi, en ese instante, no podían importarle menos sus principios, su crianza, todo ese sistema que había defendido tanto tiempo y en ese instante le estaban arrebatando a una de las personas que más amaba. Por muy egoísta que sonara, no permitiría que le quitaran ni a Eren, ni a Mikel, ni a nadie más.
En ese instante, tomó un lugar en toda esa catastrófica pelea, y no sintió culpa alguna por lo que iba a hacer.
—¿Oíste, pequeño diablo? —dijo mirando a Mikel, que ladeó la cabeza—. Vamos a sacar a tu papi de ese horrible lugar y podrás molestarlo a él.
Mikel balbuceó palabras incomprensibles pero para Levi sonaron como una emocionada afirmación.
Jean sacudió su cabeza, algo atónito porque había creído que convencer a Ackerman sería mucho más complicado, pero luego pensó que si fuera Marco el que estuviera en esa situación, en definitiva habría hecho lo mismo.
—Deberás llevar al bebé con Marco —dijo Jean—, él se irá antes, con Lara, hacia el lugar donde nos estamos escondiendo —hizo una pequeña pausa—, porque sabes que una vez hagamos esto, o nos atraparán… o nos convertiremos en prófugos.
Levi chasqueó su lengua, haciendo un gesto despreocupado porque no podía interesarle menos.
—Ser un buen ciudadano es demasiado aburrido —contestó Levi, indiferente—. Iré a guardar las cosas de Mikel. Estaré listo en unos minutos.
Jean asintió.
Levi se dirigió al cuarto del bebé, dejándolo en la cuna a pesar de que el niño no parecía querer soltarlo. Con rapidez buscó el bolso que Eren tenía para guardar las cosas de Mikel, echando todo lo que consideraría útil en ese momento: ropa, pañales, mantas e incluso unos peluches, sabiendo que Eren no estaría contento con esa situación (si es que lograban sacarlo de ese lugar).
Volvió a comedor, cargando ahora a Mikel junto al bolso, y miró una última vez ese lugar, sabiendo que era poco probable que pudieran volver. Si no iban presos, estarían prófugos, y ese sería el primer lugar que se encargarían de revisar. Esa casa que durante mucho tiempo había sido su hogar con Eren, pero también una pesadilla cuando todo se quebró, se rompió en mil pedazos y ellos se hicieron tanto daño.
Cerró la puerta.
Era momento de ponerle fin a muchas cosas.
Eren miró por los barrotes de la celda, observando el cielo oscurecido, y frunció el ceño con ansiedad.
Su estómago se hallaba algo apretado por algo que no podía explicar bien, sin embargo, trató de no darle muchas vueltas al asunto debido a que no quería entrar en pánico. Se negaba a demostrarles miedo porque eso sería complacerlos, y estaba harto de darles más poder sobre él.
Se giró cuando escuchó una puerta siendo abierta, observando cómo dos guardias se acercaban a su celda. Detrás de él venía uno de los jueces: Bauduin Bernhart, alfa que había sido el líder de todo el juicio.
Si él estaba aquí, entonces significaba…
Esbozó una sonrisa resignada, apretando sus manos en puños mientras abrían la puerta de la celda.
—Vas a recibir hoy día tu primera inyección, Eren Jaeger —dijo el juez, su voz tranquila y retumbante—. A partir de este momento, vas a ser un omega feliz y enfocado en tu misión: satisfacer a tu alfa.
Eren escupió al suelo, enfurecido.
—Pueden chuparme la polla —le dijo antes de recibir un golpe en la mejilla por uno de los guardias, golpe que lo lanzó al suelo.
Soltó un gruñido, siendo levantado después como si no fuera más que un trapo, pero no hizo amago de pelear o de resistirse porque sabía que sería inútil. Dos alfas contra un omega, qué estupidez.
Bueno, Eren nunca se había caracterizado por ser muy sensato.
Gruñó una vez más antes de pisarle un pie a uno de los guardias, escuchando su jadeo, para luego levantar su pierna, pegándole al otro en medio de su entrepierna. Sonrió al escuchar su grito de dolor, e iba a voltearse, pero–
—Detente, Omega.
La voz alfa de Bauduin envió un escalofrío por su espina dorsal, su omega doblegándose con facilidad ante la orden, pero se forzó a respirar con calma para no dar rienda suelta a las feromonas de miedo.
Bauduin lo contempló con helado desprecio, casi enfurecido por su actuar.
—No te muevas.
Obedeció mientras el guardia al que le pisó el pie, hosca y bruscamente, puso unas esposas alrededor de sus muñecas.
—Qué cosa más patética y asquerosa —escupió el juez—, yo habría sido partidario de matarte, pero me convencieron de que lo mejor sería inyectarte esa porquería porque era un peor castigo para ti —sonrió, mostrando unos horribles dientes—. Ahora vamos, voy a disfrutar hacer esto.
Lo empujaron, obligándolo a caminar, a salir de la celda y salir al oscuro pasillo en donde le tuvieron todos esos días. Subieron unas escaleras, saliendo a otro lugar un poco más iluminado, pero Eren seguía algo desorientado, sin saber en dónde se hallaba exactamente. Todo parecía vacío y desolado, un lugar desconocido para él en dónde no había estado antes.
Entraron a otro cuarto, quedándose quieto cuando vio que era completamente blanco, sólo con una silla en medio y una pequeña mesita a su lado, encima de ella brillando una jeringa que contenía un conocido líquido que detestaba.
Su omega se crispó, se alteró, y Eren se veía incapaz de controlarlo en ese instante. No cuando tenía tanto miedo, estaba tan asustado, quería huir lejos de allí.
Tragó saliva otra vez, quedándose quieto, pero se vio forzado a caminar cuando lo empujaron.
Dios. Dios. Dios…
Su estómago se contrajo por las náuseas cuando lo empujaron para obligarlo a que se sentara, y acto seguido, pusieron correas en sus muñecas. Soltó un gruñido amenazante, pero sólo se ganó unas risas burlonas porque, ¿qué tanta amenaza representaba un omega para ellos?
Bauduin agarró su barbilla, sus dedos apretando sus mejillas sin delicadeza alguna, sus ojos fríos y enfurecidos.
—Eres uno de los peores omegas que haya visto —le dijo con verdadero odio en su voz—, no sólo eres uno rebelde, sino también uno que apesta por todas esas marcas —se inclinó, furioso—. Una mierda. Eso es lo que eres, Jaeger.
Eren le escupió, viendo con divertido placer como aquel escupo manchaba el rostro del alfa.
—Nos vemos en el infierno, hijo de puta —le dijo, sonriendo.
El alfa frente a él parecía dispuesto a golpearlo, pero entonces un potente, fuerte ruido, resonó en la habitación. Un ruido que provenía de afuera.
Sin embargo, no fue sólo un ruido. Repentinamente el suelo se sacudió y las personas de pie tuvieron que afirmarse unas de otras para no caer al suelo. La pequeña mesita que tenía la bandeja con la jeringa encima también se movió, y nadie sabía qué estaba pasando, qué estaba–
—¡Ve a ver qué ocurre! —le gritó Bauduin a uno de los guardias antes de que se escucharan gritos y más ruidos.
Disparos. Eran disparos.
El guardia estaba caminando a la salida cuando la puerta de pronto explotó.
El metal golpeó al hombre, tirándolo hacia atrás, y el resto de guardias sacaron sus armas inmediatamente, Bauduin sobresaltándose por lo ocurrido, pero no apareció nadie en la entrada destrozada, humo negro invadiendo el cuarto.
Al menos, no apareció nadie de forma inmediata.
Más disparos resonaron. Eren comenzó a forcejear con las correas que sostenían sus manos, queriendo liberarse, desesperado por huir de ahí.
—¡Se encuentra aquí!
Levantó la vista con sorpresa al escuchar una conocida voz, y un disparo resonó cerca. La bala impactó contra el guardia más cercano, matándolo inmediatamente, y Eren observó a la persona que acababa de entrar cubierta de negro, una máscara cubriendo su rostro.
—¡Detente! —gritó Bauduin desesperado, porque era el único que quedaba allí—. ¡Omega…!
La persona que disparó se quitó la máscara, y Levi hizo una mueca de desprecio.
—Cómo si fuera a obedecerte, bastardo.
Bauduin no alcanzó a decir algo más cuando Levi le disparó, y gritó por el dolor cuando la bala golpeó su hombro, cayendo al suelo. Al alfa poco le importó, corriendo hacia Eren, humo todavía invadiendo el cuarto.
—¿Levi? —jadeó sorprendido—. Levi, ¿qué estás…?
—¿Qué estoy haciendo? —espetó Levi quitándole las correas—. Salvándote el culo, por supuesto, como siempre hago.
Eren soltó una risa entrecortada, atónito todavía, pero una vez quedó libre, no pudo evitarlo: lo abrazó.
Lo abrazó con toda la fuerza del mundo, sus ojos llenos de lágrimas, jadeando desesperadamente, su omega buscando el toque suave de su alfa.
—Yo creí…
Levi lo alejó, su expresión grave.
—Debemos irnos, Eren —le interrumpió—, no es momento para esto.
Eren sorbió por su nariz, asintiendo y limpiando sus lágrimas con furia, enderezándose y girándose para ver a Bauduin en el suelo, sosteniendo su hombro herido, sangre manchando el suelo. Quiso patearlo y golpearlo, pero sabía que no valdría la pena. No en ese momento.
Le agarró la mano a Levi, que tiró de él hacia la salida, y vio fuera a Armin.
A su mejor amigo.
Armin le sonrió, abrazándolo de golpe y tirando de él, emocionado porque llevaban mucho tiempo sin verse, y no era justo que tuvieran que estar juntos otra vez bajo esas circunstancias.
El omega no dijo nada, dejando que le guiaran por los pasillos llenos de humo. En el camino, mientras corrían, se encontraron con Jean.
—Suicida —saludó Jean, y aunque ellos no se llevaran bien, Eren nunca se sintió tan feliz de verlo. Incluso lo abrazó, ganándose varios quejidos, pero poco le importó.
Mientras volvían a correr hacia la salida escucharon más gritos y disparos, el omega observando los cuerpos en el suelo.
—Estamos en una base del gobierno —dijo Jean a modo de explicación—, no había tantos soldados, pero aun así, ya deben saber lo que hemos hecho. Esperemos que…
—¡Hey, si se apuran, se los agradeceríamos! —gritó de pronto Connie cuando salieron al exterior, oculto detrás de una barricada improvisada. Sasha, a su lado, estaba disparando.
Se echaron al suelo cuando más disparos resonaron en el aire, arrastrándose por el suelo hacia donde se hallaban sus amigos.
—¡Dónde está el maldito de Zeke! —gritó Sasha ocultándose otra vez.
Eren los miró.
—¿Zeke? —preguntó con voz débil.
—Dijo que vendría a ayudarnos —espetó Armin, apretando su mandíbula—, pero ahora pienso que quizás nos engañó. Ese desgraciado…
—¡Te pasa por siempre pelear con él! —acusó Connie recargando su arma.
—La entrada está cubierta de militares —dijo Levi—, si llegáramos a la camioneta…
—Es demasiado peligroso —contestó Jean—, si le disparan al conductor, nos damos por perdidos. Tenemos que deshacernos…
—No podemos quedarnos —dijo Eren—, en cualquier momento…
Sus palabras se vieron cortadas cuando resonó una explosión y todos se agacharon, cubriendo sus oídos.
Segundos después, más humo en el aire, llamas por todas partes, se enderezaron. En la entrada, antes bloqueada por soldados, sólo había fuego, y de pronto apareció una camioneta que frenó de golpe.
La puerta del copiloto se abrió.
—¡¿Qué están esperando?! —gritó Zeke, y todos se pusieron de pie, corriendo para subirse en la parte trasera—. ¡Pieck, el acelerador! ¡Porco, cubre nuestra salida!
El amigo de Zeke que los estuvo ayudando a subir a la parte trasera soltó un chasquido, recargando el fusil de asalto que sostenía.
—¡Vayan agachados! —ordenó Galliard.
Todos obedecieron mientras se encargaba de disparar hacia los últimos militares que trataron de detenerlos.
Quince minutos después estaban andando por la carretera a toda velocidad, el frío de la noche golpeando sus cuerpos, pero nadie decía nada.
Eren se acurrucó contra el cuerpo de Levi, sosteniéndolo de las manos, aferrándose a él como si en eso se le fuera la vida. Como si Levi fuera una lámpara en medio de una oscuridad.
—Pensé que no lo harías —susurró con voz rota, destrozada—, pensé que…
—Pensaste pura mierda —le contestó Levi, pero no lo alejó, lo sostuvo con más fuerza—. ¿Cómo iba a abandonarte, Eren?
El menor apretó sus manos en puños, la ropa de Levi entre sus dedos.
—Porque creí que querías que fuera ese omega sumiso que tanto me exigías ser.
Dolor rompió a Levi, pero se forzó a contenerlo, a no quebrarse, porque Eren tenía suficientes motivos como para creer eso luego de todo lo que le hizo. Luego de todo lo que pasó entre ellos, ¿acaso no tenía el derecho a desconfiar de él?
Levi también tenía momentos donde temía que Eren le volviera a abandonar, le dejara solo, como hizo tiempo atrás.
—A veces uno quiere cosas que antes no buscaba —le dijo, ambos observando las estrellas mientras el auto seguía andando, alejándose de la ciudad, todos en silencio—, a veces, lo que realmente necesitas llega de la nada, Eren.
Eren besó su mejilla, sin embargo, no alcanzó a decir nafa cuando la camioneta se detuvo bruscamente. Galliard se puso de pie.
—¡Abajo! —ordenó como un militar—. Debemos cambiar el vehículo y seguir moviéndonos. A estas alturas todo el mundo debe estar buscándonos.
No hizo falta que ellos dijeran algo porque era evidente la verdad en sus palabras. Tan rápido como pudieron, se bajaron de la camioneta, corriendo hacia un furgón que estaba oculto en un camino de ripio.
Zeke se sentó en el asiento del conductor ahora en tanto Galliard fue a copiloto. La camioneta se alejó por la carretera, siendo conducida por Pieck. El resto se ubicaron en la parte trasera, sin asientos, cubriéndose con mantas.
—Pieck se las arreglará —le estaba diciendo Galliard a Zeke—, es inteligente. Más que nosotros.
Zeke soltó un chasquido con su lengua.
—Eso no evita que no me preocupe —admitió el alfa.
No hubo más palabras.
El resto del viaje fue hecho en silencio. Eren apenas podía procesar bien lo que estaba ocurriendo.
—¿Mikel? —preguntó luego de veinte minutos, llamando la atención de Levi.
El alfa gruñó, acomodando su cabeza sobre el pecho del omega.
—Lo está cuidando Marco —contestó.
Los labios de Eren temblaron.
—Tenemos que sacarlo —le dijo.
Levi no contestó inmediatamente.
—Lo sé —fue lo único que pudo decir, porque ambos sabían que era necesario. Con todo lo que se avecinaba, con ese desastre en el que estaban metidos, ¿acaso sería bueno que el bebé estuviera en medio de ello?
No, los riesgos de que terminaran muertos eran enormes, pero no iban a arriesgar la seguridad de su hijo por nada del mundo.
La furgoneta se detuvo bruscamente y todos contuvieron la respiración.
—¿Ocurre algo, señor? —preguntó Zeke con tono amable.
—El país está bajo toque de queda —dijo el desconocido con voz grave—, se instauró el día de ayer, ¿qué está haciendo a estas horas de la noche?
Zeke se aclaró la garganta.
—Oh, lo siento, vengo del campo y no hay señal allí —contestó despreocupadamente Zeke—, ¿necesita mi identificación?
—Sí, caballero.
El de lentes, con parsimonia, buscó entre sus documentos. Galliard hizo lo mismo, y ambos entregaron sus cédulas de identidad al policía.
—Zeke Fritz —leyó el hombre, frunciendo el ceño—. ¿Hijo de Diana Fritz?
—Sí, Porco es mi primo y ambos estábamos vacacionando en una parcela fuera —respondió Zeke—, pero mamá tuvo un accidente así que viajamos de improviso. Aunque si estamos rompiendo una ley…
Hubo otro momento sin decir nada.
—No, pasen —contestó el policía—, los Fritz siempre han contribuido con fondos a las comisarías. Mis superiores me echarían si supieran que lo detuve. Buen viaje, señor Fritz.
—Muchas gracias, voy a recordar esto por siempre.
La furgoneta volvió a andar.
—Tu madre te matará —se burló Porco.
Zeke soltó un ruido de disgusto.
—Probablemente me golpee —dijo con verdadero pesar.
Eren rodó los ojos en tanto Armin lucía fastidiado a más no poder, sin embargo, decidieron callar.
Pasaron otros minutos hasta que el auto fue estacionado y pudieran salir, sus piernas entumecidas por el incómodo viaje. Entraron a una casa a oscuras, escuchando el ruido de las patrullas policiales e incluso, a lo lejos, un helicóptero escaneando la ciudad.
—Pronto descubrirán la entrada que tengo en esta casa —murmuró Zeke cuando bajaron al sótano de su hogar—, así que será la última vez que la usemos. En las últimas revisiones han estado a punto de descubrirla —abrió el armario donde guardaba cosas viejas, inclinándose para sacar la madera del suelo—. Siempre piensan que la pared es falsa, pero nunca revisan esta parte —quitó el fondo falso, mostrando una entrada subterránea—. Armin los guiará. Yo me encargaré de hacer desaparecer esto.
Todos asintieron, comenzando a avanzar. Eren se quedó para el final.
Miró a su primo, su garganta apretada. Ambos se parecían mucho a pesar del cabello y el color de sus ojos, y aunque nunca hubieran tenido la mejor relación del mundo, Eren le quería mucho. Ahora le quería más por lo que hizo.
—Gracias —le dijo dándole un abrazo—, no tenías por qué hacerlo, Zeke.
—Te lo debía —Zeke acarició su cuello, sus marcas cicatrizadas, provocando que tuviera un estremecimiento—. Yo no llegué a tiempo.
Eren no quería pensar en ese día.
—Nos veremos otra vez —le dijo a Zeke, alejándose para bajar.
Zeke asintió, sin decir otra cosa, y Eren comenzó a entrar por el estrecho agujero. Una vez desapareció, su primo cubrió la entrada otra vez, quedando a oscuras por completo.
—¡Armin, las linternas! —dijo Sasha con un quejido—. ¡Puedo pisar–!
—¡SASHA, MIS DEDOS! —chilló Connie.
—Par de idiotas —murmuró Jean.
Un punto de luz apareció en el fondo, Armin sosteniendo una linterna y apuntando hacia arriba.
—No es una bajada larga —dijo con tranquilidad.
No paso mucho para que todos llegaran al fondo, entrando a un canal con agua sucia que corría por entre sus piernas. Levi hacía una mueca de asco, pero al menos no dijo cosa alguna, y Eren se acercó hacia Armin, dándole un abrazo enorme porque todo ese tiempo le había extrañado un montón.
Luego de Mikasa, luego de que Armin se convirtiera en un prófugo por ser beta en tanto él era sometido, necesitaba estar con su mejor amigo. No importaba cuántas diferencias tuvieran, Armin siempre sería esa persona inquebrantable y fiel que le apoyó y estuvo a su lado siempre.
—Te eché de menos —murmuró Armin, devolviéndole el abrazo.
Eren quería llorar, pero sólo le dio un beso en la mejilla.
—Gracias —le dijo, porque sabía que Armin fue quién planificó todo eso. Si hubiera sido al revés, Eren tampoco habría dudado en ir a rescatarlo aunque eso le costara la vida.
—Debemos seguir avanzando —dijo Jean—, tenemos una larga caminata.
Eren asintió, alejándose, y se volvió para tomarle la mano a Levi, que le esperaba con una mirada tranquila.
Mientras ingresaban en la absorbente oscuridad, Eren se inclinó, dándole un apretón.
—Gracias a ti también —le susurró—, gracias, Levi…
—No hay nada qué agradecer —contestó Levi, sus dedos acariciando la piel del muchacho—. Haría esto por ti mil veces más.
Levi no mentía: aunque terminara muerto, él le salvaría la vida a Eren millones de veces más sin duda alguna.
HEEEEEEEEEEEEEEEEEEY, NO ESTOY MUERTA *corazones y brillos al aire*
Bueno, más o menos sí.
Estoy trabajando y con poco tiempo porque además estoy haciendo clases y debo estudiaaaaaaar, odIO LA VIDA DE ADULTA HFBDJFBSJH :(
Lamento si el capítulo es algo lento, pero es necesario para que la historia avance, los siguientes tendrán más pium pium y kapow y shium shium. Probablamente. Juasjuasjuas.
Según mis cálculos estamos llegando al final de la cuarta parte para entrar en la quinta y última. Deberían quedar diez capítulos, más o menos, para que esta larga y odiosa historia termine xdxdxd Espero que las poquitas personas que la sigan leyendo aguanten todo esto, JJAAJAJAJAJAJA (al menos sé que Paola me sigue leyendo, no me dejes bebé, nadie es más metiche que tú *más corazones*)
Hay algunas personas que preguntan por mis viejas historias que subí y luego borré. Muchas de ellas serán escritas y terminadas con otros personajes, para el fandom al que escribo ahora, así que si gustan en algún momento leer otras cosas mías, pueden buscarme en wattpad como CapitanaMomo. Sólo si quieren, no hay compromiso SDJBFSJDH
Gracias a todas las personas que dieron review en el capítulo pasado. Escribiría sus user aquí, pero debo irme a dormir porque mañana trabajo en turno de mañana fhbhsdj (MÁTENME). ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAAAAAAAAAAAAAAAS POR COMENTAR!
¡Besos enormes, nos seguimos leyendo!
Cotota~
