La Dolorosa Verdad
–… ¡Red Sakaki! ¡El campeón del Pokémon World Tournament, edición Ad Honórem Ketchum!
Me desperté de sobresalto, respirando con dificultad, de manera atropellada, asegurándome de que la mayor cantidad de aire entrara a mis pulmones; la última vez que estuve consciente, me ahogaba debido a un extraño ataque de asma. Aun con aquellas palabras del árbitro grabadas en la base de mi mente, empecé a golpear levemente mi pecho, para así alejar la sensación de molestia presente en mis bronquios. "¿Gané la final?", me cuestioné dudoso, no es como si lo hubiera olvidado, pero parecía un recuerdo tan lejano, como si perteneciera a aquel pasado…
"¿Aquel pasado?", esa pregunta me llevo a cerrar los ojos una vez más, y comenzar un veloz escaneo de mi mente. Hice un rápido análisis de mi consciencia, y pude concluir de inmediato que aún era la persona que despertó de aquel coma, Red Sakaki seguía vivo, yo sigo vivo… Esa idea me alegró momentáneamente, pero solo se quedó ahí, pues mi mente se volvió a trasformar en un desastroso torbellino de ideas, una vez más me encontraba abrumado, justo como antes de la final del torneo. Antes de continuar con los múltiples hilos de pensamiento, como lo haría el kernel de un computador con los procesos, miré a mi alrededor, para finalmente darme cuenta de donde me hallaba. Era una habitación blanca y simple, con un ventanal que apuntaba directo al muelle; yo me encontraba sobre una cama de enfermería, casi tan blanca como las paredes. Estaba totalmente solo.
–Sigo siendo yo… –Vociferé, con un susurro ahogado, al mirar las palmas de mis manos. Aun poseía los recuerdos que recuperé durante la final, seguía al tanto de que mi identidad real era la de Ash Ketchum, pero, aun así, seguía siendo la persona que vivió los seis años tras el coma. A decir verdad, no podía identificarme como Ash, pues aún no recordaba nada de mí mismo, solo ese combate contra Necrozma y mi último encuentro con Serena y los hermanos Aether… Serena; ¿qué se supone que debía hacer respecto a eso? La gran mayoría de los recuerdos de Ash seguían sepultados, así que no sabía cómo hablarles a las personas que lo conocieron. En un todo, no sabía quién debía ser… Y si debía ser Ash Ketchum, no sabía cómo hacerlo…
–¡Oh! Veo que al fin despertase. –Sufrí un respingo ante la repentina voz que inundó la habitación, y al buscar su origen, pude observar a la chica de pelo violeta, parada bajo el marco de la puerta. –Por un momento pensé que mi tratamiento no estaba dando resultado.
–¿Tratamiento? –Cuestioné, viendo como ella se hacía paso en el blanquecino cuarto, y se sentaba lentamente en el colchón de mi cama, con cuidado de no sacudirlo mucho.
–Sí… –Respondió ella, con un susurro. –Perdiste mucha energía durante el combate de la final; temía que pudieras caer en un coma profundo, así que me aseguré de mantener tu mente lo más activa que podía, procurando lograr que despertaras lo más antes posible y que no volvieras a perder la memoria. Fue un poco difícil que la enfermera encargada me lo permitiera, pero pude hacerlo sin que nadie se enterara de ello. –Ella dejó de mirar sus piernas, que era donde había mantenido sus ojos posados desde que sentó, y se enfocó en mí. –Has provocado todo un revuelo, y me temo que tanto gente de tu pasado, como periodistas y paparazzis, han insistido estos días en acceder a esta habitación… –Ella parecía dispuesta a seguir relatando los hechos, algo extraño, tomando en cuenta que suele ser bastante callada, cuando me vi en la necesidad de hacerle una señal para que se detuviera. Sabrina me observó expectante.
–¿Días? –Fue lo único que pude preguntar, en el instante que abrí la boca. Ella pareció comprender que esa pregunta cargaba más dudas de lo que parecía, o simplemente leyó mis pensamientos, la cuestión es que se mostraba dispuesta a explicarme lo que pudiera.
–Antes que nada, me alegra saber que estás bien, aunque no hayas recuperado todos los recuerdos. –Le regresé una sonrisa, ya acostumbrado a sus lecturas mentales. –Y sí, días, estuviste tres días en coma; estaban por enviarte al hospital de Ciudad Driftveil, pero supuse que eso no te agradaría, por todo eso de exponer tu imagen, así que me aseguré de que te dejaran quedarte en la enfermería del estadio una semana, por suerte no hizo falta. –Volvió a hacer una ligera pausa. –De momento no hay nadie afuera, pero aquellos que solo vienen por la noticia suelen aglomerarse a ello de las tres de la tarde, y se alejan hasta el comienzo de la noche. –Miré el reloj, y pude comprobar que eran las diez de la mañana, regresé la mirada a la chica. –Pero supongo que ellos no te interesan. –Hizo una pausa, como esperando una respuesta, pero supuse que no la necesitaría. –En fin, Serena y los demás suelen venir en la noche…
–Serena… –Susurré, carente de aliento.
–Sí… No pareció tomarse muy bien todo esto. –La miré confundido, y Sabrina se vio en la necesidad de rectificar. –Ella y su hija han pasado por mucho, no soy una amiga cercana, pero las conozco, y he escuchado historias… Tu regreso tuvo que haberles caído como una Ventisca a un Dragonite sin Compensación… Escuché que se desmayó cuando entró por primera vez a esta habitación, para visitarte. Tuvieron que llevarla a la habitación de al lado, hasta que se recuperó. Sé que suele quedarse sola hasta la media noche, para luego volver con la niña… En definitiva, ellas dos han sido la más afectadas por todo esto, y con razón. Ash… –Se detuvo, para mirarme fijamente a los ojos. –Red, tu regreso ha venido a cambiar muchas vidas. No soy quien para opinar, pero debes entender que debes manejar todo esto con extrema delicadeza. –Ella dejó de hablar, volteó a su lado izquierdo, donde se encontraba su cartera, y tras rebuscar un momento, me extendió mi gorra roja. –Toma, la lavé porque estaba llena de barro.
–Gracias… –Respondí en un resoplido, tomando el objeto. Luego buscó un rato más en su cartera, y me entregó la llave de mi habitación y mi cinturón con Pokéballs; tras tomarlos, me fijé por primera vez en lo que vestía, era una bata blanca, algo lejano a lo que deseaba encontrar. Convencido de que todo ello era inevitable, tomando en cuenta los días que estuve en la enfermería, me enfoqué una vez más en la psíquica. –¿Cómo los convenciste de que te entregaran mis pertenencias?
–Fue fácil "persuadirlos". –Respondió ella, resaltando la última palabra con el movimiento de sus dedos; no necesité más información para comprender lo sucedido.
–¿Entonces no te has encontrado en ninguno de mis… conocidos? –Pregunté, incómodo. Ella negó tranquilamente, aclarándome que solo estuvo en la habitación durante las madrugadas y las mañanas. Tras un silencio ligeramente perdurable, otra duda anidó en mi mente; no titubeé a la hora de formular la pregunta a la chica. –Sabrina… ¿Por qué me ayudas? –Ella mantuvo su mirada posada en el ventanal un momento, antes voltearse y responder.
–Porque tú, tú yo del pasado, me devolvió la sonrisa. –Hubo otro silencio, uno muy cálido y familiar. –Por ello, espero que el camino que elijas, sea capaz de hacer por ti, lo que tú hiciste por mí, Ash. –No pude evitar perder la sonrisa, ella pareció pensar que se debió a que mencionara ese nombre, pero pronto comprendió que no era el caso... –¿No sabes que hacer ahora? –Negué con la cabeza.
–Tenía pensado enfrentar a mi… –Dejé de hablar y miré mis manos, ambas se convirtieron en rígidos puños. –… padre, con la verdad que obtuviera durante el torneo. Pero nunca pensé que la verdad resultara tan… distinta a lo que creía real, a la vida que he estado llevando. –Sabrina estaba por decirme algo, pero entonces escuchamos un ligero golpeteo en la puerta.
–¿Señorita Hope, se encuentra ahí? –Inquirió una voz masculina que me sonó familiar. Miré a la peli-violeta, ella mi susurró que se referían a la enfermera.
–Queríamos ver si podíamos visitar a… Red. –Añadió otra voz femenina, de manera un tanto tímida; era Serena, no había duda.
–Sabrina, no estoy preparado para verlos… Yo… –La chica pareció comprender, pues, sin decir nada, se acercó a puerta, y abriéndola con cuidado, se deslizó fuera de la habitación, sin dar espacio a las miradas indiscretas de quienes pertenecieron activamente a mi pasado.
–¡¿Sabrina?! ¡¿Qué hacías ahí?! –Escuché a Serena cuestionar, entre sorprendida y molesta.
–¿Yo? Pues me he estado haciendo cargo de que la sanidad mental de Red, eso es todo. –Afirmó Sabrina, de manera melosa, pero con tintes de ironía. –¿La enfermera no te informó? –Preguntó en el mismo tono.
–Hmm… No, la verdad es que no… –Serena se escuchaba muy insegura.
–¡Claro, no tendría por qué! Que tonta que fui al preguntarlo… –Era obvio que Sabrina solo estaba jugando, pero ya no estaba seguro si era para alejarlos, o por el placer de molestar; para una chica tan seria como ella, podía ser bastante bromista, y en el mal sentido de la palabra, un tanto sádica, si cabe.
–¡Sabrina, deja de hacerte la tonta! –Gritó una voz estridente, creo recordar que le pertenecía a la líder de gimnasio pelinaranja que forma parte del grupo. –Has sabido la verdad desde hace bastante y nunca dijiste nada, ¿por qué?
–Yo no sabía nada. –Respondió ella, perdiendo el tono de falsa inocencia que había estado usando anteriormente. A decir verdad, ya no estaba seguro de si lo que decía era verdad o mentira, por lo tanto, me comprometí a preguntarle apenas tuviera la oportunidad.
–¡Claro, y yo soy un Vanilluxe! –Respondió sarcásticamente otra voz, una que pude reconocer de inmediato, la de la Campeona local, Iris. –Déjate de juegos, chica psíquica, y déjanos pasar. –Demandó ésta, firmemente.
–Él no está en condiciones de recibir visitas, lo mejor será que vuelvan más tarde. –No esperé a descubrir el desenlace, así que me levanté de la camilla, con los músculos aun entumecidos, tomé mis pertenencias, y empecé a buscar una manera de escapar.
–Sabrina, no sé si es cierto que no sabías la verdad desde antes, y tampoco es algo que de momento me importe, pero estoy segura que ahora lo sabes, y como tal, eres consciente de que nadie más que yo debe estar a su lado en este momento. –Mi corazón se estrujó, las palabras de Serena fueron tan sinceras que me detuve en seco, anonadado; ya no me sentía capaz de escapar, pero tampoco me sentía capaz de mirar de frente tantos fragmentos del pasado reunidos. No me sorprendió que Sabrina no supiera como rebatir a su afirmación.
–¡Quítate! –La voz de la pelinaranja asesinó el silencio que había reinado por un momento, un estruendo se dejó escuchar, y la puerta se abrió de par en par, conmigo casi al frente de ésta. El tumulto, de al menos unas diez personas, se detuvo ante la imagen que sus ojos captaron; yo pasé exactamente por lo mismo. Pude reconocer en primera fila a Serena, la pelinaranja, el chico moreno e Iris, Sabrina no estaba a la vista.
–¿Ash…? –Serena se puso blanca de la impresión, al ser la primera que ingresó, nos hallábamos a solo unos pocos centímetros. Sus piernas flaquearon y su equilibrio menguó, me moví casi por instinto, y antes de cayera al suelo, pude atraparla en el aire. Con ella en brazos, levanté la vista hacia el grupo. Sabrina estaba ingresando nuevamente a la habitación, cuando nuestras miradas se cruzaron, pude notar como me susurraba un "Hice todo lo que pude, lo siento…". Los demás miembros del grupo estaban tan paralizados como yo, nadie sabía cómo dar el primer paso.
–¿Ash, en verdad eres tú? –Se animó a preguntar la pelinaranja, pude captar que no tenía dudas reales, pues solo deseaba una confirmación de mi parte. ¿En verdad estaba preparado para aceptar mi verdadera identidad? La respuesta a esa pregunta, es no. Mi silenció provocó que ambiente se volviera tenso.
–¿Por qué no volviste si habías sobrevivido? –El moreno se animó a preguntar, nuevamente solo obtuvieron silencio como respuesta.
–¿Por qué ocultaste tu identidad? –Ahora fue turno de la morena.
–¿Por qué golpeaste a Gladio? –Ahora la que preguntó fue la rubia, Bonnie, que se adelantó atravesando a la gente que abarrotaba la entrada; cada pregunta se volvía más específica, y ello me estaba incomodando cada vez más.
–Parece ser que mis dudas nunca estuvieron mal infundadas. Ash Ketchum no es el héroe que todos pensamos que era. –La voz que escupió esas palabras salió de un chico que estaba cruzando el umbral de la entrada, justo al lado de la psíquica. –¿Qué querías? ¿Demostrar lo buen entrenador que te volviste, acostarte con esta chica, –Señaló a Sabrina. – y luego irte tan campante, tras tu salida triunfal?
–Calem, creo que estas malinterpretando la situación. –Respondió Iris, ante mi silencio.
–Sí ese es el caso, me gustaría que él empezara a hablar. –Me señaló con desdeño, algo que me molestó; esa simple acción, encendió la llama del odio que había estado una semana dormida en mi interior.
–Yo… –Dije, con un hilo de voz, llamando la atención de todos. –Yo no tengo porque responderte nada, no te debo explicaciones. –Crucé la mirada con el pelinegro, que no se tomó para nada bien mis palabras.
–¡Puede que tengas razón, pero se la debes a ellos, a ella! –Con su mano señaló a las personas amontonadas en la puerta, y luego a Serena. –A mí me parece que estabas por escapar, sin tener la hombría de hablar las cosas que deben ser habladas, ¿no es así? –Callé una vez más; Calem dio en el blanco. Iris me escudriñó con la mirada.
–Ash… –Dijo con duda. –¿En verdad pensabas irte de acá sin hablar con nosotros? –Suspiré pesadamente, y le hice una señal a Sabrina con la cabeza.
–Yo no tengo nada de que hablar… –En ese momento, me acerqué a Calem rápidamente, y coloqué a la pelimiel desmallada en sus brazos, de una forma un tanto brusca.
–¡¿Qué vas a…?! –Un brillo extraño me cubrió, antes de que el pelinegro pudiera terminar de hablar, y mi estancia cambió instantáneamente. Miré a los alrededores, y no tardé en reconocer mi propia habitación. A mi lado estaba Sabrina, con su Alakazam acompañándonos.
–Gracias… –Le dije, mientras me sentaba en mi cama.
–No hay problema, pero creo que la próxima reunión de líderes de gimnasio será muy incómoda. –Reí desganado, ante su comentario, y le regresé la mirada, en ese momento estaba regresando a su Pokémon a la Pokéball. –¿Sabes que eventualmente tendrás que enfrentarlos, no es así? No podrás escapar por siempre. –Bajé la mirada, sintiéndome abrumado. Ella se acercó a mí, y tomándome por sorpresa, me besó en la mejilla una vez más; tras ello, se alejó en dirección a la puerta y la abrió. –Lo que dije fue en serio, lo de que deseaba que fueras feliz. Ojalá encuentres lo que te hace falta en tu siguiente viaje. –La encaré con una sonrisa, pero entonces la puerta ya estaba cerrada y abandonada.
"Nunca pude preguntarle si ya sabía la verdad desde que nos encontramos por primera vez, pero es obvio que al menos lo sospechaba", con eso en mente, me cambié de ropa y empaqué todas mis cosas, listo para partir de Ciudad Driftveil. Una vez todo estuvo guardado en la maleta, me coloqué frente al espejo, en las manos tenía un repuesto de mis lentes de contacto rojos. El reflejo que me saludó, fue una versión de mí mismo que oculté por muchos años: mi cabello estaba ennegrecido, pues estaba ligeramente desteñido, las cicatrices de mi rostro no estaban ocultas y mis ojos castaños eran profundos como mis dudas.
Tras meditarlo un momento, boté los lentes en la basura, y decidí abrazar esa imagen de mí mismo, convencido de que ya de nada servía ocultar mi identidad. "Probablemente todos mis enemigos estén al tanto de mi verdadera imagen, por lo ocurrido en la final". Di un rápido vistazo a la habitación, y pude corroborar que todo estaba en orden, tras ello, tomé todas mis Pokéballs y liberé a los seres que contenían, revelando a todo mi equipo; ellos me miraron atentos, claramente alegres por ver qué estaba en buen estado.
–Chicos, parece que llegamos a un punto muerto… Ahora sé quiénes éramos antes del coma. –Todos ellos me miraron sorprendidos, menos Greninja, Raichu superó su malhumor y se me acercó a mí, colocándose cerca de mi hombro. Les relaté lo que sabía, y tras ello les hice una pregunta que tenía en mente desde que empecé a hablar. –… Por eso necesito saber; ¿ustedes recuerdan algo nuevo de nuestro pasado? –Todos negaron, incluido Greninja. Suspiré y dirigí la mirada al suelo. –¿Ahora qué? ¿Qué debo hacer…? –Inquirí, más para mí mismo, que para ellos. –Tengo que descartar la idea de volver a mi vida anterior, al menos de momento; no puedo ser alguien que no conozco. Tampoco puedo seguir con mi antigua vida, no ahora que sé la verdad; aunque siempre supuse que sería así fuera como fuera que sucedieran las cosas… ¡Mierda, todo esto es culpa de mi padre…! ¿Mi padre…?
Esas palabras resultaron como echarle más leña al fuego del odio que ardía en mí. Giovanni, ese hombre que dice ser mi padre, que me engañó y me hizo creer ser alguien que no era… Él fue quien distorsionó mi realidad, y manejando los hilos que ató a mi destino, hizo lo que le plació conmigo. Entre más pensaba en ello, más convencido estaba, iría donde Giovanni, le sacaría toda la verdad, y me vengaría… "No permitiré que un monstruo como él permanezca con vida", la llama del odio ardió con fiereza, quemando mi interior. Estaba tan enfocado en mi recientemente adquirido objetivo, que fallé en notar que Raichu estaba generando multitud de chispas con sus mejillas. Cuando finalmente lo noté, le cuestioné al respecto. "Raichu, rai", respondió, señalando la puerta; en ese momento, alguien la golpeó con calma.
–¿Quién es? –Cuestioné cautelosamente. No habían pasado ni cinco minutos desde que escapamos de la enfermería, así que sería imposible que los agentes del pasado, en tan poco tiempo descubrieran mi ubicación, sobre todo porque no noté ninguno de los hermanos Aether con ellos. Aun así, no quería arriesgarme; pero al no obtener respuesta, miré seriamente a Raichu, y luego a los demás, todos se colocaron en posición de ataque. Me acerqué a la puerta, y la entreabrí, en ese momento un flash de color naranja atravesó la puerta, empujándome hacia atrás.
–Al parecer no recuerdas que Dedenne puede comunicarse con Pika… Raichu, a través de la electricidad estática de sus mejillas. –Miré a quien me habló, como era de esperarse, era Bonnie, que se encontraba justo frente a la puerta. A su lado estaba una cohibida Serena; aún no había rastro de los demás. Una vez más, me hallé incapaz de reaccionar, así fue hasta que escuché la tímida voz de Serena; esta vez no aparentaba que fuera a desmayarse.
–¿Po-podemos hablar? –Suspiré profundamente; no me sentía listo para afrontar un pasado de tal magnitud. A pesar de ello, me hice a un lado, y le indiqué que pasara; la rubia se quedó afuera, así que cerré la puerta tras ella, de momento su Pokémon se encontraba jugueteando con Raichu, la imagen me hizo sonreír. La sonrisa murió cuando volteé hacia la cama y miré la cara de Serena, la pobre chica estaba tan blanca como un Mega-Gengar Shiny. En silencio, me senté a su lado…
–¿De que deseas hablar? –Casi de inmediato me recriminé por la estúpida pregunta. Serena se frotó los ojos, que parecían a punto de desbordarse en lágrimas, reuniendo valor.
–¿Tú… me recuerdas? –Su pregunta fue directo al grano; noté como tocó el lazo azul con el que tenía su pelo amarrado, al momento de preguntar aquello. Trastabillé a la hora de encontrar una respuesta a su duda. –Veo que estás igual de nervioso que yo… –Ella suspiró profundamente, tomándose sus rodillas. –Pensar que después de todo lo que pasamos, resultaste ser… bueno, tú. ¿Qué te pasó? ¿Por qué no volviste? –La miré directamente a los ojos, y reuní el valor para decirle la verdad; sabía que sus últimas preguntas, no iban dirigidas a mí, sino más bien a Ash.
–Me gustaría decir que te recuerdo, pero sería mentir en gran parte. –Ella no pareció comprender. –Solo recuerdo el día que crucé el maldito Ultraumbral, recuerdo nuestra despedida… Pero antes de eso, todo está en blanco. Y eso lo recordé hasta hace poco, durante la final… –Ella se agitó un poco, pero se calmó tras un par de respiraciones pausadas.
–¿Podrías decirme lo que sabes? –Me ahorré los detalles de lo ocurrido con Necrozma, y de lo que fue de mi vida tras despertar del coma, pero al final le relaté lo mejor que pude todo lo sucedido, incluida la verdad de porque visitaba su hogar.
–Tú me dijiste que tu corazón siempre te guiaría a mí mientras palpitara, parece ser que era cierto… –Sus ojos celestes se llenaron de lágrimas una vez más, y antes de que pudiera darme cuenta, se lanzó hacia mí con los brazos abiertos. Tardé un poco en reaccionar, pero al final terminé correspondiendo el abrazo. Pasados unos segundos, se separó de mí súbitamente. –Lo siento, no debí reaccionar así… –Negué con la cabeza.
–No importa, a mí no me molesta. –El silenció volvió a reinar, hasta que los ojos de Serena se posaron en los siete Pokémon, que apenas y cabían en la habitación.
–Me alegra saber que todos estén bien; es una lástima que Pikachu se viera obligado a evolucionar. –Su voz se volvió a quebrar.
–Todos hemos tenido que hacer sacrificios, así es nuestra vida… –No había terminado de hablar, cuando sus manos tomaron las mías.
–¡No tienes que seguir haciéndolo, puedes venir con nosotros! En mi casa tengo espacio, puedo darte la habitación de huéspedes, y ayudarte a recordar, tal vez con el tiempo… –Me vi en la necesidad de detenerla.
–No puedo… No creo que pueda recordar si no ato varios cabos sueltos de la vida que formé durante estos seis años. –Ella abrió ampliamente sus ojos y su cuerpo se sacudió.
–¿Cabos sueltos? ¿Ya… ya tienes alguien? –Volvió a tocar su lazo azul. Al principio no comprendí, pero al ver como la chica parecía estrujarse sobre sí misma, terminé comprendiendo a que se refería.
–No, no… Estoy solo. En el fondo siempre sentí que había algo que no se podría llenar, no importa quien internara hacerlo. –Una pequeña sonrisa se formó en su rostro, y pude notar un claro sonrojo. –Por cierto, ¿dónde está Yvonne? –Era un tema complicado de tratar, pero la curiosidad fue más fuerte que la lógica. Serena me miró fijamente, un poco incómoda.
–Con Miette, Shauna y…–Comenzó a relatar, pero claramente no estaba entendiéndole. –… unas amigas. –Rectificó. Tras otro silencio, capté como una sonrisa burlona se formó en sus labios. –Al menos ahora entiendo porque Pangoro y Sylveon se llevaban bien contigo. –Le regresé la sonrisa. –Ash… –No me sentía cómodo siendo llamado así, y ella pareció comprenderlo de inmediato. –... Red… Hmm. –Se aclaró la garganta, con pena. –Tengo dos de tus Pokémon contigo, ¿no te gustaría verlos? –Negué casi por reflejo.
–Lo siento, pero aún no me siento listo para los reencuentros del pasado… Por hoy, tú serás un caso especial. –Ella asintió, sonriéndome melancólicamente. Me levanté de la cama, y regresé a mis Pokémon, excepto a Raichu. –Por ello mismo debo irme ahora, antes de que aparezca el resto de ellos. –Le dije, refiriéndome al grupo de amigos de mi pasado.
–Entiendo… –Ella también se reincorporó. –Si necesitas donde quedarte, mi casa siempre estará disponible. A… a Yvonne le encantará, estoy segura. –Asentí, agradeciéndole el ofrecimiento.
–Serena… –Dije cuando estaba por salir, llamando su atención, que estaba enfocada en el tipo Eléctrico/Hada. –Este no es un adiós, es un hasta luego.
Tras ello, salí de la habitación donde dormí por dos semanas, y me encontré con Bonnie, ella parecía dispuesta a hablarme, pero entonces Serena la llamó. Seguí el camino a paso rápido, en dirección del salón; en el camino, me topé con los demás del grupo, y con ellos, estaba Yvonne. Ignoré los llamados, ignoré a la pequeña, que no se decidía si llamarme Jimmy o Red, ignoré el pasado y empecé a correr. Cada metro que recorrí, corrí más rápido que antes, haciendo oídos sordos a sus llamados, ignorando el dolor que invadía a mi ser. Aunque le había dicho a Serena que no sería un adiós, algo volvió para atormentar mi mente, la realidad, mi realidad.
"¿Cómo los veré a la cara después de todo lo que hice? ¿Cómo podré mirar directamente a los ojos a quienes fueron mis amigos, mi familia desconocida, mi pareja y mi… mi hija?", mi corazón me suplicaba que me quedara. Pero sabía que no podía, y ello tenía un solo culpable. "Te asesinaré de manera lenta y dolorosa, Giovanni…", apliqué fuerza en mis puños, y me enfoqué en dejar de lado a aquellas personas que alguna vez pertenecieron a mi presente.
Con el odio y el enojo creciendo exponencialmente, salí de la ciudad a lomos de Charizard, y tomé el primer avión en dirección a Alola. Primero recolectaría todas mis cosas y realizaría un plan de acción, y después de ello, viajaría a Kanto para encontrar a mi supuesto padre. Durante todo el vuelo, pensé en múltiples maneras de vengarme de él, también pensé en que haría con Silver, pero antes necesitaba escuchar la verdad de sus bocas, no estaría satisfecho hasta exprimirles sus razones a golpes. El avión aterrizó y volví al lomo de mi tipo Fuego/Volador; la sonrisa volvió a mi rostro cuando divisé el Pueblo Po, pero no era una sonrisa de alegría.
–… No puedo regresar a una vida que desconozco, menos cuando solo puedo pensar en la venganza. –"Padre…", pensé en modo despectivo, "espero que estés listo, porque no descansaré hasta verte muerto".
