HORIZONTES DE LUZ
Por Evi
o O o
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EL CORAZÓN DE LA ETERNIDAD
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La joven reportera se arreglaba su cabello mientras su asistente comprobaba que el micrófono estuviera funcionando correctamente y el camarógrafo hacía algunos enfoques y tomas abiertas con su cámara. La mujer sonrió al notar lo hermoso que era el día, tibio con un hermoso cielo azul en donde ni una sola nube podía verse en los alrededores. Alrededor de ella todo era actividad. Algunos trabajadores del cuerpo de Servicios Generales de la RDF iban y venían metiendo cajas y bultos a unos enormes hangares a espaldas de donde la reportera se preparaba para transmitir su nota.
- Un minuto y medio para entrar al aire. – El productor informó. - ¿Estás lista, Andrea?
- ¡Lista! – La reportera se colocó en posición y se aseguró de que el logotipo de la MBS en su micrófono fuera claramente visible. – La almirante Hayes y el General Hunter eligieron un hermoso día para casarse.
El productor levantó su mano, haciendo la señal silenciosa de que se preparara. La cámara comenzó a grabar y el productor, mirando la pequeña pantalla que tenía frente a él, comenzó con su cuenta regresiva con los dedos hasta que le dio la señal a su reportera de que podía comenzar.
- Aquí Andrea Rhein transmitiendo en vivo desde los campos aéreos de la Base Militar Macross para Macross Broadcasting System. Desde muy temprano en la mañana la actividad ha comenzado aquí en la base militar. Hay equipos que trabajan afanosamente para tener todo listo para esta tarde, cuando se celebrará lo que probablemente se ha convertido en el evento más esperado del año: la boda de la Almirante Lisa Hayes con el General Rick Hunter.
El camarógrafo hizo una toma de los muchachos de servicios generales que, ajenos por completo a aquella transmisión noticiosa, continuaban con su trabajo. Andrea Rhein prosiguió con su relato.
- La ceremonia ecuménica se celebrará esta tarde a las seis, o como los militares preferirían decir, a las 1800 horas en la capilla ecuménica de la base. Posteriormente la recepción tendrá lugar en los jardines del Museo Almirante Donald Hayes en el centro de la ciudad. Sin embargo ningún militar de esta base ha sido excluido de esta celebración. La ceremonia será transmitida en pantallas gigantes que están siendo colocadas en los hangares que tengo a mis espaldas, en donde posteriormente se ofrecerá una cena para todos los militares y sus familias que, por razones de espacio y logística, no podrán ser recibidos en el Museo Almirante Donald Hayes. El personal de la base recibió una invitación personalizada de parte de los próximos esposos del matrimonio Hunter-Hayes y todos se han mostrado emocionados y felices de asistir a una celebración tan esperada por todos. – Andrea mostró una de las invitaciones, que uno de los militares ahí presentes le había prestado.
El camarógrafo hizo otra toma general de la zona y de un escuadrón de cazas VF1 que en esos momentos despegaban por la pista número 7 que estaba a sus espaldas. El productor le hizo la señal a Andrea de que aún tenían 30 segundos más al aire, que siguiera hablando. Ella sonrió y prosiguió con una nota de emoción en su voz.
- Hace algunos años los titulares y los espacios noticiosos eran ocupados por estrellas de cine y cantantes, pero en la nueva era que estamos viviendo las cosas parecen haber cambiado radicalmente. La mayoría de nosotros tuvimos seres queridos que pelearon valientemente durante la guerra… la mayoría de nosotros perdimos amigos o familiares, quienes valerosamente ofrendaron su vida a favor de una causa mucho más grande. El deber de los militares, ese deber que llevan tan arraigado en su alma, es morir para que otros puedan vivir… es sacrificar su presente, para que otros puedan vivir el futuro.
Los ojos de Andrea Rhein brillaban con lágrimas contenidas y una profunda emoción… ella, al igual que tantos otros, también había perdido seres queridos en la guerra, personas que ella amaba y que dieron su vida para darles o otros ese regalo de un futuro en el que los sobrevivientes pudieran hacer posibles los sueños, las esperanzas y las ilusiones que ellos, los héroes caídos, jamás habían tenido la oportunidad de llevar a cabo.
- En una época donde voces que se autoproclaman pacifistas y antimilitaristas se levantan por doquier, ignorando el sacrificio de aquellos que murieron para que esos mismos pacifistas pudieran vivir, la almirante Hayes y el General Hunter responden de la mejor manera en que se podría responder: con amor. Son ellos los héroes a quienes la juventud admira, respeta y emula… son ellos quienes, en medio de esas voces de protesta que se levantan, responden con la divisa del almirantazgo: "Asumo la custodia de la paz".
El productor levantó su mano, marcando 5 segundos para el cierre de la transmisión. Andrea sonrió radiantemente y terminó:
- Para Macross Broadcasting System, soy Andrea Rhein.
La cámara dejó de grabar y el productor asintió con la cabeza, mientras revisaba algunos datos técnicos en pantalla.
- Nos espera un largo día por delante. – Comentó el productor.
- Sin embargo, cubrir esa noticia… - Andrea sonrió mientras se quitaba el apuntador. – No me quejo, Henry… sinceramente no me quejo.
- Podría haber sido peor. – El asistente comentó, mientras comenzaba a recoger los cables del suelo. – Podrían habernos enviado a cubrir la fiesta de cumpleaños de la Señorita Macross.
La reportera, el productor y el camarógrafo hicieron un gesto de disgusto. Enseguida el productor les anunció que el canal estaba pidiendo otro segmento para el corte informativo del medio día. Tenían un par de horas para prepararlo.
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El despertador sonó de pronto, sacando a Rick de un sueño profundo. Su brazo apareció debajo de las sabanas, que lo cubrían hasta la cabeza en un esfuerzo inconsciente del piloto por cubrirse de la luz de la mañana que desde hacía ya buen rato habían entrado a raudales por la venta de su habitación. De un manotazo apagó la alarma del despertador, sin embargo la voz de un locutor de noticias llegó hasta él.
- … la temperatura es de 20°C y el cielo despejado. Es una hermosa mañana de octubre… son las 10:00 AM en punto y se nos informa que en el centro de Ciudad Macross hay un leve congestionamiento vehicular por la avenida—
Rick apagó el radio de otro manotazo, sin salir de su escondite debajo de las sábanas. Por un momento quedó perfectamente inmóvil pero después se rió suavemente.
- Parece que el truco del cuchillo de Miriya funcionó… - Sonó la voz adormilada del general.
El piloto aventó las cobijas y se estiró perezosamente mientras una sonrisa se convertía en una risa franca y llena de alegría y emoción. Se puso de pie de un salto y prácticamente corrió hasta la cocina, en donde se detuvo frente al refrigerador, en donde estuvo por unos segundos contemplando el mapita que había hecho el día mismo que Lisa y él habían fijado la fecha de su boda. Mientras se tallaba los ojos para quitarse el sueño de ellos, no podía dejar de sonreír. Lenta, casi ceremoniosamente tomó el pequeño avioncito en sus manos y lo movió hasta la última casilla.
- ¡Ya estamos aquí! – Rick murmuró para sí mismo. - ¡Llegamos!
Mientras la cafetera se ocupaba en preparar una buena dosis de café matutino, el general Hunter decidió ocuparse de asuntos igualmente importantes. Se sentó en la barra y tomó el teléfono. Revisó una pequeña agenda que tenía a la mano y marcó un número.
- Buenos días. – Habló con voz adormilada. – Quisiera enviar un arreglo floral… el más grande y bonito que tengan… quiero que se entregue de inmediato a la habitación de la Almirante Hayes en el Hotel Macross Suites… sí, por favor… ¡El más hermoso que tengan! – Rick se rió. - ¿La tarjeta? Hmmm… que diga "No te olvides de nuestra cita de esta noche. Te amo. Rick Hunter".
Después de que la vendedora felicitara a Rick por su enlace matrimonial y de que le asegurara que las flores serían entregadas de inmediato a la almirante, el piloto colgó el teléfono y se sirvió su primera taza de café de esa mañana… contó las horas con los dedos e hizo un gesto de disgusto al comprobar que aún faltaba mucho… demasiado tiempo hasta el momento de ir a la capilla… de ir a su boda.
- ¡Va a ser un día muy largo! – Rick comentó, mientras se dejaba caer en el sofá de la sala de estar y encendía la televisión.
Poco después, en la suite de la almirante en el hotel que había sido su hogar durante los últimos diez días, un mensajero entregó aquel enorme arreglo floral. Miriya, quien se encontraba en el recibidor de la suite, fue quien recibió aquel regalo y sonrió emocionada. Decidió que era hora de despertar a la almirante Hayes.
Entró a la habitación y sacudió la cabeza al percatarse de que Lisa seguía profundamente dormida. No era común que ella durmiera hasta tan tarde, pero por otro lado el descanso le haría bien y además Miriya sabía que no habría muchas oportunidades de descansar aquella noche… o las subsecuentes.
- ¡Buenos días, bella durmiente!
Lisa se encogió debajo de sus cobijas y se tapó la cabeza con la sábana mientras refunfuñaba y murmuraba algunas palabras incomprensibles. La luz que entró a raudales a su habitación cuando Miriya recorrió las pesadas cortinas hicieron que Lisa terminara de despertarse.
- ¿Qué hora es?
- Son las once de la mañana. – Miriya le informó. - ¡Y tenemos mucho que hacer! El almuerzo estará aquí en cualquier minuto, así que más vale que te levantes y te pongas presentable.
- ¿LAS ONCE? – Lisa se sentó de golpe en su cama. - ¡LAS ONCE!
- ¡Hey, tranquila! – Miriya se rió. – Todo está bajo control… Kelly estuvo aquí pero se fue al aeropuerto a recibir a David, así que yo quedé a cargo de llevar tu agenda por ahora. Tienes que almorzar bien porque después te tienes que bañar. A las 1400 horas van a venir a comenzar a peinarte y maquillarte… de acuerdo a mi cronograma para las 1600 horas debes de estar lista, ya solo para ponerte tu vestido encima. ¡Así que arriba, princesita! Ya dormiste lo suficiente.
Lisa miraba a Miriya con una mirada como si no comprendiera de qué estaba hablando su amiga. La meltran se rió y le palmeó la espalda a su amiga.
- Diez de octubre¿Recuerdas¿Tu boda?
Los ojos de Lisa se abrieron desorbitadamente y una sonrisa comenzó a formarse en ellos. Miriya iba ya camino a la puerta de la habitación.
- ¡No fue un sueño entonces! – Lisa murmuró.
- Bueno, hay algo aquí afuera que puede hacer que las cosas sean más reales para ti, Lisa. Quizás quieras venir a ver esto.
La almirante se puso de pie, buscó sus pantuflas y caminó hasta la sala, en donde un enorme y hermoso arreglo floral engalanaba aquel espacio. La sonrisa en los labios de Lisa y el brillo en sus ojos fueron mucho más elocuentes que cualquier palabra que ella hubiera podido pronunciar en aquellos momentos.
- ¡Rick! – Murmuró, llevándose las manos al pecho.
- Creo que trae una tarjeta por ahí. – Miriya comentó, yendo a recibir al servicio a la habitación que ya había llegado.
Lisa buscó casi desesperadamente la tarjeta y se rió cuando leyó lo que el piloto había mandado poner en ella. ¡Como si ella se fuera a olvidad de la cita que tenían esa noche! Tenía meses pensando y soñando con aquel día… habían sido años los que había tenido que esperar para llegar a aquel momento. ¿Y Rick le pedía que no fuera a olvidar lo que tenían pendiente esa noche?
- ¡Es un bobo! – Lisa se rió y sus ojos se llenaron de lágrimas de emoción contenida.
- ¡Hora de almorzar! – Miriya anunció alegremente, empujando el carrito de servicio hasta el comedor de la suite. – Pedí bastante comida porque no creo que vuelvas a tener tiempo de comer sino hasta la recepción de esta noche, así que más vale que llenes el tanque ahora que puedes¿De acuerdo?
- Voy a… lavarme la cara.
Lisa regresó a su habitación y Miriya sonrió al verla alejarse. Había notado como la siempre segura de sí misma almirante Hayes parecía estar temblando un poco aquella mañana. Lisa estaba emocionada y no podía evitarlo ni ocultarlo. Mientras la meltran comenzaba a servir la mesa, sonreía contenta y satisfecha… el gran día finalmente había llegado.
En el baño, Lisa se lavó la cara y se miró al espejo. Observó su rostro, por el que corrían libremente algunas gotas de agua, y se pasó la mano por las mejillas. Jamás había notado lo brillantes que sus ojos realmente eran. ¿O sería que aquel día estaban brillando de una manera diferente?
Se acomodó su cabello, que estaba ensortijado y algunos mechones le caían sobre los ojos. La luz de la mañana entraba al baño a raudales y hacía que su cabello pareciera particularmente lustroso aquella mañana. Lisa se observó al espejo por unos segundos sin poder moverse ni apartar sus ojos de su imagen. Jamás había sido una mujer vanidosa y jamás se había considerado una mujer particularmente bonita pero… aquella mañana había algo especial en ella. Era como si una luz irradiara de cada molécula de su cuerpo. Se veía radiante y feliz… tan emocionada y feliz como no lo había estado jamás en su vida.
- ¡LISA! – La voz de Miriya llegó hasta ella desde el comedor. - ¡El almuerzo se enfría! Tenemos mucho que hacer así que más vale que te apresures.
- ¡Voy! – Lisa respondió y se dio tiempo de mirarse por última vez en el espejo antes de salir del baño. – El amor lo cambia todo. – Lisa pensó. – ¿Realmente me has cambiado tanto, Rick?
Lisa sonrió y en algún lugar muy dentro de ella una vocecita le respondió que el piloto no la había cambiado, simplemente había liberado a la mujer que ella siempre había mantenido prisionera en su interior… esa mujer que ella se había negado a ser durante tanto tiempo: la verdadera y auténtica Lisa Hayes.
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Eran casi las 1300 horas cuando Max Sterling llegó a la casa del almirantazgo y fue a llamar a la puerta, llevando consigo unas enormes bolsas de comida con el logotipo de un conocido restaurante local. No pasó mucho tiempo antes de que Rick fuera a abrirle y le indicara que entrara. El piloto todavía estaba vestido con su pijama y andaba descalzo. Su cabello se notaban particularmente ensortijado y sus ojos hinchados hacían patente el hecho de que Rick había estado dormitando.
- ¿Te acabas de levantar? – Max preguntó, dirigiéndose a la cocina detrás de su amigo.
- No… me desperté desde la mañana pero me quedé dormido viendo la tele.
- ¿Y qué veías?
- Noticias… - Rick se encogió de hombros. – Han estado pasando cortes informativos todo el día, en MBS sobre la boda.
- En MBS, en Televisión Monumental y en el canal del Sistema Global de Noticias. – Max le informó, mientras comenzaba a sacar la comida de las bolsas de papel.
- Son nuestros quince minutos de fama. – Rick se rió.
- Dudo que sean sólo 15 minutos, jefe… pienso que es mucho más que eso. ¿Tienes hambre? Porque traje suficiente para un ejército.
- Sí, la verdad es que si tengo un poco de hambre. – Rick se sentó en la barra. – En las noticias entrevistaron a Maistroff hace rato.
- ¿Y qué dijo?
- Estuvo hablando sobre su próxima postulación como delegado de Ciudad Macross… Lisa tiene razón, sería bueno tenerlo como delegado ante el GTU pero si Maistroff va a comenzar su campaña, entonces primero necesitará pedir licencia… está en los estatutos y reglamentos, ningún militar en servicio activo puede inmiscuirse en política… Lisa piensa hacer una revisión y reestructuración de la cadena de mando de la RDF en noviembre. Ahora que el nuevo mundo se ha puesto en marcha, es urgente reorganizar la cadena de mando de la RDF como prioridad. Con la reactivación de la UN-SPACY y las próximas misiones de migración—
- ¡Rick! – Max lo interrumpió sonriendo. - ¿Realmente tienes que estar hablando de esas cosas el día de hoy?
- Supongo que no… - El piloto se rió y se rascó la nariz. – Aunque también vi en las noticias que los Stonewell llegaron esta mañana.
- Sí, Kelly y Jack fueron a recogerlos al aeropuerto.
- Entrevistaron a David. – Rick agradeció el plato de comida que Max le pasó con un movimiento de cabeza. – Estaba hablando sobre su gestión como delegado de Nueva Montreal ante el GTU… y sobre el contrato y los acuerdos que Stonewell Bellcom formalizará con las Industrias Shinnakasu para la producción de los VF4. El segundo escuadrón que cambiará los VF1 por los VF4 está programado para ser actualizado para fin de año, es el Escuadrón Iron Chiefs. La producción masiva está por comenzar, el contrato es de 8000 mil unidades en 20 años y—
Rick se detuvo cuando se percató de la mirada que Max le estaba lanzando, entre divertida e incrédula.
- Sí, lo sé… lo sé. – Rick se pasó la mano por el cabello ensortijado. – Estoy nervioso, Max. Simplemente estaba tratando de pasar el tiempo… viendo todo lo que están diciendo en la televisión sobre la boda y todo… quería mantener mi mente ocupada en otras cosas para que las horas se fueran rápido pero… - Rick se encogió de hombros. – Supongo que es imposible dejar de pensar en esto¿Eh?
- Es el día más importante de tu vida, jefe. – Max habló comprensivamente. – Es normal que te sientas nervioso, pero ya casi llega el gran momento.
- Sí, ya falta poco… decidí dejar de contar los minutos que faltan. ¡Me estaba volviendo loco! Por eso preferí escuchar la entrevista con Maistroff o lo que fuera.
- Bueno, es bastante interesante escucharte hablar de todo esto, Rick.
- ¿De Maistroff y de los Stonewell?
Max asintió y se encogió de hombros.
- Bueno… ya sabes. Te has convertido en todo un soldado, Rick. Incluso en el día de tu boda… y creo que eso se lo debes a cierta almirante de ojos verdes que en estos momentos debe de estar igual de nerviosa que tú.
- ¿Sabes, Max? Ser soldado jamás fue una opción para mí. – Rick comentó, mientras picaba su comida con el tenedor. – Cuando Roy se fue a la guerra yo odié al ejército que me había arrebatado a mi hermano. Mi papá siempre me dijo que era un honor poder luchar por las causas en las que creía. Sin embargo admito que cuando finalmente yo me enlisté en la RDF yo no creía en sus causas… lo hice porque no veía muchas opciones frente a mí.
- ¿Y qué pasó después?
El piloto se encogió de hombros y masticó el bocado que se había echado a la boca. Por un momento los dos comieron en silencio, hasta que Rick siguió hablando.
- Ahora ya no concibo mi vida lejos del ejército, hermano.
- Lejos de Lisa. – Max puntualizó.
Rick sonrió y asintió levemente con la cabeza antes de proseguir:
- Supongo que el SDF1 vino a cambiar el curso de la historia humana y el curso de nuestras vidas personales. Siento que todos despertamos de un sueño en el que habíamos permanecido toda la vida. Vino la guerra y en nuestras manos estuvo la elección: pelear o morir. Para mi fue toda una revelación, hermano… yo no vivo para luchar… lucho porque quiero vivir. Quiero proteger a los que amo… no lo sé. De pronto el destino nos alcanzó como si fuera una flecha. El destino… mi destino es Lisa Hayes.
- Esa mujer que, sin importar lo que suceda, te amará por siempre, hermano.
El piloto asintió con la cabeza y sonrió emocionado.
- Antes me preguntaba si alguna vez los días volverían a ser tan brillantes como alguna vez lo fueron… ahora me doy cuenta de que los días ahora son tan brillantes y llenos de luz, de paz y de alegría como jamás lo fueron antes.
- Y esa paz, esa luz y esa alegría tienen un nombre para ti.
- Lisa Hayes. – Rick repitió. - ¡El nombre más hermoso del universo!
Los dos amigos continuaron conversando tranquilamente por algunos momentos. Max sabía que Rick estaba algo nervioso y quería que se relajara y se calmara un poco antes de que fuera momento de comenzar a prepararse. Hablaron de sus días en el SDF1 y la guerra espacial que les tocó vivir, sobre sus experiencias durante la reconstrucción, sobre esas mujeres maravillosas que ambos tenían a su lado… y finalmente sobre la boda de Lisa y Rick.
Eran más de las 2 de la tarde cuando Max decidió que era hora de comenzar a prepararse. Quería que Rick tuviera todo el tiempo del mundo para afeitarse, bañarse, peinarse y uniformarse. Según las órdenes específicas que había recibido de Miriya, Rick debería salir de la casa del almirantazgo con rumbo a la capilla de la base a las 1700 horas, ni un minuto más, ni un minuto menos.
- Bien jefe, - Max anunció. – Será mejor que comience la función… traje mi uniforme para vestirme aquí, si no te molesta… y espero que me dejes tomar una ducha también. Pero ya sabes todos esos productos que te dieron ayer en la estética… lo que debes de ponerte en el cabello y la afeitada que te debes de dar y las cremas… bueno, todo… así que más vale que te pongas en marcha.
- Sí…
Rick se puso de pie y levantó su plato. Max sonrió comprensivamente cuando notó que las manos de su amigo estaban temblando, pues el plato se movía bastante perceptiblemente.
- ¡Deja eso, yo me encargo! – Max tomó el plato de sus manos. – Tú vete a bañar y a preparar… yo me encargo de todo por aquí. Te están temblando las manos.
- ¡Ojala fueran sólo las manos! Me está temblando todo el cuerpo. – Rick lloriqueó.
Max se rió y lo palmeó en la espalda.
- ¡Tranquilo, jefe! Todo va a estar bien… las cosas están bajo control y tú no tienes nada por qué preocuparte. Tu dedícate a disfrutar éste día tan especial.
- Max… -Rick se detuvo en la puerta de la cocina. – Gracias… por todo.
- ¡Ni lo menciones!
- No, en serio. – Rick habló con seriedad. – Sé que pasé semanas quejándome de Miriya y de sus locuras pero… les agradezco todo lo que hacen por nosotros. Ustedes… ustedes son nuestra familia, Max. ¡Gracias!
El capitán Sterling sacudió la cabeza y sonrió. Iba a decir algo, pero sintió que cualquier cosa que dijera en esos momentos no alcanzaría a expresar lo que en realidad sentía por Rick y por Lisa… o como su oficial superior tan bien lo había puesto en palabras, por esas personas que se habían convertido en su familia. Finalmente Max se acercó a Rick y lo abrazó estrechamente, palmeándole la espalda con fuerza.
- Te mereces ser feliz, hermano. – Max finalmente habló con voz ronca por la emoción. - ¡Te mereces estar con Lisa y ser feliz a su lado para siempre!
- Gracias… Max. – Rick le regresó el abrazo, sintiendo la misma emoción que su amigo le estaba demostrando en esos momentos.
Los dos se separaron y se sonrieron. Sin que mediaran más palabras entre ellos, o quizás para ocultar el hecho de que ambos sentían que estaban a punto de llorar, Rick se dirigió a su habitación a comenzar con los preparativos, mientras Max se quedó en la cocina y comenzó a lavar los platos.
Había pasado algunos minutos… media hora tal vez, cuando Max se sentó en la barra y observó a su alrededor. Rick se las había ingeniado para mantener el lugar escrupulosamente limpio y bien ordenado durante la ausencia de Lisa y aquello hizo sonreír al capitán.
Observó también la decoración de la cocina, simple y sencilla pero a la vez cálida y llena de pequeños detalles. La mano de Lisa Hayes podía verse en cualquier rincón… y la de Rick Hunter en el pequeño calendario que había en la puerta del refrigerador, con un avioncito posado sobre el recuadro marcado con la fecha de ese día: 10 de octubre 2012.
Antes de que Max pudiera siquiera formular algún pensamiento lógico, el teléfono se dejó escuchar y casi como por reflejo el capitán lo tomó para contestar la llamada.
- Casa del almirantazgo, habla el capitán Sterling. ¿En qué puedo ayudarle?
Un silencio glacial siguió a las palabras de Max. Era como si no hubiera nadie del otro lado de la línea… excepto que él podía escuchar una respiración entrecortada.
- ¿Bueno? – Max insistió. - ¿Quién habla?
- ¿Está… está Rick Hunter? Necesito… quiero hablar con él.
- El general Hunter no puede atender su llamada en éste momento. ¿Quién lo busca?
- Max… ¿No me reconoces? Soy yo… Minmei.
Los ojos del piloto as de las Fuerzas de Defensa se abrieron desorbitadamente. Lo primero que vino a su mente fue el preguntarse cómo es que no había reconocido a la que quizás era la voz más famosa de la Tierra en esos tiempos… pero ese pensamiento fue rápidamente sustituido por la rabia que de pronto sintió al pensar que Minmei estaba buscando a Rick… en el día de su boda.
- Minmei… - La voz de Max fue casi un susurro; estaba luchando por mantener la calma. – Minmei… ¿Qué sucede?
- Sólo quería hablar con Rick… felicitarlo por su boda.
Un incomodo silencio siguió a aquella frase. Max no sabía que responder y Minmei parecía dudar entre seguir hablando o esperar una respuesta. Finalmente fue la Señorita Macross quien continuó:
- Tienes que comunicarme con él, Max… tengo que hablar con él aunque sea por un momento.
- No puedo, Minmei. Rick no está disponible en estos momentos… y aunque lo estuviera, dudo que— Minmei¿No comprendes que en unas horas Rick va a casarse con Lisa¡Tienes que dejarlo en paz!
- Max, yo—solamente quiero felicitarlo, es todo… y decirle que les he enviado un regalo de bodas grande y muy costoso. Fue lo mejor que encontré en los Almacenes Viejo Mundo, son los más exclusivos de Ciudad Monumento.
- Yo le pasaré tu recado y esto seguro de que agradecerá el regalo, muchas gracias.
- ¡Max! – Minmei lo detuvo, evitando que colgara el teléfono. - ¿Cómo… está él?
- ¡Feliz! – Max respondió sin siquiera pensarlo, antes de abundar en el tema.- Es un hombre con suerte, Minmei… está por casarse con el amor de su vida. Está emocionado y muy contento.
- Estoy preocupada por él¿Sabes? Es que… yo estoy bien… he estado rehaciendo mi vida y creo que voy por buen camino pero… no es sobre mí, es solo que yo, bueno…
- ¿Qué cosa?
- No lo tomes a mal, Max… yo respeto a Lisa y pienso que es una mujer extraordinaria… pero me preocupa que Rick haya tomado las cosas con ella con… con tanta prisa, eso es todo. Un día estaba enamorado de mí y odiaba a Lisa… y ahora unos meses después está a punto de casarse con ella. No quiero que cometa un error… no quisiera verlo sufrir. Pienso que esta boda es algo… precipitada.
Max no pudo evitar soltar una risita al escuchar a Minmei hablar de esa manera. Se talló la sien para darse un segundo para ordenar sus pensamientos, para armarse de paciencia y para aplacar el súbito dolor de cabeza que lo había atacado.
- Minmei, sinceramente no tengo tiempo para esto… pero te puedo decir que todos los que conocemos a Rick y Lisa y hemos estado cerca de ellos durante tanto tiempo pensamos que esta boda, lejos de ser precipitada, más bien ha sido aplazada por demasiado tiempo. ¡Deja de vivir en un mundo que gira alrededor de ti, Minmei! – Max habló haciendo acopio de toda su paciencia. – Rick ha estado enamorado de Lisa por años… le tomó mucho tiempo el admitir sus sentimientos por ella pero… ella siempre, siempre ha sido el amor de su vida.
- ¡Pero era yo a quien él amaba! Me lo dijo muchas veces, él…
- Él estaba confundido… cegado por ti y empeñado en buscar el amor en donde no estaba. Mientras tú vivías tu vida y te dedicabas a hacerte un nombre y una carrera, fue Lisa quien estuvo al lado de Rick… quien peleó cada batalla a su lado, quien curó sus heridas de guerra… fue ella quien sostuvo a Rick en sus peores momentos, quien lo abrazaba y lo dejaba llorar en su hombro cuando él sentía que ya no podía más. Fue Lisa Hayes quien estuvo ahí con él, día tras día, mes tras mes, año tras año durante esos difíciles tiempos de guerra y reconstrucción… fue ella quien lo escuchó suspirar por ti y quien lo aconsejo respecto a su relación contigo, a pesar de que haciendo eso su propio corazón se partía en mil pedazos… fue Lisa quien se quedó con Rick cuando tú te fuiste… fue ella quien pasó a su lado esos largos días del invierno apocalíptico que siguió al ataque de Dolza, quien pasó las noches enteras sin dormir a su lado cada vez que él estuvo enfermo o herido, que vio por él en las batallas… fue su compañera, su confidente, su amiga… Lisa Hayes es su todo, Minmei. Fue una lástima que Rick tardara tanto tiempo en darse cuenta de ello.
Max escuchó a Minmei sollozando al otro lado de la línea. Sacudió la cabeza y antes de que ella pudiera hablar, él terminó.
- Déjalo ir, Minmei. – Habló con suavidad. – Tú sabes tan bien como nosotros que su corazón siempre ha pertenecido a Lisa. Van a ser muy felices juntos… tú los has visto… tú lo sabes tan bien como yo o cualquiera que los conozca.
- La vida no es justa. – Minmei suspiró. – He pensado mucho en Rick¿Sabes? En lo que hubo entre nosotros… en lo que pudo haber y nunca fue… es gracioso pensar que cuando él me amaba yo estaba tan absorta en mi carrera y en esos sueños románticos de adolescencia. Rick fue un buen amigo pero… jamás pensé que podría involucrarme sentimentalmente con él… años después me di cuenta de que quizás sí podría haber algo entre nosotros después de todo… y cuando quise intentarlo, ella ya se le había metido en la sangre…
- Se le metió en el alma. – Max asintió.
- Max… dile que… espero que sea muy feliz… que espero que él y Lisa sean muy felices juntos… dile que… que no se preocupe por mí… que yo estoy bien y que hoy estaré celebrando mi cumpleaños… y estaré pensando en ellos… incluso pienso dedicarles una canción esta noche. ¿Se lo dirás?
- Yo se lo diré. – Max asintió. – Y Minmei… sigue adelante con tu vida. Eres joven, talentosa y tienes un gran futuro por delante. Tienes lo que siempre has querido… aprovéchalo y no eches las cosas a perder.
- Yo estaré bien… me voy Max, estoy muy ocupada y tengo mucho por hacer antes de mi fiesta de cumpleaños.
- ¡Diviértete, Minmei!
Cuando la llamada terminó, Max puso el teléfono de vuelta en su sitio y respiró profundamente para luego dejar escapar el aire de sus pulmones de manera lenta, tratando de calmarse un poco.
- ¿Qué no se preocupe por ella? – Murmuró entre dientes. - ¡Dios santo, ella es lo último que Rick tiene en la cabeza en estos momentos¿Cómo es posible que haya personas tan egoístas y egocéntricas?
Max miró el refrigerador. Ahí, junto al calendario que Rick había hecho, también estaba pegada con un pequeño imán del escudo de la RDF una fotografía. Había sido tomada en la pista de despegue #3 de Prometheus. Rick, en uniforme de vuelo, abrazaba a Lisa por la espalda; tenía sus brazos alrededor de los hombros de la almirante y su barbilla recargada en su hombro. Las mejillas de ambos estaban juntas y los dos sonreían radiantemente a la cámara. Max sonrió y sacudió la cabeza.
- Tienes razón en algo, Minmei… Lisa se le metió en la sangre.
Max les sonrió a sus amigos en la fotografía y sus ojos se entrecerraron, adquiriendo un brillo de ternura y emoción contenida. Él había vivido muy de cerca esa tormentosa historia de amor que ese día llegaba a su culminación… él, más que nadie, sabia lo mucho que Lisa y Rick habían esperado por ese momento.
- ¡Éste es su día, chicos! – Habló en voz baja. - ¡Miren hasta donde han llegado! Y es sólo el principio. A partir de hoy, todos sus sueños comenzaran a volverse las más hermosas realidades… éste es un nuevo inicio en su vida…Rick, Lisa… ustedes jamás tuvieron una verdadera familia ni un amigo verdadero, alguien en quien realmente confiaran, a quien realmente amaran… hasta que se encontraron el uno al otro. ¡Y hoy finalmente tendremos boda¡Ya era hora!
Max comenzó a reírse emocionado y decidió que le mencionaría a Rick aquella llamada de Minmei, pero sin darle demasiada importancia. Después de todo su amigo tenía cosas más importantes en las cuales pensar en esos momentos.
Max salió de la cocina y se dirigió a la sala, en donde su uniforme formal estaba tendido sobre el respaldo del sofá, dentro de un portratrajes de vinil. Había una pequeña cajita sobre la mesa y Max la abrió para inspeccionar las medallas y sus insignias de rango que guardaba ahí adentro. Cuando vio que todo estaba en orden se dejó caer en uno de los sillones y subió los pies a la mesita de centro mientras sacaba su celular de la bolsa.
- ¿Miriya, amor¿Cómo van las cosas por allá? – Max sonrió levemente al escuchar el parte de guerra de su compañera. - ¡Excelente!... No, aquí todo está bajo control y vamos conforme al tiempo… no te preocupes, todo va bien… ¡Te veré de rato! Y Mir… te amo.
El piloto as de la RDF sonrió suavemente antes de dar por terminada la llamada. Suspiró profundamente y echó su cabeza hacia atrás, dispuesto a darse unos minutos de descanso mientras su amigo salía de tomar su baño.
El reloj seguía marcando las horas de aquel 10 de octubre del 2012 en Ciudad Macross.
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Poco más tarde Rick apareció en la sala de su casa, vestido con unos pantalones de ejercicio grises, pantuflas y secándose el cabello con una toalla que llevaba sobre los hombros. Max lo vio entrar y apagó la televisión con el control remoto.
- ¿Ya estás listo, viejo?
- ¿Cómo vamos de tiempo? – Rick preguntó ansiosamente. – Tuve que ponerme todos esos productos para la piel y el cabello que ayer me dieron… creo que me tardé algo más de lo planeado.
- Vamos bien. – Max revisó su reloj. – Ahora, si me lo permites, quisiera darme una ducha para ya vestirme yo también. Y te aconsejo que ya comiences a prepararte.
- Sí… puedes usar el baño del cuarto de huéspedes… hay toallas en los estantes…
Max asintió con la cabeza, pero Rick notó que su amigo no se movía del lugar en donde estaba parado. Lo miró a los ojos y el capitán desvió su mirada.
- ¿Pasa algo, Max?
El aludido negó con la cabeza, pero casi de inmediato se encogió de hombros y sus ojos se encontraron con los de Rick.
- Bueno, tengo que notificarte sobre dos llamadas telefónicas que atendí mientras tú te estabas bañando.
- ¿Es sobre Lisa? – Rick se sobresaltó. - ¿Qué sucede?
- ¡Tranquilo, hermano! – Max sonrió. – Hablé con Miriya… dice que todo va muy bien por allá y que vas a casarte con la novia más hermosa que alguna vez ha existido en éste mundo.
La mirada de Rick se suavizó y una pequeña sonrisa comenzó a formarse en sus labios, al tiempo que un suspiro apenas audible escapaba de sus labios.
- ¡No puedo esperar para verla! – Susurró. – Estaba pensando en ella… recordando pequeñas cosas¿sabes? Detalles… no sé… estaba pensando en que cada vez que le digo que la amo, sus ojos brillan de una manera muy especial… como si estuvieran llenos de lágrimas pero… no sé… a veces se ven tan claros, tan hermosos y otras veces verde de sus ojos se oscurece dándoles un tono tan intenso que…
Rick no terminó sus frase… no supo como hacerlo. En lugar de eso se estremeció de pies a cabeza y sonrió un tanto apenado. Max lo miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
- Lo siento Max, es sólo que— ¡En fin¿De qué se trataba la otra llamada?
- De Minmei. – Max le disparó a quemarropa y sin anestesia.
El piloto lo miró y parpadeó un par de veces, incrédulo ante lo que acababa de escuchar. Enseguida sus cejas de arquearon y se encogió de hombros.
- ¿Qué podría posiblemente querer Minmei conmigo en estos momentos?
- Lo mismo de siempre, Rick… me dijo que les había comprado un regalo muy costoso en los mejores almacenes de Ciudad Monumento y me pidió que te deseara que fueras muy feliz con Lisa.
Rick asintió levemente con la cabeza y un pequeño gesto de fastidio apareció en su rostro. Max lo estudió por unos segundos y entonces decidió informarle del resto de su conversación.
- Me dijo que—pensaba que te estabas precipitando demasiado con Lisa…
- ¿Precipitando? – Rick se rió, sin querer siquiera escuchar la siguiente parte de la conversación. - ¿Qué puede saber Minmei de esto¡Dios santo! Si de mi fuera… yo me hubiera casado con Lisa desde hace meses… ¿Sabes que originalmente pensaba casarme con ella en Junio? Después vino toda esa situación con la Operación 4V en Sudamérica, la visita de Lisa al Satélite Fábrica, los vuelos de pruebas de los VF4, mi ascenso… fueron demasiadas cosas pero—Max, jamás podré compensar a Lisa por toda la paciencia que me tuvo durante tanto tiempo, yo— ¡Es absurdo lo que Minmei dice!
- Lo es, Rick… pero te aconsejo que no pienses demasiado en ello. En realidad fue una llamada sin importancia y ni siquiera te la hubiera mencionado, a no ser porque… porque pienso que tienes derecho a saberlo.
- Lo sé, Max… y te lo agradezco. Pero tienes razón, no debo pensar en eso. Después de todo y conociendo a Minmei…
- Quiere tener un papel protagónico en tu boda, aún en la distancia. Si esta fuera una telenovela, me parece que ella aparecería a media ceremonia para impedir la boda.
- ¡No lo digas ni de broma! – Rick se sobresaltó un poco.
Max se rió de buena gana y le palmeó la espalda a Rick.
- ¡Olvídalo, hermano! Voy a darme una ducha… tú olvídate de todo lo demás y concéntrate en dos cosas: en la mujer a la que amas y con quien te vas a casar en un par de horas… y en verte muy bien para ella.
Max desapareció rumbo al cuarto de huéspedes y Rick se quedó de pie a media sala, sonriendo levemente. Su mirada se clavó en una serie de fotografías que decoraban uno de los rincones más bonitos de aquel espacio. Su sonrisa se agrandó al recordar cada momento vivido con Lisa, cada instante, cada segundo que ella había hecho algo tan especial y hermoso en su vida.
- Ni la muerte misma impediría que hoy me case contigo, hermosa. ¡Te amo, princesa¡Te amo!
Rick se besó los dedos y luego los colocó sobre uno de los retratos de Lisa. Sonrió con ternura y después, sin quitarle la vista de encima a aquella fotografía, se dirigió a su habitación… el tiempo seguía corriendo y él necesitaba comenzar a uniformarse.
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En la habitación principal del Hotel Macross Suites todo había sido movimiento aquel día. Desde muy temprano en la mañana las personas habían estado entrando y saliendo, llevando y trayendo cosas. Habían llegado a llevar flores, después habían aparecido media docena de estilistas que durante un par de horas se habían afanado entusiastamente en hacer que Lisa Hayes luciera como una diosa. Aún no se retiraban los estilistas cuando habían llegado las diseñadoras del vestido de novia de la almirante, para encargarse de cualquier arreglo de último segundo que pudiera necesitarse.
El reloj de pared en la habitación de Lisa marcaba las 1640 horas. Lisa lo observaba con atención, mientras las manecillas seguían avanzando lenta, pero implacablemente. Afuera, en la sala de la suite, podía escuchar las voces de Miriya y Kelly, así como los gritos emocionados de Dana. Después de dedicarse a ella durante horas, sus amigas ahora estaban preparándose. Según los planes de Miriya, Lisa debería de estar en la limosina que la llevaría a la capilla a las 1720 horas, en punto.
- Cuarenta minutos… - Lisa pensó y enseguida sintió mariposas en el estómago.
Cerró los ojos y comenzó a respirar lenta y profundamente, tratando con eso de controlar un poco los nervios que sentía. Jamás pensó que se sentiría así… sabía que iba a estar profundamente emocionada, como efectivamente lo estaba, pero nunca se imaginó que se sentiría tan nerviosa. Las manos le temblaban, sentía mariposas en el estómago y el corazón le palpitaba de tal manera que Lisa sinceramente pensaba que tenía taquicardia y que en cualquier momento se desmayaría.
La almirante se rió suavemente y miró su reflejo en el espejo: estaba engalanada con su inmaculado y hermoso vestido de novia, que la hacía verse como toda una princesa, como Rick frecuentemente la llamaba. Ya estaba casi lista, excepto por su velo que aún no le habían colocado, pues antes de irse los estilistas le habían hecho algunos arreglos de último minuto a su cabello.
Lisa jamás pensó que algún día se miraría al espejo y se vería vestida de novia… ella jamás había sido una mujer que se considerara bonita a sí misma… jamás siquiera había pensado en ello. Pero en ese momento tenía que admitir que se veía… bueno, hermosa era la palabra. No había otra para describirla.
- Debe ser el peinado… o el maquillaje… unido a éste vestido tan lindo, yo—
La joven almirante de la RDF se detuvo y sonrió una de esas sonrisas que eran tan características de ella. Decidió que tan sólo por ese día dejaría a un lado sus inseguridades y se permitiría pensar que era una mujer hermosa.
- ¡No puedo creer lo que me has hecho, Rick Hunter! – Se quejó en voz alta, pero su sonrisa la contradijo. – Soy veterana de mil batallas… peleé en mil combates… y jamás, jamás en mi vida, ni aún en esos momentos, me había sentido tan nerviosa como me siento en éste momento.
Lisa tomó aire, respirando larga y profundamente antes de exhalar lentamente. Aquello pareció calmarla un poco. Se miró al espejo otra vez y sonrió al percatarse del excelente trabajo que los estilistas habían llevado a cabo. Ella les había especificado que quería un maquillaje suave, leve, muy natural… y un peinado sencillo. Y ellos habían accedido a sus peticiones. ¡Y habían logrado que luciera espectacular!
Se permitió unos momentos para admirar su vestido de corte elegante y líneas clásicas que resaltaba sus curvas femeninas de una manera suave y sugerente y la hacía lucir como una diosa… no había otra palabra para definirlo.
Las diseñadoras habían elegido un corte en línea A para el vestido de Lisa, que corría por tu torso y al llegar a la cintura poco a poco se comenzaba a abrir la falda en forma de A, lo que resaltaba la figura de la almirante y la hacía ver esbelta, creando una figura delicada y femenina. Aquel vestido, clásico y elegante, estaba confeccionado en la fina tela de satín de seda color blanco natural, que era suave y favorecedor al tono de piel de Lisa.
Un leve escote en forma de V mostraba el pecho inmaculado y los hombros de la almirante y era rematado por las mangas de hombros caídos. El vestido era complementado por un hermoso y extraordinario trabajo de bordado, haciendo que Lisa luciera como toda una princesa.
Complementando aquel atuendo, estaba el peinado de la almirante, con su cabello suelto, engalanado con algunos rizos suaves, que le caía graciosamente sobre los hombros, dándole una apariencia fresca y natural, complementada por su rubor apenas perceptible en sus mejillas y un suave brillo labial.
Un suave sonido en la puerta sobresaltó a Lisa. Enseguida Miriya apareció, ya completamente vestida y maquillada. Lisa sonrió; su amiga se veía hermosa con el vestido que lucía para la ocasión. Se veía elegante y absolutamente bella. La Meltran asintió aprobatoriamente cuando miró a Lisa y le sonrió.
- Ya casi estamos listos, Lisa… David Stonewell y el General Martín acaban de llegar.
- ¿Ya están aquí? – La voz de Lisa casi se quebró.
- ¡Hey, tranquila! – Miriya se rió y se acercó a ella. - ¡Todo saldrá muy bien! Además ya casi es hora de irnos… Max y Rick deberán ponerse en camino en 10 o 15 minutos a más tardar. Ahora sólo necesitamos darte los toques finales.
Diciendo esto, Miriya sacó el velo de novia de una pequeña caja y comenzó a ajustarlo en la cabeza de Lisa, mientras llamaba a Kelly y le pedía que le trajera la tiara, cubierta de flores de limón naturales.
Kelly, quien ya estaba completamente arreglada y lista para partir, y quien se veía particularmente hermosa y bastante madura esa tarde, apareció en la habitación llevando consigo esa corona de flores con la que terminarían de arreglar a Lisa.
- ¡Te ves hermosa, Lisa¡Absolutamente bella y deslumbrante! Rick se va a morir cuando te vea. – Kelly comentó con una sonrisa de oreja a oreja.
- Gracias Kelly. – Lisa le sonrió, mirando su imagen reflejada en el espejo mientras Miriya terminaba de colocarle la corona de flores. - ¡Tú también te ves muy bien!
- Hoy es sobre ti, Lisa. – Kelly puntualizó. - ¡Hoy tú eres la estrella!
- ¡Listo! - Miriya anunció triunfantemente. - ¡Lisa, te ves preciosa¡Mírate¿Qué te parece?
Lisa se miró al espejo y tuvo que llevarse la mano a la boca para suprimir la expresión de sorpresa que involuntariamente escapó de sus labios. Miriya y Kelly intercambiaron miradas y sonrisas, mientras esperaban por el veredicto de la almirante. Pero Lisa estaba totalmente perdida contemplando su reflejo en el espejo. Con aquel hermoso vestido, que casi la hacía sentirse como una princesa, y esa tiara de flores de azahar coronando su cabeza y sosteniendo su velo, incluso ella tenía que admitir que se veía hermosa. Sus ojos verdes brillaban con lágrimas contenidas y la emoción y el nerviosismo que sentía en esos momentos estaban a punto de sobrepasarla por completo.
Miriya así lo notó, pues dio un paso al frente y le puso las manos en los hombros a Lisa. La almirante la miró y ambas mujeres se sonrieron.
- ¡Estás lista! – Miriya apenas susurró.
- Miriya… Kelly… - Lisa se dio la media vuelta para mirar de frente a sus amigas. Su voz se le quebró con la emoción. – Gracias… gracias por todo.
- Ha sido un honor. – Miriya respondió con una seriedad apabullante. - ¡Ahora vamos a que te cases de una vez por todas con ese piloto que seguramente está más nervioso y ansioso que tú! – La meltran recuperó su espíritu festivo.
- ¡Hey, sonrían!
De improvisto y sin siquiera avisar, una cámara fotográfica digital había aparecido casi mágicamente en las manos de Kelly y ella había disparado para captar aquel momento tan especial. Las tres mujeres sonrieron emocionadas y decidieron que antes de salir de esa habitación y encontrarse con los dos hombres que las esperaban en la sala de la suite, se darían un par de minutos para tomarse algunas fotografías. Finalmente esa breve y espontánea sesión fotográfica terminó por relajar a Lisa y hacerla reír.
- La limosina oficial de la RDF está esperando en el nivel de los autos de servicio del hotel. – Miriya le explicaba, mientras se dirigían a la sala. – Allá afuera hay periodistas y gente esperando, pero no podemos darnos el lujo de permitir que nos retrasen… así que saldremos de incógnitos.
- Tú eres la de la logística, Miriya… yo confío en ti.
- ¡Vamos con tiempo! – Kelly anunció.
En cuanto Lisa apareció en la sala de la suite, David Stonewell y el General Daniel Martín se pusieron de pie de un salto y observaron a Lisa con ojos desorbitados y la boca abierta. Ninguno de los dos podía salir de su estupor y aquello provocó que la almirante se sonrojara profundamente.
- ¡Dios santo, Lisa! – Finalmente David reaccionó. - ¡Rick deberá tener un corazón muy fuerte para poder resistir el impacto de verte aparecer por el pasillo de esa capilla¡Te ves hermosa!
- Gracias David… me da mucho gusto verte.
- Hermosa no es la palabra. – El general Martín se acercó para tomar las manos de Lisa en las suyas y besarla suave y paternalmente en la frente. - ¡Eres un ángel, Lisa! Rick es un hombre muy afortunado… y tu padre… en donde quiera que el viejo Donald esté, sé que te está mirando con una enorme sonrisa en los labios y mucho orgullo en su pecho.
Lisa le respondió al general Martín con una hermosa sonrisa. Miriya, quien acababa de terminar una llamada telefónica con Max, sonrió y anunció en voz alta:
- Dice Max que el novio está listo y que en cinco minutos saldrán de la casa del almirantazgo… en ese caso nosotros saldremos en unos 15 minutos.
- Entonces nosotros seguiremos a la limosina oficial. – David habló, al tiempo que ponía su brazo en torno a los hombros de Kelly y la abrazaba. – Miriya, tú y Dana vendrán con nosotros¿Cierto?
- Así es. – Miriya tomó la mano de Dana, quien hasta entonces había estado dormitando en el sofá. – Se envió la limosina oficial de la RDF, la reservada a los altos miembros del Concejo del GTU y a los embajadores. Ahora no hay tiempo que perder… ¡Todos a los autos! Quiero que salgamos con tiempo, para prevenir cualquier problema de último minuto.
El general Martín sonrió, se colocó su gorra de guarnición debajo del brazo y se inclinó caballerosamente antes de ofrecerle su brazo libre a Lisa, quien lo tomó y le agradeció con una sonrisa que pareció iluminar aquel lugar. El viejo general le regresó aquel gesto y sus ojos se humedecieron levemente.
- Bien… - Martín habló, emocionado. – Pues es hora… el momento ha llegado.
Miriya miró el reloj de la pared por última vez y sonrió satisfecha, comprobando que iban con tiempo, justo de acuerdo a lo planeado.
- ¡Que comience el espectáculo! – Miriya respondió.
Lisa respiró profundamente y luego dejo salir el aire lentamente por la boca, antes de salir de la habitación del brazo del General Martín, siguiendo a su autoproclamada escolta, quienes los conducían al sitio en donde la limosina de la RDF y el auto que David había rentado en Ciudad Macross para la ocasión, estaban esperando por ellos en uno de los puertos de servicio del hotel, alejados de los curiosos y de la prensa que esperaban en la puerta del mismo.
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En la casa del almirantazgo, el capitán Max Sterling, vestido con su uniforme formal, observaba a Rick y no podía evitar el sonreír. En los muchos años que él había conocido a su oficial superior, mejor amigo, compañero de armas y hermano, jamás lo había visto tan emocionado… ni tan nervioso.
Rick, frente al espejo de cuerpo completo que había en el vestidor, estaba ocupado en arreglarse los puños de su uniforme, aunque en realidad Max no comprendía qué era lo que tanto arreglaba el piloto, pues él podía percatarse de que todo estaba perfecto. Max decidió que era el momento de sacar a su amigo de la casa y llevarlo a la capilla… cinco minutos más y Rick se volvería loco. El capitán puso su mano sobre el hombro del General Hunter y él lo miró en el reflejo del espejo.
- Creo que estás listo, Rick… ya es hora.
El joven general de las Fuerzas de Defensa asintió levemente y tomó aire para luego exhalarlo larga y lentamente por la boca. Súbitamente sentía que el estómago le dolía un poco e incluso se sentía levemente mareado.
- Te ves un poco pálido. – Max notó que el piloto estaba temblando levemente. - ¿Te sientes bien?
- Un poco nervioso. – Concedió Rick. – En realidad… jamás… me había sentido tan nervioso en la vida. ¡El corazón me palpita a mil por hora!
Rick se puso la mano sobre el pecho y Max sonrió y le palmeó la espalda en un gesto empático y comprensivo.
- No te preocupes, hermano… te aseguro que en cuanto veas aparecer a Lisa por el pasillo, todo esto desaparecerá.
- Lisa… - Rick murmuró y una pequeña sonrisa apareció en sus labios. – Me preguntó cómo le estará yendo a ella.
- La almirante está en la misma situación que tú, jefe. – Max se rió. – Acabo de hablar con Miriya y… bueno, será mejor que nos vayamos. ¡No querrás llegar tarde a tu propia boda!
- ¡Por supuesto que no! – Rick se enderezó y tiró del faldón de su uniforme, al tiempo que se inspeccionaba por última vez en el espejo. - ¿Cómo me veo?
- ¡Jamás te has visto mejor! – Max le entregó su gorra de guarnición. – Toma… ponte esto y estarás listo.
Rick observó su gorra, con sus insignias de jerarquía: un escudo de la RDF y una estrella de plata, y la escarapela. Sonrió levemente y miró a Max.
- Lisa va a casarse con un general, tal y como su madre algún día lo hizo. No sé cuántas estrellas tendría el almirante Hayes en ese entonces pero… espero que yo pueda llegar a ostentar tres estrellas en mi uniforme. ¡Lo voy a lograr porque es algo que le debo a Lisa! Quiero llegar tan alto como pueda… por ella, viejo.
- Algún día llegarás a ser el almirante de la flota, viejo. – Max lo palmeó en la espalda. – El almirante Rick Hunter… no suena nada mal¿Eh?
- Nada mal. – Rick sonrió soñadoramente mientras se colocaba su gorra.
- ¡Listo! – Max sonrió - ¡Se ve muy bien, general Hunter!
Rick miró su imagen en el espejo por última vez. Durante los últimos 45 minutos había estado peleándose con su uniforme, queriendo que todo estuviera perfecto. Jamás había usado el uniforme de gala y acababa de descubrir que no era sencillo vestirse con semejante elegancia. De no haber sido por la ayuda de Max, sus insignias y su sable jamás se hubieran quedado en su lugar.
Pero ahora, con el último toque que había sido su gorra de guarnición, el uniforme estaba completo y la imagen que él estaba viendo en el espejo era una que lo emocionaba y a la vez lo sobrecogía un poco: el General Richard Hunter de las Fuerzas de Defensa, en uniforme de gala. ¿En qué momento aquel piloto amateur que usaba un brillante traje de vuelo anaranjado se había convertido en ese militar fuerte y orgulloso que portaba con tanta dignidad ese uniforme y sus insignias?
El uniforme de gala del general consistía en pantalón y guerrera negros. La guerrera, de faldones, la cerraba con 14 botones dorados colocados en doble hilera sobre el pecho. Cada uno de ellos llevaba grabado el escudo de la RDF. En el cuello, tipo Mao, cerrado por dos broches, llevaba bordado en hilos de oro su escudo de servicio. Las mangas de su guerrera, cuyas bocamangas también iban bordadas en hilos dorados, se cerraban en el puño con tres botones similares a los del pecho. Su pantalón negro llevaba a los lados una franja de galón dorado y su cinturón, igualmente negro, se cerraba al frente con una hebilla que llevaba grabado el escudo de la RDF-GTU. Sus zapatos eran negros y su gorra de guarnición, negra y llevaba, además del escudo de la RDF y la estrella plateada de General de Grupo, una doble rama de laurel y encino flanqueando las insignias de rango.
Sobre los hombros Rick llevaba sus charreteras de galón dorado y sus insignias de jerarquía rodeadas de ramas de laurel, mientras que canelones dorados cubrían sus hombros. Al cuello llevaba igualmente sus insignias de General y suspendido en el hombro derecho, sujetado por un broche bajo la charretera, con agujas y rosetas al frente, pasando por debajo del brazo y asegurado en la parte posterior por un botón, llevaba su cordón dorado de mando.
En el pecho, el General Hunter portaba orgullosamente sus condecoraciones, sobre el corazón. Cada una de las medallas que había obtenido durante sus años de servicio engalanaban su uniforme. Y sobre ellas su insignia de piloto aviador de la RDF, sus alas de pecho, de las cuales se sentía tan orgulloso: el escudo de la RDF con dos alas doradas desplegadas lateralmente y sobre el escudo, la estrella rodeada de una rama de laurel, su insignia de general.
Completando aquel ya de por sí impresionante atuendo, el piloto portaba en un tahalí que descansaba en su costado, a nivel de su cadera, su sable de General en una funda metálica, cuya empuñadura dorada estaba rematada por una dragona de cuero negro terminada en borlas doradas.
Rick tomó sus guantes, inmaculadamente blancos de encima de una mesita cercana y los colocó en el bolsillo de su guerrera. Acto seguido se ajustó su gorra y se dio media vuelta para ver de frente a su amigo; asintió levemente con la cabeza y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
- Estoy listo. – Le informó casi ceremoniosamente.
Max, quien hasta entonces había traído su propia gorra de guarnición debajo del brazo, le devolvió la sonrisa y se colocó la gorra en la cabeza. Enseguida asintió gravemente y extendió su brazo, indicándole el camino a su compañero.
- ¡Adelante, General Hunter! Es hora de cumplir con la misión más importante de su vida.
Los ojos de Rick se encontraron con los de su amigo. En los del joven general se podía ver toda la alegría y la emoción que sentía en esos momentos. En los del capitán el orgullo y la satisfacción que sentía al ver a su amigo tan feliz. ¡Porque el cielo sabía que si alguien se merecía ser tan feliz, esos eran Lisa y Rick!
Los dos jóvenes oficiales se dirigieron a la puerta de la casa. Antes de salir Rick miró a su alrededor, sonriendo emocionado y asintió con la cabeza. Todo estaba listo… la próxima vez que volviera a entrar a esa casa, lo haría llevando a Lisa… a su esposa, en brazos. La puerta se cerró y el General Hunter saludó a un grupo de Policías Militares que habían sido enviados a resguardar la Casa del Almirantazgo. Un auto oficial de la RDF esperaba por él, así como un par de motocicletas de la Policía Militar que serían sus escoltas.
- Realmente está sucediendo¿No es así, Max? – La voz de Rick fue apenas un susurro.
- ¿Aún lo dudas… Hunter? – Max respondió con una risita, mientras revisaba su reloj.
El piloto sacudió su cabeza y se rió emocionado, mientras entraba al auto oficial seguido por su buen amigo, quien lo acompañaría. Max dio la orden al conductor de que los llevara a la capilla de la Base Macross y de inmediato las sirenas de las motocicletas escoltas se encendieron.
Rick le lanzó una última mirada a esa casa que había compartido con Lisa durante algunos meses; aquel lugar en donde había conocido lo que era la felicidad, la verdadera felicidad y la paz. La imagen se volvió borrosa en sus ojos. El general se percató de que los tenía llenos de lágrimas. No quiso que su amigo lo viera así, por lo que mantuvo su mirada fija en la ventana del auto mientras se alejaban de ahí.
Max, por su parte, sonrió conmovido y se cruzó de brazos, no queriendo interrumpir las mediaciones de su amigo… sabía que Rick estaba emocionado más allá de cualquier palabra y decidió que respetaría su silencio.
El auto oficial de la RDF salió de los terrenos de la colonia militar y se internó en las calles de Ciudad Macross. En diez minutos el General Hunter haría su arribo a la Capilla Ecuménica de la base.
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Afuera de la Base Militar de Ciudad Macross, todo era un verdadero caos. Muchas personas se agolpaban cerca de la entrada, queriendo ser testigos de la llegada de los autos oficiales que llevarían a la almirante Lisa Hayes y al general Rick Hunter a la capilla de la base. La zona estaba fuertemente resguardada por la Policía Militar, ya que la policía municipal de la ciudad había sido enviada al centro de la misma, a resguardar la zona del Museo Almirante Donald Hayes, en donde más tarde tendría lugar la cena de gala ofrecida en honor de la boda de los dos oficiales más importantes de las Fuerzas de Defensa.
Dentro de la base, en los terrenos de la capilla, un centenar de invitados ya se encontraban presentes, listos para ser testigos de aquella unión matrimonial tan esperada. Eran altos dignatarios del Gobierno de la Tierra Unida, autoridades civiles de Ciudad Macross y oficiales de las Fuerzas de Defensa. El ambiente en la cercanía de la capilla era festivo pero más refinado y ceremonial que el que se vivía en las afueras de la base.
En un costado de la hermosa capilla ecuménica, una joven y atractiva reportera se preparaba para un corte noticioso. Se arreglaba el cabello mientras su productor le daba la señal de que entrarían al aire en un par de segundos.
- La tarde comienza a caer sobre Ciudad Macross. – La joven comenzó su reporte. – Todas las personalidades que han sido invitadas a participar de la ceremonia del enlace matrimonial de la Almirante Elizabeth Hayes y el General Richard Hunter se encuentran ya en ésta capilla que será el escenario en donde esta noche culminará esa historia de amor que se ha convertido ya en una leyenda para todos en las Fuerzas de Defensa… algunos soldados con quienes tuve la oportunidad de conversar esta tarde se refieren a la historia de la almirante Hayes y el general Hunter con el nombre de "la otra guerra" o incluso con el nombre picaresco y un tanto relajado y afectuoso de "la telenovela Hunter-Hayes". Haya sido otra guerra o toda una telenovela, la verdad de las cosas es que hoy alcanza su culminación y todos en Ciudad Macross—
La joven reportera guardó silencio y su mirada se desvió hacia la entrada de la capilla. El estruendo de aplausos y vítores la habían distraído momentáneamente. Sonrió emocionada y continuó con su reporte.
- En estos momentos está haciendo su arribo a la capilla de la Base Macross el General Rick Hunter en un automóvil oficial de la RDF… ¿Podemos tener imágenes?
El camarógrafo movió la cámara para captar el momento justo en el que Rick bajaba del auto, seguido por Max. El general Hunter se colocó su gorra en la cabeza y sonrió una sonrisa que más que emoción reflejaba nerviosismo. Era obvio que no estaba acostumbrado a semejante atención y el hecho de que hubiera tanta gente esperando por él había hecho que se sintiera un poco incómodo. Algunas personas se acercaron a saludarlo de mano y algunos militares le hicieron la venia, a lo cual él respondió un tanto torpemente. El capitán Sterling, quizás queriendo evitar ese estrés adicional a su amigo, o quizás cumpliendo con un muy bien planeado programa, colocó su mano sobre el hombro de Rick y con un movimiento de cabeza le indicó que entraran a la capilla.
En cuanto los dos militares desaparecieron tras las puertas de la pequeña y hermosa capilla de la base, todos los invitados comenzaron a entrar detrás de ellos y la reportera prosiguió con su nota:
- Pues estamos confirmando que el General Hunter se encuentra en estos momentos dentro de la Capilla de la Base Macross… los invitados han comenzado a tomar sus lugares y nosotros quedamos a la espera de que llegue la almirante Hayes. Se nos ha confirmado que ella salió del hotel en donde estuvo residiendo durante los últimos días, en preparación a su boda, hace aproximadamente 10 minutos, por lo que anticipamos que no tardará mucho en llegar. La almirante se acerca a la Base Macross en medio de un fuerte dispositivo de seguridad montado por la RDF en coordinación con las autoridades civiles de Ciudad Macross… les recordamos que la ceremonia será transmitida íntegramente por este canal, por cortesía del departamento de Relaciones Públicas de la RDF, quien nos ha permitido utilizar su señal, la misma que ellos utilizarán para llevar la ceremonia a las tropas que se han reunido en los hangares de la base, para que nosotros podamos igualmente llevar este importante acontecimiento a todos ustedes… el enlace y la transmisión comenzarán en el momento en que la almirante Hayes haga su arribo a este lugar, lo cual anticipamos será en unos cuantos minutos… regresamos las cámaras y micrófonos al estudio… desde la Base Militar Macross les informó Louise Reau en la cobertura oficial de la boda de la almirante Hayes y el general Hunter para el Servicio Global de Noticias… canal 23 local. ¡Adelante, estudio!
La transmisión fue retomada por el estudio central del canal SGN local y Louise Reau bajó su micrófono y suspiró.
- ¿Estuvo bien?
- ¡Excelente, cariño! – Su productor le informó. – Estoy seguro que los de MBS deben de estar haciendo berrinche… hemos tenido mucho más exclusivas que ellos a lo largo del día. ¡Estoy seguro que esta cobertura nos va a hacer ganar algún premio este año!
- Escuché que la Revista Helmantike obtuvo la exclusiva para darle cobertura impresa al evento… - El camarógrafo comentó. – Al parecer van a tener a Hunter y Hayes en portada una vez más en su edición de noviembre.
- Todos los medios estaban ansiosos por cubrir esta boda. – El productor respondió.
- Al menos es mucho mejor que andar detrás de Minmei cubriendo sus conciertos de ciudad en ciudad. – Louise se sentó en una banca de piedra cercana. – Era demasiado desgastante estar siempre viajando tras de ella.
- No cantes victoria todavía, Louise. – El productor le lanzó una sonrisa traviesa. – He escuchado algunos chismes y si son ciertos, podrías jurar que tú próxima asignación sería seguirle los pasos a Lynn Kyle… al parecer el muchachito está provocando algunos escándalos en los territorios del sur… y los escándalos de ese tipo son dinero para nosotros, corazón.
Louise suspiró frustrada y escondió su rostro en sus manos.
- ¡Preferiría tener que boxear con un zentraedi tamaño natural! – Refunfuñó entre dientes.
- ¡Prepárense para transmitir! – El camarógrafo anunció, terminando una llamada por su celular. – Me informan que el auto oficial de la Almirante Hayes está doblando por el Boulevard del Lago… estará aquí en menos de cinco minutos.
Como movida por un resorte Louise Reau se puso de pie y se colocó su apuntador mientras su equipo, con una rapidez nacida de práctica, comenzaban a prepararse para el siguiente corte informativo.
- ¡Allá vamos otra vez! Transmitiendo desde la Capilla Ecuménica de la Base Macross… - Louise golpeó un par de veces su micrófono. – Tres, dos, uno… probando…
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Desde que el auto oficial de la RDF había salido del hotel, no había habido un solo tramo del trayecto hacia la Base Macross en el que el camino no estuviera bordeado de personas que, con curiosidad y emoción, veían pasar el elegante automóvil negro que llevaba a los lados del cofre las banderas oficiales de la RDF y el GTU. El auto que llevaba a la Almirante Lisa Hayes a la capilla de la base militar, en donde el General Hunter la esperaba para hacerla su esposa.
El General Martín iba sentado al lado de Lisa y de cuando en cuando la observaba, sonriendo disimuladamente al percatarse de que la almirante en esos momentos no estaba ahí con él.
- No cabe duda, - Pensaba. – Su corazón llegó a su destino mucho antes de que éste auto… Donald, mira a tu hija… se ha convertido en toda una mujer. En una hermosa mujer, fuerte e inteligente… ¡Debes de sentirte muy orgulloso de ella, viejo! Sé que te hubiera emocionado mucho estar aquí con ella el día de hoy… me tocó hacerlo por ti. Y creo que es el honor más grande que me han hecho en mi vida.
Los ojos del viejo general se clavaron en Lisa, quien miraba distraídamente por la ventana sin ver en realidad. Sus ojos parecían perdidos en el infinito y una pequeña sonrisa engalanaba su rostro… aunque se notaba algo pálida.
- Lisa… ¿Te sientes bien?
La almirante clavó sus ojos profundamente verdes que en esos momentos parecían aún más brillantes e intensos que de costumbre y movió levemente la cabeza en un gesto que en realidad no era ni afirmativo ni negativo.
- Estoy un poco nerviosa. – Lisa aceptó e incluso su voz sonó inusualmente insegura.
- Es natural… - El general sonrió comprensivamente. – Este es tú día, Lisa… tuyo y de Rick. ¿Sabes? Estaba pensando en tu padre y en lo orgulloso que estaría de ti… en lo orgulloso que debe de estar de ti. – Se corrigió.
- General Martín… - La voz de Lisa fue apenas un susurro y en realidad no supo qué decir.
Daniel Martín notó la manera en que los ojos de la almirante se humedecían levemente y cómo su labio temblaba apenas perceptiblemente. Lisa Hayes estaba emocionada más allá de lo que ella misma se permitía expresar, eso era obvio para cualquier persona que tuviera dos ojos y que mirara en su dirección.
- ¡No te preocupes, Lisa! Todo va a salir bien. – Martín le palmeó la mano a la joven almirante. – En cuanto lleguemos a la capilla y Rick y tú se encuentren frente a frente, te aseguro que te olvidarás de todo lo demás.
- ¡Es que no puedo creerlo! – Lisa suspiró frustrada, retomando aquella actitud tan característica de la antigua controladora de vuelo del SDF1 en los días de la guerra. - ¡No puedo creer que me sienta así! Jamás me había sentido tan nerviosa… ni siquiera en medio de las peores batallas, es que— no lo sé, General… simplemente no sé que pasa conmigo.
Martín se rió de buena gana y aquello contagió a Lisa, quien por unos segundos se olvidó de ese malestar estomacal que la había estado torturando desde que había abordado aquel auto.
- ¡Si tú estás nerviosa imagínate cómo debe de estar el pobre de Rick! – Martín comentó espontáneamente. - ¡El pobre debe de estar mordiendo las paredes en estos momentos!
- Conociendo a Rick, yo me atrevería a tomar su comentario bastante literalmente, señor.
Aquello hizo que Martín se riera con más ganas y Lisa no pudo contener su propia risa. Después de unos segundos la risa de ambos comenzó a morir en sus gargantas y fue reemplazada por sendas sonrisas en los rostros de aquellos dos militares.
- ¡Así está mejor, Lisa! Te ves hermosa cuando sonríes y hoy tienes todos los motivos del mundo para sonreír y para sentirte feliz.
- Créame, general Martín, el día de hoy soy la mujer más feliz del mundo. Sólo quisiera que todo este protocolo terminara de una vez.
- Almirante, - sentenció categóricamente el general. – No cometa el error de no ver el bosque por los árboles… ¡Tienes que disfrutar cada segundo de éste día, hija! Saborea cada momento… deléitate con cada instante, con cada paso… Dios bien sabe todo lo que Rick y tú tuvieron que pasar para llegar hasta este momento.
- Sí… - Lisa volvió a mirar por la ventana. – Fue un camino largo y bastante sinuoso… a veces parecía un callejón sin salida… a veces pensaba que todo era una causa perdida. ¡Estuve a punto de darme por vencida tantas veces! Pero cada vez que de una u otra manera me alejaba de Rick, el destino se las ingeniaba para que volviéramos a encontrarnos.
- Supongo que eso debe significar algo… bien dicen que el universo conspira para que nosotros cumplamos nuestro destino.
- Así debe ser.
- ¿Y cómo te sientes… respecto a Rick?
- Enamorada… - Fue la respuesta instantánea de Lisa, acompañada de una hermosa sonrisa. – Y muy feliz… muy emocionada… no sé en qué momento o bajo qué circunstancias me enamoré de él, general pero… lo amo. Eso es todo lo que sé.
- Y si me permites el comentario, jamás había visto a un hombre más enamorado de una mujer que Rick de ti, Lisa… ¡Te adora!
Lisa sintió que se sonrojaba y una sonrisa lenta apareció en sus labios. Iba a comentar algo, pero en lugar de eso dejó escapar una expresión de sorpresa al notar que el auto disminuía su velocidad… y entraba a los terrenos de la base militar.
- ¡Dios santo, ya llegamos! – Lisa sintió que su corazón se aceleraba y aquel malestar estomacal que momentáneamente había desaparecido, volvía a aquejarla. - ¡Siento que voy a vomitar!
El general Martín no pudo evitar el reír espontáneamente al escuchar aquel comentario. Lisa lo miró y se sonrojó profundamente.
- Me imagino que ese comentario particularmente romántico significará muchísimo para Rick…
- ¡General Martín! – Lisa sonrió y sin que pudiera contenerse, una risita salió de lo más profundo de su pecho.
- ¡Relájate, hija! El momento ha llegado y debes de brillar… tómate un segundo para respirar profundamente antes de que el auto se detenga y salgamos de él para entrar a la capilla.
Lisa hizo lo que el general Martín le había sugerido. Por unos momentos su única preocupación en el mundo fue inhalar tan profundamente como sus pulmones se lo permitían, para luego exhalar el aire lenta y pausadamente. Sin embargo ni siquiera aquello hacía que su corazón se calmara. El corazón de la almirante se aceleraba de una manera inversamente proporcional a la desaceleración que el automóvil experimentaba al irse acercando a la puerta de la capilla.
Cuando el auto se detuvo por completo, las campanas de la capilla comenzaron a repicar. El General Martín le sonrió a Lisa y ella sinceramente sintió que de un momento a otro se iba a desmayar.
- ¡Llegó el momento! – Martín le susurró, palmeándole la mano antes de salir del auto.
El conductor ya se había acercado a abrir la portezuela de lado de la almirante y Martín se apresuró a caminar alrededor del auto para ayudar a Lisa a salir del mismo. Ella tomó la mano que él caballerosamente le ofrecía y se sorprendió al ver a todas las personas que estaban reunidas en la puerta de la capilla, algunos tomando fotos, otros aplaudiendo y sonriéndole con alegría, mientras las campanas seguían repicando sin parar.
- ¡Cielo Santo! – Lisa susurró.
- Almirante… - El general Martín le ofreció su brazo a Lisa. – Permítame el honor de escoltarla por el pasillo de ésta capilla… y entregarla a su novio… en nombre de su padre, el almirante Donald Hayes.
Los ojos de Lisa se llenaron de lágrimas. Se aferró al brazo que Martín le ofrecía y por toda respuesta asintió levemente con la cabeza. El general se colocó su gorra de guarnición debajo del brazo y adquirió un aire marcial y formal mientras, con toda la ceremonia del mundo, entraba a la capilla llevando consigo a la hija de su buen amigo… consumando ese deber que Donald Hayes no pudo llevar a cabo, pero que él tendría el honor de cumplir por él.
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Desde que el General Hunter había llegado a la capilla de la base, había permanecido en una sala de espera ubicada en el crucero izquierdo de la misma, desde donde podía ver, a través de una puerta entreabierta, el presbiterio de la capilla y el altar. Max se había quedado con él unos momentos, pero después se había ausentado, argumentando que tenía que revisar algunos detalles de último minuto. La verdad de las cosas era que el capitán Sterling había querido darle a su amigo algunos momentos de privacidad para que se preparara para lo que estaba por venir.
El General Hunter caminaba de un lado a otro de la sala de espera, amueblada con algunos sofás y un librero con libros religiosos de varias denominaciones. Sobre el librero había un enorme óleo representando un hermoso paisaje estelar y sobre él, el escudo del Cuerpo de Capellanes de la RDF, bordeado por una cinta en color morado y el lema: "Viribus Unitis – Cor Unum" (Fuerzas Unidas – Un solo corazón). Rick se detuvo un momento frente a aquella pintura y respiró profundamente.
- ¡No puedo creer que esté tan nervioso! – Pensó. – No me había sentido así desde aquella primera batalla en los anillos de Saturno cuando—no, en realidad creo que jamás me había sentido así.
Comenzó a caminar otra vez de lado a lado, arreglándose sus guantes que, de por sí estaban perfectos tal y como estaban. Se colocó su gorra, miró su reflejo en el cristal de una de las ventanas. Se la quitó y caminó hasta quedar frente a un reloj de abuelo que marcaba implacablemente el tiempo desde una esquina de la sala.
- ¡Ya casi es hora! – El piloto pensó. – Dios santo… ¿Dónde está Lisa? Ya debería de estar aquí, ya debería…
Rick comenzó a caminar una vez más de lado a lado de la habitación. Aquella espera lo estaba matando. Sus labios se movían, pero ningún sonido salía de ellos. Estaba repasando sus votos matrimoniales, esas frases que quería decirle a Lisa ante todos los ahí reunidos antes de ser unidos por los sagrados lazos matrimoniales.
- ¡Demonios, es sólo Lisa! – Rick gruñó. - ¡Es Lisa… es Lisa… es la mujer con la que he pasado los últimos años de mi vida! Es quien ha estado a mi lado en las buenas, en las malas… es la mujer a la que amo… ¿Por qué estoy tan nervioso¡No debería de sentirme así! Es Lisa, maldita sea… ¡Es Lisa!
El piloto se detuvo de golpe y una pequeña sonrisa comenzó a aparecer en su rostro, haciéndose más grande y radiante mientras sus ojos irradiaban una luz muy especial. Aquella sonrisa se convirtió en una risita apagada y Rick sacudió la cabeza, como tratando de convencerse de que aquello era realidad.
- Me voy a casar… con Lisa. – Habló, al tiempo que un estremecimiento le recorría todo el cuerpo. - ¡Me voy a casar con mi adorable y hermosa comadreja parlanchina¡Me voy a casar con mi princesa! – Un gesto de angustia volvió a aparecer en su rostro. - ¡Dios¡Dios¡Dios¿Y si los votos se me olvidan a media ceremonia¿Y si…?
- ¡Jefe!
La voz de Max lo hizo saltar. El capitán Sterling se detuvo de golpe en la puerta al percatarse de que había asustado a Rick y no pudo evitar el reír.
- ¡Hey, tranquilo!
- ¡Estoy tranquilo! – La voz de Rick se quebró y el piloto se sonrojo profundamente.
- ¡Está bien, jefe! Sin afán de hacerte sentir aún más nervioso pero… me acaban de informar que el automóvil de la almirante Hayes acaba de ingresar a los terrenos militares.
- ¿Lisa está aquí? – La voz del general Hunter salió inusualmente alta y aguda.
- David Stonewell, Kelly y Miriya ya ocuparon sus lugares. – Max le informó. – El auto de Lisa venía tras ellos, así que—
El piloto se desplomó en uno de los sofás de la sala y se inclinó sobre sí mismo, para esconder su rostro entre sus rodillas. Max lo observó con una expresión divertida pero a la vez comprensiva en su rostro. Rick estaba tratando de controlar su respiración.
- El tormento está por terminar, hermano… ya todo está listo. Quizás lo único que falta es hacer del conocimiento de Lisa que una vez salida la mercancía no se aceptan devoluciones.
Max se rió de su propia broma y Rick levantó su mirada para lanzarle a su amigo una mirada que podría haber sido precautoria, pero que en realidad se notaba desesperada.
- No estás ayudando, Sterling.
- ¡Vamos, Rick! Estás a punto de casarte con Lisa Hayes, el amor de tu vida… no puedes salir a recibirla con ese rostro… parece que vas a tu propio funeral.
- Estoy muy emocionado… - Rick se permitió sonreír. – Pero estoy nervioso… ¿Y si algo sale mal¿Qué pasaría si…?
- Rick, escucha… - Max le puso la mano en el hombro. – Miriya, Kelly y yo nos aseguramos de que todo estuviera perfecto… nada va a salir mal, eso te lo aseguro. A menos de que Riber regrese de la muerte y se aparezca a media capilla a impedir su boda, no creo que…
- ¡Sterling! – Rick gruñó.
- Pero eso tampoco va a suceder… Miriya se aseguró de que el lugar fuera exorcizado antes de la ceremonia.
- No sé si eso es una broma o si realmente lo hizo. – Rick susurró. – Con Miriya uno nunca sabe…
Max volvió a reírse e iba a comentar algo más, pero justo en ese momento las campanas de la pequeña capilla ecuménica fueron echadas a vuelo, repicando alegre y festivamente. Rick y Max levantaron sus rostros, mirando hacia la puerta entreabierta. Una pequeña sonrisa apareció en los labios del capitán Sterling.
- Y eso, mi estimado General Hunter, es la señal de que su novia ha llegado.
Rick sentía que su corazón se había acelerado de tal manera que incluso le producía vértigo. Súbitamente su respiración se había vuelto irregular y recortada. Max lo observó por unos segundos, dándole tiempo para que se relajara un poco. Pero ambos sabían que había llegado el momento y que no podían hacer esperar a la almirante.
- Rick… es hora.
- Respira… - Rick susurraba, inclinado sobre sí mismo. – Sólo respira…
Max miró por la puerta de la capilla. Todos los invitados habían ocupado sus lugares y las campanas habían dejado de sonar. Iba a hacer algún comentario, pero el General Hunter se puso de pie de pronto y el Capitán Sterling pudo ver nada más que determinación en su rostro… tenía esa expresión que él tan bien conocía… la que tantas veces había visto en su oficial superior justo antes de entrar a una batalla. Todo rastro de nerviosismo o miedo había desaparecido súbitamente del rostro de Rick y habían sido reemplazadas por una mirada profunda y llena de seguridad y de audacia. La mirada valiente y un tanto traviesa que era tan característica de Rick Hunter.
- Vamos Max. – Rick habló con voz segura. – Es momento de comportarme como un hombre e ir a esperar a mi novia… para casarme con ella.
Los ojos de Rick habían centellado mientras pronunciaba aquellas palabras. Una enorme sonrisa apareció en su rostro, sonrisa que se reflejó en su amigo, quien asintió alegremente y le entregó su gorra de guarnición al general, quien la tomó y la colocó elegantemente debajo de su brazo, tal y como el protocolo lo indicaba.
- Capitán Sterling¿Me haría el honor de acompañarme a esperar el arribo de mi novia?
- ¡El honor es todo mío, General Hunter!
Max se cuadró y lenta y ceremoniosamente saludó a Rick con un formal saludo militar que el general correspondió. Después el joven líder Skull se acercó a su amigo y le puso la mano sobre el hombro, dándole un apretón cariñoso. Max le sonrió y sin que mediara una palabra entre ellos, atrajo a Rick para darle un cálido y sentido abrazo fraternal.
Cuando se separaron los dos se sonrieron y Max abrió la puerta, indicándole con un ademán de su mano a su amigo que podían pasar a la capilla.
Los dos jóvenes militares aparecieron en el presbiterio y los ojos de todos los invitados se centraron en ellos, acallando inmediatamente los suaves murmullos y susurros que hasta hacía unos momentos se escuchaban en aquella capilla.
Rick tomó su lugar y Max se colocó a su lado. El General Hunter lucía impresionante vestido con su uniforme completo de gala y con esa actitud tan formal y marcial que en esos momentos presentaba. Era un novio muy apuesto, eso nadie lo podía poner en duda. Rick se acomodó el uniforme y sacó el pecho.
En ese momento apareció el hermano Marco, capellán a cargo de la ceremonia, vestido con su impecable uniforme morado y blanco, el reglamentario del Cuerpo de Capellanes de la RDF. Saludó a Rick con una sonrisa y un movimiento de cabeza y el general le devolvió la sonrisa. Mientras el hermano marco se colocaba en su lugar al frente del presbiterio y abría su libro de ceremonias, Rick se dio unos segundos para observar el lugar…
La luz del sol poniente entraba a raudales por los vitrales de la capilla, pintando todo lo que tocaba con los tonos intensos del fuego. Todos los candiles de aquel recinto ceremonial estaban encendidos dándole un aspecto esplendoroso. Era como si polvo de oro flotara en aquel ambiente, completado por las docenas de velas que decoraban el altar y los cientos de flores que estaban colocadas por toda la capilla… el pasillo central estaba bordeado por flores blancas y listones dorados y la parte posterior del altar era toda una explosión de flores más hermosas, pero igualmente inmaculadas que las que decoraban el pasillo. Aquella capilla se había convertido en esos momentos en un pedazo de cielo.
Rick creyó escuchar una música suave y distante. Sus ojos se elevaron hasta el coro, en la parte posterior de la capilla, en donde un cuarteto de cámara estaba interpretando una melodía suave y hermosa, en espera de que la novia hiciera su entrada triunfal.
Los ojos del piloto bajaron lentamente hasta la puerta de la capilla y sintió que su corazón se aceleraba nuevamente y su respiración se entrecortaba…
De pronto los acordes festivos y majestuosos de la Marcha Nupcial de la Opera Lohengrin de Wagner habían estallado en la capilla, provocando que todos los presentes se pusieran de pie para recibir a la novia.
- Lisa… - Rick susurró, sintiendo que el corazón le latía en el pecho como nunca antes lo había hecho y que la cabeza le daba vueltas.
- Bien, pues ya estás aquí. Bienvenido al resto de tu vida, hermano. – Max susurró a sus espaldas. - ¡Estás a punto de convertirte en el hombre más feliz y más afortunado del universo!
Los ojos del piloto se llenaron de lágrimas y una sonrisa tierna y llena de amor y de cariño apareció en sus labios cuando reconoció a aquella mujer que había aparecido en la puerta de la capilla, del brazo del General Daniel Martín.
- Ya lo soy, Max… - Rick susurró con voz apenas audible. - ¡Ya lo soy!
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-
Lisa entró a los jardines de la capilla del brazo del General Martín y en medio de flashes fotográficos y ovaciones de parte de varios soldados y pilotos que se habían acercado a verla llegar. Ella correspondió con una sonrisa y una leve inclinación de cabeza, pero pronto estuvo frente a las puertas cerradas de la capilla. El general se detuvo y la miró con ojos paternales y una expresión de cariño en el rostro. Recordaba haber conocido a Lisa cuando era pequeña, en alguna cena formal en la residencia de los Hayes. Sin embargo, por más aprecio que le hubiera tenido a su difunto padre, jamás se imaginó siquiera que iba a llegar a ver a Lisa como a una hija. La joven heredera de la dinastía Hayes se había sabido ganar su corazón.
Ella lo miró con ojos trémulos y el general le palmeó la mano para tratar de asegurarla y hacerla sentir mejor. Le sonrió con paternal cariño y le habló en voz baja:
- Es tu momento, Lisa… cuando tú quieras.
- Gracias, general… por todo.
- ¡Ni lo menciones! Gracias a ti por concederme éste honor… pero hija, te aconsejo que no hagas esperar a ese piloto que, detrás de estas puertas, debe de estar al borde de un ataque cardiaco. Me parece que ya ha sufrido lo suficiente. – El viejo general le guiñó el ojo.
Lisa se rió suavemente y tomó aire, al tiempo que cerraba los ojos para posteriormente exhalar lentamente. Martín le concedió esos momentos para que se relajara. Lisa jugueteó un momento con el ramo de flores naturales que Miriya le había entregado antes de salir del hotel. Enseguida la almirante lo miró a los ojos y una pequeña sonrisa nerviosa apareció en sus labios.
- Estoy lista.
El general Martín le sonrió y luego asintió a los dos guardias que estaban apostados a ambos lados de las puertas. Con movimientos sincronizados, ambos centinelas se movieron y abrieron de par en par las puertas de la capilla.
Los ojos de Lisa se agrandaron al ver aparecer ante ella, en toda su magnificencia, aquel recinto en donde se celebraría su enlace matrimonial. Los colores rojizos del atardecer se mezclaban con los dorados de los candelabros y las velas. El lugar estaba totalmente cubierto de flores de una blancura angelical y en lo alto, a manera de pendones y estandartes, los escudos de la RDF con sus colores emblemáticos.
Lisa aún no asimilaba lo que estaba viendo ante ella, aquella visión casi celestial, cuando las notas triunfales y alegres de la Marcha Nupcial inundaron aquel ambiente, haciendo que el corazón de Lisa saltara en su pecho. Todas las personas en aquel recinto se pusieron de pie al unísono y la almirante agradeció al cielo el que el General Martín la estuviera sosteniendo, de otra manera ella estaba segura de que sus piernas no hubieran sido capaces de sostener el peso de su cuerpo.
- ¡Adelante! – Martín susurró con una sonrisa, al tiempo que daba un paso al frente y obligaba con ello a Lisa a salir de su trance.
La pequeña Dana Sterling había aparecido casi por arte de magia sobre la alfombra que cubría el pasillo central de la capilla. La niña, sonriente y emocionada, llevaba una pequeña canasta llena de pétalos de rosa y azahares. Se rió emocionada cuando vio aparecer a Lisa y enseguida, tal y como su mamá y ella lo habían ensayado tanto, comenzó a caminar por el pasillo, regando pétalos y flores a su paso, lo que provocó que más de uno de los asistentes sonriera emocionado ante la espontánea ternura de la pequeña.
Sin embargo todo aquello parecía pasar desapercibido para la almirante Hayes… la música, los invitados, las flores, las velas… todo había desaparecido a su alrededor súbitamente.
Sus ojos se habían encontrado con un par de brillantes y hermosos ojos azules que la observaban emocionados al final del pasillo… unos ojos que habían atrapado a los suyos, fascinándolos de la manera en que una mariposa se siente encantada por una fuente de luz. Lisa ni siquiera se percataba de que iba avanzando por el pasillo, guiada y sostenida por el general Martín.
La mirada de Lisa se había nublado y todo a su alrededor había desaparecido… todo a su alrededor se veía borroso e irreal… todo excepto ese apuesto oficial que la esperaba al final del pasillo, portando orgullosamente el uniforme de gala de General de las Fuerzas de Defensa y que le sonreía de una manera tal que era casi como si la capilla estuviera iluminada por aquella sonrisa. Pero a pesar de la distancia que los separaba, Lisa podía percatarse de que Rick tenía los ojos llenos de lágrimas… o quizás simplemente lo intuía, pues sus propios ojos se habían nublado, anegados por las lágrimas de felicidad y de dicha absoluta que en ese momento la embargaba.
- ¡Es hermosa! – Rick susurró para sí mismo al verla acercarse. - ¡Es un ángel!
Súbitamente todo vestigio de nerviosismo y temor había desaparecido de ambos jóvenes, siendo sustituidos por una emoción fuerte, profunda y embriagante. Lisa sentía que caminaba sobre nubes, mientras más y más se aproximaba a Rick. Él por su parte podía sentir cómo su corazón palpitaba alegremente, casi al ritmo de los pasos de Lisa… su mirada se había suavizado y una hermosa sonrisa había aparecido en sus labios… sonrisa que parecía reflejarse en el rostro de Lisa, quien lo observaba con adoración.
- ¡Es un príncipe! – Pensó Lisa. - ¡Es mi príncipe!
De pronto, como si fuera una película, cientos de imágenes de la vida que ambos habían compartido hasta ese momento comenzaron a pasar ante sus ojos en una rápida sucesión en la que se mezclaban las lágrimas, las risas, el dolor, la alegría, la aventura, los buenos y los malos momentos, la guerra, el dolor y la incertidumbre, los momentos de descubrimiento, las salidas, las llegadas… el amor… sobre todo el amor y esa presencia constante y permanente que ambos significaban en la vida del otro.
- Lisa… mi faro en un mar embravecido… siempre mostrándome mi rumbo y mi dirección… y llevándome a puerto seguro…
- Rick… mi fuerza y mi inspiración… mi luz y mi fe… mi ángel guardián.
Sin que siquiera se percataran de ello, Lisa ya prácticamente estaba junto a Rick. El piloto no podía quitarle los ojos de encima… jamás en la vida se había visto más hermosa. El vestido de novia que traía, en conjunto con su maquillaje suave y natural y su peinado elegante sólo acentuaban su belleza… pero su verdadera perfección, esa que enamoraba y encantaba a Rick, esa venía de adentro del corazón de Lisa… del fondo de esa alma gentil y noble que el piloto tanto admiraba, tanto adoraba y tanto amaba.
Max le puso una mano en el hombro a Rick y eso pareció sacarlo de su ensoñación. Miró interrogativamente a su amigo, quien le extendió una mano y le tomó un par de segundos al piloto recordar qué era lo que debía hacer: entregarle a Max su gorra de guarnición y sus guantes. Hizo aquello en un parpadeo, y cuando volvió a mirar a Lisa, una enorme sonrisa apareció en su rostro. Su novia estaba frente a él y le sonreía de una manera tal, que Rick sinceramente pensó que perdería la razón en ese momento.
Sus ojos se encontraron y la música cesó; mientras las últimas notas se diluían en el ambiente, Lisa y Rick se permitieron unos preciosos segundos para perderse profundamente el uno en los ojos del otro. Fue la voz fuerte y grave del General Martín la que los trajo de vuelta a la realidad.
- A partir de hoy ustedes se pertenecen el uno al otro. – El buen general habló ceremoniosamente. – Rick, en nombre de Donald Hayes te entrego a su única hija. Tú eres un hombre bueno y noble y sé que Donald está orgulloso de ti… por eso te estoy entregando a una mujer extraordinaria para que sea tu esposa… tú serás su esposo fiel, amoroso y devoto… serás su fuerza y su protección.
- Así será, señor. – Rick respondió con voz firme, pero no por eso exenta de emoción. – Lisa siempre estará segura y protegida a mi lado. Se lo prometo.
El General Martín asintió conmovido y le sonrió a Lisa. Ella le devolvió la sonrisa y él se inclinó para besarla paternalmente en la frente. Enseguida tomó su mano en la de él y extendió su otra mano para tomar la de Rick. De una manera solemne y casi ritual, colocó la mano de Lisa en la de Rick y las apretó cordialmente entre las suyas.
Lisa y Rick se miraron a los ojos y sonrieron. Cuando sus manos se habían encontrado, una energía fuerte y poderosa que había surgido de ese contacto les había recorrido todo el cuerpo, haciendo que ambos se estremecieran de placer y de amor. Tan ensimismados estaban el uno en el otro, que ni siquiera notaron el momento en el que el General Martín se retiró, seguido por el Capitán Sterling.
Rick apretó la mano de Lisa, acariciándola con sus dedos mientras le sonreía con un amor tan profundo y verdadero que hacía que sus ojos centellaran, como si en su interior estuviera brillando un fuego poderoso e inmortal… o quizás era simplemente el reflejo de las velas que ardían en el altar… las mismas que hacían que el rostro de Lisa resplandeciera y que sus ojos irradiaran una luz que Rick sólo podía comparar a la de mil estrellas brillando en un cielo verde profundo.
Sin poder contenerse y sin querer evitarlo, Rick besó ardorosamente la mano de su novia y enseguida se inclinó sobre Lisa para besarla suavemente en la mejilla.
- ¡Te amo, princesa! – El General Hunter susurró antes de acariciar con sus labios la mejilla de Lisa.
Al roce de los labios del piloto sobre su piel, ella tembló levemente y sonrió, sintiendo que si era posible morir de amor, ella estaba a punto de hacerlo.
- ¡Rick…! - Fue lo único que ella pudo murmurar.
Aquel beso se prolongó durante varios segundos. Rick quería embriagarse de ese aroma que era tan característico de Lisa, su perfume, su esencia: flores con un leve toque cítrico. Ella apretó la mano del piloto en la suya y cuando él se separó de ella, buscando su mirada, el hermano Marco, capellán ecuménico de la Base Macross, les pidió que se acercaran para comenzar con la ceremonia.
El capellán militar, ataviado con su uniforme impecable y portando un libro en las manos, era la imagen perfecta de un hombre de Dios sirviendo para las Fuerzas de Defensa. Con su barba perfectamente recortada y su mirada pacífica y profunda, parecía un santo salido de alguna de esas estampitas que se solían entregar en los templos hacía tanto tiempo… cuando todavía había templos antiguos en la Tierra.
Cuando la almirante Hayes y el general Hunter estuvieron frente a él, todos los invitados tomaron asiento y se hizo un silencio profundo en la capilla. El hermano Marco paseó su mirada sobre los asistentes a esa ceremonia y luego la elevó hasta el rosetón central, por cuyos vitrales entraban a la capilla las últimas luces del atardecer. Había un brillo muy especial en ese lugar en esos momentos. Era casi como si el amor flotara en el ambiente… en una atmósfera casi etérea.
- Hermanos… - La voz fuerte y profunda del joven capellán rompió el silencio. – Estamos aquí reunidos para ser testigos de la unión de Elizabeth Hayes y Richard Hunter, cuyos corazones y espíritus se entrelazarán el día de hoy para formar uno solo. Ellos desean profesar ante el mundo su intención de caminar juntos por el camino de la vida.
El capellán hizo una pausa y clavó sus ojos en los del piloto y enseguida en los de la almirante. Los dos oficiales aguantaron la respiración, en anticipación a las palabras que vendrían enseguida.
- Rick… Lisa… presentándose ustedes aquí hoy ante nosotros para ser unidos en sagrado matrimonio, ustedes están llevando a cabo un acto de fe. Esta fe que debe de crecer, desarrollarse y durar para siempre entre ustedes, porque ustedes así lo han decidido. Un amor que dure para siempre, que crezca día tras día, se haga más fuerte y más profundo hasta llegar a ser eterno e inmortal es un amor que deben asegurar ustedes mismos, a cada momento de sus vidas, pues un amor así no está garantizado por ningún ritual ni por ningún contrato civil. Que el cimiento de su matrimonio sea la devoción que tienen el uno por el otro, no solo en este momento, sino por todos los días que están por venir. Atesoren las esperanzas y los sueños que los han traído hasta éste altar el día de hoy. Asegúrense de que su amor jamás sea quebrantado por la rutina ni oscurecido por la vida ordinaria. La devoción, el amor y la alegría sólo pueden crecer si ustedes nutren esos sentimientos juntos, día a día. Jamás pierdan sus sueños ni sus esperanzas, tengan fe en el destino que compartirán; tengan fe en ustedes mismos y sobre todo, tengan fe el uno en el otro. De esta manera ustedes podrán forjar una unión que se hará más fuerte y profunda cada día de sus vidas.
Las manos de Lisa y Rick se habían encontrado mientras el capellán hablaba. Sus dedos estaban entrelazados y aunque sus ojos estaban fijos en el hermano Marco, sus corazones estaban el uno con el otro. Aquello parecía un sueño… el ambiente tan especial que se sentía en la capilla, con las flores, las luces, las velas, el suave perfume de Lisa que inundaba los sentidos de Rick… la cálida presencia del piloto que era suficiente para que ella se sintiera protegida y amada… la manera en cómo Rick masajeaba suavemente la mano de Lisa que mantenía firmemente aprisionada en la suya… aquel momento era mágico.
- Lisa, Rick… al venir a profesar su amor ante sus familiares y sus amigos ustedes están llevando a cabo un acto de fe ciega y absoluta en uno en el otro. Que el corazón de su amor sea el amor que ambos se profesan… en un mundo en donde muchas veces la fe ha fallado, esta unión de amor que ustedes están a punto de realizar es un tributo a esos que jamás han perdido la fe en el poder del amor.
El capellán se movió para poner su libro sobre el altar a sus espaldas y les hizo la señal a Lisa y Rick para que se acercaran, lo cuál ellos hicieron. Rick se apresuró a ayudar a Lisa, pues su vestido de novia, unido con su nerviosismo, hacía que ella se sintiera un poco torpe en sus movimientos. Sobre la mesa del altar había un documento extendido: un documento oficial que llevaba los sellos y firmas de las autoridades civiles de Ciudad Macross. Era el contrato del matrimonio civil, el mismo que había sido ya tantas veces revisado y corregido por el departamento legal de la RDF. Rick y Lisa ya lo habían leído varias veces, ya no era necesario volver a hacerlo… simplemente debían plasmar sus firmas, en presencia de sus testigos.
- La almirante Elizabeth Hayes y el general Richard Hunter procederán a la firma de su acta de matrimonio civil. – El capellán les informó. – Por lo que, de la manera más atenta, les pido a sus testigos que pasen por favor.
Las personas que Lisa y Rick habían elegido para que fueran testigos de ese momento tan especial y de ese contrato tan trascendental eran, por supuesto, Max y Miriya Sterling, Kelly Hickson, David Stonewell, el General Daniel Martín y su esposa y los doctores Saleh Hassan y Tanya Mikhailova… y en un gesto que era casi el ofrecimiento de una rama de olivo, la última pareja que testificaría la unión matrimonial de Lisa y Rick sería el matrimonio Maistroff.
Las cinco parejas se acercaron al altar, colocándose a ambos lados del mismo. El capellán estaba detrás del altar y Rick y Lisa frente a él. El hermano Marco les sonrió y les explicó que en ese momento debían firmar su contrato matrimonial, el cuál los convertiría en esposos ante los hombres y ante las leyes civiles de Ciudad Macross.
Sobre la mesa, además del contrato matrimonial, había una hermosa pluma fuente que Rick se apresuró a tomar en su mano. Miró a Lisa, preguntándole en silencio si ella quería ser la primera o sí le permitiría a él hacer los honores. Ella le sonrió, una de esas sonrisas que comenzaban en sus ojos y estallaban en sus labios… una de esas sonrisas que él tanto amaba y que siempre provocaban que él mismo sonriera radiantemente. Lisa movió su cabeza en un gesto que significaba que le concedía el honor de ir primero.
Rick asintió levemente con la cabeza y se inclinó sobre la mesa. Miró a Lisa a los ojos, le sonrió y le guiñó traviesamente el ojo. Enseguida, con una seguridad apabullante y sin dudar ni un solo segundo, el General Hunter estampó su firma en aquel documento oficial.
Lisa sintió que el corazón volvía a acelerarse en su pecho cuando vio la seguridad que Rick mostró al firmar el contrato matrimonial. Era una manera de hacerle saber, sin palabras pero con acciones, lo seguro que él se sentía de ese paso que estaba dando con ella. El piloto le entregó la pluma fuente a Lisa y al roce de sus manos ambos se estremecieron. Por alguna razón ambos se sentían demasiado sensibles en esos momentos; el más mínimo contacto, la sonrisa más leve, el aroma más ligero los hacía temblar de emoción y de amor.
Lisa tomó la pluma fuente y le sonrió a Rick antes de inclinarse sobre el documento. Se detuvo y miró a su novio, quien la contemplaba con adoración absoluta destilándole por los ojos. Lisa sentía que su mano le temblaba… sentía que quizás no sería capaz de firmar aquel documento, pues su pulso no estaba pasando por su mejor momento en ese instante en particular.
Pero cuando vio el amor, la adoración, la devoción y la impaciencia en los ojos de su piloto, todo nerviosismo desapareció de Lisa y fue sustituido por un sentimiento de absoluta convicción y seguridad. Con un movimiento suave y decidido, Lisa estampó su firma sobre el documento con esa elegancia que siempre la había caracterizado. Ninguno de sus testigos notó siquiera que segundos antes su pulso se había sentido tan irregular.
La joven almirante de las Fuerzas de Defensa levantó la mirada y sonrió radiantemente cuando vio la emoción reflejada en el rostro de su piloto. Los ojos de Rick estaban húmedos y aquello hacía que se vieran más hermosos y brillantes que de costumbre. Él le extendió la mano a Lisa y ella la tomó, para apartarse y permitir que los testigos, uno a uno, se acercaran para firmar el documento.
Una vez que todas las firmas estuvieron plasmadas, el hermano Marco tomó un sello oficial del Ayuntamiento de Ciudad Macross y con él oficializó aquel documento. Enseguida despidió a los testigos, agradeciéndoles su presencia y cooperación. Max pasó por detrás de Rick y le dio un apretoncito cariñoso en el hombro que hizo que el piloto sonriera conmovido.
- El matrimonio es una promesa de amor hecha por dos corazones enamorados… una promesa que tarda una vida entera en cumplirse.
El hermano Marco comentó, mientras colocaba el documento legal dentro de una carpeta con los escudos de Ciudad Macross y se las entregaba a un ayudante que se había acercado.
Lisa y Rick se habían vuelto a colocar en su lugar de antes. El capellán les sonrió y asintió levemente con la cabeza… sentían que algo importante estaba por venir. La emoción que de pronto habían comenzado a embargarlos era tanta que sentían que los sobrepasaría, que de desbordaría en sus pechos. Rick le lanzó una mirada amorosa y traviesa de soslayo a Lisa y le sonrió levemente. Ella le devolvió la sonrisa, sintiéndose a la vez emocionada y conmovida con la manera en que él la miraba, con tanta ternura y tanto cariño.
Sin que Rick ni Lisa se hubieran percatado de ello, Max y Miriya se habían acercado a ellos y ahora les estaban entregando una vela a cada uno. Eran velas hermosamente decoradas con cera escamada en forma de flores y un escudo con las iniciales de ambos entrelazadas, en cera dorada.
- Ustedes nacieron para estar juntos y juntos vivirán de ahora y para siempre. – El capellán continuó con la ceremonia. – Juntos hasta que las alas de la muerte se ciernan sobre ustedes… juntos incluso más allá… juntos en su memoria silenciosa para siempre. Ámense con toda su alma, pero jamás dejen que el amor se convierta en una cadena, sino antes bien, que sea como las olas siempre en movimiento en las playas de sus almas. Que el amor sea la luz que los ilumine, el fuego que los caliente y el brillo eterno que siempre ha de resplandecer en sus vidas. Que el fuego sea símbolo de su amor, siempre fuerte, siempre intenso, siempre poderoso… y que sea símbolo de su unión eterna.
Max y Miriya habían encendido las velas que Lisa y Rick sostenían en sus manos. El capellán se hizo a un lado para mostrarles un hermoso cirio que se encontraba frente a ellos, sobre una cama de flores.
Rick miró a Lisa y el hermano Marco, con un movimiento de cabeza, le indicó que podía proceder. El piloto tomó aire y comenzó a hablar, sin apartar la mirada de los ojos de su novia.
- Hubo oscuridad en mi vida durante tanto tiempo… oscuridad que se convirtió en luz y esa luz eres tú, Lisa… tu amor es el viento bajo mis alas… nuestro viaje de amor comienza hoy… Lisa, que nuestras vidas se conviertan en una sola, desde hoy y para siempre.
- Rick… - Lisa hizo una pausa, pues sintió que su voz estaba a punto de quebrársele. – Toda mi vida… soñé con encontrar a alguien tan maravilloso como tú. Alguien que me amara de la manera en como solo tú sabes hacerlo… por eso te prometo que mi amor por ti será siempre tan intenso y poderoso como el fuego que arde frente a nosotros… Rick, en este momento nuestras vidas se convertirán en una sola… y nuestro amor hará que nos encontremos uno al otro, día a día… siempre como si fuera la primera vez.
Los dos se sonrieron y simultáneamente dieron un paso al frente. Con una hermosa sonrisa en los labios y con emoción desbordándoseles en el pecho, los dos acercaron sus velas individuales al cirio, encendiéndolo con una hermosa llama que se elevó orgullosa y que hizo que los corazones de Lisa y Rick ardieran, como si ese fuego, más que haberse encendido en el cirio, les hubiera inflamado el corazón. Aquellos sentimientos eran tan profundos, tan fuertes y tan intensos que les provocaban reacciones físicas a los dos jóvenes oficiales en el cuerpo. Rick sentía un calor fuerte e intenso que le abrasaba el pecho y de ahí se extendía a cada rincón, a cada célula de su ser… Lisa sentía una oleada de amor y ternura tan intensa y profunda que era como si su corazón se estuviera derritiendo en su pecho.
Las velas les fueron retiradas a la almirante y al piloto de las manos y con una sonrisa, el hermano Marco prosiguió con aquella ceremonia… un momento muy especial estaba por venir.
- Lisa Hayes, Rick Hunter… sabiendo el amor que ambos se profesan mutuamente, conociendo cuáles son sus fortalezas y aprendiendo de ellas y reconociendo sus debilidades y ayudándose mutuamente a vencerlas, ha llegado el momento de que hagan sus votos matrimoniales ante Dios y ante quienes se han reunido a su alrededor esta noche para ser testigos de su unión. Los años harán que ustedes alcancen edad y sabiduría pero su amor permanecerá siempre joven… hagan sus votos con la convicción de que su amor siempre podrá vencer los momentos difíciles de su vida. Y con esa esperanza y esa fe, jamás olviden los votos que en estos momentos harán de manera libre. Nunca dejen de aprender el uno del otro… nunca dejen de enseñarse el uno al otro… y jamás olviden que mientras más se entregan uno al otro, más se pertenecen a ustedes mismos.
El capellán hizo que Lisa y Rick se colocaran de frente, mirándose a los ojos, y que sostuvieran sus manos. Se inclinó sobre ellos y habló con voz apenas audible:
- Ahora pueden hacer sus votos… ¿Quién irá primero?
- Primero las damas. – Rick clavó sus ojos en los de Lisa. - ¡Dios santo, Lisa Hayes¡Te amo tanto!
Lisa sonrió radiantemente y hubiera querido responder a aquella expresión de afecto tan espontánea de su piloto, pero él se había quedado en silencio, observándola con tanto amor y con tanta ternura como ella sentía que jamás lo había hecho en su vida. Las manos del piloto se sentían levemente húmedas y un poco frías en las suyas… pero las de ella estaban temblando. Lisa se dio un momento para relajarse y tranquilizarse antes de comenzar a hablar con voz fuerte y firme, clavando sus ojos profundamente verdes en los de Rick, de una manera tan intensa que él sinceramente pensó que esa mirada le estaba traspasando el alma.
- Richard Hunter… - Lisa sonrió emocionada. – Rick… tú me mostraste el mundo, me enseñaste que hay cosas por las cuales vale la pena vivir más allá de los muros que yo había levantado a mí alrededor. Cada vez que me sonríes la luz que irradia tus ojos ilumina mi mundo entero. Rick, ahora tú eres mi razón para vivir… mi razón para morir… mi razón para existir… gracias por llenar mi vida con razones. Gracias porque en mis momentos de oscuridad tú has sido mis ojos, mi luz y mi guía… gracias porque cada vez que he caído tú has estado ahí para sostenerme… para levantarme.
Lisa hizo una pausa. Sentía que la emoción se le atascaba en la garganta, haciendo que su voz se le quebrara imperceptiblemente. Las manos de Rick apretaron las suyas, motivándola a continuar. Los ojos del piloto estaban anegados en lágrimas al escucharla hablar con tanto sentimiento y tanta ternura. Lisa sonrió y continuó:
- Rick, tú fuiste el milagro que sanó mi alma… en tus ojos yo veo mi futuro… tú eres mi mejor amigo, mi compañero, mi complemento… en ti encontré las piezas que le faltaban a mi alma y a mi corazón. Contigo estoy completa… eres el hombre que siempre soñé, el hombre al que siempre amé… aún antes de conocerte… el hombre por el que siempre esperé. El camino de mi vida estaba lleno de tu nombre, pero… no te podía encontrar… sin embargo cada segundo de espera valió la pena…
Las manos de Lisa se cerraron aún más estrechamente en las de Rick y su mirada se volvió más profunda e intensa cuando pronunció las siguientes palabras:
- Rick Hunter, te prometo que siempre estaré a tu lado, soñaré a tu lado, viviré a tu lado, caminaré a tu lado y juntos siempre encontraremos el sol después de cada tormenta… y con esta promesa de amor eterno, yo Elizabeth Hayes te entrego mi vida a ti, Rick Hunter… pongo mi corazón en tus manos… y te pido que jamás dejes de ser tu mismo y que me acompañes de aquí en adelante por cualquier camino que la vida nos lleve. Rick, te prometo que te cuidaré en los malos momentos y que compartiré contigo las alegrías de los buenos tiempos… y que te amaré por ahora y para siempre.
Las últimas palabras de Lisa quedaron flotando en el ambiente por algunos segundos antes de que una pequeña sonrisa emocionada y llena de promesas apareciera en los labios de la almirante. El corazón de Rick comenzó a acelerarse en su pecho, a latir con una cadencia que parecía acompasarse a la respiración de Lisa. El piloto pasó saliva para humedecer su garganta, que se sentía seca y levantó las manos de Lisa para besarlas con una adoración y una ternura que hicieron que Lisa tuviera problemas tratando de contener las lágrimas que amenazaban escapar de sus ojos.
- Elizabeth Hayes… - Rick sonrió casi traviesamente. – Lisa… hoy iniciamos una vida juntos tú y yo. Ya hemos pasado por muchas cosas juntos y sé que todavía nos falta mucho por vivir. Quiero que sepas que siempre daré lo mejor de mí… Lisa, déjame hacer que tus sueños se vuelvan realidad… permíteme realizar todas tus fantasías y darte todo lo que necesitas… todo lo que mereces. Prometo amarte más cada día… más con cada latido de mi corazón y con cada respiración. Te prometo que siempre seré tu fuerza y tu apoyo y que te amaré con todo lo que soy y con todo lo que tengo… te prometo que te amaré, te protegeré y te honrare durante todos los días de mi vida. Este es un nuevo inicio y Lisa… tú eres mi razón de vivir. Te prometo que jamás tendrás que volver a cerrar tus ojos para soñar, porque yo me encargaré de que todos tus sueños se conviertan en realidad.
Rick hizo una pausa y contempló a Lisa en silencio por unos segundos que parecieron contener la eternidad misma en ellos. Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Rick y siguió hablando:
- Por una vez en la vida estoy seguro de lo que realmente quiero… - Los ojos de Rick adquirieron un brillo travieso. – Jamás me había sentido así de seguro antes de nada… Lisa, no puedo imaginar mi vida sin ti… y te prometo que no te vas a librar de mí, pues a donde tú vayas, yo iré contigo. Por todo esto yo, Rick Hunter, quiero que tú, Lisa Hayes te quedes a mi lado para siempre, porque tú eres mi mejor amiga y mi amor absoluto. Quiero que estemos siempre el uno con el otro, cuando estemos juntos o cuando estemos separados, cuando sea hora de reír y cuando sea hora de llorar, en los conflictos y en las etapas de tranquilidad y te pido que siempre seas tú misma, porque te amo, Lisa, por la persona que eres. Adoro lo que conozco de ti y confío en lo que aún tienes para mostrarme y sorprenderme en cualquier camino que la vida nos lleve.
El piloto hizo una pausa bastante prolongada… una pausa que terminó con una sonrisa emocionada y traviesa que apareció lentamente en sus labios y que provocó que Lisa sintiera que sus piernas no sostendrían el peso de su cuerpo por mucho tiempo más.
- Y ahora, Lisa… sólo me queda algo más por decir…
- ¡Rick! – La voz de Lisa fue un suspiro, anticipando lo que venía.
- Te amo… - Rick finalizó con voz firme y llena de emoción y amor. - ¡Te amo! Siempre lo he hecho… y siempre lo haré.
Aquello fue demasiado para la siempre segura Lisa Hayes, la mujer que siempre estaba en control y jamás dejaba que las cosas se le salieran de las manos. Un sollozo de pura alegría y felicidad escapó de lo más profundo de su ser. Rick apretó las manos de ella contra su pecho, sin apartar su mirada vigilante de su rostro, mientras él mismo se sentía embargado por una emoción tal, que no pudo evitar que una lágrima escapara por la esquina de su ojo y corriera por su rostro mientras él besaba ardorosamente las manos de Lisa.
Los testigos de aquella ceremonia estaban emocionados hasta las lágrimas. Aquel momento era la culminación de una historia que se había convertido en una leyenda… de un amor que había sido forjado en la guerra y que se había convertido ya en un símbolo para el nuevo mundo: a pesar de la guerra la vida se abría camino, a través del amor.
- Elizabeth Hayes, - La voz del capellán los trajo de vuelta a la realidad. - ¿Aceptas a Rick Hunter como tu esposo, con alegría, amor, paciencia y entendimiento ahora y para siempre, a través de cualquier camino por el que la vida quiera llevarlos?
Lisa miró a Rick directamente a los ojos y sonrió una sonrisa que, después de las lagrimas, fue como el sol del amanecer. El corazón del piloto se aceleró en su pecho y se sintió incluso un poco mareado cuando escuchó la respuesta que Lisa dio a esa pregunta, mientras lo miraba con una intensidad que le quemaba el corazón.
- Lo acepto. – Lisa respondió. – Hoy, mañana y siempre… por toda la eternidad.
- Y tú, Richard Hunter¿Aceptas a Elizabeth Hayes como tu esposa, tu compañera y tu amiga y prometes honrarla, respetarla, amarla y serle fiel con amor, paciencia y alegría ahora y para siempre?
- ¡La acepto! – Rick se apresuró a contestar, con una radiante sonrisa en los labios. - ¡Para siempre!
El capellán tomó los anillos que Max, el padrino, había colocado sobre el altar después de la firma del contrato matrimonial. Los tomó en sus manos y sonriendo le entregó uno a Lisa y el otro a Rick, quienes los tomaron emocionados y sin poder quitarse los ojos de encima.
- Estos anillos de metal precioso son emblema de la pureza y la perpetuidad de su estado matrimonial. Los antiguos veían en los anillos el símbolo del ciclo de la eternidad, que no tiene ni principio ni final. El oro es incorruptible y jamás se desgasta, ni por el uso ni por el tiempo. Así que con estos anillos esta unión será solemnizada. Una unión que será pura e incorruptible y que será más duradera que el mismo tiempo… será eterna.
El capellán le hizo una señal a Rick con un leve movimiento de cabeza y él tomó la mano de Lisa y le presentó el anillo, mientras hablaba lenta y ceremoniosamente:
- Lisa, usa este anillo para siempre como un símbolo de mi amor por ti… un amor que jamás tendrá un final.
Diciendo esto, colocó el anillo en el dedo de Lisa, con un movimiento lento y cuidadoso. Los ojos de ella se clavaron en sus manos entrelazadas en ese momento y Lisa tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para contener las lágrimas que otra vez amenazaban con escapar de sus ojos. La sonrisa que Rick le regaló cuando el anillo estuvo en su lugar hizo que el corazón de la almirante saltara de alegría en su pecho. Tomó la mano de Rick y le presentó su anillo, mientras lo miraba a los ojos y procedía con la ceremonia.
- Rick, este anillo es símbolo de mi amor por ti… un amor puro e incondicional… un amor que jamás terminaré de expresarte… ni de entregarte… desde hoy y para siempre.
Lisa pronunció las últimas palabras como referencia a las inscripciones en el interior de los anillos, mientras le colocaba el anillo en el dedo a Rick. Él sonrió emocionado, sintiendo que en ese momento su vida había llegado a un punto clave… en ese momento la eternidad comenzaba para él.
- Estos anillos no son cerrojos que cerraran sus corazones, sino llaves que revelaran sus secretos más profundos de sus corazones, aquellos que solamente ustedes dos conocerán, aquellos que solo les pertenecerán a ustedes y que los harán acercarse y permanecer juntos para siempre.
El capellán hizo una pausa y luego, con una enorme sonrisa en los labios continuó:
- Con esta profesión de amor y confianza que acabamos de testificar, ahora quiero que todos reconozcamos la unión de Rick y Lisa, ante la ley de Dios y la ley de los hombres… y con un beso de amor, un beso sagrado, su unión quedará inmortalizada por ahora y para siempre jamás… Rick, puedes besar a tu esposa.
Aquellas palabras parecieron obrar un efecto mágico, casi místico en Lisa y Rick. De pronto todo a su alrededor desapareció y en el universo entero sólo existieron ellos dos, suspendidos en un instante eterno… el momento mismo en el que sus vidas se convertían en una sola… en el que los senderos que cada uno había caminado en su vida se unían para formar un camino único que ahora caminarían juntos, hombro con hombro y corazón con corazón.
Rick se acercó lentamente a Lisa, dándose su tiempo, saboreando de aquel momento que casi parecía un sueño. La mano del piloto subió para acariciar la mejilla de Lisa y cuando lo hizo, ambos pudieron sentir cómo el otro estaba temblando levemente con aquel contacto y con la emoción contenida. La mano de Lisa se posó suavemente sobre la de su piloto para luego moverse hasta acariciarle su rostro con una ternura tal que Rick sintió que estaba a punto de arder, completamente inflamado por ese amor que sólo Lisa podía producir en él. Sus ojos se encontraron por un breve momento y sus labios se rozaron levemente.
- ¡Te amo, Rick! – La voz de Lisa fue apenas un murmullo.
- Y yo a ti, Lisa… ¡Te amo!
Sus labios se unieron y sus almas se encontraron, sellando en aquel momento su promesa de amor inmortal y eterno y aceptando, con aquel beso profundo y lleno de emoción y de significado, el compartir el resto de su eternidad juntos.
La mano de Rick bajó del rostro de Lisa para rodearla y envolverla en un abrazo cálido que hizo que ella se relajara en sus brazos y sin siquiera percatarse de ello, rodeara el cuello de Rick, abrazándolo tan estrechamente como le fue humanamente posible.
Era el primer beso que Rick le daba a su esposa… el primer beso que ella le entregaba a su esposo.
Ambos se separaron lentamente cuando escucharon una explosión lejana en el cielo… y a los asistentes a la ceremonia aplaudiendo y aclamado a la nueva pareja. El vitral del rosetón central de la capilla resplandeció espectacularmente mientras los fuegos artificiales engalanaban los cielos nocturnos de Ciudad Macross, anunciando a los habitantes de la misma y al mundo entero que Rick Hunter y Lisa Hayes estaban juntos y lo estarían para siempre.
Los dos jóvenes militares escuchaban los sonidos que les parecían tan lejanos, de personas aplaudiendo y de una suave música en algún lugar. Pero, perdidos como estaban el uno en el otro, nada de eso parecía interesarles. Rick no había soltado a Lisa y ella se mantenía aferrada a él, como si de eso dependiera su vida. Las sonrisas suaves y soñadoras que tenían en sus labios y la manera en que sus ojos brillaban con puro amor, hacía más que obvio el hecho de que en esos momentos nada existía en el universo para ellos… nada más que ellos mismos.
Rick abrazó estrechamente a Lisa, escondiendo su rostro en el cuello de ella para embriagarse de su aroma. Ella respondió a aquel abrazo con el mismo entusiasmo y el mismo amor que él le estaba demostrando.
- Lisa… - La voz de Rick sonó ronca y cargada de emoción y de alegría. – Mi esposa…
Antes de que ella pudiera responder, él se separó de ella y sorpresivamente tomó su rostro entre sus manos, cubriéndola de besos. Mientras Lisa sentía los labios de su piloto en sus mejillas, en su frente, en sus sienes, en su nariz, en todas partes, ella trataba de convencerse de que aquello era real… no era un sueño, era algo que estaba sucediendo.
El ataque de amor de Rick terminó tan abruptamente como había comenzado cuando Lisa tomó su rostro en sus manos y lo miró larga y profundamente a los ojos en silencio. Sin embargo en ese momento las palabras sobraban, sus ojos y sus corazones estaban hablando por ellos. Ella atrajo a su piloto hacia ella para besarlo larga y ardorosamente en los labios, de una manera tal que él sintió que el aire le faltaba y que sus piernas se debilitaban.
- Lisa, Rick…
La voz del capellán los trajo de vuelta a la realidad, aunque en el estado de completa euforia y exaltación en el que ambos se encontraban, esa realidad parecía demasiado etérea… como un sueño. Los dos miraron al hermano Marco, sin dejar de abrazarse. Él les sonrió comprensivamente y finalizó la ceremonia:
- En su amor encontraran confianza y libertad el uno en el otro. Su amor será generoso, siempre encontrarán en ustedes la belleza, la nobleza y el refugio en donde siempre podrán protegerse de cualquier amenaza y cualquier problema. Su amor siempre estará lleno de esperanza y continuará creciendo con paciencia, con confianza, con comprensión y entendimiento. Su amor jamás dejará de estar lleno de sorpresas… sean siempre la fuerza uno del otro. Ya nunca más sentirán la lluvia, pues cada uno será el refugio y el santuario del otro. Ya jamás volverán a sentir el frío, pues cada uno será el calor del otro. Ya jamás sentirán la soledad, ya jamás volverán a estar solos. Ustedes son dos, pero sólo hay una vida frente a ustedes. Un solo camino que tendrán que caminar juntos hasta el final…
Se detuvo unos momentos, para dejar que sus palabras fueran asimiladas por los jóvenes esposos y luego, con una enorme sonrisa terminó:
- Y siendo que Lisa y Rick se han declarado todo el amor y la devoción que se profesan el uno al otro, ante sus familias, amigos y colegas, ahora los presento ante ustedes como una nueva familia… como esposos. Rick Hunter y Lisa Hayes-Hunter… ¡Vayan y comiencen a vivir el primer día de su unión eterna!
Mientras todos comenzaban a aplaudir y los primeros acordes de una hermosa marcha triunfal comenzaban a escucharse en la capilla, ni Lisa ni Rick podían evitar el reír emocionados mientras ambos se abrazaban, se besaban juguetonamente, se acariciaban y se hacían toda clase de cariños. ¡Esposos! Aquella palabra se escuchaba tan… extraña tratándose de ellos.
Sin embargo ninguno de los dos quería prolongar aquella ceremonia por más tiempo, era momento de festejar. Mientras agradecían al capellán por haber oficiado la ceremonia, Max se había acercado para entregarle a Rick su gorra de guarnición, la cuál él colocó ceremonialmente sobre su cabeza antes de, con una enorme sonrisa en los labios, inclinarse ante Lisa para ofrecerle su brazo.
- Lisa Hayes-Hunter… ¿Me harías el honor de acompañarme en éste, el primer camino que caminaremos juntos?
- Siempre, amor. – Lisa sonrió emocionada, aforrándose al brazo que él le ofrecía. - ¡Siempre!
Ambos comenzaron a caminar por el pasillo central de la capilla, dirigiéndose hacia la salida, mientras la música seguía inundando con sus acordes majestuosos y triunfales el ambiente de aquel sitio, mezclándose con los aplausos y las expresiones de cariño y alegría que todos los invitados les prodigaban a su paso. Pero para Lisa y Rick nada de eso parecía existir, perdidos como estaban el uno en el otro, totalmente embelesados en el otro, fascinados por los ojos del otro, por su sonrisa… y por esa vida que ahora comenzaban juntos.
Cuando salieron de la capilla, se detuvieron en seco al ver que había una doble fila de cadetes esperando por ellos a ambos lados del camino que los llevaría hasta el auto oficial de la RDF que ya los esperaba. El número de cadetes correspondía al número de los escuadrones de las Fuerzas de Defensa. Cada uno portaba las insignias propias de cada escuadrón y su uniforme de gala era complementado por un sable.
- ¡El arco de sables! – Lisa susurró visiblemente emocionada.
Rick miró a su esposa y ambos se sonrieron. Ambos sabían que esa tradición representaba: el paso seguro de su vida de soltería a su vida matrimonial… y era además una manera en que los miembros de las Fuerzas de Defensa habían decidido honrar a sus superiores y presentarles sus respetos en ese día tan especial.
- ¡Atención, cadetes! – Uno de los escoltas ordenó. - ¡Presentar sables!
Al unísono, con movimientos perfectamente bien ensayados y una sincronización perfecta, los cadetes de la guardia de honor levantaron sus sables con la mano derecha, con el filo hacia arriba y tocando la punta del sable opuesto.
Rick miró a Lisa y le dedicó una sonrisa llena de emoción y de alegría que ella reciprocó. El piloto puso su mano sobre la de Lisa, quien aún se aferraba al brazo de él. Enseguida, entre los aplausos y aclamaciones de los ahí reunidos, los recién casados entraron al arco, pero se detuvieron casi de inmediato. El General Hunter se movió hasta quedar frente de su esposa y sin dejar de sonreír, colocó una de sus manos en la cintura de ella, mientras con la otra acariciaba su mejilla y la atraía lenta, pero inexorablemente hacia él con la clara intención de besarla.
¡Y qué beso fue aquel!
Lisa no se opuso a los deseos de su piloto… de su esposo, pensó ella, mientras sentía el aliento de Rick en su rostro y sus labios se encontraban. Ella lo abrazó tan estrechamente como pudo y entreabrió sus labios, permitiéndole a Rick profundizar el beso y embriagarse en el aroma y el sabor de aquella mujer a la que adoraba. Los ahí reunidos no dejaban de aplaudir. Súbitamente una lluvia de pétalos de rosa comenzó a caer sobre la joven pareja, al tiempo que, renuentemente, terminaban aquel apasionado beso y se separaban lenta, casi dolorosamente.
El General Hunter tomó la mano de la Almirante Hayes-Hunter en la suya y se inclinó para besarla suavemente en la mejilla antes de que ambos terminaran de cruzar el Arco de Sables. Una vez que estuvieron del otro lado, el mismo escolta de antes dio la orden de "retirar sables" y como movidos por un mecanismo perfecto, los cadetes bajaron su acero, y se colocaron en firmes, presentando sus respectivos sables frente a ellos.
La orden de "enfundar sables" siguió de inmediato. Orden que, como las precedentes, fue obedecida con una sincronización absoluta. Todos los sables regresaron a sus enfundaduras con un movimiento simultáneo y un único "click" cuando las empuñaduras chocaron con la funda. Con eso concluyó esa breve pero emotiva ceremonia llena de simbolismos y significados.
Lisa y Rick en realidad no pudieron pensar o meditar demasiado en lo que estaba sucediendo, pues ya la puerta del automóvil oficial de la RDF, el mismo en el que Lisa había llegado, se había abierto y un par de oficiales les estaban indicando que abordaran el vehículo que los llevaría al Centro de Comunicaciones de la Base Macross, en donde se tendría una breve sesión fotográfica para hacer las tomas de las fotografías oficiales y otras para la edición del mes de noviembre de la Revista Helmantike, que una vez más tendría la exclusiva.
Los dos jóvenes se despidieron de las personas que los acompañaban con un rápido movimiento de mano. Los ojos de Rick se clavaron en los de Max, quien sólo dejó de aplaudir para levantar su dedo pulgar y guiñarle el ojo a su amigo. Todos estaban muy felices: los Sterling y Kelly, en primera fila, eran probablemente los más emocionados.
- ¡Los veremos en la fiesta! – Rick se despidió, antes de entrar a la limosina, después de haber ayudado a Lisa a hacer lo propio.
La portezuela de aquel lujoso auto oficial se cerró de golpe, aislando a los recién casados del ruido exterior… el vidrio de privacidad estaba subido, por lo que en ese momento, mientras el auto se ponía en marcha, Lisa y Rick pudieron disfrutar de algo que se les había negado durante ya demasiado tiempo: un momento de privacidad.
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Una vez que los dos jóvenes oficiales de la RDF estuvieron en la relativa intimidad del auto oficial que los llevaría primeramente a su sesión fotográfica, los dos se miraron a los ojos y se sonrieron con traviesa camaradería, pero esa sonrisa pronto comenzó a hacerse más suave y tierna, hasta que todo lo que el uno pudo ver en el rostro del otro fue amor, puro amor.
Por unos momentos ambos se quedaron en silencio. Era como si no supieran que decir, o como si en realidad no tuvieran que decir nada, pues sus ojos y las encantadoras expresiones de sus rostros eran más que elocuentes. Después de unos segundos Rick levantó su mano y lenta, casi tentativamente acarició la mejilla de Lisa con la yema de sus dedos. Aquel roce leve y sugestivo hizo que ella se estremeciera de pies a cabeza, cosa que el piloto notó.
Ambos se sonrieron con cariño y él se inclinó lentamente para plantarle a Lisa un beso suave, tibio y tierno en la mejilla. Ella cerró los ojos y se permitió perderse en esa sensación maravillosa de absoluta pertenencia… y de una paz y una felicidad tan puras y profundas como jamás las había experimentado antes en su vida.
Los ojos de la almirante se abrieron lentamente para encontrarse con los ojos profunda y terriblemente azules del piloto… esos ojos que en ese momento brillaban con tal intensidad, que Lisa sinceramente pensó que serían capaz de consumirla por completo. La mano de Lisa se levantó lentamente y Rick la siguió atento con su mirada.
Ella la detuvo justo frente al rostro del piloto y le sonrió, mientras él la miraba un tanto confundido, sin saber exactamente qué esperar. Lisa tomó la punta del visor de la gorra de Rick y su sonrisa se hizo aún más traviesa cuando vio cómo el piloto cruzaba los ojos para mirar lo que ella estaba haciendo. Con un movimiento rápido y preciso, Lisa bajó la gorra del general para cubrirle los ojos.
- ¡Hey! – Rick protestó, riéndose. - ¿Qué te pasa, Lisa Hayes-Hunter?
Rick se quitó la gorra de la cabeza y la arrojó a un lado, al tiempo que él prácticamente se dejaba ir sobre Lisa para derribarla sobre el amplio asiento de la limosina en que viajaban. Los dos reían divertidos, pero antes de que ella pudiera hacer nada, Rick ya la estaba besando en los labios, pero aquel beso fue corto, pues el piloto se retiró tan abruptamente como se había acercado.
Las miradas de ambos se encontraron y Lisa acarició con ternura el rostro del piloto, perdiéndose en sus ojos una vez más. Él tomó la mano de Lisa y observó con atención el anillo que la engalanaba. Ella supo qué era lo que él estaba pensando y sonrió esplendorosamente cuando el piloto le besó la mano, posando sus labios justo sobre su argolla matrimonial.
- ¡Eres una agresiva! – Rick susurró cuando terminó aquel beso.
- ¡Mira quién habla, Rick Hunter! – Lisa le hizo un cariñito en la punta de la nariz y se rió cuando vio cómo él la arrugaba. - ¿Alguna vez te había dicho lo absolutamente apuesto que te ves con tu uniforme de gala?
- No. – Rick se rió y comenzó a besarle la mano repetidamente. – Pero es porque jamás había usado mi uniforme de gala sino hasta hoy.
- Bueno punto. – Lisa se rió.
- ¡Tú te ves hermosa, Lisa! Sabía que ibas a lucir deslumbrante en nuestra boda… pero ¡Dios santo, Hayes¿Siempre tienes que ser tan exagerada? – Rick la silenció cuando notó que ella iba a hablar. - ¡Disculpe, quise decir señora Hayes-Hunter!
Lisa se rió, esa risa suave y musical que siempre alegraba el corazón de piloto. La almirante se enderezó y clavó sus ojos en los de Rick. Lenta, casi tortuosamente se acercó a él. Notó la manera en cómo la respiración del piloto se volvía irregular y cómo sus labios se entreabrían, mientras sus ojos se clavaban en los labios de ella.
Tomándose todo el tiempo del mundo, Lisa tomó el labio inferior de él entre los suyos, succionándolo traviesamente. Rick entrecerró sus ojos y un estremecimiento le recorrió la espina dorsal, haciéndolo suspirar sin que él pudiera evitarlo. Lisa sonrió y lo besó suavemente en el labio superior para luego seguir besándolo tierna y juguetonamente en las comisuras de los labios.
- ¡Lisa! – Rick protestó con un gruñido. - ¡No seas malvada¡No tienes idea de lo que siento cuando tú…!
Rick no terminó su frase, pues ella se había separado de él, sólo el espacio suficiente para mirarlo a los ojos. Luego, con una ternura infinita Lisa se acercó nuevamente a él para besarlo en cada uno de sus ojos, de una manera lenta, suave, gentil y llena de amor y devoción. Rick sintió que un suspiro entrecortado salía de lo más profundo de su pecho… era casi como un sollozo. A veces no sabía que hacer con tanto amor y aquello llegaba a ser doloroso.
Sintió cómo el dedo de Lisa le acariciaba el contorno de su rostro y abrió los ojos para encontrarse con esos ojos intensamente verdes que lo observaban con un cariño que iba más allá del amor… Lisa lo contemplaba con un fervor que rayaba en la adoración.
- Rick Hunter… - Lisa susurró con una voz cargada de ternura y cariño. – Eres mi esposo… estaremos juntos para siempre.
- Para siempre, Lisa. – Rick apenas pudo murmurar.
Los dos se sostuvieron la mirada y súbitamente Rick comenzó a reír. Aquello contagió a Lisa, quien sin poder evitarlo recargó su cabeza en el hombro de Rick y lo miró al rostro, acariciándolo no sólo con su mano, sino también con sus ojos.
- ¿Qué pasa, amor?
- No sé… es que es tan irreal. – Rick la besó en la frente. – Lisa… somos esposos… estamos casados… tú eres mi esposa y yo—yo – Rick se rió otra vez. – Soy tu esposo… ¡Es tan extraño!
- Puedes llegar a ser todo un romántico cuando te lo propones, Rick. – Lisa se rió y lo besó en la barbilla.
- Tú sabes a lo que me refiero, preciosa. – Rick le besó la punta de la nariz. – Lisa Hayes-Hunter… mi esposa…
Lisa no respondió, solamente tomó la mano de Rick en la suya y observó el anillo que ahora portaba en su dedo anular. Sus ojos volvieron a los del piloto y luego, con todo el amor del que era capaz, comenzó a besarle la yema de los dedos, provocando que el piloto se estremeciera de placer y amor.
- Fue una hermosa ceremonia. – Lisa comentó en un susurro. - ¡Fue como un sueño!
- Fue perfecto. – Rick la seguía besando en el cabello, en la frente, en la sien. - ¡Oh Lisa, te amo tanto! A veces… a veces no sé cómo—
- ¡Shhhh! – Ella lo silenció, poniendo su dedo sobre los labios del piloto.
El la miró interrogativamente a los ojos, pero los de Lisa ya habían bajado y miraban sus labios. El piloto entreabrió los suyos para recibir el beso suave, embriagante, profundo y lleno de promesas que Lisa colocó en sus labios.
Se estuvieron besando por unos segundos, hasta que sintieron que el auto comenzaba a descender su velocidad hasta detenerse. El trayecto entre la capilla de la base y las oficinas del departamento de comunicación no estaban tan distantes unas de las otras, por lo que Rick y Lisa supieron de inmediato que el conductor había decidido darles algo de privacidad y quizás había dado una o dos vueltas alrededor de la base antes de llevarlos a su destino.
- Creo que debemos agradecerle a nuestro conductor. – Rick susurró cuando el auto se detuvo por completo.
- Creo que debemos agradecerles a todos, Rick… antes de ir al museo, me gustaría pasar por el hangar donde va a ser la cena aquí en la base. Miriya me dijo que iban a transmitir la ceremonia a través de pantallas gigantes.
- Tienes razón, mi cielo. – Rick la besó en la frente, sin dejar de masajear su mano, que mantenía firmemente aprisionada contra su pecho. – Y me parece una buena idea.
Los dos se miraron a los ojos y sonrieron. En ese momento la puerta de la limosina se abrió y Rick besó a Lisa en la mejilla antes de salir y ofrecerle su mano a su esposa para ayudarla a que hiciera lo mismo. Estaban en el estacionamiento posterior del edificio que albergaba las oficinas de comunicación y relaciones públicas de la RDF. Ahí los esperaban varias personas… ni siquiera en el día de su boda podían hacer a un lado sus obligaciones militares. Aunque por otro lado, el tener fotos oficiales de aquel día tan especial los emocionaba y hacía que aquel sueño se sintiera un poco más real.
Los dos jóvenes militares fueron conducidos al interior del edificio por la escolta que los esperaba… aquello no tomaría demasiado tiempo. Esa noche nadie podía darse el lujo de acaparar a la Almirante Hayes-Hunter ni al General Hunter, pues en esos momentos ellos eran las personas más solicitadas de Ciudad Macross. Esa noche era la noche de los Hunter-Hayes.
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En las afueras del Museo Almirante Donald Hayes, en el centro de Ciudad Macross, los invitados habían comenzado a llegar y a ocupar sus lugares. En el exterior los autos más elegantes de la ciudad hacían fila para dejar a sus distinguidos ocupantes justo en la entrada del museo, hermosamente engalanada con flores y miles de lucecitas blancas que le daban un aura mágica a aquel lugar.
Había una valla formada por la Policía Militar justo en la puerta del museo, pero en la zona periférica era la policía municipal la que se encargaba de la vigilancia y el mantenimiento del orden público en las zonas aledañas al museo. Una cantidad impresionante de personas se habían acercado al lugar, para ser testigos del evento del año en Ciudad Macross.
Justamente frente a la puerta de entrada, un periodista en esos momentos estaba transmitiendo un reporte en vivo. Él y su camarógrafo se habían colocado sobre un templete en la acera frente al museo, por lo que a sus espaldas podía verse no sólo la magnificencia del edificio regiamente engalanado para la ocasión, sino además la cantidad de personas que abarrotaban el lugar.
- La mayoría de los invitados ya se encuentran dentro del edificio, en donde la celebración tendrá lugar en los jardines del mismo. Se nos ha informado que la almirante Hayes y el general Hunter harán su arribo en aproximadamente una hora, pues tuvieron algunos compromisos oficiales que cumplir en la base militar antes de venir a la fiesta.
- ¿Qué clase de compromisos serían esos, Julián? – Preguntó desde el estudio el conductor del noticiero nocturno.
El reportero se cubrió el apuntador que traía en su oreja con su mano, tratando de captar mejor las palabras que le llegaban desde el estudio. Cuando las comprendió asintió con la cabeza y continuó.
- Charlie, ellos fueron primeramente a tomarse las fotografías oficiales de la boda. El departamento de Comunicación de la RDF se encargó de eso. Se nos informó también que aparentemente una famosa revista tiene la exclusiva para publicar los pormenores de la boda, así que no dudo que hayan ido a conceder alguna entrevista o a alguna sesión fotográfica para ese medio gráfico en esta misma oportunidad. En estos precisos momentos la Almirante Hayes y el General Hunter se encuentran en los terrenos militares, visitando a las tropas que se reunieron para ser testigos del enlace matrimonial desde las pantallas gigantes que se colocaron para la ocasión en uno de los hangares de la base.
- En reportes previos nos informaron que todos los miembros de la RDF fueron invitados a una cena en los hangares de la base, para celebrar este acontecimiento.
- Así es… al parecer la almirante y el general quisieron hacer extensiva su alegría y el festejo no sólo a sus invitados, sino a todo el ejército. Hablamos con varios miembros de las fuerzas de defensa en el transcurso del día y todos coincidieron en que Lisa Hayes y Rick Hunter son personas muy queridas y respetadas en el ambiente militar. Sus tropas les tienen una lealtad y una fe ciega, Charlie. Por eso su boda se convirtió en toda una celebración en Ciudad Macross… el alcalde Luan, en una entrevista que me concedió esta tarde, se refirió a ellos como "Los Hijos Predilectos de Ciudad Macross".
- Julián, seguiremos al pendiente de tus reportes. – Charlie le contestó, mientras la transmisión volvía al estudio y la imagen de Julián, transmitiendo en vivo, se reducía a un recuadro en la parte superior de la pantalla.
- Seguiremos al pendiente, Charlie… en cuanto el auto oficial haga su arribo al museo, nos volveremos a enlazar.
- Estaremos esperando, Julián. – El recuadro se cerró y el presentador continuó. – Ese fue Julián Constantino de Televisión Monumental reportando para el Noticiero Jornada 24. Ahora iremos a unos cortes comerciales… al volver, tendremos un reportaje sobre—
Minmei apagó la televisión y arrojó el control remoto sobre la mesa de café que estaba frente a ella. La señorita Macross, ataviada con un elegante vestido color rojo y unos aretes de diamantes que hacían juego con el que descansaba sobre su pecho, sostenido por una delicada cadena de oro, se dejó caer sobre el sofá y cerró los ojos.
- Los hijos predilectos de Ciudad Macross… - Minmei refunfuñó. - ¡Que lejos quedaron los días en los que yo era la Señorita Macross y la hija predilecta de la ciudad!
Un par de toquidos a la puerta hicieron que Minmei saltara en su asiento. Vance Hasselwood, su agente, entró hecho un torbellino y se plantó frente a ella con las manos en la cintura y mirándola con ojos que lanzaban fuego.
- ¡Minmei! Ya no puedes estarte escondiendo aquí durante más tiempo… todos tus invitados están esperando por ti. Está bien el que seas la última en llegar y está bien que los hagas esperar un poco… ¡Pero cuarenta y cinco minutos son demasiado!
- Me duele un poco la cabeza, Vance.
- ¡Tonterías! Estabas viendo la televisión otra vez¿Cierto¡Minmei, debes de superarlo! Lo único que estás haciendo es lastimarte a ti misma con eso… son cosas del pasado, un pasado que no podrás solucionar. Tu futuro está frente a ti… ¿Tienes idea de lo importante que es esta noche para ti? La imagen de una cantante comprometida con las causas sociales y la beneficencia pública nos dará muy buena publicidad. Si esto funciona pienso llevarte a algún campo de refugiados, para hacer una sesión fotográfica… tú, cargando a un bebé desnutrido o hablando con una viuda, llevándoles algo de comida y consuelo. ¡Será un éxito!
Pero obviamente Minmei no estaba escuchando nada de lo que Vance le decía. Su mirada estaba perdida, clavada en el ventanal de la sala en donde se encontraban.
- ¡Minmei¿Me estás escuchando?
- Sí, Vance… como tú digas.
- ¡Vamos Minmei, tú familia ya llegó! Tus tíos están aquí… - Vance la tomó del codo y la obligó a ponerse de pie. – La banda espera para que hagas tu entrada triunfal con tu nueva canción.
- Te dije que quería iniciar cantando la de "It's you". – Minmei rezongó. - ¡Y esa es la que voy a cantar!
- ¡Esa es una canción muy vieja, Minmei! La gente quiere material nuevo… y no voy a dejar que te hagas esto a ti misma… ¡Rick Hunter ya no es una opción¡Acéptalo¡Rick Hunter se casó con Lisa Hayes, punto final!
Vance notó que los ojos de Minmei se llenaban de lágrimas y se arrepintió de sus palabras. Lo que menos deseaba era hacer llorar a su estrella justo antes de su presentación estelar.
- ¡Minmei, por favor! No puedes quedarte en el pasado… además, Michael Blackwood será tu pareja esta noche… no puedes echar las cosas a perder. El heredero de la fortuna familiar y de Blackwood Records… Minmei, él es un hombre mucho más atractivo, deseable y mejor prospecto que un simple piloto de combate. ¡Aprovecha lo que tienes!
- Michael es un buen hombre, pero—
- ¿Pero?
Minmei se encogió de hombros y fue a la ventana. Tocó el cristal de la misma y las luces de la ciudad se nublaron en sus ojos, los cuáles súbitamente se habían llenado de lágrimas.
- No sé si pueda soportar una relación de ese tipo… es demasiada presión para mí.
- Es buena para tu carrera… además debes de dejar atrás esos amores fallidos con soldados y pacifistas… Mike representa tu seguridad. – Vance se detuvo y se frotó las sienes con sus dedos, para aplacar la jaqueca que estaba a punto de hacerle estallar la cabeza. – Además, te lo suplico… Minmei, debes de dejar de jugar con Hayden.
- Hayden es guapo y tierno y siempre está a mi lado… cosa que no puedo decir de Michael.
- ¡Hayden es el baterista! Nada bueno puede salir de una relación con uno de los miembros de tu banda… Hayden es un mocoso rebelde, agresivo y maleducado que sólo sabe golpear sus tambores. ¡Dios bien sabe que ya me hubiera deshecho de él si no fuera porqué es bueno en lo que hace!
Minmei hizo un gesto de disgusto, pero no comentó nada. Hasselwood suspiró pesadamente y habló con el tono de voz más conciliador y tranquilo que pudo manejar:
- Minmei, te he cubierto todo lo que he podido, pero los chismes son fuertes… si Mike se entera…
- ¡Que se entere! – Minmei golpeó la ventana con su puño cerrado. - ¡Ya estoy harta de sus actitudes machistas y posesivas! Hayden Westmoreland no es un caballero y no es rico… pero es famoso y divertido y además… yo no quiero ninguna relación seria con él, es sólo diversión. Yo tengo planes más grandes para mi futuro que un simple baterista.
- ¿Entonces por qué no cuidas lo que tienes con Mike?
- ¡No sé! – Minmei levantó la voz, pero enseguida se arrepintió.- No sé, Vance… yo no sé nada… nada en lo absoluto.
La puerta se entreabrió y un hombre joven vestido en un elegante traje de diseñador y escrupulosamente peinado y bien arreglado entró a la sala.
- ¿Todo está bien? Mi padre quiere saber si—
- ¡Todo bien, Mike! – Vance se apresuró a contestar. – Minmei tiene un leve dolor de cabeza, pero ya está pasando¿No es así, Minmei?
- Me da gusto. – Michael Blackwood se acercó a abrazar y besar a Minmei. – Después de todo es tu cumpleaños y yo tengo reservaciones para la suite presidencial en el Hotel Plaza Monumento para después de la cena de gala. ¡No quiero que desperdiciemos la noche, Minmei!
- Estaré lista en un segundo. – La señorita Macross apartó a Michael y se dirigió al baño. – Tengo que refrescarme un poco…
- Los espero en la recepción. – Vance le susurró a Mike. - ¡Y por el amor de Dios, convéncela de que cante algo de su nuevo material! La gente está harta de sus viejas canciones.
Michael Blackwood asintió y cuando Vance salió de la sala, él encendió la televisión, que estaba puesta en el canal de noticias local. En ese preciso instante aparecieron en pantalla imágenes de la ceremonia nupcial de la Almirante Hayes y el General Hunter que se había celebrado esa misma noche.
- ¡Apaga eso, Michael! – Minmei le espetó al salir del baño. - ¡No sé cuantas veces más van a pasar esas imágenes! Todo el día, todo el santo día han estado con eso. ¡Ya estoy fastidiada!
- La televisión tiene 50 canales, Minmei. – Michael apagó el aparato. – Pudiste ver cualquier otra cosa.
Minmei hizo un gesto y un movimiento con la mano que en realidad no significaba nada mientras comenzaba a dirigirse a la puerta. Michael fue tras ella y la detuvo, colocando su mano sobre su hombro.
- ¿Con qué canción piensas abrir?
- No sé. Vance insiste que alguna del nuevo material pero…
- Tienes dos minutos para pensarlo antes de que hagas tu entrada triunfal… ¡Ven Minmei, la noche es tuya!
Michael la tomó de la mano y prácticamente la jaló por los pasillos de aquel recinto, mientras ella pensaba, sintiendo que el corazón se le rompía en pedazos, que esa noche no era suya… esa noche en realidad era de Lisa Hayes.
Un cuarto de hora más tarde, ante una sala abarrotada de personas de la más alta sociedad de Ciudad Monumento, Minmei apareció en el escenario para interpretar un cover de una vieja canción, una que era parte del material que Minmei estaba a punto de grabar en su nuevo CD de temas clásicos. La música comenzó con notas tristes y melancólicas mientras la Señorita Macross, en medio de los aplausos de la concurrencia comenzaba a cantar con voz trémula y mucho sentimiento:
And do you still touch her like you do
(¿Y todavía la acaricias cómo sueles hacerlo?)
Kiss her all over in the way I kissed with you
(¿La besas por todos lados, como nosotros solíamos besarnos?)
And when you sleep with her, do you sometimes think of me
(Y cuando duermes con ella¿Alguna vez piensas en mí?)
Not if you love her the way I see
(No si la amas de la manera en que veo que lo haces)
Vance Hasselwood se llevó la mano a la frente y se frotó en medio de los ojos, mientras trataba de mantener la calma.
- ¡Minmei! - Susurró por lo bajo. - ¿Cuándo lograrás superarlo?
Ajenos al drama que en esos momentos estaba viviendo la Señorita Macross, el resto de la audiencia realmente estaba disfrutando la interpretación de Minmei mientras ella seguía cantando:
And then in the evening light, when the bars of freedom fall
(Y en las luces del atardecer, cuando los barrotes de la libertad caen)
I watch the two of you in the shadows on the wall
(Los veo a ustedes dos en las sombras en el muro)
How in the darkness steal some of the choices from my hand
(¿Cómo la oscuridad roba algunas de mis opciones de mis manos?)
When I begin to understand
(¿Cuándo comenzaré a entenderlo?)
Minmei hizo una breve pausa casi imperceptible antes de seguir cantando con tanto sentimiento que la voz estuvo a punto de rompérsele momentáneamente:
I had to be free
(Tenía que ser libre)
Had to be free
(Tenía que ser libre)
It's all that I wanted
(Eso era todo lo que yo quería)
I wanted to see
(Quería ver)
Wanted to be
(Y quería estar)
Alone if I needed
(Sola si lo necesitaba)
I had to be free
(Tenía que ser libre)
Had to be free
(Tenía que ser libre)
From feelings that haunted
(De los sentimientos que me atormentaban)
I wanted to see
(Quería ver)
Wanted to be
(Quería ser)
Free
(Libre)
(Sarah Brightman – "Free")
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- ¡Libre! – Pensó Rick con una sonrisa, mientras observaba el anillo que llevaba en su dedo. - ¡Total y absolutamente libre!
Mientras el auto que los transportaba al Museo Donald Hayes avanzaba lentamente por las calles aledañas, Rick recordaba una pregunta que, en todo de broma, le había hecho un oficial durante la visita que habían hecho a las celebraciones de la base.
- ¿Cómo se siente ahora que trae ese anillo, General Hunter? – El teniente había preguntado. - ¡Ya está completamente atrapado de por vida! Aunque con todo respeto señor, con una esposa tan hermosa como la Almirante Hayes¿Quién no quisiera estar atrapado?
Rick se rió al recordar aquel comentario y Lisa, quien acurrucada a su lado, miraba distraídamente por la ventana al tiempo que le acariciaba la mano, movió su cabeza para mirarlo al rostro y sonreírle.
- ¿Qué sucede, Rick?
- Nada… - El piloto la abrazó protectoramente. – Sólo recordaba a los chicos en el hangar… ¡Vaya ambiente que hay por allá! Yo creo que la verdadera fiesta se va a celebrar en aquel lugar… la gente que está en el museo es más aburrida.
- Sí, es cierto. – Lisa sonrió. - ¿Te gustaría que pasáramos de vuelta al hangar más tarde, cuando salgamos del museo?
Rick negó con la cabeza y una sonrisa pícara y traviesa comenzó a formarse en sus labios cuando se inclinó sobre Lisa para responderle al oído con voz susurrante:
- Quiero salir del museo lo más pronto que se pueda… pero la única fiesta a la que quiero asistir es la fiesta privada que vamos a tener tú y yo esta noche, bonita.
- Hmmm… - Lisa entrecerró los ojos y sonrió. – Suena bastante tentador… aunque, sin afán de estropear la diversión del momento, dudo mucho que hoy tengamos mucho tiempo para… celebrar. Tenemos que salir muy temprano en la mañana.
- ¡Siempre la aguafiestas! – Rick refunfuñó y pretendió estar ofendido.
- Además… - Lisa se acercó seductoramente a él, recargándose en él y recorriéndole el pecho con sus dedos. – Me parece que vamos a pasar un buen tiempo tratando de salir de esta ropa que traemos encima… y creo que eso será bastante divertido, General Hunter. Sobre todo con los mil millones de botones que mi vestido tiene en la espalda.
Rick sonrió con una chispa traviesa y divertida brillándole en los ojos y por alguna razón se sonrojó levemente. Lisa se acercó a él y lo besó en los labios.
- ¡Exagerada! – Rick murmuró contra sus labios.
Lisa le devolvió la sonrisa y él cerró sus brazos en torno a su cuerpo y le devolvió ese beso con una pasión y una intensidad que hicieron obvio lo hambriento que él estaba de ella.
- ¡Eres la mujer más bella del universo! – Rick susurraba entre besos. – Cuando te vi aparecer por el pasillo de la capilla en ese vestido… ¡Santo cielo, Hayes! Casi me provocaste un paro cardiaco… ¡Eres tan hermosa! Lisa¡Te amo!
- Yo te amo a ti, Rick… ¡Te adoro! – Lisa no dejaba de besarlo. – Tú también casi me provocas un infarto con este uniforme… ¡Te ves tan apuesto¡Oh Rick…¡TE AMO!
- ¡Lisa! – Rick la separó de sí y le sonrió, mirándola a los ojos. – Dímelo ahora… quiero escucharlo…
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de la almirante y se inclinó para besar suavemente al piloto en los labios.
- Rick Hunter… - murmuró. – Mi esposo…
- ¡Me encanta cómo se escucha! – Rick suspiró emocionado. – Lisa Hayes… mi esposa.
Los dos se sostuvieron la mirada y enseguida Lisa recargó su cabeza en el hombro de Rick. Él le tomó la mano y se la besó con cariño, mientras seguía hablando:
- Estaba pensando en lo bien que todo esto se siente… es como sí… bueno, no sé. Jamás he sido bueno para expresarme pero… me siento libre… contigo, Lisa… me siento seguro y protegido. ¡Me siento feliz!
- El sentimiento es mutuo, amor. – Lisa lo besó levemente en la barbilla. – Aunque es mentira eso de que no eres bueno para expresarte… Rick, todo lo que dijiste durante la ceremonia—
El piloto no la dejó continuar. Se inclinó para cubrir los labios de ella con los suyos y Lisa se entregó a aquel beso. Fue hasta que el automóvil se detuvo por completo que ellos se separaron sin prisas, tomándose su tiempo y disfrutando del momento y de su compañía.
- Bien… estamos aquí. – Rick le sonrió.
- ¡Es hora de celebrar!
Lisa tomó la gorra de guarnición que estaba al lado de él sobre el asiento y la colocó sobre la cabeza de su piloto. Él le sonrió y le acarició suavemente la barbilla con sus dedos antes de besarla en la mejilla.
La portezuela del auto se abrió y Rick salió, listo para ofrecer su mano a Lisa y ayudarla a salir de la limosina. Estaban en la entrada especial del museo, lejos de la multitud y del caos que se vivía en la avenida principal en esos momentos. Era hora de entrar a los jardines del Museo Almirante Donald Hayes y compartir con sus amigos y colegas la celebración de aquel que era el día más hermoso y más importante de sus vidas: el día de su boda.
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Los jóvenes esposos fueron recibidos en una de las salas laterales del museo por sus amigos: los Sterling, Kelly y David, quienes ya los estaban esperando desde hacía un buen rato. Cuando los vieron entrar a la sala, escoltados por un par de policías militares, Kelly y Miriya prácticamente se dejaron ir sobre Lisa, gritando emocionadas y abrazándola las dos al mismo tiempo. Max y David, menos efusivos pero igualmente emocionados, se acercaron a Rick para palmearle la espalda y estrechar su mano. Después fue el turno de las chicas de arrojarse sobre Rick, mientras los caballeros felicitaban a Lisa con un abrazo y un beso en la mejilla.
Los Hunter-Hayes les agradecieron de todo corazón por todo lo que habían hecho para que su boda resultara un evento tan memorable. Incluso Rick se acercó para darle un fraternal abrazo a Miriya y aceptar que, a pesar de todas sus protestas, ella sabía lo que hacía. La meltran le devolvió aquel abrazo de una manera muy poco amable, sacándole el aire de los pulmones al general Hunter.
- ¡Y lo que falta, Rick! – Miriya se rió emocionada. – Podrás agradecerme después de su luna de miel… ¡Entonces sí que tendrás mucho de qué agradecerme!
Rick se rió nerviosamente, tratando de recuperar el aliento, mientras Lisa no pudo evitar el sonrojarse levemente. El piloto le lanzó una media sonrisa traviesa y le guiñó el ojo.
- ¡Se ven muy bien juntos! – David comentó. – Y chicos, se han convertido en las celebridades del Nuevo Mundo… toda el día han estado en las noticias. Por lo menos tres canales de cable y uno de televisión abierta tienen cobertura especial de la boda… ¿Qué se siente ser tan famosos?
- No lo sé. – Rick puso su brazo alrededor de los hombros de Lisa. – Lo que siento al estar casado con esta belleza hace que cualquier otro sentimiento se opaque… en éste momento lo único que siento es emoción y amor… mucho amor.
- ¡Eres un adulador! – Lisa se acurrucó contra él y ambos se besaron levemente en los labios, sin dejar de sonreírse. – Pero comparto tus sentimientos, mi apuesto piloto.
- Ya se sirvieron los entremeses. – Miriya informó. – Pero tenemos casa llena y sus invitados están esperando ansiosamente por ustedes, así que sugiero que hagan su entrada triunfal porque si esta espera fue para crear un efecto dramático, creo que ya se pasaron un poco de la raya.
- Nos retrasamos porque pasamos por el hangar de la Base Prometheus. – Lisa le informó a su amiga, mientras se dirigían a la puerta que comunicaba a la escalinata monumental que bajaba a los jardines del museo. – La gente de la base está celebrando en grande por allá.
- La celebración será en grande en todos lados. – Kelly habló. – Escuché que algunos de los restaurantes más exclusivos de Ciudad Macross tienen cenas especiales esta noche… iban a transmitir la ceremonia y a servir el mismo menú que tendremos aquí esta noche.
- ¡Están imponiendo toda una tendencia! – David sonrió. – Escuché que desde su aparición en la portada de Helmantike en mayo, el porcentaje de reclutas en la RDF se ha incrementado.
- ¡Un doce por ciento! – Lisa sonrió. – Es increíble…
- ¿Quién necesita una campaña de promoción estelarizada por alguna estrellita de cine artificial cuando aquí tenemos algo real y tangible? – Miriya comentó en voz baja.
- La meltran tiene toda la razón. – Rick comentó en voz igualmente baja, de manera que sólo Lisa pudiera escucharlo.
- ¡Rick…! – Lisa susurró y le sonrió.
El piloto tomó la mano de Lisa y sus dedos se entrelazaron. Max abrió las puertas que conducían al jardín y los dos jóvenes militares se quedaron inmóviles, al tiempo que su respiración se cortaba de golpe.
Habían estado en los jardines del museo supervisando los arreglos en los días anteriores, pero jamás pensaron que aquel lugar luciría de la manera en cómo lo hacía esa noche. ¡Era espectacular!
Los jardines estaban magníficamente engalanados con enormes y hermosos arreglos florales en color blanco y pequeñas lucecitas blancas en cada rincón donde la vista se posara. El efecto era complementado por las velas que habían sido estratégicamente colocadas aquí y allá, algunas en linternas que colgaban de los árboles, otras en pequeñas lámparas que bordeaban la escalinata por donde Lisa y Rick habrían de bajar, escalinata que además había sido decorada con guirnaldas y con listones dorados.
Al centro del jardín, el suave sonido musical de la fuente se mezclaba con las armoniosas notas musicales de la música que se estaba interpretando en vivo. Y por todo el lugar había mesas con manteles blancos y centros de mesa de flores y velas, alrededor de las cuales la cúpula militar de la RDF, los más altos funcionarios del GTU y la alta sociedad de Ciudad Macross se mezclaban con los amigos de la joven pareja.
Todos se habían puesto de pie cuando vieron aparecer a la almirante Hayes-Hunter y al General Hunter en lo alto de la escalinata. La música dejó de tocar y los ojos de todos los ahí reunidos se clavaron en aquellos jóvenes que hacían una pareja de ensueño: el apuesto y valiente General llevando de la mano a su joven y hermosa esposa… quien además era su oficial superior… la oficial superior de todos los militares ahí reunidos.
- ¡Damas y caballeros! – Max Sterling anunció con voz en cuello. - ¡La almirante Lisa Hayes-Hunter y a su esposo, el General Rick Hunter!
Todos los ahí reunidos prorrumpieron en aplausos, vítores, expresiones de alegría y de cariño, mientras la Banda de Música del Conservatorio de Ciudad Macross interpretaba una hermosa y festiva melodía que en esos momentos se escuchaba casi como una marcha triunfal, al tiempo que Rick y Lisa descendían lentamente por la escalinata y se mezclaban con la multitud de personas que ya se habían acercado a felicitarlos, a darles un apretón de manos, un abrazo, una palabra cariñosa o una palmada en el hombro.
Aquel besamanos, como Miriya insistió en llamarlo, se extendió durante más de media hora. En todo ese tiempo, a pesar de las personas que se apiñaban a su alrededor, ni Lisa ni Rick se separaron el uno del otro y sólo ocasionalmente sus manos se soltaron. En esos momentos ninguno de los dos parecía estar dispuesto a renunciar a su contacto físico… a esa sensación bendita de estar juntos. Era como si sintieran que si se soltaban, despertarían de aquel hermoso sueño que ambos estaban compartiendo.
Después de aquel lento recorrido por el centro del jardín del museo, Rick y Lisa finalmente pudieron llegar a la mesa de honor, que estaba colocada al fondo del jardín, justo frente a una hermosa pared cubierta de hiedra y que había sido magníficamente engalanada con el mismo estilo que el resto del lugar, con flores, velas y galones dorados.
- ¡Es hermoso! – Lisa susurró. - ¡Todo es tan hermoso, Rick!
- ¿Te gusta, amor? – Rick le sonrió, mientras le ayudaba a sentarse. - ¿Es así como lo habías imaginado?
Lisa negó con la cabeza y sonrió, regalándole a Rick una sonrisa tan hermosa que hizo que el corazón del piloto se derritiera de amor.
- Es mucho mejor de lo que alguna vez pude imaginar… ¡Es perfecto, mi cielo¡Es un sueño!
Rick la besó suavemente en la mejilla antes de sentarse a su lado y tomar su mano por encima de la mesa. Los dos se sonrieron y de inmediato su atención fue captada por Max, quien ya había tomado un micrófono y estaba al lado de la mesa de honor, sonriéndoles cariñosamente a sus amigos.
- ¡Buenas noches a todos! Quiero agradecerles, en nombre del matrimonio Hunter-Hayes, el que hayan asistido a esta celebración tan especial esta noche. Significa mucho para ellos el que todos nosotros estemos aquí… e igualmente significa mucho para todos nosotros el estar aquí, siendo testigos de la hermosa culminación de una historia de amor que se ha convertido en todo un clásico… en todo un icono de nuestro tiempo. – Max guardó silencio y sonrió traviesamente. – Y sinceramente es un alivio para todos los que tuvimos que vivir día a día el drama de la telenovela Hunter-Hayes.
Una risa franca y espontánea escapó de las gargantas de todos aquellos que entendieron a lo que Max se refería con aquello… que en realidad constituían la gran mayoría de todos los ahí reunidos. Rick y Lisa no pudieron evitar el reír también y como toda respuesta el piloto se acercó a su esposa para besarle suavemente el cabello. Lisa correspondió sonriéndole con amor y colocando su mano en su barbilla para atraerlo hacia ella y, más que besarlo, acariciarle la mejilla con sus labios y su nariz.
- Lisa, Rick… - Max continuó. – Creo que hablo por todos cuando les digo que ustedes se merecen toda la felicidad que la vida pueda darles. ¡Si alguien se la merece, esos son ustedes y nadie más! Yo he sido testigo de su amor… testigo de todo lo que tuvieron que vivir y todo lo que tuvieron que luchar para llegar hasta aquí, hasta éste momento… hasta éste instante en la eternidad, en el que ustedes ya se han convertido en un matrimonio… en dos personas con un mismo corazón… en una familia.
Max hizo una pausa, pues sintió que su voz amenazaba con quebrarse en su garganta. Después de unos segundos sonrió y continuó:
- ¿Y para qué contarles si puedo mostrarles, no les parece? Kelly, por favor…
Hasta entonces Lisa y Rick se percataron de que Kelly estaba a un lado de Max, con una laptop sobre una mesa. La teniente Hickson sonrió y con movimientos expertos comenzó a oprimir una tecla aquí y otra allá. A una señal de Max, la banda del conservatorio comenzó a interpretar una hermosa pieza musical al tiempo que en la enorme pared del edificio central del museo, se comenzaban a proyectar imágenes de Lisa y Rick en diferentes etapas de su vida… en diferentes etapas de su relación.
Max cubrió el micrófono con su mano y se acercó a los recién casados por detrás y les puso las manos sobre sus hombros. Se inclinó sobre ellos y susurró:
- Espero que no les moleste que Mir, Kelly y yo hayamos revisado sus álbumes fotográficos.
Lisa y Rick sonrieron, incapaces de apartar su mirada de la presentación que se estaba haciendo frente a ellos, que unida con la hermosa música y el ambiente general de aquella hermosa noche de octubre hacía que aquel momento pareciera un sueño.
Sobre la improvisada pantalla de gran formato pasaban fotografías de la infancia y adolescencia de Lisa y Rick… la joven heredera de la dinastía militar de los Hayes en sus días de la Academia Militar. Rick en sus épocas de piloto del circo aéreo… las primeras fotografías oficiales de Lisa en uniforme y aquellas que fueron tomadas cuando ella fue asignada al SDF-1 hacía ya tantos ayeres… un joven Rick Hunter, en un brillante traje de vuelo anaranjado, recibiendo un trofeo tras ganar una competencia aérea.
Después desfilaron imágenes de sus días a bordo del SDF-1. Fotografías de la colección personal de los Sterling… Lisa y Rick en servicio; fotografías que habían sido tomadas sin que ellos siquiera se dieran cuenta por algunos de sus amigos… Lisa imperturbable frente a su consola en el puente del SDF-1, Rick durante su entrenamiento básico… los dos juntos, trabajando en la planeación de alguna misión… o compartiendo un momento solaz con sus amigos en la cafetería del SDF-1… Rick y Lisa durante la época de la reconstrucción… y después, durante esos diez meses que habían precedido a ese momento mágico que estaban viviendo en ese instante.
Mientras la melodía interpretada por la banda del conservatorio alcanzaba el clímax musical, las fotografías que se proyectaban se volvían más románticas también. Lisa y Rick en un abrazo amoroso, frente a un lago en las montañas… los dos absolutamente perdidos el uno en los ojos del otro, mientras comían en el comedor de oficiales de la base, los dos besándose bajo la sombra protectora del Skull 001… hasta terminar con una fotografía que había sido añadida de último minuto: los dos jóvenes militares besándose en la capilla de la Base Macross justo después de haber sido declarados esposos.
La música terminó en perfecta sincronización con aquella presentación, al tiempo que aparecían en pantalla las letras: "Lisa Hayes – Rick Hunter – hoy, mañana y siempre".
Un atronador aplauso se dejó escuchar entre los presentes cuando aquel tributo al amor de los recién casados terminó. Kelly sonrió satisfecha y les guiñó el ojo mientras Max palmeaba el hombro de Rick y se inclinaba sobre Lisa para besarla en la mejilla.
- Creo que no hay nada más que decir… - Max sonrió. – Excepto quizás que, según la tradición, cada vez que los invitados suenen sus copas con sus cucharitas, ustedes dos tendrán que besarse.
Lisa y Rick se rieron, pero todos los presentes decidieron comenzar con aquella tradición. En un tono creciente, una multitud de copas comenzaron a resonar por todos los jardines del museo, acompañados de risas suaves. El piloto miró a su esposa y le sonrió alegremente:
- Bueno¿Quiénes somos nosotros para romper una tradición, eh?
- ¡Sí no hay opción! – Lisa suspiró fingiendo resignación.
Los dos se rieron y Rick puso su mano en el cuello de Lisa para atraerla hacia él y besarla de lleno en los labios. Ella no opuso la menor resistencia, antes bien hizo el beso más profundo y apasionado, tomando incluso al piloto por sorpresa, pero evidenciando el hecho de que no le importaba mostrar en público el amor que sentía por Rick… por su esposo.
Todo el mundo comenzó a aplaudir y a aclamarlos furiosamente mientras Rick, sin querer dejarse vencer por ella, deslizó su mano hasta la nuca de Lisa para atraerla aún más estrechamente contra su cuerpo, prácticamente devorando sus labios, lo que solamente hizo que los vítores en los jardines del museo subieran de intensidad y el entusiasmo alcanzara niveles de locura. Era difícil pensar que quienes estaban ahí eran militares y funcionarios… el ambiente era demasiado festivo.
Lisa y Rick comenzaron a reír a medio beso y terminaron por separarse, pero el piloto no dejó de plantar besitos suaves y llenos de cariño en los labios de Lisa, mientras sus manos acunaban su rostro.
- ¡Te amo, Lisa Hayes¡Te amo!
- ¡Yo te amo a ti, Rick Hunter¡Eres el amor de mi vida!
- Bien… creo que todos estamos aquí por la cena, pero nuestros anfitriones nos están antojando y no nos dan nada de comer. – Max comentó, arrancando una carcajada general. – Así que mientras esperamos¿Qué les parece si invitamos a Rick Hunter y Lisa Hayes-Hunter a que pasen al centro de la pista… para que nos deleiten con su primer baile como esposo y esposa?
Rick se puso de pie y le ofreció su mano a Lisa, quien la tomó con alegría y emoción claramente reflejada en su rostro. Todos los presentes seguían aplaudiendo. Fue Miriya quien se acercó a ellos y les palmeó la espalda.
- Madame Butterfly está aquí y les desea mucha suerte.
Rick soltó una carcajada con aquello y Lisa buscó con la mirada a la cocinera de la base, quien de inmediato levantó su mano desde una de las mesas más próximas a la pista y les hizo el símbolo de la victoria. Lisa correspondió con un leve movimiento de su mano, mientras Rick la conducía hasta el centro de la improvisada pista de baile, justo al lado de la hermosa fuente que engalanaba el jardín del museo.
En cuanto estuvieron ahí y Rick tomó a Lisa en sus brazos para prepararse al baile, alguien traviesamente comenzó a golpear su copa con su tenedor en el fondo del jardín. A esta señal y como por arte de magia, todos los tenedores de todas las mesas comenzaron a golpetear a sus respectivas copas, provocando la risa espontánea de los dos recién casados.
- Bueno, si el público lo pide… - Rick se acercó a Lisa, buscando un beso.
- La voz del pueblo es la voz de Dios. – Lisa murmuró contra los labios de Rick.
Mientras se besaban, la banda del conservatorio de Ciudad Macross comenzó a interpretar esa hermosa melodía que la Banda de Guerra de la Academia Militar había compuesto para la ocasión, como un tributo a quienes eran no sólo sus oficiales superiores, sino su inspiración, sus modelos a seguir… sus héroes.
Las primeras notas musicales de "Juventud remontando hacia el futuro" comenzaron a inundar aquella noche de ensueño y Rick se separó lentamente de Lisa, sólo el espacio necesario para mirarla a los ojos. Tomó su mano derecha en la suya y la colocó sobre su corazón, mientras que con la izquierda la sostenía amorosa, casi posesivamente por el talle.
Lisa colocó su mano libre en el hombro de su piloto y sus ojos se encontraron; él recargó su frente en la de ella y sin siquiera percatarse de las personas a su alrededor, ambos comenzaron a moverse, dejándose llevar por la música y por aquella suave cadencia que sus cuerpos imponían… un ritmo que parecía estar marcado por el latir de sus corazones enamorados.
Los casi cinco minutos de aquella melodía representaron para Lisa y Rick toda la eternidad, tan perdidos como estaban en los ojos del otro y en esa cálida suavidad que experimentaban al estar juntos. Mientras se movían por la pista de baile, sin siquiera percatarse de lo que hacían, ambos sentían que estaban flotando sobre nubes.
En más de una ocasión sus labios se encontraron en un beso fugaz y cargado de amor y sentimiento. Pero sus ojos se rehusaban a apartarse de los del otro. En ese instante nada existía en el universo… nada, excepto ellos dos y ese amor que era imposible contener… un amor que se desbordaba en ellos.
Los ojos de ambos destilaban sentimientos que era imposible poner en palabras: cariño, devoción, admiración, adoración, confianza, fe absoluta y la certeza de que ya jamás estarían solos… ahora ya eran oficialmente, ante Dios y ante el mundo, un matrimonio.
Las últimas notas musicales comenzaron a disolverse lentamente en la atmósfera nocturna y esta vez, sin necesidad de que mediaran cucharitas ni copas, Rick se inclinó para besar a Lisa en los labios con un amor, un sentimiento, una ternura y una devoción que hicieron que más de uno de los ahí reunidos se llevara las manos al pecho y dejara escapar exclamaciones de ternura por esa pareja que tanto se merecía esos momentos de amor y de alegría.
Después de aquellos momentos tan románticos e inolvidables, los jóvenes esposos regresaron a la mesa de honor y la cena comenzó a servirse. Habían decidido que sería una cena formal de cuatro tiempos. Miriya había ido al extremo de incluso ordenar opciones para el plato principal: carne, pollo o pescado, a elegir. El restaurante que preparó el banquete les había asegurado que ellos eran los mejores, en cuanto a banquetes nupciales se refería y sinceramente no estaban alardeando ni mintiendo. La cena fue otro de los grandes éxitos de la noche.
No fue sino hasta que comenzaron a comer que Lisa y Rick se percataron de lo hambrientos que en realidad estaban. No habían comido nada en horas y cuando lo habían hecho, había sido muy poco, pues ambos habían sentido que sus estómagos no podrían soportar una carga completa de alimento.
Pero ahora las cosas eran diferentes. Ahora todo nerviosismo había desaparecido… ahora se sentían relajados y felices… y hambrientos. Muy, muy hambrientos. Rick llegó al extremo de pedir que se le sirviera el plato fuerte de carne, pero después pidió el de pollo también. Lisa no pudo evitar el reírse de él, aunque ella misma terminó por robarle al piloto algunos bocados de su alimento… ella también tenía mucha hambre.
La cena se prolongó durante bastante tiempo. Los asistentes realmente estaban disfrutando aquel ambiente de ensueño, aquella hermosa noche de octubre, la música suave, la buena comida y la compañía. Muchos de los invitados se acercaron para felicitar a Rick y Lisa, para desearles buena suerte y para darles un fuerte abrazo o un beso. Nadie podía ocultar lo emocionados que todos estaban con aquella celebración a la vida y al amor.
Eran más de las once de la noche cuando finalmente Rick y Lisa decidieron que era tiempo de partir el pastel de bodas… después de todo no había mejor manera de terminar una buena comida que con un toque dulce y el pastel que se había preparado para la ocasión era particularmente bueno. Era el broche de oro de aquel banquete de bodas… además de que iría acompañado de café de primera calidad que a Miriya le había costado bastante trabajo conseguir, pero que haría las delicias de los invitados.
Cuando el monumental pastel apareció frente a la mesa de honor, todos los asistentes aplaudieron emocionados. Lisa sonrió soñadoramente, era un pastel hermoso, siguiendo la misma paleta de colores y diseños que se había utilizado en el resto de la decoración del museo. Había que darle crédito a Miriya, realmente había hecho un trabajo excelente.
- Si algún día Miriya y Kelly deciden retirarse del ejército creo que podrían comenzar con su propio negocio de planeadoras de bodas. – Rick le comentó a Lisa. – Aunque será mejor no darles ideas.
- Sí, me parece que el mundo será un mejor lugar si las conservamos donde ahora están. – Lisa le respondió con una enorme sonrisa.
Cuando Lisa y Rick se pusieron de pie para dirigirse a donde el pastel había sido colocado, un suave repiqueteo les indicó, por milésima vez en esa noche, que era momento de besarse. Lo hicieron entre risas y sin poder dejar de sentir cierto agradecimiento con todas las copas y cucharitas presentes, por la oportunidad que les habían dado de compartir momentos tan especiales a lo largo de esa noche.
- Ustedes saben cuál es la tradición del pastel. – Miriya comentó con una sonrisa. - ¿Lo ves, Rick? Las tradiciones no son tan malas después de todo.
- Mientras no involucren cuchillos y ritos vudús.
Los Hunter-Hayes y los Sterling se rieron del comentario del piloto. Después Rick puso su mano en el hombro de Lisa y la condujo hasta el enorme y hermoso pastel que se levantaba orgulloso frente a ellos.
- Es hora de darle algún uso a este sable. – Rick comentó casi en la oreja de Lisa.
- ¡Rick! – Lisa se rió. – Es parte del uniforme… deberías de—
- ¡Lo sé! – Rick la silenció con un beso. – Pero aún así… ven acá, preciosa… ¿No se te antoja un poco de postre? – El piloto le guiñó el ojo.
- Hmmm… - Lisa le sonrió seductoramente. – Si usted me lo da, General Hunter… yo no voy a decir que no.
Los ojos del piloto resplandecieron mientras una pequeña sonrisa traviesa aparecía en sus labios, sonrisa que pareció reflejarse en el rostro de Lisa.
- ¡Eres terrible, Hayes! – Rick se rió.
- ¿Yo soy¡Tú eres el terrible, Hunter! Contigo nunca puedo estar segura de qué estás realmente hablando…
- De todo, Lisa Hayes… - Rick se acercó para besarla en la mejilla y susurrarle al oído. - ¡De todo… mi bella y amada esposa!
Esposa… para Lisa aquella palabra jamás había tenido ningún significado. Ella jamás pensó que algún día se casaría. Jamás pensó que algún día encontraría a alguien de quien se enamoraría… alguien que descubriría a la mujer detrás de la militar y la amaría por quien ella era.
El matrimonio jamás había sido parte de los planes de Lisa… el amor no era algo para ella. Era simplemente un sentimiento de los que los demás hablaban, un tema para películas románticas o para novelas rosa… pero para Lisa Hayes jamás había sido una opción. Su vida era la milicia y ella se había convencido a sí misma de que el caminar sola por la vida le ahorraría muchos problemas y muchos sinsabores. El amor, como ella lo había conocido, era un sentimiento que envenenaba la sangre y que hacía pedazos el alma.
Pero luego había aparecido Rick Hunter, con sus actitudes de niño rebelde y maleducado… él había derrumbado todas sus barreras, traspasado todas sus defensas sin siquiera pedirle permiso. Él la había rescatado una y otra vez… en todas las maneras en las que ella necesitaba ser rescatada: física y espiritualmente.
Y ahora… en ese momento ella, Lisa Hayes estaba a punto de partir su pastel de bodas… al lado de Rick Hunter, su esposo.
- ¿Qué pasa, bonita? – Preguntó Rick al notar la manera en la que ella lo observaba y cómo sus ojos parecían haberse humedecido.
Lisa movió negativamente la cabeza y sonrió con ternura, clavando sus ojos en los de Rick, quien le sonrió con esa devoción que sólo podía demostrarle a ella… únicamente a ella.
- Rick… yo…
El piloto pareció adivinar los pensamientos de su esposa, pues se inclinó sobre ella para besarla suave y delicadamente en medio de los ojos, manteniendo sus labios contra la piel de ella por un instante que se hizo eterno. Lisa tomó la mano de Rick y la besó en los nudillos, transmitiéndole al General todo el amor que por él sentía en forma de una ola de calor que le recorrió el cuerpo al muchacho, expandiéndose desde su mano hasta lo más profundo de su corazón.
Sin más preámbulos el piloto desenfundó su sable y se lo entregó a Lisa, quien tomó la empuñadura en sus manos. Rick la abrazó por la espalda y cubrió las manos de Lisa con las suyas para ayudarla a sostener el sable y así, mano con mano y corazón con corazón, los dos cortaron la primera rebanada, en medio de un aplauso general. Mientras Rick limpiaba el sable y lo regresaba a su sitio, Lisa colocó la rebanada de pastel en un plato y tomó un par de tenedores.
El piloto le sonrió y tomó un trozo de pastel en su tenedor, mientras Lisa hacía lo propio. Sus brazos se entrelazaron y en medio de aquellos aplausos que ya se habían convertido en toda una verbena popular, los dos se dieron mutuamente de comer el primer bocado de aquel delicioso pastel.
Unos meseros se acercaron para comenzar a repartir el postre entre los invitados, mientras la pareja volvía a su mesa de honor y varios brindis comenzaron a hacerse. Muchos de los ahí presentes quisieron compartir la alegría de esos momentos con Lisa y Rick, brindando por su felicidad, por su prosperidad, por la eternidad de su amor y por cuanta cosa pudo ocurrírseles.
Los amigos más cercanos de la pareja, los Sterling, Kelly, los Stonewell, los Hassan, los Martín, todos hicieron votos por su felicidad y una eternidad de amor y alegría. Y después, para sorpresa de todos, el coronel Maistroff, quizás correspondiendo al hecho de que los Hunter-Hayes lo hubieran hecho testigo de su matrimonio civil, se levantó de su mesa y elevó su copa por los aires, deseándoles a los recién casados una vida larga, prospera y llena de éxitos y de bendiciones.
Después del pastel y el brindis, Rick y Lisa ya estaban muy cansados… agotados. Ya todo lo que deseaban era retirarse a descansar un poco, pues sabían que iban a tener que levantarse muy temprano y les esperaba un viaje que seguramente resultaría largo y pesado, hasta el lugar en donde pasarían su luna de miel.
La banda del conservatorio se retiró y una segunda banda ocupó su lugar y comenzó a tocar música más popular, lo que invitó a los asistentes a bailar. Los Hunter-Hayes se unieron a sus invitados, compartiendo con ellos un par de piezas musicales, pero después de eso decidieron que era hora de retirarse.
Cuando se anunció que los festejados se retiraban, todo el mundo se reunió en torno a ellos, dedicándoles los últimos aplausos y abrazos de la noche… al tiempo que les lanzaban el tradicional arroz mientras ellos se dirigían a la escalinata.
Las chicas solteras comenzaron a pedir que la almirante Hayes les hiciera el honor de arrojar su ramo. Miriya apareció en escena argumentando que era una tradición y que como tal, debía ser cumplida. Lisa no objetó nada al respecto. Desde la escalinata monumental que conducía al interior del museo y acompañada por su esposo, Lisa Hayes arrojó su ramo por encima de su hombro. Aquel fue atrapado en el aire por Laura, novia de Dan Phillips, del Escuadrón Skull, lo que causó gran revuelo y emoción entre las solteras presentes, pues no era para nadie un secreto que Dan y Laura podrían darles la sorpresa muy pronto.
En ese preciso momento, y tomando a todos completamente por sorpresa, una serie de fuegos artificiales comenzaron a explotar en lo alto del cielo nocturno de Ciudad Macross, llenándolos de color y de alegría. Ese era un regalo especial que los militares habían querido darle a su almirante y al general: todo un espectáculo en el cielo de octubre, como jamás se había visto y probablemente no se volvería a ver en el firmamento de la ciudad. Aquel despliegue de luz y fantasía se extendió por espacio de quince minutos, haciendo las delicias de todos los que los observaban encantados desde el suelo.
Sin embargo, para una persona en aquel jardín de ensueño, los fuegos artificiales no tenían importancia… no cuando podía ver destellos más hermosos y más profundos en los ojos de la mujer a la que tanto amaba. Mientras Lisa contemplaba boquiabierta y con una sincera expresión de alegría absoluta en el rostro aquel espectáculo en el cielo nocturno, Rick sólo podía contemplarla a ella… la manera en cómo sus ojos relucían, cómo su rostro parecía resplandecer… cómo su sonrisa parecía ser más brillante que la luz del amanecer… todo en ella cautivaba y fascinaba al piloto.
Sus manos estaban entrelazadas y él, sin poder evitarlo, abrazó a su esposa por la espalda, cerrando sus brazos en torno a sus hombros descubiertos y besándola suave y prometedoramente en el cuello, justo en el lugar en donde podía sentir su vida fluyendo a través de su cuerpo. ¡Estaba feliz, tan feliz como jamás lo había estado en su vida!
Lisa colocó su mano sobre la mejilla de Rick y él movió su cabeza para plantarle un beso suave y húmedo en la palma de su mano. Ella sonrió cuando sintió la manera en que el piloto acariciaba su mejilla con la de él, con tanto amor y ternura.
- ¡Es hermoso! – Lisa susurró.
- Tú eres hermosa. – Él replicó.
Ella ladeó levemente la cabeza para mirarlo a los ojos y ambos intercambiaron sonrisas y un beso rápido y travieso. Súbitamente los ojos de Rick habían adquirido una tonalidad azul oscuro que era a la vez fascinante y hermosa. El hecho de que los destellos de los fuegos artificiales se estuvieran reflejando en ellos de una manera casi irreal añadía un elemento más a aquella mirada intensa y llena de promesas.
- Lisa… - Su voz sonó profunda, casi ronca. – Vámonos de aquí… quiero estar contigo… sólo contigo, amor. ¡Te amo!
La almirante sonrió una sonrisa cargada de amor y de deseo. Asintió levemente con la cabeza y no se resistió cuando él la tomó de la mano y la condujo hacia adentro del museo mientras los demás, tan absortos como estaban en el espectacular despliegue de fuegos artificiales en el cielo, ni siquiera se percataron de que la feliz pareja se había retirado.
Fueron Max y Miriya, acompañados de media docena de policías militares, quienes los recibieron en el interior del museo para llevarlos a donde pasarían esa noche. Se había organizado todo un operativo de seguridad para asegurar que la luna de miel de Lisa y Rick fuera privada y a salvo de los ojos curiosos de los reporteros.
Los recién casados fueron conducidos a un transporte militar tipo Hummer H2 (que Max pensó que era particularmente apropiado para la ocasión por aquello del Hayes-Hunter que él había comenzado a abreviar como H2). Aquel vehiculo pertenecía a la policía militar, por lo que no levantó sospecha su salida de los terrenos del museo, detrás de la limosina oficial que, llevando en ella a un grupo de policías militares, partió con rumbo al hotel más lujoso de Ciudad Macross.
Los periodistas cayeron en la trampa. Mientras en la noticias se informaban que los recién casados pasarían la noche en el hotel y saldrían por la mañana en un vuelo comercial rumbo a un resort vacacional en el Pacífico Sur, Rick y Lisa fueron conducidos a la Casa de Visitas de la Base Macross, en donde les fue asignada la Suite de Embajadores. De ahí saldrían, apenas tres o cuatro horas más tarde, en un vuelo militar rutinario, con rumbo a su verdadero destino: las paradisíacas playas de la Riviera Maya en el Caribe.
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Después de que el transporte militar hubo entrado a la Casa de Huéspedes en la Base Militar Macross y sus tripulantes entraron al vestíbulo de la misma, los Sterling y Kelly, quienes habían ido a acompañar a Lisa y Rick, se despidieron de ellos.
Max les indicó que el vuelo estaba programado para el amanecer, a las 0500 horas. Si todo salía de acuerdo a lo planeado, pensaban que los Hunter-Hayes estarían llegando a su destino en las primeras horas de la tarde. Por otro lado, apoyados por los chicos de Inteligencia Militar, se llevaría a cabo el operativo para despistar a los periodistas. Cuando la nave civil despegara de Ciudad Macross a las 0800 horas, ya sería demasiado tarde para poder rastrear a los recién casados.
Después de un repaso rápido de los procedimientos, finalmente llegó el momento de despedirse. Los Sterling todavía verían a Lisa y Rick al día siguiente, por lo que sus despedidas fueron breves, aunque no por eso exentas de emoción, de bromas y comentarios muy poco prudentes de parte de Miriya que, como de costumbre, provocaban la risa de Max, el sonrojo en Lisa y Rick y un poco de confusión en Kelly.
Precisamente fue Kelly quien protagonizó una despedida más sentimental. Ella no vería a sus primos en un par de semanas y sabía que los extrañaría… y mucho.
- Va a ser difícil estar bajo el mando del coronel Maistroff durante dos semanas. – Kelly les dijo. – Así que por favor, disfruten mucho su luna de miel… respeten mi sacrificio.
Lisa se rió y abrazó fraternalmente a la joven oficial, quien ahora se había convertido oficialmente en parte de su familia. Kelly reciprocó el abrazo con alegría y gran cariño.
- Gracias por todo, Kelly… realmente no sé qué haríamos sin ti. La boda fue hermosa y tanto tú como Miriya son las responsables de todo. ¡Gracias!
- De nada… prima. – Kelly se rió. – Te voy a extrañar, Lisa… cuida a mi primo y sean muy felices. Los vamos a estar esperando.
- Yo mantendré a tu primo a salvo, te lo prometo.
Kelly le sonrió a Lisa cuando se separaron y enseguida fue a abrazar a Rick, quien le dio un abrazo de oso y la levantó del suelo, mientras ella reía emocionada.
- ¡Pórtate bien, prima! – Rick le recomendó. – Nada de escapadas de locura con los Stonewell¿De acuerdo?
- Te lo prometo. – Kelly sonrió.
- Ahí te quedas con tu candado para que te cuide.
- ¿Mi… candado? – Kelly parpadeó un par de veces, sin entender a qué se refería Rick con eso.
- Tu bola de pelos… - Rick explicó. – Ya sabes, el pulgas…
- ¿Por qué le dices así al pobre de Enkei? – Lisa se rió. - ¿Candado?
- Bueno, - El piloto se encogió de hombros. - Es un perro y nosotros se lo regalamos a Kelly¿No? Entonces es un can – dado.
Lisa, Miriya y Max gruñeron frustradamente con aquel chiste, pero Kelly se desternilló de la risa. Sin duda el gen del humor simple estaba en la rama materna de la familia de Rick. Lisa tomó a su esposo del brazo y le besó la mejilla.
- Tienes que descansar, amor… creo que te está haciendo daño el estar despierto a estas horas.
Rick la miró y le sonrió.
- Bueno, yo no me opongo a que me lleves a la cama, preciosa.
- ¡Rick! – Lisa se rió, se sonrojó y golpeó al piloto en el brazo simultáneamente.
- ¡Hey, esto se llama violencia intrafamiliar! – El piloto se rió. - ¿Se dan cuenta de lo agresiva que es¡Dios santo Hayes, jamás vas a dejar de dar más miedo que el demonio!
- Hmmm… no precisamente la clase de comentario que yo haría frente a mi esposa en mi noche de bodas. – Max se rió. - ¡Suerte con todo, viejo! Nosotros regresamos a la fiesta… pero los vemos en unas horas.
Pero Lisa se estaba riendo, bastante divertida con todo aquello. Se despidió de sus dos amigas… de sus dos hermanas y después de Max. Rick hizo lo mismo y mientras los Sterling y Kelly se retiraban, los recién casados se dirigieron a la Suite de Embajadores, que estaba justo al final del pasillo.
- Supongo que la fiesta de bodas es un regalo que los novios les dan a sus invitados. – Rick iba comentando. – Es decir, fue bonita y me gustó mucho pero… al final son ellos quienes más la van a disfrutar…
- Tal vez tengas razón. Sin embargo la luna de miel será nuestra celebración particular. – Lisa le guiñó el ojo. – Va a ser muy especial, Rick.
- ¡Claro que sí! Y va a comenzar ahora mismo.
En ese momento llegaron a la puerta de su habitación nupcial y sorpresivamente y sin que mediara palabra de por medio, Rick tomó a Lisa en sus brazos y la levantó, mientras ella gritaba sorprendida y se aferraba al cuello del piloto. Rick se rió y dio un par de vueltas, con Lisa en el aire, mientras, con una voz que no era precisamente discreta y que asemejaba mucho un grito de guerra, proclamaba a los cuatro vientos que amaba a Lisa Hayes… que era la mujer más hermosa del mundo… ¡Y que era su esposa!
- ¡RICK! – Lisa no dejaba de reírse. - ¡Detente, te vas a marear y nos vamos a caer!
- Me gustas, Lisa… - Rick se detuvo y la miró a los ojos con una mirada intensa y llena de pasión. - ¡Me encantas! Eres hermosa… y te amo… ¡Te amo¡TE ADORO! – El piloto volvió a levantar la voz.
- ¡Rick! – Lisa se abrazó a él, mirándolo directamente a los ojos y recargando su frente en la de él. - ¡Estás completamente loco, chiquillo¡LOCO!
- ¡Loco de amor por ti! – Rick la besó en los labios. - ¿Me quieres?
- ¡TE AMO!
Rick no pudo contener una sonrisa que se formó en sus labios y que se convirtió en una risa sincera y llena de amor y de una profunda emoción. A pesar de todo, ambos podían notar que los ojos del otro estaban completamente humedecidos. Los dos estaban muy emocionados.
- Rick… - Lisa susurró. - ¡Te amo!
- Dime que me vas a amar por siempre… que jamás me vas a dejar.
- Tú sabes que jamás lo haré, mi cielo… tú sabes que te amo… que te amo, piloto… ¡Te adoro! Con cada molécula de mi ser, con cada respiración, con cada latido del corazón.
Las palabras de Lisa emocionaron y conmovieron a Rick de tal manera, que sin siquiera saber cómo responder a ellas, decidió que lo único que podía hacer era besarla y poner en ese beso todo el amor que sentía por ella en ese momento. Atrapó sus labios en los de él y mientras se entregaba a ese beso y a ese momento, traspasó las puertas de la Suite de Embajadores, llevando a Lisa… a su esposa en brazos.
Cuando estuvieron dentro, los dos se separaron y les tomó un segundo recuperar el aliento. El piloto colocó a Lisa suavemente en el suelo y fue entonces cuando los dos se quedaron congelados al percatarse de que aquella habitación estaba completamente lista para recibirlos… la mano de Miriya, Max y Kelly estaba presente en cada rincón.
La Suite de Embajadores era una habitación grande y espaciosa, con una cama particularmente grande y un ventanal que presentaba una vista espectacular del Lago Gloval y la silueta iluminada de Ciudad Macross al fondo. El lugar había sido cuidadosamente decorado con velas, flores y había una enorme canasta de frutas y una botella de champaña en un recipiente lleno de hielo en una mesa cerca del ventanal. Sobre la cama había un enorme ramo de rosas blancas atadas con un listón dorado y una tarjeta de parte de los Sterling, deseándoles a Lisa y Rick una luna de miel llena de alegría y felicidad y un matrimonio lleno de bendiciones.
- Solamente vamos a estar aquí cuatro horas. – Rick comentó, mirando a su alrededor. - ¡No puedo creer que esa banda de locos haya pensado hasta en estos detalles!
- Realmente estamos en deuda con ellos, Rick.
- Bueno, para eso es la familia¿No es así?
Lisa miró a Rick y asintió levemente con la cabeza, al tiempo que una sonrisa lenta aparecía en su rostro. Sin embargo el piloto tenía una sola idea en mente… y esa era su misión esa noche: aprovechar cada segundo que pudiera al lado de Lisa. Era la primera vez que estaban juntos en diez días… el piloto no iba a desperdiciar ni un solo momento.
La almirante estaba distraída, contemplando la hermosa vista que tenían a través del ventanal, cuando sintió que los brazos fuertes del piloto se cerraron en torno a su cintura y sintió los labios tibios y húmedos del piloto posarse en su cuello, dejándole un caminito de besos que iban de la base del mismo hasta su oreja. Lisa suspiró profundamente y echó la cabeza hacia atrás, para darle acceso total a Rick, mientras no podía evitar que un gemido de placer escapara de lo más profundo de su corazón, justo en el momento en que él atrapó el lóbulo de su oreja en sus labios.
- Te amo, Lisa… - La voz de Rick, ronca y profunda, hacía obvia la necesidad que en esos momentos sentía… la necesidad de estar con ella, de besarla, acariciarla y sentirla como hacía tanto no la sentía. - ¡Eres hermosa, princesa! Eres mi vida… mi universo… mi todo… ¡Te amo!
- Rick… - Lisa suspiró y aquel nombre tan amado pareció salir de lo más profundo de su ser. - ¡Te amo!
Los labios del piloto bajaron para recorrer su hombro y cuando Lisa se dio vuelta en sus brazos, para mirarlo de frente, sus labios bajaron a su pecho, besando con apasionada ternura sus clavículas y después su garganta para finalmente buscar sus labios con una desesperación nacida del deseo y la necesidad que tenía de ella en ese momento.
- ¡Lisa…! – Esa era la única palabra que el piloto parecía conocer en esos momentos. - ¡Lisa… te amo!
Por toda respuesta ella lo empujó hasta hacer que se sentara en la cama. Él no objetó sus órdenes silenciosas ni protestó cuando Lisa le quitó el seguro a la hebilla del cinto de su guerrera… y mucho menos cuando, con manos expertas, comenzó a abrir uno a uno los botones que la cerraban… catorce botones… eran demasiados, Rick pensó. Era una tortura… una deliciosa tortura.
Pero el piloto no podía pensar… no cuando Lisa lo estaba besando en el cuello de una manera que, cualquier pensamiento lógico que él pudiera haber tenido, hubiera sido enterrado bajo el alud de sensaciones que Lisa estaba despertando en él en esos momentos. Rick sentía que sus sentidos estaban a flor de piel, totalmente sensibilizados por todo lo que había vivido aquel día… o quizás simplemente por tener a Lisa tan cerca de él, después de diez días de dolorosa separación.
Cuando ella lo despojó de su guerrera, él sintió que no podría contenerse más. Cerró sus brazos en torno a Lisa y comenzó a besarla desesperadamente en el cuello, en las mejillas, en los ojos. Ella se entregaba a aquel asalto amoroso, sin por eso dejar de desabotonarle lentamente la camisa interior del uniforme.
Llegó un momento en el que Rick se quedó quieto, con su rostro oculto en el cuello de ella, respirando entrecortadamente mientras sentía como aquellas suaves y delicadas manos femeninas le acariciaban la piel por debajo de la camisa, recorriéndole el pecho y yendo a su espalda, provocándole las sensaciones más placenteras que él hubiera experimentado en mucho tiempo.
Lisa sonreía traviesamente, sin dejar de acariciarlo ni de besarlo en el cuello, sintiendo cómo él se estremecía, su respiración tibia en su cuello, su corazón latiéndole en el pecho fuerte y cadenciosamente… y sus dedos que torpemente comenzaban a abrir los botones de la espalda de su vestido de novia.
- Son demasiados… - Rick susurró. - ¡Demasiados botones…¿Quién demonios colocó tantos botones aquí?
Lisa no pudo evitar el reírse suavemente, lo que sólo provocó que él también soltara una risita apenas perceptible. Ella se separó levemente de él y lo miró a los ojos, al tiempo que le acariciaba el cabello ensortijado.
- Te amo, Rick… ¡Te amo! – Los ojos de Lisa brillaban tan intensamente como Rick jamás los había visto brillar antes.
Antes de que él pudiera responder, ella ya lo estaba besando en el pecho, provocando que su de por sí agitada respiración se hiciera aún más entrecortada, casi dolorosa. El piloto echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos, sintiendo que aquello era demasiado… no era la primera vez que estaba con Lisa en un plano íntimo, pero jamás se había sentido así.
En lo más profundo de su mente una vocecita le dijo que eso era porque esa noche era la primera noche que pasaba con su esposa… y eso significaba toda la diferencia del mundo.
Rick miró a Lisa y ella detuvo sus caricias, cuando sus ojos fueron inevitablemente atrapados por aquel par de estrellas azules que brillaban con el fuego del amor más verdadero del universo. Lisa abrió la boca e iba a decir algo, pero él no se lo permitió. Antes bien, llevó sus manos al rostro de Lisa, acariciando sus mejillas con ternura y admirando sus facciones finas con un embelesamiento que hizo que el corazón de Lisa saltara de alegría en su pecho.
Jamás en la vida aquel piloto rebelde y voluntarioso la había tocado con tanta ternura ni la había mirado con aquella devoción. Algo había cambiado entre ellos esa noche… algo que ella reconoció como el hecho de que ahora no eran sencillamente Lisa Hayes y Rick Hunter… no, ahora eran los Hunter-Hayes… ahora eran esposos.
Lisa no pudo seguir pensando. No cuando Rick había atrapado sus labios con los suyos y la estaba besando de una manera tan dulce y tan llena de sentimiento, que la almirante sintió que su cuerpo entero se debilitaba. En esos momentos sólo había un sentimiento en su cuerpo… o quizás en todo su universo: amor, amor puro e inadulterado. El amor más verdadero, más auténtico y más genuino del universo entero. El amor que Rick Hunter le profesaba y que ella correspondía de la misma apasionada manera.
Mientras se besaban Rick siguió abriendo uno a uno aquellos molestos botones, el único obstáculo que lo separaba de su paraíso. Para cuando finalmente terminó de hacerlo, Lisa ya se había deshecho del cinturón del piloto y estaba jugueteando con el botón de su pantalón. Rick se separó de ella, tratando de controlar su respiración profunda e irregular, y la miró a los ojos. Ella le sonrió de tal manera que él se estremeció de la cabeza a los pies; se acercó a besarla en los ojos y le susurró al oído:
- Quítame la camisa, Lisa… por favor…
La joven esposa no se resistió a los deseos de su esposo y con un movimiento preciso deslizó la camisa por los hombros del piloto para retirarla de su cuerpo. Pero justo cuando Rick pensó que se vería libre de aquel estorbo, se percataron de que Lisa había olvidado retirarle sus gemelos y la camisa había quedado atascada en sus puños. Aquello hizo que Lisa se riera divertida y que el piloto gruñera casi dolorosamente.
- ¡Haces estas cosas para martirizarme, Lisa¡Eres mala con tu pobre esposo! Deberías de tener más consideración conmigo ahora que soy quien va a estar a tú lado de por vida, Hayes.
- Tú bien lo dijiste un día, Hunter… - Lisa sonrió radiantemente, mientras se deshacía de los gemelos del piloto. – Casarse es decidir que quieres pasar tu vida entera martirizando y haciendo sufrir a esa persona especial.
- ¿Por qué sólo aprendes lo malo, pequeña rata?
- Porque quizás lo único que tú tienes para enseñarme son cosas malas… tú, rata.
Lisa pronunció esas palabras, acercándose peligrosamente a Rick y prácticamente tendiéndose sobre él, quien tuvo que recostarse sobre las almohadas a sus espaldas mientras Lisa le acariciaba el pecho desnudo y buscaba sus labios con los de ella. El piloto cerró los ojos y se entregó a aquel beso… ninguno de los dos recordaba después cómo es que se habían deshecho del resto de la ropa que llevaban puesta.
Pero en medio de sus besos, de sus caricias, de sus abrazos y de esa extraordinaria sensación de descubrimiento y admiración, ambos terminaron por quedar prácticamente desnudos el uno en los brazos del otro. La única prenda sobreviviente en el cuerpo de Rick después de ese ataque amoroso de Lisa eran sus boxers… en el caso de ella, su ropa interior era lo único que se había salvado después de que el piloto se había deshecho de su vestido de novia de una manera muy poco amable, pero terriblemente seductora.
El piloto aprisionó a Lisa debajo de su cuerpo e inmovilizó sus manos sobre su cabeza, atrapándolas por las muñecas contra el colchón. Sus labios se dirigieron al cuello de la almirante y comenzó a besarla con una pasión que amenazaba con desbordarse en cualquier momento. Lisa cerró los ojos y gimió profundamente… ¡Hacía tantos tiempo que había estado soñando con ese momento¡Había extrañado tanto ese contacto físico con su piloto!
Sin embargo, de pronto sintió que él se paralizaba. Ella abrió los ojos y Rick se separó lentamente de ella, mirándola a los ojos y llevándose la mano a la boca para sacarse algo que traía dentro. Lisa lo observó con curiosidad y no pudo evitar reír cuando el piloto le mostró un grano de arroz que traía en los dedos.
- ¿Sabes algo? Mantente alejada de las palomas si no quieres tener un penoso accidente, Lisa… imagínate el reporte en el periódico: "Joven general queda viudo después de que palomas asesinas picotean y devoran a almirante sabor arroz"… es peligroso, señora H.
- ¿Qué? – Lisa soltó una carcajada. – Rick¿De dónde sacas esas cosas¿Y qué es eso de 'señora H'?
- Bueno… - El piloto se encogió de hombros. – No sé si deba llamarte señora Hunter, señora Hayes, señora Hunter- Hayes, señora Hayes-Hunter… eso de señora H me ahorra muchos problemas, muchas letras, muchas salivas y—y en cierta forma incluso va con tu personalidad.
- ¿Cómo es eso? – Lisa le preguntó divertida.
- Hmmm… - los ojos del piloto brillaron traviesamente. - ¿Bomba H?
- ¡Rick Hunter!
Lisa lo empujó y él rodó de encima de ella y comenzó a reír sin control. Lisa se dejó ir sobre él con intención de darle una lección, pero terminó por simplemente abrazarlo alrededor de los hombros y recargar su cabeza en su pecho desnudo, mientras ambos suspiraban satisfechos.
Se hizo un silencio… pero un silencio agradable y lleno de paz.
- ¡Soy muy feliz, Lisa! – Rick susurró, acariciándole la espalda y sonriendo con alegría. – Feliz como jamás en mi vida imagine que podría llegar a serlo.
- Yo también, Rick… - Lisa susurró y le besó suavemente el pecho. - ¡Yo también!
La sonrisa de Rick se hizo más grande y esplendorosa cuando Lisa levantó el peso de su cuerpo con sus brazos para mirarlo a los ojos. Pero pronto aquellos ojos esmeralda que él adoraba desviaron su mirada hacia su cabello rebelde y Lisa sonrió, al tiempo que con sus dedos sacaba algunos granos de arroz del cabello de Rick.
- Creo que no soy la única persona sabor arroz que hay en esta habitación, señor H.
La sonrisa que apareció en el rostro de Rick en ese momento fue tan grande, que él sinceramente pensó que no le cabía en el rostro. Estar así con Lisa, con su Lisa… su esposa… aquello se sentía tan correcto, tan verdadero… tan perfectamente hermoso que él hubiera querido guardar aquel momento en una botella de cristal y atesorarlo como su riqueza más grande.
- ¿Qué te parece si vamos a darnos una ducha o algo? – Rick sugirió, mientras acariciaba el cabello sedoso y suave de Lisa y la observaba con amor. – Creo que necesito quitarme de encima todo el sudor del día… refrescarme un poco.
- Y el arroz también. – Lisa le respondió con una sonrisa, mientras seguía pizcando arroz de su cabello. – Señor Granito de Arroz.
- Y el arroz también. – Rick concedió, riéndose divertido.
- Pues me parece una muy buena idea… a decir verdad yo también quiero refrescarme un poco.
Los dos se pusieron de pie y se sonrieron con amor y ternura. Sin mayores preámbulos se dirigieron al baño, en donde tomaron una buena ducha caliente que fue un bálsamo para sus cuerpos agotados y un tanto adoloridos. ¡Había sido un largo día!
Sabiendo que tenían quizás tres horas para dormir y sintiéndose tan exhaustos como ambos estaban, ambos regresaron a la cama después de ducharse. Ya limpios y frescos se tendieron en la misma, sin siquiera preocuparse por ponerse ropa encima. En esos momentos cada uno de ellos era el ropaje del otro y ambos decidieron que, aunque no llegaran más lejos esa noche, por lo menos disfrutarían de ese contacto tan íntimo y tan estrecho con esa persona que ya se había vuelto parte de ellos mismos.
Rick se acostó sobre las almohadas y Lisa se acomodó en su pecho, encontrando una posición cómoda y acurrucándose contra él, mientras sentía cómo el cuerpo del muchacho respondía a aquella proximidad física con un calorcito delicioso. Lisa escondió su rostro en el cuello de Rick, embriagándose con su aroma y su esencia natural… esa que era tan característica del piloto y que ella adoraba.
- ¿Sabes algo, princesa?
- ¿Qué cosa, amor?
- Pienso que quizás es esto lo que más extrañe de esos días que estuvimos separados… es decir, me muero por hacer el amor contigo… - Rick se detuvo y sonrió adormiladamente. – Con mi esposa… - Ahora fue el turno de Lisa de sonreír. – Pero con todo, creo que lo que más extrañé fue simplemente… estar así contigo… dormir contigo… sentirte a mi lado por la noche, despertar contigo. – El piloto le besó la frente.
- Yo también extrañé todo esto… te extrañé a ti, mi vida… más de lo que tú te podrías imaginar.
El piloto sonrió y se estiró perezosamente en la cama. Lisa se acurrucó aún más estrechamente en su pecho y él la abrazo de una manera tal que Lisa sintió que con ese gesto el la envolvía por completo. En esos momentos Rick era su universo entero.
Rick estaba inmóvil, salvo por su mano que subía y bajaba por la espalda desnuda de ella y el suave movimiento de su pecho al respirar. La mano de Lisa lo acariciaba, mientras que sus labios lo besaban suavemente en el cuello, casi como si lo estuviera acariciando. El piloto tenía los ojos cerrados, pero no podía evitar el sonreír cándidamente al sentir a Lisa acariciarlo de esa manera.
Pero de pronto Lisa sintió cómo él comenzaba a temblar en sus brazos… levemente al principio, pero más perceptiblemente después. Ella lo abrazó aún más estrechamente, si aquello era posible, y lo besó en la mejilla.
- ¿Qué pasa, amor? Estás temblando, chiquito… ¿Qué tienes?
Al escuchar la voz de Lisa tan cerca de su oreja y sentir su aliento sobre su piel, el piloto se estremeció aun más notoriamente. Se aferró a Lisa y hundió su rostro en aquel cabello suave y sedoso que olía a miel.
- No sé… - Rick murmuró con voz trémula. – Lo que siento… al estar así contigo, Lisa… es demasiado intenso… siento que… que me sobrepasa… que no… que no puedo evitarlo, yo—
- ¡Shhhh! – Lisa lo tranquilizó, acariciándole el cabello y besándolo suavemente en el rostro. – Tranquilízate, mi vida… ¿Por qué no tratas de dormir un poco? Tenemos que levantarnos en un par de horas solamente…
- Sí…
Rick suspiró desde el fondo de su ser cuando sintió a Lisa besarlo en la frente, en medio de los ojos y luego suave, muy suavemente en los labios. Sus ojos se entreabrieron y se encontraron con los de ella, que aún en la oscuridad de aquella habitación brillaban como un par de esmeraldas tocadas por le fuego. Lisa volvió a besarlo en los labios y cuando se separaron, él se dio un momento para contemplarla… para asegurarse a sí mismo que aquello era realidad, que no era un sueño… que realmente estaba sucediendo.
- Lisa… - susurró con voz adormilada.- Vamos a estar juntos para siempre…. ¿Cierto? Ya nada podrá separarnos porque ya somos esposos.
- Así es, Rick. – Lisa le acariciaba el cabello, lo cual provocaba que él apenas pudiera mantener sus ojos abiertos. – Juntos para siempre, mi vida… para siempre.
Lisa se recostó en el pecho de Rick y él suspiró profundamente, mientras la abrazaba con amor y acariciaba su cabello y besaba su frente. Ya ninguno de los dos dijo nada más. En realidad ya no había necesidad de hacerlo, ya entre ellos todo estaba dicho.
Poco a poco el agotamiento del día comenzó a cobrar su precio y ambos comenzaron a caer en un delicioso sopor en el que sus caricias y sus besos ocasionales se desvanecían en los límites de la realidad y los sueños. Finalmente los dos se quedaron profundamente dormidos, estrechamente abrazados, sus piernas entrelazadas y mezclando sus alientos. Su respiración se hizo profunda y acompasada y una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
Esa hermosa noche de octubre del 2012, Lisa Hayes y Rick Hunter habían escrito la primera página de una novela sin final: la historia de la aventura que vivirían juntos, desde ese día y para toda la eternidad. ---
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Notas de autor:
Me parece que éste capítulo ha sido el más difícil de escribir de HL. Espero que haya sido de su agrado y que haya estado a la altura de las circunstancias. Para mí fue un momento muy importante dentro de a historia de los H2 y uno que escribí con mucho cariño.
Les agradezco a todos los que como siempre, me motivan a continuar y me inspiran sobre todo en los momentos en los que la batería comienza a bajarse un poco. Gracias a quienes siempre están ahí, enviándome sus comentarios. Gracias a todos los que se toman el tiempo de leer mis historias. ¡Significa mucho para mí!
Agradezco en especial el apoyo de mis tres pilotos de pruebas (o lectores de pruebas) de éste capítulo en particular: Sara, Santiago y Alex. Y en especial un agradecimiento muy grande a Alex por sus comentarios, sus observaciones, sus correcciones y por mantenerme enfocada a lo largo de éste capítulo, a Santiago por mantenerme inspirada y motivada con fuertes dosis de vitamina H2 y a Sara por su apoyo incondicional de siempre.
¡Nos vemos en 15 días para la Luna de Miel:)
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.: GTO – MX :.
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