Hola!!

Regreso con un nuevo capítulo, y con la moral un poquito baja. Suspendí todos mis examenes y solo tengo escrito un capítulo más de la historia. De nuevo la inspiracion se fue, pero bueno, espero q aparezca.

Disfrutad con la lectura.


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Capítulo treinta y dos:

Eres tú, sólo tú.

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El expreso de Hogwarts se conducía a través de los raíles con suma lentitud, o al menos eso era lo que parecía a Peter. Acababa de pasar la peor tarde que había tenido en mucho tiempo. Y todo por lo que él consideraba una tontería. ¿Cómo un simple beso podía causar tanto descontrol?.

Suspiró profundamente mientras abrazaba a Madeleine. Había querido quedarse con él, junto a James, Lily y Remus que eran quiénes se encontraban en aquél momento en el vagón. Sirius, Alexandra y Elizabeth se habían perdido nada más salir del castillo.

Miró a la derecha y se encontró a un Lunático triste observando el paisaje con la mirada fija. Miró a la izquierda, y vio que Lily acariciaba el rostro de Cornamenta suavemente mientras que él clavaba su vista en su amigo también. El silencio reinante era desolador. Al parecer se iba mantener así hasta que llegasen a la estación de King Cross, y eso no le gustaba nada.

Nunca antes había pasado nada así entre ellos.

-¿Estará tu padre esperándonos en la estación?- se obligó a preguntar para iniciar algún tipo de conversación.

James sólo asintió con gesto ausente sin prestarle verdadera atención. Peter inspiró hondo rindiéndose ante la evidencia.

-¿por qué la besaste?- preguntó directamente Cornamenta pillándoles a todos por sorpresa.

El chico ni se inmutó. Siguió con la mirada perdida en el exterior.

-Remus… Tienes que responderme. ¿De verdad te gusta esa chica?- inquirió sin descanso.

Nada. Siguió callado como si en realidad estuviera a muchos kilómetros de distancia de allí. Su silencio no hacía más que irritar a su amigo, y Peter intuía que aquello no era bueno. Hasta el momento, James nunca se había enfadado con Lunático. Y eso sí que era mosqueante.

-Remus Lupin…- se tensó alejando la mano de Lily de su rostro- Eres mi amigo y te aprecio mucho, pero…

-James…- protestó la pelirroja levantándose- No termines esa frase.

-Lily, no creo que…

-Es hora de nuestra ronda, Remus- sentenció ella caminando hasta él- Nuestro deber de prefectos nos llama.

Como aquello tampoco parecía hacerle reaccionar, la pelirroja tomó su mano y arrastrándole a su paso le sacó del vagón. Peter, que lo observaba todo, pensó que aquello cada vez estaba empeorándose minuto a minuto. Mucho se temía que si las cosas continuaban así, iban a pasar unas navidades bastante tristes.

Y eso que era la primera que pasaban todos juntos.

0o0o0

Frederick Rosier contemplaba ansioso la oscuridad reinante en el sótano. Hacía unas horas que había ordenado a sus elfos domésticos que lo tuviesen todo preparado para la llegada de su visitante. Quería que todo estuviese absolutamente perfecto y en orden. Su ánimo había mejorado bastante desde el desastre de su última misión mortífaga. Sobre todo tras la visita de Orión Black y el trato que le había propuesto.

Si todo va bien estas dos semanas ese trato no me servirá para mucho, pensó observando con satisfacción el catre sucio y harapiento que se hallaba en la celda que había hechizado meses atrás, pero como no quiero dejar las cosas al azar, será mejor que siga teniendo contento a Orión. No me viene mal tampoco seguirle la corriente. A fin de cuentas, técnicamente somos familia.

Sonrió abiertamente al oír pasos a su espalda. Su mujercita ya bajaba para espiarle. Últimamente parecía que aquello era lo único que hacía.

-Rosamund, querida, sabes que no me gusta que vengas aquí- murmuró antes de que ella dijera nada.

-Quiero saber para que estás preparando todo esto- musitó con frialdad.

Frederick asintió reconociendo el valor del que su esposa estaba haciendo gala. Ella sabía por experiencia propia lo que sucedía cuándo alguien se entrometía en sus planes. En el pasado lo había pagado caro. Su primer marido era la prueba viviente de ello.

-Tú sabes perfectamente quién va a ocupar estos aposentos, mi amor- se burló él con maldad.

-No lo pienso permitir, Rick.

-Llevas dieciséis años impidiéndolo- la interrumpió girándose para mirarla a los ojos- Ni un día más. Ya es hora de que aprendáis las dos quién manda en esta casa y sobre vuestras vidas.

Se hizo el silencio en la estancia. Ella no le contestó aunque conociéndola tan bien como sabía que la conocía, estaba seguro de que ese insignificante cerebro femenino suyo estaba planeando algo. Y eso no podía permitirlo. No en aquél momento en el que su posición ante el Lord Oscuro flaqueaba.

-Rossy…- musitó sabiendo que la había sorprendido.

Sólo la llamaba así en ocasiones especiales, como aquélla. Siempre que una esposa se portaba mal, era deber y obligación del marido castigarla como se merecía. Rosamund Rosier se había portado mal, por lo tanto, el derecho y el placer de Rick era hacérselo pagar.

Y lo pensaba hacer en ese instante, decidió sacando sutilmente su varita de la túnica.

0o0o0

El viento frío le golpeaba en la cara dándole calidez y armonía, que era justo lo que necesitaba en ese instante. El plan había sido simular que subía al tren con los demás, cuándo en realidad lo que haría sería regresar a su dormitorio aprovechando la multitud de alumnos que se apresuraban a salir del castillo esos días. Sin embargo, tras lo sucedido en la entrada de Hogwarts, no le apetecía lo más mínimo regresar allí.

Aún seguía sin saber qué había pasado con Remus. He vuelto a conectar con él sin quererlo. Primero fue con un abrazo y ahora a través de un beso. ¿Por qué tengo que hacer cosas como éstas?

Alexandra no tenía respuesta para las preguntas que se hacía. Si cerraba los ojos aún podía recordar la mirada de rabia y enfado que Black tenía tras separar sus labios de los de Remus. Había descargado su ira contra ella cuándo técnicamente no había sido culpable de nada.

-Flashback-.

Verle marchar de aquella forma la había hecho sentirse mal. Era verdad que no quería estar cerca de Sirius Black a causa de sus estúpidas visiones, pero eso no quería decir que quisiese hacerle daño, y para bien o para mal, eso era precisamente lo que había hecho.

Siguiendo un impulso corrió tras él sin saber aún qué iba a decir. Lo único que tenía claro era que no quería que Black se marchase en Navidad enfadado. Ya no sólo porque fuera con ella. Alexandra no deseaba que nadie tuviera sentimientos negativos hacia nadie en esas fechas. Aunque no le gustase la Navidad, reconocía que aquellos días eran para pasarlos a gusto y en paz.

Al cruzar las puertas, se quedó de piedra al sentir tanto deseo físico en la estancia. Años atrás, cuando no sabía cómo controlar y contener los pensamientos de los demás, había pasado noches horribles sintiendo cómo los jóvenes se iniciaban en las artes amatorias. Durantes esas horas había decidido no dejarse llevar nunca por lo que comúnmente se denominaba pasión. Para ella, relacionarse físicamente con un chico era una conexión demasiado íntima como para tomárselo a la ligera.

Unirse en cuerpo y en alma ante alguien era algo ante lo que no quería enfrentarse. Ya tenía bastante con sentir lo que los demás experimentaban como para probarlo ella misma. Por esta simple razón se quedó inmóvil observando a las dos causantes de que aquél sentimiento floreciese en el ambiente.

Sirius y James, oyó cómo alguien se repetía en su mente. Giró su vista y observó la mirada preocupada de Remus desde la esquina. Al parecer, él también había notado que algo extraño se estaba cociendo. Sus miradas se cruzaron y al mismo tiempo elevaron su vista para observar las ramas de muérdagos que flotaban por toda la habitación.

-Muérdago…- susurraron los dos al mismo tiempo.

Y entonces ocurrió. Un cosquilleo desconocido le empezó a recorrer por su cuerpo mientras caminaba hacia él. Al mismo tiempo que Remus hacía lo mismo. Ninguno de los dos pensaba en nada, sólo en llegar hasta el causante de tan inesperado deseo. Y así fue como sucedió.

Sin planearlo ni pensarlo realmente, Alexandra rodeó el cuello de Remus con sus brazos mientras que él la abrazaba por la cintura, para comenzar a besarse apasionadamente. Todo a su alrededor se esfumó hasta el momento en el que Sirius Black los separó ardiendo de furia en su mirada.

Fue en ese momento en el que empezaron a reflexionar seriamente lo que habían estado haciendo.

-Fin del Flashback-.

Temblando Alexandra se abrazó a sí misma temiendo la nueva conexión que había establecido sin pretenderlo con Remus Lupin. ¿Por qué tenía que ser con él otra vez? Aún podía recordar las sensaciones que la habían recorrido el primer día de aquél año que él la abrazó en su sala común tras su primera noche allí.

-Todo es tan complicado…

-Somos nosotros quiénes hacemos complicadas las cosas- musitó una voz triste a su espalda.

La chica se tensó al sentir un áura deprimida en él. Inspiró aire profundamente intentando mantenerse alejada de los sentimientos de cualquiera que no fueran los suyos propios. Ni siquiera quería tener en su mente estos mismos en aquél momento.

-Has liado una buena…- aseveró Severus Snape con una tenue sonrisa- Y no puedo decir que no me guste. Es todo un orgullo ver a alguien capaz de separar a los merodeadores.

-Yo no he…

-Da igual- la cortó acercándose a ella con un pergamino en la mano- Es para ti. Te estará esperando.

Sin más se marchó dejándola sola y confusa. ¿Quién podría estarla esperando que fuera amigo de un Slytherin?. Deprimida desplegó el papel y se quedó boquiabierta al leer su contenido.

Querida Alexandra:

He usado esta vez a Severus para hacerte llegar el escrito porque no me fío de ninguna lechuza. No sé a dónde querrás ir de vacaciones, ni si te quedarás en el castillo, por eso prefiero usar este medio que sé que es más fácil para llegar a ti.

Seré directo contigo: Quiero que nos veamos. Necesito verte para aclarar ciertas ideas que me rondanla cabeza con respecto a ti. Por eso te esperaré en Londres, en el Callejón knockturn el día de Nochebuena a las nueve de la noche. Tenemos muchas cosas de las que hablar.

Sé que no me fallarás. Pronto comprenderás todo, querida.

Tuyo de nuevo,

R.L.

Al parecer aquellas dos semanas iban a ser un completo caos.

0o0o0

No le gustaba nada dejar Hogwarts estando las cosas tan revueltas. Alice no hacía más que pensar en esto mientras comía algunos dulces que Frank y ella le habían comprado a la señora del carrito. Siempre que se sentía ansiosa le daba por comer, y aquél momento era tan bueno como cualquier otro.

Frank a su lado tampoco decía nada. Comía en silencio con la mirada ausente. Conocía demasiado a su chico como para intuir que le pasaba algo. Aún así no se atrevía a preguntarle nada debido al problema que acababan de superar en su relación. No quería que nada volviese a interponerse entre ambos. Por eso, mantuvo el silencio disfrutando del sabor de los dulces en su boca.

-Mi madre nos estará esperando en el andén…- murmuró Frank inesperadamente

-¿tu madre?- repitió la chica como si nunca hubiera oído esa palabra

-Ya la conoces, Ally. La has visto muchas veces venir a buscarme.

Eso era antes, cuando yo no era tu novia, pensó ella asustada. Siempre había pensado que no estaba a la altura de salir con un Longbottom, y menos después de lo sucedido en Halloween. ¿Cómo iba a enfrentarse a Augusta Longbottom en aquellos momentos?.

-¿Pasa algo?-preguntó Frank extrañado.

-Nada, tonterías mías supongo.

Se reclinó en el asiento cerrando los ojos. Y pensó en sus abuelos. Aún sufría pensando en lo injusto que había sido que se los arrebatasen de aquella forma tan cruel. Se tensó recordando en los últimos minutos que había pasado con ellos el verano anterior. Tan sólo cinco meses antes, se dijo frustrada.

-Ally…- oyó cómo la llamaba su chico mientras se sentaba más cerca.

-Estoy bien- mintió forzando una sonrisa

-Mentirosa

Cariñosamente Frank la tomó en sus brazos y la abrazó con ansía. Alice se relajó oyendo los rítmicos latidos de su corazón.

-Si te preocupa lo que dirá mi madre al verte, te puedo asegurar que…

-No pasa nada. Sólo estoy un poco nerviosa

-Todo saldrá bien, cariño

Se estremeció al recibir un beso en la comisura de los labios. Sonrió encantada al sentir el sabor a caramelo que aún él tenía.

-Frank…

-¿sí?

-No dejes de abrazarme.

Él intensificó el abrazo demostrándole que no pensaba dejar de hacerlo. Alice no pudo más que volver a relajarse inmersa en todo lo que tuviera que ver con Frank Longbottom.

-Tengo que contarte algo que puede que no te vaya a gustar- logró confesar él después de pensárselo mucho.

-¿De qué se trata?

-Sólo quería protegerte, Ally. Sé cuánto sufriste separándote de él antes, y no quería que volviera a hacerte daño. No puedo fiarme de sus intenciones, cielo.

-¿separándome de quién?

-He mantenido una interesante conversación con Snape sobre ti.

-¿qué has hecho qué?

No había querido gritar, pero no pudo evitarlo. ¿Había hablado con Severus? Se entristeció al pensar en la tarde que había pasado junto al Slytherin. A pesar de lo mal que se sentía en aquellos momentos, había disfrutado de la compañía de Severus, como hacían antes cuándo todo era genial entre ellos.

-Quería asegurarme de que nada te hiciese daño, mi amor.

-Severus nunca me haría daño…

-La gente cambia, cielo

-Pero él…

No pudo continuar. Frank volvió a besarla haciéndole olvidarse del mundo entero. Se rindió a él sabiendo que discutir no tendría sentido.

-Frank… te quiero.

Le sintió sonreír y se relajó en sus brazos de nuevo. Al fin y al cabo era Navidad.

Y Lo único verdaderamente importante era el amor.

0o0o0

Inquieta y tensa, Lily caminaba junto al merodeador sin pronunciar palabra alguna. Intuía que él necesitaba seguir en silencio. Y por eso no le presionaba. Así tenía tiempo de reflexionar sobre el comportamiento de su novio. Aún seguía un poco enfadada con él por el poco tacto del que había hecho gala minutos antes. ¿Es que no sabía que lo que Remus necesitaba era tranquilidad?

No, James sólo pensaba en su mejor amigo, se vio obligada a admitir desinflándose un poco. Nunca antes había deseado defender a Sirius Black, pero tras ver su rostro tan triste después del suceso, cómo se obligaba a llamar a ese beso conflictivo, sabía que no podía ponerse en su contra. Y menos ahora que se había decidido a iniciar su plan con él y cierta amiga suya que no hacía más que esconderse.

-No puedo reprocharle a James que quiera ayudarle…- musitó en voz baja llegando al final del compartimiento que vigilaba.- Yo haría lo mismo por Eli.

Se entristeció al pensar en ella. Había desaparecido literalmente y lo entendía. Sabía cuánto amaba su amiga a Remus y lo que pensaba de la relación que éste había tenido siempre con Alexandra. Sin lugar a dudas, ahora tendría que estar sola, sufriendo por ello. Si tan sólo pudiera hacerla compañía… si hubiera estado en su lugar, sabía que lo único que necesitaría sería tener a sus amigas cerca para sentirse mejor.

-Ve con ella

Se giró sobresaltada al oír a hablar a Remus. Su tono de voz era ronco, y su expresión inescrutable. Le miró fijamente sin entenderle en verdad.

-Hablaste en voz alta- le explicó suavemente- Estás preocupada por Elizabeth. Por eso te digo, ve con ella.

-¿Y tú?

-Seguiré nuestro recorrido solo.

-Remus…

-Estoy bien, Lily- le sonrió mirándola a los ojos- Haces bien queriéndote ir con Elizabeth… pero no sólo con ella. Deberías ir también con Ally y Alexandra.

-Me lees demasiado el pensamiento, Lupin.

Le vio encogerse de hombros antes de partir sin ella. Se quedó mirándole fijamente unos instantes antes de ponerse en movimiento. No pensaba permitir que sus amigas estuviesen separadas esos días, y mucho menos los merodeadores. Sabía que James había planeado aquella fiesta con sus amigos, para llenar el hueco que su madre había dejado en su vida. Y ella se aseguraría de que su chico pasase unas buenas vacaciones de Navidad. Se lo merecía…

…Aunque en momentos cómo el de antes siguiera comportándose cómo un asnito tozudo y gruñón.

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Elizabeth deseaba encerrarse en una habitación oscura y llorar sin parar durante horas. Si se había sentido horriblemente mal ante el regreso de Rosier, ahora ese dolor se había intensificado, sabiendo que siempre había tenido razón con respecto a la relación que unía a Remus y a Alexandra.

-Y yo como una estúpida enamorada de él… ¿cuándo voy a aprender?

Una vez que les había visto besarse, se había marchado corriendo sin querer mirar atrás. No habría creído soportar verles después juntos en cada momento. Por ello, había pasado el resto del tiempo que le quedaba para tomar el tren, caminando por el borde del bosque prohibido. No iba a ver a nadie hasta que no llegase a Londres.

Ahora se encontraba sola, acurrucada en una esquina de uno de los vagones del fondo, con los ojos cerrados. Pensaba que si ignoraba a quiénes pasasen por su lado, la dejarían tranquila con su soledad. Ni siquiera se inmutó cuándo oyó cómo abrían la puerta a su derecha.

-Márchate…- musitó sin alzar la vista.

En la estancia reinó el silencio. Eli sentía cómo su corazón latía alocadamente al compás de la respiración del intruso. Le maldijo por irrumpir en su distanciamiento. Se preparó para gritarle por meterse dónde no le llamaban, cuándo sintió aquella caricia en su rostro. Se sorprendió al notar cómo le limpiaba las lágrimas que había estado derramando sin ser consciente de ello.

-No llores, Elizabeth- musitó la voz más preciosa del mundo- Me parte el corazón verte llorar.

Abrió los ojos con el corazón en un puño y se quedó prendada de la mirada de color miel que estaba posada en ella.

-Remus…

-No sé que te habrá hecho tu chico, pero no llores más. No merece la pena que sufras por él.

Si tan sólo él supiera que su agonía había sido provocada por su causa…

-¿Qué haces aquí?- inquirió ella conteniéndose para no preguntarle el paradero de Alexandra.

-Soy prefecto, se supone que mi deber es comprobar que todo esté bien- contestó con tristeza.

Ella asintió sin poder despegar la vista de él. ¿Cómo podía pensar si quiera que podría llegar a odiar a ese chico?. ¿Quién podría detestar a esos ojos tan tiernos que la miraban con dulzura y preocupación?

-Estoy bien, Remus- mintió Eli dándose cuenta de que no podría obligarle a que la quisiera sólo a ella.

Él la taladró con la mirada mientras su mano seguía acariciando suavemente su rostro. Elizabeth no podía hacer otra cosa que temblar ante su contacto. Era la primera vez que veía a Remus Lupin con aquella expresión tan triste en el rostro. ¡Por Merlín, cómo le amaba!. Demasiado como para no querer hacerle sentir mejor.

-¿Tú estás bien?

-No soy yo quién está llorando, Eli

Eli… ¿Cómo podía sonar tan bien su nombre en sus labios? Inmediatamente se reprochó pensar de aquella forma. ¡No tenía doce años!

-No, no lloras…- confirmó ella cuando pudo recuperar el habla- pero tus ojos están apagados.

-Eres demasiado perceptiva- sonrió él acercándose a su lado lentamente.

-Remus…

No la dejó terminar. La sorprendió atrayéndola a sus brazos y robándole un beso que le supo a gloria. ¡Remus Lupin la estaba besando! Ni en sus más fantasiosos sueños se había imaginado que algún día llegase a suceder algo así. Alzó sus manos hacia él y dejándose llevar por el amor que sentía, le correspondió con todo su corazón.

Ya nada más importaba. Ni el dolor, ni la angustia que pocos minutos antes había sentido. Sólo el calor y la ternura que emanaban de sus labios. ¡Labios que sabían a chocolate!.

-Elizabeth…- musitó él separándose sólo unos centímetros de su rostro- Ahora sí lo he sentido.

Le miró obnubilada por el brillo que se reflejaba en sus ojos.

-¿Sentido?

-Eres tú, sólo tú- respondió Remus con voz ronca- Tenía que haberlo imaginado.

Eli fue a abrir la boca para preguntarle sobre su extraño comportamiento cuando él se lo impidió besándola de nuevo. Y entonces otra vez volvió a olvidarse de todo, excepto de lo feliz que se sentía en aquél momento.

0o0o0

-Lucius me lo ha contado todo

Severus suspiró al oír aquellas palabras. Sabía que tarde o temprano Lucius le diría la verdad de lo sucedido en Halloween, pero no se esperaba que fuera tan pronto, y menos en aquél momento. Ya bastante mal se sentía al haber averiguado que aquellos ancianitos eran los queridos abuelos de Ally.

-Sé lo que me vas a decir, Evan.

-No, no lo sabes- musitó él furioso arrancándole de las manos el libro de pociones que estaba hojeando- Deja los malditos libros a un lado y préstame toda tu atención. No voy a repetirte dos veces esto que te voy a decir.

-Evan, no…

-¡Silencio!- rugió mirándole con cara de pocos amigos

Miró hacia la puerta y al ver que estaban completamente solos volvió a concentrar toda su atención en él.

-Ahora eres un mortífago, Severus. Por lo tanto, no se te permiten fracasos, dudas o huidas. Llevas en tu brazo la marca de nuestro Señor. Es todo un honor que hayas sido uno de los pocos elegidos para seguir sus órdenes.

El aludido quiso abrir la boca para decir algo, pero optó por seguir en silencio al ver la mirada asesina que su amigo le lanzaba. No estaba tan loco como para llevar la contraria a Evan Rosier, en las raras veces que se dejaba dominar por la ira.

-Tengo que advertirte- continuó con el mismo tono de aviso- estoy seguro de que mi prima te estará vigilando. Ella es demasiado perceptiva con todos los iniciados, y si tú aún no has cumplido con tu deber, Bella debe intuir que pasa algo raro contigo. Por algo es la única miembro femenina entre los nuestros.

Asintió dándole por enterado que había captado el mensaje que le quería transmitir. Estaba a prueba. Genial, justo ahora que peor y más débil se sentía iban a controlarle.

-Yo no voy a cubrirte, Severus. Si alguien descubre la verdad, y me pregunte no pienso encubrirte. Porque seas mi único verdadero amigo no voy a hacerte de niñera. Es más- añadió con frialdad- Si vuelves a fallar, yo mismo tendré el placer de acabar contigo. Por encima de todo, está nuestra causa. Seguir las órdenes del Señor Tenebroso. Lo demás carece de importancia, ¿lo has entendido?

-Perfectamente, Evan.

Estoy solo, en resumidas cuentas pensó una vez se hubo marchado su amigo. Tomó de nuevo su libro, y sin en verdad leerlo siquiera, se quedó pensando en lo bueno que tenía su vida cuándo era el hermanito mayor de Alice. Fijó su vista en un punto perdido, y suspiró por décima vez en el día.

Si Ally ahora estaba fuera de su alcance más que nunca, ni de lejos, cabía imaginarse la distancia a la que cierta pelirroja que llevaba oculta en su corazón estaría en esos momentos.

0o0o0

Era la décima vez que se levantaba de lo nervioso que se encontraba. No le había hecho ninguna gracia que su pelirroja se marchase así horas antes, y tampoco le gustaba para nada seguir sin tener noticias de ella. Ni siquiera Remus había regresado. Y ya se estaba empezando a preocupar. ¿Desde cuándo tardaban tanto en realizar sus obligaciones de prefectos?.

A su lado, Peter y Maddy le miraban con precaución. Ninguno había querido romper el silencio porque sabían el ánimo que el merodeador portaba en aquellos momentos.

-Seguro que Evans lo está haciendo a propósito- gruñó James ya sin saber qué pensar- Me ha visto hacerle esas inocentes preguntas a Lunático y piensa que yo estoy en contra de él por eso.

-No fueron inocentes preguntas- le corrigió Peter ganándose una mirada asesina por su intervención.

-Yo sólo quería ayudar… No sé porqué mi pelirroja tiene que tomárselo tan enserio. ¿Acaso no sabe que yo sólo me preocupo por mis amigos?

-Lo que tú haces ahora es gritar más bien, Cornamenta- musitó una voz divertida en la puerta.

Tres cabezas se giraron sorprendidas hacia allí al ver apoyado en el quicio a Sirius con los brazos cruzados. Parecía estar bien, aunque James pudo notar que su mirada estaba entristecida. No sabía dónde había estado aquellas últimas horas, pero según lo que conocía a su amigo, intuía que no lo había pasado nada bien.

-¡Ya era hora de que regresarás!- exclamó siguiéndole la broma, prometiéndose en silencio, que cuándo estuviesen a solas ambos hablarían seriamente.- Incluso estaba barajando la idea de ir en busca de Quejicus. Seguro que hubieras aparecido en el momento justo de gastarle una broma.

-Habría sido un buen método- afirmó él entrando en la estancia- ¿Dónde están los demás?

Sirius observó a sus tres compañeros alzando una ceja al notar el silencio que se había producido ante su pregunta. Suspiró creyendo que el causante era él por haberse marchado así, sin decir nada a nadie. Estaba convencido de que era normal querer buscar un rincón de soledad cuando uno descubría que alguien le había mentido repetidas veces sobre el mismo tema.

-No me refería a Alexandra- musitó enseguida de lo que se arrepintió al segundo de pronunciar su nombre.- quiero decir, Halliwell- se vio obligado a corregir enfadándose consigo mismo.

-Remus y Lily se marcharon hace un rato para hacer su ronda- comentó Peter de pasada.

-Hace varias horas- puntualizó James dejándose caer en el asiento de golpe

-Y Frank y Alice estarán solos después de su reconciliación- comentó Maddy mirando al suelo.

Aspecto que no pasó desapercibido para ninguno de los merodeadores.

-¿Y Turner?

-Desaparecida en combate.

El chico de gafas tenía una teoría sobre este último asunto, pero prefería no decir nada de momento. Antes tenía que intentar arreglar las cosas entre Remus y Sirius. Se había dado perfecta cuenta de la mirada tan extraña que había aparecido en el rostro de su mejor amigo cuándo Colagusano había nombrado al prefecto.

-¿Por qué gritabas cuándo entré?- inquirió Sirius deseoso de pensar en algo neutral.

-Lily…- suspiró él

-¿Ya habéis tenido vuestra primera discusión?

-No exactamente- precisó él sin saber si aquello era cierto o no- Se marchó enfadada, supongo. La alteré.

-Tu pelirroja siempre está alterada, James. Está en sus genes.

-Canuto…

-Vale- se defendió él mirándole fijamente al ver lo nervioso que su amigo estaba- ¿quieres que vayamos a buscarla?

La mirada de Cornamenta se iluminó al oírle. Se levantó en el acto sin dejarle decir nada más y se encaminó hacia la puerta en un par de segundos.

-Quedan quince minutos para que lleguemos- les recordó Peter alzando la voz, para que le oyesen.

-Volveremos antes- dijo simplemente Sirius saludándole con un gesto.

0o0o0

Deshacer el camino andado no era tan fácil como en ocasiones anteriores. De eso Lily estaba más que segura mientras recorría en silencio los vagones del expreso de Hogwarts.

Tal y como Remus le había aconsejado, había comenzado a buscar a sus amigas. Necesitaba hablar con ellas a solas antes de que llegasen a la estación de King Cross. Intuía que iba a ser complicado mantener en un mismo lugar a Alexandra y a Elizabeth, más por cabezonería de ésta última que nada, pero tenía que intentarlo. Marcharse del castillo con las cosas tan revueltas no le parecía una buena señal.

Y encontrarme con estos individuos tampoco, pensó dándose valor a sí misma al abrir un vagón y encontrarse de lleno con Lucius Malfoy y su séquito charlando animadamente. Se disculpó con educación antes de ponerse en marcha de nuevo.

No obstante, en contra de sus deseos, Malfoy salió en su busca son una sonrisa maliciosa. Por suerte para él, la Gryffindor no se había percatado del brillo tan peculiar que se había asomado en sus ojos al contemplarla allí, sola.

-Evans- le gritó él yendo tras ella.

Lils se giró a regañadientes. No le apetecía mucho quedarse en un habitáculo tan cercano a ese chico.

-Tengo prisa.

-Los prefectos tenemos que tomarnos las cosas con calma- advirtió él andando hasta ella con lentitud- y sobre todo tenemos que escuchar los consejos de los nuestros. Yo también soy un prefecto.

Ella le miró con desconfianza al oír en su tono de voz algo extraño. Quizás fuera por el ataque que había sufrido semanas atrás, pero su instinto le decía que lo mejor que podía hacer en aquellos instantes era correr y alejarse de él enseguida. Pero se obligó a sí misma a no dejarse vencer por el miedo. Lily Evans no era cobarde. Ella era bruja, y además ahora sí tenía su varita a mano. Lucius Malfoy no la intimidaría. Eran uno contra uno.

-¿Asustada?- musitó él sonriente al ver su expresión- No sé si lo sabrás, pero nada más lleguemos a Londres, me marcho de aquí. Se necesita mi presencia en otros lugares más interesantes.

-Eso no tiene que ver conmigo

-Yo creo que sí- adujo Lucius caminando hacia ella peligrosamente, lo que la obligaba a retroceder pasito a pasito.- Si me marcho de aquí es para no volver en mucho tiempo, años quizás… ¿crees que puedo hacerlo sin despedirme como se debe de mis queridos amigos los merodeadores?

Las alarmas que minutos antes habían sonado en su cerebro se intensificaron ahora más. Se preguntó durante unos segundos porqué estaba todo tan silencioso en aquella zona del tren. Hacía varios minutos que no oía ninguna conversación, ni jaleo en los vagones de alrededor.

Genial, Lily, te has metido tú solita en territorio Slytherin, se regañó a sí misma dándose cuenta de su fallo. Estaba tan preocupada por el problema surgido entre sus dos amigas, que ni cuenta se había dado de por dónde caminaba. James va a matarme si se entera de esto.

-Creo que ha llegado el momento de que me vaya- adujo con tranquilidad.

-¿Tan pronto?- se burló él mirándola con desprecio- ¿no quieres jugar conmigo, sangre sucia?

Casi se le escapó un grito al sentir cómo alguien la agarraba por detrás con fuerza. Intentó alcanzar su varita para defenderse, pero había reaccionado demasiado tarde. Otra vez.

-Te tengo, Evans- susurró en su oído una voz.

-Buen momento para aparecer, Albert- le felicitó el rubio sonriente.

Tanto Lucius como Zabini tenían mucho que hacerle pagar a los merodeadores por todo lo que les habían hecho, ¿por qué no comenzar con aquella pelirroja que ambos sabían era importante para ellos?.


Continuará...

Gracias por vuestros reviews y por seguir leyendome. Intentaré aumentar mi ánimo y a ver si puedo seguir escribiendo.

Un abrazo enorme. Y disfrutad del veranito.

xxlizzie