Este es mi capítulo favorito.

Lo que aquí leerán lo escribió la señora Melissa, diosa de las hadas; los personajes los creo la señora Meyer, diosa de los vampiros. Yo solo junte unos con otros y salió esto. Yo hago esto sin fines de lucro, mi único pago son sus hermosos comentarios.

Capítulo 35: Elegir

Emmett estaba en el ático recogiendo algunos objetos personales cuando llegó Isabella.

-No quiero hablar más de ese tema -le soltó Emmett, pero entonces ella se hizo a un lado.

A su espalda se encontraba Rosalie, pálida y con oscuras ojeras.

A través de su piel, las venas resultaban tan visibles que, a ojos de Emmett, la joven presentaba un leve tinte azulado.

-Rosalie quiere hablar contigo -dijo Isabella y, sin más, la antigua reina de Emmett se marchó, cerrando la puerta y dejándolo a solas con Rosalie.

-¿Ha ocurrido algo? -preguntó él.

-Paul te manda recuerdos.

Los movimientos de Rosalie eran tan envarados como sus palabras. Se acercó a la ventana. En el aire que la rodeaba danzaban sombras; Emmett había visto danzar esas mismas sombras en los ojos de Paul: figuras informes que saltaban y giraban al borde del abismo. Ahora revoloteaban alrededor de Rosalie, como una comitiva de azafatas de pesadilla.

Él no sabía qué hacer ni qué decir, de manera que aguardó.

-¿Podemos irnos? -Rosalie lo miró por encima del hombro-. No puedo hacerlo aquí.

-¿Hacer qué?

Ella lo observó, aparentemente de modo inexpresivo -Eso de lo que hablamos el otro día.

Y entonces él supo que, fuera lo que fuese lo que ella no iba a contarle, era lo bastante horroroso para que hubiese decidido abandonar a Paul.

-¿Me ayudarás, Emmett? Necesito poner las cosas en su lugar.

Durante un momento, él no estuvo seguro de si era Rosalie o Paul quien le hacía la pregunta: la voz de la joven sonaba extraña, sus palabras no concordaban con su entonación habitual. Pero eso no importaba. Las sombras bailaban en torno a ella, y él le dio la única respuesta que podía darle a cualquiera de los dos:

-Sí, te ayudaré.

Incluso ahora, Rosalie sentía el extraño susurro de Paul a través de su ser. Y era un consuelo, aunque estuviese deseando dejarlo atrás. Lo que Paul le daba, lo que le costaba, no era bueno para ninguno de los dos. A Rosalie le resultaría más fácil si pudiese llamarlo perverso, pero nada de aquello tenía que ver con valores ni ética. Esas respuestas eran demasiado simples. Paul hacía lo que juzgaba necesario para salvar a su grey, lo que creía mejor para su corte... incluida ella. Aunque no era lo mejor para ella ni para las personas que habían visto el terror a manos de la Corte Oscura. No era lo mejor para los miles de mortales que se verían involucrados inevitablemente en los planes de Paul cuando ella perdiese importancia para él o cuando él estuviera más desesperado.

Rosalie sonrió a Emmett. Se hallaban en su vieja habitación. Ella no había vuelto allí desde que se marchara con Paul. Al entrar, la casa se encontraba vacía, como si nadie hubiese estado allí en semanas. De haber podido sentirlo, Rosalie quizá se habría preocupado por su padre, pero sólo notó que quería preocuparse.

«Ocúpate de eso más tarde», se dijo.

Emmett la tomó entre sus brazos, estrechándola tan firmemente como si acabase de salvarla de una caída mortal y la devolviera a tierra firme.

La escarcha que le había entregado otra reina, la del Invierno, siguió al sol: Rosalie sintió como si le atravesaran la piel. Gritó, aunque se mordió los labios para que el sonido no saliera. Gritó como sólo había gritado una vez en su vida.

«Esto no es culpa de Emmett-pensó -. Es mi decisión. Sólo mía.»

-Perdóname -suplicó él mientras introducía la luz solar y la escarcha en su piel, congelando las lágrimas de la tinta, abrasando los restos de sangre de Paul, aniquilando las raíces de la enredadera negra que la tinta de Paul había plantado en el cuerpo de la joven.

«¿Rosalie?», susurró Paul.

Ella lo vio como si fuera un holograma en la habitación. Si no hubiese tenido los ojos cerrados, habría creído que él estaba realmente allí. Alarmado, Paul se puso en pie, perturbando a la elfa acurrucada en su regazo: «¿Qué estás haciendo?»

«Elegir.» Rosalie mordió la colcha para no gritar. Tenía las manos tan apretadas que desgarró el cobertor. Arqueó la columna vertebral y Emmett le apoyó una rodilla en la espalda para inmovilizarla.

Las lágrimas empapaban la manta debajo del rostro de Rosalie.

«Yo soy mía. De nadie más.»

«Pues yo sigo siendo tuyo. Eso no cambiará jamás, mi Dama Sombría.» A continuación, Paul se fue, y Rosalie recuperó sus emociones de golpe.

Emmett apartó las manos y Rosalie volvió la cabeza para mirarlo. El elfo se sentó junto a ella, contemplándose las manos.

-Lo lamento mucho -dijo.

-Yo no.

Rosalie no estaba muy segura de casi nada más, pero de eso sí.

Después la asaltaron dolorosas punzadas en la piel, los recuerdos, el horror... y fue demasiado. Rodó sobre sí misma y vomitó en la papelera. Se le tensó todo el cuerpo mientras la recorría el dolor. En su rostro, las lágrimas se unieron al sudor mientras percibía fogonazos de frío y calor. Músculos que ignoraba que tuviera se retorcían en respuesta a su angustia.

Pese a todo, Rosalie fue capaz de sonreír por un instante. Era libre. Dolía atrozmente, pero era libre.

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Por fin Rosalie se decidió a dejar a Paul, ahora ¿Qué creen que pasará? ¿A quién elegirá Rosalie?

Espero sus reviews.

Nos leemos mañana.