NOTA: Quiero ofrecer una enorme disculpa a todos mis lectores, sé que tardé casi tres meses en actualizar esta historia y en serio agradezco enormemente la paciencia de quienes siguen leyéndola y esperaban con ansia este capitulo. Recientemente han estado pasando muchas cosas en mi vida, la inspiración no estaba precisamente de mi lado, aunado a varias cuestiones personales, no había tenido oportunidad de actualizar. No quería simplemente escribir cualquier cosa y subirla, porque le tengo mucho cariño y respeto a esta historia, y a ustedes como lectores, es por eso que demoré tanto. De nuevo lamento no haber podido actualizar antes. La inspiración volvió así que espero ser más constante y actualizar al menos cada dos o tres semanas. Muchas gracias por su apoyo para esta historia, sin más preámbulos, aquí está el nuevo capitulo (ligeramente más largo, para compensar). Disfrútenlo.
GEORGINA POV:
El carruaje descubierto estaba listo cuando salimos, llevaría yo sola a Lucille a conocer el pueblo, compraríamos un almuerzo allá y volveríamos para un picnic en los huertos, para después recorrer el castillo, las caballerizas y los jardines. Tenía todo perfectamente planeado. Sería amable y coqueta, aunque no demasiado para no asustarla, pero principalmente sería yo misma, dejaría que conociera a la verdadera yo.
─ Te mostraré los mejores lugares del pueblo ─ le dije a Lucille ayudándola a subir al carruaje ─ Tenemos una Universidad, una biblioteca publica, un teatro, un museo, muchos sitios donde comer, te encantará.
─ Es una de mis partes favoritas de los viajes ─ mencionó Lucille mientras me sentaba junto a ella ─ conocer los pueblos, sus lugares más representativos, a la gente, es precioso. Puedes aprender tanto de una ciudad platicando con la gente que vive en ella. Y este carruaje, me encanta que este abierto, podemos ir viendo todo el paisaje. Montar es divertido, pero vas demasiado rápido para apreciar los detalles.
─ ¿Sabes montar? ¿Tú sola? ─ le pregunté impresionada ─ Son pocas las mujeres que saben, siempre van arriba del carruaje, o en un caballo acompañando al jinete.
─ No soy como todas las mujeres, Georgina ─ me respondió guiñándome el ojo ─ Aprendí a montar poco después de dejar Francia, un amigo me enseñó. También puedo caminar largas distancias a pie, puedo cocinar casi lo que sea, sé más de medicina que muchos doctores universitarios, hablo varios idiomas, toco algunos instrumentos musicales y soy buena gimnasta.
─ Suenas casi como mi chica ideal ─ le respondí buscando ponerla nerviosa.
─ ¿Casi? ─ me preguntó con una sonrisa y un ligero sonrojo en las mejillas ─ ¿Qué me falta, Su Majestad?
─ Bueno… ─ no sabía que responder, me había tomado por sorpresa, esperaba una risa, un sonrojo y que cambiara el tema ─ Si te gustaran las mujeres serías mi chica ideal.
─ ¿Y quién dice que no me gustan? ─ esa Lucille segura y directa, la misma que era hablando de medicina, salía a relucir ahora, respondiendo a mis coqueteos con soltura, dejándome muda ─ Anoche… la persona de la que te hablé, sólo te dije que me había enamorado de alguien en China, pero tuvimos que separarnos. Era una mujer, yo la amaba y ella a mí… ─ su tono de voz cambió por uno más bajo, un tanto triste ─ pero en China el honor y la familia son las cosas más importantes, salir con una mujer sería deshonor, y no aceptar el matrimonio que le arreglaron sería una traición familiar, al final ella eligió casarse con el hombre que sus padres eligieron, dejé China de inmediato, seguí viajando y heme aquí.
─ Lo siento mucho… ─ no sabía que decir, me sentía feliz de que le gustaran las chicas, pero pude sentir la tristeza que guardaba en su corazón, ¿Cuántas mujeres más, con el corazón roto por tener que cumplir con las expectativas de los demás, existirían? ─ Si te sirve de consuelo, tal vez no era tu destino, es decir, sí estabas destinada a conocerla, pero no a quedarte con ella. Todas las cosas que nos pasan, las personas que conocemos, a las que amamos, pero con quien no podemos llegar a más… todas y cada una de ellas son parte del camino que nos lleva a reunirnos con nuestro amor verdadero.
─ Vaya, eso fue muy lindo ─ me respondió con una sonrisa genuina ─ En Japón hay una leyenda, dice que un hilo rojo, invisible a nuestros ojos, nos une con nuestra alma gemela, el hilo puede enredarse, tensarse, pero no romperse. Supongo que mi hilo rojo está unido a alguien más.
─ Tal vez está más cerca de lo que piensas ─ Lucille me miró con una sonrisa que no supe descifrar, su rostro se acercaba lentamente al mío… el carruaje dio un salto de pronto, estaba tan concentrada en Lucille que me olvidé de vigilar el camino, habíamos pasado por encima de una pila de rocas ─ ¿Estás bien? No vi esas rocas, y al parecer el caballo tampoco.
─ No pasó nada, estoy bien ─ me respondió un poco nerviosa, esa interrupción… si no hubiéramos pasado sobre esas rocas…
Un silencio incomodo se apoderó del ambiente, ninguna sabía bien que decir, por suerte habíamos llegado al pueblo.
─ Muy bien amigo, tú quédate aquí, regresamos luego ─ dije liberando al caballo del carruaje y dejándolo junto al cubo de agua ─ Es un reino muy seguro, jamás me han robado nada a mí, y hasta donde sé a ninguno de los habitantes.
ELSA POV:
Había leído la carta unas diez veces. El reino de Kirkenes era uno de los reinos más poderosos y temibles de la región, no es que fueran realmente malvados, simplemente se habían hecho de mucho poder. Claro que me había imaginado que en algún punto de mi vida pasaría algo así, pero jamás pensé que vendría de la mano del reino de Kirkenes. Sí, estaba asustada, sabía de lo que ese reino era capaz, harían cualquier cosa por conseguir lo que quieren. Rechazar su propuesta sería meter a Arendelle en un conflicto armado para el que no estábamos preparados. Claro que aceptar la propuesta tampoco era una opción.
Miré el reloj, le había prometido a Anna desayunar con ella apenas respondiera la carta, pero llevaba más de una hora en mi oficina. ¿Qué iba a decirle? "Amor, tengo que casarme o el reino entrará en guerra" ¿Qué podíamos hacer? ¿Huir? No, era demasiado peligroso, además no teníamos en manos de quién dejar el reino. ¿Pelear? No teníamos ni ejercito ni armamento suficiente, tardarían más en llegar que en derrotarnos. Por primera vez me sentí atrapada bajo el peso de mis decisiones. Sólo una persona podría entender un poco de lo que estaba pasando. Le escribí a Georgina una carta explicándole todo lo que estaba pasando, incluso copié palabra por palabra la carta de Kirkenes, quizá ella tuviera una idea de cómo ayudar.
─ ¿Elsa? ─ dos golpes en la puerta la voz de Anna ─ ¿Está todo bien?
─ Adelante, pasa ─ dije guardando ambas cartas en el cajón, no podía decirle nada hasta que tuviera un plan ─ Está todo bien, sólo me entretuve con algunas cartas más que debía enviar, lo lamento.
─ Muero de hambre, vayamos a desayunar ya ─ respondió llevándose la mano al estómago.
─ Claro, adelantate, te alcanzaré en un segundo, sólo pondré las cartas en sus sobres y le pediré a Podrick que las lleve ─ Anna frunció el ceño y salió de la oficina.
Metí la carta para Georgina en un sobre en calidad de urgente, y escribí una nota para el mensajero del rey de Kirkenes.
"Su Majestad, me halaga su propuesta, y me gustaría pensarlo con más detenimiento, además justo hoy parto a un viaje de negocios, sin embargo, estaré encantada de recibirlo a usted y a su hijo en cuanto regrese de mi viaje. Me encargaré de escribirle en cuanto vuelva para planear nuestra reunión."
Entregué ambas cartas a Podrick para que se encargara de hacerlas llegar a su destino y me reuní con Anna en el comedor.
─ Estás muy extraña hoy ─ dijo Anna en cuanto me senté a su lado, había empezado a desayunar sin mí ─ ¿Qué fue todo eso de tu oficina? Parecía que me ocultabas algo.
─ ¿Qué? No, para nada, sólo cosas de trabajo, nada que preocuparse ─ respondí tocando la campanilla, de inmediato una de las cocineras apareció a preguntarme que quería desayunar ─ Solamente una taza de café.
─ Elsa, no puedes desayunar sólo eso, es la comida más importante del día ─ me regaño Anna ─ Por favor tráigale también un omelette y una ensalada de frutas.
─ Como ordenen, Sus Majestades ─ respondió la cocinera retirándose.
─ Elsa, supongo que está de más decirlo, pero ─ bajó la voz para que sólo yo pudiera escucharla ─ una relación se basa en la confianza y la honestidad.
─ Anna, no seas paranoica, no pasa nada ─ respondí, justo en ese instante la cocinera regresó con mi desayuno, esperé a que se retirara ─ Ya te dije, simplemente tenía que arreglar algunos asuntos pendientes y no quería que te aburrieras.
─ Si tu lo dices… ─ respondió para seguir comiendo su desayuno, hice lo mismo con el mío, comimos en medio de un silencio incómodo.
─ Su Majestad ─ Podrick entró al comedor con su aire formal ─ Ya entregué la carta al mensajero, y la carta para la reina Georgina ya está camino en un barco que acaba de zarpar, será entregada a la brevedad.
─ Gracias Podrick, puedes retirarte ─ respondí, Anna me miraba, una mirada gélida, si tuviera mis poderes el castillo entero estaría congelado.
─ ¿Así que… la reina Georgina? ─ preguntó con un tono de voz frío ─ No sabía que seguían escribiéndose, y en calidad de urgente al parecer. Podrías haberlo mencionado.
─ Sólo son asuntos de trabajo ─ respondí tragando saliva, no sabía como excusarme, pero definitivamente aun no podía decirle lo que sucedía a Anna, mucho menos ahora ─ Era urgente porque necesito su consejo sobre algunos asuntos. Tú sabes que eso ya terminó.
─ Aparentemente no ─ me respondió levantándose de la mesa y saliendo del comedor, pensé en seguirla, pero tampoco así sabría qué decirle. Cuando Anna se molestaba lo mejor era dejarla sola.
LUCILLE POV:
Las Islas del Norte eran un reino muy diferente a la mayoría de los que conocía, era un lugar mucho más moderno y adelantado, aparentemente centrado a las artes y el espectáculo. Su Universidad sí recibía mujeres, aunque todas se interesaban en las artes y no en las ciencias, o tal vez no sabían que podían interesarse en ellas. Había demasiado que mirar, demasiado que visitar, con justa razón era uno de los principales puntos turísticos de la zona, hacían falta varios días para recorrerlo todo. Georgina había prometido acompañarme a conocerlo todo. Ese día nos enfocamos a recorrerlo por fuera, ya otro día entraríamos a los lugares interesantes, pero recorrerlo por fuera también era un deleite, porque gozaba de una arquitectura hermosa.
Toda la mañana se nos fue en hablar del pueblo y los edificios, no habíamos tenido oportunidad de hablar de lo que había pasado en el carruaje… ni siquiera estaba segura de si había pasado algo. La reina estaba coqueteando conmigo ¿Verdad? No estaba segura, nunca había pasado por algo así, Lin no coqueteó conmigo, todo nació de la amistad, no hubo coqueteo, simplemente llegamos a ese punto donde era inevitable estar juntas, donde nos atraíamos como imanes. Yo tampoco conocía muy bien el arte de la conquista, ni siquiera tenía una estrategia, porque en el fondo sabía que ninguna de las mujeres que me gustaban me correspondería, así que me limitaba a ser su amiga. Sin embargo, ese instante en el carruaje, cuando nuestros rostros se acercaron… estuvimos a punto de besarnos.
─ Lista ─ Georgina acababa de volver del tocador ─ Disculpa, demasiado café esta mañana.
─ No te preocupes ─ respondí sonriendo, alejé los pensamientos de mi mente, porque si seguía pensando en ello, y preguntaba algo, tal vez arruinaría el resto del paseo, no quería otro silencio incómodo ─ La cocinera dijo que nuestro almuerzo está listo, que se lo pidamos antes de irnos.
─ Claro, te encantará el lugar en el que comeremos, es hermoso, y entonces sí, responderé a todas tus preguntas.
Nos entregaron nuestro almuerzo en una canasta que tenía tanta clase y elegancia como el lugar en el que la compramos.
Tal como había dicho Georgina, tanto el caballo como el carruaje estaban intactos, esperándonos. En todo el reino se respiraba ese aire de seguridad, confianza y alegría característico de los reinos bien gobernados, donde a nadie la falta nada y todos son tratados con justicia y equidad.
El camino de vuelta se nos fue en conversar acerca de la comida típica de los lugares en los que he estado, Georgina presumía que la de las Islas del Norte las superaría a todas.
Regresamos al castillo y llevamos al caballo de vuelta a las caballerizas.
─ Ya que sabes montar, te propongo algo ─ dijo Georgina guiándome a otra de las caballerizas ─ Quiero presentarte a un amigo, se llama Whisky.
Un hermoso caballo negro salió de ahí, tal como su dueña, el caballo irradiaba porte y elegancia. Un segundo caballo salió de las caballerizas, igual de altivo, pero en color caramelo.
─ Y este es Sidra ─ reí ante los nombres de los dos equinos ─ ¿Por qué no vamos a los huertos en caballo?
─ ¿Modo paseo o modo carrera? ─ le pregunté soltando una carcajada, tenía tiempo sin montar un caballo, pero son cosas que nunca se olvidan.
─ Modo carrera estaría perfecto para mí ─ respondió con una mirada retadora ─ pero no sabes donde están los huertos. Tal vez la próxima vez, esta vez vayamos lento y disfrutemos del paisaje.
Georgina tomó a Whisky, mientras que yo viajé en Sidra. Ella tenía razón el paisaje a los huertos era hermoso, y aunque los caballos parecían tener la fuerza para ganar una carrera, también tenían un andar lento y tranquilo que hacía del paseo algo muy disfrutable.
─ Bueno, te escucho ─ dijo Georgina casi en cuanto avanzamos ─ ¿Qué querías preguntarme?
─ Uhm, en realidad no sé por donde empezar, la verdad no es que tenga un interrogatorio elaborado ─ respondí apenada ─ simplemente me gustaría conocer más a la verdadera Georgina.
─ Te conté la historia anoche ─ me respondió ─ cuando era niña…
─ Esa es la persona que fuiste, y me encantó conocer esa historia, pero tu relato terminó con que esa chica, Elsa, terminó contigo. ¿Qué pasa después? ¿Quién es Georgina ahora?
─ La noche que Elsa terminó conmigo lloré muchísimo, pero también me di cuenta de algo. No quiero rendirme. Creí que ella era mi amor de verdad, pero no lo era. Sin embargo, conocerla me hizo darme cuenta de que sí existe una persona para cada uno de nosotros, que realmente existe el amor de verdad. Me hizo creer de nuevo, me devolvió la esperanza. Quiero encontrar a mi amor de verdad, y no importa por cuanto tiempo deba buscarlo, porque sé que está ahí, esperándome. Y cuando de verdad la encuentre, lucharé por ella, sin importar los prejuicios, ni los obstáculos ni nada. Eso lo aprendí de Elsa. No sé, creo que el destino tiene maneras muy curiosas de actuar, pero al final todo sucede por algo.
─ Puede que tengas razón respecto a como juega el destino ─ le respondí haciendo memoria ─ Sé que suena a una locura, pero el que yo esté aquí no es coincidencia. Entré a un bar sin saber bien por qué, ni siquiera me gusta demasiado beber, pero hacía mucho calor, buscaba protegerme del sol y una cerveza no me caería nada mal. Justo ese día iba vestida como chico por seguridad, el pueblo en el que me encontraba no era muy respetuoso cuando de chicas solas se trataba. Así que el destino quiso que justo ese día pudiera entrar al bar sin problemas. Pedí una cerveza, el tabernero sólo me miró como si fuera demasiado joven para beber, pero cuando saqué el billete no dijo nada. Me quedé en la barra, la cerveza no estaba mal. Junto a mi un hombre habla con otro, le contaba que el rey del reino del que venía estaba enfermo, y lo habían enviado en busca del mejor doctor del pueblo. Temí que la voz me delatara así que no pregunté nada, me limité a escuchar. En apenas un par de minutos supe que se trataba del rey de las Islas del Norte, y que sus síntomas coincidan con los casos que acababa de tratar. Por eso llegué aquí. Fue el destino ¿No crees? Porque pude estar usando un vestido ese día, estuve a punto de hacerlo de hecho, por el calor que hacía, pero al final opté por pantalones. Si no hubiera entrado justo en ese instante no hubiera escuchado la conversación. Si tu enviado hubiera sido más discreto, no revelaría tantos detalles y no habría llegado hasta aquí… O tal vez todo fue una coincidencia, una serie de coincidencias. No lo sé, pero me alegra estar aquí…
GEORGINA POV:
Habíamos llegado al limite de los huertos, por lo que tuve que interrumpir a Lucille para que bajáramos de los caballos.
─ Sí, es el destino ─ le dije ayudándola a bajar de Sidra. No sabía qué más decir. Las ganas de besarla crecían dentro de mi y la sensación de que ella también quería que la besara aumentaba.
─ ¿Comemos? ─ me preguntó bajando la canasta de Whisky, asentí con la cabeza y la ayudé a colocar el mantel y sacar las cosas ─ Bueno, ahora te preguntaré una serie de trivialidades sin sentido. ¿Color favorito?
─ Probablemente sea el negro ─ respondí un tanto confundida por el cambio de tema. Comenzamos a comer.
─ Que sombría, el mío es el rojo. ¿Estación favorita del año?
─ El otoño, suena infantil, pero me encanta ver teñirse todo de naranja y marrón, y luego pisar las hojas secas que caen de los arboles…
Al parecer sí que tenía un interrogatorio armado, porque pasamos todo el almuerzo hablando de cosas sencillas, ella preguntaba, yo respondía y luego ella respondía su propia pregunta. Tal vez fueran cosas simples, pero sentía que la conocía un poco mejor.
─ Hay un lago, no muy lejos de aquí, podemos ir a pie, los caballos pueden quedarse a descansar ─ le dije cuando nos terminamos toda la comida ─ te encantará.
─ Claro, vamos ─ me respondió poniéndose de pie. Guardamos todo en la canasta y caminamos hacia el lago.
Eché de menos un poco a la antigua Georgina, la que hubiera tomado de los hombros a Lucille y la hubiera besado apoyándola contra un árbol. Pero esa era la Georgina que solo buscaba pasar un buen rato y disfrutar un poco. Esta vez estaba nerviosa, Lucille me gustaba, demasiado, y no quería estropearlo, definitivamente no quería estropearlo.
─ Vaya… es hermoso ─ soltó Lucille en cuanto pudo ver el lago, y salió corriendo hacia él ─ Que lugar más encantador. ¿Tiene animales peligrosos?
─ ¿Qué? No, claro que no, sólo algunos peces ─ respondí confundida ─ ¿Por qué lo preguntas?
Por toda respuesta Lucille se sacó el vestido por los hombros y se lanzó al lago.
─ Ven aquí, el agua está deliciosa ─ me gritó desde el lago, negué un par de veces con la cabeza, evitando verla. ¡Estaba semi desnuda! ¡En el lago! ─ Anda, hace un momento dijiste que te gusta mucho nadar.
─ Sí, pero… no tengo traje de baño, y estamos en un lago…
─ Por favor, nada conmigo, Georgina
La sonrisa que mostraba Lucille en ese momento era tan hermosa, tan resplandeciente, su mirada clara y dulce, su voz llamándome. Era el momento de dar el salto, no podía estar asustada de ella, ni de mí, ni de mis sentimientos. Me saqué la ropa para quedar en ropa interior y salté al lago.
LUCILLE POV:
Había tres cosas que amaba. La medicina, la música, y el agua. El lago era tan hermoso, con un agua tan cristalina, que no lo pensé dos veces, me saqué el vestido y salté. El agua estaba deliciosa. Siempre pensé que estar en el agua era la verdadera libertad. Todos tus problemas, las dudas, las penas, todo se lo lleva el agua.
─ Ven aquí, el agua está deliciosa ─ le grité a Georgina, que me desviaba la mirada ─ Anda, hace un momento dijiste que te gusta mucho nadar.
─ Sí, pero… no tengo traje de baño, y estamos en un lago…
─ Por favor ─ la interrumpí, yo estaba tan feliz, por primera vez en meses reía genuinamente, quería que Georgina fuera libre conmigo, estaba lista para intentarlo de nuevo ─ Nada conmigo, Georgina.
Georgina se me quedó mirando, se quedó así unos segundos, entonces se quitó la ropa y saltó.
Nadé hacía ella y la abracé bajo el agua. Me sentía tan viva, tan valiente, tan yo misma. La miré a los ojos, perdiéndome en su mirada, mi corazón latía con fuerza, sentía que se me iba a salir del pecho, ella también me miraba, jamás había sentido algo así. Y sin dudarlo ni un segundo, la besé.
