Capítulo Treinta y Siete: Todo Cae en su Sitio

Emma se sentía como una niña otra vez mientras se escabullía a lo largo de los muchos pasadizos ocultos de su nueva casa, el palacio de su amada, la ex reina malvada. Ellas habían estado viviendo en el palacio por casi dos semanas, y sólo le había tomado dos días a la princesa de cabellos dorados descubrir el primero de muchos pasadizos secretos. Había sido uno de sus pasatiempos favoritos cuando pequeña en el Castillo Blanco, y dada su naturaleza aventurera y su mente curiosa, simplemente no podía evitarlo. El castillo de Regina era enorme y de intrincado diseño, cada pasadizo secreto hecho con un propósito claro y Emma podía sólo imaginar a Regina o incluso una joven Snow White corriendo por el castillo, oculta dentro de los muros, espiando a los demás o simplemente escondiéndose de las responsabilidades y cuidados que no deseaban atender.

Regina encontró el entusiasmo de Emma por el laberinto de pasadizos secretos y recámaras simplemente adorable, se deleitaba con la forma en la que la cara de la rubia se iluminaba cuando ella llegaba corriendo desde atrás de una enorme pintura, espejo, o tapiz haciendo a Blue, o incluso a la misma Regina, aullar por la sorpresa. Red, sin embargo, rara vez se mostró sorprendida, ya que sus sentidos intensificados, por supuesto, a menudo le informaban de la llegada de la princesa mucho antes de que en realidad apareciera. La reina caída tomó gran placer por la emoción de Emma sobre el descubrimiento de los muchos secretos que su palacio tenía para ofrecer. Deseaba sólo que el lugar se sintiera como una casa para la princesa, como su casa.


Red se sentó encima de la gran cama de una de las muchas recámaras reales de su nuevo hogar. Había escogido unos aposentos relativamente cerca los compartidos por Emma y Regina, siempre con ganas de estar cerca de su hija en caso de que alguna vez fuera necesaria, a pesar de que había mantenido una distancia decente, así, con ganas de darles a las dos mujeres su vida privada y no parecer una madre tan dominante. Casi dos semanas habían ido y venido, y la loba aún tenía dificultades para creer que ahora vivía en un palacio, y no cualquier palacio, sino el de la ex reina malvada—un castillo del tamaño de un pequeño país con más habitaciones de las que se podrían explorar en el plazo de un mes. Sí, había sido la amiga más querida de la reina reinante, Snow White, y había visitado el Castillo Blanco en muchas ocasiones, a menudo pasando varios días y noches allí en un momento, pero en realidad nunca había vivido en condiciones tan exuberantes y lujosas. Ella se estaba acostumbrando a ellas, sin embargo, y los jardines del castillo de Regina se extendían más allá de la vista, ricos en bosques, jardines y prados, lo que significa que durante el tiempo del lobo, Red podría correr con el deseo de su corazón y eso realmente le emociona.

Las orejas de la alta morena se animaron mientras los sonidos apagados de pies arrastrándose y una respiración se filtraba a través de los gruesos muros de piedra de sus aposentos. El olor familiar de la luz del sol, hierba fresca, y algo más rico que era enteramente de su hija trajo una hermosa sonrisa al rostro de la loba. Emma. La rubia se pasaba gran parte de sus días en los prados en los últimos tiempos, explorando los vastos terrenos, y el olor de la naturaleza había llegado a cubrir su propia piel, lo que se notaba.

"Puedes muy bien entrar, Emma," anunció Red a la habitación aparentemente vacía, riendo en voz baja mientras escuchaba el silencioso suspiro de su hija. Sólo segundos después, una gran estantería a la derecha de la enorme cama se desplazo hacia adelante antes de deslizarse suavemente de su posición para revelar una abertura estrecha y los cabellos dorados de Emma. Ese fue el primer pasaje que la princesa había descubierto en el palacio y había influido mucho en la elección de Red por estas recámaras ya que este corredor oculto se dirigía especialmente a los aposentos de la loba desde la gran pintura a las afueras de las puertas de la propia alcoba de Emma.

"Nunca te puedo sorprender," se quejó la rubia mientras entraba en la habitación. Se arrastró sobre la cama mientras que la estantería se movió de nuevo a su posición original. Red sólo se rió y esperó a que Emma rodara sobre su espalda y apoyara la cabeza en el regazo de la morena antes de dejar caer sus manos en la comodidad familiar y acariciar con ritmo el cabello salvaje y hermoso de su hija. "Siempre me sientes."

"Ah, sí, las muchas desventajas de tener a un hombre lobo como madre," Red rió antes de dejar que la sala de cayera en silencio. Sabía que algo estaba molestando a su hija ya que Emma sólo se metía en su cama o en su regazo cada vez que estaba realmente necesitada de la clase de comodidad que sólo una madre puede dar, y sabía que la princesa se abriría a ella sin preguntar. Simplemente tenía que encontrar sus palabras y, tal vez, su coraje, para hablar de lo que fuera que hoy la afectaba.

Red se deleitaba con momentos como estos, los apreciaba más allá de todo, ya que siempre la llevaban de vuelta a los días de la infancia de Emma, cuando ella gritaba por Red en medio de la noche. La loba la acunaba y mecía, cantando y calmando a la chica hasta que pudiera caer suavemente dormida de nuevo, ya no atormentada por las pesadillas o miedos por su bruja maldita. Era en esos momentos, en medio de la noche, con una chica de cabellos dorados envuelta con seguridad en su abrazo, que Red se sentía verdadera y maravillosamente importante. Se sentía necesaria, adorada—vital; responsable de la vida de otro, por la felicidad de otro. Era realmente el mejor tipo de sentimiento, aterrador, así como increíble, y tan profundamente conmovedor. Nada, ni siquiera la sensación de vivir en el cuerpo de un lobo, nunca la había hecho sentir más viva y más potente. Nada le había importado tanto como la pequeña princesa que la había necesitado más de lo que nadie la había necesitado en toda su vida, la pequeña princesa que se había convertido en la hermosa, joven mujer ahora situada dulcemente en su regazo, aún y siempre necesitándola.

"¿Puedo hablar con libertad, madre?" Preguntó Emma en voz baja, sus palabras expulsadas en un profundo suspiro, cuando finalmente rompió el silencio de la habitación.

"Por supuesto, amor," dijo Red, sus suaves manos aún tejiéndose a través de los rizos de su hija. "Siempre puedes venir a mí con tus problemas, Emma. Puedes hablar conmigo de cualquier cosa. Lo sabes."

Emma tomó aire antes de asentir y susurrar: "Estoy en conflicto." Red simplemente asintió, esperando que la rubia continuara, y lo hizo. "Yo... Regina y yo, todavía no hemos tenido intimidad física desde nuestro primer encuentro." Sus pálidas mejillas sonrojadas por un profundo carmesí, ansiosa de que un tema como éste pudiera causar molestias a su madre, pero la morena sólo continuo acariciándola, con una simple sonrisa de entendimiento asentada sobre sus labios, mientras permanecía abierta y escuchando.

"La deseo," continuó Emma, "tan ferozmente como una persona puede desear a otra. Tengo muchos deseos de tenerla y expresarle mi amor en cada forma, y sin embargo, yo... Yo estoy detenida por el miedo, por mi inseguridad. Creo que Regina lo siente tanto como yo puedo sentir su deseo a través de nuestro vínculo y, sin embargo, nunca me empuja, y muchas noches, simplemente nos acostamos juntas. Nos reímos y conversamos hasta que amanece, y muchas veces, sufro por tocarla, pero yo... Yo..."

"Tienes miedo," Red terminó por ella, en voz baja.

"Sí," susurró la princesa, asintiendo con la cabeza. "Ella es como el fuego en mis propias venas, y cuando nuestros labios se tocan o nuestras pieles se rozan, mi cabeza se vuelve un lío mareado de pensamientos y emociones. Las sensaciones son tan abrumadoras, tan poderosas, y quiero darme a ellas. Quiero ser dominada por ellas, pero también quiero complacerla. Quiero sentir más placer de lo que he deseado nada en mi vida."

"¿Y tienes miedo de ser incapaz de hacerlo?" Red preguntó a sabiendas.

"Lo tengo," dijo, una lágrima deslizándose de un orbe esmeralda. "Cuando hicimos el amor, Regina fue maravillosa, y cuidadosa, y... Perfecta, y aunque deseaba darle el mismo placer, no le puse una mano encima. Sucumbí a mi miedo y mi cansancio."

"¿Has hablado con ella de esto?"

"Sólo una vez," Emma le respondió a su madre. "Fue en la mañana después. Expresé mi temor, y me pidió que no me preocupara, que sería instintivo y que iba a aprender bien con el tiempo."

"Ella está en lo cierto, sabes," dijo Red suavemente después de unos momentos de silencio. A la loba le dolían las inseguridades de su hija, aunque no podía dejar de sentirse eufórica de que Emma se sintiera tan cómoda como para compartirlas con ella, como para compartir esas confesiones confidenciales y secretos de su alma. Ella se deleitaba con esa sensación de nuevo, la sensación de ser necesaria. "Es una cuestión de instinto y sin duda vas a aprender con el tiempo, Emma. Es natural, sin embargo, preocuparte y estar insegura."

"No tengo ninguna experiencia en el asunto," dijo Emma, su voz quebrándose un poco mientras continuaba. "Yo deseo sólo complacerla, que se sienta tan intensa y maravillosamente saciada como yo. Pero, me siento inútil al hacerlo. Sólo quiero proveérselo, madre, y aún así me siento como si no tengo nada para dar. No puedo darle a ella nada que aún no haya ganado o le hayan dado en otra vida, en su vida como reina. Ella tuvo muchos amantes, riqueza y un poder increíble. ¿Cómo podría estar, siempre permanecer, satisfecha conmigo cuando todo que antes tenía era mucho más?"

Las lágrimas ya corrían en un flujo constante por las mejillas de la princesa mientras se acurrucaba aún más en el regazo de su madre, con la cabeza acariciando el abdomen de la morena. A Red le dolía profundamente el miedo de su hija, las lágrimas de la rubia que hablaban a volúmenes incluso más fuertes que sus palabras. Sólo podía imaginar la verdadera intensidad de la inseguridad de Emma. El pasado de Regina era ciertamente intimidante y parecía, a primera vista, una historia grande y lujosa, sin embargo, Red sabía, y ella creía que Emma realmente sabía muy bien, que la superficie sólo existe siempre para ocultar lo que hay debajo. Regina nunca había conocido a un verdadero confort en su vida como reina o incluso antes. La máscara grandiosa de su rica vida siempre fue nada más que un lugar seguro para ocultar todo lo que realmente sentía—su propio miedo, su propia profunda y resonante pena, su propio dolor y su propia soledad terrible. Red lo sabía bien. Lo podía ver en los ojos de Regina, podía sentirlo en la forma en la que la reina caída se aferraba tan bien y con tanta desesperación a Emma y a todas ellas, a su nueva familia, tal vez la única familia que Regina había conocido realmente nunca.

"Oh, Emma," susurró Red, rozando las lágrimas de su hija con sus suaves dedos. "Debes saber, hija mía, que el pasado de Regina, su vida como reina, nunca fue realmente suya. Su riqueza y poder, incluso sus antiguos amantes, nunca pudieron llenar el vacío en su interior. Ella no era feliz en esa vida, Emma, era profundamente infeliz, y aunque puedes temer no tener nada que ofrecerle, y aunque puede que tengas poca experiencia en la que confiar, tú tienes algo que darle. Tú tienes lo único que Regina ha querido alguna vez realmente."

"¿Qué?" Preguntó Emma, con la cara enterrada en el abdomen de Red y su voz ahogada por el material allí, haciéndola parecer y sonar como la niña pequeña que una vez había sido.

"Amor, Emma," dijo Red, sonriendo dulcemente hacia abajo a su cachorro, "Amor verdadero, eterno, e incondicional." Estas palabras sacaron la cabeza de la princesa de donde había estado escondida en los brazos de su madre. Ella miró a la loba y no pudo dejar de hacerle eco a la sonrisa de su madre. Amor. Ella sí tenía eso. Ella tenía una gran cantidad del mismo, y a eso se refería Regina, su amor era feroz y eterno.

"Eso es todo lo que Regina necesita, Emma. Eso es lo que realmente hace que su corazón cante. Eso es lo que realmente la hace feliz, y cuando se tiene amor, Amor Verdadero, todo lo demás encaja en su sitio, mi amor. Cuando tienes esa clase de amor, no tienes por qué temer nada, Emma. Sus corazones y sus cuerpos serán uno. No puedes hacer nada más sino complacerla; no estará dentro de ti a fallar ¿Lo ves?"

Emma devoró las palabras de consuelo, dejando que la verdad en ellas aliviara su alma furiosa, y por primera vez desde aquella noche gloriosa con su amada, se sentía verdadera y abrumadoramente lista. Se sentía confiada. Se sentía como si pudiera conquistar universos con su pasión y con su amor. Red siempre podía hacer que se sintiera como tal—tan invencible, perfecta y brillante como era.

Sin hacer caso a lo infantil que parecía, Emma se levantó de su puesto y se arrastró, cuerpo completo, derecha en el regazo de su madre. Red aceptó su peso fácilmente mientras Emma se enredaba sus brazos fuertemente alrededor de la morena sólo para abrazarla con ferocidad. "Gracias," susurró Emma, en el cabello chocolate suave de Red, y las dos aspiraron el olor familiar y reconfortante de la otra.

"Siempre, Emma." Red plantó un tierno beso en la sien de la princesa y sólo la abrazó con más fuerza. "Siempre."


Emma salió de la habitación de Red través del pasadizo oculto detrás de la estantería, saliendo detrás de una enorme pintura a las afueras de las puertas de los aposentos que compartía con su Alma Gemela. El corazón le latía en el pecho, pero su cuerpo estaba crepitante con la energía, con el deseo, y con una gran confianza que acababa de descubrir. Podía sentir a Regina dentro por lo que se deslizó en silencio a través de las grandes puertas dobles, cerrándolas y bloqueándolas detrás de ella.

Podía ver que las masivas, de-piso-a-techo, ventanas dobles enfrente a la cama compartida estaban abiertas, lo que significaba Regina estaba en su amado balcón. Emma sabía cuánto amaba ese balcón la reina caída, contemplando desde arriba la gran extensión de tierras que una vez gobernó y miraba, imaginando la libertad y el deseo de escapar, mirando a las estrellas y la esperanza de verlas caer por ella. El balcón había sido su único refugio por los muchos, y dolorosamente largos años.

La princesa cruzó la sala de estar hasta el arco abierto de las ventanas, y efectivamente, allí encontró a su amor, inclinándose con gracia en la barandilla del balcón, su figura perfecta vestida con un elegante vestido simple, del color de la noche, y todo su cuerpo inundado por la luz del sol poniente. El aliento de Emma se enganchó firmemente en su garganta, la vista apretaba su corazón como un puño desesperado y enviaba rugientes olas de deseo ondulantes a través de su cuerpo, pero su confianza, en esta ocasión, no vaciló. Ella estaba lista. Ella quería esto, lo necesitaba más de lo que las palabras lo podían expresar. Sufría por tener a Regina, por complacerla en todo lo posible.

Regina, perdida en sus pensamientos sobre su balcón mientras contemplaba la belleza de la tierra adyacente ya lavada en rojos, amarillos y naranjas, sintió un escalofrío repentino dispararse por su espalda. Su cuerpo al instante sonó y se estremeció cuando el aire a su alrededor creció grueso y fuerte por la tensión. Ella giró en el lugar sólo para que el aliento golpeara con fuerza a través de sus labios al ver a su amada princesa de pie en el arco abierto, la luz del sol que entraba decoraba su cabello dorado. Había un hambre en los ojos de Emma que Regina nunca había visto allí, sabía de la pasión de la princesa por ella, la había sentido profundamente en su primera noche hermosa haciendo el amor cuando Emma le había dado voluntariamente y con amor su inocencia a la reina caída, sin embargo, no habían tenido relaciones íntimas desde esa noche. Regina había sido capaz de sentir la inseguridad de su amor y no quería presionarla, no quería hacerla sentir que ella tenía la obligación de cumplir con una relación física para la que podría no estar totalmente preparada. Sus ojos ahora, sin embargo, sólo hablaba a volúmenes de la confianza y el puro, y sin adulterar, deseo sin diluir.

Sus miradas se encontraron fuerte y rápido, y el aire crujía deliciosamente con la energía de Emma. Regina estaba tan abrumada por la magnitud del deseo rodando violentamente de la princesa que tuvo que respirar profundamente, estabilizándose sólo para mantener su cuerpo en su lugar, para no lanzarse a la rubia y tomarla allí mismo, en el balcón. Su cuerpo ya estaba tan dolorosamente en llamas con su querer que tuvo que apretar con fuerza los muslos para aliviar un poco la presión, mientras esperaba a que Emma se moviera, esperaba por Emma para respirar, esperaba por Emma para decir algo, hacer algo, simplemente esperaba... por Emma.

Podía sentir a Emma abrumadora, sobrecogedora quererla y necesitarla a través de su enlace, y eso la sorprendió y la emocionó. Todo su ser fue llenado tan completamente por la princesa que temía que sus rodillas podrían torcerse bajo ella, sus ganas tan intensas y tan profundo anhelantes que casi no podía pensar ni respirar. Regina no había sido íntimamente tocada o complacida físicamente en dos décadas completas, y sólo había una persona cuyo toque deseaba—Emma. Se sentía como si hubiera estado esperando vidas enteras lo que esperaba iba a suceder, y de una manera, en realidad había. Ella no se preocupaba por la inexperiencia de Emma ya que sabía de todo corazón que nada, que todo lo que la rubia le pudiera dar le emocionaría en formas que ni siquiera podía empezar a imaginar, es decir, si la tensión no la mataba primero, ya que sin duda amenazaba con hacerlo Ahora. Oh dioses, denme fuerza, pensó sólo para ella y esperaba que la rubia no lo oyera.

Justo cuando la tensión se había vuelto demasiado dolorosa de soportar por más tiempo y Regina había decidido romper el silencio, Emma voló a la acción. Se lanzó a través de la terraza, cerrando la distancia entre ellas, y lanzó una mano al cabello chocolate de Regina justo en la parte de atrás de su cuello y otra a la cadera de la morena. Ella rápidamente y tiró de la reina caída hacia adelante e hizo que sus labios chocaran duro, rápido y con hambre en los de Regina, su lengua exigiendo la entrada antes de sumergirse y reclamar el sabor de su amor.

Regina ni siquiera intentó pararse a sí misma o mantener cierta apariencia de control. Su pasión la controlaba por completo. Sus rodillas se doblaron pesadamente debajo de ella con la fuerza del beso de Emma y enviaron su peso en espiral a la princesa, quien sólo se aferró a ella con más fuerza. Emma sorprendió muchísimo a la morena agachándose rápidamente a las rodillas, con las manos disparando el dobladillo del vestido de Regina y tirando el material alrededor de sus caderas. Los músculos de los brazos de la rubia ondulaban, mientras sus manos se clavaban en los muslos desnudos de Regina bajo el vestido y levantaron a la reina caída suavemente del suelo. Regina gritó de sorpresa sólo para seguir con un pesado y gutural gemido cuando sus piernas instintivamente se encerraron alrededor de la cintura de la princesa y Emma causó que la tela ya completamente empapada de la ropa interior de Regina se aferrara a su centro palpitante, al estrellarse casi contra su abdomen.

Emma envolvió a Regina firmemente en sus brazos y se dirigió de nuevo a través del arco abierto del balcón y a su dormitorio mientras plantaba calientes besos húmedos a lo largo de la mandíbula de Regina, quien sólo podía gemir y jadear en respuesta, su deseo ondulaba a través de su vínculo como una ola de emoción reprimida. Los propios muslos de Emma temblaron con la fuerza de esto. Justo cuando logró dar con su enorme cama, ella plantó sus labios sobre el hueco de la oreja de Regina y le susurró: "Estoy lista."

Regina casi llegó a su clímax en el acto al oír el susurro seductor de la princesa, con confianza, en su oído, y ella sabía que el momento había llegado finalmente cuando iban a entregarse a la otra, ambas. Su primer encuentro había sido de Emma. Era la forma en que Regina lo había querido, la forma en la que sentía que había tenido que ser, pero esto, ahora—esto se trataba de ellas, las dos. Se trataba de su pasión y su deseo. Se trataba de su cuerpo-balanceándose, almas-agitándose, su estremecedora conexión y amor.

Sus bocas se encontraron de nuevo con avidez, devorándose una a otra mientras Emma las bajaba a la cama, empujando a Regina atrás sólo para gatear rápidamente sobre ella. Regina no podía soportar ni un segundo sin la sensación de las manos de la rubia sobre ella o de sus propias manos en Emma, así que chasqueó los dedos y la ropa desapareció al instante, ambas ahora gloriosamente desnudas en la sala oscureciéndose constantemente.

Emma no se negó a sí misma nada. Había estado tan insegura antes y todavía ahora, en este momento, lo único que podía sentir era el deseo de Regina y el amor de Regina y la pasión de Regina, ella podía sentir a Regina en todas partes, a su alrededor, debajo de ella, dentro de ella. Quería ahogarse en el sentimiento, en el poder omnímodo de su amor. Ella recostó su cuerpo al ras de la cima de la morena y se sintió más caliente, su núcleo resbaladizo y sensible, mientras dejaba un rastro de besos ardientes sobre la carne de Regina, en su garganta y en su pecho. Ella atrapo la carne arrugada de un pezón rígido con avidez a las profundidades calientes de su boca y se deleitó con el sonido de su amada gritando de placer mientras amasaba el otro entre sus nudillos. Ella quería tomarse su tiempo con esto aunque temía que Regina pudiera explotar en cualquier minuto con su querer. El cuerpo de la mujer se estremecía violentamente debajo de ella, dos décadas de necesidad balanceándose y rugiendo a través de su sistema como un furioso tornado.

El olor de su excitación combinada era una toxina en el aire, comiéndoselas vivas a ambas de adentro hacia afuera. Se necesitaban la una a la otra como necesitaban el aire en sus pulmones, y cada toque y cada sonido hacía eco de cuanto. Los dedos de Regina torcieron fuertemente los rizos dorados mientras se aferraba a su amante, sus dientes mordiendo salvajemente en su labio inferior mientras la boca de Emma ahora tallaba un camino empapado por su abdomen temblante. A gutural medio-grito fue arrancado desde su garganta al sentir una oleada de aire caliente dispararse por encima de su sexo palpitante, y ya no podía ser más paciente.

"Por favor, Emma," gritó, con la voz entrecortada y rota por su pasión, con su desesperada necesidad de alivio de la tensión que se había estado construyendo constantemente fuera de control con las últimas semanas desde que su primer encuentro con la rubia e incluso antes. Nunca había necesitado o querido a nadie tan desesperadamente, tan completamente, como necesitaba a la princesa. "Dioses, te necesito," gimió cuando Emma mordisqueó el interior de sus muslos, conduciéndola hasta el punto de la locura.

Emma lamió a lo largo de la parte interior de los muslos de Regina y se vio obligada a apretar su propia violencia para aliviar la presión allí, gimiendo en voz alta mientras lo hacía. Estaba tan abrumada por el olor embriagador de la excitación de Regina, con la vista deliciosamente seductora de su sexo chorreando bajo la luna creciente, apenas podía mantener el aire en sus pulmones. La cabeza le daba vueltas vertiginosamente mientras tomaba todo, mientras luchaba por mantenerse enfocada y mantener su confianza. Escuchar a Regina llorar por ella, sin embargo, escucharla hablar de su necesidad de ella, sólo por ella y nada más, fue suficiente para que el corazón y el cuerpo de Emma volaran al olvido.

"¡Dioses, Emma, tómame!" Regina gritó finalmente, su respiración era nada más que un jadeo irregular y su voz quebrada y pesada. Emma obedeció al instante, su boca se engancho al núcleo palpitante de la morena y su lengua lo acarició pesadamente, deslizándose y presionando sobre la longitud de su sexo. El grito de Regina se quedó en silencio cuando su aliento abandono de golpe sus pulmones y su espalda se arqueó con tanta fuerza que Emma temió que en realidad fuera a romperse. Ella siguió su instinto como Regina y Red le había dicho que debía y tiró un brazo estabilizador sobre las caderas de su amante para sostenerla en su lugar mientras continuaba explorando el sexo de Regina con su lengua. Prestó especial atención al apretado haz de nervios que miraba a escondidas de debajo de carne encapuchada cada vez que su boca se instalaba en ella, el cuerpo de Regina casi saltaba de la cama. Puso a prueba su teoría y envolvió sus labios alrededor de ella y aspiró con fuerza, y eso fue todo lo que necesitó.

La tensión de Regina explotó cuando Emma le succionó con fuerza en su boca y la arrojó de cabeza en el orgasmo, el orgasmo más glorioso que jamás podría recordar haber tenido, un orgasmo que se sentía como si hubiera estado en el precipicio por semanas y finalmente fue experimentando. Ella se deleitaba en ello, todo su cuerpo se estremecía mientras sus manos se agarraban a los rizos dorados, con los nudillos blanqueados y tirando de la rubia más cerca de su centro, con el deseo de la presión favorecido mientras la soltaba. Emma podía sentir cada segundo del éxtasis mientras lavaba el cuerpo de Regina, goteando maravillosamente a través de su enlace, y casi llevó a la rubia al orgasmo también. Hizo todo lo posible para luchar contra ello, sin embargo, queriendo este momento para su amor, sólo para Regina, con ganas de ver y experimentar la belleza de lo que había hecho por ella, lo que ella había temido no ser capaz de hacer y aún lo estaba, y bien. La sensación era inexplicable, llenándola de una manera que nunca nada lo había hecho.

Regina bajó de su vuelo, su respiración pesada y atrofiada mientras gemía con cada pequeño temblor. Ella soltó su doloroso agarre en el cabello de Emma y echó un vistazo a la princesa, cuya barbilla ahora descansaba suavemente sobre la parte baja de su abdomen, los ojos esmeralda la miraban con cariño y todavía hambrientos. La morena se acercó a ella, sonriendo alegremente mientras Emma se arrastró por su cuerpo y acomodó su peso sobre ella. Besó a la rubia profundamente, saboreándose a sí misma en la lengua de su amante, y susurró dulcemente en la mente de Emma ya que ella no podía encontrar su voz en este momento.

Gracias, dijo cuando sintió el poder abrumador del amor de Emma filtrándose a través de su vínculo. Las lágrimas ardían en sus ojos mientras el sentimiento cantaba en su corazón, en cada célula. Ella nunca se había sentido tan bien y tan maravillosamente completa en toda su vida. Y sólo podía darle las gracias a Emma por eso, aunque las palabras no podrían jamás expresar tanta gratitud.

Emma acarició su rostro en el cuello de Regina y le susurró suavemente contra su piel caliente. "Eres tan hermosa." Quería decirlo. Nunca había visto a nadie ni nada más hermoso que Regina, la belleza de la mujer sólo se magnificaba con su placer. Se derramaba sobre la rubia como una lluvia deliciosamente relajante.

Regina tarareó su placer al escuchar las palabras y rápidamente reunió a sus fuerzas, rodando sus cuerpos rápidamente por lo que ahora estaba sentada sobre la princesa. "Y tú, mi amor, eres perfecta," dijo con una sonrisa que iluminaba toda la habitación. Podía sentir el deseo de Emma corriendo por sus venas, y fue sacudida una vez más por ello. Siempre sería así. Siempre estarían tan intrincada e íntimamente entrelazadas que cada momento, cada experiencia bendita, sería compartida de la manera más profunda y magnífica.

El deseo de Emma rápidamente reavivó el propio de Regina y se encontró a sí misma adolorida y palpitante, una vez más. Ella metió la mano por debajo de su cuerpo hasta el vértice de los muslos de Emma y pudo sentir el calor allí antes de que alguna vez la tocara. Era enloquecedor y emocionante y todo en el medio. Cuando ella deslizó sus dedos por el calor resbaladizo y mojado de Emma, tomó la mano de la princesa y se la llevó a su propio núcleo pulsante.

Emma estaba en llamas, todo su cuerpo fusionándose en el calor de la mirada de Regina, en el tacto de los dedos de Regina empujando lentamente en ella, en la sensación de sus propios dedos burlando la entrada de Regina. Ambas temblaron al unísono, ya que al mismo tiempo entraron la otra, y Emma siguió el ejemplo de Regina, igualando su velocidad y ritmo, ambas gimiendo su placer, ambas subiendo, ambas volando hacia el precipicio donde tenían la intención de saltar juntas, sobre el borde y a un olvido felizmente compartido.

Se sacudieron y rodaron entre sí, miradas encontradas y alientos abrazados con fuerza en sus pechos, y en pocos minutos volaron hasta el borde. Regina rápidamente agarró la parte posterior de la cabeza de Emma y tiró de ella hacia arriba, con lo que sus bocas se juntaron con hambre mientras sus cuerpos y sus deseos se alimentaban de ellas a través de su vínculo sentimental, asegurando su sincronía y con un empujón final, se sacudieron sobre el precipicio y en el orgasmo. Se aferraron la una a la otra, temblando por su liberación compartida mientras respiraban sobre la otra, las bocas se fundieron bellamente juntas, inmóviles pero apasionadas.

Cuando los últimos temblores cesaron, se derrumbaron entre sí, Emma volviendo a caer en las sábanas empapadas en sudor de su cama y llevando a Regina abajo con ella. Respiraban con dificultad como consecuencia de su acto de amor, frentes lisas descansando suavemente contra la otra, y mientras la mirada de chocolate hermosa cumplía con una esmeralda, ambas mujeres se derrumbaron bajo el peso de su alegría compartida. La risa burbujeaba bellamente desde sus gargantas y decoraba el aire entre ellas. Nunca habían estado más satisfechas, nunca habían conocido tal euforia, y sus cuerpos se estremecían con eso. Regina le dio un beso dulce y tierno a la punta de la nariz a Emma mientras estaba encima de ella, ambas rieron alegremente y ninguna de las dos quería que este momento llegara a su fin.