Hola, espero que les guste y les dejo un montón de besitos y cariños. No olviden comentar, si leen.


Capítulo 34: Verdades que no se pueden negar.

En verdad jamás había visto algo como aquello, a lo largo de toda su vida. Aquella casa casi en medio de la nada, bajo el frío viento y el cantar de los pastizales a su alrededor. Seguramente y en tiempos más felices, lucía mejor con otro paisaje.

- ¿La ama Minerva se siente bien, luego de aparecerse? - preguntó Effy, al momento en el que ambas tocaron el suelo nuevamente. Su ama tenía una expresión de cansancio y la palidez en su rostro era mucho más notable que antes.

- Lo estaré, una vez que todo esto termine.

- La sra. Weasley comprenderá en cuanto la ama se lo explique.

¿Explicar qué cosa? Qué se suponía que debía explicar. No quería comprometer la vida de Severus Snape, diciendo algo que no debiera. La pequeña elfina caminó hasta detenerse frente a la puerta y llamó con sus pequeños nudillos. Minerva sin embargo, permaneció en la lejanía e incapaz de moverse.

Muy pronto la puerta se abrió lentamente y un rostro pecoso se asomó tras la puerta de madera. Apenas y podía ver sus ojos a través del poco espacio entre la pared y la puerta.

- Quién está ahí. - susurraron tras la puerta y parecía no haber nadie a la vista. - muéstrese...

- Señorita Weasley... - escuchó y bajó la vista, para mirar a la elfina a sus pies.

- Effy... ¿¡Qué estás haciendo aquí!? ¿¡Acaso ocurrió algo con la profesora McGonagall? Snape le hizo daño, estoy segura. Se lo diré a mi madre, no podrá salirse con la suya ésta vez...

Le enorgullecía que pensaran en defenderla, pero no podía evitar sentir tristeza al pensar que Severus, recibiera un odio que realmente no se merecía. Al menos no para morir. Que fuese amargado y un imbécil sin remedio, no era pecado para merecer la horca.

- No es necesario, señorita Weasley. La ama Minerva se encuentra bien y ha venido con Effy para pedirles un favor.

- ¡Ginny! - escucharon tras la puerta. - ¡No te he dicho que no le abras la puerta a extraños! Y mucho menos en tiempos como éstos. Tu padre pronto pondrá el círculo mágico alrededor de la casa y nadie debe entrar ni salir...

- Precisamente mamá... - dijo la joven, apartándose y permitiéndole el paso a la pequeña elfa y a la subdirectora de la escuela de magia y hechicería.

Molly Weasley parpadeó sorprendida ante los visitantes, al mismo tiempo que acercaba un par de sillas y un par de tazas de té y una tetera, flotaban sobre su cabeza. Minerva permaneció quieta, luego de sentarse, mirando a la pequeña cuchara que vertía azúcar en su taza.

- Minerva... - murmuró la mujer sin podérselo creer y la jefa de Gryffindor tragó con fuerza. - qué estás haciendo aquí, ¿acaso ocurrió alguna cosa? ¿Acaso escapaste de Severus? La última cosa que dijiste fue que necesitabas que te dijera una gran verdad y que ibas a acompañarlo a un lugar que Albus te había solicitado ver con él. ¿Es eso cierto, Minerva? - admiró su aspecto general y volvió a inspirar pesadamente. - Haz estado llorando... ¿qué te hizo ese hombre?

- Severus... - sollozó de pronto, no pudo evitarlo. Estaba harta de ocultarse tras una máscara de frialdad y falsa seguridad. - él no me hizo nada, yo no escapé. Él tuvo que... tuvimos que separarnos y...

Sus manos temblaban tanto, que apenas y podía sostener la taza y beber de ella.

- Minerva, creo que estás confundida. Creo que estás bajo algún tipo de maleficio y no puedes pensar correctamente. Además, estoy segura de que fue él quien te causó todas esas heridas...

- ¡Basta! - exclamó mortificada colocando la taza sobre la mesa, que bailó peligrosamente pero que sin embargo logró quedarse quieta y no derramarse. - Severus nunca me lastimaría, él jamás... Severus salvó mi vida de Bellatrix Lestrange y... además.

Estaba cansada de fingir, de no poder llorar. Había soportado lo más que había podido luego de la muerte de Albus, pero sentía que iba a estallar. Effy caminó hasta detenerse junto a ella y halar las faldas de su túnica. Sostenía el pergamino que el profesor de pociones había enviado tiempo antes, sonriente. Lo tomó entre sus manos y volvió a acariciar el sello húmedo entre sus dedos.

- No sé si sea suficiente prueba, pero ésta es su última carta.

La mujer leyó atentamente y luego alzó la vista con escepticismo.

- ¿Director? O acaso lo escribe para confundir. Perdóname Minerva, pero me cuesta mucho creerle. Por qué se casaría contigo para protegerte si según esto, él aún trabaja para el señor tenebroso...

- No... no no... - negó con la cabeza frenéticamente. - él es sólo un espía. Albus lo sabe y por ello me llevó a verlo, para que pudiera explicarme toda la verdad. Y ahora me doy cuenta de que he sido una tonta, por no confiar en él. Debí haberlo sabido, desde niño siempre estuvo envuelto en tantos conflictos... ¡pero no es un mal hombre! Y él... yo...

Molly guardó silencio mientras Minerva trataba de hablar entre lágrimas.

- Yo confío en él y sé que él nos ayudará a detener a Quien tú Sabes. Además... yo...

- Minerva, te volviste loca. Entiendo que las presiones de la escuela, la presión de estar atada a un asesino y no poder...

- ¡Basta! - exclamó una vez más y Molly Weasley guardó silencio repentinamente. - ¡Severus no es un asesino y yo... yo necesito estar con él! No puedo explicarlo, pero necesito volver a Hogwarts... - suspiró y trató de guardar la compostura. - Severus me prohibió hablar al respecto, pero necesito estar con él...

- Y qué clase de ayuda puedes necesitar de nosotros, si no puedes ni explicarnos los motivos. No sé qué clase de mentira te dijo para que creyeras en él, pero para nosotros no será tan fácil aceptarlo.

- La ama Minerva necesita viajar a la escuela, de manera segura. Sólo la ama puede invocar los sortilegios de defensa del castillo y no puede estar sola. La ama Lestrange es peligrosa y la vida de mi ama no puede correr peligro. El amo Snape fue muy claro. - dijo Effy, mientras McGonagall cerraba los ojos y trataba de respirar. No podía mentir, estaba exhausta y necesitaba descansar.

- Está bien, Minerva, puedes acompañarnos. Viajaremos mañana temprano. Te escoltaremos a Hogwarts. Aunque digas lo que digas, no permitiremos que Snape sea el director de Hogwarts. Eso... sobre mi cadáver. Si piensa que podrá lastimar a los niños, está muy equivocado. No importa lo que te haya dicho...

- Entonces yo lucharé a su lado, si no confían en mi palabra. Y tendrán que matarme a mí también. - respiró audiblemente. - porque yo... yo... lo amo.

La matriarca de la familia Weasley parpadeó sorprendida y balbuceó un par de palabras que ni siquiera pudo entender. La jefa de Gryffindor desvió la vista, sonrojándose ligeramente.

- Qué cosa... - dijo Molly, creyendo haber oído mal. - Minerva... ¿estás...?

- No lo conocen tanto como yo, no saben por todo lo que ha tenido que atravesar, todo lo que ha sufrido. Yo sé toda la verdad, Albus también lo sabía. Tienen que confiar en mí y creerme.

- ¿Cuál es esa gran verdad, Minerva? Cómo podemos creerte si no podemos ni enterarnos.

- Aquella noche en la que Albus fue asesinado, Severus simplemente siguió sus órdenes. Albus estaba maldito y tenía que morir, por ello le pidió a Severus que lo asesinara. Estoy segura de que él no quería hacerlo, pero no tenía más opción que obedecer. Quién tú sabes lo recompensaría como a ninguno, estoy segura, pero en vez de eso... lo matará muy pronto, para poseer la varita de Saúco.

- Una lástima, pero supongo que un mono le saca las pulgas al otro. Si comprendes lo que quiero decir.

- No, Severus no es como ellos. No es como esos mortífagos, él es diferente. He dicho más de lo que es debido y no me importa si no me creen, pero yo lucharé a su lado... - dijo la mujer, desafiante, respirando entrecortadamente. - es todo...

- No lo entiendo pero... - comenzó Molly Weasley, caminando en dirección a la mujer, sentada frente a ella en una silla de madera y con una expresión desafiante pero nerviosa al mismo tiempo. - siempre apoyaste a cada uno de mis hijos, a cada uno de los niños y padres, así que... ¡Merlín que me castigue por lo que voy a decir, Minerva! Te apoyaremos en lo que necesites. Así sea con Snape, nos guste o no.

Minerva suspiró aliviada, mientras Molly sostenía su rostro con sus manos y la jefa de Gryffindor sonreía, colocando una mano sobre éstas, derramando más lágrimas. Por fin podía llorar y resultaba tan relajante, se sentía tan liberador. Necesitaba llorar por todo lo que estaba por venir.

- Gracias... - murmuró mientras miraba fijamente a los ojos de la matriarca de la familia Weasley. Su anillo de bodas relucía bajo la luz de la tarde, que comenzaba a caer luego de un largo viaje.

- Comeremos un buen trozo de tarta de manzana y podrás explicarme todo con lujo de detalles. ¿De acuerdo? Puedes confiar en mí, estoy segura de que Albus piensa igual. Ahora que Harry no está, tenemos que estar muy unidos. No podemos dividirnos por cosas sin sentido. Te prometo que tu secreto estará a salvo conmigo. Sólo quiero entenderte, entender lo que ocurre. Por qué Albus y tú, insisten en confiar en Severus Snape.

Asintió mientras la elfina hacia levitar el equipaje hacia el piso superior y hacía aparecer un pequeño trozo de pergamino en blanco.

"La ama Minerva está segura y muy pronto, de camino a Hogwarts."