Con las ganas ― Zahara
La RAE define enamorarse como «prendarse de amor por alguien». Prendarse. Casi como prenderse. En llamas. En fuego. Quemarse y arder. Aquello le pegaba bastante a Lily en aquel momento.
Había perdido la virginidad a los 15 años con un gilipollas que le partió el corazón. Se había acostado con muchos chicos después de aquello. Probablemente habría perdido la cuenta si no llevara una lista (por lo que pudiera pasar).
Siempre le habían dicho que había una gran diferencia entre follar y hacer el amor, pero nunca se lo había creído. Al menos hasta aquel momento. Porque, aunque pecara de ñoña, aquello era distinto. No era igual. No sentía… lo mismo. La situación era distinta. Ella era distinta. Lo que sentía era distinto.
―Dios, Lily, te quiero…
Le habían dicho muchas cosas en la cama ―la mayoría tan escandalosas que Alice se ponía completamente roja cuando se las contaba―, pero nunca antes le habían dicho que la querían. Y, aunque era raro, le gustaba. De repente, le encantaba escuchar a Theo diciéndole aquello al oído, entre embestidas y con la respiración agitada y entrecortada.
―Sigue.
Gimió y se mordió el labio. Y lo mejor era que él no esperaba que ella contestara. Le estaba dando su espacio porque sabía que para ella aquello no era precisamente fácil. No tenía que hacer o decir nada para lo que no se sintiera preparada.
―Sigue tú.
―¿Ya te has cansado? ―Rió, arrugando la nariz, y le acarició la mejilla.
―Me tienes agotado últimamente.
―El estrés de los exámenes.
―Sí, eso será. O que te tengo loquita.
―Eso también, pero igual que yo a ti.
Se besaron y Theo se tumbó en la cama. Lily se subió sobre él y se echó el pelo hacia atrás, mordiéndose el labio.
―No hagas eso.
―¿Por qué? ―Enarcó una ceja y se movió lentamente, haciendo que él echara la cabeza hacia atrás y gimiera.
―Lils…
―Shh.
―No me mandes callar ―protestó, dándole un pequeño pellizco en la cadera que hizo que ella se retorciera y riera.
―¡Sabes que tengo cosquillas!
Theo se incorporó e intentó besarla, pero ella se echó un poco hacia atrás, sonriendo.
―Oye…
Volvió a acercarse, pero Lily, de nuevo, volvió a apartarse y le sacó la lengua. Ambos rieron y, finalmente, se besaron. El chico empezó a besar su cuello y ella gimió mientras volvía a moverse.
Pues aquello de hacer el amor no estaba nada mal.
Alice estaba sentada en el suelo de su habitación, con los cascos puestos a todo volumen y pintándose las uñas de los pies. Lily y Theo la habían despertado de la siesta. Los dos llevaban desde la noche anterior sin salir del dormitorio para absolutamente nada (él ni siquiera había ido a trabajar) y, por los ruidos que llegaban hasta su dormitorio, era bastante evidente lo que llevaban tantas horas haciendo. Aunque en algún momento tendrían que salir al menos a por una bebida isotónica, ¿no?
―Joder, me he salido…
Suspiró e intentó corregirse la uña. La verdad era que la reacción de Lily la había sorprendido. Hacía dos días se había asustado por estar enamorándose y ahora no salía del dormitorio después de que Theo le hubiera dicho que la quería. Su amiga era un caso perdido, desde luego. Aunque al menos ellos lo estaban hablando. No como Albus y ella. ¿Se lo diría en algún momento? Tenía que hacerlo, no le quedaba más remedio. Al final se enteraría y… tendría que habérselo dicho hacía ya tiempo. Albus no paraba de hablarle de que podría mudarse con él y que seguro que encontraba trabajo y que él la ayudaría a preparar las oposiciones y ella se limitaba a sonreír y asentir, sin decir nada. Cuando se lo dijera, se sentiría muy decepcionado. Si al menos le hubiera insinuado algo…
Miró sus apuntes y se mordió el labio. Tenía su último examen aquel viernes y lo mejor sería hablarlo nada más terminar. Saldría de la facultad y, en lugar de irse a tomar algo con sus compañeros o directamente al piso, iría a buscar a Albus y se lo explicaría todo.
Sabía que tendría que habérselo dicho antes, pero ya no podía hacer otra cosa. Y solo esperaba que aquello saliera bien.
Lizzy llegó con una enorme sonrisa y dos vasos de Starbucks al edificio. Estaba emocionada, iban a publicarle un artículo (¡por primera vez después de varios rechazos!) y tenía que celebrarlo con James así que había parado a por un par de frapuccinos bastante caros (casi cinco euros cada café así que más les valía estar buenos) de camino a casa y había comprado unos dulces en la pastelería de la esquina. Estaba segura de que se alegraría muchísimo por ella y solo quería compartir aquello con él. Aunque fuera con una merienda tardía.
Llamó a la puerta de su piso, sin borrar la sonrisa, aunque su expresión cambió totalmente cuando él abrió y sus ojos se encontraron. Le había pasado algo.
―Lizz…
―¿Qué ha pasado?
―Nada, yo… ―Se revolvió el pelo y señaló los vasos―. ¿Y esto?
―Esto ahora no importa ―contestó―. ¿Vas a dejarme pasar y contarme lo que te ha pasado o qué?
James suspiró y se echó a un lado y la morena entró, prácticamente ignorando a Mr. Knightley, que se había acercado a ella. Soltó todo lo que llevaba sobre la encimera de la cocina y lo siguió hasta el salón, bastante nerviosa. Necesitaba saber qué estaba pasando. Se sentó en el sofá y él se dejó caer en una silla, justo frente a ella.
―Me han echado del trabajo ―murmuró―. No es que no lo viera venir, pero tenía la esperanza de que no pasara.
―¿Qué? ―Lizzy sintió su corazón pararse durante unos instantes. Eso no querría decir que James iba a marcharse de Madrid, ¿verdad?
―Estaba vendiendo muy poco, Lizz. Mi jefe ya no iba a darme más oportunidades.
―Ya, pero, ¿y ahora qué? ―Insistió―. ¿Qué plan tienes? ¿Qué vas a hacer?
―Supongo que tendré que buscarme otro piso. Este es demasiado caro ahora mismo para mí, no puedo permitírmelo. ―Suspiró―. Tengo algo ahorrado, pero no quiero gastármelo todo, sobre todo porque no sé qué encontraré ni cuándo. Echaré algunos currículos a ver si me sale algo de lo mío y también en bares y tiendas, pero no sé qué pasará.
―Pero, ¿te vas a ir del bloque?
―Lizzy, solo el alquiler son 700 euros. ―Bajó la vista y la fijó en sus manos―. No puedo permitírmelo ahora mismo.
―¿Y si… y si te vienes a vivir conmigo? ―Sugirió casi sin pensar.
―¿Qué? ―La miró con los ojos muy abiertos.
―No… no sé ―murmuró ella―. Así no tendrías que irte. Tengo un cuarto libre y si compartiera piso les ahorraría dinero a mis padres. Con gastos y todo te saldría por, ¿cuánto?, ¿menos de 500? Yo pago 800 de alquiler más gastos. Estoy dispuesta a renunciar a mi armario de los abrigos por ti.
―No puedo hacer eso, Lizz. ―Tuvo que obligarse a contestar aquello. La solución era buena, pero no podía hacerlo―. No puedo consentir que renuncies a tu independencia por mí. Te encanta vivir sola y a mí también. Encontraré otra solución, ya verás.
―Pero no quiero que te vayas.
La chica lo miró a los ojos y se mordió el labio. Era probablemente la frase más sincera que había dicho en toda su vida. Solo quería ponerse a llorar en aquel momento, no quería que se fuera, no quería estar lejos de él.
―Ni yo quiero irme ―respondió él, también en voz baja. Se acercó a ella y se agachó justo enfrente―. A lo mejor encuentro algo, Lizz, no te preocupes. Tengo el piso hasta final de mes y tengo dinero para quedarme en julio e incluso en agosto. Es solo que no quiero gastarlo todo, pero no voy a irme mañana. Tengo que hablar con mi casero y arreglar cosas.
―Sí, claro.
―¿Qué venías a contarme?
―Ya nada.
―Venga ya, ¿qué celebramos?
―Van a publicarme un artículo ―confesó finalmente, obligándose a sonreír.
―Eso es maravilloso. Te lo mereces muchísimo, Lizz. ―Acarició su mejilla con delicadeza y le retiró una lágrima traicionera que se le había escapado―. No llores. No voy a irme para siempre. Solo tendremos que acostumbrarnos a que nos separen más de 16 escalones.
―¿16?
―Sí, 16.
―¿Los tienes contados?
―A veces se me han hecho eternos ―dijo, sonrojándose un poco.
―James…
―Voy a poner algo de música a ver si nos animamos, ¿vale?
Cogió su móvil, abrió Spotify y puso el aleatorio.
―Joder, ¿no había ninguna canción más deprimente? ―Murmuró la chica al escuchar los primeros acordes de Con las ganas de Zahara.
«Recuerdo que al llegar ni me miraste, fui solo una más de cientos y, sin embargo, fueron tuyos los primeros voleteos».
James le tendió una mano y se encogió de hombros.
―Ven, anda.
Ella la aceptó y él tiró de ella y la abrazó. Empezaron a moverse al ritmo de la música, lentamente, perdidos en sus pensamientos y sentimientos.
«Mis anclajes no pararon tus instintos, ni los tuyos mis quejidos».
La morena levantó un poco la vista y James contuvo la respiración cuando sus ojos se cruzaron. Ambos se detuvieron prácticamente al mismo tiempo y se quedaron quietos en medio del salón, abrazados el uno al otro, sin dejar de mirarse. Lizzy se soltó y dio un pequeño paso hacia atrás, un poco nerviosa sin saber por qué. Sentía un torbellino de emociones en su estómago y no sabía muy bien qué hacer. Él estiró entonces la mano y comenzó a acariciar su mejilla con delicadeza hasta llegar a su cuello y seguir bajando. Lizzy contuvo la respiración mientras él acariciaba con dulzura su escote. Siguió descendiendo hasta llegar al primer botón de su camisa y, tras llevar ahí también su otra mano, comenzar a desabrocharlos lentamente. Terminaba con uno y pasaba al de abajo, sin apartar la vista de la piel que iba quedando al descubierto, con la respiración cada vez más agitada. Ella, que no había apartado la mirada de sus manos temblorosas, cerró los ojos unos instantes y gimió levemente.
―No… no se quita como una camisa normal ―murmuró, llamando su atención. Sus ojos se encontraron y ambos esbozaron una sonrisa tímida―. Los botones no llegan hasta abajo. Se quita como una blusa.
―Ah, claro.
James asintió y acarició con el dorso de la mano desde su estómago hasta su cuello. Apoyó una mano en la nuca y se acercó un poco.
―James…
―No lo pienses ―susurró él, acercándose a su oído―. No pensemos esta noche.
«No quiero no estar a tu lado».
Y, dicho esto, la besó.
Holi, no sé vosotros, pero yo estoy FANGIRLEANDO MÁXIMO.
A ver, este capítulo (la parte de James y Lizzy al menos) lleva en mi cabeza desde que empecé la historia y está escrita desde OCTUBRE. Y la canción... Ay. Yo es que tengo historia personal con la canción y, aquí entre nosotros, me hinché a llorar cuando la cantaron en el concierto de OT. Es que es preciosa :(
Y, dicho esto, parece que las cosas entre Lily y Theo van muy bien ;) (sorprendentemente bien, incluso). ¡Pero pobre Alice! Entre que no la dejan y que no se aclara... ay :(
En fin, que espero que os haya gustado el capítulo (a mí me ha encantado escribirlo porque ya sabéis que James y Lizzy son mi debilidad) y nos leemos la semana que viene (que a ver cómo reaccionan después de esto...)
Un beso,
María :)
