El pequeño de cinco años caminaba hasta el salón, frotándose uno de los ojos y ahogando un bostezo. Alzó la cabeza para saludar a su padre.

— Buenos días, papi.

Pero había alguien más allí. Hermione Granger. El niño sonrió, mientras caminaba en dirección a la mujer para saludar.

— Buenos días, señora Granger. Papi... ¿y mami?

Severus había inspirado en silencio, mirando a Hermione que sonreía suavemente en dirección a su hijo. Él los miraba a ambos, curioso.

— Tuve que visitar al doctor, no se sentía bien. Volverá pronto.

— ¿¡Qué tiene mami, papi! ¿Es el embarazo?

Hermione había suprimido una risa y se había inclinado en dirección al pequeño, negando con la cabeza.

— Está bien, solo necesitaba evaluarse y volverá.

— ¿Y por qué vino hasta aquí, señora Granger?

— Tu padre dijo que tenía algo que conversar conmigo. Y eso haremos mientras tu hermana y tú van al parque. ¿Qué te parece?

Pero el pequeño negaba con la cabeza, incómodo. No podía irse sin saber de su madre. ¿Y si resultaba ser algo grave?

— No quiero ir sin mi mami. ¿¡Y si es algo malo, papi!

— Estará bien. Mamá no tiene nada malo, volverá pronto.

El niño había asentido, confundido. Mientras Hermione preparaba a la menor de sus hijos, Severus se preguntaba qué tan cierta era su afirmación acerca de su "esposa".

Pero en ese preciso momento; tenía algo más que hacer.

Decir la verdad.

— Señorita Granger, necesito que preste la debida atención y no me interrumpa hasta que haya acabado. ¿De acuerdo?

Hermione había dicho un suave "sí", mientras miraba a los pequeños, con aquel viejo balón de fútbol.

— Lo prometo, señor. Escucharé atentamente.

— Ella no está orgullosa de ello, pero en ánimos de esperar que conserven una amistad sin mentiras, totalmente sincera, me veo en la obligación de decirle esto.

La joven escuchaba atentamente, mientras Snape describía las "atrocidades" que Nymphadora Tonks había cometido. Y le resultaba vergonzoso hablar de haber sido violado por una mujer y la verdadera razón por la cuál estaban juntos, tenían hijos y se obligaban a verse todos los días. En el pasado.

Ahora ya no resultaba ser una obligación, ya no era vergonzoso. Amaba a sus hijos, como siempre los había amado. Y ahora...

Amaba a esa mujer que había condenado su vida en el pasado.

— Ya veo. Ahora comprendo todo. Sabía que algo me ocultaba Tonks, pero nunca pensé que fuese tan... complicado. Lo siento tanto, señor. De haber sabido antes...yo.

— No lo creí prudente, señorita Granger. Nymphadora es una mujer muy frágil, no podía someterla al escrutinio público. Estaba muy lastimada, no pude continuar odiándola. Juzgándola. Tuve que preguntarme qué habría hecho yo en su lugar y la verdad es que... yo habría hecho todo por Evans. También.

Y Hermione había asentido con una sonrisa suave, suspirando y cerrando los ojos como si pudiera imaginarse todo el sufrimiento vivido por su mejor amiga.

— Lo comprendo y lo sé, profesor Snape. Sé que usted lo habría hecho. Lo lamento tanto, me hubiese gustado tanto poder ayudarla en esa dura transición. No sabía qué responder a sus cartas, no conocía la situación. Ron siempre decía que debía ahondar más allá, pero tenía miedo de entrometerme demasiado, que fuese algo complicado que Tonks no quisiera decirme.

— Le agradezco su compresión, señorita Granger. Eso ayudará ahora que Nymphadora necesita compañía. De una mujer, eso que yo no soy y que no puedo darle. Entender esos temas entre ustedes. Además, ahora que su madre actúa como alguien de pocos sesos. Por no ofenderle.

La joven había inspirado y había movido una de sus manos, lentamente, hasta posarla sobre uno de los hombros de Snape.

— Descuide, su madre lo entenderá. Cuando sepa que algo le hace falta en su vida, volverá con una disculpa. Es su hija, nadie entiende más el significado de los hijos, que una madre. Se lo digo por experiencia.

Severus había parpadeado, confundido.

— Sí, Ron y yo esperamos un bebé. Y nos encantaría que ustedes fuesen sus padrinos. Harry y Ginny ya son padrinos de Rose, así que si usted quisiera.

— A Nymphadora le encantará saberlo.

Y la hora de juegos había terminado, mientras regresaban a casa para almorzar. Hermione estaba sentada en el sofá mientras la menor de la familia, le contaba a Hermione acerca de su gato.

— ¿Y quieres tener una mascota? Veré si mi gato tiene crías alguna vez y te traeré un lindo y pequeño gatito.

Y la niña se había bajado de un salto, corriendo hacia su padre para halar su túnica y decirle sobre aquel acuerdo. Severus sonreía mientras se inclinaba para sostenerla y escucharla, feliz, hablar del gato de Hermione.

Tan pronto como Nymphadora estaba de vuelta.

— ¡Mami! — habían dicho sus hijos, mientras ella los recibía en el salón.

— Hola, pequeños amores. ¿Hermione?

— Buenas tardes, Tonks. ¿Cómo te sientes?

— Creo que... bien. Severus... ¿cómo está todo? ¿Sucede algo?

Snape negaba con la cabeza mientras se acercaba a ella y tomaba una de sus manos, para tomar su abrigo. La mujer había mirado a los presentes por unos segundos, antes de dar en el clavo.

Su esposo le había dicho la verdad a su amiga.

— ¡Lo siento tanto, Hermione! Estoy tan arrepentida...nunca quise, ¡de verdad!

— Lo sé y lo comprendo, el profesor Snape me ha explicado todo. Dime, cómo te ha ido con los medimagos.

Nymphadora había caminado unos pocos milímetros hasta cobijarse bajo los brazos de su esposo, que la habían rodeado sin entender.

— No estoy embarazada, tuve un derrame. Por ello me sentí tan mal aquel día.

— ¡Oh, cuánto lo siento! Pero seguramente todo está bien y si buscan concebir, pueden volver a intentarlo.

— Sí, todo está bien conmigo. Solo fue una pérdida.

Severus había besado su cabeza suavemente, mientras la mujer cerraba los ojos en silencio. Hermione meditó y luego, se inclinó hacia los pequeños.

— ¿Quieren venir a jugar a casa, con el gato? Mientras mamá y papá hablan un rato y descansan. ¿Qué les parece?

Dicho y hecho, los niños se habían ido y Nymphadora se había dejado caer en el sofá más cercano.

— Lo siento, Severus. Has de estar decepcionado. No sé qué ha sucedido, creo que...

— No lo estoy, ¿por qué habría de estarlo? Todo ha sido por el estrés físico y mental al que te ves sometida día a día. Y siempre, si así lo quieres, podemos volver a intentarlo. No lo sé.

— Gracias por comprenderme, Severus. En verdad. Haces que todo sea más fácil.

— Vamos a la cama. — eso había dicho el hombre, mientras volvía a besar su frente con delicadeza.

Ya encontrarían una solución.