aviso mature

Entrenaron incansablemente, desde los alumnos de Hogwarts hasta los squibs y muggles refugiados en el colegio, si no tenías habilidades mágicas practicabas tiro con arco o con arma de fuego, ataque cuerpo a cuerpo, todos debían practicar medicina de guerra y en pocos días se comenzaron a notar los avances.

Armand ya había hecho amigos de la que actualmente era su edad, chicos de primer y segundo grado que lo seguían por su madurez, su agradable presencia y sus habilidades con magia oscura.

—Sigo pensando que es mala idea entrenarlos como mortífagos— susurró Minerva a Sprout mientras reforzaban algunos muros.

—Van a enfrentar a mortífagos Minnie ¿Qué esperas?— suspiró —sabes muy bien como terminó Ron Weasley—

—No era muy hábil que digamos— siseo y disparó un conjuro protector hacia la pared frente ella — Hermione, Fleur y el resto del grupo de Harry no emplean magia de ese tipo—

—Minnie— suspiró cansada la profesora de herbolaría —Están acompañadas por un grupo de Drumstrang ¿Qué crees que les han enseñado? — sonrió burlona —incluso Firenze está organizando grupos de centauros usando sus habilidades más ocultas y que según el ministerio eran reprobables—

—Lo importante es sobrevivir por ahora —opinó Nick Casi Decapitado que curioseaba cerca de ellas —la cantidad de fantasmas en la zona se ha incrementado y es realmente incomodo—

—¿Ves? hasta Sir Nicholas está de acuerdo— concluyó Pomona sonriendo divertida.

Wilhemina tenía a su cargo los chicos de quince en adelante, quien pudiera mantener el paso de la pelirroja en una carrera, la habilidad de trepar árboles y al mismo tiempo lanzar conjuros era bienvenido.

Severus se concentró con los chicos más diestros en pociones, y siendo honestos, contaba con un grupo bastante reducido, básicamente jóvenes con la buena intención de ayudar además de esforzarse por no hacer volar lo que quedaba del colegio; su botiquín había crecido y los venenos tanto volátiles, en polvo o ungüento y líquidos eran suficientes para desintegrar a bastantes gigantes.

El joven Snape patrullaba las ruinas acompañado de su inseparable elfo, le gustaba corretear por la orilla del lago solo, con Jumble siguiéndolo a prudente distancia, ya había hecho migas con las sirenas, incluso continuando con la costumbre de su madre, empezó a ganarse la confianza del calamar que se recuperaba de las heridas causadas por el último ataque de gigantes y hombres lobo, un par de semanas antes de la llegada de la familia Snape.

—¿Cuándo atacaremos mamá?— curioso Armand picoteaba su comida mirando fijamente a su madre que le servía un vaso de jugo a Severus, el esfuerzo del grupo se reflejaba también en la cantidad y calidad de alimentos preparados por los elfos sobrevivientes.

—Cuando tu padre considere que estamos listos— susurró tratando de que nadie les escuchara pues el ahora pequeño comedor estaba repleto.

—Este ejército es un verdadero desastre— bufó en voz baja Snape padre — si Minerva sigue inculcándoles el temor por el uso de magia oscura, no llegaremos muy lejos—

—¿Ya hablaste con ella?— la pelirroja le entregó su copa, rozaron suavemente sus dedos y se dirigieron una mirada apasionada, Severus lo disimuló pero Mina se ruborizó de inmediato.

—No— susurró divertido —menos ahora— le hizo un guiño —te pones en evidencia muy fácilmente—

—¿te sientes mal mamá?—

—Al contrario hijo, tu madre se siente perfecta, llena de vida y energía que es capaz de…— la chica lo acalló con una mirada seria

—¡Severus!— intentó sonreír —los dos… terminen de comer, quiero dragar una parte del lago, el calamar ha llevado cosas a la orilla que no me terminan de gustar—

—¡¿Viste el enorme cráneo mamá?!— chilló sorprendido el niño

—No solo eso— dirigió una mirada preocupada a su pareja —Creo que están lanzando inferis desde alguna de las orillas contrarias — suspiró —Armand por un tiempo te quiero lejos del lago ¿entendido?—

—Si mamá ¿papá podría entrar a la sala de menesteres? necesito practicar mis conjuros de agua—

—¿Más enseñanzas de tu abuela?— para Severus era preocupante que ahora Arthanis le enseñara magia antigua y oscura al niño, sobre todo por lo que Mina le platicará tardes después del encuentro que tuvo en la cabaña y lo que Sinistra les dijera antes de que el mismo niño la ejecutara.

—Si… todas las noches— suspiró —Jumble me ha ofrecido poción para no soñar, pero… la verdad…—

—Quieres aprender magia oscura— concluyó Mina

—Magia en general mamá— respiró profundo — encontramos un cuadro entre los escombros de la oficina del director, entre todos, era el único que todavía contaba con habitante, los otros estaban vacios—

—¿De quién se trata?— Wilhemina pensó en el fastidioso anciano.

—Heliotrope Wilkins, fue directora hace muchos años y…— sonrió —ella confía en mí, dice que soy de los pocos niños elfos que conoció…me preguntó por ustedes, por mis padres y bueno…— agachó la mirada —se que no debo hablar con extraños sobre ustedes, pero … es una señora genial—

—Heliotrope de hecho no fue adepta a la magia oscura— susurró Severus —¿de qué has hablado con ella?—

—la profesora sabía de la existencia de mi abuelo, al parecer el último director le habló de él, me dice que le consultaba muchas cosas sobre … Tom Riddle…— miró de reojo a su madre que le hizo un guiño para que continuara —sabe quién es y lo que busca, sabe de dónde viene y lo más raro, sabe de dónde vengo—

—¿Qué te ha dicho que hagas?— interesado su padre dejó la comida de lado

—practicar, dice que hay una varita muy especial, que el último director poseía y que al menos ella no sabe que sucedió con ella— picó un poco su comida —dice que debo buscarla, que me pertenece—

—¿especial la varita de Albus?— preguntó Mina a su pareja —Tú fuiste quien lo entregó, y nunca escuche a mi padre decir que tenía la varita de Dumbledore—

—Termina de comer princesa, hay mucho que hablar y analizar, y tu enano… ve con la profesora Wilkins a la sala de menesteres, que te acompañe Jumble—

—Si pá— contestó con el bocado a medio tragar —¿crees que pueda intentar reparar los otros cuadros?—

—¿Por qué te interesa hacerlo?—

—Dice Heliotrope que uno de los directores más antiguos es familiar tuyo— contestó el niño sin darle importancia.

—bien, solo… ten cuidado— susurró limpiando sus labios y levantándose —¿Mina?— le ofreció su mano y salieron del pequeño espacio que el grupo de sobrevivientes usaba como comedor con las manos entrelazadas.

Caminaron en silencio hasta el pequeño roquerío donde años atrás Wilhemina encontrara su pequeño escondite.

—¿Quieres pasar?— juguetona le hizo el ademán de cederle el paso al tiempo que las rocas se separaban por el conjuro hecho en silencio.

Todo seguía en su lugar, la bolsa de dormir, la mochila y la pequeña lámpara de aceite; cerró la entrada y se sentó al lado de Severus que encendía la lamparita.

—¿hace cuanto tiempo?— suspiró Mina.

—Pareciera que fue hace poco— susurró en el oído de su mujer dándole suaves mordiscos —todavía tengo ese vestido en mi dormitorio…—

—Cariño, parecemos adolescentes— siseo divertida tras un prolongado beso en los labios.

—Es la cercanía del peligro, de la muerte— suspiró liberándola de su abrazo —Temo tanto perderte—

—Yo también Sev, pero temo más por Armand— se le acurruco en un abrazo —¿Qué vamos a hacer?—

—Estaba pensando en… reunirnos ya con Potter y su grupo— carraspeó claramente molesto —este arremedo de ejército no avanzará más allá si no se ven en peligro, si no ven que sus vidas dependen del uso de magia prohibida—

—Vamos a perder a muchos— Mina se arrebujó más en el abrazo —lo importante es que Armand salga ileso—

—Mañana hablaré con Pomona, organizaremos nuestro plan de marcha y… veré la forma de contactar a Potter—

—Tendré que hablar con Armand, sobre lo que mi madre le ha enseñado— suspiró ella —¿confías en el cuadro de la profesora Wilkins?—

—Albus consultaba muchos temas con ella— la abrazó con fuerza —de él quiero hablarte princesa—

—¿De Albus? ¿Qué ocurre?—

Flash back

Severus se desapareció llevando a Albus bajo el hechizo Duum mortuus, el anciano no tuvo tiempo de reaccionar o al parecer no quiso hacerlo.

Aparecieron en las ruinas de la vieja abadía donde tiempo atrás Snape realizara sus experimentos con la bacteria infame que acabó con miles de vidas alrededor del mundo; de entre las ruinas sacó una jaula enorme, parecida a la que en el salón de audiencias del Wizengamot encerraban a los enjuiciados y metió sin tiento al anciano, al que despojó de su varita.

—¿Por qué?— siseo furioso a centímetros del rostro del anciano, quien en ese instante quedó libre del milenario conjuro —¿Por qué nos hiciste tanto daño?—

—Severus yo… te entiendo, sé que no tengo derecho a pedirte clemencia o perdón—

—Interviniste en mi vida siempre, siempre me cargaste de culpas innecesarias, alejaste de mí cualquier atisbo de una vida normal y … feliz— gruñó amargamente —lo que le hiciste a Mina—

—Lo que sientes por ella, es aún más fuerte que lo que Lily te provocaba—

—Lilian fue algo de adolescentes… Wilhemina era mi vida ¡Era mi maldita vida!— rugió furioso —ahora ella está con su padre, haciendo lo que tú querías evitar y… y… — gimió apoyando la frente en las rejas.

—Severus, lo siento tanto— susurró —un viejo puede equivocarse—

—¿Equivocarse? ¡Destruiste mi vida, la de Mina, la de Potter, la de Lilian y James, la de Remus!— gritó furioso apuntándolo con su varita, una ráfaga de golpes invisibles aturdió al anciano —tengo ordenes de degollarte, de arrancarte la cabeza y entregársela al amo— siseo escupiendo las palabras.

—Puedes contravenirlas, eres libre de tomar tus decisiones…— el fuego del odio brilló en los ojos de Severus que lo apuntó con su varita, siseando con furia cada una de las palabras.

—¡Ego invocare potestates dryadalum ego invocare magica patres mei esse brevis vincula, denique venas ego aliquam magia tua, et ego postulant ex ius victor vestri core magicae!—

Albus recibió el impacto del conjuro que vio como una bola dorada de luz que le golpeo el pecho, abrió los brazos y echó hacia atrás la cabeza abriendo los ojos y la boca desmesuradamente.

Por su mente pasaron imágenes de su infancia, sus padres y hermanos haciéndole derramar silenciosas lágrimas de tristeza y añoranza; sus tiempos escolares, su promoción a profesor, tantas vidas que pasaron por sus manos, pero de ellas, las más importantes por fin se dio cuenta que resultaron las más heridas.

Ariana fue la primer víctima de sus excentricidades, su hermana que tanto lo necesitaba murió y él fue el culpable, el recuerdo lo hizo gemir y un dolor agudo se clavó en su espalda atravesándolo hasta el pecho, una luz plateada salía de su boca como un listón.

Con un hábil movimiento de muñeca, Severus dirigió el listón hasta hacerlo entrar en un frasco que se tapó automáticamente, Albus cayó de rodillas, apenas sosteniéndose de las rejas de su prisión.

—Cumple pues con tus ordenes— suspiró el viejo —solo concédeme un último favor— Snape no contestó, su mirada furiosa lo traspasaba —escóndela— Albus le entregó su varita —guárdala y solo que salga a la luz cuando sea necesario—

Snape le arrebató la varita, así que esa era la famosa vara de sauco, la legendaria reliquia del cuento, sonrió de lado y la guardó en su bolsillo para, en silencio, paralizar de nuevo al anciano.

fin flash back

—¿Cómo lograste ese conjuro?— susurró Mina acurrucada en un abrazo cálido —se supondría que solo los elfos…—

—Si ustedes los elfos pueden ¿Por qué nosotros los hechiceros no? preciosa no has entendido que la magia es magia, venga de donde venga, solo debemos tener las habilidades desarrolladas de manera correcta—

—Aunque también dijo Sinistra que tu familia materna tiene sangre especial—

—Puede ser— se encogió de hombros indiferente —el punto es, que la varita sigue oculta, no pensaba sacarla pero si el niño tiene las habilidades de Albus, tal vez esté listo para controlarla—

—¿Dónde está?— preguntó curiosa, él solo le hizo un guiño —¿Severus?—

—En lugar seguro señora elfa— le sonrió dándole un tierno beso —por ahora, debe dedicarle un poco de tiempo de calidad a su amante ¿no lo cree?— con cuidado la fue recostando sobre las mantas extendidas en el suelo.

Se besaron con calma, Severus le fue desabotonando despacio la blusa, abriéndola para dejar al descubierto la blanca y suave piel del torso de su mujer.

—Ignoro que conjuro me has lanzado, pero con solo rozar tu piel me vuelves loco— susurró besando con ternura el cuello, descendiendo hasta el sostén que ya había desabrochado para liberar los pechos de la pelirroja —saborearla, sentirla en mi boca borra cualquier migaja de razón— gimió atrapando un pezón para chuparlo con ímpetu, ella solo enredaba los delgados dedos en la negra melena que se mecía en su pecho.

Mina movía las caderas con suavidad, el lenguaje primitivo del deseo, de la necesidad de integrarse en uno solo.

En pocos minutos se encontraban ya desnudos, acariciándose, recorriendo cada milímetro de sus pieles con la lengua y labios, líneas húmedas trazadas al azar sobre sus vientres, el erecto miembro de Severus capturado en la boca de su mujer mientras él hundía su lengua en la mojada entrepierna que le reclamaba más.

Se derretían uno en manos de otro, se entregaban plenamente porque tal vez esta sería la última vez en muchos días que pudiesen estar así, desnudos y transparentes dejándose llevar por el fuego que los fundía en uno solo.

Wilhemina ahogó un grito de placer atrayendo con violencia las caderas de Severus hacia su cara, el grueso miembro entró hasta su garganta provocando en él un fuerte orgasmo, como solo los había logrado tener con ella.

Se apretaron a los cuerpos, sin importarles la falta de respiración, las ramitas que se clavaban en sus carnes, bebían sus fluidos desesperados, sedientos de ellos mismos.

Por fin Severus se tumbó de lado, agitado buscaba llevar la mayor cantidad de aire a sus pulmones, sonrió de lado cuando escuchó a su mujer, también sin aliento, pero aún así buscándolo con su mano, no quería dejar de sentirlo a su lado.

—Respira— se burló él acomodándose al lado de ella, acariciándole el cuello para atraerla y darle un dulce beso en los labios.

—no— contestó ella a media voz atrapándole el labio inferior con los dientes —destrózame profesor— susurró.

Abandonaron su escondite casi al amanecer, tomados de la mano recorrieron el camino de vuelta a los restos del colegio, a lo lejos se veían los relámpagos causados por los hechizos mortífagos y los dementores; el futuro era nebuloso pero sentirse, saberse el uno al lado del otro con la energía suficiente para defender a su pequeño heredero era suficiente para seguir adelante.

*invoco los poderes élficos invoco la magia de mis ancestros corto los lazos corto las venas anulo tu magia y exijo por derecho vencedor tu núcleo mágico