Chapter 36:

Severus se apartó rápidamente de su lado, mientras salía a velocidad vertiginosa de la casa de Crowe. En cuanto su pie dio con el suelo fuera de la mansión, Snape desapareció con una suave detonación. Definitivamente, necesitaba protección. Y sabía a quién acudir para obtenerla.

Severus se dejó caer en su cómoda cama, cerrando los ojos, sin creer todavía lo que había pasado con Crowe. Suspiró, mientras meditaba su propia decisión. Al día siguiente iría a ver a Lucius, aceptaría su proposición y no habría vuelta atrás; estaría marcado de por vida.

Sintió un sabor amargo en la boca: James le había traicionado y se había largado con Lily. Pensó que verdaderamente no sería difícil matar a unos cuantos muggles; no, si con ello conseguía el poder para protegerse a sí mismo, para vengarse de esos idiotas que tanto daño le habían hecho.

Black y sus bromas crueles, Lupin, siempre callado, intentando hacerse el bueno, Pettigrew y sus estúpida adoración… Y James y su traición. Para Severus, toda oportunidad de volver con él había acabado cuando éste se había casado con Lily. La pelirroja era manipuladora, y por supuesto, se había opuesto a la relación clandestina que habían tenido James y él.

Cerró los ojos, intentando dormir, mientras se daba la vuelta en su cama. Esperaba haber elegido bien, sobre todo después de la amenaza de Crowe, que incluía implícitamente a Black. Se durmió, intentando alejar los malos pensamientos de su mente, y al día siguiente se levantó cansado. Rápidamente miró el reloj de mesilla, y abrió la ventana, dejando pasar a una imponente lechuza oscura.

Cogió la carta que llevaba el pájaro y dejó que se fuera, observando el escudo de armas de los Crowe, impreso en el sello. Alzó las cejas, sorprendido de que el auror hubiera sido tan rápido y eficiente. Abrió la carta, mirando su contenido: una pequeña nota de Crowe diciéndole vagamente que estaría vigilándole, y la carta del banco de Gringotts informándole oficialmente del traspaso de dinero y propiedades a su cuenta. Sonrió, sin creer del todo la suerte que tenía, y se preparó el desayuno.

Severus dio vueltas a su café ausentemente; Black había vuelto a entrar en su vida, Crowe parecía un perro rastreador, y a Severus sólo le quedaba la pobre protección que le ofrecían los Malfoy. Suspiró, mirando por la ventana, y terminó de desayunar. Se vistió con rapidez y se desapareció, para aparecer en un callejón.

Cerca de allí estaba su lugar de trabajo. Se limitó a entrar y dejar su abrigo muggle colgado en la percha de la entrada, como solía hacer, y se sentó en el taburete que solía ocupar. A su lado, los demás trabajadores le miraban con una disimulada expresión de horror en los labios, y Severus cerró los ojos por un instante: seguramente Black y Crowe ya habrían estado allí, haciendo preguntas comprometedoras y dejando a todos bajo la impresión de que era un mortífago peligroso y sanguinario.

Nadie dijo nada, y con un poco más de odio dirigido a los dos aurores, Severus se puso manos a la obra, agradeciendo a los cielos que su jefe todavía no le había dicho nada. Era un hombre ambicioso, muy ambicioso, y Severus sabía que estaba tan contento con su rendimiento en el trabajo que le daba igual las acusaciones que habían hecho los aurores.

La lista de las pociones que había que elaborar ese día era larga, y Severus decidió saltarse la hora del almuerzo para terminar lo antes posible con su trabajo y poder ir a ver a los Malfoy. Cuando apareció por la Mansión Malfoy ya eran las cinco. Volvió a recorrer el camino de grava con los hombros hundidos y profundas ojeras y llamó un par de veces a la puerta.

Narcissa le abrió con una sonrisa en los labios, y una vez dentro, le abrazó delicadamente, antes de decirle donde estaba Lucius. Snape sonrió mientras le agradecía, y subió las opulentas escaleras de mármol, hasta llegar al estudio de Lucius. Llamó con impaciencia, esperando que el rubio no estuviera ocupado y pudiera atenderle. Rápidamente, la puerta se abrió, y el semblante de Lucius cambió de seriedad a satisfacción al verle.

- Pasa, Severus. No te esperaba tan pronto.- el aludido entró, sentándose en un sofá frente al fuego. Malfoy se sentó a su lado, demasiado cerca.- Entonces… ¿Qué te trae por aquí?

- Yo… Lo he pensado y…- las palabras se le hacían pesadas en la garganta. Severus tragó saliva ante la mirada ansiosa de Lucius, y continuó.- Acepto tu propuesta, Lucius.

- Me alegra oír eso, Sev. No esperaba menos de ti.- los labios de Malfoy se posaron encima de los suyos con una sonrisa gatuna, mientras se colocaba encima de él. Perplejo, Snape no hizo nada para evitar el contacto; contacto que no había tenido con Lucius desde que saliera de Hogwarts. Rápidamente, reaccionó y se levantó estrepitosamente, mirándole de forma extraña.

- ¿Qué estás haciendo, Lucius?- Malfoy se movió hacia él, sin contestar y todavía sonriente, hasta dejarlo arrinconado entre la pared y su cuerpo. Severus sintió cómo besaba su cuello, sus manos posándose en sus caderas desvergonzadamente. Tan rápido cómo se había acercado, Lucius se alejó, alisándose las ropas, mientras le preguntaba:

- ¿Te quedarás a cenar, Severus? Podemos celebrar tu decisión.- Snape le miró con una mezcla de confusión y concentración: ¿qué pretendía con ello?

- Bien.- admitió finalmente. Lucius sonrió triunfalmente, para mayor desconcierto de Severus y se acercó a la chimenea.- ¿Qué haces?

- Tengo que avisar al Lord, para que lleve a cabo tu iniciación. ¿No crees, Severus?- Lucius lanzó los polvos flú al fuego y metió el pie dentro, sin quemarse. Severus le miró una última vez, antes de tomarle del brazo.

- ¡Espera!- el rubio le miró, frunciendo el ceño.- Él… ¿Podría protegerme, verdad?

- Por supuesto. No tienes que preocuparte por los aurores, Sev. Ahora todo estará bien.- las palabras de Lucius sonaron poco tranquilizadoras. ¿Todo estaría bien? ¿De verdad podía pensar eso? Había oído de las matanzas de los mortífagos como para sentirse mínimamente asustado, además de todos los rumores que corrían sobre el Señor Tenebroso.

Lucius desapareció en la red flú, y Severus bajó al salón, con Narcisa. Se relajó, sabiendo que al menos ella no tenía esas salidas de tono que poseía Lucius, cuando se había tirado encima de él. Pronto, Lucius volvió al salón con una sonrisa de satisfacción que no auguraba nada bueno, según Severus. A pesar de la confianza que tenía con los señores Malfoy, el moreno no nombró nada de lo que había pasado entre Russell Crowe y él, pensando que no sería prudente.

Narcissa no dijo nada cuando Lucius entró, a pesar de que seguramente ya sabría de su decisión. Sin embargo, su sonrisa dulce traspasó el alma de Severus, que sintió auténticos deseos de salir corriendo de la casa y olvidarse de todo. En algún momento había pensado que aquella decisión sería un avance, pero… ¿Podía ser un error, más que un acierto?

Cuando volvió a su apartamento alquilado, su cabeza ya estaba a punto de estallar. Era tarde, y al día siguiente debía levantarse pronto para ir a trabajar, pero sin embargo, sólo se sentó en la silla de la cocina, mirando la mesa con aire ausente, hasta que escuchó un ruido en la ventana.

La lechuza moteada de Lucius estaba allí, esperando que le abriera la ventana. Miró a través del cristal, sorprendiéndose de la oscuridad que había en la calle, antes de mirar su reloj de pulsera: pasaban de las diez de la noche. Suspiró y abrió la ventana, cogiendo rápidamente el trozo de pergamino que llevaba la lechuza atado a la pata.

Severus observó la lechuza irse, mientras dejaba el papel doblado encima de la mesa. Volvió a cerrar la ventana, y se sentó en la silla nuevamente. Parpadeó varias veces, antes de atreverse a tomar el pergamino. Lo desdobló cuidadosamente, y observó la letra de Malfoy: mañana a medianoche.

Snape hizo un gesto de hastío al ver lo pronto que comenzaría a ser… mortífago. Todavía sonaba mal en sus oídos, pero supuso que debía acostumbrarse. Suspiró fuertemente, antes de tomar su decisión: se levantó rápidamente y desapareció.

Volvió a aparecer en un parque cercano al Valle de Godric. Severus caminó rápidamente por la ladera, sin importarle el frío de la noche, y llegó hasta aquello que buscaba. La gran casa en la que vivía el matrimonio Potter tenía encendidas las luces de la planta baja. El hombre se quedó allí, de pie frente a la casa mirando.

Y entonces lo vislumbró: James y Lily, juntos en un sofá grande y lujoso, riendo por alguna tontería. Se quedó un rato más mirándolos, sintiéndose masoquista por ver a la persona que amaba disfrutando de su vida con alguien que no era él. Pero aquella visión le hizo tener todo más claro: James había seguido con su vida, le había olvidado y ya tenía su familia feliz y socialmente aceptada.

James le había dejado, y Severus sabía que debía superarlo, que debía seguir con su vida, costara lo que costara. Y si eso significaba matar muggles, que así fuera. Su mirada se hizo hielo, mientras sus ojos se clavaban en la escena familiar, mirándoles con rencor, antes de dar media vuelta y volver sobre sus pasos.

Estaba preparado. Severus suspiró al llegar al punto de aparición, y miró hacia atrás una última vez, antes de desaparecer con una pequeña explosión. Era tiempo de rehacer su vida, de dejar de esperar a que James diera el primer paso y tomar las riendas de su existencia.


¡Hola, hola! Antes que nada, gracias por sus reviews. El próximo capítulo será... La Iniciación de Sev. ¿Ansiosos? No deberíais XD En fin, dejen reviews si quieren, y si no... ¡También! LOL

¡Saludos a todos!