Capítulo 38

Fantasmas del pasado

Jacques Beaumont reconoció de inmediato a Beatrice, y se quedó sin aliento, sin duda los años habían pasado, y ya no tenía la fresca belleza de antaño, pero aún era altaneramente hermosa, tal vez si alguien conociera su historia diría que se encontraba encantado con encontrarse con la imagen de su amada difunta esposa. Pero no, Beatrice y Violet siempre habían sido completamente diferentes para él. No importaba que la gente dijera que eran tan parecidas como dos gotas de agua, él había podido distinguir en sus almas desde hacía mucho tiempo atrás.

No había esperado verla nunca más en su vida, después de cerca de 25 años volvía a América, y no era una casualidad, por años le había carcomido la duda y la culpa.

La culpa de haber sido un mocoso imprudente en vez de un caballero cuando conoció a Beatrice y a Violet.

La duda de no haber estado seguro de si en realidad Violet había muerto sin dar a luz, él recordaba que entre toda la confusión había escuchado el llanto del bebé, pero esa noche él se encontraba delirante en fiebre.

Había salido de caza y una bala pérdida lo había alcanzado dos días atrás, la herida se había infectado, y cuando Violet dio a luz él no se encontraba a su lado. Cuando le dieron la noticia de la muerte de Violet el perdió el conocimiento, de hecho, el doctor le había dicho a Beatrice que él había muerto, y ella había desaparecido esa misma noche.

Aun delirando en fiebre el médico, amigo de su padre lo había sacado de la mansión, gente de su confianza había liquidado los bienes y negocios, y para cuando el recuperó la conciencia estaba a medio camino a Francia. Su padre le había revelado que sus investigadores estaban seguros que su herida no había sido accidental y el médico le dijo que la bala estaba envenenada.

Jacques recordaba a Beatrice acercándose a su cama, y diciéndole sin rastro de lágrimas en sus ojos que Violet había muerto y con ella su hijo. El médico había observado la sonrisa en el rostro de la mujer cuando le dio la noticia y en cuanto ella salió puso manos a la obra. Nunca se le ocurrió dudar de la muerte del bebé.

Durante años sus investigadores habían buscado a su hijo, pero nunca dieron con una sola pista. Hacía dos semanas un hombre se había contactado con él, diciéndole que un tal William Albert Andrey lo había contratado para investigar sobre él y Violet, y sobre Beatrice. Él hombre le había dicho que si quería respuestas debía acompañarlo.

Durante el viaje, el hombre de confianza de los Andrey, quien no era otro que George le había dicho que aún no podía revelarle lo que sospechaban, y que por eso le pedían que asumiera otra identidad. Su nombre era Jean Paul Daviau.

George era un hombre impenetrable, sólo le había prometido que en cuanto se encontrara con William Andrey él le explicaría todo. Sin embargo, no le había advertido de la presencia de Beatrice.

William, que gusto tenerte de regreso, te presento a Monsieur Jean Paul Daviau, él nos asesorará con la compra de terrenos vinícolas en California. –

Mucho gusto Monsieur Daviau.

El gusto es mío señor Andrey, sin embargo, si no le importa preferiría que nos deshiciéramos de los formalismos.

Muy bien Jean Paul, permítame presentarle a mi familia y amigos.

Albert lo llevó a presentar, y la última persona a la que se dirigió fue a Beatrice.

Jean Paul, te presento a una invitada de mi tía, y parienta política de la familia Andrey, Beatrice Adams.

Jacques observó los ojos de la mujer que tenía frente a él, ella estaba sin duda impresionada, pero recobró su compostura y saludó formalmente.

Monsieur…-

Daviau, Madame Adams.

Un placer. –

Jacques besó galantemente su mano como le había hecho con las otras mujeres, sin embargo, el pulso de ninguna otra mujer se había acelerado de igual manera. De pronto a espaldas de ella dos hermosas jóvenes descendieron las escaleras, Jacques Beaumont se quedó sin aliento, era como ver a Violet de nuevo. Una era Rubia y la otra tenía el cabello negro como el ala de un cuervo. Pudo sentir como la mano que aún sostenía se tensaba.

Jean Paul, te presento a mi esposa y a una amiga de la familia… -

Pensé que me presentarías a tu esposa ya tu cuñada…-

Albert ignoró el comentario y llamó a Candy y a Elizabeth. Ellas se acercaron. Jacques aún no sabía cuál de las dos era la esposa de Albert, y por un momento pensó al ver a Elizabeth embarazada que sería ella. Así que sin esperar a la presentación saludó.

Sra. Andrey, un placer conocerla. Jean Paul Daviau a su servicio. – dijo mientras se inclinaba a besar su mano.

Elizabeth sonrió, hacía mucho que había olvidado que alguna vez en efecto había sido la señora Andrey, al menos de nombre.

Disculpe, pero está usted equivocado, soy Lady Elizabeth Lancaster Oxenford, mi amiga aquí presente es la señora Andrey. –

Jacques la miró sorprendido, pero sin perder su aplomo se volvió a Candy.

Espero pueda perdonarme Madame Andrey. –

No tiene que disculparse, Albert no nos presentó. Mucho gusto en conocerle Monsieur Daviau, espero se sienta agusto entre nosotros.

Candy no tenía ni idea de quién era el hombre que tenía frente a ella, solo sintió un nudo en la garganta cuando lo vio y por lo que pudo percibir a Elizabeth le pasó lo mismo. Jacques era sin duda un hombre muy apuesto, a pesar de que seguramente tenía unos 50 años.

En cuanto tuviera oportunidad le preguntaría a Albert, quién era Jean Paul, y también le contaría lo que había hablado con Elizabeth. Beatrice se acercó a Elizabeth, y Candy pudo percibir como la mujer embarazada se tensaba cuando Beatrice puso su mano en el brazo de ella con el pretexto de ayudarla a buscar un asiento.

Yo acompañaré a Elizabeth Lady Beatrice, no se preocupe. – dentro de ella sentía la necesidad de proteger a Elizabeth.

Como tú digas Candy, es bueno tenerte de vuelta y dime ¿podemos felicitarte a ti o a William porque pronto tendremos un heredero de los Andrey? ¿O será que William debería reconsiderar su elección de esposa y volver a la anterior? –

Beatrice, no te permito que te dirijas a mi esposa de esa forma. –

Calma William, es solo un inocente comentario. –

La voz de Beatrice era está vez idéntica a la de la enfermera que había atormentado los días de Candy. Ni Elizabeth ni Candy sabían a qué se debía tan descarado ataque, sin embargo, Albert, George y Jacques pudieron percibir que Lady Beatrice Adams se sentía acorralada, y sabía perfectamente quién era Jean Paul Daviau.

Debían hablar con Candy lo más pronto posible. En realidad, no había suficientes pruebas materiales para incriminarla de nada, pero al ver a las tres mujeres juntas era imposible pasar por alto su parecido físico. Y a Albert tampoco le pasó desapercibida la mirada de Jacques cuando vio a Candy y a Elizabeth.

Marie llegó corriendo a abrazar a Albert y a Candy, un poco atrás Sophia caminaba de la mano de Pierre.

¡Papá! Mamá dijo que podré tener un caballo propio en la casa de Chicago, y el tío Pierre me llevó al zoo. –

¡Con qué si! ¿Y acaso no me extrañaste?

Jean Paul observó la escena un poco confundido, la pequeña sin duda era hija de William, pero él había entendido que esté era recién casado.

Jean Paul, te presento a mi hija Marie Andrey van Heussen, a su madre, Lady Sophia van Heussen… - volteó a ver a Sophia para saber cómo presentar a Pierre.

Y a mi prometido, Pierre Géroux. –

Albert sonrió para sus adentros, pero también sintió un escalofrío sin duda debía reunirse con Sophia y con sus abogados para llegar a un acuerdo sobre la custodia de Marie.

Jean Paul saludó amablemente, era una tarde extraña, ver de nuevo a Beatrice, Candy y Elizabeth que además de parecerse a Violet y entre ellas, no eran hermanas. Y ahora si había entendido bien la mujer que le presentaban era la madre de la hija de Albert, pero estaba comprometida con otro, esto parecía una escena sacada de una novela rosa francesa, no la vida de la alta sociedad americana que se decía mucho más conservadora que la europea.

La tarde pasó sin contratiempos, al final de la velada uno a uno se fueron retirando a dormir, sólo quedaban George, Albert, Candy, Jacques y Beatrice. Esta última había permanecido en silencio la mayor parte del tiempo, los hombres conversaban de negocios y Candy estaba ahí, tratando de aprender y al pendiente de que estuviesen bien atendidos, ya que ese era su papel como anfitriona, ella no se retiraría hasta que Beatrice se despidiese. Viendo que Candy se moría de sueño Albert decidió mover la reunión a la biblioteca, no lo había hecho antes porque quería ver si Beatrice decía algo, pero para su sorpresa la mujer se quedó cayada, parecía perturbada, pero Albert se dio cuenta que lo único que lograría esa noche con ella sería desvelar a Candy, además debía hablar a solas con Jacques Beaumont.

Candy, Beatrice, creo que las hemos detenido suficiente por esta noche, agradecemos su compañía, pero seguiremos con esta conversación en la biblioteca. –

Seguro, mi amor, yo le haré compañía a Lady Beatrice. –

Albert sonrió ante su determinación, y viendo que Beatrice no planeaba irse estaba a punto de hablar de nuevo cuando Jacques le ganó la palabra.

Albert, si me disculpas me gustaría dar un paseo por los jardines, tal vez Lady Beatrice quiera acompañarme. – Dijo galantemente Jacques, con un tono de voz que sin duda le recordó a Beatrice al hombre del que había estado enamorada.

Claro Jacques, si gustas, podemos hablar mañana… -

No, definitivamente me gustaría hablar hoy, pero me parece que tu esposa está cansada, porque no la acompañas a su habitación mientras Lady Beatrice y yo damos un paseo. –

Albert sonrió comprensivo, y con una inclinación de cabeza agradeció a Jacques la oportunidad de desaparecer por un rato con Candy.

Te veo en 40 minutos en la biblioteca. –

Claro. Lady Beatrice. -le dijo ofreciéndole la mano.

Beatrice volteó a verlo, frente a ella no estaba un hombre de 50 años con los cabellos salpicados de gris, sino el apuesto joven con cabellos negros como el ala de cuervo, que le sonreía con complicidad para que se escapara con él a algún lugar prohibido. Debía dejar de pensar, Jacques Beaumont estaba muerto, su mente solo le estaba jugando una mala pasada. Ella extendió la mano con dignidad, él la ayudó a ponerse de pie, y caballerosamente puso su mano en su brazo. Debía ser muy cuidadoso si no quería que lo descubriera, sabía que Beatrice era peligrosa, pero también pesaba en su conciencia que él la había hecho así.

Jacques in Beatrice se perdieron entre las sombras del jardín, mientras Candy y Albert subían las escaleras.

Y bien, ¿tu cuarto o el mío? Preguntó Candy un poco cansada, sin duda debía hacerse cargo de mudar todo a una sola habitación.

Pues en realidad te tengo una sorpresa. Ven, vamos. –

Albert guio a Candy hasta el tercer piso se la mansión, ese que tantos años atrás la había aterrorizado.

-Albert, ¿qué hacemos acá? Este piso está lleno de… –

- ¿Antigüedades? Retratos, hay una razón para eso… sus dueños murieron… -

- ¿A qué te refieres? –

- El tercer piso de esta mansión son las habitaciones privadas del patriarca y su familia, cuando lo conociste años atrás, estaba abandonado porque mi madre murió, después de eso papá lo clausuró, aunque nunca conocí a mi madre, me gustaba escabullirme acá, ver los vestigios de los que hubiese sido nuestra vida como familia. Por favor cierra los ojos. –

Candy obedeció, y el la guio el último tramo de las escaleras.

Lista, abre los ojos. –

Candy no podía creer que estaba en el tercer piso de la mansión, todo se veía completamente diferente, iluminado y hermosamente decorado, era como una mini mansión, con bellas alfombras, un comedor, recibidor, etc. Albert la guio al fondo de un largo pasillo frente a dos elegantes puertas de madera maciza.

-Albert, todo está hermoso… -

-Abre la puerta. –

Al abrir las puertas Candy se encontró con una hermosa recámara, decorada en tonos color beige con finos muebles de palo de rosa, la alfombra era del color del vino tinto, y el sobre cama un fino brocado color dorado, era suntuosa, y perfecta.

¡Albert ¡ ¿Cómo lo lograste? –

Pues…comencé la remodelación mucho antes de que nos casáramos, en cuanto te recuperaste y te fuiste a la cabaña, quería que todo estuviera perfecto, lamentablemente no lo terminaron para inmediatamente después de nuestra boda, por eso no había podido enseñártela, tus cosas y mis cosas ya las trajeron acá, y por supuesto que cualquier cambio o mejora que quieras hacer eres libre de hacerla. –

Candy se arrojó a sus brazos y lo besó.

Descansa preciosa, debo ver a Jean Paul. –

Gracias, no tardes mucho. –

Lo intentaré. –

La besó una vez más y la dejó sola para que explorara su nuevo hogar. Albert sabía cuánto amaba Candy la villa de Lakewood, y aunque no podía ser la mansión principal de los Andrey debido a los negocios, Albert había dispuesto que dentro de los bienes que se pusieron a nombre de Candy fuese incluido Lakewood.

En los jardines Jacques y Beatrice caminaron en silencio por un largo rato. Jacques quería saber si Beatrice sabía qué había pasado el día que su esposa murió, sin embargo, no podía preguntárselo directamente, había dado su palabra de que no descubriría su identidad hasta no hablar con Albert.

Y bien madame, ¿Por qué no me cuenta cómo es que está usted relacionada con los Andrey? –

Mi difunto esposo pertenecía a la familia, primo en tercer grado de William.

¿La esposa de William, o Elizabeth son sus hijas?

No Monsieur, ¿por qué lo pregunta?

Porque el parecido con usted es increíble, sobre todo en los ojos. –

Candy y Elizabeth no son hermanas, supongo que los Andrey tienen gustos parecidos…

¿tuvo hijos madame?

No, Víctor y yo no tuvimos hijos. ¿qué hay de usted?

Mi familia ha estado metida en el negocio vinícola por generaciones, y ahora los Andrey me contrataron como consultor para sus negocios.

¿Y su esposa no deseó acompañarlo?

No estoy casado, los negocios absorben todo mi tiempo.

Ya veo, sí no le importa, me retiraré a dormir, además aún tiene que reunirse con William en la biblioteca. –

Sin darle oportunidad de decir nada más Beatrice caminó hacia las escaleras. Jacques la observó, por un momento la figura de la solitaria mujer pareció duplicarse, a su lado caminaba otra figura vestida de blanco, el rubio cabello flotaba en el aire y los rayos de luna hacían que el blanco de su vestido refulgiera. El corazón de Jacques se aceleró, durante los últimos 25 años el fantasma de Violet había vivido con él, pero nunca tan real y vívido como ese día.

La silueta atravesó el umbral y desapareció en la luz. Jacques caminó lentamente, entró en la casa y se dirigió a la biblioteca. Cuando entró George y Albert ya lo esperaban ahí.

Muy bien William dime qué es lo que quieres de mí.

Candy, creció en un orfanatorio hasta los 12 cuando fue llevada a vivir con una familia que en realidad no la quería, después mis sobrinos me pidieron que la adoptara, y sabiendo que no era feliz lo hice con la intención de darle una mejor vida…

¿Por qué me cuentas esto? ¿Cómo es que te casaste con ella si era tu hija adoptiva?

Quiero que entiendas que significa tu ayuda para nosotros. Muchas cosas pasaron entre nosotros, nuestra relación nunca fue la de padre e hija. Aunque no lo creas hasta hace tres meses Candy no era ella misma, tal vez en otra ocasión te cuente más al respecto, el caso es que mientras Candy estuvo enferma una mujer se dedicó a aprovecharse de su debilidad y tratar de mantenerla en su estado de confusión diciéndole cosas horribles, Elizabeth y Candy…tienen un vínculo muy fuerte…tan solo por el parecido físico uno podría estar casi seguro de que son…

¿gemelas?

Sí, aún no sabemos porque, ni como, pero su conexión es muy fuerte, ninguna de las dos estaba segura de querer saber porque no crecieron juntas, ni quienes eran sus padres, sin embargo, si querían encontrar a la mujer que Candy recordaba, y yo le prometí a Candy que los responsables por todas las cosas horribles que tuvo que pasar enfrentarían sus responsabilidades, resultó ser que Beatrice es la dueña de esa voz que la atormentaba, pero entender sus motivos no era posible, no se trataba de dinero…

Se trataba de venganza.

Pues es lo que pensamos, pero no tenemos pruebas, solo ella sabe los motivos, o al menos eso pensamos hasta que alguien recordó los rumores de su pasado, un pasado que al parecer tú y ella comparten. Tal vez puedas explicarnos el porqué, y mejor aún, ayudarnos a que ella confiese.

William, crees que Candy y Elizabeth…

¿son tus hijas? Eso es lo que sospechamos, sin embargo, no tenemos pruebas, y por supuesto ninguna de las dos sabe aún.

Son idénticas a Violet, ¿crecieron juntas?

No, Candy creció relativamente cerca de aquí en un buen hogar, las mujeres que la criaron son sus madres. Elizabeth…creció en un orfanato en Inglaterra, por lo que he investigado es un milagro que sobreviviera los primeros años, ahí la encontraron en su adolescencia los Lancaster, y la adoptaron porque se parecía a su hija fallecida. En su forma, creo que las dos son felices.

Jacques guardó silencio por un largo rato, por años había buscado un hijo o una hija, jamás se le ocurrió que podía tener dos hermosas hijas tan parecidas a Violet.

Jacques, ¿Por qué las odia?

¿Beatrice?

Sí.

Éramos muy jóvenes, Beatrice era francamente seductora y Violet era tímida, pensé que estaba enamorado de ella, siendo un imprudente no dudé en hacerle ver que la prefería, sin embargo, la novedad acabó, y la dulzura y apacibilidad de Violet me conquistaron en el día a día, cuando llegó el momento de decidir a quién quería de compañera el resto de mi vida… tuve que ser honesto conmigo mismo. Me casé con Violet.

¿Crees que esa fue razón suficiente para traicionar a su hermana?

Beatrice es pasional, orgullosa, y rencorosa, no dudo que así haya sido. Aunque me culpo por haber roto su relación con Violet, la realidad es que Violet siempre la amó, para ella Beatrice era su otra mitad.

¿Nos ayudaras?

Sí, si ustedes tienen razón quiero conocer a mis hijas, y a mis nietos o nietas. ¿tienen un plan?

Pues no quisiera que Candy o Elizabeth tuviesen que enfrentarla, quisiera que ella misma confesara… ¿crees que te reconoció?

Creo que no está segura, definitivamente recuerda a Jacques, pero por 25 años he estado muerto para ella.

Bueno, durmamos y veremos que se nos ocurre, tal vez la cercanía sea suficiente para hacerla tambalear.

Albert se dirigió al tercer piso. Esperaba que Candy estuviese dormida, y estaba en lo correcto, sólo que en vez de en su cama se había quedado dormida en uno de los sillones del recibidor principal, Albert se acercó a ella y la observó dormir, envuelta en una bata de encaje y satín negro. El negro del satín contrastaba con su piel de alabastro, sus rizos dorados estaban desparramados por uno de los cojines, se veía hermosa y en paz. Él sabía que debía hablar con ella sobre Jacques, pero no esa noche, esa noche la tomaría en sus brazos y se quedaría dormido con el olor de su fragancia. Con cuidado de no despertarla Albert la tomó en sus brazos, ella se acurrucó en su pecho, era tan pequeña, y en apariencia frágil, y sin embargo él sabía que ella era mucho más fuerte de lo que cualquiera pudiera imaginarse. La llevó en brazos hasta su recamara y con cuidado movió el cubrecama y la metió entre las sábanas. Se deshizo de su ropa y se puso solo un pantalón de pijama, dolorosamente consciente de que en dos noches más debería dejarla sola para volver a Chicago. Se acurrucó junto a ella, su pecho pegado a su espalda, intoxicado con el aroma de su cabello soñó que se encontraba en la playa de Martha's Vineyard, tirado en la arena, la luna iluminándolos suavemente, y las olas golpeando contra la orilla.

El día siguiente parecía ser un día normal, lo pasaron sin contratiempos, sin embargo, al anochecer Candy se percató de que algo le pasaba a Elizabeth, de pronto una aguda punzada la hizo doblarse de dolor y quedarse sin aliento, al verla Albert se acercó preocupado. Candy respiraba profundo y veía a Elizabeth quién también estaba pálida.

¿Candy? –

Ven, debemos ir al despacho, por favor ayuda a Elizabeth, en lo que voy a buscar a Richard. –

De ninguna manera, vamos los tres al despacho, ahora mismo le pido a George que busque a Richard, te doblaste de dolor hace unos segundos, no te voy a dejar que vagues por ahí. –

Candy sólo asintió y se acercó para ayudar a Elizabeth a ponerse de pie.

Una vez en el despacho Albert las miró a las dos preocupado.

¿Qué sucede? - preguntó Albert.

¿Tienes dolores de parto no es así Elizabeth? – Candy ignoró la pregunta de Albert y volteó a ver a su hermana.

Sí… no la quiero a ella cerca. –

Albert las miró confundido por un momento-

Elizabeth ha estado soñando con Beatrice, pero no es como otro sueño, es como cuando yo veía sus recuerdos mezclados con los míos.

¿Qué viste? –

La vi a ella llevándose a dos bebés a escondidas… No la quiero cerca, no sé si vi el pasado o el futuro. -

Richard entró en ese momento preocupado y observó a su esposa por unos momentos.

Elizabeth, por el momento no puedo pedirle que se vaya de la mansión, tengo mis motivos, que con gusto te explicaré en cuanto hayas dado a luz y estés recuperada, lo que si te puedo prometer es que por ningún motivo le pasará nada a tu bebé, hay hombres cuidando la mansión, y vigilándola a ella, cualquier paso en falso y será su ruina. –

¿Albert? ¿Haz descubierto porque me odia? -Candy lo miró preocupada.

Albert guardó silencio por un momento, sabía perfectamente que si bien Elizabeth y Candy habían hecho cierta conexión mental acerca de Beatrice ninguna había asimilado por completo las implicaciones. Esa mujer era su tía, y también la responsable de que hubiesen crecido separadas y abandonadas en un orfanato… no quería ni pensar como añadir a Jacques Beaumont a esa mezcla.

Aún no te lo puedo decir, hasta que no esté seguro. –

Richard por fin habló. Aunque aún no había tenido oportunidad de hablar con Albert, sus hombres le habían informado la línea de investigación que seguían los Andrey, y tampoco creía que era el momento prudente para revelar las sospechas.

Querida, ¿qué tan cerca están las contracciones? –

Apenas empiezan. –

Entonces lo mejor es que sigamos como si nada, te hará bien caminar, y además tal vez logremos que Lady Beatrice no se dé cuenta por lo pronto. Así no le damos tiempo de planear. –

¿Qué dices Elizabeth? – le preguntó tiernamente Richard.

Está bien, Candy tiene razón. –

Entonces volvamos al jardín. –

La mesa había sido dispuesta para la cena en el jardín, la noche era agradablemente fresca.

Beatrice había pasado la noche anterior sin dormir, y el día huyendo de sus fantasmas, cada vez que Candy se acercaba por un momento creía ver a Violet, hermosa, ingenua, frágil y fuerte a la vez…Violet lo había soportado todo, saber que su hermana amaba a su esposo, que su esposo había estado enamorado de otra antes, e incluso que le había sido infiel, el día que Violet dio a luz su mundo se derrumbaba, su esposo estaba gravemente herido, ella no sabía que por un accidente de casa, Beatrice le había hecho creer que por un duelo de honor por haber tomado como amante a la hija de un hombre de sociedad. No era de extrañar que después de dar a luz se hubiese dado por vencida.

Ahora Elizabeth estaba cerca de su alumbramiento, Beatrice estaba segura que la mejor forma de arruinarle la vida al menos a una de las gemelas era repetir la historia, tal vez esta vez el destino estaría a su favor y la criatura jamás sería feliz.

En cuanto a Candy, ya una vez había matado al príncipe azul de alguien, ella mejor que nadie sabía cuánto significaba Albert para Candy.

Elizabeth estaba sentada en un chaise lounge, las contracciones eran cada vez más seguidas, Richard había mandado a llamar discretamente al médico, y Candy había mandado preparar su habitación para el parto. Pero Beatrice la inquietaba, no le quitaba la vista de encima, y precisamente se dirigía hacia ella, con una melosa sonrisa que francamente era mucho más aterradora que la usual reserva de la mujer.

Beatrice se acercó a Elizabeth y tomó asiento en el mismo chaise lounge, le sonrió y puso su mano en su abdomen.

Elizabeth, querida, ¿te encuentras bien?

Beatrice, agradecería que quitaras tu mano de mi abdomen.

Parece que tus contracciones están seguidas, no crees que deberías ir a tu cuarto, si gustas te acompaño.

Beatrice, te aseguro que lo que menos deseo es tú compañía en este momento.

Querida mía, no te alteres, es malo para tus bebés.

Elizabeth, ¿está todo bien chèrie?- Jacques se había dado cuenta que Elizabeth estaba incómoda, y vio la mirada en Beatrice, era la misma mirada que había visto el día que le dijo que se casaría con Violet.

Sí Monsieur Daviau, pero si no le importa, me gustaría saber dónde está mi esposo.

Yo iré querida. – Beatrice se puso de pie, no sin antes inclinarse al oído de Jacques. -Disfrútalo mientras puedas querido, te aseguro que muy pronto desearas haberte quedado muerto.-

Jacques tragó en seco, debía hablar con Albert.

Elizabeth, ¿te molesta quedarte sola? Iré a buscar a Richard.-

Está bien, ya se fue –

Richard llegó unos minutos después de que Jacques se fué.

Elizabeth, ¿cómo vas?

Creo que ya pronto será tiempo, ¿está todo listo?

Sí, vamos. –

Beatrice caminaba por los pasillos de la mansión tratando de encontrar la habitación dónde dormiría el bebé.

- ¿qué buscas?

- ¡Jacques!

- Beatrice… -Él la tomó de la mano y la metió en la biblioteca.

- Así que no estaba equivocada, después de todo sobreviviste. Dime ¿querido? ¿Qué se siente saber que le fallaste a la mujer que decías amar? –

- Yo le fui fiel a Violet. –

- Eso ya no importa, no es lo que ella creyó al final. –

- Beatrice, ¿no te has cansado de odiar?

- En realidad lo he disfrutado, no sabes lo que fue ver el horror en sus ojos cuando supo que tú y yo habíamos tenido que ver, que antes que la escogieras a ella, me escogiste a mí, qué te batiste en duelo con un hombre por seducir a su hija. ¿Pero sabes que fue lo que más le dolió?

- Tu traición, ella te amaba Beatrice. –

- En parte, pero saber que sus hijas estarían perdidas, separadas, sin oportunidad, eso fue la gota que derramó el vaso. –

- ¿Se lo dijiste? – Jacques no podía creer tanta maldad.

- Se lo dije cuando me suplicó que cuidara de sus hijas. -

- Tú las separaste. –

- Sí, yo las separé, yo se las quité de los brazos, y luego las llevé lejos, sabes que a Candy la abandoné en medio de una nevada, y a Elizabeth en el hospicio más insalubre que pude encontrar. Sabes, por años pude estar en paz pensando que había logrado mi venganza, casi fui feliz con Víctor.

- ¿y luego? Conocí a Candy, y supe que había fracasado. Ella era feliz.

- Beatrice, no te voy a permitir que le pongas un dedo encima a ninguna.

- Querido Jacques no pudiste impedir que te separara de Violet… hay solo una forma en que puedes asegúrate que las deje en paz.

- ¿Qué quieres? ¿cuánto quieres?

- Te quiero a ti, siempre te he querido a ti.

-¡Estás loca! Casi me matas, te robaste a mis hijas, probablemente mataste a mi esposa de dolor, Beatrice, no te quiero a mi lado, quiero asegurarme de que pagues todo lo que has hecho.

- No podrás hacer nada, viví un año bajo las narices de William Andrey atormentando a la mujer por la que daría todo, y él nunca se dio cuenta…

La silla del escritorio giró lentamente, el leve chirrido hizo que ambos voltearán, de pronto se escuchó un grito, seguido de un llanto.

Beatrice sonrió malévola. – parece que tenemos un pequeño en casa, al menos por un tiempo.

Notas:

Chicas, mil gracias por sus reviews, son él combustible de mis noches de desvelo. Quiero decirles que aprecio todos sus comentarios, los positivos, los desesperados, los enojados por alguna de mis locuras, gracias por compartir mi pasión por esta historia, espero les guste este capítulo.