Amor Inesperado capítulo 37 "Días felices" (Deja un review si viste esto ;D)
Caminó hacia la cuna que permanecía a un lado de su cama, se asomó y no pudo evitar sonreír al verlo. Tan tranquilo y apacible, bueno, sólo cuando duerme.
Soltó una risilla ante el pensamiento. Dos meses y aún se sorprendía por los fuertes pulmones del bebé.
De pronto una suave voz le hizo voltear hacia la amplia cama a un lado suyo.
—¿Ya te vas, Kurogane? — preguntó adormilada, aún calientita bajo las mantas.
—Sí— dio un paso al frente y se inclinó hacia ella, besando sus labios suavemente —Cuida de Sakura— pidió algo preocupado por su amiga, aunque esto nunca lo admitiría.
—No te preocupes por ella. Fye la cuida siempre— respondió con una sonrisa confiada.
—A eso me refiero, cuídala de él. Al parecer la abstinencia le está haciendo daño— no pudo evitar una carcajada al recordar cierta conversación con su amigo.
La esposa del ninja negó suavemente, pero sin borrar esa sonrisa divertida de sus labios.
—Nunca cambian— murmuró.
El ninja tomó su saco de vestir y se despidió de su familia para salir rumbo al edificio del concilio. Ahí se vería con Fye para resolver algunos asuntos del gobierno.
Mientras tanto en otra habitación…
—¿Segura que estarán bien sin mi? — se sentó suavemente en la cama, a un lado de su esposa. Inmediatamente posó la palma de su mano sobre aquella pancita de seis meses.
—Sí— rio ante las cosquillas que le causaban las caricias del rubio —Estaremos bien— murmuró divertida, pues su esposo no quería irse y ya se le estaba haciendo tarde.
—De acuerdo— se puso de pie, no queriendo hacerlo. Lo podía ver en su mirada: no quería apartarse de ella.
—Se te va a hacer tarde amor— le recordó con voz cantarina.
El emperador dio un pequeño salto y prosiguió a alistarse.
Fue hacia el vestidor y sacó un par de corbatas.
—¿Cuál me pongo amor? — señaló primero una de color carmín y luego una azul marino.
La castaña señaló la azul marino desde su lugar y él se dispuso a acomodar la prenda en su cuello, mirándose al espejo sin notar que su amada esposa se había puesto de pie y ahora lo sorprendía desde atrás, pegando su pancita a su espalda baja.
—Amo cuando haces esos— soltó en un suspiro, sintiendo el cálido abrazo y atrapando esas pequeñas manos en su abdomen, que lo rodeaban con tanto amor.
—Déjame ayudarte— pidió con una sonrisilla.
Él aceptó gustoso y dejó que su mujer le arreglara la corbata.
—Te ves muy guapo— soltó de repente. Logando un leve sonrojo en las mejillas de su marido —Se hace tarde— le recordó, dándole un pequeño empujón hacia la salida.
—¿Segura que estarás bien? — preguntó de nuevo, recibiendo el saco que ella le ponía en las manos.
Sakura casi lo sacó a rastras del cuarto.
—No me quiero ir— aceptó al fin, con carita de perrito abandonado.
Ambos estaban bajo el marco de la puerta.
—Tienes qué, amor— le sonrió divertida, pero un extraño apuro se veía en su mirada. Esto pasó desapercibido por el mago.
—Está bien— se estiró un poco desde donde estaba hasta alcanzar los labios rosas de su mujer —Te Amo— susurró antes de separarse por completo —Cuídate mucho y también cuida a nuestro pequeño— acarició de nueva cuenta esa pancita ya no tan pequeña.
—Ya vámonos, mago— lo tomó de la oreja, llevándolo a rastras por el pasillo.
—Buenos días Kurogane— saludó amable. El ninja se detuvo un momento para corresponder el saludo y luego prosiguió con su camino, arrastrando al rubio.
Sakura no pudo evitar reír ampliamente.
Entró a su recamara y cerró la puerta tras de sí. Soltando un suspiro de alivio con el acto.
Últimamente estaba sintiéndose muy extraña y estas sensaciones e impulsos la avergonzaban un poco, incluso no se había atrevido a decírselo a su esposo.
—¿Qué haré con esto? — suspiró de nuevo sin saber qué hacer al respecto, pues esos impulsos se hacían cada vez más grandes.
—Ya, tranquilo hombre— empujó levemente a su amigo hacia la entrada del garaje —Sakura estará ahí esperando por ti al atardecer, así que no te preocupes.
—Ya lo sé, pero me hubiera gustado quedarme más tiempo con ella— se encogió de hombros —¿No te gustaría lo mismo?
—Ahora que lo mencionas… sí. Me gustaría pasar más tiempo con Daisuke— aceptó un tanto cabizbajo, pues últimamente tenían mucho trabajo.
Descansaba bajo la sombra de un enorme árbol de cerezos. Amaba hacer eso cuando entraba a aquel jardín secreto.
Todo a su alrededor se volvía diferente al entrar a aquella atmosfera.
De pronto vino ella a su mente.
—Akemi…— susurró al viento.
Sinceramente se había quedado con muchas ganas de verla hace seis meses, cuando viajaron al país de Yuuko.
—¿Extrañas a la pequeña? — la voz de Ashura inundó el lugar.
El pobre de Yuui dio un salto por el susto que le propinó su padre.
—Tranquilo— rio —No quise asustarte.
—Pues lo lograste— respondió agitado y con una mano sobre su inconsolable corazón.
—Lo siento— rio de nuevo —Y volviendo al tema ¿Extrañas a Akemi? — se recargó en el tronco del árbol.
—Sí— respondió un tanto nervioso, sin saber por qué.
—Ya veo— soltó al viento, viendo cómo caían los pétalos de cerezo al suelo.
—Akemi, ya es hora de comer.
—Sí mami.
La pequeña salió de su cuarto y corrió escaleras abajo, directo al comedor, pero en el camino se topó con una sorpresa.
—¡Papi! — corrió hasta ser atrapada por los brazos de su padre, quien la levantó en brazos.
—Hola cariño ¿Cómo te has portado hoy? — pellizcó levemente su nariz.
—¡Muy bien! — rio ante la caricia.
—¿Segura? — la miró y luego a su esposa, ésta última asintió con una sonrisa.
—Sí, se ha portado muy bien— se recargó en el hombro de su marido, mirando a su hija.
—Así me gusta Akemi— dio una vuelta con ella en brazos hasta marearla y dejarla tumbada sobre el sillón más amplio de la sala.
La pequeña no paraba de reír.
—¿Cómo te fue en el trabajo, Syaoran?
—Bien mi amor— se incorporó del sillón y besó con cariño sus labios.
Una exclamación de asco hizo que ambos vieran a su pequeña, mirándolos con una mucha chistosamente asqueada.
—¿Cómo pueden hacer eso todo el tiempo?
El matrimonio Li no pudo más que reír a carcajadas ante el comentario inocente de su pequeña.
—Lo hacemos porque nos amamos— respondió sabiamente su padre.
—A mí nunca me va a gustar hacer eso— una mueca nueva de asco adornó su linda carita infantil.
—Así se habla hija— revolvió sus cabellos, feliz ante lo que dijo.
—Syaoran…— le reprochó Sakura.
El aludido la miró y se encogió de hombros con una expresión inocente, tal cual hacía Akemi cada vez que ella la pescaba en una travesura. Sin duda de tal palo tal astilla.
—Vengan a comer, se va a enfriar la comida— les recordó, jalándole una mejilla a cada uno por igual.
Los aludidos rieron y le hicieron caso a la mujer de la casa.
—Se ve delicioso amor, muchas gracias.
Los tres se sentaron a comer en familia.
—Que bueno que te gustó— le sonrió con cariño y amor a su esposo. Pareciera que el amor nunca se les acabaría a esta pareja.
—¿Has hablado con Yuuko? — preguntó el castaño de repente.
—Sí— recordó —Me habló por teléfono hoy en la mañana y me dio una grata sorpresa. Sinceramente no me lo esperaba, pero me puso muy feliz— dio un bocado a su comida.
Akemi los miraba mientras conversaban.
—¿Qué noticia te dio? — pareció intrigado.
Sakura tomó la mano de su esposo y lo miró con mucha emoción.
—¡Sakura y Fye van a ser padres!
—¿Es en serio? — se asombró mucho —Me da mucho gusto. Tenemos que ir a verlos.
—Yo pensé lo mismo pero…
—¡Vamos mami! ¡Vamos a Valeria! Yo quiero ver a Yuui— sorprendió a sus padres con tanta efusividad.
Los dos parpadearon algo sorprendidos, pero no era de extrañar, ella siempre ha querido mucho a Yuui.
—Si cariño, vamos a ir— le respondió su padre.
Akemi casi se sube a su silla y empieza a brincar, de no ser por lo que dijo su madre a continuación.
—Iremos hasta el verano, cuando estés en vacaciones.
—Pero…
—Sin peros cariño— ahora fue su padre, sabía que su hija tiene un carácter fuerte cuando se trata de algo que quiere —No puedes faltar a la escuela. Cuando termines tu ultimo año de kínder, iremos a visitarlos— sentenció como última palabra.
Akemi hizo un mohín chistoso, inflando sus mejillas y cruzándose de bracitos.
Su padres la miraron y suspiraron.
—¿De quién habrá sacado ese carácter? — la castaña miró a su esposo con ojos acusadores. El aludido contuvo una risilla y se encogió de hombros, prosiguiendo con su platillo.
—Y sobre el viaje…— comentó el castaño después de terminar sus alimentos —…va a ser hasta dentro de tres meses ¿crees que ya haya nacido?
—Supongo, porque Sakura tiene ya seis meses de embarazo.
El ambarino abrió los ojos con mucha sorpresa.
—¡Qué rápido pasa el tiempo! Hace apenas seis meses estaban aquí en Japón.
—Tienes razón— rio Sakura.
Los tres terminaron de comer. Él había decido tomar la tarde libre, pues no tenía ningún pendiente en la oficina, así pudo quedarse con su familia el resto del día.
Entre él y su esposa ayudaron a Akemi a hacer la tarea, después vieron una película todos juntos en la habitación principal. La pequeña Li se quedó profundamente dormida a un lado de su madre en la cama, mientras que ésta última era abrazada por la espalda por su esposo.
—Te he notado algo seria ¿Qué ocurre? — susurró a su oído.
En la habitación sólo se oía la música de fondo en los créditos de la película que recién había terminado.
—He estado pensando en Sakura y Fye, en su hijo— levantó la mirada hasta toparse con unos ojos de color chocolate —Estoy muy feliz por ellos— sonrió levemente y desvió la mirada, clavándola en su pequeña durmiente.
Acarició el bracito de su hija, mirándola con mucho cariño y cierta nostalgia.
—Te conozco y sé que algo ocurre— insistió él.
Sakura negó levemente. Sintió cómo unos brazos se colaban desde atrás hasta posarse sobre su vientre plano, estrechándola hasta un pecho firme, dentro de un fuerte y cálido abrazo.
—Sé lo que ocurre y créeme que daría lo que fuera con tal de no ver esa tristeza en tus ojos cada vez que tocamos un tema como ese— su voz era queda y dolida —de verdad siento mucho que no podamos hacer más grande nuestra familia y…— sus labios fueron callados por un delicado dedo sobre ellos.
—No amor, no lo digas. Yo decidí eso y no me arrepiento, gracias a esa decisión estás ahora aquí con nosotras; además…— sonrió de lado —Soy muy feliz con ustedes dos— acarició la mejilla masculina.
—Pero no puedes negar que te hubiera gustado darle un hermanito a Akemi.
—No, no puedo negarlo— se encogió de hombros —Pero conociéndola bien creo que está bien así— rio bajito.
—Tienes razón, puede llegar a ser muy celosa— abrazó de nuevo a su esposa y ambos observaron dormir a su pequeña de cinco años.
—Syaoran.
—¿Sí?
—Soy muy feliz.
El castaño sonrió durante el beso tan delicioso de su esposa.
—No mas sake para ti— le quitó la botella y la copa.
—Pero… ¿Por qué? — hizo pucheros.
—Llevas desde el medio día bebiendo.
—¿Y qué tiene de malo? — lo encaró con una sonrisa burlona.
Miró el entrecejo fruncido de su pareja y rio bajito.
—¿Qué te parece tan gracioso? — se quejó, molesto.
—Me encanta cuando te enojas así— puso un dedo en el entrecejo del ojiazul —Tu entrecejo se arruga de una manera muy chistosa— soltó otra risilla al ver el sonrojo sobre las mejillas pálidas del joven.
—Ya basta Yuuko— se hizo el enojado y se giró para que no viera su sonrojo.
—¿Por qué te molestas? — preguntó en tono de puchero.
—Porque me preocupas mucho. Recuerda que tu cuerpo ya no es inmune a nada. Desde que el tiempo volvió a correr en tu vida, las cosas cambiaron y ahora el alcohol puede hacerte daño, las cosas ya no son como antes— su voz sonó seria y preocupada, muy lejos de cualquier juego.
Yuuko sonrió de lado, clavando sus ojos en la espalda de su pareja.
—Lo sé, ya no son como antes…— acortó el espacio entre ambos.
Pasó ambos brazos por el espacio que había entre los de él y lo abrazó por la espalda, poniendo ambas manos sobre el torso firme del joven y recargando su mejilla en la amplia espalda masculina.
—Ahora te tengo a ti, en cuerpo y alma— susurró a su espalda, estrechándolo más en ese abrazo. Con el paso del tiempo Watanuki había dejado de ser un chico simplón, había cambiado para bien en muchos aspectos, uno de ellos era su altura, ahora sobrepasa por mucho a Yuuko.
La piel del joven se erizó ante esas palabras. Ella tenía razón.
—Aunque algo no ha cambiado— rio, aún abrazándolo con cariño —sigues preocupándote de más— ahogó su risita en la espalda de él, causándoles cosquilla.
El ojiazul no resistió más y se giró para verla a los ojos.
—Y nuca va a cambiar— la miró intensamente, ante esto, ella se quedó estática, no pudo evitar perderse en la profundidad de esa mirada azulada —porque te amo y nunca dejaré de hacerlo…— deslizó su mano izquierda por la estrecha cintura de la bruja y con la derecha alzó su barbilla con delicadeza, topándose con esos ojos color carmín que lo miraban con un amor que trasciende el tiempo y espacio.
—Te Amo, Watanuki— dijo sin apartar la vista de esos ojos azules libres de gafas.
No esperó más y acortó el espacio entre ambos, atrayéndola hacia sí en un firme abrazo sin despegar sus labios de los de ella, comenzando un ritmo tranquilo y pausado en sus caricias.
Entre besos y caricias, juntos se fueron a la habitación que comparten desde hace algunos años, deleitándose con el amor que se proporcionan el uno al otro y dejando salir todo deseo y anhelo sobre esa cama que los ha recibido de esa manera tantas veces, testigo del amor que la pareja se profesa noche tras noche.
—Ya llegué amor.
Su corazón dio un vuelco al escuchar esa voz, como si fuera aún una adolescente enamorada. No pudo evitar sonreír al sentir que su pequeño también se removió un poco al escuchar la voz de su padre.
—¿Cómo está la mujer más hermosa del mundo? — la atrapó en un abrazo de oso desde atrás. Ella rio feliz.
—Muy bien— se movió dentro del abrazo para quedar frente a frente. Miró el rostro de su esposo y sonrió, después dirigió su atención a los delgados labios de él y no pudo evitar morderse los propios.
Un impulso nació desde lo más profundo, llevándola a rodear con sus brazos la nuca de su esposo, para después aprisionar sus labios en un beso inicialmente muy cariñoso, pero con el paso de los segundos se volvió más demandante.
El rubio no tardó en corresponder con la misma intensidad.
—Te extrañé mucho— dijo con la respiración agitada, al separarse del beso.
—Wow…— estaba asombrado por tal beso. Había sido tan… wow.
Sakura se sonrojó muy levemente, atrayéndolo de nuevo a sus labios.
El beso fue interrumpido por el grito a todo pulmón del bebé consentido del castillo.
Ambos se separaron con un brinco debido al susto.
—Sin duda Daisuke tiene unos pulmones muy potentes— bromeó el rubio. Sakura asintió con una risita para después sentir cómo Fye deslizaba varias veces su pulgar sobre su mejilla —Te vez adorable— sonrió totalmente enternecido.
—Oh no ¿tengo pintura en el rostro? — juntó ambas cejas en gesto de incomodidad.
—Sí— rio de nuevo —Pero tevés linda— besó su mejilla.
—¡Me llenaste de babas! — se quejó mientras reía ampliamente.
—Ese era el propósito— ágilmente con su pulgar quitó todo rastro de pintura.
—Que ingenioso— negó levemente con la cabeza. Su esposo era muy ocurrente.
—¿Qué estás pintando? — miró el lienzo frente a ellos.
—Es una sorpresa— se giró entre los brazos del rubio, lo cual se estaba haciendo cada vez más difícil, pues su circunferencia cada vez aumentaba y no podía evitar preocuparse por ello.
El rubio miró el cuadro. Tenía muy buena pinta, pues se apreciaba fácilmente un bello paisaje al fondo, aunque parecía que aún no pintaba el centro importante de la pintura.
—Esperaré entonces.
—¿Terminaste con los asuntos del gobierno?
—Sí, de hecho salí más temprano para ver si querías ir a dar una vuelta por la ciudad ¿Qué te parece? — alzó una ceja pícaramente.
—¡Sí! — casi aventó el pincel de la emoción —Sólo déjame organizar estas cosas…— empezó a guardar todo su material torpemente, pues donde se giraba tumbaba algunas cosas con su barriguita y no podía agacharse a recogerlas —…También tengo que arreglarme un poco y…— se agachó con dificultad.
—Oh, oh, oh. Espera ahí, no te muevas— la detuvo al instante, se agachó y recogió el material que se le había caído —No puedes estar agachándote de esa forma— la miró con reproche.
—Lo siento— rio un poco nerviosa y luego suspiró, poniendo ambas manos sobre su vientre —Supongo que tendré que acostumbrarme. Cada día crezco más— dijo en tono resignado.
—Amor— se acercó a ella y levantó su barbilla —Estás hermosa— puso una mano sobre esa pancita, nunca se cansaba de ello.
Sakura se animó fácilmente y su ánimo se recuperó al instante; las hormonas tenían parte de la culpa en ello.
—Bien, iré a arreglarme un poco— le dio un beso en la mejilla a su esposo y se dispuso a salir de la habitación en donde se encontraba.
—¡Hey!, chica sexy— le llamó el rubio de lejos, antes de que cruzara el marco de la puerta.
Sakura se congeló al instante, aun dándole la espalda. Sólo giró un poco su rostro y el rubio se aguantó una carcajada al verla totalmente roja, aún más que un tomate.
—¿S-sí? — se puso nerviosa.
—Te Amo.
—¡Fye! — su sonrojo incrementó.
—No necesitas arreglarte mucho, así estás bellísima— le dijo, no, más bien casi gritó como para que todo el castillo lo escuchase.
Sakura rio un poco a pesar de que su sonrojo no disminuía.
—No tardo— salió de prisa hacia el pasillo.
Fye se quedó sólo, riendo y sintiéndose plenamente feliz. No podía pedirle más a la vida.
—¿Por qué llora? — inquirió al momento en que entró al cuarto.
—¡Kurogane! — se puso contenta de verlo temprano ahí —No lo sé, desde hace rato está llorando— suspiró.
El ninja se acercó hasta ella y la saludó con un beso típico de él, después tomó en brazos al pequeño Daisuke.
—No llores— pidió suavemente, con una ternura poco común en él.
Lo meció un poco entre sus brazos hasta que finalmente dejó de llorar y se le quedó viendo fijamente.
—Te mira como si fueras lo más interesante en el mundo— rio Himawari.
Kurogane no pudo evitar también reír.
—¿Qué tanto miras? ¿Eh? — hizo cosquillas a la pancita del bebé, éste rio con ganas y atrapó el dedo de su padre entre sus manitas.
—Se parece tanto a ti— murmuró Himawari, observando a su pequeño, que, a pesar de tener tantas similitudes con ella (El color de piel y los ojos grises) el pequeño seguía siendo idéntico a Kurogane.
—¿Tú crees? — la miró con una sonrisa, orgulloso de su hijo.
—Sí— se acercó a ambos y los abrazó con amor. Kurogane correspondió de inmediato.
—¿Por qué no vamos caminando?
—Prefiero prevenir, así si ocurre algo, puedo llevarte a cualquier parte.
—No voy a dar a luz teniendo a penas seis meses— alzó una ceja, con ambas manos sobre sus caderas, molesta.
—Lo sé, pero prefiero llevar el coche— insistió, su esposa estaba renuente.
—Está bien— aceptó dentro de un suspiro y se metió al auto con ayuda del rubio. Ella siguió molesta.
—Amor…¿Estás molesta? — preguntó preocupado mientras conducía.
Sakura no respondió, sólo se cruzó de brazos y se quedó mirando por la ventana.
—Amor…— insistió, pero ella no dijo nada. Fye suspiró, su esposa nunca se comportaba así, estaba seguro de que se trataría de algún asunto hormonal. Eriol se lo había advertido.
Ambos permanecieron en silencio hasta llegar a la ciudad.
—Fye…— dijo de repente, mirándolo con lágrimas en los ojos, se veía muy afligida.
—¿Te duele algo? ¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? — preguntó atropelladamente al verla tan afligida.
—No.
—¿Entonces? — se tranquilizó.
—¡Perdóname! — se abrazó a él como pudo, pues seguía manejando el auto. Fye tuvo que detener el coche un momento.
Suspiró aliviado al ver que no era nada grave, sólo las hormonas que hacían estragos emocionales en su pobre esposa.
—Lo siento, de verdad— se limpió las lagrimas, aun sin soltarlo —Es que… no sé, me he puesto muy sentimental últimamente y también muy gruñona— suspiró —Ya no sé lo que me pasa— volvió a llorar.
El rubio sonrió con una infinita ternura y paciencia.
—Sakura— levantó su rostro con delicadeza —Es normal, no te asustes— acarició su mejilla —Lo que pasa es que estás embarazada, así que… ¿qué te parece si vamos a comer una rebanada de pastel? Y ahí mismo decidimos qué más hacer— limpió sus lágrimas con ternura.
Ella asintió levemente.
—Gracias por entenderme y por tener esa paciencia tan grande hacia mí— se limpió los últimos rastros de lágrimas —de verdad me amas— quiso volver a llorar.
El rubio no contuvo una risita.
—Amor, si yo estuviera en tu lugar no aguantaría nada de lo que has pasado— volvió a reír —No soy tan paciente, lo que pasa es que eres lo que más amo en el mundo mi amor— la atrajo hacia sí en un abrazo algo dificultoso para después llenar su rostro de besitos. Esto la hizo reír —Así me gusta— besó su frente —Ahora sí, vamos a comer— arrancó de nuevo el coche.
—Gracias…— tomó la mano libre de su esposo, éste la miró y le sonrió sólo como él sabe hacerlo.
Pronto llegaron a una linda cafetería, estacionaron el auto y se bajaron.
—¿Qué te gustaría hacer después de esto? — preguntó el rubio cuando el mesero les llevó dos platos de pastel. De chocolate extra dulce al rubio y de fresas con crema para Sakura. El trato fue especial, pues todos se emocionaron al ver a los emperadores en el establecimiento.
Ambos se sintieron un tanto extraños, pues no estaban acostumbrados a tanta atención.
—Mmm… ¿qué te parece ir de compras? — dio un bocado a su pastel, sin notar el ceño fruncido del rubio —¡Delicioso!
—Sí, vamos de compras— trató de simular que le agradaba la idea cuando en realidad era lo que menos le gustaba hacer.
—Sin duda me amas— rio —Sé que odias ir de compras, pero esta vez será diferente— le guiñó un ojo —Serán compras para nuestro bebé— sonrió ampliamente, contagiando al rubio.
Suspiró de alivio, esa idea era menos terrorífica que estar dos horas buscando un par de zapatos que combinen exactamente con el color de unos pendientes. Esa fue simplemente la peor de sus experiencias al acompañar a su esposa de compras.
—Me conoces muy bien— admitió, bebiendo de su malteada de chocolate sin quitarle la vista a su esposa —A veces mejor que yo mismo— admitió en sus pensamientos.
—Eres el amor de mi vida y futuro padre de mi hijo— se encogió de hombros mientras bebía también de su malteada, pero ésta de vainilla.
Un rato después…
—¡Mira! — caminó hacia una lindo trajecito de una pieza —¡Hay de muchos colores! — se mocionó mucho y apenas habían caminado un pasillo de la enorme tienda.
Tomó uno de reyas, color celeste y azul.
—¿Te gusta? — le preguntó con un brillo muy especial en sus ojos.
—Sí— asintió sin poder dejar de verla. Amaba verla tan feliz —¿Qué tal ése? — señaló uno de color verde pastel.
—¡Oh sí! Ése también— lo tomó —Y este, también este y este— se emocionó tomando varios trajecitos de una pieza, todos extremadamente suaves y sin costuras.
El rubio desapareció un momento y Sakura ni se dio cuenta.
—¿Eh? — sintió cómo sus brazos se aligeraban de tanta ropa.
Fye le había quitado todas las prendas para ponerla en un carrito.
—¡Buena idea! — así podremos llevar más— se emocionó y besó la mejilla de su esposo.
—Lo traje para que no cargaras nada, pero…— se encogió de hombros —…así podrás llevar más— concordó con ella.
—¡Sí! — de esos trajecitos ya llevaba al menos unos ocho diferentes, hasta que el rubio se acercó a un perchero y tomó uno muy lindo.
—¿Qué tal éste? — lo vio con mucha añoranza. Era un lindo trajecito de una pieza, color rosa pastel con unas delicadas flores de cerezo bordadas.
—Es verdad… llevamos sólo para niño— observó el carrito —Creo que casi estoy segura de que será niño— rio divertida.
—¿Tú crees? — volvió a mirar la ropita que traía en sus manos.
—Tú quieres que sea una niña ¿Verdad? — lo miró un instante, con ternura al notar ese anhelo en su mirar.
—¿Para qué negarlo? — sonrió ampliamente —Quiero que sea niña, pero si es un niño lo voy a amar de igual forma— se adelantó a corregir.
Sakura rio.
—Yo también quiero niña, pero…— puso una mano sobre su vientre —Sospecho que será niño— se encogió de hombros.
—¿Y por qué no llevamos de los dos? Yo no he dicho que será el único hijo— la miró pícaramente, ella se sonrojó.
Siguieron caminando en la tienda. Echaron un montón de cosas al carrito: ropa, zapatos, juguetes, accesorios para bebé e incluso un lindo muñeco de felpa para Daisuke, sin contar todos los juguetes que le llevaban de regalo a su sobrino.
—¿Estás cansada? — le preguntó mientras empujaba el carrito, ella caminaba a su lado, pero ya se le veía agotada.
—Un poco— puso una mano en su espalda baja y otra en su pancita mientras hacia un leve gesto de dolor. El rubio se alarmó —No te preocupes amor, sólo me duele un poco la espalda y los pies, éstos me están matando— suspiró cansada.
Él la miró con diversión, llevaban casi cuatro horas de compras y ahora fue ella la primera en desistir, afortunadamente para él, claro.
—Entonces iré a pagar esto, mientras espérame sentada— señaló un par de sillones no muy lejos de ahí. Ella los miró como si fuesen la ultima bebida en el desierto y caminó de inmediato hacia allí.
El rubio se dirigió a pagar todo y con ayuda de algunas personas, llevaron las cosas al auto.
—¿Lista? — se paró frente a su esposa, ésta le sonrió contenta y estiró ambos brazos hacia él.
El rubio rio un poco y tomó sus brazos para jalarla suavemente y ayudarla a levantarse.
—¿Cómo están tus pies?
—Hinchados.
—Te llevo.
—¿Qué?
El rubio le dio la espalda y se agachó a unos pasos de ella. La aludida quedó sorprendida.
—Anda, sube— la animó.
—Pero… estoy muy gorda.
—Claro que no— rio bajito —Además el auto queda un poco retirado, sube— la animó.
Ella asintió y con algo de miedo se subió a la espalda de Fye. Se sorprendió con la facilidad de él para cargarla, pareciera que no pesa nada y afortunadamente su pancita no fue un gran inconveniente, aunque en pocos días sería difícil que la volviera a cargar así.
—Gracias— susurró en su oído. Vio cómo la piel de su cuello se erizaba ante el contacto de su respiración sobre aquella zona.
—Estoy aburrido…— pensaba, tirado en el piso del salón principal mientras miraba las pinturas que ilustraban el techo de ese lugar.
Había estado en la biblioteca, pero ya había memorizado todos y cada uno de los libros de ahí.
—¿Qué haces aquí tan solo?
Esa voz femenina lo hizo girarse hacia la puerta del salón, pero sin levantarse de su lugar.
—Estoy aburrido— arrastró la última palabra en señal de extremo aburrimiento —Sayaka, dime qué puedo hacer para desaburrirme— pidió casi suplicantemente.
La aludida rio sonoramente. Le extrañaba mucho ver esa actitud tan chistosa en el joven príncipe, más bien Fye era el que se aburría y Yuui quien le recomendaba qué hacer, o al menos así fue cuando ambos eran apenas unos niños.
—Mmm… déjame pensar…
—¡Ya sé! — dijo de repente —Imitaré a los muebles viejos del ático— hizo cara de viejito arrugado.
Sayaka soltó una carcajada y es que esos muebles estaban tan viejos que casi les podías ver caras de ancianos en ellos.
—No, ya sé qué puedes hacer— chasqueó los dedos —¿Por qué no vienes conmigo a la cocina? Voy a preparar unos postres para tu hermano, ya ves que ama lo dulce.
—Sí…— murmuró con la vista perdida en el techo —…No entiendo cómo come tanta azúcar y no le da algo, no sé, cualquier persona en su lugar estaría obesa o con diabetes— lo dijo de tal manera que Sayaka no pudo evitar soltar otra carcajada, pues ella tampoco entendía cómo el rubio se mantenía en tan buena forma a pesar de ingerir tanta azúcar.
—Qué cosas dices Yuui— contuvo la risa, pues ya casi lloraba.
—Y sobre tu propuesta— la miró interesado —me gustaría ayudarte, aunque… nunca lo he intentado.
—A tu hermano se le da muy bien la cocina, supongo que a ti no se te complicará— dedujo sin problemas.
El rubio se puso de pie y siguió a su amiga hasta la cocina.
Empezaron a preparar una tarta de manzana con canela, pero…
—¡No Yuui! La manzana picada se pone al final de la mezcla y no con los huevos— lo detuvo a tiempo.
—Oh, entiendo— corrigió su acción y se dispuso a tomar el tazón con la mezcla a medio preparar. Agregó harina, más huevo y sal.
—¿Sal? — Sayaka lo miró asombrado.
—¿Eh? — dejó de batir y la miró unos segundos.
—Yuui… le pusiste sal— lo miró sin poder creerlo —Al parecer Fye y tú no comparten esa cualidad— rio.
—¡Oh lo siento! — se avergonzó mucho —Creo que lo eché a perder— se frustró un poco.
—No te preocupes— rio —A veces nos sucede.
—Creo que mejor seguiré imitando a los muebles viejos— suspiró con sarcasmo —Bueno, primero te ayudo a limpiar mi desastre— rio divertido.
—Huele bien ¿Qué están preparando? — entró Ashura a la cocina, asombrado por ver a su hijo ahí, cocinando. Se acercó a la barra y vio la mezcla. Y como todo un niño travieso, metió el dedo —Me sorprende verte cocinar, Yuui, veamos si heredaste el talento de tu madre— rio un poco y se llevó el dedo con mezcla a la boca.
El pobre quedó congelado, sintió que su boca se secó en un segundo.
—Amm… papá, eso no es comestible, verás… intenté hacer tarta de manzana, pero como te habrás dado cuenta sabe horrible.
—Salado— dijo entre dientes —está muy salado.
—Tome— le extendió un vaso con agua.
—Gracias Sayaka— suspiró aliviado después de beber el agua —Hijo, esto no es lo tuyo— lo animó a intentar cualquier cosa menos cocinar.
Yuui rio a carcajadas, su padre lo decía muy en serio, pero no pudo evitar reírse por los gestos de asco que hacía.
—Discúlpame— rio —Casi te enveneno.
—Un poco— agregó Sayaka, riendo también.
—Hogar, dulce hogar— suspiró satisfecha al estar finalmente en casa.
—¿Cansada?
—Bastante.
—No me extraña después de tantas horas de compras— rio.
—Pero la pasé muy bien. Muchas gracias por este día— lo abrazó con cariño —Y por aguantarme también— rio.
Ambos caminaron por los pasillos del castillo, todo estaba solo, seguro los demás ya estaban descansando.
Antes de llegar al castillo, se habían detenido en un restaurant sencillo para cenar uno de los últimos antojos de la castaña: pizza con queso.
Así que se les hizo más tarde de lo que esperaban.
Llegaron a su habitación y entraron algo cansados.
—Tomaré una ducha— mencionó el rubio.
—Voy después de ti— le dijo con una risilla.
Fye estuvo a punto de sugerirle meterse a bañar juntos, pero recordó que no debía presionarla en ese aspecto, así que tuvo que contenerse.
Caminó hacia el armario para sacar la ropa que se pondría.
—Si quieres ve a bañarte, yo te llevo en un momento la pijama— le sugirió con una linda sonrisa.
—Gracias amor— besó sus labios suavemente y fue directo al baño.
Sakura se quedó para ahí, deseando de nuevo esos labios.
—De nuevo esto…— murmuró algo molesta al sentir cómo su corazón se aceleraba notablemente.
Sus pensamientos se dirigieron hacia cierto hombre rubio desnudándose en el baño y…
—¡Basta! — pensó abochornada con sus propios pensamientos.
Mejor se dirigió por la ropa de su esposo y entró al baño para dejársela, lo malo del asunto es que por estar pensando en aquello que la abochornaba, olvidó tocar la puerta.
El rubio dio un respingo al ver que la puerta se abrió de pronto.
Sakura lo miró.
Se congeló.
Se puso más roja que un tomate.
Pensamientos súper cochambrosos pasaron por su mente.
Casi se sofoca al mirar de nuevo a su esposo.
Soltó un gritillo y casi salió corriendo.
—¿Sakura? — se quedó muy extrañado y hasta algo preocupado. Tomó una toalla y rodeó con ésta su cadera, después salió en búsqueda de su esposa alborotada hormonalmente. ¿Qué le habría pasado ahora? Siempre que lo ve desnudo se sonroja, pero nunca reacciona de esa manera.
La pobre estaba al borde de la cama, cubriendo su rostro con ambas manos y… ¿Llorando?
—¿Amor, qué sucede? — se asustó al verla llorar. De inmediato se sentó a su lado, tomó sus manos y descubrió su rostro de color tomate.
—Y-ya no puedo más.
—¿A qué te refieres? — sinceramente no entendía, por más que lo intentaba no podía.
—A e-esto.
—¿Qué es "esto"?
—Nada— se puso más colorada y giró su rostro hacia un lado, evadiendo la mirada preocupada de su marido.
—Sakura— dijo en tono grave, obligándola a verlo a los ojos —Algo te ocurre desde hace unos días pero no has querido decírmelo. Hazlo ya, dime qué te preocupa tanto. Cada vez que me acerco mucho a ti te pones tensa y hoy ya perdí la cuenta de las veces que te sonrojaste, sin mencionar lo que acaba de ocurrir— alzó una ceja. Ella casi se sofocó con tan sólo recordarlo —¿Qué sucede amor? Necesito que me lo digas para poder ayudarte— le dijo con cariño, estaba de verdad angustiado.
—Es que…— tomó aire, animándose a seguir —…últimamente he tenido un antojo muy extraño— desvió la mirada.
—Dime lo que es y lo consigo para ti.
—Es que… es algo que sólo tú… puedes darme— su voz tembló, no se atrevía a mirarlo a los ojos.
—Si es así, no lo dudes, te lo daré— acarició su brazo.
Se sorprendió al ver que esa simple caricia provocó un estremecimiento en su esposa.
—Fye…— suspiró —…yo tengo antojo de ti— quiso cubrirse la cara de vergüenza.
—¿De mí? — sonrió de lado, divertido.
—Sí… digamos que mi apetito sexual ha aumentado mucho.
—Oh, ya veo— se asombró un poco —¿Y por qué no me habías dicho que querías sexo desde antes? — preguntó simple, encogiéndose de hombros como si estuviera hablando de peras y manzanas.
Sakura casi se cae de espaldas.
—Me daba mucha vergüenza— desvió su mirada mientras sus mejillas se teñían de rojo.
—Amor— mencionó con diversión —Soy tu esposo, ten la confianza de pedírmelo cuando quieras. Te aseguro que siempre estaré disponible— rio divertido ante el enorme sonrojo de su esposa. No podía creer que se pusiera tan nerviosa a pesar de que lleva un hijo de ambos dentro de sí. Lo cual significa que ya tuvieron relaciones infinidad de veces.
Pero ahora que lo pensaba… Sakura nunca había sugerido tener relaciones, siempre era él quien tenía la iniciativa y ella decidía si quería o no.
—Entonces…— lo miró sonrojada.
—Entonces ¿Qué esperamos? — se inclinó sobre su mujer, recostándola automáticamente en la cama mientras él se acostaba sobre ella sin aplastarla, sosteniéndose con sus rodillas y codos.
No esperó ni un segundo más para besar sus labios y descender rápidamente por su quijada, cuello, clavícula…
La ropa salió sobrando, pues sólo era de estorbo.
El rubio notó que su esposa estaba más sensible que nunca, esto le encantaba.
—Fye…— suspiró jadeante, él sonrió seductoramente, mirándola con mucha pasión sin dejar de recorrer su cuerpo con una mano mientras se sostenía con la otra.
—No sabes…— besó su cuello —…Cuanto tiempo he deseado esto…— la apegó más a su cuerpo, sintiendo cada rincón de su piel.
—Yo también— admitió dentro de su éxtasis al tener de nuevo a su esposo de esa manera.
Ambos se acariciaban con pasión, recorrían sus cuerpos con devoción y se besaban con necesidad.
Todo iba perfecto hasta que…
—Amor… contesta— pidió jadeante entre beso y beso al haber escuchado el teléfono de su esposo sonar.
—Puede esperar— se negó, volviendo a recorrer casi con desesperación su cuello níveo, llenándolo de suaves pero apasionados besos .
El teléfono dejó de sonar después de un minuto.
Ambos se olvidaron de ello y continuaron con su labor. Fácilmente llevaban tres meses sin tener contacto intimo y esto sí que era una tortura para el rubio.
—Te necesito…— murmuró sobre los labios rosas y suaves de ella.
El mundo estaba demasiado lejos de ellos. Lo único que ambos podían sentir era la presencia de la otra persona tan cerca y era como si un torrente desesperado y contenido pudiera finalmente liberarse... todo lo que Sakura podía sentir era el rostro de él cerca al suyo, sus brazos, su cercanía y su calidez que la envolvía..
—También…— jadeó —…te necesito.
Y de nuevo. Ahí estaba el insistente timbre del teléfono. El rubio maldijo por lo bajo, molesto por su interrupción.
—Contesta… debe ser algo importante— insistió Sakura al ver que su esposo ignoraba de nuevo el teléfono y continuaba besándola y acariciándola.
No lo podía negar, ella también tenía ganas de lanzar ese aparato por la ventana, pero debía recordar que su esposo es el emperador de un país, no puede darse el lujo de no atender una llamada tan insistente.
—Está bien…— gruñó molesto, no con ella, sino con el dichoso celular —Es Takashi— se asombró un poco y de inmediato contesto, haciéndole una seña a su amada para que lo esperara unos segundos; se incorporó un poco de la cama, sin levantarse.
Sakura aprovechó y se cubrió con las mantas.
—¿Qué sucede Takashi? — preguntó cortante y sin molestarse en esconder su fastidio.
El jefe del concilio le explicó lo sucedido.
—¡¿Qué?! Voy para allá en seguida— colgó.
—¿Qué pasa? — se asustó Sakura.
—Tengo que irme amor, acaba de haber un derrumbe de nieve en la montaña del sureste. La nieve alcanzó a cubrir gran parte del edificio del concilio y varias personas quedaron atrapadas. Takashi logró salir y me llamó, necesitan ayuda.
Sakura se asombró mucho, estaba preocupada por ellos.
Fye se puso de pie y de inmediato se vistió, alistándose para salir.
En el país quedaban pocas personas con poderes mágicos y de todas ellas, sólo Fye y Ashura poseían el nivel más alto.
—Ten cuidado amor— le pidió con angustia, sentada aún en la cama y cubierta sólo por las sabanas.
El rubio tomó todas sus cosas, pero antes de salir caminó hacia el lecho de ambos y se inclinó sobre éste, para mirar a su esposa de cerca.
—¿Crees poder esperarme? — preguntó con un brillo de deseo muy especial en sus ojos, pues los habían interrumpido en un momento muy importante.
La castaña extendió sus labios en una leve sonrisilla y acariciando la mejilla de su marido, dijo:
—Esperaré por ti…— depositó un suave beso en sus labios, pero no se esperó que él correspondiera con tanta pasión. Tuvo que separarse de él si no querían meterse ambos de nuevo a la cama y olvidarse de todo.
—Lo siento— se apenó un poco al notar su propia necesidad de ella, sus mejillas adquirieron un leve tono rosado —Te Amo y te lo compensaré, lo prometo— besó su frente y se dispuso a salir casi corriendo de la alcoba.
Sakura se quedó sola, esperando a que su esposo volviera después de salvar a aquellos hombres. Sonrió, su esposo casi era un héroe en el país y él era el único en no darse cuenta, tampoco de que se ha ganado el cariño de los ciudadanos ni de lo mucho que lo respetan como autoridad.
Sonrió de nuevo, pero ahora al sentir unas leves pataditas.
—Tú también lo extrañas ¿verdad? — acarició su vientre desnudo.
Y hasta ese momento lo pensó… su bebé había estado muy quieto desde que ella y Fye… pero ahora que se fue, parece reclamar la presencia de su padre ahí.
La castaña soltó un fuerte suspiro, su antojo había estado a punto de cumplirse. No queriendo pensar en ello y buscando una manera de no caer rendida al sueño, decidió tomar un baño caliente.
—Gracias por venir, de no haberlo hecho yo solo no habría podido sacar a todos de la nieve— suspiró cansado y es que con la magia de Fye fue mucho más fácil rescatarlos.
—No tienes nada qué agradecer— miró a las ambulancias que acudieron al lugar —Afortunadamente nadie salió lesionado, sólo lesiones mínimas— miró a su alrededor con algo de preocupación. Tratando de ver si no quedó alguien más atrapado.
—Y le pido una disculpa por las molestias que pude haberle causado, a estas altas horas de la noche seguro estaba descansando con la emperatriz— le mostró sus sinceras disculpas.
El rubio juntó ambas cejas y soltó un suspiro de resignación al pensar en lo que se perdió.
—No te preocupes Takashi, además, ya te dije que puedes tutearme— sonrió. Después de tantos años él se había vuelto su fiel compañero de trabajo y un buen consejero.
—Está bien, Fye— se rascó la nuca algo avergonzado.
El rubio se despidió y después de asegurarse de que todos estaban bien, salió corriendo hacia su auto y de ahí al castillo, pasaba de la media noche y difícilmente estaría despierta su esposa.
—Tendré que recompensárselo muy bien…— pensó mientras entraba al castillo —Oh mi amor…— sus ojos claros se fijaron sobre la figura femenina, inmóvil sobre el lecho matrimonial. Estaba sentada sobre la cama y al parecer el cansancio la venció aunque ella no quiso, pues aun estaba la luz encendida.
Dio unos pasos hasta la cama, acarició y besó su pancita para después acobijarla con las mantas, era una noche fría.
—Mi amor… ya llegaste— murmuró medio dormida.
—Si, mi princesa— besó su frente para después acurrucarse a su lado.
—Lo siento, no pude aguantar más despierta— se sintió mal por ello —Pero si quieres…
—No te preocupes amor. Además, te lo voy a recompensar con una sorpresa— susurró en su oído, dejando un tierno beso que la estremeció —Mientras tanto descansa— besó suavemente sus labios y en poco tiempo ambos quedaron completamente dormidos.
Continuará…
Creo que el deseo de una amiga (Angie the killer) se hará realidad hahaha, bueno no serán diez capítulos, pero si unos cuantos más haha, espero que les guste chicos :D
Para el otro capítulo escribí un lemon muy explícito, bastante aún para mí :$ y no sé si mejor mandárselos por correo. ¿Cómo ven? Me daría cosita que niños menores se encuentren con eso (si es que algun menor está leyendo la historia) Ya si lo leen pues que sea a consciencia.
jijjiji
¡Ah! y ya terminé mi otra historia "Mi Mejor Amiga" ! me siento tan feliz y a la vez sorprendida, pue sla terminé antes que amor inesperado! :O Bueno, esta historia es muy importante para mi y hasta cierto punto no quiero terminarla xD Mi primer fic! Por Dios hahaha! son mis pininos en el mundo de la escritura y me da sentimiento finalizarlo :')
En fin... quiero informarles que este lunes 4 de agosto entraré de nuevo a clases en la universidad :( y tendré menos tiempo para escribir, aunque no me quejo jajaaja terminé un fic completo en tan solo dos meses y vaya que no fue corto.
Bueno, espero les haya gustado, ya saben: dejen un review!
REVIEW! REVIEW! REVIEW! si les gustó!
Saludos, besos y muchos abrazos virtuales!
Matta nee! ~°~°
