Aquí el siguiente capítulo. Muchas gracias por sus comentarios y por seguir leyendo. Espero diosito me las bendiga mucho, que este fin de año lo pasen estupendamente con sus familiares y amigos y empiecen el 2013 con mucha alegría y entusiasmo. Les deseo a todas muchísima salud, paz, armonía, y porque no, dinero también! Pero lo más importante es ser feliz. Siempre hacer aquellas cosas que te llenan la vida de alegría y por ende te hacen el ser mas feliz del mundo. Ese para mi es el verdadero sentido de la vida, que es corta.

Espero les agrade el capítulo, y todo el fic en general.


LA VIDA QUE QUIERO

CAPITULO XXXV

El sol salió resplandeciente desde las 6:30 de la mañana. La joven pareja se estiraba aun bajo las sabanas después de escuchar los característicos sollozos del pequeño bebé quien para este entonces ya se levantaba en sus dos piecitos para recargarse de los barandales de la cuna.

Candy se levantó presurosa para ir por su bebé. En cuanto lo alzó y le dio los buenos días con un beso escucho el timbre sonar.

Fue a la entrada y no se sorprendió al ver la visita, quien ya le había avisado que llegaría a esa hora.

-¡Hola mi amor! - saludó la señora Sarah - ¿Como están?

-Hola mamá, de maravilla, ten, aquí esta Terry, gracias por cuidarlo

-Y como no hacerlo, cariño ¡Si hoy es tu gran día! Tienes que ponerte hermosa desde ya

-Ay mama, yo siento que estas exagerando, son las 6:50 y la boda es hasta las siete ¡Pero de la noche!

-¡No me refutes niña! Anda, ve a tu habitación y comienzas a arreglarte, ya sabes, primeramente depilación, tratamiento, baño relajante y esas cosas. Tienes que estar reluciente y lo sabes

-De acuerdo, voy a despertar a Terry

-Bien, pues yo me llevo a este hermoso príncipe a dar un paseo y de ahí me lo llevo a mi casa. Nos vemos al rato en el salón - mencionó mientras recibía de las manos de su hija la enorme maleta con artículos del bebé.

-Si mamá, ahí te veré, muchas gracias

-De nada mi cielo, me despides de Terry ¡Adiós!

Candy suspiró aliviada y en lugar de seguir el consejo de su mamá, aprovechó la ausencia de su hijo para dormir al menos otras tres horas sin interrupciones. Es verdad que estaba nerviosa por su boda, pero también estaba cansada, ser mamá es una actividad muy complicada y felizmente agotadora. Terry por su parte también permanecía dormido, profundamente dormido.

Cerca de las diez de la mañana, el par de dormilones se despertaba lentamente. Posesivamente, Terry abrazo a Candy y la besó con el pretexto de darle los buenos días.

-Terry ya te entendí ¡buenos días!

-No. Estás muy simple, quiero más pasión en tus "buenos días"

-Jajajaja ¡Terry! Déjame levantarme, hay que ducharnos y prepararnos para ya sabes qué

-¿Ah sí? - preguntó confundido - ¿Para qué?

-Terry... ¡No me digas que no te acuerdas! ¡Terry por dios no me mires así! ¿Estás bromeando acaso?

-¿Bromeando? ¡Qué cosas dices! ¿Prepararnos para qué?

-¡Terry! - reclamó casi al borde de llanto

-¡Jajajajaja te ves hermosa! ¡Hermosa! Ven acá - la besó con apuro - mi futura esposa

-Ya me estabas asustando ¡Tonto!

-¡Y tu ingenua! ¿Cómo crees que se me va a olvidar? ¿Nos levantamos ya?

-Sip

-¿Nuestro último desayuno de solteros?

-¡Ya vas a comenzar con eso!

-Es la verdad ¿Qué no?

-Mmmm si, eso sí... mañana ya estaremos casados

-¿Y ya vino tu mamá?

-¡Ay Terry! Desde hace horas y tu seguías dormido

-Bueno, siento que descansé muy bien

-Eso es bueno, hoy es un día especial

-Sera el mejor día de nuestras vidas, hermosa, te lo prometo

-Lo sé, pero... me incomoda un poco el hecho de que la boda será un acontecimiento social muy público, ostentoso y grande

-Amor, mi padre no se iba a conformar con menos

-Entiendo

-Además, no te hagas la inocente, bien que estas feliz

-¡Claro! Y espero con ansias el momento

Después de terminar con su charla y su desayuno se dirigieron nuevamente a su habitación para disfrutar de una ducha bien caliente, juntos, desde luego. Y hacer el amor en la ducha ¡Desde luego!

Ya para después de las tres de la tarde, Eleonor mandó a su servidumbre por los muchachos.

Terry vio este gesto de su madre bastante exagerado, como si ellos no pudieran llegar solos al lugar donde debían casarse.

¡Y es que vaya, que lugar!

Richard rentó completo un elegantísimo hotel cinco estrellas especialmente para la ocasión. Era un hotel que se encontraba en las afueras de Chicago, y por ese día debido a la ocasión especial, lo apartó completo únicamente para invitados.

El edificio enorme tenía un aspecto sombrío pero elegante. Es de cinco pisos en total, al entrar al lobby se pueden visualizar claramente los balcones de todas las habitaciones y alrededor de la planta baja varias peceras que le daban un toque singular a aquél lugar.

La pareja fue dirigida hacia el último piso, donde se encontraba la suite principal y en donde permanecerían la primera noche de casados Terry y Candy.

Pero, en este momento fue sólo Candy dirigida a la suite puesto que un séquito de chicas iban a ayudarle con el arreglo personal mientras que Terry se quedaría en otra habitación para arreglarse, él sólo.

Eleonor llegó en punto de las cuatro de la tarde, para ayudar también a Candy con el peinado y maquillaje. A ella le parecía increíble tanta atención, sentía como si no fuera necesario pero como ese día es su boda se conformó y se dejó consentir.

Finalmente, agradeció el gesto de su suegra, pues definitivamente la dejaron preciosa, ella misma juraba que sola no hubiera obtenido los mismos resultados.

En la habitación de junto, donde estaba Terry, la situación era muy distinta. El joven en lugar de arreglarse desde temprano se acomodó en la cama para ver la televisión. Pensaba que sólo necesitaría unos cuantos minutos para estar listo, y no estaba equivocado, tan solo cuarenta minutos le bastaron para vestirse y quedar guapísimo.

Faltaban diez minutos para las siete, hora en la que comenzaría la ceremonia civil. Estaba inquieto e impaciente. Salió de la habitación para dirigirse a la suite donde se supone estaba Candy.

Un llamado a la puerta distrajo a una de las mucamas de Eleonor, quien era la única persona que permanecía acompañando a Candy.

-Voy a ver quién será -. Abrió - ¡Oh joven Grandchester! No puede usted entrar, la señora Candy aún no está lista

-¿Me está dando entender que no puedo ver a mi mujer? - le contestó intentando empujarla sutilmente para adentrarse a la habitación, pero con gran astucia la mujer se lo impidió

-Si joven, se lo estoy prohibiendo, no puede ver a la novia antes de la ceremonia, es de mala suerte

-¡Bah! Déjame pasar - depositó unos cuantos billetes en la mano de la mujer con la intención de que se fuera de una vez

Un dinerito a nadie le cae mal, así es que la señora discretamente y resignada se retiró y cerró la puerta.

Candy no estaba a simple vista porque una pared junto a la puerta impedía ver hacia la suite.

-Hermosa - habló Terry, volteado hacia la puerta dando la espalda a toda la habitación, con la cabeza agachada como si quisiera evitar observar - supongo que al igual que yo, tu tampoco crees en supersticiones estúpidas ¿Verdad?

-No te preocupes Terry, pasa

El muchacho se adentro lentamente observando el panorama. Después de la puerta se observaba un pequeño pero acogedor comedor, más hacia la derecha estaba la sala que contaba con una hermosa chimenea, junto a otra pared donde seguramente estaba la cocineta. Mas al fondo, se visualizaba la recamara, sin puerta alguna, solo cubierta por unos elegantes velos blancos. Se adentró mas, subió un par de escalones y llego a la cama. Ahí junto, de pie, posaba la luz de su existencia. La mujer a la que le pertenecía su corazón y su vida entera, ataviada ya en su vestido de novia, sencillo, pero arrebatadoramente hermoso y elegante.

Como solamente se iba a realizar la boda civil, Candy optó por usar un vestido completamente entallado, en color blanco por supuesto, con un escote tipo halter que resaltaba hermosamente sus voluptuosos senos. En la cintura era completamente entallado y más abajo a la altura de las rodillas terminaba con un vuelo discreto y hermoso.

Sus largos caireles caían libremente sobre sus hombros, por todos los cielos que Terry no se había percatado cuan largo era su cabello puesto que siempre lo trae sostenido en una coleta, pero el día de hoy lo dejó suelto, solo con unas pequeñas y elegantes horquillas sosteniéndolo a los lados. Su cara, preciosa de por sí, lucía resplandeciente con el toque de maquillaje que le pusieron.

-Te ves realmente preciosa - exclamó tan quedo casi como para el mismo pero lo suficientemente alto para que ella escuchara

-Gracias, y tú te ves guapísimo - dijo sinceramente cuando se percato del perfecto y elegante esmoquin negro que usaba Terry. Observó más detenidamente y pudo notar que sus castaños cabellos largos los sostuvo en una discreta coleta. Su rostro se veía tan endemoniadamente perfecto que sintió desmayarse.

Se siguieron observando felizmente un par de segundos más hasta que ya no resistieron las ansias de correr a abrazarse.

-Gracias por visitarme antes de la ceremonia

-No soportaba el no verte. Pero vine por otra razón también importante

-¿Ah sí? - cuestionó ella soltándose un poco del abrazo - ¿Cual?

-Deseo que utilices esto - le extendió una discreta caja - y espero que te agrade

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-Gracias - mencionó ella mientras abría la caja y se sorprendía con el maravilloso regalo que había allí dentro.

Era una hermosa pulsera llena de brillantes de fantasía, muy discreta y elegante, con suavidad la colocó sobre su muñeca mientras ella no dejaba de maravillarse.

-Gracias Terry, es hermosa de verdad

-Es un objeto que tiene una interesante historia, que ya te contaré en su momento

-¡Cuéntamelo ahora!

-Que exigente, señora esposa

-¡Anda! ¿Querrás que esté de preguntona durante toda la boda?

-Prefiero que no

-Entonces anda, dime

-Bueno, no es tan interesante historia en realidad; esta pulsera la compré ya hace un tiempo. Era de Molly, quien me la ofreció un día en que necesitaba dinero para el tratamiento de su hijo. Como siempre me agradó apoyar a Charlie sin necesidad de que me diera nada a cambio, pues le ofrecí el dinero sin quitarle la pulsera. Pero me insistió mucho, que no tuve más remedio. Hasta me dijo que me iba a ser de la buena suerte. En ese entonces, fue cuando tú y yo habíamos terminado, y andabas quien sabe dónde, embarazada, y yo, desesperado por encontrarte. Este objeto lo mantuve guardado porque me recordaba lo deprimido que estaba por tu ausencia. No me mires así, estoy completamente consciente que yo fui el estúpido. Simplemente la guardé y la reservé para un momento especial, sabía y tenía la certeza de recuperarte, y no encontré otro momento más especial que éste.

-Oh mi amor ¡Gracias! - se abrazaron nuevamente con fervor hasta que un toque a la puerta los hizo separarse

-Adelante - entró Eleonor

-¡Terry! ¿Qué haces tú aquí? - le exclamó enfadada - Usted váyase a la otra habitación

-Pero mamá...

-No debiste ver a Candy antes de la boda

-Eso que importa

-Ya, vete, vete. El juez te espera.

Terry obedeció la orden de su madre no sin antes lanzarle un beso al aire a Candy, un gesto que a Eleonor la derritió.

-Bien Candy ¿Estás lista?

-Sí - dijo después de exhalar un suspiro

-Vamos, tu familia ya está aquí

Se encaminó a la salida y de ahí tomaron el elevador para descender al salón de fiestas que ya estaba completamente listo para la ocasión.

Al llegar más abajo, Candy alzó su vista para deleitarse con la vista del hotel y con la enorme cantidad de adornos navideños que ya pendían de los balcones gracias a la época decembrina en la que se encontraban.

Antes de entrar por la puerta principal del salón, se encontró con una mujer de menuda figura, vestida sencillamente, que se encontraba de espaldas pero se podía apreciar muy bien su precioso cabello rojizo.

-Candy ¿Sabes quién es ella? - le preguntó Eleonor - lleva varios minutos aquí y su actitud me parece sospechosa

-Pues no sé. En cuanto se voltee y le vea el rostro a ver si la reconozco

Y en ese instante la muchacha se volteó. Candy dejó escapar una exclamación de asombro ante la incertidumbre en el rostro de su suegra.

-Hola Candy - exclamó la mujer, con lágrimas en los ojos

-Hola... Elisa - terminó de saludar Candy

Continuará...