DISCLAIMER: Los personajes de esta historia no me pertenecen, asi como tampoco las letras de las canciones utilizadas. La trama es fruto de mi retorcida imaginacion. Lakentsb.


Capitulo 34

Bella.

La melodía se coló a través del estado de duermevela que caracterizaba mis noches desde que llegué aquí. Mi corazón dio un leve respingo cuando comenzó y me obligué a tranquilizarme. No era la primera vez que la oía esa semana. Había comenzado dos noches atrás, pero las noches anteriores al parecer me quede dormida a los pocos minutos. Era un sonido algo triste, pero también era suave y relajante, como si fuera una especie de nana diseñada para dormirme.

Un esbozo de sonrisa se dibujó en mi rostro con ese pensamiento, sobre todo teniendo en cuenta el terror que sentía de quedarme dormida en las noches desde que salí del hospital con la novedad de ya no tomaría ningún tipo de sedante.

Las noches eran un suplicio. La llegada del atardecer ya me ponía lo suficientemente nerviosa como para que casi no pudiera probar bocado en la cena. Cosa que disgustaba a Bree, que se había tomado tan a pecho el asunto de ser mi guardiana personal que hasta contaba la cantidad de raviolis que dejaba sin comer en el plato.

-¡Tienes que alimentarte Bella, Sue se toma el trabajo de venir hasta aqui para hacer todos tus platos favoritos y así le pagas! –me recriminaba sin pelos en la lengua dándome donde más me dolía.

Ella sabía cuánto odiaba molestar a las personas con mis cosas y lo difícil que estaba resultando para mí no poder hacer nada y tener un sequito personal a toda hora del día pendiente de mis necesidades más simples.

Mi intento de preparar el almuerzo una vez casi desató una batalla campal, y de no haber estado Jake para calmar los ánimos….

Tenía que reconocer que nada estaba resultando fácil para mí, comenzando por saber que estaba en la casa de Edward y ni siquiera veía su sombra en ningún momento del día.

Era horrible sentirme mal por algo que yo misma había pedido, mas bien exigido, pero la parte de mí que lo necesitaba locamente no se resignaba a que de verdad no estuviera. Es más, parecía crecer cada día llenándome de un profundo mal humor y un desasosiego que solo terminó de inundarme con la llegada de Diego, y la partida de Jake.

Sabía que ambas cosas podrían suceder… desde que Bree había llegado y nos habíamos instalado en la casa, ella religiosamente se encerraba unas horas en su habitación por las tardes para sus conferencias vía skype y regresaba con la mirada brillante y una sonrisa boba que me hacía sonreír y sentirme miserable por partes iguales.

Ella no tenía ningún problema para expresar sus sentimientos y aceptar el amor… yo solo era un gran manojo de miedos y contradicciones que no podía controlar y cada dia me odiaba un poco mas por mi incapacidad de vivir la vida como los demás.

Lo peor seguían siendo las noches para mí. La oscuridad inevitablemente traía consigo sus fantasmas y el característico sonido de los bosques de Forks, con ese silbido del viento en los árboles me traía sombras siniestras y el recuerdo.

Estaba cansada y enojada conmigo misma. Mis ojeras, que casi habían desaparecido los últimos días que estuve en el hospital habían regresado para instalarse como algo permanente provocando que más de una vez pillara a alguien observandome con el ceño fruncido por la preocupación.

Nadie me recriminaba mas de lo necesario, pero era consciente del pesado silencio que solía instalarse por ejemplo en las mañanas, cuando me arrastraba hacia la cocina, famélica y malhumorada. Era consciente de que necesitaba relajarme porque también comenzaba a sentirme cansada todo el tiempo, a pesar de que durante el día no hacia nada agitado más que levantarme de la cama para cada una de las comidas que eran controlada con ojos de halcón por el guardián de turno: Jake, Bree, Sue... incluso Alice, Emmeth y Rose solían aparecer en horas estrategicas e inesperadas, haciéndome sentir una niña irresponsable por momentos.

Mis restantes actividades se remitian a bañarme y dar cortos paseos con Bree en las mañanas, y luego instalarme a leer. A veces iba hasta la sala de estar donde el enorme y silencioso piano era mi unica compania, otras me encerraba en el estudio que estaba en el mismo pasillo de mi habitación, casi frente a mi puerta, lugar que estaba segura era el refugio personal de Edward, porque siempre encontraba algun rastro de su presencia alli.

Y si el clima lo permitía solía instalarme por un rato en una hamaca de madera ubicada en la galería que daba al parque detrás de la casa.

Rose había venido a verme religiosamente todos los días durante la primera semana luego de acabar su horario en el hospital para controlar mi evolución y el estado de mi bebe, aprovechando los implemento médicos de monitoreo que Edward habia instalado en otra habitación del pasillo cercana a la mia. Me habia dado la indicación de que ya podía comenzar con caminatas al aire libre…

La sola idea me hacia bufar. No me sentía con fuerzas para paseos mas largos de los que ya hacia obligadamente para ir de un lugar a otro en esa enorme casa, pero sabía que por el bien de mi pierna necesitaba ejercitarme, y también necesitaba cambiar mi actitud y dejar de preocupar a todo el mundo... y sobre todo comenzaba a necesitar desesperadamente alejar a Bree de mi espacio personal.

Al menos ahora que Diego estaba visitándola no tenía que pedírselo o esperar a que desapareciera en su habitación para su cita cibernetica ya que ella misma venía a preguntarme con mirada de ternero degollado si estaba bien que me dejara unas horas sola para llevarlo a recorrer los alrededores.

Verla salir radiante y con los brazos de Diego alrededor de su cuerpo menudo solo me hacia más consciente de lo sola que estaba en realidad.

Sue parecia tener una antena especial para esos momentos porque nunca estaba sola demasiado tiempo, ella venía a pesar de que tenia sus niños y sus obligaciones en casa. Se veía agotada, la preocupación de los primeros dias habia hecho estragos en ella, y luego de mucho discutir logre convencerla de que solo viniera a cocinar al medio día. Aunque ella se empeñaba en dejar preparada mi centa tambien.

Jake, luego de dormir los primeros días en una de las habitaciones de la planta alta de la casa se había instalado en la casa de mi padre y se estaba encargando de hacer algunas reparaciones junto con los chicos de La Push. Al parecer dos años deshabitada habian sido suficientes como para que la incesante lluvia y las nevadas invernales deterioraran parte de las maderas exteriores y algunas tejas del techo.

Solia venir de visita en las mañanas durante la primera semana y hacia pocos dias que se había marchado por fin de regreso a Sydney, junto a su mujer y su hija.

Todos tenían una vida, algo que hacer o a alguien… y cada día que pasaba era más consciente de que conmigo no sucedía nada de eso… que solo tenia una horrible y vacía rutina en una casa enorme.

La mañana que salí del hospital dos semanas atrás era lo más parecido a un día soleado que había visto en mucho tiempo. El cielo encapotado estaba claro y brillante dando una falsa expectativa de que en cualquier momento las nubes darían paso a un sol radiante y milagrosamente no llovía.

Bree casi saltaba del entusiasmo mientras nos dirigíamos hacia el estacionamiento del hospital y su entusiasmo me arrancó un par de sonrisas mientras el camillero conducía mi silla de ruedas hasta la salida.

-Jake dijo que estaría aquí – se quejó cuando llegamos haciendo un leve puchero y mirando impaciente a los lados del estacionamiento.

No había señales de Jake por ningún lado y me pregunté si vendría a buscarnos en mi camión. Sabia que lo había estado conduciendo algunas veces luego de que fuera rescatado después de mi secuestro, Sue me lo había dicho e incluso me había traído mi bolso de mano con algunas cosas que creía que yo iba a necesitar como mi iPod, mi libro favorito y algunas mudas de ropa que estaba usando y que habían estado en la maleta que llevé a Port Ángeles.

-Dijo que traería uno de los autos de Sam para llevarnos porque no cree que tu tiranosaurio resista su modo de conducir, y ni modo que lo hagas tú.- soltó Bree como si hubiera leído mi pensamiento y la observé con asombro.

-¿Qué? –preguntó burlona y no alcancé a responderle nada porque mi corazón se disparó cuando vi un Volvo gris estacionarse justo frente a nosotras.

"No, no podía ser… me lo habían prometido…"

Cerré los ojos sintiendo como mi respiración se disparaba también.

-¿Lista Bells? –exclamó la alegre voz de Jake, sacándome rápidamente del trance en el que había caído con el ruido de la puerta delantera siendo azotada al cerrarse.

-Cl… claro- carraspeé, abriendo los ojos rápidamente y dejándome conducir casi en vilo hasta el asiento de copiloto por los fuertes brazos de Jake y del camillero luego de comprobar que nadie más bajaba del auto porque estaba vacío.

Bree saltó dentro del asiento trasero.

-¡Sí, me encanta éste auto!- exclamó y alcé una ceja buscando su rostro en el espejo retrovisor pero ella me ignoró – pensé que vendrías en alguna carcacha vieja de La Push…-Bree siguió parloteando y Jake se carcajeó.

-Ese era el plan pero Ed… es decir… después pensé que era mejor un auto en buenas condiciones, ya sabes, los que Sam puede tener a veces estan un poco… y las sacudidas en el camino y y eso… como que no le harán bien al bebé. – explicó torpemente Jake y entrecerré los ojos.

-Vanessa solía quejarse de que las sacudidas le daban contracciones, no lo he olvidado- explicó, alzando los hombros mientras me miraba con una sonrisa que a todas luces intentaba convencerme.

-Sí, claro - bufé para mí misma y me hundí en el asiento lo más que pude evitando mirar a alguno de los dos y preguntándome cuanto más se tardarían en sacar a colación a Edward en la distendida conversación que mantenían.

Mientras nos alejábamos del hospital me di cuenta de que no tenía idea de a dónde íbamos y que hasta ese momento tampoco había pensado demasiado en el hecho de que Edward tenía una casa en Forks. ¿La habría comprado? ¿Tanto tiempo llevaba aquí? ¿Por qué entonces no lo había visto antes? ¿Pensaba quedarse?

Definitivamente no había pensado en demasiadas cosas últimamente y las palabras de Alice volvieron a mí:

"Hasta renunció a su trabajo en el hospital para estar cerca de ti"

Si, parecía que Edward tenía toda una vida en Forks y la forma en que Alice y Rose, incluso Jake los últimos días hablaban de él parecía indicar que eran una parte importante de esa vida.

Que yo desconocía completamente…

Cuando Jake salió del camino principal y se adentró en un sendero que iba hacia el bosque me tensé involuntariamente.

-Estamos cerca Bells- anunció y no respondí. El bosque alrededor me estaba poniendo nerviosa.

-Hey, estarás bien, ya lo veras, -dijo extendiendo su mano y apretando mi rodilla. -Ed… hemos hecho un gran trabajo, es una casa segura y muy cómoda y no es tan apartado.

Asentí. Él pensaba que yo estaba nerviosa por Edward pero yo estaba nerviosa por todo.

El volvo hizo una pequeña curva y luego se detuvo. No me había dado cuenta de que mantenía los ojos cerrados hasta que sentí que la puerta se abrió y entonces quedé asombrada de la belleza del paisaje. El lugar era realmente hermoso, despejado, un gran parque se extendía detrás de la casa hasta la orilla de uno de los pequeños brazos del rio, el bosque no estaba bastante lejos de la casa pero si dejaba una amplia vista hacia las montañas nevadas que se apreciaban a lo lejos. Suspiré.

-Te dije que le gustaría - soltó Bree con entusiasmo.- Es lo más lindo que he visto en las veces que vine aquí.

La verdad es que nunca había estado ahí… mis excursiones por Forks siempre fueron limitadas: mi casa, la escuela, La Push…

La casa frente a nosotros era grande, blanca, con ventanales amplios y parecía tener dos plantas mirando desde el frente, pero si veías bien desde la parte de atrás la planta baja quedaba como un primer piso por el declive del terreno hacia el rio.

Aspiré profundamente intentando calmarme y me dispuse a salir del auto con ayuda de Jacob.

-Tus cosas ya están en la habitación - señaló Bree, mientras se colgaba mi pequeño bolso de mano al hombro y corría por los escalones hacia la puerta.

-Claro… - dije, sin querer pensar demasiado en el hecho de qué cosas o quién las había instalado.

Cuando Bree abrió la puerta me detuve un momento a observar el lugar: era amplio y cálido sin demasiados muebles. Solo un hermoso piano negro destacaba en la sala de estar.

-Tu habitación es por aquí.

Bree tiró de mi brazo con impaciencia ganándose un quejido de mi parte y una reprimenda de Jake.

-¿Puedes caminar o te cargo? - Preguntó preocupado y meneando la cabeza en dirección al pasillo por donde mi hermana ya había desaparecido.

-Estaré bien - aseguré, dando pequeños pasos por el piso de madera lustrada siguiendo los saltitos de Bree.

Ella se encontraba ya frente a una de las varias puertas del pasillo y me esperaba expectante.

-¿Es aquí? - Pregunté tontamente, Bree asintió y me instó a pasar.

Mi boca se abrió en una enorme o. La habitación era más grande que la sala y la cocina de la casa de mi padre juntas y tenia un enorme ventanal de cristal que ocupaba casi toda una pared desde el piso hacia el techo dándole una luminosidad natural impresionante.

El piso de madera lustrada tenía una alfombra clara muy parecida a la de mi sala en NY, y la cama en el centro de la habitación estaba cubierta por un edredón suave de color azul claro y sábanas blancas. También junto a ésta había un sillón de cuero que daba hacia el enorme ventanal y al lado un estante con libros, un mueble con Cd's y un equipo de música y una televisión.

-Y tienes baño privado - agregó Bree abriendo una de las puertas.

Me acerqué para comprobar que también era enorme y con una tina en la que fácilmente entraban dos personas.

-Wow - fue todo lo que pude decir.

Supuse que la otra puerta dentro de la habitación sería el armario. Con las dimensiones que todo parecía tener seguro era un vestidor.

-Bien, ¿quieres recostarte? ¿Tienes hambre? ¿Te apetece un baño? Puedo prepararte el agua si quieres y…

-Bree… tranquila.- me reí de su expresión ansiosa-vengo de estar semanas en una cama… creo que por ahora me apetece ir a la cocina y comer algo.

-Aún es temprano, así que prepararé un desayuno- exclamó chequeando rápidamente su reloj y con su típico entusiasmo salió dando saltitos de la habitación.

-¿Te sientes bien? – reparé en Jake que estaba apoyado en el marco de la puerta.

-Si… -suspiré, mirando alrededor.- Éste lugar es…

-¿Enorme?

-Y hermoso.

-Y eso que no has visto el resto de la casa, hay más habitaciones arriba… Edward no escatimó en gastos… hizo un gran trabajo en esta habitación.

-Claro.- Carraspeé incómoda.

-Bree estará en la habitación de ahí, -

Jake salió un poco hacia el pasillo y señaló la puerta que estaba justo al final.

Volvimos hacia la cocina en busca de Bree y reparé en un par puertas cerradas del pasillo. Me pregunté si alguna seria la habitación de Edward. Esperaba que no, no estaba preparada para encontrármelo de sopetón en el pasillo.

Después de desayunar y convencer a Bree de que descansara ya que no había parado desde que llegó el día anterior, decidí darme una ducha. No es que la necesitara realmente, más bien necesitaba relajarme y hacer algo.

Tanta algarabía ya estaba haciendo estragos en mis nervios y necesitaba estar sola un momento.

Luego de comprobar que en el baño había un albornoz y todos los elementos suficientes me desvestí, contemplando mi cuerpo en un espejo por primera vez en semanas y me sorprendí de cuanto había crecido mi barriga y mis caderas. La herida de la pierna estaba completamente cicatrizada aunque la cicatriz era horrible, todavía dolía al caminar y no quise verla demasiado.

El vestidor no era tan grande como había imaginado y me sorprendió ver que tampoco había demasiado de mis cosas ahí, al menos no mucho más que la ropa de invierno que llevaba en mi maleta de Port Ángeles y ésta también estaba prolijamente ubicada en uno de los estantes vacíos. La abrí para comprobar si estaba vacía y mi corazón dio un vuelco al encontrar adentro el sobre de correo con las cartas de Edward, las fotos y mi cuaderno de dibujo.

Lo abrí con manos temblorosas, no había pensado en ello en las últimas semanas. Con ojos nublados recorrí cada uno de los trazos de los bocetos que había hecho de nuestras manos enlazadas sobre mi estómago, mi parte preferida de esa foto que había adorado por ser el recuerdo de uno de los mejores momentos de mi vida.

Todo parecía tan lejano ahora…

Cerré el libro con rabia y lo deje donde estaba junto con las cartas.

La rutina de mi nueva vida se estableció rápidamente. Bree me despertaba todas las mañanas para desayunar ignorando mi mal humor y mis quejas de que cuando por fin lograba dormirme ella venia a arruinarlo, y Jacob llegaba justo después trayendo algún dulce para tentarme y se quedaba muchas veces hasta después de almorzar con nosotras,

Sue venia todos los días como lo había prometido, a preparar el almuerzo y la cena especialmente para mi.

Solo las noches eran otra historia. Lo mas difícil fue convencer a Bree de que así como no era necesario que estuviera sobre mi a cada minuto del día tampoco tenia que instalarse junto a mi en la enorme cama de la habitación por las noches a controlar mi respiración.

No quería que nadie durmiera conmigo y para lograr que me dejara mi espacio le prometí que como buena niña iba a acostarme temprano, siempre después de un relajante baño de tina y de devorar toda la cena que Sue insistía en cocinar y trataba de cumplirlo.

Las primeras noches fueron un suplicio, luego dar las buenas noches Bree se iba a su habitación o a lo que fuera que hacia luego de que yo me acostaba y yo solo miraba el techo de la habitación por unos infinitos minutos después de tenderme en esa enorme cama para luego cerrar los ojos y volverme estratégicamente de lado hacia la ventana fingiendo acompasar mi respiración cuando oía que la puerta de la habitación se entreabría en la oscuridad.

Bree seguramente venía a controlar si ya dormía, pero como no quería una conversación si me veía despierta ni siquiera me volteaba y simplemente me concentraba en ignorar la silueta que sabía estaba parada detrás de mí. Además, sucedía que casi siempre me quedaba dormida de verdad mientras me concentraba en escuchar el sonido de la puerta cuando por fin ella saliera nuevamente de la habitación.

Los malos sueños que solía tener con tanta frecuencia en el hospital ya no eran tan vívidos como al principio desde que dormía en la casa, aunque ésta estaba cerca del bosque y en mi mente aún evitaba concienzudamente cualquier pensamiento e incluso algunas imágenes del bosque. Por lo menos ya no los recordaba con tanta nitidez al despertar.

A veces hasta me despertaba con una sensación cálida, como de haber sido mecida y arrullada en sueños durante toda la noche por una suave voz que nunca alcanzaba a distinguir con claridad, y otras hasta tenía la sensación de recibir caricias en mi frente.

Pero fue en la última semana, justo después de la llegada de Diego y de ser muchísimo más consciente de mi soledad y de que solo tenía una patética existencia que los sueños empeoraron, y precisamente dos noches atrás que la música comenzó a oírse apenas minutos después de que me acomodara a regañadientes en la cama resignada a comenzar con "mi teatro del sueño" como yo lo llamaba.

Esa vez mi corazón se saltó un latido.

Edward.

Supe que era él quien teocaba porque que yo supiera Bree no tocaba el piano, y a menos que llegaran las visitas justo cuando yo me retiraba a dormir…

Había evitado siquiera preguntar por él durante todo el tiempo que llevaba en su casa. No lo había visto en ningún momento y eso era un alivio para mis nervios pero también una tortura. Me sentía patética porque a cada momento del día y en cada parte de la casa veía con detalles todo lo que el había hecho para que yo me instalara. Y era doblemente patética porque durante el día, cuando sabía con seguridad que él no estaba ahí, yo recorría todos los lugares comunes de la casa buscando rastros de su presencia.

Sí, lo sé... estaba actuando como una desquiciada. Pero no sabia cómo manejar todas mis emociones, cómo enfrentarme a él después de todo lo que había pasado, de todo lo que sabía ahora, de lo que seguía sintiendo por él... de ser consciente a cada momento del día de todo lo que hacía por nosotros a pesar de mi desprecio al alejarlo… y de saber que con mi distancia solo lo estaba lastimando, todo el tiempo - como me decía Bree sin ningún tipo de sutileza cada vez que podía meter un bocado del tema-, o Alice en nuestras sesiones de terapia que ahora eran cada dos días en mi habitacion.

Ella tambien se tomaba el trabajo de venir.

Una parte de mí temía que Edward se cansara de mi locura y de mi incapacidad de aceptar que alguien podía amarme rota como me sentía, y planeaba mil maneras de por fin acercarme a él o decirle a alguien al menos que deseaba verlo, pero la verdad es que nunca tenía la suficiente fortaleza para hacerlo.

La otra parte de mí simplemente temía que ya fuera tarde, que cuando finalmente tomara el valor de acercarme Edward me dijera que ya se había cansado de todo mi circo y que solo me mantenía en su casa porque yo era la madre de su bebé y era lo que correspondía.

Así que esa noche, cuando oí de nuevo aquella melodía en las teclas del piano, decidí que antes de quedarme dormida, al menos quería verlo tocar...de lejos.

Yo jamás lo haba visto tocar.

Recordaba que Edward me había contado una vez sobre sus lecciones de piano cuando niño y mentiría si dijera que luego no había fantaseado con eso, con ver sus perfectas manos deslizandose sobre el teclado, y en cómo se vería él sentado al piano.

Mientras dejaba sigilosamente la habitación me di cuenta que era la primera vez que hacía algo por propia iniciativa y con esa sensación de adrenalina que me hacia sentir un poco viva.

Traté de mantenerme lo más silenciosa posible mientras me deslizaba por el pasillo para no alertar a Bree con el corazon acelerado en mi pecho y retumbando con fuerza en mis oidos, aunque me imaginé que seguramente ella ya estaba instalada en su cuarto y ocupada con Diego.

La verdad es que no quería imaginar en qué cosa ella estaría lo suficientemente ocupada como para no prestarme atención.

El pasillo estaba bastante oscuro y efectivamente una rendija de luz se colaba por debajo de la última puerta, que era su habitación. Agradecí que la mía fuera la primera después del baño y justo frente al estudio de Edward, donde más de una vez pensé encontrarlo escondido porque a veces simplemente no podía creer que él realmente se ausentara de la casa todo el día para no cruzarse conmigo.

La puerta del estudio estaba abierta y oscura, como sucedía todas las veces que salía de la habitación en las mañanas, y con la luz de la luna entrando por el amplio ventanal se distinguían claramente la silueta del escritorio de madera oscura y de los estantes plagados de libros que solía devorar en las horas de la tarde, generalmente acurrucada en el enorme sillón de cuero detras del escritorio, sabiendo que en algún momento del día o de la noche Edward había estado ahí… porque su aroma inconfundible se impregnaba en el respaldo.

Tomé nota mental de que algún día tendría que sacarme la duda de si realmente ese era su gusto en literatura o solo los había comprado por mí, porque era demasiada casualidad que casi todos mis autores favoritos estuvieran presentes en esos estantes.

Mis libros…

Ellos estaban todavía en algún lugar en casa de mi padre, aún en las cajas en las que los envié aquí seguramente. Al final nunca alcancé a llegar ni a instalarme completamente como planeaba.

La melodía del piano cambió inesperadamente de la habitual nana a una que mi corazón reconoció, acelerando aun más los latidos en mi pecho.

Edward estaba tocando mi canción...

Aquella que alguna vez me cantara sentado con su guitarra en mi sala de Nueva York y que había vuelto a escuchar tantas veces después, en mis ataques de nostalgia.

Me detuve, tratando de controlar mi respiración y los latidos alborotados de mi corazón cuando llegué al desnivel que anunciaba el final del pasillo y bajaba hacia la sala, sintiéndome de repente sin fuerzas para moverme y dejándome caer hacia el suelo, recostando mi cabeza en la pared mientras recordaba con toda claridad su voz cantándome aquellas palabras…

Por fin estaba viéndolo tocar, iluminado apenas por la tenue luz de la luna y de los estratégicos reflectores del patio que se colaban por el enorme ventanal que abarcaba como casi en todas las habitaciones que habia visto casi toda la pared del salón.

Edward tenía los ojos cerrados, y su espalda derecha debajo de su camiseta blanca no era suficiente para ocultar el cansancio y el agobio de sus hombros. De repente me pareció que estaba mucho más delgado de lo que recordaba.

Mis manos se alzaron por instinto y me di cuenta de que moría por tocar la expresión triste de su rostro en ese momento.

Como si tuviera un imán que me arrastrara, me encontré caminando hacia él sin que pudiera evitarlo. Cuando la melodía se detuvo simplemente extendí mi mano hacia él y toqué con la punta de mis dedos esa mejilla pálida con rastros de una incipiente y desprolija barba, acariciando justo donde una lagrima acababa de rodar.

Edward se volvió hacia mi lentamente, mirándome con sorpresa, profundamente, y con todas esas emociones todavía jugando en sus ojos. Simplemente se quedó así, contemplándome con sus manos apoyadas en sus muslos, sin mover un músculo, supongo que para no asustarme, mientras mi mano seguía inmóvil, suspendida tocando su rostro.

Entonces me rendí y avancé hacia él, y en un arranque rodeé su cuello con mis brazos sin dejar de mirarlo, viendo cómo sus ojos se llenaban de lágrimas nuevamente y sin darme cuenta de que yo lloraba también hasta que sus dedos fríos rozaron mi mejilla secándolas.

la suavidad de su gesto hizo que algo en mi pecho doliera profundamente y lo abrace, esta vez quebrándome por completo en un llanto incontrolable y horrible, con mi cara escondida en su cuello. Me aferré a él con todas mis fuerzas, dándome cuenta de que ya no tenia miedo, de que solamente lo necesitaba a él, conmigo… sin importarme nada más.

Edward me devolvió el abrazo con suavidad, enterrando su cara en mi cuello y aspirando entre mi cabello como si hubiera pasado demasiado tiempo sin respirar y hubiera olvidado cómo hacerlo. No me soltó hasta que yo lo hice para subir mis manos hacia su cara y ponerlas en sus mejillas, recorriendo con mis dedos temblorosos sus ojeras violáceas y esa expresión triste que aún estaba ahí y sabía era mi culpa.

-Perdón... perdón... lo siento tanto... he sido tan egoísta... te he dejado afuera de todo de la forma más cruel del mundo... y todo este tiempo… solo te hice sufrir. Perdón.

Mi voz salía entrecortada, a borbotones, apenas en un hilo.

-Sshh, está bien… todo está bien… ya has vuelto... ya estás en mis brazos... ya has vuelto a mí... - murmuró entonces, hundiendo otra vez su rostro en mi cuello y rodeándome con fuerza.

-Yo te amo... - sollocé, rendida- yo siempre te amé Edward... lo lamento tanto... en vez de decírtelo yo te dije las cosas más horribles del mundo y...

-Solo tenías miedo pequeña... y ya no importa… ya estás aquí.- me respondio en un murmullo, con sus manos en mi cintura, acariciandome con sus dedos y fijando esas preciosas esmeraldas en mis ojos.

-Yo no tenía derecho... - seguí negando.

no queria que me perdonara tan facil, quería que me diera la razon al menos, pero sus manos se posaron en mi cara, levantándola hacia él y obligándome a centrarme en sus esmeraldas profundas, intensas, a captar cada una de sus expresiones mientras me hacía callar poniendo un dedo sobre mis labios.

-Ya te he perdonado Bella... desde el segundo en que decidí ir detrás ti...-dijo con suavidad y una convicción que me traspaso hasta los huesos.

-Pero éstos días...

-Estos días… ha sido un placer enorme para mí cuidar de ti... y de mi hijo.- dijo, alzando las esquinas de sus labios en una leve sonrisa.

-¿Cómo puedes decirme eso? ni siquiera te he dejado acercarte, estar en la misma habitación... no te merezco Edward... tú...

-Bella... amor…esto nunca se trató de merecer... se trata de que te amo, de que no te dejaré huir de nuevo, de que jamás podrás deshacerte de mí.

Supuse que estaba mucho más emocional que de costumbre por el embarazo pero no podía dejar de llorar a pesar de lo feliz que me hacian sus palabras, y que también para él era demasiado porque lloraba conmigo.

-Y si hablamos de merecer... tú no te merecías nada de lo que te pasó Bella. No alguien como tú... un ángel, una mujer hermosa, buena, llena sensibilidad, generosidad, inteligente, divertida y también demasiado sexy para su propio bien. ¿Cómo se te ocurrió por un segundo que alguien jamás notaria lo especial que eres? ¿Cómo podría alguien no enamorarse de ti?

Sus ojos me contemplaban con tanto amor, ardiendo en una llama que recordaba y anhelaba profundamente, encendiendo con su intensidad cada centímetro de mi piel, reavivando cada milímetro de mi cuerpo con esa calidez que pensé que había perdido para siempre… haciéndome consciente de todo este tiempo perdida en el frío.

-Yo… quiero… besarte... ¿puedo? - Susurré. Dándome cuenta de que lo necesitaba más cerca aún.

-Jamás tienes que pedirme algo como eso Bella, soy tuyo, desde el segundo en que crucé tu puerta por primera vez.

Me acerqué a sus labios con cautela mientras sus ojos intensos me contemplaban. No porque le tuviera miedo, sino porque temía mi propia reacción.

Edward finalmente cerró los ojos, dejando escapar su respiración contenida sobre mi boca y llenándome con su dulce aliento. Su expresión anhelante marcando sus perfectas facciones, haciendo que mi estómago se llenara de sensaciones.

Besé su boca con suavidad, reconociendo su textura, deseando más de su sabor. Él respondió con besos suaves, dejándome completamente el control. Con timidez toqué sus labios con mi lengua, estremeciéndome con la sensación de sentir su boca abrirse lentamente y dejarme paso, transformando el beso en algo muchísimo más intenso de lo que había soñado siquiera, sintiendo cómo sus manos se aferraban a mi cuello, cómo sus dedos acariciaban mi nuca erizando mi piel… cómo una de sus manos descendía por mi espalda arrastrando con la caricia una sensación inexplicable hasta mi cintura, de electricidad que creí jamás volver a sentir y de necesidad… haciéndome jadear y rodear su cuello con fuerza, acariciando su cabello, entretejiendo mis dedos con fuerza en el y tirando de su cuerpo hacia mí, necesitando más de su calidez.

- Bella... - susurró en un jadeo entrecortado y supe que debía detenerme.

Nos quedamos en silencio, nuestras frentes juntas, los ojos cerrados, recuperando el control de nuestros sentidos. tratando de que nuestras respiraciones dejaran de ser erráticas. Sonriendo como idiotas al comprobar que nada había cambiado en realidad, que la atracción insoportable que alguna vez sentimos seguía intacta, que nuestros cuerpos seguían necesitándose y respondiendo uno al otro de la misma forma… como si nunca se hubieran separado.

De repente estaba abrumada por la sensación... de estar donde siempre debí estar.

-Ahora comprendo mucho mejor lo que me dijiste aquella noche en que te regalé la canción... - murmuró, tomando mi rostro entre sus dedos - yo también soy alguien lleno de mierda Bella, y tengo un pasado que no quiero recordar, recuerdos que nunca quise en mi cabeza... y hasta que te conocí… yo nunca antes tuve la fuerza para volver a luchar por algo de nuevo... yo ni siquiera pensaba en mí en ese tiempo... apenas me limitaba a existir, a arrastrarme por el mundo... tú me llevaste a la vida de nuevo Bella... con todo lo que eres, con todo lo que pasó contigo, ahora estoy seguro de que algo de todo eso te permitió ver mas allá en mi... y me salvaste, de alguna manera me salvaste, yo también quise alejarte, solo que no pude... mi egoísmo fue más fuerte, no me dejó hacerlo... cuando te conocí me atreví a soñar con una vida... y después, cuando te vi de nuevo en el hospital y tocando esta barriga… y supe que esperabas mi bebé... yo lo quise todo contigo Bella, por primera vez en mucho tiempo.

Edward bajó suavemente sus manos por mis brazos para rodear mi cintura y abarcar con ellas mi redondeada barriga que en estas semanas había crecido bastante y las detuvo allí. Sus ojos algo más oscuros se clavaron en los míos, llenándome de mariposas el estómago.

-Y no voy a renunciar a ti... – dijo casi en un gruñido-. Quiero que entiendas que no hay manera en el mundo en que lo haga... que nada de lo que hagas o hayas hecho hará que te abandone... sé que tal vez te cueste entenderlo, aceptarlo... pero estoy aquí para siempre Bella... a menos que ya no me ames, y que de verdad me quieras lejos de ti.


Gracias a Ginegine por betear mi locura a pesar de querer golpear a Bella mas de una vez, y a cada una de ustedes que esta ahi leyendome y se toma el trabajo de escribir un review.

nos vemos en el próximo!