Hola a todos! Gracias a quienes leen el fic y gracias por sus reviews Green, Mayrachan1 y Princess Bird Blue. Saludos! :3
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Capitulo 37
El moreno se mantenía afirmado contra la pared mientras miraba fijamente al rubio. Ya llevaba cerca de dos horas ahí, pensando en las palabras de Miguel pero era imposible que hiciera, ¿Cómo podría matar a Dean? Aún cuando no tuviera alma o Lucifer le hubiera hecho algo para que los matara, el ángel no era capaz de hacerlo. Se acercó despacio hasta su pareja y le acarició la mejilla con suavidad, provocando que lo observara.
-¿Hasta cuando me tendrán aquí? Es cosa de tiempo para que me libere.
-Lo sé, Dean… esto no debió pasar- dijo afligido- Jamás debiste caer en el juego de ese bastardo de Crowley y permitir que Caín te diera su marca… esa era su carga, no la tuya.
Se sintió un poco culpable de no haber estado en ese momento para el rubio, quizás podría haber detenido todo y ahora no se encontrarían en esa situación. Se inclinó para darle un suave beso antes de abrazarlo con fuerza.
-Te amo, Dean… no puedo con esto… soy incapaz de lastimarte… pero tampoco puedo permitir que hieras a otros…
-Libérame- dijo el menor.
-No puedo… sé que no lo entiendes… no solo está esa maldita marca, también has perdido tu alma… te entregaste a ese bastardo para protegernos… pero ahora todo es peor… el alma humana es donde se guardan los sentimientos, las emociones, el alma es lo que les entrega su humanidad y sin ella…
-¿Sin ella qué? Ahora soy mucho mejor que antes, maté a Abaddon y gracias a mí pudiste acabar con Lucifer, soy mucho mejor cazador de lo que he sido antes.
-No Dean, no lo eres… has perdido algo muy importante y me duele verte así.
Lo abrazó llorando y luego le dio un pequeño beso. Ya no había rastros del mismo rubio que amaba. Ahora no era diferente a como actuaban esos demonios o incluso algunos ángeles. Había perdido cosas invaluables pero por sobretodo…
-Dean… ¿Me amas?- preguntó en un murmullo- Aún sigues amándome.
-Libérame, Cas- pidió suavizando su voz y lo miró fijamente- Libérame.
El moreno se quedó observando esas esmeraldas por unos segundos antes de rodearlo mientras sacaba una pequeña llave de su bolsillo. ¿Para qué continuar con eso? Castiel era incapaz de negarse a algo que le pidiera el cazador y ya no soportaba verlo ahí, como si fuera el nuevo ser malvado del que debían cuidarse.
-Te amo Dean… sin importar lo que pase seguiré haciéndolo.
Estaba por quitarle las esposas cuando una mano lo tomó por la muñeca para apartarlo del rubio. Giró un poco la cabeza y se encontró el ceño fruncido de su hermano mayor.
-¿Qué se supone que ibas a hacer?- preguntó el bromista serio y el moreno se liberó de su agarre.
-Déjame solo…
-No puedes liberarlo, Cas, ¿Ya has olvidado de que ahora quiere matarnos también? Ya escuchaste a Miguel, no dudará en matarnos, así que es mejor mantenerlo aquí.
-¿Y hasta cuándo? Porque no hay forma de quitar la marca y tampoco de devolverle su alma, ¡¿Vas a mantenerlo encerrado aquí por siempre?!
-SI es necesario, sí- respondió el arcángel serio- Porque no voy a soltar a terminator para que acabe con la humanidad, ¡comenzando con nosotros!
-¿Que ocurre aquí?- preguntó Sam entrando al cuarto- Chicos…
-¡Te recuerdo que estás hablando de Dean! ¡Él no es así!- gritó muy enfadado.
-Claro, y si es tan bueno, ¿Entonces por qué trató de matarte?- respondió serio- Vamos Cas, si según tú está tan bien, ¿Por qué lo hizo?
-No lo voy a dejar aquí para siempre, no puedes hacer eso.
-Sí puedo porque de lo contrario, habrá que matarlo.
-Chicos basta- pidió Sam preocupado.
Castiel no podía creer lo que estaba escuchando. No iba a permitir que trataran a Dean como si ahora fuera lo peor del mundo o el mayor de los peligros que enfrentaban. Él hizo todo eso para protegerlo, no había otra manera de detener a Abaddon y gracias a eso acabaron con Lucifer.
-Sal de aquí, Castiel.
-¡No me iré!- se liberó del agarre de su hermano mayor y lo miró amenazante- ¡Tú no entiendes! ¡No puedes entender como me siento porque aún tienes a Sam! ¡Estás hablando de Dean, de mi pareja! ¡¿Cómo se supone que deje morir o pudrirse aquí al hombre que amo?! ¡¿Cómo puedo dejarlo ahora que me necesita más que nunca?! ¡¿Cómo me pides que lo deje ahora…?!- limpió las lágrimas que surcaban sus mejillas.
-Cas…- el mayor suspiró antes de abrazarlo- Lo siento… no debí decir las cosas de esa manera tan dura… perdóname… yo también me siento impotente al no ser capaz de ayudarlo… ni ayudarte, lo siento mucho.
-Gabriel…
-Ven, no es bueno que estés aquí tanto tiempo y tienes que comer algo.
-Ve Cas- dijo el castaño- Yo me quedaré aquí ahora.
-Sí Sam… gracias…
Le dirigió una última mirada a Dean y salió de la habitación en compañía de Gabriel. No tenía idea de cuánto tiempo más iba a seguir soportando esa situación.
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Sam observó fijamente a su hermano mayor, quien le devolvió el gesto antes de sonreír con cierta arrogancia. Tenía muy claro que no obtendría nada intentando que entrara en razón o apelando a sus sentimientos que ya no tenía. Se dio la media vuelta con la intención de salir pero se detuvo al oírlo.
-No podrán tenerme encerrado por siempre- dijo el rubio- Muy pronto voy a salir de aquí.
-Eso no pasará, Dean- respondió volteando a mirarlo- Hasta que no decidamos que hacer, permanecerás aquí.
-Sigue diciéndote eso pero voy a salir de aquí, tomaré la primera espada de nuevo y comenzaré a rebanar cuellos.
-Somos tu familia- dijo el castaño desconcertado- Cas es tu pareja, ¿Eres capaz de matar al hombre que amas?
El rubio solo sonrió y prefirió salir de la habitación, no conseguiría nada hablando con el mayor en ese estado. Se fue por el pasillo suspirando, suponía que el par de ángeles estaba en la cocina y no quería ir con ellos aún. Le dolía ver a Castiel sufriendo y también le dolía que las cosas estuvieran así de mal. Un suave aleteo lo hizo voltear.
-Miguel…- éste lo observó fijamente- ¿Dónde estabas?
-Para derrotar a Metraton y recuperar el cielo, tenemos que juntar fuerzas, fui a buscar a mis hermanos.
-Hay varias facciones que están siguiendo a Metraton… lo siento.
-¿Por qué lo sientes?
-Debe ser difícil para ti… sé que no te importa este mundo y tampoco nosotros pero si quieres a tus hermanos… debe ser difícil verlos en esta situación…
-No sé de qué hablas y en cuanto a esto, es algo temporal, pronto regresaremos al cielo y las cosas volverán a ser como antes.
-Eso espero… realmente prefiero a los ángeles en el cielo... y no poseyendo cuerpos a diestra y siniestra… oye… ¿Realmente no hay nada que podamos hacer para recuperar el alma de Dean?
-Tú mejor que nadie, sabe la fortaleza que tiene un alma humana- Sam asintió despacio- Pero aquí no se trata de eso, Lucifer se la llevó y estoy seguro que la ocultó muy bien, así que deberías darla por perdida.
-No puedo hacer eso… no puedo dejarlo así.
-Ahora eres tú quien no quiere aceptar los hechos.
-¿Y la marca? ¿Hay alguna manera de quitarla?- preguntó ignorando su comentario anterior.
-No que yo sepa.
Sam suspiró desganado, no podía rendirse de esa manera, sabía que Castiel no lo haría y él tampoco estaba dispuesto a hacerlo.
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Metraton esbozó una pequeña sonrisa antes de beber un poco de su copa de vino. Hace unos minutos le había llegado la información de que Miguel estaba de vuelta en el juego y ya se encontraba reuniendo a los ángeles para recuperar el cielo.
-¿Me has llamado?- preguntó Gadriel apareciendo frente a él.
-Sí- apareció tras el ángel menor- ¿Sabías que Miguel ha regresado? Y por sus movimientos, todo indica que está con los Winchester.
-No lo sabía- respondió serio.
-Ah- lo rodeó para quedar frente a él- Como sea- se dio la vuelta dejando la copa sobre el escritorio- Quiero que hagas algo.
-¿Qué cosa?
-Los Winchester no son problema para mí, así como tampoco Castiel o Gabriel, incluso Miguel es insignificante para detenerme pero si comienzan a reunir ángeles, podría perder potenciales aliados que son valiosos, además, si continúan así, podrían encontrarlo a él.
-¿A quién?- preguntó su segundo al mando curioso.
-Azrael, ese sujeto podría volverse muy problemático en el futuro…ya es suficiente todo lo que ha ayudado a Castiel y si decide intervenir aquí, podría arruinarnos.
-¿Está ayudando a Castiel? No recuerdo que lo hayan mencionado.
-Y tampoco tienes que saberlo, tu misión ahora, será entrar al bunker y soltar a Dean.
-¿Qué?
-Será divertido ver como se encargan de ese pequeño percance y quizás, nos terminemos deshaciendo de Miguel sin siquiera mover un dedo.
-¿Y los ángeles que estoy reuniendo?
-Esto es mucho más importante, Gadriel y también divertido, asegúrate de mirar todo hasta el final y luego vienes a contármelo.
-Sí.
El ángel desapareció del lugar y el escriba volvió a sentarse con una sonrisa. Fue toda una sorpresa descubrir que Azrael ya había conseguido contactar con Castiel e implícitamente estaba ayudándole, así que solo sería cosa de tiempo para que revelara todo lo que sabía. Unos golpes a la puerta lo sacaron de sus pensamientos.
-Adelante- un hombre de cabellos negros entró a la habitación mirándolo fijamente.
-¿Querías verme Metraton?- el mayor sonrió.
-Sí, justo a quien necesitaba en este momento, Barael.
-¿En serio?- el ángel sacó un cuchillo de su bolsillo- He oído bastante estos últimos días sobre ti.
-Y yo sé mucho sobre ti, lo injusto que fueron contigo en el cielo y como te encerraron en esa oscura mazmorra donde te dejaron pudrirte por milenios- sonrió- Así que ahora, puedes iniciar una pelea que claramente no ganaras o hacerme un pequeño favor por el cual te pagaré muy bien.
-¿Qué obtendré a cambio?
-Tus alas y esto- le enseñó tres frasquitos con un liquido que brillaba- La dieta angelical te vuelve más fuerte ¿Verdad?- el ángel lo observó unos segundos y guardó el cuchillo.
-¿Qué debo hacer?
-Encárgate de Gadriel y traerme a Castiel.
Le entregó los tres frasquitos con la gracia al ángel y chasqueó los dedos para devolverle sus alas. El hombre tragó el mojo angelical para luego observar sus manos que brillaban un poco.
-Genial- miró al escriba con una amplia sonrisa- Dalo por hecho, acabaré con Gadriel y te traeré a Castiel.
Desapareció de la habitación y Metraton se sentó complacido. Ahora solo debía esperar y se desharía de dos problemas, el doble espionaje de Gadriel y gracias a Castiel, tendría la ubicación de Azrael para matarlo. Ese sujeto era el único que podía arruinar sus planes, ya que era uno de los pocos que conocía cada rincón del cielo.
