Hola chicas estoy de vuelta con un nuevo capítulo. Antes quisiera ofrecerles mis más sinceras disculpas por el enorme retraso, pero espero que los siguientes capítulos recompense un poco esa tardanza.

Muchas cosas han pasado en estas últimas semanas, una de ellas en que me operaron de emergencia de la vesícula, pero ya estoy prácticamente recuperada gracias a Dios.

También me he pasado trabajando en otra historia diferente que se me ha metido en el sistema. Pero quiero que sepan que por nada del mundo dejaría o abandonaría esta historia a la que amo mucho. Creo que como se que ya estoy llegando al final de la trama, me he bloqueado un poco…solo espero que me tengan un poquito de paciencia.

También deseo dedicarle este capítulo a Zafiro Azul Cielo 1313, gracias por tus correos, alentándome a continuar y por tu gran paciencia. Bueno las dejo con este capítulo que espero que les guste y de corazón me disculpen. Nos les quito más tiempo con mis palabrerías jajajaja.

Pues a leer…


Un demonio con cara de ángel

Por

The Ladycat69

Capitulo 36

Luego de que la escoria de Maritza saliera de la mansión de la forma menos imaginable, las cosas se normalizaron o mejor dicho quedo en el olvido. Una noche mientras cenaban Albert les dio la noticia que habría una fiesta el próximo viernes con varios empresarios importantes, por lo cual pensó que ese sería el momento oportuno para presentar en sociedad Candy e invitando a todos asistir al evento. Algo que ilusiono mucho a Rose, porque significaban ir de compras.

Así que unos días antes de la fiesta, las chicas salieron temprano en la mañana a comprar lo necesario para tal evento. En cuanto consiguieron sus vestidos de noche, continuaron comprando esta vez conjuntos hermosos de maternidad, entre otras cosas.

Las chicas llevaban a la rubia de tienda en tienda, arrastrando también al chofer que cargaba la mayoría de los paquetes, ya que Stear y Tom se escaparon con el pretexto de querer enseñarle las oficinas de Albert al joven vaquero.

-Creo que tenemos todo para la fiesta del viernes y mucho mas chicas—dijo Rose mirando un montón de ropa de maternidad.

-Estoy emocionada Rosie…dice que irán mucha celebridades—dijo Annie dando saltitos.

-Oh si querida…verán cómo nos vamos a divertir—

-Creo que ya llevamos todo lo necesario…además tengo un poco de hambre—dijo la rubia.

-Bueno llevemos a esta niña a comerse algo para el futuro retoñito…oh mira ese es un buen lugar para merendar algo—dijo arrastrando a Candy.

Mientras el chofer llevaba los paquetes a la limosina, las chicas entre risas habían entrado a una bonita cafetería a merendar algo antes de la cena. Pero antes de pagar la cuenta Annie le pidió a Deborah que la acompañara al frente de la enorme tienda, sin dar muchos detalles de lo que deseaba comprar.

-Espérenme un momento…debo comprar algo. Deborah me acompañas—

-Claro pero… ¿A dónde vamos?—pregunto en un murmullo.

-Tú solo sígueme—respondió también en murmullo.

-Annie…—

-No te preocupes...no me tardare—dijo rodando los ojos por la forma que su hermana la miraba…-Patty no me mires así…ni que fuera a provocar algún alboroto…yo no hago esas cosas—dijo riendo inocentemente.

-Dios nos ampare…acaso dijo lo que creo que dijo—dijo Patty viendo su hermana arrastraba a Deborah algún sitio.

-Aquí las esperamos chicas—dijo con una sonrisa…-No pasara nada malo…que tanto puede hacer en unos minutos—dijo Rose restándole importancia a lo que pudiera provocar la menor de las White.

-Pues mucho—dijeron a coro las chicas.

Mientras en unos de los pilares de la gran tienda, David miraba de cerca a las muchachas. El joven de origen italiano era el orgullo de George, no solo por ser un joven astuto, inteligente y leal, sino porque estaba preparado para cualquier peligro, amenaza o eventualidad, menos para una llamada…Annie White.

David que había retratado a un hombre que también seguía a las chicas, observaba con recelo esperando un movimiento en falso para actuar. Estaba tan concentrado en su trabajo que casi se ahoga con su propia saliva, al ver frente a él a nada menos que a Annie White con una sonrisa casi inocente.

-Hola—dijo Annie parada frente al joven con una gran sonrisa.

-Ho…hola señoritas—dijo viendo a dos chicas parada frente a él.

-Mi nombre es Annie White…hermana de Candy Andrew y ella es Deborah Days, amiga de la familia. Mucho gusto—dijo ofreciéndole la mano el cual el joven tomo.

-Mu…mucho gusto señoritas—dijo aun impresionado.

-Sabes no sé quién eres…pero llevo rato mirándote oculto entre las sombras. No creo que seas un ladrón, espía o un asesino que quiere hacerle daño a mi hermana—dijo lo último en un tono misterioso…-No tienes esa pinta...al no menos no como el otro individuo que también nos ha estado siguiendo igual que tu desde que salimos de la mansión. Así que tienes que ser un guardaespaldas contratado por mi adorado cuñado ¿no es así?—dijo mirándolo fijamente.

-Bueno yo señorita White…—

-Si…tienes pinta de guardaespaldas…de eso no hay duda—dijo pensativa golpeándose con el dedo la barbilla…-Haber, ¿Cómo te llamas? ¿De dónde eres? ¿Tienes novia o eres casado? ¿Desde cuándo nos sigues? ¿Hace tiempo que trabajas para Albert? ¿Por qué Albert no le dijo nada a mi hermana? ¿Sabías que hay otro que nos sigue?—enumerando cada pregunta con sus dedos…-Pero no te quedes callado…di algo—

-Bue…buenno yo…—

-Pero ¿cómo te llamas? Eso al menos puedes decírmelo o olvidaste como te llamas—dijo casi asechándolo.

-Da…David De Franco—

-Que bonito…tiene acento italiano. Porque eres italiano, ¿no es así?—

-Si señorita…de Sicilia—

-Escuchaste Deborah…un Siciliano—dijo dándole unos cuantos codazos…-Bueno señor De Franco usted me agrada…e imagino que se habrá dado cuenta del otro hombre que nos sigue—

-Sssi—

-Pues que bueno me siento más segura…wow que fuerte—dijo dándole unos golpecitos en el pecho al joven…-Bueno como sea, aquí te traigo esto—dijo entregándole un paquetito…-Es un chocolatito caliente y unas ricas donas que son mis favoritas, para que pueda seguir cuidándonos con el estomago lleno o al menos calientito—

-Oh muchas gracias señorita—

-Bueno pero no me diga señorita…eso suena tan recto—dijo soltando una pequeña carcajada…-Solo Annie o me enfadare—

-Y eso es algo que no le gustaría ver—dijo Deborah sonrojada con la mirada del joven.

-No digas eso Debbie…que va a pensar—dijo guiñándole un ojo…-Bueno ahora me retiro antes de que me hermana se aparezca y se forme un mar de preguntas—dijo mirando hacia atrás…-Espero verlo muy pronto…de seguro así será—

-Ehhh lo mismo digo señorita…Annie—

-Así suena mucho mejor…solo Annie y yo le diré solo David. Ahora nos vamos para la casa…para que nos pueda seguir de cerca eehhh—dijo guiñándole un ojo...—Oh David…dile a mi querido cuñado Albert que tiene que decirle a Candy antes de que lo descubra ella misma…si es que ya lo sabe, ella es muy lista—dijo con una sonrisa picara.

-Claro…se lo diré al señor Andrew—

-Bueno ha sido un placer…nos vemos—dijo despidiéndose con la mano…-Ah otra cosa…está haciendo un buen trabajo—dijo enseñándole sus dos dedos pulgares.

-Lo siento—dijo Deborah viendo al joven en estado de shock…-Pero Annie es así…nada se le escapa—

-Descuide señorita—

-Debbie te quedas o vienes—grito Annie.

-Bueno a sido un placer…espero verlo de nuevo—

-También lo espero señorita Days—

-Hay por favor solo Deborah…nos vemos—dijo retirándose con aires de soñadora…-No puede ser…Siciliano como en las novelas—dijo soltando un suspirito.

-Pero qué rayos ha sido todo eso—se pregunto el joven aun estado de shock mirando lo que tenía en las manos.

Xxxxxxx

Mientras en la compañía Andrew Inc. Stear y Tom que ya habían comprado su esmoquin, paseaban por las oficinas de la compañía ensenándole al joven vaquero el manejo de la empresa. Los jóvenes que sonreían ampliamente a todas, se habían negado rotundamente acompañar a las chicas de compras. Ambos sintieron una enorme pena por el chofer que si tuvo que ir con ellas. Pero como dirían por ahí, era él o ellos.

Mientras Albert que hacía unos minutos atrás observaba la foto del hombre que seguía a su esposa, terminaba de revisar unos documentos para irse, cuando George entro a la oficina a buscarlo para irse todos juntos.

-Hable con unos de mis contactos en el gobierno…le envié la foto que tomo David del individuo que seguía a la señora—tomando asiento frente al rubio.

-Cuando sabremos quién es, quien lo contrato y para que—

-Mi contacto quedo en llamarme cuando tenga algo—dijo acercándose…-No te preocupes...aparentemente solo vigila sus movimientos—dijo viendo como el rubio se frotaba la barbilla preocupado…- Albert quieres que David lo traiga para interrogarlo…Marcus puede sacarle información hasta a un mudo—

-No…necesito que esté pendiente a cualquier movimiento—

-Descuida…David no dejara que se le acerque nadie—

-Bueno ya es hora de irnos…los muchachos en donde están—

-Esperan en el lobby—

-Iras con nosotros a cenar a casa esta noche—

-Oh por nada del mundo me perdería lo que tendrá que contar la señorita White—dijo sonando su móvil en ese momento…-Oh David…todo bien—dijo haciendo una pausa…-Ya se dirigen en estos momentos a la mansión—le dijo al rubio…-¿Que sucede?—pregunto escuchando lo que el joven le estaba contando…-¿QUE HIZO QUE?—grito George sin poder creer lo que escuchaba.

Albert que por un momento se preocupo por el grito de su amigo, se levanto rápidamente de su asiento. Pero al ver la expresión en el rostro de George se tranquilizo de inmediato. Porque aquel hombre que rara vez sonreía, tenía la expresión que estallaría en cualquier momento de una carcajada.

-Lo siento David…debí advertirte sobre la señorita White—dijo frotándose la frente…-Si gracias…descansa tu también—dijo colgando el teléfono…-Albert no vas a creerlo—

-No sé si quiero saber lo que hizo Annie—

-La señorita Annie se acerco a David sorpresivamente presentándose—dijo ignorando el comentario del rubio.

-¿Que hizo qué?—casi grito el rubio sorprendido…-Como rayos…mejor no quiero saber—

-Lo que escuchaste…pero eso no es todo—

-Acaso hay más…pero que digo, si tratando de Annie tiene que haber mucho mas—

-Esa chica no solo se presento, sugiriéndole que le digas a la señora que tiene un guardaespaldas…sino que lo interrogo hasta de su estado civil—

-Si tienes razón…debimos advertirle sobre Annie—

-Albert le trajo un chocolate caliente, donas para que las vigilaras con el estomago calientito…según sus palabras—

-Dios mío pero que niña—dijo sin poder evitar reírse.

-Esa chiquilla es una amenaza, porque también se percato del otro tipo que seguía a su hermana—

-Es una verdadera amenaza…pero es muy lista—

-Sabes sería una gran agente…con un entrenamiento ella podría…—

-George ni lo pienses—

-Solo fue un pensamiento—

-Solo imagínate algo así…Annie White agente de la CIA—dijo negando la cabeza.

-Tienes razón…no creo que esté preparada—dijo pensativo.

-Mejor dicho mi querido amigo…ellos no están preparados para alguien como Annie White—

Ambos hombres se miraron seriamente en silencio, imaginándose tal disparate. Luego de pensarlo por unos minutos, empezaran a reírse como dos desquiciados con el loco pensamiento.

Xxxxxxx

Mientras en el hotel Hilton una chica que había tomado un largo baño, se miraba en el espejo enfurecida. Maritza que desde que llego no había salido de su habitación, aun tenía señales de la golpiza que había recibido de la menor de las White.

La chica que salía del cuarto de baño cerrando la puerta de mala gana, no se dio cuenta que ya no estaba sola en la habitación. Iba murmurando unas cuantas maldiciones contra las White, sin notar quien estaba sentado en unas de las butacas observándola con una sonrisa maliciosa.

-Hola hermosa… ¿qué tal el baño?—

-Maldición me asustaste… ¿cómo entraste a mi habitación?—dijo girándose.

-Tengo mis métodos—dijo poniéndose en pie.

-Pues puedes irte por donde entraste…no estoy de humor—

-Ni para un buen sexo…siempre la pasamos bien en la cama—

-Como dije no estoy de humor ni para tener sexo—

-Que lastima—

-Eres buen amante…pero no me siento bien—

-Ya me doy cuenta—dijo mirándola con una sonrisa burlona…-or lo que veo te golpearon bien duro—

-Maldita salvaje…casi me destroza el rostro—

-Me refiero a tu orgullo Maritza…es lo mas que esta lastimado—

-¿Que quieres Neil?—

-Nada en realidad—dijo caminando hacia la ventana…-Así que Albert te hecho a la calle…que hiciste para que eso pasara tan pronto—dijo caminando ahora hacia ella.

-Si viniste a burlarte…—

-No vine a burlarme Maritza—dijo acariciándole el rostro…-¿Aun te duele?—

-Claro que me duele imbécil—

-Que carácter…solo trataba de ser gentil—caminando hacia la barra.

-No puedo creer que Albert me haya votado por esa ramera…que tiene esa tipa que lo tiene tan enloquecido—

-Que es muy hermosa…realmente hermosa—

-A ti te gusta… ¿no es así?—

-Muchísimo…es una preciosidad—

-Te gustaría llevártela a la cama—

-Mentiría si digo que no—dijo soltando un suspiro…-Me muero por tenerla bajo mi cuerpo…hacerla gritar de placer—

-Hay una forma que tú podrías tener a esa mujer…yo puedo ayudarte—

-Acaso estás loca…Albert me asesinaría sin piedad. Además, esa mujer no es como las otras o como tu…ella es diferente—

-Pensé que te gustaba—dijo ocultando la rabia ante aquellas palabras.

-Me fascina pero más me fascina mi pellejo—

-Y si hubiera una forma de tenerla para ti—

-Pero no la hay—

-Pero si…—

-No la hay y ya me aburrió esta conversación—poniendo el vaso sobre la barra…-Pensé que te gustaría tener un buen sexo…pero ya se me quitaron las ganas—dijo caminando hacia la puerta…-Nos vemos preciosa—saliendo por la puerta.

-Ya volverás Neil…tu deseo enfermizo por esa maldita mujer te hará volver—

Xxxxxxx

En la mansión Andrew como de esperarse Annie tenía mucho que contar. La chiquilla hablaba sin cesar de todas las tiendas que había visitado en el día. Annie que había omitido el encuentro con David, aunque tiraba indirectas de vez en cuando, hablaba hasta por los codos sin detenerse.

Mientras Tom que parecía que iba a sufrir un ataque de nervios en cualquier momento, ya no podía más con la parlanchina de su queridita hermanita, sintiéndose ya mareado de tanta habladuría.

-Annie por Dios me estas provocando un dolor de cabeza—

-Que yo te estoy provocando dolor…como puedes decirme eso y en mi cara—

-Y después preguntan que porque no quisimos acompañarlas a las tiendas—dijo frotándose la frente…-En vez de ir a la fiesta hubiéramos terminado en la sala de siquiatría—dijo haciendo reír a Stear.

-Como puedes decir algo así. Lo escuchaste abuelita…lo escuchaste—

-Por favor no empiecen ustedes dos—regañándolos Penélope.

-Pero si empezó Tommy—

-Que yo que chispi…pero si eres tú la que no ha cogido un buche ni para comer—

-Pero como puedes decirme eso… ¿buche?—

-Si buche…si hasta las cotorras respiran—

-¡QUE!—dijo tirándole una foto.

-Pero acaso duermes con esa cosa…la viste abuelita—dijo mientras Annie le sacaba la lengua.

-Bueno es suficiente ustedes dos…que desagradable—dijo Penélope muy seria…-Le deben una disculpa a Albert por ese comportamiento—

-Lo siento Albert—dijo Tom apenado…-Me disculpo por mi comportamiento—

-También yo—

-No hay problema—dijo rojo de tanto reírse…-Tengo que admitir que nunca me había divertido tanto—dijo riendo.

-Albert no les des alas o…—pero aquellas palabras habían llegado tarde.

Una vez más se formo una graciosa discusión entre el vaquero con Annie, haciendo que todos, incluyendo George comenzaran a reírse. Mientras Deborah que no dejaba de escribir desde que habían llegado, suspiraba con cada palabra escrita.

La velada para todos fue de lo más divertida, unas de las que hacía tiempo no había en esos muros de la mansión Andrew. Así continúo hasta la hora de irse a dormir, en la que continuaron las risas o más bien las inocentes discusiones.

Ya en la habitación Candy que aun podía escuchar la boca de su hermana a lo lejos, se peinaba los cabellos frente al espejo, sonriendo en cuanto vio al rubio acercarse a ella con una sonrisa de depredador.

-Estas muy hermosa esta noche—dijo besándole el cuello

-Gracias—dijo disfrutando de las caricias…-Cuando conoceré a mi guardaespaldas—dijo viendo como el rubio la miraba con sus hermosos ojos azules por el espejo.

-Te lo dijo Annie—dijo riendo.

-En realidad no… ¿Albert que sucede?—

-Tengo enemigos…solo deseaba protegerte—

-Me lo hubieras dicho… ¿cómo se llama?—

-Se llama David De Franco…es el ahijado de George—

-Pues espero que me lo presentes—

-Te lo presentare el viernes…ya que nos acompañara a la fiesta—quedándose un momento pensativo…-Dime algo, si Annie no te lo dijo…entonces como lo supiste—

-No estaba segura…pero cuando mencionaste si Annie me lo había dicho pues…—

-Que lista—robándole un beso…-Realmente muy astuta—

-Además fueron a comprar no se que, llegando sin nada. Pero cuanto vi a Deborah con esos aires de que encontró a su príncipe azul…supuse que algo había pasado—dijo dándole un beso en la barbilla…-Me encanto las caras que George y tu ponían cada vez que Annie tiraba indirectas…solo había que atar cabos—

-Realmente eres una mujer muy lista—

-Gracias…vamos a dormir—dijo caminando hacia la cama.

-Y quien te dijo que te dejare dormir…mi astuta gatita—agarrándola entre sus brazos la llevo hacia la cama.

Xxxxxxx

Al fin la noche esperada por todos había llegado, esperando con impaciencia a que bajaran Candy y Albert. Mientras en la habitación el rubio elegante como siempre, esperaba a su esposa impaciente. Cuando escucho su dulce voz, casi le da algo cuando la vio tan hermosa con su vestido de noche.

-Te vez realmente hermosa—

-Y tú estas muy guapo—

-Seré le envidia esta noche…deberíamos quedarnos aquí—dijo mirándola de arriba abajo.

-Albert—

-Mejor bajamos o no respondo—dijo ofreciéndole el brazo.

En la parte baja Patty se había puesto roja por los halagos de su novio, Rose hablaba de lo bien que lo iban a pasar, Deborah escribía unas últimas líneas en su misteriosa libretita, Annie tiraba fotos a diestra y siniestras, según para recuerdos y Tom…pues se arreglaba la corbata por quinta vez, ya que estaba con los nervios de puntas por la dichosa fiesta.

El joven vaquero no estaba acostumbrado a tanta elegancia, menos a estar vestido tan tus tus, sin contar que se sentía desnudo sin su dichoso sombrero, algo que termino poniéndose aun con las protestas de las chicas, pero con la aprobación de su adorada abuela Pony.

Unos minutos después George llego con David a la mansión, que en cuanto Deborah lo vio se sonrojo hasta las orejas por la forma tan intensa de su mirada. Mientras George presentaba al joven italiano a todos los presentes, hicieron al fin presencia los señores de la casa.

-Candy este joven es David De Franco…encargado de tu seguridad—

-Es un placer señor De Franco y muchas gracias por cuidarnos—

-Es un honor señora Andrew—dijo haciendo una leve reverencia.

-Creo que ya conoce a mi amiga y a una de mis hermanas—dijo la rubia con una sonrisa.

-Si señora…ya tuve el honor—dijo mirando a Deborah que volvió a sonrojarse.

-Te dije que nos volveríamos a ver—dijo Annie tirándole una fotografía, que cegó al joven por unos segundos.

-Muy pronto te acostumbraras a la camarita—dijo George…-Bueno ya es hora de irnos—

-George permíteme decirte…que te vez muy guapo—dijo arreglándole la corbata.

-Tu tam…también te vez muy hermosa—dijo carraspeando la garganta.

-Mmmm gracias mi adorado gruñón—dijo tirándole una guiñada.

-Sera una inolvidable noche—dijo Albert al ver todo lo que estaba pasando.

Ahora llegaba el momento de despedirse de Penélope que prefirió no ir, así que uno a uno fue despidiéndose de su querida abuela Pony, que estaba muy emocionada por lo elegantes que se veían todos sus niños.

-Están preciosas—dijo mirando a las chicas que sonreían…-Pero ustedes no se quedan atrás muchachos…están muy guapos—

-Gracias abuela Pony—dijeron a coro los dos jóvenes.

-Muchas gracias—dijeron los otros tres.

-¿Segura que no quiere venir?—pregunto Candy.

-No mi niña—

-Cualquier cosa…la señora Watson sabe cómo encontrarme—esta vez fue Albert.

-No se preocupen…esta es su noche—

-Que pena que no quieras venir abuelita—dándole un beso Annie.

-Oh mi niña no estoy para esos eventos…ustedes diviértanse—

-Lo haremos—dijo Annie con una enorme sonrisa.

-Annie pórtate bien—

-Pero que dices abuelita si yo me porte bien—

-Acaso dijo lo que creo que dijo—dijo Tom con los ojos desorbitados.

-Tom ya amigo—dijo Stear tratando de no reírse.

-Pero tú la escuchaste—murmurándole a Stear.

-Si la escuche—

-Todos las escuchamos—esta vez fue Deborah.

-Además voy a tirar muchas fotos—dijo entusiasmada levantando su camarita.

-Annie…—

-Descuide abuela Pony…que es lo peor que puede pasar—dijo Rose con una enorme sonrisa.

-Pues…—

-No te preocupes abuela…alejare a todos esos ricachones de ella—esta vez fue Tom con su tono único.

-Patty…—

-No te preocupes abuela…no dejare que se metan en líos—

-Esa es mi niña—dijo antes de darle un beso.

-No te preocupes Penny que puede pasar—dijo Emily…-Pensándolo bien…puede pasar mucho—dijo como Annie se despedía por la ventanilla de la limosina.

-Emily…—

-Mejor vamos a prepararnos un poco de te…algo me dice que será una noche interesante—

Xxxxxxx

En cuanto llegaron a la mansión Greysland, fueron recibidos por los anfitriones Paul y su esposa Paola Greysland, que se alegran de conocer la bella dama que le había robado el corazón al joven millonario.

-Buenas noches—

-Buenas noches Albert—dijo dándole un caluroso abrazo.

-Hola querida Paola—

-¿Como estas muchachos?—dándole un beso…-Pero dime quién es esa hermosa dama—

-Señores Greysland quisiera presentarle a mi esposa Candy White de Andrew—

-Oh querida que honor en conocer al que atrapo a este condenado mocoso—

-El honor es todo mío—dijo saludando al matrimonio.

-Tienes que contarnos cómo fue que lo atrapaste…mira que llegamos a pensar que en vez de corazón tenía un pedazo de hielo—

-Pero que dices Paola…no le digas eso a mi esposa—dijo Albert con una sonrisa.

-Pero si es la verdad—

-Paola…querida déjalo ya—

-Bueno…bueno pero me tienes que contar—rodando los ojos ambos hombres.

-Claro—

-Oh Rose querida que bueno verte—

-Lo mismo digo—

-Y estas encantadoras personas… ¿quiénes son?—

-Estas encantadoras señoritas son sus hermanas Patricia y Annie White, su amiga la señorita Deborah Days—dijo presentando a las chicas…-Estos caballeros son Tom, David…ya conoces a mi sobrino Stear y a George—

-Encantado de conocerlos a todos. Oh querido George tan guapo como siempre…cuando te atraparan querido—

-Trabajo en eso—le murmuro Rose a Paola.

-Oh querida—dijo riendo ambas mujeres.

-Algo me dice que están hablando de usted señor Andley…de cómo echarle la soga al cuello—dijo Tom mirando como las dos mujeres miraban a George.

-Dios mío—George soltó un suspiro arreglándose la corbata.

-Pero por favor pasen…están en su casa—dijo tomando el brazo de su esposo.

Una vez que entraron a tan majestuosa mansión, las chicas se quedaron con la boca abierta. Era como estar en un castillo y ellas eran las princesas o al menos así se sentía Deborah, que rápidamente tomo el brazo que David le ofrecía.

La velada estaba comenzando de maravilla para las White e invitados. Muchos miraban a la hermosa rubia, que para sorpresa de los invitados fue anunciada como la señora Andrew. Mientras algunas féminas miraban con envidia a la rubia por la suerte que tuvo de atrapar al millonario más deseado e inalcanzable, otras solo con admiracion por casarse con aquel condenado demonio.

-Deberíamos enfadarnos contigo muchacho por no invitarnos a la ceremonia—dijo Paola en cuanto pudieron entablar una conversación con la joven pareja.

-Es que todo paso muy rápido—dijo con una sonrisa encantadora…-Pero pronto hare una fiesta en la casa…a la que espero que vayan—

-Así lo haremos—

-Vamos querida me gustaría presentarte con otras damas…me le secuestro un ratito querido—

-Pero no te la lleves muy lejos de mí—dijo el rubio en broma.

-Muy gracioso muchacho—

-Con su permiso—dijo la rubia.

-Es realmente encantadora Albert…encantadora—dijo Paul en cuanto se quedo conel rubio.

-Gracias—

-Mis felicitaciones…ya era tiempo muchacho—

En alguna parte del salón Tom hablaba con varias féminas que estaban encantadas con el joven vaquero, Stear y Patty bailaban al son de la música suave, Rose platicaba con George de algo que le provocaba uno que otro caso de tos y Deborah…solo le sonreía a David sonrojada.

-Se está divirtiendo…Deborah—

-Si…David—dijo mirando sus rasgos italianos…-Esto es muy hermoso…estoy feliz de estar aquí—dijo mirando las parejas bailar.

-Me encantaría invitarla a bailar…pero estoy trabajando—dijo mirando de vez en cuando en donde se encontraba la rubia.

-No importa…me agrada estar solo aquí—

-Quizás me aceptaría un día…pues salir conmigo al cine o a cenar—

-Me encantaría—

-Entonces tenemos una cita—dijo con su acento, sonrojando violentamente a la joven.

-Sonrían—escuchándose un flash.

-Annie ¿dónde estabas?—

-Curioseando…se ven bien juntos—dijo tirándoles otra foto…-Oh Dios mío…acaso ese es Tom Cruise…disculpen—dijo dirigiéndose hacia el actor.

-Ella siempre es así—dijo mirando cómo se retrataba con el actor.

-Ohhh si…siempre—dijo riendo…-Y mucho mas—

Mientras Candy que había conocido a varias de damas de sociedad, con una sonrisa se disculpo de las damas retirándose. La rubia que buscaba entre las personas a su esposo, se topo de frente con un joven que la devoraba con la mirada.

-Me permite bailar señorita—

-No…gracias—dijo tratando de pasarle por el lado.

-Pero porque no—

-Disculpe pero estoy buscando a mi esposo—pero el joven no la dejaba pasar.

-Debo insistir—

-Debo negarme señor…—

-Leegan…Neil Leegan—

-Gracias pero si me disculpa señor Leegan—

-Solo un baile—dijo acercándose.

David que había estado observando a la rubia en todo momento, se disculpo con Deborah para acercarse al joven imprudente. Pero se detuvo en cuanto vio al rubio hacerles señas con la mano que él lo haría. Albert que tampoco había perdido de vista a su esposa, se acercaba amenazante al joven.

-Disculpe…—dijo ya la rubia irritada por el atrevimiento del joven…-Le agradecería si me dejara pasar—dijo tratando de no llamar la atención.

-Tengo que insistir señorita…solo un baile…—

-Mi esposa dijo que no Neil—dijo una voz en su espalda erizándole los vellos de la piel.

-Al…Albert dices esposa—

-Así es…mi esposa—acercándose a la rubia.

-No sabía que era tu esposa—

-En serio…pues ya lo sabes—

-Me disculpo señora Andrew—

-No importa—

-Me permites bailar con tu hermosa esposa—dijo incomodándola con la mirada.

-Mi mujer solo baila conmigo—dijo en cuanto sintió la mano de la rubia tomando la suya.

-Que celoso—

-Celos de ti…por favor—

-Entonces posesivo hasta el final—dijo con rabia.

-Mas que eso soy…ahora si nos disculpas—dijo tomando por la cintura a su esposa.

-Maldito Andrew—dijo como se alejaba con la mujer más hermosa que había visto.

Albert que había llevado la rubia al centro de la pista, la pego a su cuerpo al ritmo de la música. El sonido de los instrumentos al fondo, daban un ambiente romántico para los enamorados, pegándose la chica más al cuerpo de su esposo.

-Gracias—

-No tienes que darlas amor mío—dijo besando sus labios, algo que vio el joven Leegan.

Eso fue algo que enfureció a Neil Leegan, que miraba como Albert acariciaba la espalda desnuda de la rubia, que se había vuelto desde hace meses su mayor obsesión.

Xxxxxxx

Un rato más tarde ambos se encontraban rodeados de varios empresarios, que hablaban sobre temas que la chica no entendía mucho. Candy que al principio se sentía a gusto escuchándolos, se sintió incomoda repentinamente en cuanto se les unió Neil Leegan. Ejoven que incomodaba a la chica con su mirada, miraba con rabia como ella se acercaba mas al rubio, evitando mirarlo.

Rose que estaba a su lado, también empezó a incomodarse por la forma descarada que el mocoso Leegan miraba a su amiga, dejándoselo saber discretamente a George que ya se había dado cuenta.

Pero aunque Albert hablaba tranquilamente con los hombres, también se dio cuenta del estado de ánimo de su esposa por la forma que ella apretaba su antebrazo. Aquel demonio de ojos azules como zafiro, tenía unas enormes ganas de borrarle la sonrisa de depredador al mocoso de una buena vez, de no ser que no desea dañarle la noche a todos.

-Que dices Albert—

-Bueno solo tengo que decir una cosa Leonard, que si tu hijo no le quita los ojos al escote de mi esposa, le borrare esa sonrisa de la cara—dijo mirando al joven que se había sorprendido.

-Disculpa Albert pero no…—

-Estas incomodando a mi mujer con tu mirada lasciva—dijo sin ningún pelo en la lengua.

Candy que lo miraba con la boca abierta, como todos los demás. La chica sombrada por la reacción de su esposo, se sintió más que segura del brazo de ese hombre. Mientras George y Rose tuvieron que hacer todo de su esfuerzo para no reírse por la cara de espanto que había puesto el joven Leegan.

-Neil le debes una disculpa a la señora Andrew—dijo Leonard Leegan, molesto por la actitud de su hijo.

-Disculpa la ofendí…Candy—dijo mirándola a los ojos.

-Sera señora Andrew para ti Neil…porque mi esposa no te ha permitido tutearla—

-Disculpa si te ofendí…Albert. Parece que mi presencia te incomodo—

-Tú no me incomodas muchacho. Pero si vuelves a mirar a mi esposa de esa forma…te sacare los ojos—

-Eres posesivo con tu esposa—dijo Neil.

-Siempre soy posesivo con lo mío—dijo en un tono amenazante.

-Y ella es tuya—dijo casi sin pensar.

Todos los que estaban allí presente no solo se asombraron por el atrevimiento del hijo de Leonard Leegan. Sino más bien fue como el rubio sonreía diabólicamente erizándoles los vellos de la piel a todos, incluyendo a su amada Candy, algo que puso nervioso a muchos.

Solo se les ocurrió pensar que Albert no había actuado aun, porque el muchacho idiota estaba pasado en tragos, como para faltarle el respeto a su esposa o al menos eso deseaban pensar por cómo estaba reaccionando aquel hombre que tenía un brillo letal en sus hermosos ojos.

-Creo que necesita aire—dijo Albert en un tono burlón…-Aunque lo que te metiste no te lo va a quitar el aire—

Neil que miraba con rabia al rubio, se sintió humillado por como lo miraban todos esos hombres importantes. Pero lo más que lo enfurecía era ver como esos hermosos ojos verdes lo miraban con cierta lastima.

-¿Neil qué rayos te sucede?—esta vez fue su madre

-Nada madre…no estoy haciendo nada malo—dijo mirando a su madre…-Solo deseaba bailar con la dama—

-Deberías dejar de meterte esa cosa por la nariz—dijo notando la pupilas dilatadas del joven…-Porque no te deja pensar con claridad muchacho…solo te quemara el cerebro—dijo dando unos pasos hacia el joven…-Ten cuidado…no vayas a perder la cabeza—dijo sonriendo peligrosamente.

Neil que estaba bajo los efectos de alguna sustancia ilegal, miro con cierto temor al rubio. Desde que tenía memoria lo envidiaba por todo lo que tenía a sus pies, creciendo con los años un odio por ese demonio que lo miraba desafiante, uno que creció en cuanto supo que tenía a la mujer que deseaba desde que la vio.

-Te aconsejo que te lleves a tu hijo a coger aire…antes de que esto termine muy mal—sugirió el señor Greysland a Leonard al notar como George se estaba preparando para cualquier cosa.

-Catherine lleva a este mocoso a coger aire…haber si así se le quita lo estúpido—le dijo a su esposa.

-Vamos a coger un poco de aire hijo—

-Pero…—iba a protestar pero al ver la expresión de Albert prefirió acompañar a su madre.

-Me disculpo Albert por esto…señora Andrew lo siento mucho—sonriéndole la rubia, aceptando sus disculpas.

-No es tu culpa…es un joven estúpido e inmaduro—dijo sabiendo como el joven Leegan lo había escuchado.

-Aun así…soy responsable de mi hijo—dijo avergonzado…-Por favor disculpen—dijo retirándose al balcón.

-Pobre Leonard…ese mocoso lo matara con disgustos—dijo Paul con pena.

-Creo que se le pasaron los tragos—dijo Rose.

-No esta pasado en tragos…sino drogado—dijo Albert acercando más a su esposa.

Un rato más tarde ese incidente se quedo atrás. Candy no vio mas al joven Leegan, pidiéndoles a sus hermanas que la acompañaran al cuarto de baño. En el cuarto de baño las tres White se miraban en el espejo hablando de cómo se estaban divirtiendo de lo lindo, cuando la puerta se abrió ruidosamente entrando cinco chicas. En cuanto entraron, la que encabezaba el grupo se le quedo mirando con odio a la rubia, un sentimiento que no paso desapercibido por Candy.

-Pero mira a quien tenemos aquí chicas…la puta de Albert. La que con su carita de yo no fui…logro engatusarlo—dijo Eliza ya pasada de tragos.

Eliza Leegan había estado bebiendo desde que Albert entro al salón con su esposa. La chica que era la hermana melliza de Neil, había tratado de acercarse a Albert en cuanto la rubia se alejo, pero para su desencanto sufrió una de las más grandes humillaciones en cuanto el rubio la desprecio sin piedad, dejándola despues con la palabra en la boca.

-Supongo que estas son las hermanitas de la putita—le dijo a amigas que se reían.

-Hay rayos… ¿esta quién es?—dijo Annie.

-Yo soy Eliza Leegan—

~Lo que me faltaba un familiar del estúpido ese~ pensó la rubia.

-Y a nosotras que nos importa…no sabemos quién eres…pero si no cuidas tú bocaza la vas a perder—dijo Annie despreocupada.

-Pues para que lo sepas, fui la amante de Albert por mucho tiempo…hasta que tu lo engatusaste—señalando a la rubia.

-Lo que haya hecho mi esposo antes de conocerme…me tiene sin cuidado—dijo la rubia…-El pasado se queda en donde perteneces—

-O sea tu estas…biennn atrás—dijo Annie.

-Quien te dice que todo termino entre nosotros—

-Porque si así fuera…no se hubiera casado conmigo. Pero eso ya lo sabes—

-El debió casarse conmigo…—dijo con rabia.

-Por algo no lo hizo. Ahora si nos disculpa…mi esposo se tiene que estar preguntando en donde estoy—

-Maldita ramera de mierda—

Mejor vámonos Candy—esta vez fue Patty.

-Y yo que no quería ensuciar mi lindo vestido…pero ni modo—dijo Annie lista para todo.

-Parece que no aprendes…verdad Eliza—dijo Rose uniéndoseles a las hermanas White…-Tu solo eres un error en la vida de Albert…uno de tantos. Gracias a Dios que le puso el remedio—

-Pero mira a quien tenemos aquí…a Rose Robinson. Algunas sí que tienen suerte de heredar una fortuna de un esposo muerto—

-Al menos yo tuve esposo querida—

-Hay callate...el debió ser mío—

-Si conozco a Albert…por suerte lo conozco bien—dijo caminado despacio…-Jamás te dio alas querida…siempre ha sido un hombre claro con sus antiguas amigas. Es lo que tú fuiste…una amiga mas, una de tantas—

-Tu…—

-Albert es un hombre que sabe escoger bien…por eso se caso con esta encantadora chica—viendo como la castaña se enfurecía…-Bueno chicas no se ustedes pero aquí apesta—

-Si mejor vámonos…ahora entiendo porque la dejo—

-Nadie está hablando contigo mocosa estúpida—

-Sisisissi como diga…vámonos que tengo hambre—

-No he terminado contigo ramera—jalándola por la muñeca.

-No vuelvas a tocarme—dijo la rubia dándole una bofetada…-Y ramera será tu abuela—

-Pero como te atreves a tocarme maldita—llevándose la mano a la mejilla.

-Hay otra con esos aires—dijo Annie.

-Candy recuerda tu embarazo—dijo Patty algo asustado por la situación.

-No le pasara nada a mi bebe…por darle su merecido a esta—

-¿Embarazo? Con que con eso lo atrapaste—dijo mirando su vientre con desprecio.

-No voy a perder mi tiempo…me parece que esta pasada de tragos—dijo dándole la espalda.

-No me des la espalda maldita—dijo con las intensiones de agredir a la rubia.

-Vamos a darle su merecido—dijo otra.

Si alguien hubiera estado parado como espectador en algún punto de aquella habitación, hubiera apostado hasta el último centavo que sería Annie la que reaccionaria de mal forma. Pero creo que nadie hubiera estado preparado para ver a Patricia White defender a su hermana embarazada como lo hizo.

La chica de carácter pasivo no les dio tiempo a reaccionar, cuando ya estaba como una fiera sobre el montón de brujas que querían hacerle daño a su hermana. Los jalones de pelo, bofetadas que cada una recibió por parte de una sola chica, había dejado a Rose, Candy y Annie con la boca abierta. Más esa última que miraba con admiración a su hermana.

Los gritos fueron tan fuertes que estaba llamando la atención de todos. Así que Rose salió corriendo hacia la salida evitando con una sonrisa que cualquier persona entrara al cuarto de baños, hasta que todo pasara.

-Toma Patty—dijo Annie entregándole los espejuelos.

-Gracias por cuidar que no se me rompieran—dijo con dulzura, poniéndoselos enseguida…-Como vuelvas a meterte con mi hermana…te saco los ojos—les dijo a las chicas que estaba en el suelo.

-Creo que ya podemos regresar a la fiesta—

-Si…tengo mucha hambre—dijo caminando hacia la salida.

En las afueras…

-Pero que rayos pasó ahí adentro—

-Cosas de mujeres, querido—

En esos momentos salía una sonriente Candy del brazo de su hermana. Mientras Patty que fue la última en salir se arreglaba el vestido y sus espejuelos. Mientras Stear que no quería ni pensar por la expresión de su amigo Tom que había pasado allí adentro, se acerco a la muchacha.

-¿Patty estas bien?—

-Mejor que nunca—dijo dándole un tímido beso en la mejilla.

-Te dije que podía ser más peligrosa que las otras dos—le susurro Tom al oído a su amigo.

-No que va…ella no…—dijo el pelinegro mirando a su novia.

-Venia a decirle que van a servir la cena—

-Ohh que rico…que esperamos—

-Candy…—

-Te cuento más tarde—tomando el brazo de su esposo.

-No me dirás que paso haya adentro o ¿sí?—esta vez fue George.

-George querido en mejor que no lo sepas. Además cielo…no lo creerías porque ni yo misma lo creo—caminado con el hombre hacia el salón.

Mientras en el cuarto de baño, varias chicas estaban en el suelo con la sensación de haber sido arrolladas por un enorme tren. Porque no solo estaban espeluzadas como mapo viejo, sino que estaba arañada, con moretones y muchas cosas más.

-Como diablos ella pudo con todas nosotras—dijo una tratando de ponerse en pie.

-Ni idea—

Una vez que Deborah se enterara de lo que se había perdido, todos fueron a la mesa que les tenían reservada. Mientras les servían la cena, Eliza salió toda despeinada gritando a los cuatro vientos el ultraje del que había sido sometida.

Como era de esperarse, en cuanto menciono quien fue su agresora, nadie podía creer que una chica tan dulce, tímida como lo era Patricia White hubiera atacado a varias chicas ella sola sin ninguna ayuda.

Así que gritando improperios a los cuatros vientos, la familia Leegan muy avergonzada por otro escándalo ahora por parte de su hija optaron por marcharse, continuando la velada como si nada hubiera pasado.

En las siguientes horas Annie White se volvió el alma de la fiesta, retratándose con cuanto empresario o artista que conocía. Así estuvo hasta que con cámara en mano, se fue a interrogar a Emma Watson del porque no se hacía novia de Tom Felton, provocando en la joven actriz ataques de risa con sus preguntas e insinuaciones.

La chica que parecía más reportera que invitada, grito con entusiasmo en cuanto reconoció a Ben Barnes, Matthew Lewis, Daniel Radcliffe, Robert Pattrison y nada menos que a Tom Felton entre la multitud, corriendo más rápido que ligero a donde se encontraba los jóvenes actores, asechándolos con otras miles preguntas.

Definitivamente esa sería una noche inolvidable para todos los que estaban allí. Tan inolvidable que desde ese momento Candy comenzaba a correr peligro, por los deseos enfermizos de un joven que no le había quitado los ojos de encima en toda la noche.

Xxxxxxx

En el hotel Hilton una chica miraba las luces de la hermosa ciudad de Chicago. Estaba pensando en cierto rubio, cuando alguien toco suavemente a la puerta. La joven imaginándose quién podía ser, camino con una sonrisa de satisfacción en su rostro, abriendo la puerta.

-Neil pero que bonita sorpresa—

-Hola Maritza—dijo entrando a la habitación.

-No pensé que volveríamos a vernos, después de lo que hablamos tesoro—

-Pues aquí me tienes. Acabo de llegar de una fiesta con socios—

-Y que tal estuvo la fiesta—

-Estuvo bien…esa mujer estaba ahí—

-¿Que mujer?—pregunto aun conociendo la respuesta.

-La mujer de Albert—dijo recordándola…-Dios nunca vi una mujer tan hermosa como ella…esa mujer puede volver loco a cualquiera—dijo haciendo rabiar a la chica.

-No sé que le ven a esa…es una campesina vulgar como toda su familia—

-Pero es una muy hermosa e igual sus hermanas—

-Acaso viniste para estrujármelo en la cara—

-Acaso estas celosa—

-No seas ridículo Neil…lo nuestro fue solo sexo—caminando hacia la barra.

-Bueno solo pensé—

-Ya déjate de tonterías…dime qué haces aquí—

-Cambien de opinión…ayúdame a tener a esa mujer. Quiero que Candy Andrew sea mía—

-Mi querido Neil pensaste bien lo que estás diciendo…es arriesgado—

-Vale el riesgo…si puedo tenerla—

-Porque el cambio de opinión—

-Albert se atrevió a humillarme delante de todos…además esa mujer me miraba con tanto desprecio que me hizo rabiar y desearla—dijo con un brillo letal en sus ojos.

-Te ayudare amigo mío—dijo poniendo sus manos en el pecho del joven…-Te ayudare a que sea tuya…pero debes hacer todo lo que te diga—

-Lo que sea para tener a esa mujer bajo mi cuerpo—

-Entonces tenemos mucho de qué hablar…planear las cosas para que salga perfecto—

-Pero antes podemos tener sexo, pasarla muy bien…no crees—

-Si…nunca está de más una buena descarga—dijo besándolo apasionadamente.

Maritza que reía internamente, había encontrado al imbécil que se encargaría de Candy y de su hijo. Porque lo que Neil no sabía era que sería un peón sacrificable en la tabla de ajedrez de la vida. Un peón que le provocaría el dolor más profundo a Albert Andrew, un dolor que solo se puede pagar con sangre y muerte.

~Albert por todas las lagrimas que he derramado por ti…lloraras lagrimas de sangre cuando este imbécil termine con tu adorada esposa~ pensaba la chica en los brazos de Neil Leegan.

Bueno chicas hasta aquí el capitulo 36

Una vez más quisiera pedirle disculpas por la tardanza y por tenerme una paciencia tan grande. Gracias por los comentarios que me han dejado sobre su preocupación.

El siguiente capítulo que ya está prácticamente listo lo subiré en cuanto termine unos detalles y lo corrija. Sera un capitulo cargado de muchas emociones, dejando ver de verdad que tan perverso puede ser nuestro hermoso demonio. Por cual lo llevara a tener uno de los más grandes enfrentamientos con Lady Elroy.

Pero no les digo más.

Un fuerte abrazo a todas.

Ladycat