Saludos a todas y todos. Por falta de tiempo no he podido contestar sus reviews, pero prometo hacerlo en el siguiente capítulo, junto con los nuevos ;)
Sin más que acotar, disfruten la lectura.
Capítulo 36:
"Cada Vez Más Cerca"
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Cuando Blaine salió de su habitación frotándose los ojos, el olor a comida inundó sus fosas nasales haciéndolo sonreír. Eso sólo significaba una cosa: Quinn había regresado de su viaje.
Avanzó hacia la cocina para encontrarla apagando el horno, y suspiró. Luego de su conversación con Kurt en donde le explicó sus motivos por haberla tratado mal desde que se conocieron, y que a pesar de eso ella se había convertido en una constante en su vida, algo dentro de él se estremeció y ahora la veía de una manera especial. Ella siempre había sido su ancla a tierra, pero él la había ignorado completamente con pleno conocimiento. Sin embargo, la vida seguía manteniéndola a su lado como un recordatorio constante de muchas cosas a las que ahora estaba prestando real atención.
- Hola. - Dijo con voz suave. - ¿Cuándo llegaste?
- ¡Cariño! - Sonrió ampliamente dando la vuelta y avanzando hacia él. - Cerca de las nueve de la mañana. Pasé a saludarte pero estabas durmiendo tan plácidamente que no quise despertarte.
Terminando de cerrar el espacio entre ellos, el de ojos amielados la tomó entre sus brazos y la presionó contra su cuerpo con fuerza pero sin hacerle daño, de una forma más bien cálida y que implicaba lo mucho que la había extrañado. - Debiste avisarme que llegabas hoy para ir a recogerte al aeropuerto.
La modelo depositó un beso dulce en la mejilla del chico antes de enredar sus dedos por los despeinados rizos. - No tenía idea, ya sabes cómo es esto. Pero no hay problema, tomé un taxi.
- ¿Un taxi estando yo aquí? Quinn, eso no...
- Estoy más que acostumbrada. - Negó con la cabeza antes de besar su mejilla nuevamente. - Pero gracias. ¿Buena noche? - Levantó una ceja y sonrió.
- ¿Ah?
- Que si pasaste una buena noche. Cuando llegué encontré platos sucios en la mesa y dos copas de vino en la sala junto a una botella casi vacía. Me iba a enojar contigo porque sabes que no puedes beber, pero luego leí en la etiqueta que no contenía alcohol.
- Lo lamento, pensé lavar todo después pero...
- Estuviste muy ocupado. - Dijo en tono sugerente. - Porque también encontré los cojines del sofá tirados en el suelo, y una chaqueta cerca de ellos, y sé muy bien es de Kurt porque yo se la regalé. Entendí de inmediato por qué dormías cuando llegué, y lucías feliz, debo agregar, además de que pasa de la una de la tarde y recién despiertas. Lo que me extrañó fue no encontrar una caja de preservat...
- ¡Quinn! ¡Por todos los cielos! Kurt y yo no...
- Algo hicieron, porque todo ese desorden no fue provocado por estar sentados tomados de las manos.
- Bueno... Nos besamos y... estuvimos cariñosos... y... ¡Somos novios! ¡Es normal! No creo que quieras los detalles, ¿cierto?
La chica empezó a reír contemplándolo con ternura. - Nunca imaginé ver a Blaine Anderson ruborizándose al hablar de las actividades que realizó con su pareja.
- Lo sé... Antes era un descarado put...
- ¡Oye! ¡No digas esas cosas!
- Es la verdad, yo...
- A lo que me refería es a que siempre has sido muy directo y sin tapujos. Tienes que dejar de pensar en el pasado y decir cosas malas sobre ti.
- Lo siento, a veces es más fuerte que yo. - Cerró los ojos por unos segundos.
- Tranquilo. - Le tazó el rostro. - Recuerda que el pasado ya no importa, lo que cuenta es el presente. Eres maravilloso Blaine, no dejes de repetírtelo todos los días.
- Sí... amm... claro. - Respondió con la voz algo apagada.
- Dulzura...
- Tienes razón, sigo intentando. - Hubo una pausa y desvió la mirada.
- Bueno, ahora deja de buscar excusas para no contarme lo que sucedió aquí anoche.
Los momentos exactos en los que Quinn sabía que debía cambiar de tema o hacer como si nada hubiese ocurrido, era algo que él agradecía infinitamente. Ella también había aprendido cuando era necesario sentarse y hablar, pero ese no era uno de esos instantes. Era sorprendente lo mucho que había llegado a conocerlo. Soltando el aire retenido, le dio una sonrisa sincera.
- Kurt vino anoche y pasamos un momento grandioso. Conversamos sobre algunas cosas, luego cenamos, fuimos a la sala para comer el postre...
- Y tenían más hambre el uno del otro que del postre, porque estaba casi intacto... A juzgar por...
- ¡Oh, Quinn! ¿Realmente quieres los detalles íntimos?
- No, pero me encanta la manera en la que te sonrojas. Te ves tan dulce así.
- Creo que mejor almorzamos.
- Buena escapada. - Rió con ganas y caminó hacia el horno para sacar lo que había preparado. - Es una receta de familia, espero te guste.
- Te amo. - Era la primera vez que lo decía. Con el tiempo el sentimiento había ido creciendo, y comprendía que no sólo era cariño lo que albergaba su corazón por la chica de cabello rubio. La amaba, realmente la amaba con todas sus fuerzas.
- También te amo, Blaine.
Los dos se miraron por unos segundos y sonrieron, luego él avanzó hacia donde ella estaba para ayudarla. Se sentía tan bien tenerla alrededor. Sin duda alguna Quinn era la hermana que siempre deseó.
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En el departamento de Kurt se encontraban éste y su novio acomodando varias cosas y demás.
En medio de una plática días atrás, el ojiazul había mencionado que iba reorganizar material del trabajo y hacer unos cuantos cambios en la decoración durante el fin de semana, y Blaine había aparecido ahí, sorprendiéndolo para ayudarlo.
Los dos estaban en ese momento sentados en el suelo revisando el contenido de unas cajas, y Kurt trataba de enfocar su atención en lo que estaba haciendo, pero le resultaba difícil porque el ojimiel era una distracción... una perfecta y hermosa distracción de la que no podía quitar sus ojos de encima.
Mientras lo observaba, no dejaba de pensar en lo bien y cómodo que se sentía hacer algo tan simple como eso con él. Era algo tan natural y familiar que hasta podía visualizar su futuro con el hombre que estaba a su lado. La proyección repentina de una imagen de ellos desempacando las cosas en su hogar hizo burbujear su estómago, y sonrió.
Ajeno a esos pensamientos se encontraba el pelinegro revisando unas lentes con total concentración. - ¿Estas son las que van a ir en la repisa?
- ¿Ah? ¿Qué?
- Las lentes, ¿son las que van a ir en la repisa del frente o son otras?
Kurt miró dentro de la caja por unos segundos. - Sí, son esas... Gracias por venir. - Le sonrió. - No es muy entretenido pasar el día arreglando y desempolvando.
- Mientras esté contigo, cualquier actividad es perfecta.
- Eres un sol. Me encanta. - Se inclinó y lo besó. - Cada minuto a tu lado es simplemente maravilloso. - Volvió a unir sus labios.
Al separarse, el de cabellera rizada ronroneó y lo miró a los ojos por un instante. - Soy tan feliz contigo.
El saber que Blaine era feliz después de todo por lo que había pasado, producía en el ojiazul una sensación de dicha que no le cabía en el cuerpo. Estar consciente que él era quien producía esa felicidad, hacía que su corazón martillase en su pecho con fuerza.
Después de una sesión de besos el ex modelo se levantó y se dirigió hacia la repisa en donde comenzó a colocar todo según como Kurt le había indicado previamente.
El castaño levantó la mirada luego de un minuto y lo observó por detrás, produciéndose un nudo en su garganta. Su novio era hermoso, a él le fascinaba de pies a cabeza, pero no podía evitar sentirse mal al verlo tan delgado. La ropa que estaba usando se suponía que era de su talla, más le quedaba algo grande.
Tenía días una idea dándole vueltas en la cabeza, algo en el tratamiento no estaba funcionando del todo o la enfermedad estaba avanzando. Quería ir con Blaine al médico para que le hicieran una nueva evaluación, pero éste se rehusaba incluso a hablar del tema, y eso le daba miedo porque lo hacía sospechar que tal vez ya sabía lo que le estaba sucediendo, pero no le decía por alguna razón.
Ahora que lo tenía en su vida no podía perderlo. Sentía que se moriría si algo llegase a pasarle. La dicha con la que sonreía hace tan sólo unos minutos atrás se estaba convirtiendo en espesas lágrimas acunándose en sus ojos y un vacío en el estómago.
Dejó a un lado lo que tenía en las manos, empujó las cajas que se encontraban a su alrededor, y se levantó tambaleándose. Caminó a paso lento hasta estar detrás de su novio y lo envolvió con sus brazos, haciéndolo dar un pequeño respingo antes de sentirlo relajarse y apoyarse contra él.
- Te amo Blaine. Te amo, no tienes idea lo mucho que te amo.
Para el de ojos dorados no había nada mejor en el mundo que escuchar esas dos palabras. Durante tanto tiempo las muestras de afecto faltaron en su vida, y ni qué hablar del amor en cualquiera de sus formas. Por eso, cada vez que Kurt se lo decía, una inmensa alegría lo poseía y su corazón palpitaba emocionado.
Saberse y sentirse amado era lo más grande que le había sucedido, y no entendía cómo pudo sobrevivir tantos años de forma solitaria, aunque eso explicaba por qué su corazón se había congelado.
- Te amo también. Te amo más que a nada ni a nadie.
Sintió besos suaves en su cuello pero estuvieron acompañados de una humedad cayendo sobre su hombro, por lo que se tensó y giró hasta quedar de frente a su pareja.
- Te amo Blaine. - Lo apretó con más fuerza.
- Kurt, ¿qué te ocurre? ¿Por qué lloras? - Limpió las lágrimas con su pulgar.
- Lo que pasa es que te amo tanto... Quiero que estés bien y...
- Estoy bien. Me siento muy bien. - Lo tomó por la barbilla suavemente. - Nunca fui tan feliz en toda mi vida.
- Blaine... - Lo que iba a decir quedó atrapado en su garganta porque sus labios fueron presionados de forma dulce y romántica, y aunque por unos segundos permaneció impávido, comenzó a devolver el beso con todo el amor que sentía por su novio.
- Te amo Kurt. Te amo. Eres todo para mí. Haría lo que sea por ti.
- ¿Lo que sea? - El moreno asintió. Bien, de eso se valdría para convencerlo de ir a hacerse un chequeo. Tal vez no era jugar limpio, pero si era la única forma de lograrlo, lo usaría a su favor. Su salud y bienestar eran primordiales. - No te puedes retractar, sin importar qué.
- Por supuesto. - Sonrió. - ¿Hay algo que quieras en particular?
El ojiazul suspiró. Sabía muy bien lo que le pediría, pero en ese momento que esa mirada tan hermosa y cálida se posaba sobre él, decidió no mencionarlo y sólo expresarse mediante un beso cargado de sentimiento. - Luego te lo digo. - Le susurró al oído antes de volver a besarlo.
Cuando se separaron, el castaño le acarició el rostro. - Blaine, te amo, realmente te amo. No puedo dejar de decirlo... Sólo espero no te canses de...
- Jamás podría cansarme de escucharlo. - Lo tomó por la cintura y esta vez el beso duró por un tiempo prolongado que sólo se vio forzado a terminar cuando sus pulmones comenzaron a doler por la falta de aire. Al abrir los ojos, se encontró con unos hermosos orbes azules que lo contemplaban de una forma especial.
Kurt le sonrió y comenzó a acariciarle el cabello, descendiendo poco a poco por la mejilla. Blaine suspiró y se apoyó en aquella mano que tazaba su rostro, y cerró los ojos por unos segundos antes de eliminar el espacio entre ellos y presionar sus labios de forma ligera contra los de su amado.
De forma gradual el beso se fue volviendo profundo y ambos disfrutaban del mar de sensaciones que les producía. El castaño dejó escapar un pequeño gemido y se aferró al cuerpo del pelinegro como si tratase de no dejarlo ir jamás.
Se habían besado cientos de veces, pero en ese momento se sentía diferente, había algo uniéndolos. Kurt podía sentir la forma en que sus almas iban hilvanándose para convertirse en una. Jamás había experimentado nada igual, y supo que Blaine también lo sintió porque éste se estremeció entre sus brazos al mismo tiempo.
Los dos se miraron con un gran brillo en los ojos antes de subir la intensidad del beso.
Kurt soltó un sonido entre un gemido y un gruñido cuando la lengua de su novio exploró su boca con avidez y seguridad para terminar mordiéndole los labios con suavidad.
Estremeciéndose de pies a cabeza, enterró sus dedos con firmeza en el delgado cuerpo de Blaine, hasta sentir algunos huesos, y soltó pronto el agarre.
- Lo lamento. - Dijo separándose, con la respiración agitada y sus ojos cargados de preocupación. - ¿Te lastimé?
El ex modelo parpadeó con la mirada teñida de deseo. Tenía los labios rojos y hermosamente hinchados. - Estoy bien, no hay nada que debas lamentar.
- Pero...
- Shh. - Colocó un dedo sobre los suaves labios de su pareja y los acarició con cuidado produciéndole una gran corriente por toda su anatomía. - Eres tan hermoso, Kurt.
- Mira quien lo dice. - Susurró con una voz grave.
Blaine suspiró y se dirigió hacia el pálido cuello en donde empezó a besar y succionar suavemente, provocando que el ojiazul temblase y jadease. - Amo la forma en la que sabes. - Mordió con cuidado la piel expuesta. - Me encanta como hueles. - Kurt gimió y volvió a clavarle los dedos en la espalda. - Amo los sonidos que haces.
El castaño llevó la otra mano hacia la cabeza de Blaine y enredó sus dedos entre los espesos rizos mientras su cuerpo no dejaba de temblar. Luego fue su turno y comenzó a recorrer el cuello del pelinegro, pero se vio más atrevido al llevar sus manos hacia la cadera de éste, acariciándola y descendiendo hasta los muslos.
Poco a poco aprisionaron sus cuerpos provocando mil sensaciones, y ambos se movieron creando una perfecta fricción en un ritmo que ambos conocían ya a la perfección, pues era algo que habían estado haciendo últimamente. Los gemidos producidos fueron encarcelados dentro de la boca del otro al fundirse en el baile que sus labios realizaron en forma de un beso profundo.
Sin importar la cantidad de veces que habían hecho eso, siempre se sentía perfecto, era como si algo nuevo surgiese en cada ocasión. No sólo era sensual y pasional, había una conexión implícita, por muy cliché que sonase.
Kurt rodó con más fuerza la cadera, empujándola varias veces antes de que Blaine jadease sin control. Esa era la respuesta que conseguía cada vez que hacía eso, y simplemente le fascinaba.
Sonrió en satisfacción al saber que era él quien provocaba esas reacciones en el de ojos pardos, y volvió a besarle el cuello mientras sus manos se deslizaban por debajo de la camiseta para acariciarle el pecho.
Blaine también introdujo sus cálidas manos por debajo de la prenda de Kurt, y éstas se deleitaban al contacto de la suave piel.
Las caricias de ambos eran una combinación perfecta entre amor y pasión.
Pronto el ojiazul estaba retirando la camiseta del ex modelo y sus labios llegaron hasta su pecho, acariciando y besando a la vez la piel caliente.
Los dedos del moreno encontraron el dobladillo de la prenda de Kurt y comenzó a levantarla en un movimiento suave hasta habérsela quitado.
Ambos contemplaron por varios segundos la semidesnudez del otro antes de besarse.
Al separarse, Kurt miró con cierta duda a su novio. En los cinco meses que llevaban juntos lo máximo que habían hecho era acariciarse un poco, pero siempre con la ropa puesta. Éste era un paso más en su relación y quería asegurarse de que Blaine no tuviese dudas. Lo había esperado todo ese tiempo y no le importaba seguir haciéndolo.
- ¿Estás seguro, amor? - Preguntó con vacilación.
- Sí... No sé hasta dónde, pero sí. - Lo besó. - No quiero que lo nuestro sea sólo físico y...
- Nuestra relación va más allá, la estamos construyendo día a día con bases sólidas, y con mucho, mucho amor.
Los ósculos iban y venían de manera romántica y total entrega. - Te deseo Kurt, pero sobre todo, te necesito.
- Y yo a ti, más de lo que puedas imaginar. - Aprisionó su cuerpo una vez más contra el de Blaine, y luego de varios besos lo tomó de los muslos con facilidad y lo levantó. Éste cruzó las piernas alrededor de su cintura sin separar sus labios. Kurt avanzó a tientas hasta el sofá donde lo depositó con cuidado y después de observarlo durante unos segundos, fue descendiendo y lo besó suavemente en los labios, luego por el rostro y siguió deslizándose por el cuello hasta bajar por el hombro y de ahí hacia al pecho, el cual se encargó de adorar milímetro a milímetro.
Cuando levantó la mirada, se encontró con esos ojos cálidos que lo contemplaban atentamente con una mezcla de deseo y amor.
Tal vez deberíamos ir a la cama, estaremos más cómodos ahí. - Susurró.
- El sofá es lo suficientemente grande y cómodo. - Respondió el de rizos sin dejar de mirarlo. - Es mucho mejor que el que tenías antes.
Con una sonrisa dibujada en su rostro, el castaño bajó la cabeza y una vez más plantó sus labios sobre la anatomía de su pareja, en medio de besos y pequeñas respiraciones que creaban un efecto fantasma sobre la piel aceitunada.
Blaine le procuró las mismas atenciones y pronto los dos estaban perdiéndose en medio de las sensaciones que los cubrían.
Cuando Kurt dejó que su cuerpo se presionase en su totalidad con el del pelinegro, éste soltó un sonido entre un jadeo de sorpresa y un quejido, lo que lo hizo detenerse. No había pensado en ello antes, pero dadas las circunstancias él pesaba mucho más, y era evidente que lo estaba aplastando.
- ¿Estás bien? - Preguntó con preocupación.
Con una hermosa sonrisa que llegaba hasta sus ojos, le respondió. - Estoy bien. Más que bien. - Se inclinó hacia el frente, apoyándose en los codos y besó la blanca piel hasta que el de ojos como el cielo fue relajándose y volvió a entregarse al dulce momento.
El castaño se acomodó procurando no hacer tanta presión, sus cuerpos encajando a la perfección, reconociéndose y comenzando un ligero vaivén que era suficiente para hacerlos sentir en el cielo.
Los besos se tornaron más pasionales, sus manos recorrían la anatomía del otro con devoción a la vez que la fricción que estaban creando era tan potente que aunque tenían todavía los pantalones puestos, los tenía a los dos gimiendo.
- No puedo creer lo bien que se siente esto. - Dijo Kurt en medio de jadeos.
Blaine soltó una risita. - Me gusta. Es magnífico.
- Lo es. A mí también me gusta mucho. Es la mejor experiencia porque es contigo.
El moreno subió una pierna hasta la cadera del castaño, ambos envueltos en un éxtasis profundo y tan divino que parecía que los quemaba a fuego lento, y continuaron así por un tiempo hasta que éste realizó varias respiraciones con algo de dificultad. Kurt supo que era el momento de cambiar de posición, pero no iba a mencionarlo, Blaine seguía luchando con su autoestima debido a su bajo peso, y si decía algo, sólo arruinaría el momento.
- Cariño, creo deberíamos detenernos un poco. - Fue desacelerando sus movimientos y levantándose ligeramente.
- ¿Por qué?
- Porque si continuamos terminaremos sucios y pegajosos dentro de los pantalones. - Bien, esa era una buena excusa, aunque también era cierto.
- La verdad, no me importa. Se siente tan bien hacer esto contigo. Nunca me he sentido así en toda mi vida.
- ¿Nunca?
El moreno negó con la cabeza, y antes de ser capaz de decir algo, sus labios fueron capturados por los del ojiazul.
- Kurt... - Gimió dentro de la boca que le estaba arrebatando el aire y la cordura.
- Te quiero arriba. - Gruñó y lo sostuvo con sus brazos para ir girando.
Al notar lo que estaba haciendo su novio, el de ojos como la miel se aferró a él con los brazos y piernas para facilitarle el trabajo, y siguieron moviéndose hasta que el castaño quedó bajo el ligero cuerpo.
Besos, caricias, palabras de amor y muchas promesas eran hechas en medio de un momento que podría calificarse como perfección pura ya que se trataba de la comunión de dos almas que expresaban su amor total a través de sus cuerpos.
En un momento determinado, Blaine se irguió y llevó sus manos hacia el botón del pantalón de su amado, pidiendo su permiso con la mirada, el cual fue concedido con una sonrisa. Con pericia abrió la prenda y la deslizó hasta retirarla, pero sus labios acompañaron cada centímetro de piel que iba siendo expuesta.
Kurt era extremadamente atractivo, no podía dejar de mirarlo, y sonrió de forma seductora arrastrándose por el sofá y separándole las piernas para acomodarse en medio de ellas y repartir besos calientes por todas partes.
Luego de una maravillosa tortura y tratando de recobrar el casi nulo control que le quedaba, el castaño deslizó sus manos por dentro del pantalón de Blaine y lo acarició antes de capturar sus labios y después avanzar hasta cubrir cada parte del cuerpo que le fue posible alcanzar. La prenda no tardó en ser retirada y ambos se encontraban en iguales condiciones.
El moreno se acomodó sobre Kurt, presionando su dureza contra la de éste. Ambos se movían simétricamente y sus labios realizaban aquel baile que ya conocían.
El más alto abrió los ojos y le acarició el rostro a su novio, haciendo que éste también lo mirase. - Te amo Blaine. - Dijo con dificultad antes de soltar un gemido profundo.
- Te amo Kurt. - Respondió con igual dificultad y los ojos llenos de un brillo especial.
El de piel nívea se dejó llevar por sus instintos, sus manos se movían en todas direcciones, sintió su garganta secarse y el calor creciendo tanto en su interior como en el exterior. Fue moviéndose hasta lograr estar arrodillado con Blaine en la misma posición, lo cual no era tan fácil estando en el sofá. Sus mejillas se encendieron y no se sentía capaz de pronunciar algo con sentido.
El pelinegro comprendió de inmediato lo que su pareja quería hacer y le dio una de esas sonrisas que le provocaban nudos en el estómago. Lo tomó de las manos y las besó con ternura, así como cada uno de sus dedos para después llevarlos hacia el filo de su ropa interior. - Hazlo. - Dijo en voz suave.
Kurt se humedeció los labios y sólo pudo asentir. Estaba temblando como si nunca hubiese hecho algo así. Bueno, nunca había llegado a ese punto con Blaine, el hombre al que amaba con todo su ser. Estaba a punto de verlo desnudo por primera vez, por supuesto que se sentía nervioso.
Se tomó todo el tiempo del mundo antes de deslizar el boxer en dos tonalidades de azul. Al llegar hasta las rodillas, que era hasta donde podía bajarlo por la posición en la que se encontraban, dedicó un momento para mirar a su novio. Era perfecto, su cuerpo, su piel ligeramente bronceada, sus partes íntimas... Todo lo que veía le encantaba y lo tenía sin aliento. Respiró profundamente y se estremeció al escuchar en su oído un "¿puedo?" que le erizó la piel.
- Sí. - Dijo casi como una súplica, y sintió como la única prenda que le quedaba iba descendiendo, descubriendo aquella parte de su anatomía que estaba a punto de exponer ante el hombre que amaba.
No supo en qué momento éste lo hizo, pero al sentir una ligera brisa rozando su entrepierna fue cuando entendió que estaba desnudo.
Los labios de Blaine viajaron suaves por todas partes, seguros, con amor y entrega. Kurt cerró los ojos y soltó un gemido.
Todo lo que estaban haciendo era nuevo entre ellos, y se aseguraban de que el otro lo estuviese disfrutado en su totalidad. Sus manos y sus bocas estaban realizando un trabajo fantástico y cumpliendo el cometido de tener deshaciéndose de placer a su respectiva pareja.
Estando cerca de su culminación, ambos sabían que no iban a ir más allá. - Kurt... yo... - Trató de explicar o tal vez justificar, más fue interrumpido.
- Antes de que digas algo, tienes que saber que todo ha sido perfecto, es la mejor noche de mi vida, Blaine. Y honestamente, tenía claro que no llegaríamos más lejos, es más, hemos hecho mucho más de lo que supuse. - Lo abrazó firmemente y fue acostándose de espalda, con él encima, y lo besó como si su vida dependiese de eso.
El ojimiel se acomodó correctamente y empezó a mover sus caderas de forma suave hasta ir aumentando gradualmente la fuerza, escuchando los gemidos de Kurt, lo cual sólo lo encendía más.
Hummel enganchó las piernas en la cintura de su novio y empezó a moverse con mayor impulso. Lo abrazó una vez más y soltó un suspiro cuando éste lo envolvió con sus brazos de una manera que lo hizo sentirse completamente amado.
Él quería que Blaine se sintiese de la misma forma, lo amaba mucho y procuraba demostrárselo en cada movimiento, con cada gesto, suspiro, beso y palabra.
Sus cuerpos estaban entrelazados como si de uno solo se tratase, sus labios se buscaban al igual que sus ojos, los cuales era difícil mantener abiertos en medio del punto culminante que estaba haciéndose presente, pero ninguno de los dos dejaba de contemplar al otro.
Varias palabras dulces fueron expresadas así como una infinidad de "te amo" antes de que Kurt se sacudiera por completo y su mirada se nublase por varios segundos cuando su culminación llegó. Su cuerpo completamente extasiado y tembloroso cayó sobre el sofá todavía retorciéndose. Otro te amo fue pronunciado con su respiración entrecortada.
Blaine sólo se empujó una vez más antes de dejar escapar un gran grito ahogado con el nombre de su pareja inmerso, y se dejó caer sobre él.
Ninguno de los dos paraba de jadear, y aunque estaban cubiertos de sudor y fluidos, no se soltaban. Todavía estaban aferrados al cuerpo del otro, y con dificultad empezaron a besarse. Sus huesos se sentían como gelatina y seguían temblando. Parecía que el gran éxtasis que habían alcanzado, se negaba a abandonarlos.
Les tomó un tiempo largo estabilizarse, y a pesar de que ya eran capaces de moverse, no se soltaban ni separaban sus labios.
Blaine estiró un brazo poco después hasta encontrar una de las camisetas que yacía en el suelo, y con ella los limpió. Kurt frunció el ceño, pero su expresión se relajó al ver la forma tan dulce en que su novio se estaba encargando de él. - Prometo lavarla bien, pero no tengo la menor intención de levantarme a buscar nada.
- Tampoco te iba a permitir que te levantases. - Sonrió.
Minutos después y a regañadientes, el castaño dejó que Blaine se quitase de encima y se acomodase a un lado, pero lo volvió a abrazar y frotó su nariz en el cuello de éste. Se sentía tan bien estar así, sentir a su amado atado a su alma.
El de ojos como la miel envolvió con sus brazos a su novio y repartió besos por todo su rostro, haciéndolo suspirar.
Ambos se sentían felices, en paz, enamorados completamente, no podía haber en el mundo una mejor sensación que aquella que rebozaba en sus corazones.
El cansancio empezó a apoderarse de Kurt, así que levantó la cabeza para darle una última mirada al amor de su vida, pero algo astilló su dicha. En su rostro pudo notar un atisbo de algo que no sabía si era pesadumbre o de qué otra forma definirlo. - Blaine... ¿qué tienes?
- Te amo.
- Pero...
- Te amo Kurt. - Le sonrió ligeramente y le besó la frente.
- ¿Te arrep...?
- Ni siquiera termines esa palabra. Ha sido la noche más maravillosa que he tenido. Eres increíble, y sí tuviera fuerzas, iría por una segunda ronda sin dudarlo.
- ¿Entonces?
- Sólo estoy muy cansado. Realmente extenuado.
¡Oh! Eso debía ser, Blaine se agotaba mucho debido a su condición médica. No había pensado en eso antes. - Vamos a la cama para dormir un rato, ambos lo necesitamos.
- No, aquí está bien. No puedo dar un paso.
- No hay problema. - Le dio varios besos y disimuladamente lo siguió observando. Lo conocía bien y sabía que había algo más implícito. De pronto pudo verlo con claridad, era miedo. A pesar de llevar cinco meses siendo pareja, el pelinegro no había superado del todo el temor a amar y haber entregado su corazón. Y no podía culparlo por eso. En más de una ocasión había mencionado el pensar que todo era un sueño y que le asustaba despertar un día.
Pero él se encargaría de alejar esos pensamientos una vez más hasta lograr eliminarlos en su totalidad en algún momento. Con una mano comenzó a acariciarle ligeramente el torso, eran toques dulces que fueron acompañados por besos suaves.
El sueño que había sentido antes se estaba desvaneciendo. Simplemente no podía dormirse sabiendo que su novio se sentía de esa forma.
- Te amo Kurt.
- Te amo mucho Blaine. Siempre te voy a amar. - Comenzó a repetir besos por su rostro hasta que lo vio sonreír genuinamente. Siguió repartiendo besos y pequeñas caricias, lograndoque éste se relajase y cerrase los ojos con una exhalación.
Sin tener idea de cuánto tiempo había dormido, el ojiazul despertó y colocó la cabeza sobre el pecho del moreno, rozándole la piel con las yemas de los dedos. Al escuchar un suspiro profundo, levantó la mirada. El ex modelo contemplaba el techo, perdido en sus pensamientos.
- Amor... - Lo tomó de la barbilla.
- ¡Kurt! - Brincó ligeramente.
El ojiazul frunció el ceño. - Tenemos que hablar.
- No lo digas, por favor. Ya lo sé, sólo... no lo digas.
.
.
* ¿De qué querrá hablar Kurt?
* ¿Qué es lo que cree saber Blaine?
