hola hello.. espero esten suuper jeje

recuerden de ke nada me pertenece

Capitulo 35

Emmett recordó la forma en que había acariciado al ternero cuando era todavía un recién nacido, la manera en que sus ojos se dulcificaban cuando hablaba con él. Era un error convertir en mascota a uno de los animales del rebaño, pero a veces pasaba. Ahora lo estaba pagando.

Con aire pensativo, empezó a hacer café. Consideraba que quienquiera que hubiera robado el ternero estrella de Utopía había cometido una equivocación. ¿Para hacerlo filetes? Apenas compensaría el riesgo y el esfuerzo. Además, ¿qué ranchero de la zona compraría un Hereford joven tan fácilmente identificable? Quienquiera que lo había robado era o muy codicioso o muy estúpido. En cualquiera de los dos casos, sería fácil atraparlo.

Rosalie se apoyó contra la pared de la cocina y continuó hablando por teléfono con voz tranquila. Él se dio cuenta de que estaba deseando protegerla, defenderla. Ella agarró la taza de café que le ofrecía con un breve asentimiento y continuó hablando. Él meneó la cabeza y se recordó que ya debería saber que Rosalie no aceptaría nada parecido. Bebió de su café mientras miraba hacia fuera por la ventana de la cocina y se preguntaba cómo se las arreglaba un hombre cuando amaba a una mujer que tenía más entereza que la mayoría de los hombres.

-Hará lo que pueda -dijo Rosalie al tiempo que colgaba el teléfono con brusquedad-. Voy a ofrecer una recompensa exclusivamente por Baby -se bebió la mitad del café que contenía la taza, solo y cargado-. Mañana iré a ver a los de la Asociación de Ganaderos de nuevo. Voy a presionarlos, y a fondo. La gente tiene que darse cuenta de que esto no va a detenerse en Utopía -clavó la mirada dentro de la taza y se terminó el café-. No dejo de repetirme que no es nada personal, incluso cuando encontramos en el cañón los huesos y las pieles, pero esta vez se han pasado de listos, Emmett. La arrogancia deja pistas.

Había energía en su voz, determinación, y él la miró y sonrió.

-Tienes razón.

-¿Por qué sonríes?

-Estaba pensando que si los ladrones te vieran ahora, echarían a correr y no pararían hasta salir de los límites del condado.

Los labios de Rosalie se curvaron. Nunca habría pensado que fuera a sonreír tan pronto.

-Gracias -le hizo un gesto con la taza y luego dejó ésta sobre la cocina-. Me parece que últimamente te digo esta palabra demasiadas veces al día.

-No tienes por qué decirla. ¿Tienes hambre?

-Hmmm -se llevó la mano al estómago y se quedó pensando un momento-. No sé.

-Ve a darte un baño, yo prepararé algo para comer.

Rosalie fue hasta él, deslizó los brazos alrededor de su cintura y apoyó la cabeza en su pecho. ¿Cómo podía conocerla tan bien? ¿Cómo podía saber que necesitaba estar sola un rato para poner orden en sus ideas y sus sentimientos?

-¿Por qué eres tan bueno conmigo? -murmuró.

Emmett soltó una carcajada breve y enterró la cara en su pelo.

-Dios sabrá. Vete a lavarte esas heridas.

-De acuerdo -pero experimentó la urgente necesidad de darle un abrazo fuerte y apasionado antes de salir de la habitación.

Habría deseado conocer un método mejor para expresar gratitud. Mientras subía al primer piso, deseó ser más hábil con las palabras. Si lo fuera, podría decirle cuánto significaba para ella que no le hubiera ofrecido más de lo que, con su forma de ser, le resultaba aceptable. Su apoyo ese día había sido firme pero no intrusivo, y le estaba dando tiempo para estar a solas sin dejarla sola. Quizá le había llevado demasiado tiempo descubrir lo especial que era Emmett pero ya se había dado cuenta. No era algo que fuera fácil olvidar.

Según se quitaba la ropa, iba descubriendo tenía más contusiones y heridas de las que creía Mejor. Abrió el grifo del agua caliente hasta que el agua empezó a salir casi hirviendo. Unas cuantas heridas le darían algo concreto en lo que concentrarse. Prefería a las heridas que notaba en su interior. Sabía que era una tontería pensar que era como si hubiera traicionado, a su abuelo, pero no podía librarse de esa sensación. Éste le había confiado algo y ella no había sido capaz de cuidarlo lo bastante bien. Se había sentido mejor si Clay todavía estuviera allí para a reñirla.

Con una mueca de dolor, se introdujo en la bañera. La piel del codo protestó, pero ella hizo caso omiso. ¿Uno de sus hombres?, pensó haciendo p mueca. Era muy posible. Llevar un camión hasta el corral, cargar el ternero y desaparecer.

Empezaría por hacer ella misma algunas averiguaciones, con discreción. Robar el ternero le habría llevado su tiempo. Quizá pudiera descubrir quién se había ausentado de la feria. Tal vez los ladrones fueran lo bastante confiados como para atreverse a hacer gastos extra, si se creían a salvo, y entonces...

Entonces verían, pensó al tiempo que se relajaba dentro del agua.

Pobre Baby. Nadie perdería el tiempo rascándole las orejas ni hablando con él. Se hundió más en el agua hasta que su mente se quedó en blanco.

Pasó aproximadamente una hora hasta que bajó de nuevo a la cocina. Se había librado del agarrotamiento muscular y de casi toda la depresión. Deprimida, no podría actuar. Captó un aroma especiado y su estomago empezó a segregar jugos gástricos.

Cuando entró en la cocina, tenía el nombre de Emmett en la punta de la lengua, pero la habitación estaba vacía. El contenido de una cacerola que hervía encima del fuego con siseos y escapes de vapor la atrajo irresistiblemente. Levantó la tapa, cerró los ojos y aspiró el olor. Chile, denso, fragante... Se le hizo la boca agua. No se lo tendría que pensar ni dos segundos si él le preguntara en ese momento si tenía hambre.

Agarró una cuchara y empezó a darle vueltas al guiso. Podía probarlo...

-Mi madre solía darme un cachete en la mano si me veía haciendo eso -comentó Emmett.

Rosalie dejó caer la tapa con estrépito.

-¡Maldita sea, McCarty! Me has dado un susto de... -se giró y vio el ramillete de flores silvestres que sujetaba en la mano.

Algunos hombres habrían parecido tontos, allí parados, con unas flores de colores vivos entre las manos curtidas por el trabajo y los elementos. Otros habrían tenido un aspecto ridículo. Emmettno parecía ninguna de las dos cosas. Cuando le sonrió, algo dio un brinco en el pecho de Rosalie.

Parecía perpleja. No era que eso le importara, pero no era muy habitual sorprender a una mujer como Rosalie Hale. Mientras la miraba, Rosalie cruzó las manos detrás de la espalda. El levantó una ceja. Si hubiera sabido antes que podía ponerla nerviosa con un ramillete de flores silvestres, habría arrancado un campo entero mucho antes.

-¿Te sientes mejor? -preguntó, y fue lentamente hacia ella.

Rosalie se encontró apoyada contra la encimera antes de haberse dado cuenta de que había realizado ese movimiento defensivo.

-Sí, gracias.

Él la miró fijamente, muy serio, pero sus ojos sonreían.

-¿Ocurre algo?

-No. El chile huele de maravilla.

-Aprendí a prepararlo en uno de los campamentos hace unos años -inclinó la cabeza y le besó las comisuras de los labios-. ¿No quieres las flores, Rose?

-Sí, yo... -se dio cuenta de que estaba apretando tan fuerte los dedos de las manos que empezaba a dolerle. Enojada consigo misma, relajó éstas y agarró las flores que Emmett le ofrecía-. Son muy bonitas.

-Así huele tu pelo -murmuró él, y vio que ella lo miraba con cautela. Inclinó la cabeza hacia un lado y la estudió-. ¿Nunca te habían regalado flores?

No desde hacía años, se percató Rosalie. Desde... los ramos de floristería con lazos vistosos y palabras dulces. Se dio cuenta de que se estaba poniendo en ridículo y se encogió de hombros.

-Rosas -dijo despreocupadamente-. Rosas rojas.

Algo en su tono de voz lo puso sobre aviso. Enroscó la punta de un rizo alrededor de sus dedos con delicadeza. Tenía el color del fuego y el tacto de la seda.

-Muy convencional -se limitó a decir Emmett. Demasiado.

Algo parpadeó en el interior de Rosalie: certeza, precaución, necesidad... Con un suspiro, miró las flores que tenía en la mano.

-En otra época, hace mucho, yo pensaba que también podría ser convencional.

Él le tiró del pelo hacia abajo hasta que ella levantó la cara para mirarlo.

-¿Era eso lo que deseabas?

-En esa época yo... -se interrumpió, pero había algo en los ojos de Emmett que exigía una respuesta-. Sí, lo habría intentado.

-¿Estabas enamorada de él? -no estaba seguro de por qué estaba hurgando en la herida, pero no podía evitarlo.


uuyy...Emmett esta entrando en aguas profundas jeje ke le dira Rose? se molestara? ustedes ke kreen?

si lo kieren saber solamente deben de dejar algunos reviews jeje

cuidence