Los personajes de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y TOEI Animation Co., 1976. Usados en este fic sin fines de lucro.
*Capitulo 38: El adiós bajo una noche de luna llena
En una tibia tarde de Otoño dos figuras se encontraban sentadas en el jardín. Mientras se escuchaban los plácidos sonidos de aves y el agua de la fuente corriendo en un continuo vaivén, Stear y Candy seguían sumergidos en el ensimismamiento; el inventor se había colocado junto a la chica quien se hallaba envuelta en un ola de emociones, las cuales la asustaban mucho.
A menudo, el silencio entre las personas puede resultar incómodo, pero curiosamente en esta pareja no se le sentía así; la ausencia de palabras resultaba un refrescante respiro. Candy era llevada en su mente por un remolino de miles de ideas y recuerdos...pero ahora todo parecía no tener importancia, ella se estaba concentrando en aquellas que la invadían y eran provocadas por la persona a su lado.
Candy seguía abrazada a sí misma y con esquiva mirada seguía sumida en sus pensamientos, preguntándose a si misma: -¿Porqué me siento tan extraña al lado de Stear?...aún cuando siento miedo hay una gran paz que se da cuando estoy a su lado, ¿Qué es lo que me está pasando?-
Estas eran tan sólo algunas de las preguntas que se hacía, todo la estaba confundiendo y lo peor era el no saber las respuestas. Sin embargo con el sólo hecho de sentirlo a su lado, una sensación de seguridad la rodeaba...esto era algo único ya que no le sucedía con ninguna otra persona.
Mientras tanto, el joven no dejaba de pensar en ella, sentado con sus brazos sobre las piernas y con la mirada en un punto lejano, se preguntaba que era lo que ella estaría meditando en ese momento. A diferencia de Candy, el mayor de los Cornwell sí que estaba al tanto de lo que acaecía con él pero, desconocía lo que ella sentía. Lo que ocurría es que esas nuevas sensaciones eran generadas por un cariño especial que se estaba lentamente transformando en algo más profundo...en eso que muchos conocen como amor. Era curioso, ellos dos estaban en una situación muy particular, sumidos en un apacible momento sin palabras que apenas comprendían y que les era desconocido...y es que el amor más intenso se oculta en el silencio más profundo.
Al cabo de unos minutos, la agradable sensación entre ellos fue en aumento...poco a poco la jovencita fue tranquilizándose y una señal de que se sintió mejor fue bajar los brazos y por fin dirigir su mirada a su acompañante. Al girarse hacia él, Stear se volvió para mirarla...y aunque sus ojos hablaban por ellos, Candy rompió con el mágico momento ya que sus miedos nuevamente la invadieron por completo, alejándola del joven,
-Será mejor que me vaya- y se puso de pie.
-Espera Candy...por favor...- el joven se incorporó a su lado, no quería que se fuera y sólo se le ocurrió el hablar de lo que a ella le entristecía -...quiero decirte que aunque Archie se comporta de esa manera tan fría y despectiva contigo, eso no significa que te odie ni nada por el estilo. Por favor no le guardes rencor ni te sientas mal, simplemente mi hermano está muy herido y reacciona así para no mostrarse vulnerable...él - hizo una pausa y con mucha dificultad admitió -... Archie te quiere mucho.-
Asombrada ante esto, la chica desvió la mirada hacia a un lado y con un nudo en la garganta le respondió,
-Lo...sé...yo, quisiera que él se olvidara de mi y todo fuera como antes- bajó su mirada.
-Candy...eso le llevará tiempo, sólo dale la oportunidad para que piense bien en todo. Pronto nos iremos a Boston y estoy seguro que su estancia allá lo ayudará a olvidar- se lo decía mientras colocaba sus manos en los bolsillos, no quería otra cosa más que volver a abrazarla pero tenía que contenerse.
-Espero que así sea, pero...- y alzando la mirada continuó -tú también te irás, me quedaré aquí solamente con la Tia Abuela, ella no me quiere y ustedes son todo lo que tengo- era un reproche que ocasionó que las lágrimas se asomaran nuevamente en sus ojos.
Stear dio un gran suspiro, no era fácil para él decirle que la idea fue suya desde un principio. Pero tenía que explicarle el porqué de su partida, así que le dijo en un tono suave:
-No mal interpretes lo que voy a decirte, por favor comprende que tengo que pensar en el futuro y debo seguir mi propio camino...Candy, lo mejor para mi es ir a estudiar a la Universidad en esa ciudad, tienen la mejor escuela de Ingeniería. Ahora que la Tia Abuela ha aceptado que estudie lo que tanto he anhelado, es mi oportunidad para prepararme para el futuro. Era una decisión que tarde o temprano tendría que tomar...una que muy pronto tú también tendrás que decidir- sus ojos la miraban fijamente.
-...- ella lo miraba consternada pero a la vez admirada, Stear tenía razón.
-Muchas veces las cosas no resultan como lo deseamos, pero aún así tenemos que sacar el mejor provecho de cualquier situación- y colocando ambos brazos sobre sus hombros continuó diciendo: -...piensa que con esta decisión, Archie podrá pensar mejor las cosas y le ayudará a madurar su carácter. Yo estaré con él y pienso apoyarlo para que salga adelante de este tropiezo sentimental...yo en lo personal no quiero dejarte, pero es necesario que tome las riendas de mi destino. Candy, tú eres muy importante para mi y quiero que entiendas que esta decisión nos ayudará a todos...en especial a ti y a Archie. El alejarse los ayudará a ambos a olvidar todo este asunto y muy pronto la Tia Abuela también lo hará.-
-Pero...voy a extrañarlos mucho- era su súplica.
-Recuerda que durante las vacaciones vendremos a verte- él también sintió un nudo en la garganta, separarse de ella no era fácil.
-¿Lo prometes?-
-Lo prometo y no sólo eso, reanudaremos nuestra correspondencia, ¿te parece? Te escribiré cada vez que pueda...¡no dejaría de hacerlo por nada del mundo!-
Al escuchar esto, su impulso fue de abrazarlo nuevamente, ella se lanzó a sus brazos y al tiempo que lo miraba suplicante respondió:
-¡Por favor, prométemelo!-
-Claro que sí- y dibujó una sonrisa de triunfo, sus esfuerzos fueron recompensados...ella finalmente lo había aceptado. Pero agregó: -Con una condición, de que me prometas que tratarás de llevarte bien con la Tia Abuela y que no le guardarás rencor. Ella no se ha sentido bien últimamente, por favor cuida de ella en nuestra ausencia, además...quiero que te comprometas a que pondrás empeño en cualquier cosa que hagas, yo confió en que serás la mejor!-
-...- y con una gran sonrisa, la chica asintió con un movimiento de cabeza.
-Muy bien...sabes, estoy muy orgulloso de ti y te admiro por ser como eres, siempre has superado cualquier obstáculo y continuas hacia adelante...también, quiero agradecerte toda la confianza que me tienes y por siempre creer en mi...-
-¡Serás un magnífico ingeniero!- interrumpió ella.
-¡Por supuesto! Me aseguraré que todos mis inventos no exploten y que funcionen a la perfección para eso tengo que estudiar y prepararme mucho.-
-Y cuando vuelvas quiero ser tu ayudante y los probaremos todos- agregó con una sonrisa.
El joven desbordaba alegría, una que apenas podía contenerse y sin dudarlo, la tomó entre sus brazos y sosteniéndola de la cintura, comenzó a girar de alegría levantándola por los aires. Ella se sostenía de sus hombros con ambas manos y gritaba jovialmente mientras cerraba los ojos para disfrutar del juego...los dos reían con júbilo y sin parar. Por todo el jardín se escuchaba la cristalina risa de Candy, aquella que Stear tanto amaba y que era una dulce melodía en sus oídos.
-¡Serás mi ayudante Candy...desde ahora y para siempre!- gritaba gustoso.
-Siiii- fue la respuesta de ella que se escuchaba por todo el lugar.
Por un rato los dos siguieron enfrascados en este juego. De alguna manera esto sería un preámbulo a la despedida que se aproximaba...una que tan sólo les daría la oportunidad de disfrutar la mutua compañía por tan sólo unos cuantos días mas.
Durante las siguientes dos semanas fue muy poco el tiempo que tuvieron para pasarla juntos y es que la Tia Abuela en su afán de separar a Archie y Candy, indirectamente lo hacía también con Stear. Fueron contadas las ocasiones que disfrutaron de una tarde a solas y aunque por lo general eran tan sólo durante las comidas y cenas, se dieron tiempo para platicar un poco...su mejor opción fue mandarse mensajes a través del barco volador cuando la chica era recluida para estudiar.
Así pasaron los días y cuando llegaron los documentos de aceptación de los hermanos de su nuevo colegio, el día de decirse adiós estaba marcado: sería tan sólo en una semana más. Cuando Candy recibió la noticia y por fin supo la fecha de partida de los muchachos, quiso tener una tarde en compañía de Stear como despedida ya que no se verían por algún tiempo.
Con cuidado para que no se diera cuenta la Tia Abuela, el siguiente sábado le pidió a Dorothy que dispusiera algo de la cocina para ellos...su idea consistía en improvisar un picnic frente al lago con Stear. Así que después de que su profesora de modales se retiró a media tarde, la chica se dirigió a la parte trasera de la mansión y una vez ahí, la mucama le entregó la cesta con comida que había preparado. Candy le agradeció con una sonrisa mientras Dorothy le indicaba que el joven se había encerrado en su laboratorio desde que había llegado.
Tenía que darse prisa ya que la Tia Abuela había salido con Archie a hacer unas compras justo después de que los jóvenes regresaron de las oficinas y sólo tendrían tiempo libre hasta antes de la cena.
Sin demora, Candy se dirigió hasta donde estaba Stear y con una sonrisa traviesa tocó a la puerta...seguramente al inventor le gustaría mucho esta idea. Cuando el joven salió a la puerta para ver de quién se trataba, la chica soltó una carcajada al ver sus ojos cubiertos con unos lentes de aumento y es que él se encontraba trabajando en uno de sus inventos...
-Jajajajaja...¡qué extraño te ves así!-
-...- y al quitárselos exclamó -no te burles, estaba en el momento crítico de mi invento- dijo con seriedad y tratando de aguantar el reír también.
-¿De qué se trata esta vez?- preguntó curiosa.
-Es una sorpresa y no te lo diré, además aún no está terminado- trabajaba en un regalo para Candy.
-¿Tu invento puede esperar?- preguntó con un guiño.
-Sí, creo que sí- estaba intrigado.
-Entonces vamos de picnic al lago...no hay tiempo que perder, la Tia regresará antes de cenar y no quiero que nos reten por no llegar a tiempo- exclamó entusiasmada.
Al ver la canasta de picnic y a la bella jovencita luciendo un lindo sombrero frente a él, el inventor no pudo resistirse y entró a dejar los extraños lentes, tomó su boina y ambos se dirigieron hacia el lago.
Era una apacible tarde, la refrescante brisa otoñal se sentía por todo el lugar pero el sol daba su tibio calor por todos los alrededores. El cielo estaba claro y sin nubes...los pájaros se escuchaban por doquier y se podía ver a la pareja caminando alegremente por uno de los senderos hasta llegar a la colina junto al lago. Decidieron acampar justo debajo del viejo roble y extendieron el mantel para colocar todas las viandas que Dorothy les había preparado: uvas, un par de sándwiches, una tarta de manzana y té helado.
Al ir preparando todo, Stear se deleitó al ver que Candy se esmeraba en colocar todo frente a ellos delicada y hábilmente. Las clases de etiqueta le habían enseñado el arte de poner la mesa y la chica se estaba luciendo ante su primo.
Una vez que se sentaron en el pasto a disfrutar de la comida, charlaban amenamente sobre varios temas...hablaron sobre la Universidad a la que asistiría Stear y de lo mucho que el joven tendría que aprender y estudiar. También charlaron sobre la escuela de Candy, de cómo iba en sus clases de etiqueta y modales...finalmente hablaron sobre los últimos libros que Candy estaba leyendo.
Hubo uno en particular que la chica había leído durante su confinamiento y que quería compartir con Stear, se trataba de "Los hijos del Capitán Grant" de Julio Verne. Candy le narraba a su primo con emoción la historia de unos hermanos que estaban en busca de su padre por el mundo...viajando a lugares tan remotos como lo son Sudamérica y el África Central. Para sorpresa del joven, la rubia sacó el libro de la cesta y recargándose sobre el roble, empezó a leer unos párrafos que ella había subrayado para comentar con su primo.
Al empezar a leerlos, el inventor se recostó sobre el césped y colocando sus brazos debajo de la nuca, cerró sus ojos para imaginarlo todo mientras la dulce voz de Candy le narraba los exóticos lugares por donde Mary Grant y su hermano viajaban.
Sin embargo al acabar de leerlos, Candy se volvió a su primo quien parecía haberse quedado dormido y sin pensarlo, de inmediato lo cubrió dulcemente con la frazada que tenía consigo. Decidió seguir su ejemplo y una vez que se recostó a su lado colocando sus brazos en la misma forma, lo miraba curiosa... observaba con detenimiento sus rasgos. Por vez primera, tenía la oportunidad de mirarlo así de cerca y estudiarlo detenidamente.
Aunque no contaba con tan finas facciones como las que poseía Archie, el rostro de Stear era agradable y definitivamente se trataba de un joven muy buen mozo. Seguramente el inventor llamaba la atención de las chicas a dondequiera que fuera...analizando esto fue entonces que un pensamiento vino a su mente: se preguntaba si así como ella lo admiraba ahora, otras jovencitas lo harían de la misma manera, chicas como la tal Luisa. Se cuestionó si esto llegaría ocurrir en su nueva escuela y de pronto un sentimiento de incomodidad vino a ella...no le gustaba para nada la idea de que otras pudieran llamar su atención. Por lo que se volvió a mirar al cielo y dejando escapar un gran suspiro, prefirió no pensar más en ello. Esa sensación de celos no le gustaba en absoluto.
Candy no se había dado cuenta de que Stear había estado al tanto de todos sus movimientos y que pretendió hacerse el dormido...el inventor sintió la calidez de la frazada sobre de él y luego la presencia de la chica a su lado. Pero casi se quedó sin aliento al escuchar ese largo suspiro de la jovencita... de alguna manera sintió que éste le pertenecía, que era suyo al ella dejarlo escapar.
Abrió los ojos y ahora fue su turno de volverse hacia ella quien miraba al infinito, pérdida en sus pensamientos...cuando Candy se percató de que él la miraba, se volvió hacia él y los dos se perdieron en esas miradas: no se dijeron nada ya que sus ojos hablaban por ellos.
El estómago de Candy era como un revolotear de mariposas y mientras Stear tenía fija la mirada en ella, su alocado corazón comenzó a palpitar tan rápido que se sentía como si fuera un caballo desbocado... así que sintiendo miedo y llena de timidez, se volvió a mirar al cielo para evitar verlo mientras trataba de controlarse.
Aún cuando el joven se dio cuenta de sus temores, la miraba extasiado y es que dentro de aquella chiquilla asustada, se encontraba la mujer que amaba...aquella que le había robado el corazón desde que la conoció y de la que estaba perdidamente enamorado. Stear sabía perfectamente que el amor es una construcción lenta y por ende había resuelto en darle a Candy todo el tiempo que necesitara para que ella se abriera a la posibilidad de darle una oportunidad, si es que ésta existía.
Cuando menos se dieron cuenta, el atardecer apareció en el horizonte y supieron que era el momento de volver. Ese día ambos jóvenes habían compartido momentos inolvidables, los cuales cada uno atesoraría para la larga temporada que estaban por venir y en los que estarían lejos el uno del otro.
Los días se fueron tan rápido que apenas les dio tiempo a los jóvenes hermanos de preparar todo y encontrarse listos para el viaje. Como despedida, la Tia Abuela organizó una cena íntima de despedida para los Cornwell...se invitaron a los Leegan y por supuesto que los Britter no faltaron a tal evento. También llegaron unos cuantos socios e inversionistas de la compañía, se trataban de los más allegados a los muchachos durante su visitas a las oficinas.
Durante la cena, la Tia Abuela les habló a todos de los logros de sus sobrinos y de lo mucho que se esperaba de ellos en el futuro. La parte emotiva se dio cuando la Tia Elroy comentó a todos lo mucho que los extrañaría y con un gesto inusual en ella, los llamó a su lado para abrazarlos maternalmente sin importarle que sus invitados fueran testigos de este despliegue de afecto.
Como Stear y Archie estuvieron ocupados atendiendo a los invitados después del festín, Candy se encontraba sola y la mayor parte de la noche se refugió en una esquina del salón. Se mantuvo aislada y sumida en la tristeza por la partida de los hermanos que se daría al día siguiente.
Para su mala suerte la situación con Archie era la misma, el joven y apenas le había dirigido la palabra y ni siquiera la veía de frente, mientras que la Tia Abuela la ignoraba por completo. Sin embargo el inventor estaba al tanto de ella pero como se mantenía ocupado atendiendo a las personas que lo interrogaban sobre sus estudios, no pudo acompañarla.
Por otro lado, Candy percibió sobre ella las intensas miradas de otras personas, se trataban de Annie y Eliza quienes la observaban con envidia...las dos jóvenes cuchicheaban algo entre ellas para luego reír a expensas de la solitaria rubia. Lo hacían de coraje ya que las dos fueron totalmente ignoradas por los hermanos Cornwell. Aún así, para la jovencita esta situación le era ya muy incómoda, se sentía muy ajena a todo lo que la rodeaba...por lo que decidió salir a la terraza y alejarse de tanta hipocresía a su alrededor.
La noche era fresca y como llevaba un vestido de satén blanco, se cubrió con su mantilla lo mejor que pudo para poder abrigarse un poco ante el frío de la noche y es que mientras se abrazaba a si misma, miraba hacia el cielo estrellado. Era una noche de luna llena sin nubes que alumbraba todo a su alrededor. Atraída por la belleza del jardín a la luz de la luna, se encaminó hasta la fuente del centro y se sentó a su orilla observando su reflejo en el agua. Quitándose el guante que traía, empezó a jugar haciendo pequeñas olas sobre la superficie...sus dedos apenas y tocaban el agua fría pero sus delicados movimientos de vaivén, rompían la clara imagen que se formaba.
Estando aún sumida en sus pensamientos, de pronto distinguió el reflejo de alguien más junto a ella en la fuente y al volverse, una gran sonrisa se dibujó en su rostro...se trataba del inventor. En cuanto la chica lo miró de frente, él le preguntó:
-¿Porqué estás aquí Candy?-
-Es que no me sentía a gusto en la cena...- fue su respuesta.
-Me lo imaginé, te pido me disculpes por no estar a tu lado pero la Tia Abuela y los socios de la familia no me han dejado ni un minuto.-
-Eso pasa cuando eres popular- respondió haciendo un guiño.
-Ven conmigo...- le dijo extendiendo su mano -¿Te gustaría que camináramos por el jardín?-
-...- ella le dio gustosa la mano y exclamó con alegría: -¡sí!-
El joven llevaba a Candy tomada del brazo y caminaban lentamente por este lugar. Al principio, por lo inusual del momento, permanecieron en silencio...ambos sumidos en sus propios pensamientos que curiosamente estaban dirigidos solamente a ellos mismos. Pareciera que todo a su alrededor hubiese desaparecido bajo la luz nocturna, era como si los dos figuras...una en blanco y la otra en negro, se estuvieran compenetrando lenta y sutilmente. Ella caminaba mirando hacia el cielo confiando en que él la guiara por el camino...Stear la llevaba del brazo y gentilmente, colocó su otra mano sobre la de ella para tocarla y sentirla mientras pudiera hacerlo.
Esta vez fue la chica quien rompió con el ensueño que tenían...había mucho por decirse y el tiempo se agotaba ya que él partiría al día siguiente,
-El lugar se sentirá muy solo sin ustedes dos- exclamó tristemente mientras seguía mirando hacia el cielo.
-Créeme que el alejarme de aquí, también dejará un gran vacío en mi.-
-...- la chica se detuvo para mirarlo y pudo apreciar esos intensos ojos castaños mirándola con nostalgia.
-Candy...nada en mi vida será lo mismo sin ti!- finalmente le confesó.
Con el sutil ambiente a su alrededor y la intensidad del momento, el inventor empezó a dejarse llevar por sus impulsos...su interior le gritaba que por fin le confesara todo lo que sentía mientras que su corazón palpitaba emocionado sintiendo que le faltaba el aliento. Tomando valor, elevó su mano hasta el rostro mismo que tanto adoraba y con delicadeza le regaló una suave caricia...aunque su mano temblaba de emoción, podía sentir la suave piel de su mejilla. Con sus dedos, exploraba el rostro de su amada mientras su mente le gritaba la gran necesidad que sentía por besarla.
Tomando control de sus emociones, dejó escapar un gran suspiro y se acercó a ella lentamente... hasta que sus rostros casi se tocaron y con mucho auto control, desvió sus labios hacia arriba depositando un casto beso en la frente de la chica. Fue un acto delicado que los hizo a ambos sentir como si estuvieran flotando, como si pertenecieran a otra realidad.
Ella había cerrado sus ojos temiendo lo que sucedería y sintió escalofríos recorrer todo su ser al sentir ese tenue y dulce contacto. Mientras que Stear impregnaba en ese beso toda la pasión contenida desde hacía tiempo...algo de lo mucho que había guardado se desató en ese momento; este leve roce fue más que suficiente para que ella sintiera la fuerza de ese amor contenido. Era como una llovizna que hubiera caído silenciosamente sin haberse hecho notar por mucho tiempo y que ahora era capaz de desbordar grandes ríos.
Al separarse él, la chica lentamente abrió los ojos para encontrarse con aquellos que le profesaban tanto amor...sin poder controlarse y aún con estremecimiento, se alejó un poco del joven. Pero Stear no estaba dispuesto a dejarla ir, aún no...por lo que la sujeto de la mano y con delicadeza tomándola entre las suyas la beso diciéndole,
-Eres muy importante para mi...aún en la distancia, si me necesitas házmelo saber y sin demora vendré a tu lado. Soy uno de tus paladines y te pido que nunca lo olvides...esta será nuestra despedida, una muy personal y especial...sólo entre nosotros. Mañana no tendremos tiempo y todo se dará muy rápido...así que, ¡hasta que nos volvamos a ver Candy!- finalizó con emoción sujetando conmocionado su mano y depositando otro fugaz beso.
Ella se había quedado muda ante las emotiva palabras y sólo con un asentimiento de cabeza le respondió al tiempo que dio unos pasos hacia atrás separando su mano de las de él y cuando ya había dado unos pasos para alejarse, se volvió para mirarlo diciendo:
-¡Adiós Stear!- y tanto como su largo vestido se lo permitió, salió corriendo del lugar a toda prisa mientras las lágrimas rodaban por su rostro...parecía un ángel desapareciendo en la oscuridad de la noche.
El inventor la dejó ir porque que sabía bien que sus acciones fueron muy audaces y que en esta ocasión habían ido muy lejos... casi le declaró lo que sentía por ella y si no hubiera sido por su gran fuerza de voluntad, su vulnerabilidad ante Candy lo hubiera hecho confesarle todo lo que guardaba por dentro.
Suspiró hondamente y se dirigió en sentido contrario a donde la chica se había dirigido...con una gran sonrisa dibujada en su rostro, el enamorado joven empezó a caminar con sus manos en los bolsillos y silbando de alegría ante los vívidos recuerdos que habían ocurrido tan sólo unos minutos antes, se sentía muy feliz!...por fin se había acercado a ella y aunque fueron tan sólo unos escasos minutos, sintió como la distancia entre ellos que los separaba emocionalmente, se iba rompiendo poco a poco...este fue un gran paso para alguien tan tímido como lo era él.
Tal y como el inventor se lo dijo, esa noche los dos se despidieron de una forma especial, de una manera en que Candy no olvidaría tan fácilmente y que había dejado una profunda huella en su corazón. Con este encuentro, Stear finalmente le daba un claro indicio a la chica de lo que él sentía por ella y solamente era cuestión de que la rubia tomara verdadera conciencia de ello.
Esa noche ambos regresaron a sus habitaciones para sufrir con un viejo amigo de los enamorados: el insomnio. Con todo lo ocurrido en el jardín, bajo esa luz de luna que aún los cubría a través de la ventana...sus pensamientos volaron hacia esos momentos tan especiales y únicos que habían compartido. Y aunque los dos experimentaban una increíble sensación, la magia a veces era empañada por los miedos que sentían...Stear el de ser rechazado y Candy el de no estar segura por completo de sus sentimientos hacia el inventor.
La mañana por fin había llegado y con ella se escuchaban los pasos de la servidumbre por toda la mansión. Mientras que unos llevaban las maletas a los coches otros seguían las órdenes de la Tia Elroy quien los dirigía para preparar las cosas de último minuto.
Con todo este alboroto por los pasillos, Candy se fue despertando. Como no pudo dormir en toda la noche y sólo concilió el sueño hasta antes de despuntar el alba, se sentía cansada y permaneció en la cama por unos momentos más. No fue sino hasta que Dorothy entró que se dio cuenta de lo tarde que era, así que tomó un baño rápidamente y se vistió a toda prisa.
Cuando bajó se encontró de frente con la Tia Abuela quien le llamó la atención por no haber bajado a desayunar...en sus adentros ella misma se reprochaba el no haber bajado a tiempo y disfrutar del desayuno con los hermanos.
Sin embargo, ya era el momento de despedirse y la Tia Elroy se encaminó con ella hasta la puerta. Nerviosa como estaba, esperó paciente a que Stear y Archie bajaran para tomar el auto que los llevaría hasta la estación de trenes.
Al primero que vieron bajar fue a Archie con George...el fiel hombre, como siempre, acompañaría a los jóvenes hasta su destino. Cuando estuvieron frente a las damas, Archie trataba de no mirar a Candy aún cuando la jovencita buscaba la oportunidad de decirle unas palabras...pero no pudo hacerlo. La Tia Abuela se la pasó aconsejando a su sobrino, repitiendo las mil y una precauciones que el joven debía tener en cuenta para el viaje y en su nueva vida en el colegio.
En eso, otra figura se acercó a ellos distraídamente, era Stear quien colocaba unos documentos en su portafolio. Al acercarse lo suficiente, distinguió a la rubia y su corazón empezó a latir con fuerza al recordar la emotiva despedida que habían tenido la noche anterior...así que al llegar a donde estaban todos, se colocó a su lado y la miraba muy nervioso.
George al mirar su reloj les indicó a todos que el momento de partir había llegado. Conmovida por la despedida, Emilia se despidió de ambos jóvenes, encomendándolos a los cielos para que los cuidaran y protegieran...luego, como toda madre que despide a un hijo, abrazó emotivamente a Archie pidiéndole que anduviera con todo cuidado y con súplica, le instó a que se mantuviera en contacto permanente con ella escribiéndole cuanto pudiera.
A continuación se dirigió a Stear y le pidió que cuidara de su hermano y que lo ponía a cargo de todo. Seguidamente también lo abrazó y fue entonces que las lágrimas se dibujaron en el rostro de la anciana...los hermanos entonces supieron que esta despedida en verdad estaba afectando emocionalmente a su querida Tia.
Sin embargo, cuando tuvo que despedirse de Candy, Archibald sólo la miró por instante y tomando su mano la besó...esa despedida fue muy breve, ajena a toda emoción y sintiéndose muy fría. Al mismo tiempo, la Tia Abuela observaba todo con beneplácito...parecía que los sentimientos de su sobrino pon fin se habían apaciguado. Pero cuando llegó el turno del inventor y al momento de tomar la mano de la chica, ambos sintieron como si una corriente eléctrica los invadiera y con suma delicadeza, se la llevó a los labios que la besaron dulcemente mientras la miraba.
Al sentirse invadida por la emoción, ahora Candy entendía el porqué Stear le dijo la noche anterior que su verdadera despedida era la que tuvieron en el jardín...ante la mirada severa de la Tia y la de seriedad de George, junto con la de indiferencia de Archie, ellos sólo pudieron tener este breve contacto. Los abrazos estaban fuera de lugar frente a la Tia Elroy, pero aún así sus ojos se encontraron para abrazarse en la intimidad mientras se decían hasta pronto.
Así que cuando los jóvenes abordaron la limusina con George, Stear desde la ventanilla no apartaba la vista de Candy y cuando el auto arrancó, levantó su mano para decirle adiós. Ella conmocionada, elevó la suya y con emoción la agitaba para despedirlos...sobre todo a su querido inventor. Y mientras el auto desaparecía por los jardines de la mansión, el corazón de Candy le gritaba cuánto extrañaría a ese joven de lentes que se volvía para mirarla.
Una vez que el auto se perdió de vista, la Tia Abuela se encaminó hacia la puerta dejando a la chica con sus pensamientos y la tristeza de un adiós. Sin percatarse de ello, la joven ignoraba que un hilo invisible pero poderoso la unía ahora con Stear y ninguno de los dos sabía lo mucho que esto les ayudaría en el futuro...muy pronto ambos tendrían que confiar en los sentimientos que se profesaban ya que una terrible noticia pronto sacudiría a la familia y en esa conmoción Candy sería el epicentro.
Notas:
Hola a todos! Espero que estén bien dondequiera que se encuentren.
El capitulo que les traigo en esta ocasión, me gustó mucho y lo agregué pensando en todas las chicas que me dijeron que querían más escenas entre Stear y Candy.
Muchas gracias por seguir leyendo pero sobre todo por comentar, me emociona mucho leer lo que me hacen llegar!
Les mando un abrazo enorme y mis mejores deseos para este fin de semana!
Adriana
