Solo la trama y alguno de los personajes son míos, los demás ya sabéis de quien son.

Capitulo sin betear, si os encontráis con algún fallito, no me lo tengáis en cuenta, lo he repasado dos veces, pero el cerebro las habrá pasado de largo.

Espero que disfrutéis del capítulo y nos leemos abajo.

Capítulo 31. Pensé que sería algo mucho más sencillo.

POV Ana

Un prado verde se extiende ante mí, al fondo una chica vestida de novia me da la espalda. Se me hace conocida. La curiosidad puede más que la prudencia y me acerco a ella poco a poco. Está próxima a unos acantilados que dan al mar.

El océano Pacifico está tranquilo, la tranquilidad me abruma y me asusta por partes iguales. Esta calma no es normal, ni siquiera corre el aire, ni se oye el piar de los pájaros. Con pasos firmes me acerco a la novia, que al oír como me acerco se va girando.

—¡Rachel! —exclamo cuando se gira completamente.

—Hola Ana — su voz es baja, la oigo lejana, como si me estuviera hablando desde el más allá.

—¿Por qué tuviste que irte? —le escupo en la cara, como si ella tuviera culpa que el gilipollas borracho se saltara el semáforo.

—Ana, no quiero que Bella, Matt y tú os culpéis por mi muerte — dice Rachel —ninguno de los tres tuvo la culpa

Mi prima y yo después de presenciar el accidente que mató a Rachel hace ya cuatro o cinco años, tuvimos que acudir a citas con el psicólogo para poder olvidar lo que vimos, y eso que no vimos a Rachel y a su padre. También le aconsejaron a Matt acudir pero él se negó.

—Bella y yo hemos conseguido olvidar el accidente —digo, al menos ya no necesitamos ir a terapia.

—Pero tú hermano no, y lo mejor que le pudo pasar es que no llegáramos a casarnos.

—¿Cómo puedes decir eso? —Digo cabreada — Estabais los dos muy enamorados, erais el uno para el otro.

—Hubiéramos acabado haciéndonos daño —se sienta en el suelo con el vestido de novia, yo me siento también — a la larga, hubiéramos dejado de ser felices.

—¿Por qué?

—Tú hermano quería formar una familia, y yo no se la hubiera podido dar.

—¿Eras estéril? —pregunto incrédula.

—Sí.

—Pero podríais haber adoptado, joder. — Me levanto porque necesito pasearme para no ahorcar con mis propias manos a esta chica—. Rachel, mi hermano está hecho una piltrafa desde que te enterramos. —Digo intentando que comprenda que no puede decirme que está bien que se haya muerto—. Hemos intentado presentarle chicas y a todas las ha espantado.

—No os preocupéis que pronto aparecerá la indicada para él.

—¿No podrías decirme quien es para que aceleremos el proceso? —pregunto ya que estoy harta de ver a mi hermano con cara de besugo.

—No, todo vendrá a su debido tiempo.

Lo siguiente que sé de Rachel es que se lanza por el acantilado intento ir a por ella, pero no me da tiempo a pararla. De pronto me despierto empapada en sudor. Joder ¿todo era un puto sueño? Espero al menos que parte del sueño, lo último, eso de que hay una chica para mi hermano y que llegará pronto, espero que sea cierto.

—¿Estás bien? —me pregunta mi chico.

—He tenido un sueño muy raro.

—¿Me lo quieres contar? — pregunta indeciso, puesto que él no es muy de estas cosas.

Se lo cuento con todos los detalles, no es fácil soñar con tu ex cuñada muerta. Hacía tiempo que no tenía sueños o pesadillas.

—Bueno ya está, olvídate —me dice — es imposible que tú hermano encuentre una pareja si no la busca.

—No sé qué pensar.

—De momento, no pienses nada —me besa — duérmete otra vez que mañana madrugamos para ir a trabajar, ven aquí si estarás mejor.

Me acurruco junto a él y poco a poco me vuelvo a quedar dormida, a pesar de nuestras discusiones, Christian es como un bálsamo para mí.

Los días pasan, y el sueño con Rachel pasa al rincón más apartado de mi memoria. No lo he hablado con ninguna de mis amigas y Christian tampoco ha abierto la boca, como si a él le interesara que alguien supiera que su novia sueña con su cuñada muerta, pues eso le faltaba para su reputación de hombre de negocios.

Hablando de mis amigas, que cuando quieren son unas tocapelotas de narices, me están pinchando para que ponga fecha de boda. Todas ellas ya han pasado por el altar, la última en hacerlo fue mi prima, que ahora estará disfrutando de su marido en sus últimos días de su luna de miel. Yo, a pesar de leer cientos de libros donde las protagonistas se casan, no he sentido la llamada de vestirme de blanco, puede que cuando fuera pequeña sí, pero crecí. Christian y yo, hemos estado hablando sobre ello y ambos estamos de acuerdo, quedarnos como estamos y en caso de tener un hijo constituirnos como pareja de hecho, y desde que estás pedorras están pinchándome lo tengo más claro, no casarme.

Después del fiasco de la boda de mi hermano no quiero pasar por lo mismo, así que no quiero casarme. Además te gastas un dineral para estar en una fiesta donde no te enteras de lo que está pasando porque los nervios no te dejan disfrutar. "¿Y la luna de miel?" Me puedo ir de viaje siempre que me dé la gana.

Los días siguen pasando, y como todos los meses, hoy es el día de reunión de las Winx, aprovechando que hace unos días Bella volvió de su viaje. Acudo a casa de mi primo, se ha convertido en nuestro cuartel general desde que Rose se unió a nosotras y nacieron los bollitos, sus padres dicen que son responsabilidad suya y si no es necesario no acuden a los abuelos para que se los cuiden.

Soy la última en llegar y al entrar Andrei y Page se me tiran encima, cual Koalas enganchados a un árbol. Los dos son muy cariñosos cuando conocen a las personas y a nosotros nos tienen demasiado vistos. Cuando me los quito de encima, saludo a mis amigas, que ya tienen la mesa puesta. Pido disculpas por mi tardanza, pero cuando se es joven y vives en pareja los placeres de la carne se deben satisfacer, y últimamente mi novio parece estar en celo, porque no me lo despego ni con agua caliente.

—En este grupo ya hace falta una gran fiesta —propone Kate

—Yo no estoy para muchas fiestas. —Alice se señala el abultado vientre, aunque aún no ha salido de cuentas, poco le falta.

—¿Aun no te ha pedido que te cases con él? —insiste Bella, hace un ratito el tema bodorrio ha vuelto a salir a la luz.

—No, estoy cansada de deciros que no queremos casarnos.

—Bella no insistas más, si han decido no casarse es una decisión suya —Rose interviene cortando lo que fuera que tuviera que decir mi prima en ese momento, ella se ha convertido en la voz de la experiencia.

—Pero no puede ser, Rose —es ahora Mía quien habla —Ana siempre ha querido casarse, no puede ser que de la noche a la mañana diga que no.

—Exacto, algo pasa ahí, y como el millonetis rey del universo, al que llamo cuñado tenga algo que ver le daré una paliza —dice Kate, causando la risa de todas.

—Christian no tiene nada que ver —respondo — mi perspectiva sobre las bodas cambió cuando pasó lo de Rachel.

Ellas intentan hacerme ver que eso no tiene por qué pasarme a mí, y parece que lo logran en parte. Después la charla se centra en la vida del resto y eso es algo que agradezco, porque me están agobiando, y la olla a presión en la que se está convirtiendo mi cabeza está a punto de explotar.

—Oh, Oh —dice Alice levantándose de la silla.

—Tía que cochina eres, te has meado encima —dice Kate, tan bruta como siempre.

—Mierda Kate, no se ha meado, creo que ha roto aguas —le digo, buscando a Rose con la mirada — ¿Estás bien Alice?

—De momento sí —me responde, al parecer los dolores previos todavía no han aparecido, o no los tiene tan dolorosos.

—Deberíamos de hacer algo ¿no? —dice Mía apareciendo con el mocho para recoger el charquito que Alice tiene bajo sus pies.

En ese momento aparecen Rose y Bella que estaban acostando a los niños, ambas quedan petrificadas al ver la escena de las cuatro, debemos ser un cuadro.

—Mierda ¿ya viene? —dice Rose.

—Parece —responde Bella

—Vale, organización. Yo me llevo a Alice al hospital, Ana vente conmigo.— Rose se pone en plan "ordeno y mando", cuando está así, hay que hacerle caso.— Kate y Mía, quedaros con mis hijos, hasta que lleguen mis suegros o su padre. Bella, ves a casa de Alice y coge las cosas que tiene preparadas para ella y el bebé. Y tú —ahora me mira a mí — desde el coche vas llamando a mi hermano, mis padres, Carlisle y a Emmett.

Después de esto todas nos movilizamos, no me cuesta nada localizar a las personas que tengo que localizar. Jasper y Emmett están juntos, por lo que me he ahorrado una llamada y que tengan que ingresar a Jasper por traumatismo craneoencefálico. Carlisle está trabajando, así que cuando le llamo, me dice que estará esperando a su hija con el ginecólogo que la ha estado llevando durante el embarazo. Y Peter y Charlotte también los localizo en seguida, y ellos se encargan de pasar por Esme, y avisar a Renée y Charlie para qué se queden con los bollos. Después de 18 horas de parto, Leonard Carter Hale Cullen nos dice hola por primera vez.

—Ya tenemos otro bebé en el grupo —le digo a Christian, ambos estamos sentados en el sofá, al día siguiente del nacimiento de Leo.

—Eso parece, pronto vendrá la rebelión del pañal cagado.

—Que desagradable eres.

—Es verdad Ana, primero ha sido la rebelión de las argollas doradas, todos se han casado—menos mi hermano, pienso para mí— y ahora los hijos ¿Qué será lo próximo?

—Y ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué nos casemos?

—Pues deberíamos.

—Casémonos entonces —respondo no muy convencida —pero algo sencillo por favor.

—Bien, mañana iremos a comprarte un anillo y ya lo miramos todo

Es el primer día que salgo con mi madre a mirar vestidos de novia, y se supone que debería estar feliz como una perdiz. Sin embargo, la salida está siendo nefasta, no me siento con ánimos para buscar el vestido de princesa. Y lo descubro cuando al entrar a la tienda, la dependienta tras enseñarme y probarme, al menos, diez de los vestidos que tenían en stock, se los ha vuelto a llevar.

—Ana ¿Qué te pasa hoy? —me pregunta mi madre. — no te ha gustado ninguno de los vestidos que he elegido para ti, y si no hubiera sido por eso no te hubieras probado ninguno porque ni siquiera has mirado —ruedo los ojos — bueno si has estado mirando pero sin ver.

—Mamá no me encuentro bien.

—¿Estás enferma? —aún no ha terminado de hablar y ya tiene su mano sobre mi frente para saber si tengo fiebre. Una mamá no se quita el traje de mamá, aunque su hijo tenga cincuenta años.

—No es eso, que no me encuentro bien con esto —respondo señalando a la tienda que la tenemos a nuestra espalda — con lo de la boda.

—¿Has discutido con Christian otra vez? —últimamente discutíamos por casi todo, el tema de la boda nos tiene con los nervios a flor de piel.

—No —para una vez que mi chico no tiene la culpa, van y se la echan — estamos preparándola y no siento que sea mi boda.

—No te entiendo

—Joder mamá, que nosotros no queríamos esto, hemos pasado de no casarnos, a casarnos en una ceremonia civil solo él y yo, para terminar con un bodorrio por la iglesia digna de una princesa.

—¿Y por qué te casas entonces? Christian te lo pidió, será porque quería.

—Me lo pidió porque le estaban presionando con indirectas primero y con directas muy muy directas después.

—¿Entonces no quiere casarse contigo?

—No me saques las cosas de contexto por favor, invítame a comer y hablamos.

En la comida me sincero con mi madre, esta charla me hacía falta. Me he abrumado con tanto cambio brusco. Cuando era pequeña, soñaba con una boda de cuento de hadas. Conforme fui creciendo eso pasó a segundo plano, con casarme con Christian, que era el amor de mi vida, tenía más que suficiente, aunque si podía ser una bonita boda mejor. Luego pasó lo de Rachel y Matt y eso me desilusionó por completo.

Tanto que mi chico y yo habíamos decidido vivir en pecado de forma indefinida, como nos acusó la abuela de Christian. Ni siquiera que mis amigas estuvieran casadas me hacía cambiar de opinión para pasar yo por el altar. Pero la presión de la familia y amigos que no hacían más que insistir que cuando era nuestro turno, nos medio obligaron a planear una boda. De la noche a la mañana mi novio se declaró y me convenció para una boda por la iglesia.

—Y como no queríamos nada ostentoso, pensamos casarnos por lo civil. Solo un par de testigos, él y yo. —Le cuento a mi madre mientras nos tomamos el café ahora mucho más calmada— si no hubiera sido, porque las chicas me llenaron la cabeza de pajaritos, tú estabas también deseando preparar una boda, a Christian le estaban también pinchando para ver cuando se casaba, no hubiéramos decidido casarnos. De hecho lo decidimos entre los dos, no me lo pidió.

—Perdona por querer que uno de mis hijos se case — dice enfurruñada — ¿Y cómo es eso que no ibais a celebrar nada? ¿No pensabais invitar a la familia?

—Sí mamá, nos íbamos a casar en el juzgado nosotros dos con los testigos, y luego os invitaríamos a comer, pero solo a los más allegados.

—Ah —su rostro me indica que se ha quedado despagada con lo que le he dicho, pero bueno eso no va a ocurrir, porque me toca casarme como si fuera una princesa, me extraña que no hayan anunciado a bombo y platillo nuestro enlace.

—Pero de la noche a la mañana me sale con una pedida de mano monumental y diciendo que nos casemos por la iglesia con toda la familia presente. No sé qué bicho le picó.

—Pues hija no sé.

—¿Continuamos? — digo con una sonrisa, me encuentro un poco mejor, aunque no las tengo todas conmigo quiero ver si encuentro el vestido perfecto.

Después de estar horas en la tienda, probarme infinidad de vestidos, no he conseguido encontrar el que está destinado para mí, así que nos vamos de allí con las manos vacías y yo salgo frustrada. Supongo que no era el día de ir a buscar vestidos. Pero volveré.

Tras dejar a mi madre en su casa me dirijo a la mía, que no es realmente una casa, es un piso en lo más alto del edificio más céntrico de la ciudad. Mi prometido, está en el salón viendo la tele, me sonríe cuando me ve.

—¿Qué tal? —le había dicho que iba con mi madre a por el vestido blanco.

—De puta pena —respondo sentándome a su lado — no tengo ilusión por esta boda, la estoy preparando como si no fuera mía.

—¿No quieres casarte?

—Sí quiero, pero todos estos cambios me han desbordado.

—Ya cielo pero sino nos casamos, nos van a seguir pinchando para que lo hagamos —me dice colocando un brazo sobre mis hombros.

—¿Y no podemos hacerlo un poco más íntimo? —el niega con la cabeza.

Ha llegado el día, hoy seré la señora de Christian Grey. Estoy nerviosa, los nervios me recorren de la cabeza a los pies, tuve dudas. Las chicas están preparadas con sus vestidos morados, no sé si aptos o no para la moral de la iglesia porque tienen un escote que no sé yo si la abuela de mi chico lo aprobaría. Ellas me miran, la única que no está aquí con nosotras es Alice porque su pequeño la reclama cada poco tiempo. No sé cómo Jasper no ha pedido una orden de alejamiento de su propio hijo por quitarle la atención de su mujer.

Las Winx se colocan delante de mí con sus chicos, incluso mis hermanos también están en la comitiva que me precede, los únicos que no han salido han sido los bollos porque no han querido y yo no pensaba obligarlos. Matt y Sam están emparejados con unas primas de Christian ambas solteras. Y Paul y Emily forman una pareja. Yo voy del brazo de mi padre. Y si alguien me preguntara por los anillos, no sé quién los tiene.

La marcha nupcial de Mendelssohn comienza a sonar, las puertas de la iglesia se abren y las chicas van entrando. Sin prisas pero sin pausas, van llegando al altar y se van separando, ellas se van a la izquierda y ellos a la derecha. Mi señal para salir del brazo de mi padre es cuando mi hermana está a mitad de pasillo. Es en ese momento cuando comienzo a dar un paso delante del otro. Mi padre tiene que frenarme, porque si no, hubiera llegado en un pis pas al altar.

—Ya te llevaste un tesoro de mi casa, cuídala con tu vida —le dice mi padre cuando llegamos a la altura de Christian.

—Lo haré –responde él, aunque no es una pregunta, yo solo puedo rodar los ojos.

Mi padre va a sentarse al lado de mi madre que ya está llorando casi a moco tendido. Cuando nos sentamos el reverendo empieza una misa de la que no me entero, menos mal que es muy breve, porque eso a mí no me va. Cuando me quiero dar cuenta ya estamos diciendo nuestros votos. En primer lugar es él quien los dice.

—Yo te elijo: para caminar a tu lado y dormir en tus brazos, para ser alegría para tu corazón y alimento para tu alma, para aprender de ti y crecer contigo, incluso cuando la vida nos cambie a los dos. Te prometo reír contigo en los buenos momentos y llorar junto a ti en los malos. Prometo respetarte y apreciarte como individuo, como compañera y como un igual, sabiendo que no te completo, sino que te complemento, exactamente del mismo modo en que tú lo haces conmigo. Prometo tener mil aventuras contigo e intentar hacerte feliz cada uno de los días del resto de nuestras vidas —Christian sonríe, y yo como una tonta romanticona suelto un par de lagrimillas.

—Prometo ser siempre tu mayor admiradora. Crearemos una familia juntos, que se basará en la risa, la paciencia, la comprensión y el amor. Prometo no solo hacerme vieja a tu lado, sino también crecer junto a ti. Te amaré cada día a través de los días tranquilos, así como a través de los días tormentosos, ayudándote en los momentos de duda y apoyándote en los momentos de decisión. Así como te di mi mano para que la cogieras, hoy te entrego mi alma, para que hagas con ella lo que más quieras.

Y luego ya el reverendo nos declara marido y mujer, ya soy oficialmente Anastasia Grey ante los ojos de Dios y del mundo, bueno faltará pasar por el órgano correspondiente para dejar las cosas claras, pero seguro que mi sexy maridito pondrá a sus abogados a trabajar en ello.

Tanto la ceremonia como el banquete se me pasan volando, es lo que tiene ser la novia en una boda, que están tan pero tan tan tan… que no te enteras de nada ese día, y hoy soy yo la protagonista del cuento, menos mal que me están haciendo un video, el cual tendré que ver para enterarme de que ha pasado, porque cuando me quiero dar cuenta ya estoy metida en la cama haciendo el amor con Christian.

POV Christian

Joder las cosas se ponen chungas, al final Ana y yo nos casamos. ¿Cuándo? No lo sé ¿Dónde? No lo sé ¿Por qué? Pues porque la sociedad, llámese mi familia y amigos, nos han estado dando la paliza con eso y por no oírlos más, les vamos a dar el gusto. Ana y yo hemos hablado sobre ello y lo hemos decidido.

La cuestión que después de estar casi un mes sometidos al bombardeo de las indirectas o más bien directas de nuestro entorno cercano, un fin de semana que estábamos Ana y yo mirando una película le dije si quería que nos casáramos para acallar al populacho, ella dijo que sí porque se estaba agobiando y la entendía porque a mí me pasaba lo mismo. "Algo sencillo, una boda civil" me dijo. Y yo que no quiero un gran evento… En fin pues al parecer cuando Ana les contó a las chicas como le propuse matrimonio no les pareció bien, y mi hermana me abordó en mi despacho.

No voy a casarme por la iglesia, Mía —le respondo a mi hermana, que se ha puesto pesada con el tema de la boda. Si ya nos están obligando a casarnos, encima ahora tenemos que hacerlo por la iglesia.

Pues si no te casas por la iglesia no cobrarás el fideicomiso de la abuela.

¿Qué? —eso me hace prestarle atención.

Lo que has oído— dice mirándome —tienes que casarte por la iglesia para que la abuela te dé el dinero.

¿Cómo sabes eso?

A parte de porque ya me he casado y he cobrado mi parte —dice risueña —la escuché hablando con una amiga suya, un verano que estuvimos con ellos en Tacoma.

¿Sabes que no se deben escuchar conversaciones ajenas? —le digo riéndome.

Bueno que se hubiera encerrado en su cuarto para hablar por teléfono.

Entonces le pido que me cuente lo que dijo mi abuela en esa llamada. No era otra cosa que le entregaría parte de su dinero al nieto que se casara por la iglesia, había creado fideicomisos para todos sus nietos con la condición que solo serían cobrados cuando estos contrajeran matrimonio eclesiástico. Es lo que tiene, cuando tu abuela es creyente y además practicante, de las que van a misa todos los domingos, y hacen cosas con la iglesia.

Pero no le puedes decir nada a Ana, hasta que no hayas cobrado el dinero.

Pues a ver como la convenzo para casarse por la iglesia. —Conociendo a mi novia será difícil — está en modo negación a las bodas después de lo de Matt.

Pon tu imaginación a volar hermanito.

Diciendo eso se va dejándome solo en mi despacho. Joder habíamos pasado de no casarnos, a tener una boda civil y ahora tenía que convencer a mi chica para casarnos por la iglesia.

Lo más fuerte de todo esto, es que me obligan a hacer una declaración de matrimonio, digna de aparecer en una novela o una película pastelosa ¿no vale conforme se lo pedí? Lo que más me jode es que le pido ayuda y la muy hija de su madre biológica, me dice que me apañe solo. ¿Ella no se ha dado cuenta que yo soy el Grinch de lo romántico?, ¿Qué hasta que no llegó Ana no había tenido una relación formal, con ninguna chica?

"¿Y Elena?" Bueno lo mío con Elena fue una relación formal basada en cariño y sexo, pero no requería mucho romanticismo porque la chica tampoco quería flores, corazones y música de violines alrededor todo el rato. "¿Y Ana sí?" Tampoco, pero yo quiero ser más romántico para ella, quiero ser detallista porque lo que yo siento por ella es amor

Nosotros vivimos juntos y habíamos decidido quedarnos así por tiempo indefinido es decir sin casarnos, estábamos bien. En caso de tener hijos, pues ya hablaríamos de hacernos pareja de hecho, para en caso que me pasara algo, o a ella, el tema del niño estuviera cubierto. Pero nuestras familias y amigos se habían puesto pesaditos con el tema de la boda, las chicas a Ana le habían estado diciendo que cuando la verían vestida de blanco. Y a mí los chicos que cuando nos iríamos de despedida, que ya tocaba irse de fiesta, como si no pudieran irse de fiesta sin el pretexto de una boda de por medio.

Por otro lado nuestras madres, sobre todo mi suegra, también tenían ganas de ir de boda, y le tiraba indirectas a su hija. Lo de Carla lo entiendo porque, la boda de su hijo no salió muy bien, además, no es lo mismo preparar la boda de una chica que la de un chico. Mi madre como ya había pasado por la boda de un hijo y una hija, no tenía tanta prisa porque yo me casara, pero se la podía ver con ilusión en sus ojos.

—Estoy hastiado—digo entrando en casa de mis padres

—¿Qué te pasa cariño?

—Nada mamá, esto de la boda que se nos está yendo de las manos —respondo sentándome con ella en la sala de estar.— Ana y yo estamos alterados y discutimos mucho.

—Tienes ganas de que pase, ¿Verdad? —me dice llamando a su asistenta para que nos traiga café.

—Ana y yo no queríamos casarnos, nos estamos viendo obligados.

—¿Y por qué os casáis?

—A ver, si queremos casarnos, pero nos hubiera gustado algo más sencillo. Incluso nos hubiera venido bien irnos a Las Vegas y casarnos allí.

—Pues haberlo hecho.

—Hemos pensando en la abuela, que ella le gusta que sus nietos se casen. Y pensando que ya está mayor, no quiero darle un disgusto.

En este momento si fuera un dibujo animado, me saldría en mi hombro un demonio riéndose por la mentira que le acabo de soltar a mi madre. Y en el otro un ángel reprendiéndome por lo mismo.

—Ay cariño, la abuela entendería que no os casarais—. Si claro la vieja lo entendería, yo creo que la mujer iba para monja, pero debió conocer a mi abuelo y pudo más el placer de la carne.

—Bueno ahora ya está hecho mamá.

La tarde con mi madre me relaja de todo el estrés del trabajo, es una mierda llevar una empresa tú solo, pero bueno es lo que tiene, menos mal que mi mano derecha está a un solo silbido. Esa mujer es todo un portento, y pensar que me la quería tirar, menos mal que al final no lo hice, porque se hubiera jodido nuestro trato "Gilipollas es lesbiana, es imposible que te la tires"

Cuando llego a casa, Ana todavía no ha llegado, o bien está con su madre o con las chicas, no me preocupa. Llamo a mi mano derecha, la necesito. Ya que mi hermana no me echa una mano, y a los chicos no les quiero preguntar, ella es mi mejor opción.

De camino para encontrarme con Dakota he hablado con el reverendo que tiene que oficiar nuestra boda y ha mirado en su agenda a ver cuándo tiene hueco. Con el día en el bolsillo, me pongo manos a la obra. No quiero que Ana se ponga con los preparativos, porque la veo agobiada, "pero digo que ella también tendrá que opinar ¿no?"

Hasta ahora solo habíamos hablado de en qué salones queríamos celebrar nuestra boda, pero no teníamos día definido. Ahora que ya tengo el día, solo espero que sea el día de mi boda y no el de mi funeral, no sea que mi casi prometida me mate antes de hora, tendremos que buscar el salón de banquetes.

—¿Qué necesitas de mí?

—Quiero que me ayudes, tengo que pedirle a mi chica matrimonio de la manera más pomposa y no sé cómo hacerlo.

—¿Y piensas que yo sí?

—Pues no tengo idea, pero podrías —le digo cuando estamos cara a cara —eres una chica aunque seas lesbiana, y las mujeres entendéis más de cosas romanticonas de esas.

—Bueno pongámonos manos a la obra.

Dakota y yo nos ponemos a trabajar, por separado somos imparables, pero juntos somos una bomba de relojería. En menos de tres horas de reunión ya sé cómo voy a pedirle matrimonio a mi prometida, porque no hay que olvidar que ella ya me ha dicho que sí, lo único que hay que hacer es pedírselo de otra forma más romántica, de alguna forma que haga feliz a las cotillas de las amigas de mi chica.

Así que cuando me despido de Dakota me voy a casa mucho más tranquilo. Mañana empezaré a prepararlo todo para cuanto antes hacer la petición oficial, y luego comenzar el resto de preparativos. ¿Las que se ponen nerviosas con esto no son las novias? Porque yo estoy temblando como un flan.

Ha llegado el día de la declaración, hoy comienza el fin de semana y el tiempo acompaña, por algo estamos en verano. Invito a Ana a desayunar, al ser sábado y domingo la chica que viene a casa a hacer las tareas, tiene el día libre (por orden de mi mujer) y hoy no quiero que ella haga nada. He preparado una pequeña maleta con lo necesario para lo que vamos a hacer el fin de semana, lo vamos a pasar fuera, en realidad la preparé ayer, soy un poco inútil pero sabría sobrevivir.

Le he pedido a mi mujer que se ponga el bikini y como a Ana le gusta desafiarme, ella se pone el más pequeño que tiene ese en el que casi se le salen los pechos y tiene medio culo fuera. Menos mal que solo yo puedo tocar la mercancía, los demás solo podrán hacerse una paja imaginándose el resto, en caso de que alguien la vea. Debería pensar en darle un castiguito por ponerme duro como una piedra, pero aunque lo hiciera creo que nunca aprendería, esta chica me parece que es un espíritu libre. "Que te dispersas chaval" Que si pesada, odio a mi consciencia. Al llegar a la playa, la paso de largo en dirección al puerto.

—La playa, estaba allí detrás.

—Igual no vamos a la playa.

—¿Entonces para qué narices me dices que me ponga el bikini?

—Ahora lo verás impaciente.

Llego al puerto y tras aparcar en el sitio donde lo dejo siempre que vengo, cojo las maletas, la de Ana y la mía. Me dirijo al muelle donde tengo anclado El Grace, un yate de 16,30m de eslora.

—¿Y esto?

—Un yate.

—Ya sé que es un yate imbécil— me dice Ana dándome una colleja— ¿pero de quién es?

—Mío, bueno nuestro.— No habíamos firmado un convenio prenupcial, por lo que todo era de los dos, así que la mitad de mi fortuna era suya y la mitad de la suya era mía, este hecho había ocasionado una discusión entre nuestros padres, porque claro mi suegro no quería que su hija perdiera su participación en el banco y mi padre no quería que yo perdiera mi empresa, pero yo espero que mi matrimonio dure toda la vida y si en algún momento nos divorciamos, que ya tengamos hijos en común.

—¿Enserio? ¿Has comprado un yate? —yo solo asiento —¿y sabes manejarlo?

Vuelvo a asentir mientras subo con las maletas a cuestas y la ayudo a subir después. Preparo todo para levar anclas. Me pongo en medio del mar, el Estrecho de Puget nos rodea, al fondo Seattle. Tomamos el sol, comemos lo que nos han preparado los del catering, nos bañamos en el mar y con el comienzo del atardecer ha llegado el momento de ponerse romántico.

—Voy un momento al baño— le digo a Ana, que está tomando los últimos rayos del sol —estate atenta por si viene alguien.

—¿Quién va a venir? —pregunta.

—No lo sé pero por si las moscas.

Voy a la habitación para llamar a mi contacto y darle las coordenadas. De paso cojo la cajita de terciopelo de Bulgari donde descansa el anillo Griffe en platino con diamante talla corazón y dos diamantes laterales. La dependienta me dijo que era un engaste clásico que realza la belleza y la pureza del solitario. Me gustó y lo compré.

Salgo al oír el motor de la lancha. Me arrodillo detrás de Ana, que se ha puesto alerta al oír el motor. La lancha se pone delante de nosotros, en su lateral hay un pancarta con un rotulo que reza "Ana, ¿quieres casarte conmigo?". Ella se lleva las manos a la boca, supongo que se ha sorprendido.

—¿Qué respondes? —Hablo a su espalda, asustándola —¿quieres casarte conmigo?

—Creo que te he respondido ya como dos o tres veces —responde ella limpiándose las lágrimas que ha derramado— pero te vuelvo a decir que sí.

—Esta vez he tenido que pedírtelo de una forma más romántica.

—Me ha gustado mucho, Christian.— se abalanza sobre mí después de ponerle el anillo en el dedo.

El resto del fin de semana no hace falta contar lo que hemos estado haciendo, si no fuera porque Ana se está tomando la píldora, seguramente en alguno de esos dos días hubiéramos engendrado a nuestro primer retoño.

—Y ¿Qué haremos para tu despedida de soltero? —me pregunta Matt, en él queda claro lo que es el vínculo de amistad, está soltero y aquí sigue con nosotros.

—Ni idea, las despedidas son cosas de los amigos —respondo riéndome. —Si vais a hablar de eso yo ni siquiera debería estar aquí.

—Ya pero estos cabrones, ahora tienen la mente en otro sitio —cuando termina de decir eso una lluvia de ganchitos nos cae encima, ambos estamos sentados en el mismo sillón — no os quejéis que sabéis que es así.

—Entonces nos tocará hacer las cosas como cuando éramos adolescentes — respondo lanzándole yo también un ganchito.

—Ah no, que tú estás con mi hermana —me responde cuando se repone, él y yo éramos muy golfos — tus manos donde yo pueda verlas, cuñado.

—Oye yo no he dicho nada de tocar — "como si te fueras a contener" que he dicho que quiero ser fiel, coño. —Pero los ojos están para mirar. Como si Ana no mirara a cada tío que se le pasara por las narices.

—Qué suerte que puedas mirar a otras mujeres —dice Jasper.

—Como si tú no pudieras mirarlas —respondo a mi amigo — que estás casado pero no ciego.

—Nunca se me ocurrirá mirar a una mujer delante de la mía y más decir que está cañón, Alice me mata —dice simulando estar asustado, lo que nos hace reír a todos.

—Si pero seguro que ella bien que dice delante de ti, lo bueno que está fulano o como le gustaría tirarse a mengano — dice Emmett — a mí con Rose me pasa igual. Ella puede halagar, piropear, babear o todo lo que se os ocurra por cualquier tío, y decirlo o hacerlo delante de mí. Pero como se me ocurra a mí hacerlo delante de ella, me espera la tortura, me deja sin sexo.

—Pensaba que la rubia era peleona, y prefería matarte.

Si no fuera por estos ratos con mis amigos, sería un joven amargado por culpa del trabajo, y lo peor es que pagaría mi frustración con Ana.

—¿Y quedarse ella con los dos críos del demonio y la hipoteca? Ni hablar, antes se sacrifica ella quedándose sin sexo o teniendo que recurrir al sexo manual.

—Sois unos exagerados, yo con Bella no tengo ese problema, ella solo tiene ojos para mí, y yo para ella —dice Edward todo convencido.

—Eso es lo que tú crees —dice Matt —hay que tener cuidado con las silenciosas, esas son las más peligrosas, las matan callando.

—Pues yo a Mía la dejo mirar porque sé que me toca a mí —dice Ethan y le miro mal, cuantas veces le habré dicho que no quiero saber la vida sexual de mi hermana, pues él ni caso —espero que ella haga lo mismo.

—Kate y yo no tenemos ese problema —dice Elliot que era el único que aún no había dicho nada.

—Ahora dirás que vosotros no miráis.

—Sí, nosotros si lo hacemos y además a la cara del otro, y eso nos encabrona horrores —dice y todos lo miramos incrédulos, porque no hay otra pareja más rara como ellos, creo que por eso han acabado juntos — no os voy a contar como son los polvos de reconciliación, aun no entiendo como los vecinos no han llamado a la policía del griterío que se monta ese día en casa.

—Por favor que es de mi hermana de quien estás hablando, no me interesa saber que tenéis sexo salvaje.

—Oye tú hablas del que tienes con mi hermanita y yo no me he quejado —dice Elliot como niño pequeño — el sensiblero es Christian.

No sé cuánto tiempo pasa en esta absurda charla del sexo con hermanas y el no hables, si al fin y al cabo todos estamos acostándonos con la hermana de uno de nuestros amigos, menos Matt. Nos entra la risa. Una llamada al móvil de Emmett nos corta la risa a todos y además de golpe.

—Es Ana —dice cuando lo miramos sorprendiéndonos —¿Dime primita?...¿Qué?

—¿Qué ha pasado? —pregunta Jasper.

—Vamos para allí —dice Emmett antes de colgar.

—¿Qué pasa Emmett? —preguntamos todos.

—Jasper vas a ser padre

—Ya lo sabemos iluminado —dice Elliot.

—No joder que Alice se ha puesto de parto.

Esa declaración de Emmett desata el caos. Jasper se desmaya, y no se abre la cabeza porque le cogemos antes de que se la golpee. Entre Edward y Emmett lo meten en el coche y los tres se marchan, les pedimos que informen cuando nazca el bebé, los demás pasamos de ir al hospital, total para estar allí esperando noticias, las esperamos desde casa.

No sé porque las chicas tardan tanto para encontrar un vestido de novia, yo he entrado a la tienda y he salido con mi traje de novio. En fin, que si quisiera mañana mismo podría casarme en Las Vegas. El punto que mientras mi agobiada prometida se afana en buscar su vestido de novia y ultima sus últimos días en el trabajo para poder irnos de luna de miel, yo me encargo de los preparativos, que no digan que no ayudo.

Hoy Ana y yo vamos a hablar con el encargado del salón de banquetes para encargar el menú, ya tenemos encima la fecha y solo nos falta decidir que comeremos, mi chica ya tiene su vestido, yo mi traje y los asistentes confirmados.

Mi secretaria me avisa que tengo la visita de Ana, aunque no hace falta que la anuncie. Salgo enseguida, ya me había despejado la agenda para tener la tarde libre y comer con Ana. Salimos a la calle y en la puerta hay una chica con una niña, no sé qué edad podrá tener la niña, pero se nos quedan mirando, la chica me resulta familiar.

—Hola Christian —nos aborda — ¿te acuerdas de mí?

—Pues me resultas familiar pero no sé quién eres ahora mismo —le respondo con la verdad.

—Soy Jeannette —joder con razón se me hacía conocida yo me tiré a esta chica unas cuantas veces.

—Claro Jeannette, cuanto tiempo ¿Cómo has estado? —bueno es lo que se pregunta en estos casos ¿no? Un carraspeo a mi lado me recuerdo que no estoy solo — Ella es Ana, mi novia.

—Encantada— Ana la saluda, aunque no con mucho entusiasmo porque supongo que intuye que es mi ex.

—Igualmente—. Luego vuelve a fijarse en mí.— Necesito hablar conmigo.

—Pues tú dirás.

—¿Quieres que tú novia oiga lo que tengo que decirte?— pregunta y yo me asusto.

—Mujer pues teniendo en cuenta que luego me lo va a contar —dice Ana.

—Pues tú mismo —si ya estaba asustado antes, eso me asusta aun más— he venido a presentarte a tu hija.

Varias cosas pasan: mi mano que estaba sujeta a la de Ana se queda vacía, un balde de agua fría cae sobre mí y veo peligrar mi boda y mi futuro.

—¿Mi hija?

—Sí

—Pero si tiene ¿qué? ¿Seis años?

—Siete

—Tú y yo estuvimos juntos hace ocho años, no puede ser mi hija.

—Es tu hija.

—¿Y me lo dices ahora, que me voy a casar?

Joder que marronazo se me viene encima, ¿Cómo puede aparecer ahora esto? Yo no puedo tener una hija, esto es imposible, no me niego a creer que sea mi hija.

—Ahora que te he encontrado.

—¿Y puedo preguntar como?

—Por una foto en Facebook

Intento coger la mano de Ana, pero no la encuentro. Me giro a buscarla y veo que se ha ido alejando unos pasos hasta sentarse en los bancos que hay frente al edificio. La veo preocupada, y no me extraña, yo también lo estaría si fuera el caso contrario. Al menos, creo que no está hiperventilando, toda histérica o montándome un numero delante de la empresa.

—Dame un minuto —le digo a Jeannette.

—Si tranquilo.

Me acerco a Ana, que se asusta cuando me siento a su lado, está tan en su mundo que no sabe lo que pasa a su alrededor, le hubieran quitado el bolso y ella no hubiera puesto ninguna resistencia.

—¿Estás bien cariño? —Pregunta tonta cuando puedo ver como está.

—Tienes una hija —dice como ida.

—No está claro, eso es lo que dice la madre.

—No quiero casarme.

Me quedo mirándola no puede decirme eso cuando ya lo tenemos todo, bueno solo falta el menú pero eso es lo de menos.

—Pero Ana…

—Soluciona tu mierda— dice señalando hacia Jeannette y la niña que no sé ni cómo se llama —yo me voy a casa, ahora necesito pensar.

—Pero la reunión con el salón de bodas…

—Ahora llamo para cancelar y poner una excusa que eso se nos da muy bien.

Y sin más, se levanta marchándose con paso apesadumbrado. La veo marchar sin moverme del sitio donde me ha dejado, y cuando la veo desaparecer tras una esquina es cuando me acerco hasta las otras dos personas que me están esperando. Las invito a comer además de porque es la hora para hacerlo, porque me muero de hambre.

Y es cuando me entero que la niña se llama Nicole, que me ha encontrado por una foto que el capullo de mi hermano colgó en su perfil de Facebook y que si no me dijo nada antes es porque desaparecí del mapa para ella, típico en mí en aquella época.

Dos horas después estoy entrando por la puerta de mi casa. Se me hace raro que esté la llave echada, busco a Ana por toda la casa, y no la encuentro. La llamo al móvil y no me contesta, comienzo a preocuparme. Si ha tenido un accidente o si le ha pasado algo. Llamo a casa de sus padres y a todas sus amigas, y allí tampoco está.

Decido ir a casa de mis padres, donde sé que está mi hermano, tengo que cantarle las cuarenta, por su culpa mi prometida está desaparecida.

—Elliott me cago en tu negra estampa —digo nada más entrar en la sala de casa de mis padres.

—Esa boca Christian —me dice mi madre.

—¿Qué he hecho? —dice el idiota de mi hermano.

—Colgar una foto en Facebook

—¿Aun estás con eso?

Y ahí vamos, con la dichosa foto. Resulta que el día de mi despedida nos hicimos una foto y el capullo la subió a su perfil etiquetándome y poniendo "El rey del universo se nos casa y hoy lo celebramos" el hastag era celebrando despedida de soltero. Mientras discuto con mi hermano mi mente vuelve a la discusión de esa noche.

Esta foto va a Facebook —dice Elliott arrastrando las palabras ya.

Ni se te ocurra—respondo

¿Pero por qué?— dice ahora Emmett —si salimos muy guapos.

Porque soy un hombre de negocios y no me conviene que me vean en ese tipo de saraos.

Joder hermanito, que no todo en la vida es trabajar, trabajar y trabajar.

Exacto, diviértete cuñadito —me dicen Matt y Ethan poniéndose cada uno a mi lado.

Que no tienes 70 años leñes —añade Edward —desde luego el abuelo que operó mi compañero ayer tenía más marcha que tú viejales.

¿No entienden que quiero tener un perfil bajo? Soy un hombre rico, empresario y puedo ser blanco para secuestradores y estafadores, ya salgo suficiente en la prensa de negocios por las fluctuaciones de mi empresa en la bolsa.

Venga tío, que es tu ultima fiesta como soltero, la última juerga que nos pegaremos juntos ya serás un hombre con la soga al cuello.

Y digo yo, ¿Para qué cojones tienes una cuenta en face si no lo usas casi? —pregunta mi hermano.

Para ver el de la empresa.

Pero si tienes un departamento que te maneja ese, ¿Qué me estas contando?.

Me gusta supervisar lo que hace mi gente.

No sirvió de nada lo que yo le dije porque la foto acabó en internet, así que ahora todo el que la haya visto sabe que me caso.

—Chicos ya está bien —mi madre nunca grita, por eso nos quedamos ambos callados ante el grito que da —parece mentira que tengáis la edad que tenéis.

Cuando vuelvo a casa Ana sigue sin aparecer, enserio me estoy preocupando, voy a llamar ya a los hospitales y a la policía para que la busque. Estoy pensando seriamente en ponerle un guardaespaldas.

Empiezo a marcar el teléfono del primer hospital y la puerta se abre, cuelgo el teléfono de inmediato. Corriendo me dirijo hacia allí dispuesto a discutir con mi novia, pero ver su rostro rojo por el llanto me frena, no soy tan hijo de puta, con perdón para mi madre como para empezar una discusión ahora.

—Sé que no estás bien, pero necesitamos hablar Ana. —Digo tanteando el terreno, como si fuera un soldado en un terreno lleno de minas.

—Necesitamos hablar de porqué a pocos días de nuestra boda a mi novio le aparece una hija —dice cabreada, al menos muestra una emoción. Si en este momento me soltara un guantazo no me sorprendería.

—Pues cariño no lo sé, pero ha aparecido por la foto que subió Elliott — le digo —y no me pegues la bronca que ya me la pegaste.

—¿Qué piensas hacer?

—Pues hacerme cargo de ella.

—¿Pero cómo te vas a hacer cargo de ella si no sabes si es tu hija al cien por cien? —me grita y me asusto, porque este grito no es como los que normalmente me da—primero tendrás que cerciorarte ¿no?

—¿Estás insinuando que me haga una prueba de paternidad?

—Sí —dice levantándose del sofá —y hasta que no soluciones esto, no me caso Christian.

Y tras decir esto se va dejándome solo.

Quince días más tarde me hago la prueba de paternidad. Me pone un poco mosqueado que cuando le pido a su madre que quiero hacérmela me dice que no, como se niega, tengo que hablar con mis abogados para que me digan cómo proceder. Al final consigo su ADN de la saliva de un vaso que ha usado, sé que es poco ortodoxo, pero como su madre no quiere que me haga las pruebas…Y menos mal que me las he hecho porque sale que esa niña no es mi hija.

Ya soy un hombre casado, lo mejor de la ceremonia ha sido ver a todos mis amigos vestidos de traje y corbata con sus parejas, caminando hacia al altar y separándose cuando llegaban, dejando a la vista al ser celestial más espectacular.

La ceremonia se me ha pasado muy rápido, tan rápido que casi no me acuerdo de haber dicho "si quiero" cuando me lo han preguntado, pero sí sé que estoy casado con Ana porque he firmado papeles. Nos hemos hecho fotos y ahora estamos en el salón de banquetes.

Lo mejor para mis invitados, que no se diga que no trato bien a la gente con la que me junto. No sé en qué mesa se han sentado mis amigos, pero podría encontrarlos con los ojos cerrados por el escándalo que forman. No saben estarse callados. Además el llanto del bebé de Jasper y Alice, el pequeño Leo, que parece que le han puesto un altavoz en los pulmones, los delata.

Al día siguiente, me despierto con un fuerte dolor de cabeza en mi cama, al lado de mi ahora estrenada esposa. La nueva señora Grey yace muy bien follada a mi lado, y solo la cubre una insulsa sabana, luce como todo un ángel. Ana comienza a moverse a mi lado y abre sus ojos, los que me volvieron loco desde que los vi, desde que los vi bien, cuando ella ya era toda una mujer, con sus pechos bien formados, turgentes y en su sitio.

—Buenos días.

—No grites— digo, aunque en realidad no sé si ha gritado o lo ha dicho en voz normal—. Tengo una resaca de miedo.

—Claro si no te hubieras bebido anoche hasta el agua de los floreros.— Se ríe la muy cabrona—. Mi padre me dijo si te buscábamos una clínica de desintoxicación y una charla con alcohólicos anónimos.

—Muy gracioso mi suegro, no me acordaré de lo que pasó en nuestra boda, pero si de lo que pasó en esta cama— con estas palabras consigo que se sonroje y eso me pone más cachondo de lo que ya estoy.

Bueno y como mi polla no se puede quedar sin satisfacer no hay nada mejor que un buen polvo mañanero, aunque creo que cuando lo haces con la persona que amas ya no se llama follar, bueno es igual. Lo que cuenta es que mi mujer se queda muy satisfecha con todo lo que le hago, primero la he masturbado, mis dedos han jugado con su clítoris hasta que su vagina se ha humedecido, que no ha costado mucho, tengo manos expertas. Poco a poco me he adentrado en ella para buscar su punto G, también soy experto en ello, mis dedos ya van directos a él, he hecho que se corra en cero coma.

Yo estoy a punto de reventar, me da miedo entrar en ella y soltar toda mi simiente. Por este motivo quiero provocarle otro orgasmo antes de follarla. Le quito la sabana que aún la tapa, y me pongo sobre ella, dándole un beso en la boca. Cuando la suelto para recuperar aire, voy bajando por todo su cuerpo, deteniéndome unos segundos en sus dos tetas, donde sus pezones parece que se están riéndose de mí. Los dos están así mirando al techo de la habitación, parecen dos guindas adornando dos cupcakes, me está entrando hambre, por eso los devoro con devoción y sé que lo estoy haciendo bien por los jadeos que Ana suelta. Sobra decir que yo todo lo hago bien, y más en temas de sexo, años de experiencia, podría dar seminarios de sexo. "Venga imbécil ponte a la tarea"

Las dos guindas ya están duras, ahora soy un hombre sediento, es hora de seguir mi camino a la fuente de la vida. "Hostia tío no te me pongas poético". Me entretengo en su ombligo provocándole cosquillas y continuo hacia mi destino, donde le hago un cunnilingus que la hace gritar tanto que en breve vendrá la policía, porque seguro que los vecinos habrán avisado a la policía. Ahora ha llegado el momento de que mi soldadito se adentre en los confines de la tierra prometida. Poniéndome nuevamente sobre mi mujer le vuelvo a dar un beso de los de película, me sorprende que no se aparte de mí, le acabo de chupar el coño. Poco a poco me voy adentrando en ella, y como vaticiné no tardo mucho en correrme.

—Esto ha sido rápido —digo cuando salgo de ella.

—Pero muy bueno.

Nos levantamos y nos damos una ducha juntos, suerte tiene que necesite unos minutos de reposo para recargar la escopeta porque si no me la volvía a beneficiar aquí mismo, hay que ver lo buena que está esta chica. No sé cómo pude estar tan ciego toda mi puta vida.

—Oye hay una cosa que desde ayer no se me va de la cabeza.— La miro, ella está en la cocina haciendo el desayuno mientras yo pongo la mesa, que no se diga que no compartimos las tareas.

—¿El qué?

—Ayer mi hermano Matt no se separó de tu prima Zoe en toda la ceremonia.

—Es verdad— me acuerdo de eso, mi amigo y mi prima salieron juntos en el cortejo nupcial, o como se llame lo que va antes de la novia, y durante el banquete, bueno cuando acabó la cena, no se separaron— ¿estás insinuando que podrían ser pareja?

—No lo sé, en el sueño que tuve con Rachel dijo que la chica indicada para mi hermano aparecería pronto.

—No sé, veremos qué pasa—le digo sentándome a su lado, como se nota que las mujeres pueden hacer al menos dos cosas a la vez, porque mientras hablábamos ha terminado el desayuno—. Pero una cosa te digo prefiero que esté con Zoe, que la conozco y sé que es una buena chica, a que termine con cualquier otra que no conozcamos y le haga el lio.

—Pues tienes razón.

Luego ya nos dedicamos a hablar de otras cosas mientras que desayunamos. Lo lógico es que estuviéramos ya en nuestra luna de miel, pero al ser un hombre de negocios tengo trabajo que hacer antes de irme, una reunión a la que no puedo faltar por nada del mundo, después me iré a disfrutar de unas buenas vacaciones a Mónaco y Miconos con Ana.

Hasta aquí el capítulo, ya tenemos a la última pareja unida ante la ley y ante Dios y eso que no querían, pero la presión pudo más. Además tenemos también un nuevo miembro en el grupo el hijo de Alice y Jasper ya está en el mundo.

Espero ver vuestros comentarios sobre el capítulo. Os recuerdo que en mi perfil está el link del grupo de Facebook y que sois todas bienvenidas.

Gracias a todas las que habéis dado favoritos y follows y las que habéis dejado un comentario en el anterior capítulo: caresgar26; lizdayanna; LicetSalvatore (no sé si te gustará la proposición de Christian, pero bueno, la primera fue en el sofá de su casa y para la siguiente así un poco más romántica tuvo que pedir ayuda porque el chico de flores y corazones no es, y el corazón solitario pues ha estado acompañado en la boda de su hermana); jupy; TataXOXO;