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EN LA ESTACIÓN DE LA CALLE BAKER, ME SENTÉ Y LLORÉ.
Autor: Deco
CAPÍTULO 36: "EL REGRESO DEL FELINO"
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En el cual Petunia reingresa, armada solamente con un dragoncito hablador, y confronta a un mortífago; probando por lo tanto que ella era una Gryffindor no sólo de nombre.
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Petunia huyó por la puerta tan rápido que perdió tracción sobre el suelo de piedra y resbaló en el pasillo, casi chocando con la armadura colapsada que yacía en pedazos. La puerta se cerró de un portazo detrás de ella. Desde una gran distancia sobre ella, vio la cabeza de un dragón mirando intensamente desde su nicho en la muralla. Ella trató de hablar, pero un maullido frustrado felino fue todo lo que salió.
¿Qué rayos fue eso? ¿La Señora Norris está por aquí? ¿Es por eso que él mencionó a Filch? Entonces ella vio su reflejo sobre la superficie pulida de la armadura, y dejó escapar un ruido de sorpresa. Allí vio a una gata de aspecto conocido, y no se trataba del familiar de Filch.
Aunque ella encontraba la colección felina de la señora Figg apabullante, sin mencionar que hedionda, y ella detestaba a la fisgona Señora Norris, a Petunia siempre le habían simpatizado los gatos en general, un gusto que su familia compartía. Durante su infancia, los Evans siempre habían tenido uno o dos gatos mascotas. O a veces hasta tres o cuatro. Su madre favorecía a los elegantes siameses; Lily adoraba los gatos blancos de ojos dorados; y su padre tenia un enorme gato del Bosque de Noruega que se sentaba en su hombro cada mañana mientras él leía el periódico. Este gato había aparecido en la puerta de su casa un día y simplemente lo adoptó. Siempre les había divertido a Petunia y Lily que el gato familiar de su padre compartiera sus ojos verdes brillantes y el pelo rojizo ondulado. 'Familiar', pensó Petunia de pronto, ¿por qué habré escogido esa palabra?
¿Seria esa la razón de que ellos siempre tuvieran gatos y no perros? Ella recordó los comentarios de Dumbledore acerca de los linajes de squibs. Nunca hasta ahora había sospechado que su padre fuera descendiente de magos, pero ahora pensó que todas los indicios estaban ahí, y no solamente el familiar. Su familia solía reírse del hábito del gato de inclinarse a mirar el diario, casi como si lo leyera, lo que ahora pensaba era una posibilidad.
En la niñez de Petunia el gato de su elección fue un gatito negro y gris, patilargo, con orejas aguzadas, ojos verde amarillentos, y patas como como panque. Su padre le dijo que era un gato polidáctilo, nacido con el doble de dedos en las patas. Petunia recordó haber leído que dichos gatos a través de la historia fueran considerados de forma popular como familiares de las brujas, cazados y destruidos durante la época puritana.
En su barrio, para su espanto, la molestaban y criticaban por tener un 'gato deforme'. En esa época a ella le importaba más la opinión de la gente que ahora. Pero ese gatito, a quien ella llamó Branwell (era su época Bronte), era vivaz, inquisitivo, y muy divertido. Y fue a una versión femenina de su adorado Bran a quien ella vio en el reflejo de la armadura en el pasillo del Castillo Hogwarts, muchos años después de que su primer familiar muriera en el mismo incendio que le arrebató a sus padres.
¡Dios mio, lo hice! ¡Conseguí mi trasformación animaga! ¡No puedo creerlo!
Algy aterrizó junto a ella en el piso y la miró fijamente—. ¿Petunia? —dijo dudoso, olfateándola.
Petunia se sentó, y maulló de nuevo.
—¿Encontraste lo que estabas buscando? —preguntó Algy, teniendo el buen sentido de susurrar.
Petunia se congeló. Distraída por su transformación, que bien pudo haberle salvado la vida, se había olvidado del predicamento de Moody. ¡Tengo que cambiar, ahora mismo!
Su primer intento no tuvo éxito, y tuvo un instante de terror. ¡Me voy a quedar atorada para siempre en esta forma, lo sé, lo sé!
Curiosamente, tan pronto como entró en pánico, el ímpetu de cambiar la abrumó y de repente se encontró despatarrada en el piso del pasillo, ya no en su forma gatuna. Cada hueso de su cuerpo dolía, y tenia un dolor en el costado donde el falso Moody la pateara. Ella se sintió aliviada, pero sólo por un segundo. De inmediato se dio cuenta que dos de sus pertenencias ahora le faltaban: la capa de invisibilidad, y su varita. Después de un momento de consideración, se convenció de que existía sólo un lugar donde pudo dejarlos: en el foso dentro del baúl. Si el falso Moody los encontraba allí, estaba segura de que la descubriría, y probablemente mataría al verdadero Moody de inmediato, para proceder a escapar.
No había tiempo que perder. Le dije a los chicos que acudieran a un profesor ante una situación parecida, ¿no es así?, ¿y ahora qué voy a hacer? Voy a regresar allá adentro, sin mi varita, sin la capa, y con mi dragón. Los chicos tienen razón, me temo que no hay tiempo para nada más. Si llego a tener la oportunidad les diré el pésimo ejemplo que soy.
Petunia se puso de pie tambaleante, se apoyó contra la muralla, y extendió su brazo hacia Algy, quien saltó sobre este. No había tiempo para formular un plan, así que ella se dio la vuelta y golpeó a la puerta de Moody.
Al principio no hubo respuesta. Petunia golpeó con más fuerza, un sentimiento de pánico impulsándola.
Y después por fin—: ¿Quién es? —dijo la voz de Moody.
—¿Hola? —dijo Petunia con fuerza, ignorando la pregunta—. ¿Hola?
La voz de Moody repitió la pregunta, pero Petunia lo ignoró y siguió golpeando.
La puerta se entreabrió, y el ojo azul mágico la observó. Petunia no se molestó con cortesías—. ¡Déjeme entrar! —demandó ella—. Tengo noticias para usted, acerca de ese hombre que perseguía la noche de Navidad.
Eso lo hará picar el anzuelo, o yo ya no seré hija de muggles. Y tenia razón, la puerta se abrió hasta medio camino, y él le dio una mirada intensa—. ¿Entonces usted sabe donde se encuentra? —preguntó.
Me pregunto si ya habrá eliminado al verdadero Moody. ¿Cuanto tiempo habrá transcurrido desde mi expulsión bajo forma animaga y esta conversación? ¡Oh, maldición, no estoy segura...!
Petunia se calmó lo bastante para recordar la advertencia de la señora Figg acerca de los magos bien adiestrados: no los mires a los ojos. Así que bajó la mirada con modestia y dijo—. Bueno, no exactamente, pero descubrí algo que puede ayudar a que lo encuentre.
La puerta se abrió hasta atrás con esto, y el falso Moody le hizo señas para que entrara. Petunia se preguntó si saldría de nuevo de allí, pero no vaciló. Él cerró la puerta detrás de ella y, al darse vuelta, su atención quedó atrapada por Algy, posado en sus hombros y mirándolo críticamente.
—¿Qué es eso? —dijo el mago.
Algy se encrespó—. Buenos días a ti, también —espetó—. Y soy un quién, no un qué.
Petunia apenas controló una carcajada histérica—. Este es Algernon —dijo ella, consiguiendo sonar calmada, y dejando sin mencionar esta vez el apellido. A este hombre no le importaría lastimar los sentimientos de un dragón en miniatura, de eso estaba segura. Algy miró con irritación al falso Moody, que se le quedó mirando asombrado.
—Usted mencionó que mi tatarabuelo fue convocado ante el Wizengamot —dijo Petunia—. Ahora esta viendo una de las razones.
El rostro del falso Moody se relajó, y hasta pareció divertido—. Su abuelo era un sangre pura, ¿no es así?
—Por supuesto que sí —dijo ella en tono ofendido. Él espera una respuesta así, si yo fuera la clase de persona que él cree.
—No pretendía ofenderla —dijo él.
Petunia se encogió de hombros—. Esta bien.
—Su familia... ¿tomó partido? —inquirió Moody con cautela—. Durante la última guerra, quiero decir.
—Bueno, mi padre pensaba que el Señor Oscuro tenia algunas ideas de validez... —dijo Petunia, tanteando el camino.
—¿Y fue aprisionado por sus opiniones? —¿Mi padre? Él era un nacionalista galés, pero esa fue la extensión de sus alianzas. Y él nunca hubiese herido a alguien, a diferencia tuya, cretino despreciable—. Bueno, él nunca fue reclutado activamente, usted comprende. Pero compartía sus puntos de vista, por lo que entiendo.
—¿Y usted? —dijo Moody, mirándola inquisitivamente.
—Bueno, ya sabe, nunca he estado involucrada en política, aunque debo admitir que mi esposo estaba muy interesado.
—¿Hasta que punto? —preguntó—. ¿involucrado activamente?
Petunia asintió con expresión afligida.
—¿Y dónde se encuentra ahora?
Petunia no vio razones para mentir—. Él fue... recluido —dijo ella con remilgos, su tono advirtiéndole que no siguiera ese derrotero. Y si él esta pensando que quiero decir Azkaban, pues mucho mejor.
—Ya veo —dijo el falso Moody. ¡Él cree que quise decir Azkaban! ¡Bravo!—. ¿Y cuánto tiempo lleva allí?
¿Cuánto tiempo ha pasado desde la guerra? Espero poder recordar la historia mágica—. Ya deben haber pasado doce años, o algo así, supongo. Hubo un juicio... y eso llevó algo de tiempo —No fue la clase de juicio que piensas, pero gracias a Dios no estoy mintiendo, si es que eres uno de esos magos que puede darse cuenta de esas cosas.
—¿Entonces usted esta divorciada? —preguntó el falso Moody. Petunia detectó la desaprobación en su voz, y supo que debía actuar con cuidado.
—Así es, un amigo mio pagó por eso —también es cierto—. La familia de mi esposo estaba enojada por eso ¿pero qué más podía hacer yo? Nosotros tenemos un hijo, y tenia miedo de ser arrestada si no me desligaba de él. ¿Qué hubiera sido de nuestro hijo si eso hubiera sucedido? Yo entonces todavía no había heredado la mansión, verá, y estaba escasa de dinero. No podía afrontar más problemas —de nuevo, todo eso era verdad.
—¿Ellos la interrogaron? —le preguntó el falso Moody.
—Algo... ¡pero yo no les dije nada! —dijo Petunia—. Y eso fue después de que mi esposo ya estuviera en su custodia. Cuando ellos lo arrestaron, mi esposo enloqueció y atacó a los Aurores, y después de eso ya no tenia esperanza de exoneración.
—Ya veo.
—¡No, no es así! Él obtuvo una sentencia de por vida ¿acaso debía esperarlo?
—¿Alguien lo haría? —dijo con amargura el falso Moody.
—Aun lo amo —dijo Petunia. Y espero que no me parta un rayo por esa mentira flagrante—. Pero no había nada que pudiera hacer por él. No en donde se encuentra ahora.
—Suponga —dijo el hombre— que Él pudiera ser liberado. ¿Le interesaría?
—¿Cómo podría conseguir algo así? —preguntó Petunia, fingiendo aturdimiento, intentando esconder su consternación ante la misma idea.
—Eso no importa. Pero si usted esta dispuesta, quizás podamos arreglarlo.
Petunia consiguió sonreír, mientras que Moody la examinaba pensativamente. Después él pareció tomar una decisión—. A cambio, yo podría usar algo de su ayuda ¿si es que usted estuviera interesada?
—Oh, por supuesto —dijo Petunia, dándole otra sonrisa boba—. Siempre me ha dado gusto servir de algo cuando puedo —y si ese no es un odioso doble sentido, no sabría decir cual lo es.
—¿Usted iba a decirme algo acerca del hombre por el que le pregunté? —dijo el falso Moody.
Petunia le contó acerca de haber encontrado un lugar en el camino a Hogwarts donde había varias ramas rotas, como si hubiera habido una pelea—. Pensé que usted debería saberlo —él va a pensar que soy una idiota al escuchar esto.
Así fue, aunque él pretendió que esa información era lo bastante valiosa para ir a mirar. Pudiera haberlo sido antes, ahora es demasiado tarde.
Después él volvió a cosas más importantes.
—Necesito un lugar para guardar algunas cosas que se ha vuelto peligroso que sigan aquí —dijo él—. ¿La mansión tiene sótano?
—Oh, por supuesto que sí —dijo Petunia—. Tiene un sótano ordinario, y una cava para vinos además. ¿Eso le serviría?
—Pudiera ser —dijo el falso Moody—, si fueran seguros.
—Son muy seguros —dijo Petunia—, y tienen buenas cerraduras, sólidas.
—¿Tienen ventanas?
—La cava no tiene ventanas.
—¿Hay un Flú que se pueda usar de la escuela a la mansión?
—Así es.
—Se requerirá de su discreción más absoluta —dijo el falso Moody—. Le advierto desde ahora que si no guarda silencio, se arrepentirá. Yo la mataré a usted, a su esposo, y su hijo. En ese orden —dijo él de forma casual.
Me supongo que asesinar es como lo demás, se vuelve fácil con la práctica. Y este hombre tiene mucha.
—Si usted consigue que liberen a mi esposo —dijo Petunia, intentando parecer que lo decía en serio—, yo haré cualquier cosa —para prevenirlo.
—Muy bien —dijo el falso Moody con una sonrisa ufana, que Petunia pretendió no notar. Él le hizo señas para que fueran a su dormitorio, y Petunia reaccionó como si fuera una sangre pura imbécil: coqueteando. El falso Moody apenas escondió su impaciencia—. Necesito enseñarle algo, y no, no se trata de eso.
Este hombre esta más interesado en el poder y la venganza que el sexo. Tendré que dar un Aleluya también por eso.
Él le señaló el baúl y después lo abrió utilizando una llave que traía atada en el cinturón; él murmuró un Lumos, y le hizo señas para que se acercara. Petunia lo hizo, apartándose lo más que pudo del mago, temiendo que pudiera empujarla adentro con su cautivo, para después cerrar la tapa. Ella se asomó en la oscuridad apenas iluminada del fondo del agujero.
El verdadero Moody yacía en el fondo, cara arriba, con los ojos cerrados. Petunia buscó con ansias ver allí su varita y la capa de invisibilidad, pero no logró ver ninguno de esos objetos. Ella jadeó, en beneficio de su audiencia. Era obvio que el falso Moody estaba complacido por su reacción.
—¿Quién es ese? —le preguntó.
—Ese es el hombre que quiero que usted esconda en la mansión —contestó el hombre.
—Él se ve como... como usted —dijo Petunia balbuceando.
—No —dijo el falso Moody—. Yo me veo como él —sacó una petaca de su bolsillo, la abrió, y derramó un poquito dentro de su palma—. ¿Sabe lo que es esto?
Petunia negó con la cabeza, aunque sospechaba lo que era. La persona que pretendo ser no lo sabría, ni adivinaría.
El falso Moody rió. El sonido fue extraño, quizás porque ya no imitaba la voz del verdadero, decidió Petunia. Su voz sonaba ahora más ligera y joven.
—Es Poción Multijugos —dijo él.
Petunia lo miró con el rostro en blanco—. Ya veo —dijo ella. Así es como lo ha hecho, muy listo. Debe beberlo cada hora para mantener la impostura.
El falso Moody cerró el frasco y lo guardó dentro de su túnica—. Venga conmigo —le dijo a Petunia—, necesito su ayuda.
Petunia casi se negó a bajar de nuevo al foso, especialmente porque él insistió que ella hiciera que Algy se colocara en el borde del baúl. Mordiéndose el labio, ella lo logró, cayendo al fondo y arrodillándose junto al hombre inconsciente. De cerca, pudo verle hematomas lívidos en el rostro, y se preguntó si sobreviviría mucho más tiempo; se veía muy delgado y exangüe.
—Él no luce bien —le dijo ella al falso Moody, quien también había bajado y estaba parado junto a ella.
—Así esta bien —dijo él cortante—. Lo necesito para la poción.
Es por eso que tiene el pelo lleno de tijeretazos. Ya me preguntaba.
―Sostenga esto ―le dijo el falso Moody, pasándole su varita con la intención que la sostuviera en alto para iluminarlo con el Lumos de su punta, para poder arreglárselas con el paciente comatoso.
Era la clase de error que solamente un mago demasiado confiado en sus habilidades pudiera hacer. Tan pronto como Petunia tuvo la varita, el verdadero Moody abrió los ojos y se sentó. Petunia vio que había estado acostado sobre la varita de ella y la capa, y que ahora se aprestaba a usar la varita de Petunia para lanzar algún hechizo, cual, Petunia no estaba segura. El falso Moody lo evadió, alejándose de Petunia que aun tenia la varita de él. Aunque ahora desarmado, fue capaz de lanzar hechizos sin varita contra el verdadero Moody que rodó alejándose de él.
En ese pequeño espacio, los hechizos rebotaban pasando junto a su cabeza siseando. Petunia decidió que en este caso, ser pequeña era lo mejor, y se transformó. Tomando la varita del impostor en el hocico se arrinconó, mirando con temor a los dos hombres que combatían.
Petunia nunca había presenciado antes un duelo mágico, y descubrió que era una experiencia aterradora. Le era claro que ambos magos eran diestros, y que se odiaban lo bastante para matarse. Era como escuchar fuegos artificiales dentro de un pozo. Y si el falso Moody gana, estoy frita. No tendré otra oportunidad para escapar.
A pesar de contar la ventaja de una varita, el verdadero Moody (que podía distinguir por la ausencia del ojo mágico y la pierna de madera), parecía estar cansándose con rapidez, lo que no era sorprendente. Petunia decidió que era hora de empatar el juego. Los dos hombres estaban tan concentrados entre ellos que parecían haberse olvidado de ella, algo fácil de hacer con ella como gata.
El falso Moody le dio la espalda, y ella saltó sobre él. El hombre siguió moviéndose sin darse por enterado, y ella sacó las garras. ¿Se ven muy afiladas, no es así? Que bueno. Ella tomó como blanco su cara, arañándole viciosamente el ojo verdadero. Él gritó, y trató de desembarazarse de ella. Ella se aferró con más fuerza, y usó una de sus garras para soltarle el ojo mágico, que cayó al suelo, dejando al hombre ciego. En el país de los ciegos, el tuerto es rey.
El verdadero Moody gritó―: ¡Desmaius! ―y le dio a su oponente en pleno pecho. El hombre cayó como un árbol. Petunia rodó alejándose de él mientras caía al suelo con un golpe. Ella volvió a su forma humana.
―Buen trabajo ―dijo suavemente Moody, y se desmayó, uniéndose a su duplicado en el piso.
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N/T: Muchas gracias por comentar, favorecer y seguir. Ya va por el capi 100 en el original ;)
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