Los días del Colegio

Disclaimer:

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus respectivas autoras K. Mizuki y Y. Igarashi. Algunos párrafos e ideas pertenecen a la traducción del italiano al español de CCFS que maravillosamente han hecho en wattpad (vol. 2, segunda parte).

Este capítulo es completamente de mi invención, salvo la escena del baile que tan bien conocemos.

Es una historia construida con la única intención de esparcimiento, sin fines de lucro, a pesar de lo que he añadido, el fundamento es propiedad de sus autoras y/o traductoras.

Capítulo 35.

El fin de un verano vibrante.

- "¿Candy?" decía Patty mientras movía su mano frente a los ojos de Candy.

- "Mmmm."

- "¿Estás despierta? ¿Qué te sucede?"

- "¡Es nuestro último día en Escocia!" completó Annie.

- "Eh sí, lo sé…" dijo casi con tristeza.

Annie y Patty la miraban confundidas.

- "Candy ¿por qué últimamente tienes tanto sueño por las mañanas?"

- "Patty, levantarme temprano en vacaciones no es mi fuerte." Respondió sacando la lengua en su típico gesto.

- "Eso es verdad Candy, pero me parece que últimamente tienes más sueño de lo normal ¿no estarás enfermándote?"

- "Candy nunca se enferma." Dijo ella dándose palmadas en el pecho. – "Vayamos ya a desayunar, la Hermana Margaret ha dicho que después de las lecturas de la mañana seremos libres para hacer lo que nos plazca ¡Será un día genial! ¡Viva la libertad!"

- "Candy, si te escuchan expresándote así te castigarán." Dijo Annie mirando a ambos lados para revisar si alguien la escuchaba.

- "Vaya Candy, esa idea sí que te ha despertado ¿acaso tienes algún plan en mente?" preguntó Patty sospechando que un par de ojos zafiro podrían tener que ver con ese repentino entusiasmo.

- "Sí… quiero decir no… bueno quizás, pero podemos estar juntas un rato antes de…"

- "¿…antes de?"

Las dos chicas vieron como los labios de Candy se movían sin emitir sonido alguno, sin embargo, Annie alcanzó a descifrar algo de ese mensaje.

- "Cielo Santo, Candy ¡¿Tienes una cita con T…?!"

Annie fue incapaz de completar esa frase cuando Patty rápidamente le cubrió la boca con su mano.

- "¡Candy! ¿es eso cierto?" exclamó la chica de lentes.

- "… pues sí… pero yo no lo llamaría una cita… sólo haremos un día de campo… él y yo…"

Annie no podía contener su emoción y abrazó tan fuerte a Candy que la hizo perder el balance, derribándola al suelo ante la sorpresa de las otras chicas que ya se congregaban en el lugar mirándolas en forma despectiva. Ese definitivamente no era el comportamiento de una dama.

Las tres chicas rieron alegremente mientras la rubia y su amiga se levantaban sacudiéndose el vestido.

- "Candy, tenemos que escoger lo que te pondrás, ¿has pensado en llevar el cabello de forma distinta? Un rodete se vería precioso en ti… ¿a qué hora es tu cita…? Ah sí, lo olvidaba, no es una "cita"; quiero decir, ¿a qué hora se reunirán?" Annie preguntaba en una tormenta de cuestionamientos e ideas.

- "No, no, Annie, yo iré vestida como estoy y no es necesario que…"

- "¡Hey Candy! Esta es una oportunidad de oro para ser más femenina. Un poco de color en las mejillas, quizás sólo un toque en los labios, tu hermoso cabello liberado de esas coletas…"

Bastó con escuchar esta frase para que Candy volviera a soñar despierta. Era cierto que había notado la satisfacción de Terry al dejar su cabello libre de las cintas ¿Le gustaría a él ver su cabello suelto? Quizás había sido solamente una travesura de niño para molestarla ¿o no? ¡Qué tontería estar pensando en cabello! Eso no le había preocupado antes, era una total pérdida de tiempo dedicarlo a peinados y vestidos.

- "¿Me estás escuchando, Candy?"

- "Mmm sí, liberar mi cabello…"

- "Eso lo dije hace ya varios minutos ¿no escuchaste el resto?"

- "Bueno chicas, creo que esta charla tendrá esperar, apresurémonos o ninguna de las tres tendrá tiempo libre." Argumentó Patty ayudando a Candy a deslindarse de los planes de su amiga.


El tiempo pasó casi volando, tal y como Candy dijo, la Hermana Margaret dejó a las chicas despedirse de Escocia cada una a su manera. La mayoría de ellas decidió ir de compras a la ciudad, unas hacia Old Town (ciudad antigua) para visitar la Catedral de Saint Giles y otras hacia New Town (ciudad nueva).

Las tres amigas decidieron comprar algunos recuerdos, Patty compró un libro sobre flores, Annie encontró una hermosa mascada de seda y Candy consiguió unas galletas caseras.

Pronto llegó la hora de encontrarse con Terry, estaba despidiéndose de las chicas que la miraban emocionadas, por lo que creían que era la primera cita oficial de esa inusual pareja, cuando una voz masculina sonó a sus espaldas.

- "Hola bellas damas ¿nos honrarían con el placer de su compañía esta última tarde en Escocia?"

Rayos, ese debe ser Archie.

- "¡Hola chicos! Justamente estábamos terminando de hacer nuestras compras ¿cómo están?" dijo una nerviosa pecosa, cuya piel se veía tostada por el sol haciendo resaltar cada uno de esos puntos en su rosto.

- "¡Qué bien verlas por aquí! Hemos pensado en una serie de actividades para pasar juntos nuestra última tarde." Dijo Stear poniendo una de sus manos sobre el hombro de Candy y dirigiéndola hacia el auto que tenían los chicos a su disposición.

- "Yo… es que yo debo…"

- "Candy, ¿a dónde vas? Tenemos que volver para las clases de la tarde." Afirmó Patty con rapidez.

¡¿Cómo?!

- "Mmm sí Patty, creo que el sol y tanta actividad me han dejado un poco confundida."

- "¿Clases de la tarde? Creí que habían dicho que tendrían tiempo libre." Dijo Archie con el ceño fruncido.

- "Bueno, en realidad sólo yo tengo que volver chicos, les he dicho a estas dos señoritas que no es necesario que me hagan compañía." Alegó Candy simulando una cara de resignación.

- "¿En qué lío te has metido esta vez, Candy?" resopló Archie.

- "Creo que nunca aprenderé amigos, debo irme si no quiero que me reten por llegar tarde. Por favor, disfruten este último día aquí." Y sin darles oportunidad de pedir alguna otra explicación, ella se dio la media vuelta y echó a correr en dirección a donde Terry, puntual como buen inglés, seguramente ya la esperaba.

- "¡Pero Candy, la residencia está lejos de aquí!" alcanzó a gritar Stear.

Pero no así el lugar en donde Terry me espera para el día de campo, a esta velocidad estaré ahí en unos minutos…

Qué feliz corría Candy una vez que atravesó la calle de los Príncipes y se adentraba en sus Jardines (Princes Street Gardens) ¹, a los pies del Castillo de Edimburgo. El aire pegaba en su rostro con fuerza y el sol le daba un clima increíblemente agradable a la tarde. Intuyendo que los amigos de ella posiblemente irían a pasar la tarde al lago arruinando la privacidad que tanto disfrutaba Terry, él mismo le había dado indicaciones para verla en un lugar cercano al centro de la ciudad, después podrían volver en dirección al lago cerca de su Villa y finalmente la llevaría a la residencia. Al menos, ese era el plan.

Terry pudo verla corriendo a toda velocidad hacia la entrada oeste de los Jardines, completamente ajena a las miradas de los demás. Él admiraba, y ciertamente envidiaba, la libertad que reflejaba en sus actos, siempre despreocupada, muchas veces atolondrada, terca y traviesa, siempre tan… ella. Quien lo diría, el revoltoso e inadaptado "aristócrata" y la rebelde chica huérfana del San Pablo juntos. Todo estaba listo para disfrutar aquella tarde.

- "¿Dónde podrá estar Terry? Sólo hay algunas personas por aquí, allí hay una familia, una pareja, unos chicos jugando… Cuánto disfrutarían los chicos del Hogar de Pony un lugar tan bello como éste."

De pronto, el olor de los narcisos llegó a ella con una sensación abrumadora que la hizo cerrar los ojos y aspirar con fuerza ¿De dónde venía ese aroma tan especial?

- "Llegas tarde Pecosa…"

- "¡Hola Terry! No seas gruñón, han sido sólo unos minutos." Dijo ella abriendo los ojos y dándose la vuelta para ver la figura inconfundible de Terry insolentemente recargada contra una de las bellas estatuas escocesas.

Con elegancia natural, el chico se acercó a ella sonriéndole. En su mano llevaba un ramo de narcisos que hizo enrojecer a Candy ¿acaso Terry le había traído flores? ¡Increíble!

- "No te emociones Pecas, estas flores son para nuestro picnic, así que digamos que no son únicamente para ti." Dijo con una diabólica sonrisa, adivinando los pensamientos de la rubia.

- "Yo no me he emocionado grosero, simplemente he notado su aroma a lo lejos y ahora entiendo el por qué."

- "¿No será porque allí delante está todo un campo de narcisos?" dijo él señalando un gran campo de flores blancas y amarillas justo a un lado de los muros del Castillo.

- "¡Es verdad! ¡Qué belleza es este lugar! ¿cómo se te ha ocurrido venir aquí?"

- "Eso es un secreto que los atractivos y astutos caballeros no deben revelar, pequeña despistada." Dijo guiñándole un ojo vanidosamente.

Candy entornó los ojos, ese chico presuntuoso nunca cambiaría.

- "Ven, sabiendo lo glotona que eres, debes tener hambre ya."

- "¡Terry, yo no soy tan glotona como dices!"

- "Candy, tus anécdotas están llenas de episodios que hablan de comida." Dijo recordando sus charlas en el pasado. – "Además, este verano te he visto comer cada cinco minutos…"

- "¡Eso no es verdad!"

- "Bien, quizás no cada cinco minutos… quizás cada diez cuando es posible." Dijo reflexionando.

- "¡¿Estás buscando problemas, eh?!"

- "¡Ja ja ja, por supuesto! Me conoces bien, ¿no es así?"

Ambos echaron a andar hacia una pequeña zona rodeada de un hermoso pastizal y circundado por múltiples flores.

- "Este es el lugar que he elegido para esta tarde. Desafortunadamente no está cerca de los narcisos, que es la zona en donde la gente suele reunirse." Dijo Terry colocando el ramo de estas flores en el pequeño florero esmeralda.

Candy comprendió la razón por la cual él había elegido ese espacio. Era una zona menos transitada pero hermosa, llena de flores y con una vista privilegiada del Castillo. En ese lugar, un mantel a cuadros estaba ya colocado sobre el césped y encima de éste había un plato con frutas, otro con pan, queso, leche y una botella del vino de frutas que seguramente la madre de Mark preparaba. Por un momento Candy se alegró de que la señora Gouz cuidara de Terry de una manera tan cálida, a su manera ambos habían sido abandonados, pero la vida los había topado con gente buena como la madre de Mark, la señorita Pony y la Hermana Lane.

- "¡Creo que tienes razón! Con sólo ver estas viandas se me ha abierto el apetito."

- "Lo sabía…"

Juntos compartieron sus alimentos entre risas y otras anécdotas de Candy en el Hogar de Pony ¡Ella tenía tantos recuerdos alegres de su niñez!

- "Terry, ¿en verdad sólo tienes un recuerdo feliz de tu infancia?"

- "Es difícil de creer. Pero mi padre se encargó de mantenerme lo suficientemente alejado como para lograr que así fuera. En muchos sentidos por él soy lo que soy ahora: un incómodo recordatorio de un pasado, que desobedece a su padre y usa su dinero." Respondió con amargura.

- "¿Alguna vez has pensado que puedes ser más de lo que espera tu padre?"

Él simplemente gruñó recostándose sobre el césped y cubriéndose los ojos con el brazo.

- "… no necesitas la autorización de tu padre para soñar con lo que deseas ser. Tú puedes seguir el sueño que quieras hacer realidad."

- "¿Y tú te crees muy sabia pequeña Hermana Gray? ¿qué es lo que tú sueñas, eh? si se puede saber."

- "Terry, a ti te gusta el teatro, ¿alguna vez has pensado que esa puede ser tu vocación?" respondió Candy tratando de no caer en sus provocaciones.

- "Definitivamente tu vocación es la de ser alguien muy molesta y entrometida…"

- "¡Hagamos un experimento!"

- "¿Un experimento sobre sueños? Los sueños son hijos de las mentes ociosas… nacidas de la vaga fantasía, en sustancia más liviana que el aire, y más inconstante que el viento*… Podrían ser más desastrosos que cualquiera de los experimentos del inventor."

- "¡Vamos Terry! No puede ser que en verdad creas esas palabras… ¿qué escena es la que más te gusta de mmm digamos…? ¿Romeo y Julieta?" Candy dijo esto último sin pensarlo, era la única obra de Shakespeare que ella había leído después del Festival de Mayo.

Terry quitó el brazo de sus ojos y la miró sorprendido, en un inicio pensando que ella reconocía los diálogos que había pronunciado, sin embargo, su gesto comenzó a tornarse burlón.

- "Seguramente esperas que te diga que mi escena favorita es aquella en la que después de la ceremonia Romeo ingresa a la habitación de Julieta y ellos…"

- "… ¡Mi escena favorita es sin duda la del balcón!" Dijo Candy interrumpiéndolo. Sabía a dónde se dirigía y no le daría la oportunidad de avergonzarla. – "Me imagino que conoces bien los diálogos ¿no es así?"

- "¿Y qué con eso? Es una escena con diálogos fáciles."

- "Si es así, "señor seguridad", te reto a recitar la escena completa.

- "Pues siento decepcionarte, los intérpretes necesitamos una correcta ambientación, y aquí no hay nada que se le parezca como puedes notar."

Candy se levantó y subió divertida en uno de los árboles trepando con agilidad.

- "¿Qué te parece este balcón para Julieta?"

Un rayo de luz iluminaba el rostro de Terrence dándole un aire soberbio. Era como si la luz del escenario cayera directamente sobre su cara y Candy pudiera mirarlo desde la primera fila.

- "¡¿Cómo no lo imaginé?! ¡Una Julieta en liana y con pecas! Este definitivamente será todo un reto."

- "¡Terry! Deja de burlarte y empieza de una vez."

Terry sonrió de lado mirando fijamente al suelo sabiendo que Candy no pararía hasta que él hiciera lo que le pedía, así que se incorporó para acercarse a ella. No había duda de que era una chica muy persistente cuando se traía algo entre manos ¿qué quería demostrar esta vez?

- "¡Silencio!" dijo él sobresaltando a la rubia con una voz tan potente que juraría que podía escucharse hasta el otro lado del parque. – "¿Qué resplandor se abre paso a través de esa ventana? Es el Oriente y Julieta, el sol ¡Oh sal esplendoroso sol y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de pena porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura!"

El estómago de Candy se llenó de una intensa emoción, Terry era simplemente maravilloso, había algo en la manera en la que él decía esos diálogos que la transportaba a la historia misma y la hacía soñar que era ella para la cual esas líneas fueran escritas. Él tenía razón, el teatro era un mágico mundo en donde todos podemos ser el personaje que elijamos ser.

- "¡Oh, es mi dama… es mi amor! Ojalá lo supiera… Mueve los labios, más no habla. No importa, hablan sus ojos ¡Voy a responderles! … ¡Qué presuntuoso! No me habla a mí. Dos de las estrellas más hermosas del cielo tenían que ausentarse y han rogado a sus ojos que brillen en su puesto hasta que vuelvan…"

Candy lo miraba sin pestañear, Terry parecía haber nacido para decir esas líneas, qué deleite era para ella poder presenciar el gran talento que fluía en sus venas.

- "¿Suficiente Pecas?"

Candy sólo pudo asentir, aún se sentía enmudecida por haber visto a Terry mostrando esa pasión.

- "En realidad… mi escena favorita de esa pieza de teatro es el baile en el que Romeo la ve por primera vez…" dijo Terry sintiéndose extraño ante la mirada fija de Candy.

- "¿El baile? ¿por qué el baile?"

Terry alargó su mano hasta donde estaba ella tomándola de la mano y juntando sus palmas.

- "Si con mi mano indigna he profanado este sagrado altar, solo pecó en eso mi boca, como dos humildes peregrinos, prestos estarían para suavizar el contacto con este dulce beso." Recitó mientras besaba su mano mirándola fijamente a los ojos y sonriendo. – "Y esta es la parte en la que Julieta diría: Buen peregrino, no reproches tanto a tu mano, que sólo muestra humilde devoción. La mano del santo toca la que es peregrino, palma con palma, es beso santo…"

- "¿No tienen labios los santos? ¿Y también el buen peregrino?" dijo Candy recordando un pequeño fragmento que le había gustado sobremanera.

- "¡Hey Pecas, esas son mis líneas! … Veo que seguir las reglas definitivamente no es lo tuyo." Reclamó Terry mientras reía. – "… que los labios hagan lo que las manos hacen. Y que tus labios limpien los míos de pecado… ¿Un pecado? ¿De mis labios? Oh dulce urgencia, devuélveme mi pecado."

Terry miró fijamente los labios de Candy, haciéndola sentir nerviosa. Si ella no hubiera estado sobre esa rama del árbol, sin duda él la habría besado inevitablemente.

- "Terry, no pensé que fueras tan bueno."

- "¿Supones que debo tomar eso como un cumplido?

- "Lo es." Respondió ella sacando la lengua y riéndose de su expresión de inconformidad.

- "Ven." Terry estiró ambos brazos hacia ella para ayudarla a bajar. – "A menos de que temas que me dé cuenta de que has comido demasiado este verano."

- "¡Terry, mereces que te aplaste con todo mi enorme peso!" Dijo ella siguiendo la broma.

Entre risas optaron por recoger todo lo que Terry había traído y emprender el camino hacia el lago, él le había propuesto ver el atardecer juntos desde la pequeña Colina. Candy se sentía feliz, no sólo habían compartido un día de campo, también había sido testigo de una importante parte de Terry. Él tenía que confiar en ella para haberle dejado ver en todo su esplendor su talento y su gusto por el teatro, le había permitido asomarse a una íntima parte de él y de sus raíces… de su madre.

Juntos, en silencio, al llegar a la pequeña Colina frente al lago miraron como su último atardecer en Escocia envolvía de tonos rojizos todo el paisaje.

- "Candy, ¿quieres bailar?"

- "Terry…"

- "para que recuerdes Escocia…"

Ella le sonrió en señal clara de aceptación tomando la mano que él le ofrecía.

Pronto todo empezó a dar vueltas alrededor al ritmo de una música imaginaria, ambos reían y no paraban de girar en completa sincronía. La mano de Terry la tomaba firmemente por la cintura y las manos de ambos se entrelazaban con suavidad. De pronto Terry se detuvo haciendo tropezar a Candy que se sentía dentro de un sueño.

La mirada de Terry se fijó en el horizonte, ensimismado en sus pensamientos.

- "… Terry…" dijo ella con ternura.

Fue entonces cuando él la besó. Llevaba toda la tarde deseándolo, pensándolo, imaginándolo; durante la escena de Romeo y Julieta nada le hubiese gustado más que estrecharla en sus brazos y seguir el guion al pie de la letra.

Ella se estremeció por el contacto, sus pies estaban en punta y eso hacía que fuera más consciente del temblor en sus piernas y de su corazón desbocado que volvía a latir así por un beso de Terry.

Él la besó hasta dejarla sin aire, una suave caricia, pero con una fuerte dulzura; apasionado, arrebatado, intempestivo, todo eso era Terrence Grandchester.

El viento frío anunciaba el fin del verano, pronto deberían regresar al Colegio en Londres y a los días marcados por rígidas reglas; ambos sabían que a partir de ahora no les sería tan fácil pasar tiempo juntos. Un silencio los envolvió a ambos mientras caminaban rumbo a la residencia. Varios pasos antes de la zona de la entrada se detuvieron haciéndose a la idea de que el momento de despedirse había llegado.

- "¡Hey Pecosa ¿no olvidas algo?!"

- "¿Yo? Pues no lo creo…" dijo ella revisando el lugar con la mirada.

- "Hace unos días te di algo a guardar ¿no piensas devolvérmelo?" le dijo mientras la encaraba sin darle posibilidad a escapar.

- "Yo…"

- "Lo harás, aunque estemos de vuelta en el Colegio, ¿verdad?" dijo el ansioso joven ante una pasmada pecosa que lo miraba fijamente. – "¿Candy? Sabes que eso significaría que tenemos algo más que una amistad ¿estoy siendo suficientemente claro?"

Candy dejó de respirar por unos segundos en lo que no atinaba a decir nada, las palabras de Terry resonaban en su cabeza, pero no sabía si es que estaba entendiendo correctamente lo que el muchacho estaba insinuando ¿se habría quedado dormida y estaría soñando? Era imposible que Terry le estuviera pidiendo que ella…

Un sonido se escuchó a la lejanía, era la llamada para bajar a cenar.

- "Debes entrar si no quieres ser reprendida… Ya puedes respirar pecosa." Dijo sonriendo y alejándose de ella para tomar la canasta que yacía en el suelo. – "Y espero tu respuesta." agregó, cerrándole un ojo, galantemente mientras iniciaba la marcha.

La figura de Terry se iba perdiendo en la oscuridad conforme se alejaba. Si no fuera por el viento que comenzaba a tornarse frío, Candy no habría podido reaccionar.

La próxima vez que se vieran estaría de vuelta en el Colegio, y él estaría esperando una respuesta.


Notas:

¹ Los Jardines de la Calle de los Príncipes (Princes Street Gardens) es un parque público que se encuentra en el centro de Edimburgo (Escocia), a los pies del Castillo de Edimburgo. Los jardines fueron creados en la década de 1820, se distribuyen a lo largo de la parte sur de la Princes Street (Calle de los Príncipes) y quedan partidos por The Mound, una colina artificial construida para conectar la parte nueva y vieja de la ciudad de Edimburgo. Son un punto de reunión y recreo muy importante para sus habitantes.

* Diálogos obtenidos de la traducción del guion de la película Romeo y Julieta de Franco Zeffirelli estrenada en 1968.

La escena del baile en la pequeña Colina la he sacado del anime con todo y sus breves diálogos.

Agradecimientos:

Un día tarde pero al final lo he logrado. Mis musas decidieron irse de vacaciones o algo así y he tenido que escribir sin su compañía. Espero que les haya gustado pues mi mayor alegría es leer sus reviews, sus comentarios y sus saludos.

Nuevamente les agradezco que me sigan de la mano en esta recta final.

Por sus comentarios mi gracias a todo el club AAVST jajaja a Sandy Sanchez, Stormaw, skarllet northman, Mary, Ale Soria, Pati, clauseri, Anjiluz, ELIZA LUCIA V 2016, Aurora, Blanca G, dianley, Nally Graham, belem7777, Phambe, Eli y una linda Guest anónima que se tomó la molestia de dejar un comentario lindo lindo.

Y a quienes siguen silenciosamente cada capítulo.

Que la semana nos depare momentos maravillosos en la lectura, en la vida, en los recuerdos y en el presente.

Abrazos hasta donde quiera que estén.