Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.
Capítulo 36
Las cuarenta y ocho horas que siguieron fueron igual de monótonas para todos, aunque en especial para Jasper. Pasó los dos días siguientes sin moverse de al lado de Alice, cogiendo sus manos entre las suyas en un vano intento por tranquilizarla, pidiéndole perdón en silencio y suplicándole al dios que fuera que dejara de torturarla. Pero no ocurrió nada. Todo siguió igual.
Supuso que no faltaría más de un día para que su transformación finalizara, así que decidió quedarse con ella en la habitación, igual que había hecho los dos días anteriores.
Emmett se encargó de proporcionarle sangre cada cierto tiempo para que no terminara de desesperarse, y también fue el encargado de pasarse los días manteniendo largas charlas con Edward sobre las transformaciones y los diferentes tipos de vida que llevaban los vampiros. Él fue el único que no perdió la calma.
Edward, por el contrario, se encaró varias veces con Jasper, pero tuvo suerte de que no se revolviera en su contra. Ni siquiera tenía ganas de discutir. Edward, en cambio, le había repetido varias veces que él había sido el causante de la desgracia de Alice, y que esperaba que desapareciera de allí en cuanto ella despertara. Jasper no le había respondido. Se había mantenido impasible, haciendo oídos sordos a los reproches y a los insultos de Edward, sabiendo que eso era lo último que necesitaba en esos momentos. Y, además, le importaba más bien poco lo que él pensara. Sí, seguramente él había desgraciado a Alice, pero no tenía el valor necesario para alejarse de ella. O eso pensaba.
El martes por la tarde, los tres se sobresaltaron al escuchar el sonido del timbre. Ese fue el primer momento en el que Jasper se movió, aunque sólo lo hizo para comprobar que la persona que había llamado no supondría ninguna amenaza. Sus nervios aumentaron cuando vio a Rosalie y a Bella detrás de la puerta, y supo con certeza que sus compañeros habían sentido lo mismo que él.
Emmett abrió la puerta con lentitud, intentando alargar al máximo ese momento. Ninguno de ellos tenía fuerzas para enfrentarse a ellas, pero era algo inevitable:
-¿Se puede saber qué está pasando? –preguntó Rosalie, entrando en el piso como un huracán, deteniéndose en el centro del salón. Bella la siguió pero sin abrir la boca.
-¿Qué está pasando de qué? –intentó distraerlas Emmett.
-No te atrevas a hacerte el imbécil. Sabemos que aquí está pasando algo. ¿Dónde está Alice?
Los tres hombres se observaron en silencio sin saber qué decir. Estaban perdidos.
-¿Qué le ha ocurrido? –quiso saber Bella, preocupada. –Ayer no apareció por la tienda, y hoy no ha ido a la universidad. Sus tíos nos han dicho que está aquí, pero ellos también están muy preocupados porque tampoco saben qué le pasa.
Edward carraspeó con incomodidad y Emmett se rascó la cabeza sin saber qué contestar.
-Bueno, si no nos vais a decir nada, lo averiguaremos nosotras mismas –señaló Rosalie con la intención de ponerse a rebuscar por todo el piso hasta encontrar a su amiga.
-No, es mejor que no –la detuvo Emmett con rapidez. –Alice no está…en condiciones para veros ahora mismo. Y no creemos que pueda hacerlo durante un tiempo…
-¿Se puede saber qué chorradas estás diciendo, Emmett? –casi gritó Rosalie, fulminándolo con la mirada.
-¿Es que está enferma? –inquirió Bella con los ojos muy abiertos.
-Bueno… –dudó Emmett, observando a sus amigos, buscando algo de ayuda por su parte.
-Está comenzando a sufrir una enfermedad crónica –intervino Edward de malas maneras.
-¡Edward! –lo reprendió su amigo, empezando a ponerse nervioso.
-A ver, Jasper, tú eres el más sensato de los tres. ¿Qué narices está pasando? –se hartó Rosalie, dirigiendo su mirada al aludido.
Jasper se quedó en silencio durante un largo rato, observando a Rosalie y a Bella alternativamente. No sabía qué decirles. No había nada que pudiera decirles que pareciera normal.
-Emmett tiene razón –murmuró, con la voz entrecortada. –Aunque, en realidad, Edward también la tiene.
-¡Pero por Dios! ¿Se puede saber qué mosca os ha picado a los tres? –Rosalie estalló, y Bella tuvo que agarrarla antes de que comenzara a golpearlos, presa de los nervios. – ¿Alice está aquí o no?
-Sí –contestaron los tres al unísono.
-¿Y por qué no ha salido a recibirnos? –preguntó Bella esta vez.
-Porque está terminando su transformación –farfulló Jasper sin poder contenerse. Tanto Edward como Emmett lo observaron con los ojos abiertos de par en par.
-Muy bien, idiota, ¿por qué no abres la ventana y lo gritas a los cuatro vientos? –se enfadó Edward, dedicándole una mirada fulminante a Jasper.
-¿Está terminando su transformación? –preguntó Rosalie con el ceño fruncido, ignorando las palabras de Edward. – ¿Su transformación en qué?
-En un vampiro –le contestó Emmett, decidiendo ser sincero al menos con ellas. Jasper sabía que se podía confiar en Rosalie y en Bella, y estaba seguro de que Alice lo agradecería cuando iniciara su nueva vida. Sólo faltaba que no salieran huyendo despavoridas dispuestas a llamar a un psiquiatra para que los encerrara en el manicomio más próximo.
Las dos chicas se quedaron en absoluto silencio, meditando a fondo lo que acababan de oír.
-En un vampiro –farfulló Rosalie lentamente, moviendo su cabeza hacia delante y hacia atrás. –En un vampiro –repitió de la misma forma.
Los tres hombres esperaron a que estallara de un momento a otro, aunque se asombraron todavía más cuando no ocurrió nada.
-Pero, ¿qué os pasa hoy? ¿Es que el mundo se ha vuelto loco o qué? –preguntó Bella con el ceño fruncido, algo más calmada que Rosalie, que se había quedado observando inmutablemente un punto fijo en el suelo.
-Es…cierto –se aventuró a hablar Jasper, deseando poder explicarle la situación a alguien más. Sentía que ellas llegarían a comprenderlo todo. Pero claro, primero se lo tenían que creer.
-¿Qué es cierto? ¿Lo del tema del vampiro o lo de que el mundo se ha vuelto loco? –cuestionó Bella cruzándose de brazos, comenzando a cansarse de esa conversación, a su parecer, tan atípica.
-Alice se está convirtiendo en un vampiro –se atrevió a pronunciar toda la frase, y se sorprendió cuando no le dolió. Había pensado que aceptarlo lo destrozaría, pero se alegró al percatarse de que no había sido así.
-Sí, en uno de los nuestros –lo secundó Emmett, animado. Tanto Jasper como Edward lo observaron fijamente, con una clara advertencia en sus ojos. – ¿Qué pasa? Ya que estamos, se lo explicamos todo.
-Así que es cierto –intervino Rosalie alzando la cabeza de repente, clavando la mirada en Jasper y en Emmett.
-¿Que es cierto? ¡Rose, no empieces ahora tú! –protestó Bella, pero su amiga la hizo callar con un movimiento de su mano.
-¿Lo que estáis diciendo es verdad? –preguntó ella con seriedad, mostrando claramente que no estaba bromeando. Los dos vampiros asintieron lentamente ante la atónita mirada de Edward y de Bella. – ¿Todo?
Volvieron a asentir, más seguros esta vez. Rosalie los observó detenidamente durante unos segundos que se les hicieron eternos, y después suspiró.
-Eso significa que teníamos razón –comentó.
-¿Que teníais razón? ¿Quién? –preguntó Bella sin comprender, al igual que los demás.
-Alice y yo –cuando todos la observaron con los ojos abiertos de par en par, sobretodo Jasper, se dispuso a explicarse: –Algunos días después de que volvierais de vuestra…excursión de fin de semana, Alice me contó que en ocasiones no parecías una persona real. Que había muchas cosas que jamás te había visto hacer, como comer o dormir. Yo le dije que a veces parecíais extraterrestres –dijo señalando a Emmett y a Jasper. –Y a partir de ahí nos dimos cuenta de que las dos pensábamos lo mismo: que no erais humanos. Pero claro, ¿a quién se lo íbamos a contar? ¿Quién iba a creernos? Así que decidimos seguir como si no supiéramos nada. Y en eso estábamos hasta ahora, que llego aquí y me encuentro con que sois vampiros y con que habéis transformado a una de nuestras mejores amigas –relató, como si estuviera explicando un cuento. – ¿Qué tenéis que decir al respecto? –preguntó, colocando sus manos en su cintura, como si estuviera enfadada. Pero no lo parecía.
Todos la observaron en silencio, sin atreverse a abrir la boca hasta que Jasper decidió hacerlo:
-Alice me contó lo que ella sospechaba. No me dijo nada de ti, sólo lo que ella creía.
-¿Y por eso ahora está a punto de convertirse en uno de vosotros?
-No. Es algo mucho más complejo que eso –intervino Emmett, saliendo de su asombro.
Bella observó la escena como si acabara de recibir un golpe en la cabeza. Parecía que todos se habían vuelto locos.
-¿Y se puede saber por qué soy la última en enterarme de todo esto? –casi gritó, ofendida, dedicándole una mirada enfadada a Rosalie.
-No quisimos decirte nada. Tú no sueles creerte nada sobre cosas sobrenaturales y, además, te siguen dando miedo los fantasmas. ¿Crees que hubieras soportado la idea de tener un par de amigos vampiros?
-¡Pero aún así podríais habérmelo contado! Se supone que somos amigas, aunque a partir de ahora…
-A partir de ahora seguiremos siéndolo –decretó Rosalie.
-Sí, claro. Vosotras seguiréis hablando sobre cosas increíbles y a mí me dejaréis de lado porque soy una cobarde y una incrédula, ¿verdad? –Rosalie quiso protestar, pero no tuvo ocasión, pues Bella retomó su discurso al instante: –Pues si vais a ir en ese plan, yo no quiero saber nada más –declaró, enfadada, y sin decir ni una palabra más, se dirigió hasta la puerta y se marchó.
Edward no tardó mucho más de tres segundos en empezar a correr detrás de ella, no sin antes haberle dedicado una mirada fulminante a Emmett, a Jasper y a Rosalie, y también se marchó con un portazo que resonó en casi todo el edificio. Los tres se quedaron en un silencio algo incómodo por lo que acababa de pasar y por lo que Rosalie les había explicado pocos minutos antes.
-Pobre Bella… –fue lo primero que se le ocurrió decir a Emmett para romper aquel perturbador mutismo.
-Se le pasará. Ahora está asombrada y le costará hacerse a la idea. Se puede decir que le ha venido todo de golpe. Claro, pocas personas se enteran de que tienen dos amigos que son vampiros y que una de sus mejores amigas está en proceso de convertirse en uno –le respondió ella tranquilamente.
-Tú, en cambio, pareces muy… serena. Ni siquiera te has inmutado –comentó Jasper, sorprendido.
-Bueno, sí que me ha impresionado saber que sois vampiros, pero se puede decir que yo ya me había hecho a la idea de que no sois algo normal.
-¿Y no te damos miedo?
-¿Miedo? –preguntó con una risita. –No. Si no me habéis hecho daño en todo este tiempo, dudo que me lo vayáis a hacer ahora. Aunque claro, he descubierto vuestro secreto y puedo explicárselo a cualquiera. Puede que tal vez ahora sí que queráis hacerme daño sólo para que no revele vuestra verdad.
Jasper y Emmett se observaron con una ceja alzada.
-Esa no es nuestra intención. Suponemos que no le contarás nada a nadie, porque estamos seguros casi al cien por cien de que nadie en su sano juicio te creería.
-Eso me deja mucho más tranquila… –un grito proveniente de la habitación de Emmett interrumpió lo que iba a decir, y todos observaron la puerta cerrada de la estancia con preocupación. – ¿Esa es Alice?
-Sí –musitó Jasper, comenzando a entristecerse de nuevo. Aquella relajada conversación con Rosalie lo había hecho olvidar sus problemas durante algunos minutos, pero la realidad había vuelto para atormentarlo de nuevo.
-¿Qué le pasa? ¿Por qué grita?
-La conversión es muy dolorosa. Está dejando de ser humana –le explicó Emmett.
-Quiero verla –dijo Rosalie con seguridad.
-No –le contestaron los dos al unísono.
-¿Qué? ¿Por qué no?
-Porque no es una imagen agradable de ver. Está sufriendo mucho y ya ha dejado de parecerse a la Alice que conocías.
-Pero la veré tarde o temprano, porque no pienso alejarme de ella. Me da igual lo que sea, como me da igual lo que seáis vosotros –decretó con seguridad.
-Muy bien, pero lo mejor será que ahora te marches y que vuelvas otro día. De verdad que será mejor que te ahorres esa visión –intentó hacerle entrar en razón Jasper. Si era duro para él ver a Alice en aquel estado, para Rosalie sería bastante peor. Más que nada, porque ella la conocía desde siempre, y ver a su amiga en tan deplorable estado podría conmocionarla.
-Sí. Jasper tiene razón. Lo mejor que puedes hacer ahora es marcharte y esperar a que te llamemos dentro de unos cuantos días.
-¿Dentro de unos cuantos días?
-Sí. Cuando Alice despierte, deberá acostumbrarse a su nueva vida. Tendrá que aprender muchas cosas y aprender a controlar su sed. Entiéndelo –insistió Emmett.
Rosalie permaneció en silencio durante algunos segundos con la cabeza gacha, hasta que después volvió a levantarla.
-De acuerdo… –murmuró con la voz entrecortada, dirigiéndose hasta la puerta. –Iré a hablar con Bella antes de que se enfade más –comentó en un vano intento por ignorar las lágrimas que acababan de reunirse en sus ojos.
Jasper y Emmett asintieron lentamente y, sin decir nada más, el primero se dio la vuelta y se dirigió con rapidez a la habitación en la que se encontraba Alice. La halló hecha un ovillo en la cama, aunque por poco tiempo, pues volvió a removerse inquieta a los pocos segundos.
-Ya falta poco –le dijo en voz baja, y ella le respondió con un grito de dolor.
Jasper descubrió que Rosalie aún no se había ido del piso y que estaba hablando con Emmett sobre algo importante, pero decidió dejar de escucharlos simplemente para darles algo de privacidad. Era consciente de que aquel era un momento difícil para todos, pero sabía lo que su amigo sentía por ella y estaba casi seguro de que Rosalie sentía lo mismo por él. Por ese motivo decidió no ser entrometido y centrarse en Alice, que era la que lo necesitaba en aquel instante.
A pesar de todo, sabía que no podía culpar a Emmett por querer ser feliz. Él también lo había querido ser, y lo había logrado, pero como siempre le ocurría, había destrozado su felicidad y la de Alice. La de él poco le importaba, pero jamás se perdonaría lo que le había hecho a ella.
No la merecía, estaba completamente seguro de ello, y nadie podría sacarle esa idea de la cabeza. No. No podía seguir allí. Él no tenía derecho a cuidarla, ni siquiera tenía el derecho a permanecer con ella en la misma habitación. ¿Por qué? Porque había acabado con su vida sin dejarla elegir. La había condenado sin tener en cuenta sus deseos. Sí, la había salvado de la muerte, pero cuando despertara, no estaría viva. Así que, más o menos, era lo mismo.
Aquellos horribles pensamientos se adueñaron de su mente en cuestión de segundos, y el grito agudo que Alice profirió a continuación no ayudó en nada. Sólo le echó más leña al fuego, como si supiera lo que estaba pensando. Como si estuviera dándole la razón.
Jasper se levantó del sillón en el que se había sentado con rapidez, y comenzó a respirar agitadamente. No podía quedarse allí. Cuando Alice despertara, sólo querría que se marchara. No querría volver a verlo en toda su existencia, y aquella simple idea lo hizo temer. Estaba aterrado. ¿Qué sucedería si las cosas iban de ese modo? Ni siquiera pensó en la respuesta de esa pregunta.
Simplemente, salió de la habitación como alma que lleva al diablo, y sin decirle nada a Emmett, que se encontraba sentado en el sofá del salón con la mirada perdida, se marchó sin mirar atrás.
U_U No me matéis a mí por hacerlos sufrir tanto, y tampoco matéis a Jasper por ser tan... inseguro. Es que si lo hacéis, no sabréis como termina la historia ;P
Espero que os haya gustado el capi de hoy y que me lo digáis en un review^^
¿Nos leemos el lunes?
XoXo
