Capítulo 36: RESTAURANDO LAZOS
Habían pasado tres días desde que Luna y Ron decidieron juntar a sus amigos. Tres días en los cuales se veía una notoria mejoría, en especial entre Neville y Ginny. Ya era muy común que estos dos inventaran excusas absurdas para escabullirse y no regresar hasta horas más tarde con los labios completamente hinchados de tanto besarse. Pues resultaba que éste par siempre se iba a algún lugar apartado sólo para hacer esto, besarse. Se decían lo que sentía era cierto. Pero nada más. Nunca formalizaron o lo intentaron.
Por otro lado, Harry y Hermione seguían "igual", sólo que al ojiverde se le antojaba poner muérdago en cada rincón de Hogwarts para así besar a la castaña pues desde aquel día en el lago no había podido besarla otra vez. ¿El motivo?, Hermione corría la cara, Hermione inventaba una excusa y se iba, Hermione hacía como que quería estornudar y se tapaba la boca. En fin, el pelinegro ya no sabía qué hacer para probar sus labios. Ansiaba con todas sus fuerzas, aunque fuera un simple beso. Pero no. La ojimiel siempre se las ingeniaba para evadirlo. Y la razón a esto era completamente desconocida para el ojiverde. Provocando su exasperación, pero irremediablemente, su amor hacia ella. Cualquier gesto, suspiro, palabra, Merlín, TODO hacía que el joven Gryffindor se sintiera más enamorado a cada segundo. Y es que ese brillo especial en la mirada de Hermione simplemente era hipnotizador.
Y no es que Hermione no quisiera besar a Harry, sino que como "amigos", ella consideraba que no debían hacerlo pues ninguna clase de amigos hacían eso. Bueno, excepto los amigos con derecho, pero ¿ella quería ser de esos?, por supuesto que no. Si iba a tener algo con Harry sería amistad o una relación de novios. Nada más. Ni amigos con derecho. Amigovios. O lo que sea. Así que si lo que él le había pedido era amistad. Bien. Si él no quería cumplir estrictamente con esto, bueno, era su problema. Ella sería sólo su amiga. Aunque deseaba con locas ansias volver a besarlo. Pero no. No debía. Sólo amigos habían acordado. Bien, ahora a aguantarse.
Ron y Luna sin embargo andaban derramando miel por todo Hogwarts, se besaban, se tomaban de la mano, se abrazaban, se decían frases de amor. Todo era tan… romántico. Pero a la vez tan exasperante para Ginny que hacía arcadas cada vez que los veía. Incluso Hermione los miraba con extrañeza. Y es que, ¿quién en el mundo podría pensar que Ron fuera tan, pero tan, sensible?, ¡absolutamente nadie!
Le decía "Lunita" con un tonito tan meloso que provocaba que los cabellos de la nuca de Harry y Neville se erizaran provocándoles un escalofrío nada placentero.
La besaba casi queriéndosela tragar ocasionando un tono pálido en Ginny y Hermione que hacían lo posible por no salir corriendo a vomitar o salvar a Luna del "pulpo" de Ron.
Pero a éste par no les importaba en absoluto las reacciones de sus amigos. Estaban en su propio mundo. Se amaban como nunca antes. Se extrañaban a cada momento. Les faltaba el aire cada noche al tener que darse la despedida. Por eso cuándo se encontraban cada día no podían evitar darse ésas muestras de cariño. Porque si esto era el amor, un sentimiento que te mataba lentamente, torturándote con la más bella de las torturas; entonces bendecido sea pues ambos querían morir de esta manera. En los brazos del otro, profesándose su amor en besos, caricias y palabras cargadas de este maravilloso sentimiento.
Todo marchaba con normalidad. Los chicos seguían en su plan de "amigos", pero los dos Gryffindor estaban decididos a actuar…
Neville ya estaba cansado de ser "amigo" de Ginny y planeaba declarársele lo antes posible, esperando no ser bateado por la pelirroja. Y Harry estaba decidido a besar a Hermione, y con un poco de suerte, definir de una vez su relación, rogando porque ésta no lo evitara, de nuevo.
— Hermione, ¿me ayudas con la tarea de Transformaciones?, sólo me falta revisar si tengo algo mal o le falta algo — le pidió Harry sentándose a su lado en el sillón frente a la chimenea.
— Claro — el ojiverde le extendió el pergamino y ésta lo tomó empezando a analizarlo.
Harry se inclinó disimuladamente hacia ella procurando que sus rostros quedaran a un palmo de distancia, pero fingiendo atención en el ensayo para no crear sospechas en la castaña.
Ginny y Luna, que veían desde un rincón de la Sala Común, no pudieron evitar sonreír.
— Lo está haciendo sufrir — comentó la pelirroja, hablando en susurro para que no las escucharan.
— Pero mira como lo trae — se burló la rubia.
— Pobrecito, prácticamente se le cae la baba por Hermione — le dio pena a Ginny, mirando con compasión a Harry.
— Ni tan pobrecito, — contradijo Luna frunciendo el entrecejo — si fuera más listo y le pidiera ser su novia otra vez, no tendría que sufrir ni hacerla sufrir a ella — zanjó.
— Bueno si… pero a veces es difícil remediar las cosas ¿sabes?… — bajó la mirada.
— ¿Lo dices por ti y Neville? — la volteó a ver.
— Si… — confesó, su voz volviéndose apenas un murmullo — mira, ya sé que nos llevamos ahora mejor, que digo mejor, si nos la pasamos besan… digo, hablando y así, — se sonrojó — lo que quiero decir es que, ay, ya se me fue… — se frustró — mejor volvamos a jugar — bufó.
— Si Neville no te pide que seas su novia otra vez, es porque es un idiota — comentó Luna encogiéndose de hombros y volviendo a centrar su atención en los naipes explosivos.
— Tal vez — murmuró sin darse cuenta la pelirroja.
— ¿Y?, ¿le ves algún error? — preguntó el ojiverde mirándola a ella y no el pergamino.
— Mmm… — Hermione giró el rostro hacia él y se perdió en esa mirada verde esmeralda a escasos diez centímetros de su rostro. Vio sus intenciones, y rápidamente bajo la cabeza otra vez — si, emh… en esta parte ¿ves? — señaló el pergamino. Harry se acercó aún más a Hermione, pegando su cuerpo al de ella, cruzando un brazo tras su espalda y colocando su otra mano sobre la mano de la castaña que sostenía el pergamino.
— Aja… — susurró en su oído — ¿y que me recomiendas escribir? — suspiró sobre su cuello, su mirada nunca abandonando su rostro.
— Yo… emh… — perdió el hilo de las palabras.
— ¿Aja? — besó su mejilla suavemente.
— Emh… pues… — sentía cosquillas en dónde Harry tenía sus manos y dónde había plantado un casto beso. Se maldijo mentalmente por estar empezando a dejarse llevar. Inconscientemente se humedeció los labios y giró levemente el rostro hacia él — ¿qué pretendes? — preguntó, su voz apenas audible.
— ¿Yo?, — sonrió inocentemente — nada… — terminó con la distancia y la besó. Y Hermione se dejó llevar.
— ¡CERRAR LA COCINA!, ¡CERRAR LA COCINA!, ¡¿PUEDEN CREERLO?!… — gritó con histeria Ron entrando ruidosamente a la Sala Común junto con Neville. Hermione y Harry ni se inmutaron y siguieron en lo suyo — ¡¿A QUIEN SE LE OCURRE HECHIZAR LA PUERTA PARA QUE NO PODAMOS ENTRAR?!… ¡MCGONAGALL ME LAS VA A PAGAR!, — levantó el puño con gesto amenazante — ¡PRIMERO LAS VACACIONES, AHORA LA COCINA!, ¡¿QUÉ SEGUIRÁ DESPUÉS?!… ¡¿NOS DEJARA TAMBIÉN EN VERANO?!… — se dejó caer pesadamente al lado de su novia, bufando. Miró a los otros tres y se dio cuenta de que nadie le prestaba atención, sino que miraban a un punto frente a la chimenea. Se indignó — ¡¿y ustedes que tanto miran?!… — inquirió. Giró el rostro hacia el lugar y vio a sus dos mejores amigos de lo más entretenidos besándose sin prestarles la más mínima atención — ese par, si por ellos fuera ya vivirían en un motel — se burló olvidando momentáneamente su enojo.
— ¡Shh! — lo silenció Luna.
— ¡Vámonos!, ¡a mí me huele a reconciliación! — urgió Ginny con alegría levantándose cuidando de no hacer ruido.
— Ni te esfuerces en intentar no hace ruido Ginny, si no oyeron los gritos de Ron, dudo que noten nuestra presencia — comentó Neville siguiendo los chicos a la salida.
— ¡Rápido, rápido! — apuraba Luna jalando a Ron. Salieron.
— ¿Y ahora qué haremos?, yo tengo hambre y la cocina está cerrada — se quejó Ron como niño berrinchudo cruzado de brazos una vez estuvieron fuera de la sala y anduvieran caminando en los pasillos. Ginny blanqueó los ojos.
— Podríamos llamar a Dobby y que te dé algo — sugirió Luna.
— ¡Si!… — se le iluminaron los ojos al pelirrojo — vamos, que para luego es tarde — apremió a los demás, tomando a su novia de la mano. Encaminándose al comedor.
— Vayan ustedes… — Neville miró significativamente a Ginny. Ésta captó el mensaje.
— Si, vayan, nosotros no tenemos hambre — les dijo la pelirroja.
— Como quieran… — se encogió de hombros Ron y siguieron caminando. Luna miró sobre su hombro y le guiñó un ojo a la Ginny — ¡y mucho cuidadito con esas manos Longbottom, tengo ojos en la espalda! — amenazó el pelirrojo sin voltear a ver.
— No creo que tenga, de lo contrario ya me habría partido la cara — contradijo Neville sonriendo, abrazando a Ginny por detrás, cruzando sus brazos sobre su estómago. La chica rio nerviosa para acto seguido caminar junto al Gryffindor y encerrarse en un aula vacía.
No sabía cómo ni cuándo había pasado. De lo único que era consciente es que estaban acostados en el sofá besándose apasionadamente y sin la ropa más exterior, únicamente en ropa interior, suprimiendo cualquier sonido que alertara a los demás de lo que hacían, aunque era casi imposible dejar salir uno que otro suspiró cuándo Harry la besaba de aquella manera y la acariciaba con tanta delicadeza.
Una parte de su cerebro le gritaba que estaba mal. Muy mal. Pues los rayos del sol se colaban perfectamente entre las ventanas y en cualquier momento alguien podría entrar y verlos. Pero su corazón y hormonas trabajaban a una velocidad que le impedían pensar en otra cosa que no fuera los besos y caricias del pelinegro. Lo único que quería era entregarse a él. Amarlo. Y por Merlín, ¡lo amaba tanto que no importaba nada de lo demás!
Colocando una mano tras su espalda y tanteando Harry pudo deshacerse del sostén de Hermione. Quedando sus senos expuestos a la vista de él que suspiró con emoción acogiéndolos inmediatamente en su boca y manos. La castaña arqueó la espalda y enterró un poco las uñas en su espalda apretando los dientes para no gritar su nombre.
— ¿Crees que ya se hayan reconciliado Harry y Hermione? — preguntó Luna a Ron mientras éste engullía todo lo que tenía a su alcance.
— No sé… — tragó un gran bocado de carne asada y bebió jugo de manzana — pero si es así no quisiera saber lo que están haciendo… — se estremeció.
— Ni yo — concordó Luna recordando la escena del lago. Tembló.
— Diez a uno a que Harry y Hermione se están reconciliando — comentaba Neville. Ginny estaba sentada sobre el escritorio del Profesor con las piernas ligeramente abiertas y el pelinegro entre ellas, sus brazos a cada lado de la pelirroja mientras ésta jugaba disimuladamente con los botones de su camisa.
— Diez a uno a que se van a reconciliar, pero aún falta — contraatacó la pelirroja, muy segura.
— ¿Es una apuesta? — la miró con picardía acercándose a sus labios.
— Aja — entrelazó sus brazos por su cuello.
— ¿Y cuál será el premio del ganador? — enarcó una ceja. Sonriendo, Ginny se acercó a su oído y susurró unas palabras que hicieron sonrojar al pelinegro y buscara sus labios de inmediato. La pelirroja luchó contra el impulso de reír ante la urgencia del chico.
Mientras tanto en la Sala Común, sobre un sofá, cubiertos en un manto de pasión. Harry y Hermione volvían a unir sus corazones, almas y cuerpos manifestando lo mucho que se amaban. Aforrándose el uno al otro mientras se movían al compás de una música silenciosa y respiraban entrecortadamente. No pudieron evitar soltar gemidos de vez en cuándo con cada movimiento cada vez más rápido.
Sus ojos oscurecidos de pasión y amor. Sus labios entreabiertos buscándose por un nuevo beso. Sus pieles humedecidas por el sudor de ambos. Y el corazón latiéndoles a mil por hora, casi con dolor, un dolor que soportarían ambos toda la vida si era posible porque era el más exquisito jamás antes sentido.
Con un suspiro ahogado ambos llegaron al paraíso. Llamándose. Aforrándose. Besándose. Mirándose con las mejillas de un color carmesí. Los labios hinchados y rojos. Y sonriendo tenuemente.
Para después quedarse abrazados. Recuperando las fuerzas y el oxígeno para seguir en el mundo de los mortales. Pues antes habían llegado al edén, el lugar terrenal dónde sólo los nobles y puros de corazón podían estar. Dónde ellos se unían y amaban por la eternidad.
— Ya no soporto esto… — se quejó Neville separándose de una desconcertada Ginny. Sus labios algo hinchados por los besos antes dados.
— ¿Qué pasa? — lo miró confundida.
— Ginny, yo ya no quiero esto… — empezó, tomándole las manos — esta amistad no funciona, míranos, besándonos en todos los rincones de Hogwarts… — soltó una risita nerviosa. La pelirroja lo siguió mirando — lo mejor será terminar con esto… — Ginny soltó sus manos, visiblemente perturbada.
— ¿Quieres decir…? — empezó con temor.
— ¡No, no!, ¡por supuesto que no!, — la tomó del rostro acercándose a ella al ver el miedo en sus ojos — ¡lo último que querría sería alejarme de ti!… otra vez — hizo una mueca.
— ¿Entonces? — se desconcertó más.
— Si vamos a seguir haciendo esto, tendremos que hacerlo bien… — suspiró — como se debe… — el corazón de Ginny de pronto empezó a trabajar como loco y se sintió avergonzada de que Neville pudiera oírlo — ¡¿quieres ser mi novia?! — preguntó con su voz cargada de emoción y una apenas perceptible sonrisa esperando su respuesta. El rostro de la pelirroja se iluminó, y emitió un chillido de emoción.
— ¡Si, si, si quiero! — exclamó con una radiante sonrisa lanzándose hacía él y besándolo con ansias, tantas que el joven Gryffindor enrojeció, pero correspondió a su beso de muy buena gana.
— Esto no estuvo bien — se lamentó Hermione mientras descansaba sobre el pecho de Harry, sus ropas esparcidas por la alfombra.
— ¿Qué?, ¿no te gusto?, ¡si quieres…! — empezó a decir rápidamente, levantando un poco la cabeza para verla a los ojos. Hermione no pudo evitar sonrojarse al igual que él. Rio nerviosamente.
— No… no es eso… ¡fue grandioso!… — se mordió el labio — es sólo que… — suspiró y se sentó, alargando una mano tomó la camisa de Harry y cubrió un poco su desnudez a la vez que evitaba ver al ojiverde.
— ¿Qué cosa? — se sentó también, besó suavemente su espalda. Hermione volvió a suspirar.
— Harry, esto no lo hacen los amigos — lo miró apenada sobre su hombro.
— ¿Te arrepientes? — cuestionó con temor.
— No, sabes que no — le sonrió tranquilizadora. El ojiverde también sonrió y la besó dulcemente en sus hinchados y enrojecidos labios.
— ¡Te amo! — besó su hombro.
— ¡Yo también!, ¡y mucho! — se perdió en esa verde esmeralda.
— No sé tú, pero a mí no me gustaría que nos encontraran… ¡así! — remarcó Harry viendo a Hermione con una sonrisa pícara. La castaña se sonrojó, pero rio.
— Vamos a vestirnos — acordó.
— Traes mi camisa — la miró pícaro. Hermione le dio una palmadita en el pecho fingiendo molestia y no le regresó la camisa, usándola para cubrirse un poco mientras recogía su ropa y las de Harry. Hasta que cubrió su desnudez le regresó la prenda.
— Esto… nosotros… — empezó Hermione una vez vestidos. Harry le rodeó la cintura, recargando su frente en la de ella, mirándola a los ojos, sonriendo tenuemente — odio cuándo haces esto — se quejó la castaña sonriendo.
— ¿Qué cosa? — preguntó inocentemente, haciéndose el desentendido.
— Mirarme como lo haces ahora. Siempre haces que se me olviden las cosas que voy a decir. O me haces cambiar de parecer — suspiró.
— Entonces no lo hagas. No intentes alejarme — rozó su nariz con la de ella.
— ¡Nunca más! — acordó besándolo en los labios.
— ¡Nunca más! — repitió el pelinegro abrazándola fuertemente.
