Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi
Otros son de mi imaginación. ;)
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Capítulo 36
"Necesitamos hablar"
Cuando Kagome había dicho eso no comprendió todo el enredo de significaciones que esa simple frase podía causar. Qué significaba realmente "necesitamos hablar", ¿a qué tipo de confianza aludía?, ¿bajo qué autoridad, nexo o lazo emocional apelaba?. En su caso, tal vez sólo a un hilo endeble que la mantenía apenas en contacto con Izayoi.
Ahí, fuera de la habitación de Kazuki bajo la tenue figura difuminada de lo que se supone era la Luna, ambas mujeres se veían. El frío del invierno estaba yéndose, la primavera pronto se dejaría notar en los ambientes sutiles y el florecimiento de las yerbas y flores silvestres del bosque, Kagome conocía bien ese efecto en esta época e Izayoi lo reconocía por sus años a la intemperie.
-Creí que ya lo habíamos hecho….
Su voz, la voz de Izayoi, siempre le recordaría a esa niña pequeña a la que solía peinar bajo el Goshinboku. Sonrió al recordarlo y esa sonrisa escurridiza causo escalofríos en Izayoi.
-Izayoi, hay algo… ¿algo que no nos hayas dicho?
Las preguntas de Kagome nunca eran muy acertadas, Izayoi movió su cabeza en negación más como un gesto de incomprensión que de un no como respuesta.
-Hay muchas cosas que no he dicho.
Por supuesto, pensó Kagome, no era la pregunta correcta.
-Izayoi-Kagome no sabía cómo preguntárselo y el tono de su voz no era precisamente un punto a favor para exigir quizá una respuesta- Sé que algo se acerca- mintió- la energía se está acumulando a tu alrededor, sé que algo está sucediendo y quiero saber qué es.
La chica sonrió a Kagome- y ¿él también quiere saberlo?- dijo mientras apuntaba sobre el tejado.
Kagome asintió e Inuyasha bajó junto a ellas. Izayoi no le miró, una cosa era perdonar a Kagome, bueno tal vez no perdonar, pero si entender sus razones. Pero con Inuyasha era distinto, ni siquiera sabía cómo su madre podía siquiera pensar en reconciliarse con él después de que el hanyo deseara revivir a Kikyo. Maldito mentiroso.
-Izayoi- la chica bufó ante el llamado de Inuyasha y levanto su mano frente al rostro del hanyo descolocándolo por completo. Las garras de la hanyo brillaron en la oscuridad y sus colmillos resplandecieron.
-No digas nada. No hay mucho que puedas agregar después de lo que Kagome dijo.
La sacerdotisa frunció los labios, le gustaría que Izayoi la llamara de otra forma, bueno era mucho que la llamara madre, pero…
Miradas irreconciliables dieron paso a un silencio incomodo, un momento partidario del escape que ni Kagome ni Inuyasha estaban dispuestos a ocupar. La respiración de los tres se hizo densa bajo el aire espeso que el invierno aún dejaba a rastras. La espalda de Izayoi chocó con lentitud la pared tras de ella y meditó lo más rápido posible qué hacer.
Podría evitar responder sus preguntas, podría retarlos y correr fuera de la casa, ocultarse. Pero qué más daba. Era mejor explicarse, vengarse un poco tal vez, inventar un par de cosas.
Se deslizó por la pared hasta quedar sobre sus piernas y vio cómo Kagome se sentaba a su lado e Inuyasha se apoyaba en la una de las vigas que sostenían el techo del pasillo.
¿Contar o no contar toda la verdad?… ¿Inventar un poco, exagerar o no?. Sería genial divertirse un poco antes de que Ella volviera.
Bien, se dijo, contaría lo que a su mente viniera, qué importa si es la verdad o la exageración o la mentira. Allá ella, el mundo y ellos.
-No es mucho la verdad- comenzó seria, estoica y mirando algo que se había vuelto visualmente interesante en una de las tablas del piso- Puedo hablar con los espíritus como el Goshinboku.
El rostro de sorpresa de ambos no fue de por la información, sino por la naturalidad con que ella comunicaba algo que seguro era y fue siempre un secreto. Izayoi era extraña, confusa e Inuyasha no podía comprender su comportamiento. Tan agresiva de repente y ahora, aunque se veía seria e ida como la mayor parte de su viaje buscando a Kagome, tenía un semblante distinto, más abierto quizá, más resignado tal vez.
-Él me prohibió el paso al comienzo, nos peleamos y ahora soy yo la que no quiere regresar. MI plan era venir por ti- dijo mirando a Kagome- entregarte a Sesshomaru – ante está declaración Inuyasha frunció el ceño y Kagome se incomodó, se sintió como un paquete, un pedazo de carne tal vez.-Luego de eso …pues… bueno retirarme de todas formas. Pero como el Goshinboku me prohibió sacarte de esta época y con Shoujiro muerto, mejor quedarse aquí, desligarme de ti y huir de mi puesto.
Suspiró, definitivamente Izayoi la sentenciaba a un paquete, pensó Kagome, un simple paquete. Al ver que Izayoi no continuaba Inuyasha le lanzó una mirada a Kagome que esta interpretó inmediatamente.
-Pero eso no es todo, ¿cierto?
Izayoi le miró con una ceja levantada, el tono de Kagome no era autoritario, pero rayos, la mujer estaba confundiéndose. Nadie tenía ninguna autoridad sobre ella, al parecer darle algunos privilegios de acercamiento estaban confundiendo a la miko. Bufó y la molestia que sentía fue visible para Kagome e Inuyasha, pero este último decidió no opinar, sabía que terminaría arruinándolo.
-Izayoi
-Sí, sí.- confirmó Izayoi restándole importancia a Kagome y a ella misma. ¿Mentir o no mentir?- Pedí un favor a un espíritu hace algún tiempo.
-¿Un favor?- cuestionó Kagome
-Sí, un favor. Cuando era una niña y morí a manos de unos humanos torturadores- el rostro de Kagome se desencajó e Inuyasha le vio a los ojos, porque a eso se debía las alucinaciones de Izayoi, ahora ambos comprendían algo. La rabia del dolor ajeno le llenó por dentro a kagome e Iniuyasha se sintió impotente ante las reacciones de la miko y ante la vida de su hija. Pero la mirada de Izayoi no estaba ahí con ellos, estaba en cualquier otra parte, allá en el pasado o en su mente quizá - Estaba amaneciendo, el sol iba a darme a la cara y pedí un favor. Se me fue concedido y ahora tengo que pagarlo.
-¿Cómo?- inquirió Inuyasha serio.
¿Mentir o no mentir?
Izayoi sonrió- se debe dar algo del mismo valor
¿Para qué hacerlo?
La frase resonó en la mente de ambos, Inuyasha y Kagome se estremecieron recordando ambos sus respectivos sueños, aquellas pesadillas aterradoras que los habían atormentado hace un día.
-Hanyo…
Ambos le vieron sin entender.
Mentir era una opción agraciada, la lastima asqueaba y ella se había acostumbrado a combatirla.
-Los seres espirituales se alimentan de energías, humanas sobre natural, espiritual … ¿eso lo sabes, no? – preguntó Izayoi mirando a Kagome, con sus ojos frío y actitud impávida.
La miko asintió de vuelta e Izayoi sonrió levantándose, estirando sus brazos sobre su cabeza y mirándole seriamente de nuevo.
Pero no mentir le era una liberación, una puerta a una nueva forma de ver las cosas. A seguir a delante y respirar tranquila, una forma de honrar a Ruyji. No mentir era vida.
-Hanyo, mi energía sobrenatural desaparecerá de aquí al final del mes.
-Estás diciendo que serás…
-Humano-cortó Izayoi a Inuyasha.
Es mejor dejar que las cosas fluyan, avanzar.
-Izayoi, eso es…
-¿Imposible? No, no lo es hanyo. Digo, Inuyasha.- se corrigió Izayoi con algo de ironía y caminó por el pasillo hasta la habitación donde Kazuki dormía con su hermana herida y su hermano menor- Pero, eso era, por eso es mejor no regresar. Cómo sea, nos vemos por la mañana.
-Izayoi…- la llamó Kagome, viendo su figura alejarse en la profunda media oscuridad de esa noche. El cabello plateado se agitó despacio tras de sí, al igual que el suyo lo hizo al chocar en sus mejillas.
-Dije, hasta mañana- repitió Izayoi, dejando ver las puntas platinadas de su cabello por la rendija entre abierta.
El silencio de la noche llenó de temores e inciertos el corazón de Inuyasha y sin dudarlo un segundo tomó la mano de Kagome y la llamó.
-¿Realmente es cierto? ¿Puede ser posible?.
Pero el movimiento negativo de Kagome y sus hombros levantados le dieron a entender a Inuyasha que las mismas dudas habitaban la mente de la miko.
-no lo sé Inuyasha, yo, yo no sé- contestó perdiéndose en los ojos dorados del hanyo y en sí misma. Dando por última vez un vistazo al camino por el que se había ido Izayoi.
Ser humano, qué irónico que esa chiquilla haya alcanzado un sueño que él tanto deseo hace tanto tiempo. Incluso ahora, que Kagome recupero su por completo su autonomía sobre su cuerpo, comprendía que comenzaría a envejecer. Ya sin el arco dentro de ella, Kagome seguiría el mismo camino que los humanos. ¿Y él?
¿Qué sería de él cuando Kagome se fuera de su lado nuevamente y esta vez tal vez para siempre?
Se reclinó despacio hacia atrás y respiró con profundidad, era muy pronto para comenzar a pensar en ese tipo de cosas. Kagome aún parecía de veinte. Pero el tiempo era tan efímero, él lo había visto pasar delante de sí con rapidez.
Cerró los ojos y pasó los brazos detrás de su cabeza, desde el árbol donde estaba tenía visibilidad de la casa de Miroku. Después de que Izayoi se fuera, Kagome le había dicho que había algo que no encajaba. Un no sé qué que la ponía nerviosa y sin más miramientos le contó sobre su sueño. Se le habían parado los pelos de la nuca, el sueño de Kagome era mucho más escalofriante que el suyo, él también se lo había contado y juntos se habían dado cuenta de la presencia de Izayoi y de esa mujer de cabellos negros. Seguro ese es el espíritu, dijo Kagome, pero no entiendo que quieren de vuelta.
Después de eso había sido difícil para ambos conciliar el sueño, habían hablado sobre las alucinaciones y la naturalidad escalofriante con que Izayoi lo recordaba. Luego de eso Kagome había ido a dormir a la otra habitación y él había decidido quedarse afuera, necesitaba pensar.
Pero ahora, sólo quería relajarse un poco, sentir el aire cálido frío sobre su rostro y la paz que el Sengoku y la presencia de Kagome le entregaba de forma Inherente. No podía creer tampoco que el Goshimboku tomase su imagen, seguramente fue por estar clavado en él, pensó. Y observó el resto del bosque seudo desplumado. Pronto la primavera lo haría frondoso e imponente de nuevo.
Se preguntó qué sentiría Izayoi justo ahora, es decir. Ser humano, no ser hanyo. Era obvio que la chica odiaba su naturaleza. Que prefería ser humana, pero aún así. ¿No era raro? ¿Dejar de ser lo que fuiste toda la vida? y ¿Por qué rayos no se había hecho estas preguntas hace años? Ah, claro, él odiaba ser un hanyo, igual que la chica.
