Bueno, ahora vengo más rápido de lo normal y sin acoso... buuu Y_Y ya no tengo acoso por parte de haru10 ¿Ya no me quieres? Y_Y
El anterior capítulo sé que fue algo decepcionante, pero era lo que carcomía a Kagome ¿Gran cosa? No, para nada, nada que no haya podido superar y justo como Kagura le dice "Hay personas que sufren más que eso", pero bueno, ella lo sufrió y le pareció el fin del mundo, pero lo importante para todas ¿Y qué hará Sesshoumaru? No me pude evitar responder esa preguntar desde la perspectiva de él.
Todos los disclaimer en el primer capítulo completamente detallados.
Advertencia: capítulo en primera persona, desde el punto de Sesshoumaru (ya teníamos ratos ¿Verdad?)
CAPÍTULO 37:
«SUMISIÓN»
—¿Qué crees que estás haciendo Kagome? —todavía estaba tratando de procesar la información que me acababa de decir, ¿Por qué se quería ir?
—A buscar algo que ponerme para irme —se tocó la camiseta de manera nerviosa, se veía preciosa y deliciosa.
Sus piernas largas y suaves invitándome a que fuera su único dueño, desde mi punto de vista era una fortuna que la prenda fuese blanca ya que de alguna manera podía ver su cuerpo desnudo, ¡Enfócate imbécil!
—¿Por qué? —cambié mi tono a uno más serio.
—No tienes por qué negarlo Sesshoumaru, tu percepción de mí después del relato ha cambiado.
—¡Maldición! Claro que ha cambiado, no eres la simple niña perfecta que pensaba que eras —agachó la cabeza, en general todas lo hicieron en muchas ocasiones porque ese era el poder y el control que yo ejercía sobre ellas, pero lo que no me gustaba era la tristeza que se reflejaba en sus ojos.
—Imagino que debes de sentir lástima, decepción, tristeza al descubrir que no soy realmente lo que creías.
—¿Podrías dejar de decidir por mí que es lo que te estoy sintiendo? —estaba cabreado y para mí siempre fue fácil el demostrarlo—. Sí, es cierto, me duele lo que te pasó, dejaría de ser humano si no lo sintiera, aunque muchos creen que no lo soy.
—Yo sé que esto es una nimiedad comparado con lo que le sucede a otras personas, pero...
—No es una nimiedad Kagome, es mucho, porque te pasó a ti.
—¿No lo consideras una tontería?
—Deberías de tener un poco más de confianza en mí Kagome, yo la tuve cuando te conté un poco sobre mi pasado ¿No? —sus ojos brillaron, pero había demasiada tristeza en ellos—. ¿Tú quieres alejarte de mí?
—No.
—¿Entonces por qué crees que yo si quiero hacerlo?
—Porque no soy perfecta... No soy una sumisa... Solo soy...
—Eres Kagome Higurashi y estoy contigo porque quiero, independientemente si eres una sumisa o no, ¿Perfecta? No hay nadie en este maldito mundo que realmente lo sea y quien aspira a serlo creo que son otro tipo de personas que ya ni siquiera están vivos.
—Tú necesitas...
—Te necesito a ti Kagome ¿Por qué no lo has entendido? —estaba desesperándome, quería, no, necesitaba que ella se quitara de la cabeza esa estúpida idea de la perfección ¿Qué diría si le contara todo mi pasado?—. Yo no soy perfecto, entonces ¿Eso quiere decir que yo no puedo estar a tu lado?
—¡Claro que no! —gritó, ¡Eso! ¡Eso era lo que yo necesitaba! Que pensara, que actuara. Siempre tuve sumisas a mi lado acatando mis órdenes, pero lo que he vivido con Kagome ha sido toda una aventura, una que no estoy dispuesto a que se dé por terminada, no por el momento—. Tú... Eres perfecto para mí.
—¿Por qué no habrías de ser perfecta para mí entonces?
—Porque... Tengo este problema... Mi impulsividad... En algunas veces no es así, no es que simplemente quiera huir porque me sienta acorralada o que sea violenta solo porque sí... yo —hizo una pausa, suspiró y parecía que con ello liberaba algo que le denotaba un profundo peso—... Mi cabeza empieza a recrear situaciones, historias que para mí son ciertas y eso se apodera... Temo...
—Yo temo hacerte daño Kagome —suavicé mi voz acercándome a ella para abrazarla—. Aquella madrugada en que casi te asfixio... Y luego, tú me dijiste que podríamos con ello, yo te creí.
—Lo dije de corazón —su caliente aliento golpeaba en mi pecho, a pesar de tener mi camiseta puesta lo podía sentir, me hacía vibrar—, se que podemos...
—¿Por qué podríamos con mi problema y no con el tuyo?
—No lo sé... Después de hablar con Kagura... Yo... —la solté de mi abrazo para verla.
—¿Kagura lo sabe? —asintió, creo que es hora de parar a Kagura.
—Según lo que me dijo Kouga, ella y otra persona más investigaron sobre mi caso —¿Alguien más? ¿Quién podría haberlo hecho? Era difícil que Miroku actuara a mis espaldas.
—¿Le contaste también a Kouga sobre esto? —negó.
—Su padre es actualmente el jefe de policía en Osaka y... Aparentemente fue uno de los agentes que estuvo involucrado en mi caso, cuando nos encontraron... con Masaki... En... —detuvo sus palabras, pero sabía a la perfección que en ese momento ella se recordaba en ese auto con esos cabrones violando a su amiga y ella aparentemente contribuyendo.
—¿Él te investigó? —veía para el suelo moviendo la cabeza de un lado a otro.
—No, Inuyasha, el hijo de mis ex jefes, los Taisho, se puso en contacto con él para pedirle el favor que pudiera investigar sobre tus antecedentes, pero Kouga se negó, sin embargo dio con mí pasado ya que su padre...
—¡¿Kouga e Inuyasha son amigos?! —sentí como una oscuridad completa me envolvía ¿Y si había sido Izayoi? Pero ¿Qué ganaba con sacar esa información sobre Kagome? Retrocedió un centímetro, casi imperceptible para cualquier excepto para mí, porque la conocía a la perfección. Kagome tenía miedo de mi reacción.
Sus manos hechas puño las apretaba fuertemente, imaginé que era para darse valor.
—También me sorprendió que Inuyasha se pusiera en contacto con Kouga ya que solo se han visto un par de veces, ni siquiera han cruzado mayor palabra, pero...
—¿Kouga no te dijo quién era la otra persona que investigó sobre ti?
—Me dijo que no lo sabía, quizás pudo haber sido un hacker o algo así, ya que ni siquiera sabía de qué delegación habían obtenido la información, pudo haber sido de la de Kioto a donde me envió el Tribunal para mis terapias con Totosai o de la de Hong Kong a donde ocurrieron los hechos.
—¿Quieres decir que Inuyasha no sabe sobre esto?
—Por lo menos no por parte de Kouga —No, Inuyasha no tenía esa capacidad para investigar si no sabía exactamente a donde hacerlo, Izayoi tal vez, pero ella... Aunque si esa hija de puta no había estado involucrada, ¿Entonces? ¿Quién podría ser esa otra persona?—. Por un momento pensé que tú eras la otra persona que había investigado sobre el caso, pero tanto Miroku como Kagura me aseguraron que no lo sabías.
Miroku, Kagura, Kouga, Sango ¿Quién más sabría sobre ese pasado de Kagome? ¿Con qué fin alguien podría investigar para dañar a una persona que era una X para el mundo entero? ¿Lo habría hecho para dar conmigo? ¿Para extorsionarme de alguna manera? Quizás, podría ser la misma persona que me enviaba los anónimos, pero en ninguno de ellos mencionaba a Kagome.
—K-Kouga llegó antes de que yo saliera de la casa para el desfile y me lo dijo... Yo... Yo no sabía que Miroku estaba en la habitación de Sango cuando él empezó a hablarme sobre todo esto, fue hasta después cuando mi amigo se fue, que me di cuenta de su presencia.
La cabeza me dolía y a pesar que el sueño tendría que empezarme a afectar a esa hora, era algo completamente extinto, necesitaba hablar con Kagura, con Miroku y con Kawamaru, la situación se estaba saliendo de mis manos y perder ese control no me gustaba en lo absoluto. Me sentía a la deriva y era una sensación que odiaba. Continuó tartamudeando.
—M-Miroku no sabe la verdad, solo sacó un par de conclusiones, que algo me había sucedido, quizás algún accidente... Me aconsejó que te dijera la verdad...
—¿Lo habrías hecho de no sentirte acorralada? —era obvia la respuesta, ella nunca hubiese hablado de no sentir que su pasado estaba tan expuesto, pero ¿Podría culparla? Yo también había hecho lo mismo con ella. Dejé caer mi cuerpo en el sillón esperando su respuesta.
—No —aseguró acercándose cabizbaja, parecía que necesitaba tomarme de la mano, abrazarme, pero estaba paralizada frente a mí. Kagome parecía desvalida y pequeña ¿Podría enojarme con ella por ser sincera? ¿Hubiese preferido que me mintiera diciéndome que solo esperaba el momento adecuado para contármelo? Ya sabía a la perfección la respuesta—... Solo... Mi madre y Suikotsu conocen toda esta verdad... Antes de mudarme con Sango... Se lo conté a ella, pero a nadie más... Era algo... Que deseaba que quedara escondido para siempre...
Me levanté para abrazarla, para envolverla en un manto de seguridad, no solo porque ella lo necesitaba, sino porque yo también lo quería. Estaba descalza y con ello la diferencia de estatura era visible, ni siquiera me llegaba a los hombros. Yo la cubría por completo, como si fuese lo más preciado en la tierra y a decir verdad lo era, daría cualquier cosa por retenerla a mi lado, aunque eso significara hacerlo en contra de su voluntad, le lavaría el cerebro para que nunca me dejara porque no solo yo representaba un blindaje para ella sino que ella también lo era para mí.
Maldito egoísta, Lo sé, me respondí aceptándolo sin ninguna dificultad, pero me habían quitado demasiado en esta vida y no estaba dispuesto a permitir que nada ni nadie me la arrebatara, la protegería, le brindaría la seguridad que tanto deseaba, aunque eso significara protegerla de mí mismo.
—Pequeña, lo entiendo —aseguré con dulzura mientras le besaba la cabeza. Su olor particularmente dulce no estaba tan fuerte como siempre, ya que sobresalía el olor a mi champú—. No es fácil luchar con el pasado, porque aunque no queramos éste siempre estará allí. Gracias por ser sincera conmigo.
—Yo...
—No importa la razón que tuviste para ser sincera conmigo, lo que me importa es que lo hiciste.
—Sesshoumaru... —no deseé que terminara de decir lo que necesitaba, me sentía feliz, como nunca antes me había sentido con ninguna otra mujer. Tomé su barbilla elevándola para darle un tierno beso, suave, gentil, porque estaba seguro de su necesidad.
—Eres justo la persona que necesito princesa —Cerró los ojos una vez más mientras yo repartía en cada uno de sus párpados un pequeño beso en el cual mis labios apenas rozaban su piel.
Se sonrojó y eso me hizo sentir caliente, maldito bastardo cachondo.
Me desconcertó al momento en que se alejó un poco tratando de estirar la camiseta y que ésta la cubriera, algo extraño que antes no lo hiciera si habíamos pasado hablando más de una hora sobre su pasado.
—¿Qué haces?
—Y-yo... No llevo nada... Debajo...
—¿Es una invitación? —mi tono de voz cambió por uno más juguetón y de alguna manera sádico, jugar un poco a las 3 de la mañana me parecía perfecto para liberar el estrés.
—Tú... Dijiste que... No querías que llevara nada debajo... Y yo...
—¿Cumpliste mi orden? —su vergüenza se apoderaba al punto de asentir agachando su cabeza y cerrando sus preciosos ojos color chocolate, Kagome no era una sumisa ¡Diablos que no! Pero me volvía loco cuando estando los dos solos en la intimidad se convertía en una.
—¡Oh nena...! —expresé casi con dificultad de la excitación, Kagome sabía cómo podía ponerme duro en un segundo.
Me acerqué despacio bajando uno de mis dedos recorriendo su intimidad, me ericé y ella se estremeció.
—Kagome... ¿Estás segura de lo que aceptaste en el auto?
—Sí —aseguró de inmediato—. ¿Tú... Estás seguro de querer continuar conmigo?
—Nena, nunca antes he estado más seguro de nada en toda mi vida —la tomé entre mis brazos levantándola como a una princesa, sabía que eso la volvía loca, de hecho nunca antes lo había hecho con ninguna otra, ella era la primera—. Solo esperemos que ese suero te haga efecto, aunque solo por eso, seré gentil contigo —susurré lo último con tanto erotismo que lograba que retorciera sus muslos.
—¿L-lo haremos... En tu habitación "especial"? —el cuarto de juegos, me maldije riéndome, era la primera vez que no me acordaba de él, pero a diferencia de mis relaciones pasadas ahora sentía que no la necesitaba, pero si ella estaba dispuesta a experimentar, por mí estaría bien ¡Más qué bien, joder!
—¿Quieres ir allí? —negó, intenté tranquilizarla—. El día en que entremos de nuevo en el cuarto de juegos será solo cuando tú lo decidas Kagome ¿De acuerdo? —asintió.
Al entrar en mi habitación la acosté gentilmente en la cama para luego dirigirme al perchero a donde dejaba mi saco. Saqué la pequeña cajita de color rojo aterciopelado, ese regalo que deseaba darle en la limusina pero que no tuve oportunidad de hacerlo, necesitaba entregárselo, más para mi control, aunque no estaba seguro si debía de ser sincero con los motivos y arruinar el momento.
Daba la impresión que estaba a punto de ver como el asesino de aquella película de terror apuñalaba por la espalda a la rubia cabeza hueca que siempre huía despavorida, su rostro estaba pálido, supongo que era lógico pensar que se imaginaría que adentro de la caja estuviese un anillo, pero a pesar de cualquier pensamiento contradictorio, ella era la que aún no estaba lista.
—Quise darte este regalo al momento en que entraste a la limusina, pero no estaba seguro de ello, después de lo que ha pasado, no podría estar más convencido que éste regalo es correcto.
Tomé su pie derecho desnudo depositando sobre la cama la cajita que lograba le quitara la respiración. Mis besos eran delicados, suaves, se sostuvo con sus brazos encima de la cama arqueando su espalda, el contacto de mi lengua en su pie, era algo exquisito, morboso, prohibido, excitante.
La solté agarrando el estuche nuevamente para luego abrirlo de manera lenta. Era una tobillera de oro plateado, el diseño era uno especial que simulaban cadenas pero que a vistas de los demás no podrían ser más que pequeñas argollas entrelazadas, en lugar del clásico broche éste estaba siendo sustituido por una llave con un corazón y un pequeño diamante, el cual abrí.
—Esto significa que te estoy entregando la llave de mi corazón, una de la cual solo tu tendrás el poder de abrir o cerrar, al mismo tiempo que tú me entregas tu sumisión con la cual me darás todo el control ¿Estás segura de aceptar?
Silencio. Dos segundos, tres, seis, aunque a mi parecer era probable que la línea de tiempo se iba a la mierda diciéndome que pasaba 1 hora y yo sin sentirlo.
—Sesshoumaru, haría lo que fuera por ti, entregarte mi vida, darte todo lo que tengo, te quiero y aunque no me lo digas sé que sientes lo mismo por mí. Claro que deseo... Convertirme en tu sumisa.
—Mi novia... —aseguré acercándose lentamente depositando un beso en sus labios, era tan bizarro para alguien como yo utilizar el término, pero sabía que con ello Kagome se entregaría a nuestro placer por completo.
Acomodé la tobillera en su delicada piel y la cerré, le quedaba holgada y elegante.
—De ahora en adelante no te la quitarás Kagome, la llevarás en cualquier ocasión, si te la quitas y me la entregas... Significará que todo ha terminado entre nosotros.
—Nunca lo haría —reafirmó con toda confianza, alzando su pierna para verla lucir en su perfecto tobillo—. Es preciosa —sonrió y me sentí complacido.
Me levanté caminando hasta uno de los cajones de la cómoda negra, saqué un antifaz de encaje en color negro, una caja del mismo color en donde guardaba unas esposas de seda, unas velas y un bote de cera colocándolo todo en la parte superior del mueble. Tomé el antifaz y las esposas, ella mi miraba con expectación.
—Son unas esposas de tela de seda —le aseguré, imaginando que su ansiedad estaría desbocada—, diseñadas especialmente solo para aprisionar tus muñecas más no para dañarte o dejar alguna marca ¿Estás dispuesta a jugar Kagome?
Mordió sus labios asintiendo, el solo verla me ponía a cien. Me acerqué completamente satisfecho por su respuesta, tenía un excelente potencial para convertirse en una sumisa.
—Para que ambos podamos disfrutar Kagome, deseo tu completo rol de sumisa, me entregarás tu confianza y harás todo lo que ordene sin poner objeción alguna o decir algo si no te está permitido y durante esta sesión solo podrás dirigirte a mí con respeto llamándome "Amo" ¿Estás de acuerdo? —asintió bajando su cabeza mientras se sentaba sobre sus piernas, me gustó—. Quiero que lo digas.
—S-sí... A-amo... —titubeó. En otra ocasión eso me hubiese enfurecido castigando a mi sumisa, pero Kagome no era cualquier sumisa, era simplemente Kagome.
—Bien —la felicité esbozando una (de lo que podía estar seguro) sádica sonrisa.
Le coloqué el antifaz con cuidado de no agarrar su precioso cabello y aspiré su aroma, era adictivo, embriagador, seductor. Quizás desprendía feromonas como animal en celo porque me tenía como loco imaginando en las diferentes posiciones en que podría hacerla mía. Mía.
—Tú me entregas tu confianza Kagome, lo que indica que todo lo que haremos será para tu placer y para el mío. No prometo que algunas cosas no dolerán, lo harán, pero eso te llevará a otro camino de la excitación que nunca podrías haberte imaginado —hice una pausa, estaba tan duro como una piedra, esta mujer es pura dinamita y en cualquier podría estallar junto a ella.
¡Concéntrate idiota!
—Te daré dos opciones tanto con las esposas como con el antifaz. Puedes cerrar los ojos por completo lo cual te recomendaría, pero puedes dejarlos abiertos, la tela no te deja ver todo con claridad solo un poco borroso, pero puedes verme a la perfección —los cerró, aun continuaba en su misma posición sentada encima de sus piernas—. Bien. Quítate mi camisa.
Se la quitó por encima de su cabeza con cuidado de no mover el antifaz, sus senos al descubierto frente a mí, con sus pezones duros y erectos eran una invitación abierta.
—¡Mírate! Y ni siquiera te he tocado —apreté uno de ellos y ella gimió quedamente, éstos reaccionaron con la acción endureciéndose más. Quería chuparlos, necesitaba morderlos, pero luego vendría todo ello—. Extiende tus manos.
Lo hizo sin réplica alguna. Le coloqué las esposas de tela, la seda en una situación así se convierte en parte de la seducción al momento en que roza con la piel. Suspiró fuertemente reteniendo el aire para luego dejarlo salir lentamente.
—La segunda opción es referente a las esposas. Puedo atarte a uno de los postes de la base de la cama o puedo dejarte suelta si prometes no moverte ¿Qué decides? —no respondió, eso me calentó más—. Puedes hablar.
—L-lo... Que prefieras A-amo... —su tartamudeo continuaba, pero su decisión era bastante firme.
—¡Bien! —la felicité una vez más. La tomé de la espalda indicándole que se acostara boca arriba—. En esta ocasión para tu comodidad te acostarás al lado contrario de la cama, para que tus manos se encuentren en la misma posición de tu cuerpo y no estén demasiado elevadas provocando algún adormecimiento.
Le desaté una de las manos y pasé la esposa por el poste para luego atarla nuevamente, estaba acostada boca arriba desnuda en posición diagonal en mi cama de sábanas de hilo egipcio en color blanco.
—Abre las piernas y déjame verte.
Con un poco de temor las abrió y me dejó ver por completo su intimidad. Me acerqué chupando uno de mis dedos para pasarlo desde su clítoris hasta su mojada abertura, ella se contrajo.
Me levanté dirigiéndome a la cómoda. Tomé las velas con olor a vainilla sin usar y las coloqué en las mesas de noche que estaban a un lado de la cama y dejando otra por varios muebles. El olor se esparció por la habitación. Veía como su pecho subía y bajaba por su respiración agitada y como sus piernas temblaban en aquella posición, pero aun con todo ella no ocultaba su preciosa vista. Era obediente.
Me coloqué un guante especial para el calor tomando el bote de cera para luego empezarlo a calentar con el fuego de una de las velas. El olor a canela y almendra inundó mi olfato despertando miles de sensaciones afrodisíacas, aunque con Kagome no necesitaba de nada más que tenerla enfrente, pero quería que ella despertara su lujuria y pasión.
Me acerqué con la cera humeante y ella olfateo profundamente aquel olor. Pero no le indicaría que era, todavía no.
Tomé con dos de mis dedos la humeante y encandecida cera, el dolor avivó mis sentidos. Dejé caer unas gotas en su ombligo ella emitió un quedo grito mordiendo sus labios contrayendo sus músculos.
—El dolor es parte del placer, incrementa tus sentidos y te pone más asertiva —volví a dejar caer otras gotas en su vientre, ejerció la misma acción contrayendo su estómago—. El calor enciende el libido, la lujuria; y el tacto —aseguré recorriendo con mis dedos en las zonas en donde el líquido impactaba en su piel— lo acrecienta —mi fricción contra su piel lograba que ella gimiera—. ¿Te gusta? Dímelo.
—D-duele al principio... Pero... Luego... Se siente bien —aseguró aun con sus ojos completamente cerrados mientras comenzaba a mover sus piernas. Pude ver como su sexo me proporcionaba una agradable vista al humedecerse más.
Tomé de nuevo la cera y tiré un chorro en su pubis, jadeó.
—¿Te gusta el calor? —asintió dubitativa. Masajeé con movimientos lentos y sensuales. Levantó sus caderas e intuí que lo que necesitaba era que la tocara en su intimidad, pero todavía no llegábamos a ello.
Llené de nuevo mis dedos con una cantidad considerable para derramarla en sus pezones, ella gimió. La misma acción y sus senos se endurecieron.
—Cuando la cera se calienta se convierte en un aceite con olores a canela y almendras —comenté para luego morder su pezón derecho ella gimió sonoramente—. Una cera muy pero muy especial —expresé con voz seductora acercándome a su oído sin llegar a tocarlo, ella movió su cuerpo en completa agonía.
El dolor que sentía al tocar la cera caliente se convertía en excitación, mis dedos estaban rojos y casi podría asegurar que mi rostro se encontraba igual porque me deshacía por querer coger a esa belleza azabache que tenía en mi cama, pero solo estábamos empezando. Dejé caer con cuidado dos gotas en su clítoris.
—¡Ahhh! —gimió arqueándose y pensé en ser un poco benevolente y chuparle el clítoris hasta que alcanzara su clímax, pero no, quería disfrutar más.
Tomé más de aquel líquido que estaba tan caliente y lo derramé sobre sus senos. Coloqué con cuidado el guante en la cama para dejar la cera sobre él y me puse a horcajadas sobre ella, solo aprisionándola con mis piernas más no dejando caer mi peso sobre ella. Masajeé sus pechos en una danza armoniosa y sensual. Ella no paraba de gemir.
—Has sido muy buena Kagome, no te has quejado y has disfrutado —la felicité mientras aprisionaba sus pezones entre mis dedos y ella mordía sus labios para no emitir aquellos magníficos gemidos que me volvían loco.
Tomé un poco más de la cera dejándola caer sobre el primer lugar en que arremetía en contra de su cuerpo: su ombligo. Se volvió a arquear y justo en ese momento me bajaba para succionar fuertemente su clítoris.
—¡Ahhhh! —volvió a gritar y sentí como todo su cuerpo se contrajo con mi acción.
—No te vengas aun Kagome, todavía no —pensé que iba a protestar y eso nos hubiese conducido al primer castigo, pero no dijo nada, es una lástima. Movió sus piernas desesperadamente.
Me levanté de la cama tomando el frasco con el guante para colocarlo nuevamente arriba de la cómoda, de darse vuelta no nos llevaría a nada placentero. Me retiré al baño para lavarme cuidadosamente las manos, sabía que la dejaba en completa agonía, sin abrir los ojos y sin indicarle nada. Saqué un vibrador metálico de una de las gavetas de los muebles. Abrí con cuidado la envoltura y lo lavé con agua caliente. Saqué un tubo de lubricante con sabor a vainilla y me desvestí dejando toda mi ropa tirada en el suelo.
—Has sido muy buena Kagome, pero aun no es tiempo de quitarte las esposas —le aseguré pero antes de ello me puse detrás en donde estaban sus manos aprisionadas para que pudiera tocarme—. Tócame —ordené y como pudo sin saber a qué dirección dirigirse se encontró con mi duro pene, el cual masajeó con ambas manos la punta.
—No he dicho que hagas eso —suscité con tono de enojo, pero me tenía loco, sería benevolente con ella. Contrajo sus manos.
Me aparté y me subí a la cama llenando el vibrador con el lubricante y lo encendí.
—Debes de aprender a obedecer Kagome, sino los castigos pueden ser muy severos —le pasé el vibrador por su abertura abriendo sus labios con mis dedos, volvió a gemir arqueándose.
Removió sus caderas al momento en que lo retiré, vi mi dura erección y pensé en penetrarla sin piedad, pero ella aun no estaba dilatada y tenía que hacerlo para provocarle placer y no dolor. Pasé el vibrador en su clítoris haciendo círculos con él.
—¿Quieres decir algo? —asintió mordiendo sus labios, estaban tan rojos como sus mejillas—. Deja de morderte los labios, te sangrarás si no dejas de hacerlo —los soltó pasando su lengua de manera lenta y sensual, mi polla vibró. Dejé a un lado el vibrador y metí un dedo en su ardiente y húmedo sexo moviéndolo con cuidado—. Di lo que tengas que decir en una frase corta —ordené con voz fuerte y gutural.
—Te necesito... Te necesito A-amo... —y eso me complació, pero aún no le haría nada. Me levanté nuevamente desatando una de sus manos del poste.
—Date la vuelta y ponte en cuatro patas, quiero ese culito bien expuesto para mí —con sus piernas temblorosas y sus manos aún más, acató la orden para volverlas a colocar en el mismo punto, la volví a encadenar al poste con las esposas de seda.
Con dificultad y sin saber cómo apoyarse con sus manos atadas, finalmente ideó colocando su cabeza en la cama elevando más su culo, cosa que me parecía tremendamente excitante.
Me chupé uno de mis dedos y comencé a dibujar círculos en la entrada de su ano, sentí como se tensó pero no dijo nada. Metí la punta y levantó su cabeza para luego dejarla en la misma posición. Tomé el tubo de lubricante para derramar un chorro sobre su ano y mi dedo e introducirlo un poco más.
—Dime como te sientes. Puedes hablar.
—M-miedo...
—Nunca te haría nada que pudiera dañarte, así que no debes temer —lo metí un poco más.
—D-Dolor... Miedo... A que duela...
—El miedo solo está en tu cabeza, suéltate, deja de pensar en lo que podría pasar y luego solo sentirás placer.
Metí más mi dedo moviéndolo lentamente con gentileza. Metí otro más en su vagina intercalando movimientos entre una abertura y la otra. Sus gemidos se incrementaban.
—¿Todavía sientes dolor? —conseguí articular aunque mi polla empezaba a doler de lo dura que la tenía. Necesitaba metérsela, pero también quería que antes ella disfrutara olvidándose de todas las reservas sexuales que podría tener. Negó—. Dímelo.
—No... Placer... Me estás... Dando... Placer Amo... M-Mucho ¡Ah! —gimió al momento en que metí hasta el fondo mis dedos que tocaban su útero por ambos lados. Se humedeció al punto que sus líquidos mojaron la sábana, eso me encandeció.
Saqué el dedo de su vagina mientras introducía más el que tenía en su ano, saqué el de su ano e introduje con fuerza el otro en su vagina. Una, dos, cinco, diez veces y ella se retorcía de placer, yo disfrutaba al verla. Los saqué ambos y metí la punta de mi erección en su húmedo sexo y lo retiré instantáneamente para continuar mis acciones pasadas con mis dedos.
—¡Oh! ¡AMO! —gritó al borde del clímax y pude sentirlo porque apretaba fuertemente mis dedos mientras la follaba con experticia.
—¿Deseas correrte Kagome?
—Sí, sí Amo... Por favor... Lo necesito... —suplicó e incrementé mis embestidas.
—Córrete Kagome, córrete ahora.
Y sin pensarlo mucho más se dejó ir mientras yo sacaba mis dedos y la penetraba fuertemente con mi polla tomándola con ambas mis caderas para incrementar mis embestidas. Kagome gemía y jadeaba. A este punto su cabeza ya no estaba apoyada en la cama sino que se agarraba fuertemente del poste ejerciendo una fuerte presión en sus bíceps.
Chupé con vehemencia su espalda logrando que mi pene se adentrara más en su intimidad golpeando su útero de manera salvaje y alucinante. Me salí por completo y la volví a embestir. Dos, tres, cinco, diez veces y sus gritos se incrementaban a medida que de su preciosa boca salían gritos: —¡Sí Amo, Así!— que incrementaban mi excitación.
Tomé con dificultad el vibrador y sin pensarlo dos veces lo metí en su ano. Ella se arqueó más.
—¡Ah!
—¿Lo sientes Kagome?
—¡Sí!
—Te estoy follando por ambos lados y tú estás disfrutando.
—Sí Amo... Sí —gimió y con ella.
—¿Te gusta?
—Sí Amo, Sí... M-mi cuerpo es tuyo... Haz... Lo que quieras con él…
—¡Oh nena! ¡Kagome!
Sentí como mi cuerpo entero se contraía. Saqué con desesperación el vibrador y busqué su clítoris para estimularlo jalándolo, aprisionándolo y masturbándola al mismo tiempo.
—Córrete, Kagome... Córrete conmigo —ella estalló y a los pocos segundos cuando aún apretaba mi polla fuertemente me corrí con tanta fuerza que impacté directamente en su útero haciéndola vibrar.
Me conservé unos segundos adentro de ella, adentro de su cálida cavidad que ahora rebosaba de mi líquido que salía sugestivamente de su interior. Hubiera podido continuar así minutos y quizás horas, el solo pensar dormir con mi polla adentro de ella conseguía que se me volviese a endurecer, pero sabía que sus brazos podían coger algún calambre si no la colocaba en una posición más cómoda.
Me levanté saliéndome de ella con cuidado y con mucho pesar. Rodeé la cama para desatarle las manos y quitarle las esposas para continuar la misma acción con su antifaz. Automáticamente se dejó caer exhausta.
—¿Estás bien pequeña? —suavicé mi tomo levantándola con cuidado para que su cabeza reposara sobre las almohadas. Asintió—. Tu rol ha terminado satisfactoriamente nena —sonrió completamente agitada—. ¿No fue tan espantoso, verdad? —negó.
Me fui al baño a llenar la bañera con agua caliente y algunas sales. Comprobé la temperatura y cerrando la llave regresé al cuarto para tomarla en mis brazos mientras ella pasaba los suyos en mi cuello.
—Sentirás un poco de ardor en todo el cuerpo por el agua caliente, pero esto te ayudará.
La metí con sumo cuidado a la bañera para luego meterme yo. Tomé una esponja y lavé con cuidado cada una de sus partes. Estaba dándome la espalda, yo estaba enviciado viéndola.
—Es por eso que en el contrato figuraba un estricto plan de entrenamiento Kagome, si no quieres hacerlo aquí, puedo arreglar para que Maito Gai llegue al gimnasio en donde estás inscrita.
—De acuerdo... —musitó con pesadez. Kagome nunca dejaba de sorprenderme.
Al terminar nuestro baño que no duró más de diez minutos, la saqué y la sequé con cuidado. Le coloqué una de mis camisetas para luego acostarla en la cama debajo del grueso edredón. Antes de retirarme me tomó de la mano y con ojos llenos de amor me suplicó:
—Quédate... Solo un rato... Por favor...
Era imposible decirle que no. La hice correr y la tomé fuertemente entre mis brazos. A los pocos segundos se durmió.
A ver, lo sé, otra vez me extralimité ¿Verdad? Pero ¡uf! Esta parte tenía que llegar. Gracias chicas por todos sus comentarios, no hay nada que encuentre más excitante y sobre todo de locura para mí, que encontrar a una nueva persona que me deja un RW, no es que los otros no signifiquen nada ¡Por Dios! Si espero con ansias el de cada una y cuando alguna no escribe luego le mando un mensaje diciendo que se encuentre bien y que he subido un capitulo ¿No es así? Pero cuando alguien nuevo viene y después de tantos capítulos escribe algo ¡Qué sensación!
Habiendo dicho eso, gracias a: Sweetpeachpie, haru10, Sasunaka doki, Nai-Reedus, Marlene Vasquez, , pame.30, Faby Sama y Kagome de Taisho. Como digo, que emoción tener a una nueva persona que lee. De veras que emoción tenerte aquí Laura.
También gracias a: Maria, wow, a pesar que lo haces de incógnita ya van dos o tres veces que posteas de primero, gracias chica. Shiori5, jajajaja me encantó tu amenaza/review, jajaja, espero que la respuesta de Sesshoumaru te haya gustado.
Y sobretodo María Muoz, extraño tus comens chica, ahora solo pienso luego de este capítulo: ¿Con qué saldrá ahora?
Espero hayan disfrutado. Espero regresar con el siguiente muy pronto, solo que me está costando arreglármelas con el trabajo, pero ahí voy. Saludos y buen fin de semana!
