En el Campo del Honor

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El cielo amaneció claro y luminoso, y los espectadores estaban con un humor casi festivo desde temprano. Fueron marcadas líneas para delimitar el campo y fueron puestas cuerdas para contener a la multitud de espectadores. Una tienda pequeña fue levantada como refugio para Isabella de Swan y para evitar que fuera testigo de la carnicería que todos esperaban. Muchos de los ojos miraron la tienda con decepción pues ellos esperaban poder ver a la mujer por la que habían sido convocados a luchar. Sin embargo, el sentido dramático de las acciones de Hall les dio la excitación que deseaban.

Los portones de Hall se abrieron y algunos minutos antes de que él saliera con un acompañamiento de hombres con ricas capas de seda verde. A su lado, Isabella de Swan estaba sentada en un caballo blanco con adornos verdes y dorados. Estaba muy pálida y su embarazo muy avanzado, pero igualmente dejaba perplejos a los hombres a medida que pasaba. A pesar de su embarazo y a pesar de que dos hombres se arrogaban el derecho de considerarla su esposa, Jasper había hecho que ella usara su glorioso cabello suelto y este flotaba como una tela de seda oscura encima del vestido verde que llevaba.

Emmett de Mcarthy, su primo, corrió para tomar las riendas de su caballo y la levantó para bajarla.

-¡Jesús prima!, Estábamos tan preocupados.

-Nunca creí que fuera a volver a ver cualquiera de ustedes nuevamente.-miró hacia donde Hall estaba sentado impasivamente sobre su caballo y luego volvió a Emmett. -Pero estoy bien ahora.

-Si.- Emmett la abrazó brevemente. -Estás bien ahora. Estoy seguro que esto terminará pronto.

Sus ojos escudriñaron el campo ansiosamente.

-¿Dónde está Edward? Querría verlo antes… - su voz se acalló, poco dispuesta a poner en palabras el duelo inminente.

-En su tienda, supongo, lo buscaré para vos.

-¡No! -La voz de Hall fue severa sobre ellos. -¡Yo la entrego al obispo Bonne-Ame y a ningún otro!

Nadie le estaba prestando atención. Desde un extremo distante, Edward cabalgó con la indumentaria de batalla. El sol reflejó sobre su cota de malla y una brisa suave onduló su capa azul y gris.

-¡Edward! - Con grito estridente buscó llamar su atención. -¡Edward!

Él avanzó y dio una mirada a la fuente del grito y entonces la vio. Urgió a su caballo hacia adelante hasta que estuvo entre ella y Jasper, antes de desmontar. En un segundo, ella estaba en sus brazos, apretando su cuerpo tan íntimamente que pudo oler el agua de rosas en su cabello. Sus brazos se cerraron alrededor de ella y permanecieron abrazados, solamente conscientes el uno del otro.

Un grito subió por la multitud cuando Hall, poco dispuesto a observar ese drama e incapaz de detenerlo, espoleó su caballo furiosamente y cabalgó para buscar el heraldo de Alec.

Edward dio un paso atrás temblando.

-Con cuidado, no quiero lastimarte. ¡Jesús!, temí no volverte a verte nunca más, Bella.

Ella intentó sonreír a través de una neblina de lágrimas.

-Debo parecerte horrible ahora -dijo mientras tocaba su abdomen indecisamente.

-No, eres tan hermosa como te recordaba y mas.

-Edward-, susurró desesperadamente -Te amo con todo mi corazón, pero...

-Shhhh.- tocó sus labios con la punta de un dedo. -Lo sé.- Por un momento pasajero quiso subirla a su caballo de batalla, y cabalgar lejos con ella, y dejar que Hall lo persiguiera, si se atrevía. Pero lo había desafiado y tendría que terminar primero con Hall.

-No tienes que hacerlo por mí.

-Lo hago también por mí.

-Si.- contuvo su respiración y exhaló lentamente. -Recuerdas ese día en lo de Peter Nevers, ¿cuando estabas enfadado conmigo? - preguntó.

-No recuerdo estar enfadado con vos, Bella.

-¿Cuando me preguntaste si me había acostado con Jasper?

- Si, lo recuerdo. No debería haber dicho eso.

-Bien, mi negativa fue verdadera entonces pero no ahora. Creo que ganarás hoy.- A pesar de sus mejores esfuerzos, sus ojos se llenaron de lágrimas, y su sonrisa se desvaneció. -Pero de todos modos, gracias por defender mi causa.

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-Mi Lord… - Edward sintió un toque en su hombro y giró para estar frente el heraldo de Alec. -Ya es tiempo. Le comunicaré las reglas a usted y a Lord Jasper.

-Si.- Su boca estaba seca y su estómago tenso, pero se alejó de ella. -Cuídate y cuida al bebé, Bella. Los amo a ambos.- Él tocó un pequeño broche esmaltado prendido a su chaqueta. -Uso tu regalo para la suerte, es el que me diste en Swan.

Ella se sintió perdiendo la compostura y quiso darse vuelta para esconder su cara. Unos brazos fuertes la envolvieron por detrás y se apoyó en el pecho de Garrett. Era como si le transmitiera su fuerza y se aferró a él agradecida.

El príncipe sacudió su cabeza.

-Yo la llevaré con Bonne-Ame, Edward, y volveré antes del comienzo.

-No, quédate con ella hasta que todo termine.- Edward podía ver el temblor del cuerpo de Isabella mientras luchaba una batalla perdida por mantener el control. -Te amo, Bella-. Reticentemente se alejó y montó corcel.

El brazo de Garrett se deslizó debajo del brazo de Isabella para darle apoyo.

-Ven, querida -dijo suavemente. -Vamos a entrar y a esperar. Pronto esto terminará y podrás estar con tu marido.

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Edward escuchó al heraldo explicando las reglas de combate. La ironía de todo no pasó desapercibida para él cuando se dio cuenta que el barbarismo de esa batalla hasta la muerte estaba enmarcada por reglas de civilidad y bendecida por el cristianismo. Asintió con la cabeza cuando se le preguntó si había entendido las condiciones y esperó que el Obispo de Roen rezara en voz alta por la justicia de Dios.

Él y Jasper se arrodillaron solemnemente, sus cabeza quedaron descubiertas, sus cuerpos, uno al lado del otro, mientras Bonne-Ame exhortaba a Dios a guiar al hombre correcto al triunfo. No había ninguna duda en las mentes de los espectadores cuando el obispo puso sus manos encima de la cabeza de Edward: era él a quien Bonne-Ame consideraba el hombre que tenía derecho a la bendición.

Edward montó su corcel y esperó que Jacob revisara la silla de montar, los cascos de su caballo, las correas y las riendas. Finalmente satisfecho, el escudero le dio el casco bien acolchado. Edward lo colocó en su cabeza y ajustó el protector nasal, asegurándose de tener la mejor visión posible.

Del otro lado del campo, podía ver a Hall y a James haciendo las mismas cosas. Edward tuvo que controlar la nausea que sintió y el dolor físico y cerró los ojos.

-¿Estás bien, Edward? - su padre preguntó ansiosamente. -Si estás enfermo, podemos retirarnos por hoy.

-No, no podría hacer esto nuevamente.

Carlisle palmeó la mano de Edward.

-Entonces lucha por Isabella, ¡hijo! ¡Lucha por tu propio hijo!

-Si.

Jacob le pasó la espada de hoja larga y la colocó en la vaina. Bajó la mirada a su pecho y vio el nuevo protector que llevaba, tenía un halcón negro pintado en el centro. Finalmente buscó sus guantes de cuero grueso y se los puso. Estaba listo y sintió todo su cuerpo tensado como la cuerda de arco. El escudero de Hall le hizo señas al heraldo de Alec de que su amo estaba listo. Edward avanzó unos pasos y asintió con la cabeza.

Podía oír los gritos de "¡Bastardo! ¡Bastardo!", "¡Dios te ayude!", y "¡Edward! ¡Edward!". Le era indiferente como lo llamasen, porque en el fondo, él no era sólo el defensor de Isabella, sino el favorito de la multitud que odiaba a Hall.

Del otro lado, pudo ver a Hall inclinarse para decir una última palabra rápida a su escudero. Edward no tenía nada más que decir a nadie. Realmente, sentía que si abriese su boca, se desgraciaría vomitando en público.

Los dos hombres observaron atentamente mientras el heraldo levantaba un lienzo de seda rojo y lo dejaba caer. Se suponía que ellos cargarían hacia delante cuando la tela tocara el suelo. La brisa la hizo flotar brevemente antes de caer. Edward tomó una respiración profunda y apretó las espuelas.

Su corcel saltó hacia adelante, ganando velocidad hacia el centro del campo. El suelo parecía temblar debajo de ellos hasta que los dos hombres se encontraron.

Llegó el primer golpe. Le pareció oír a Jasper reírse.

El golpe había dado contra el protector del brazo pero la terrible sacudida pareció aclararle la cabeza. Su nausea se evaporó y también la terrible tensión. Recibió otro golpe que casi rasgó el protector de su brazo. ¡Jesús!, ¡Este Hall no había venido a perder el tiempo! Edward cambió de posición el caballo. Tenía que demostrarle a Hall que podía golpear con la misma ferocidad.

Jasper también giró y casi chocaron. Edward se balanceó con todo su peso y golpeó el borde del protector de Hall con tal fuerza que el protector de cuero se dobló. Los ojos de Jasper brillaron con furia. Y comenzaron a golpearse mutuamente.

Edward recibió muchos golpes duros en su protector y su brazo izquierdo comenzó a dolerle. Quería ir por el lado menos protegido de Jasper, pero no se atrevió a darle en el protector de sus costillas que casi lo desmontó. Logró recuperar el equilibrio y lanzar un golpe al casco de Hall. Jasper inmediatamente retrocedió precariamente en su silla de montar, y la multitud jadeó un "ahh" colectivo, aunque se acomodó en su caballo y se alejó en un intento de darse tiempo para recuperarse.

Esa vez, cuando cargó hacia delante, no fue por Edward. Sin embargo, pasó al lado y se inclinó para golpear las rodillas del caballo. El animal se lanzó hacia adelante, relinchando con terror y dolor ante los gritos de "¡Infracción! ¡Tramposo!"

Edward cayó a un lado y consiguió se desembarazarse del peso de su caballo. Ahora sería una competencia desigual, con él en el suelo y Hall lanzado golpes desde lo alto de su caballo. Edward medio se agachó, su brazo izquierdo se elevó para proteger su cabeza, su otro brazo buscó la espada de hoja larga. Observó a Hall cargar hacia delante y luego espolear ferozmente su caballo negro. Edward esperó y la multitud estaba extrañamente quieta. El suelo debajo de él parecía temblar con los cascos del corcel de Jasper y entonces el caballo negro cargó sobre él. Edward evitó ser atropellado en el último segundo clavando profundamente su espada en el vientre del caballo. Cuando Edward retiró la hoja sangrienta, el animal cayó pesadamente. Hall intentó rodar para librarse del caballo, y aunque no cayó debajo del caballo, no pudo liberar su pie del estribo. Antes que Edward pudiese elevar su espada nuevamente, el heraldo pidió detener el combate.

Hall finalmente consiguió recuperar el equilibrio y desenvainó propia espada. Estaba frente a Edward, con ojos azules brillando de odio y esperaron que el heraldo diese la orden de comenzar nuevamente. Edward tomó varias bocanadas de aire. La trompeta sonó nuevamente, y Hall avanzó. Dieron vueltas uno alrededor del otro, midiendo las distancias y juzgando las defensas, hasta que Jasper pensó haber visto un lado desprotegido. Él se abalanzó con la idea de incapacitar el brazo con que Edward manejaba la espada. Edward giró a tiempo y el golpe dio en el protector.

-Otro así y te tendré cortado por la mitad, Bastardo-, murmuró con los dientes apretados.

-Si.- Edward hizo algunas arremetidas para testear las defensas de Jasper y el único éxito que tuvo fue cansar aún más su brazo. El protector verde y blanco se mantenía sólidamente contra los golpes.

Los dos hombres evaluaron la situación. Ninguno de los dos tenía ahora la esperanza de terminar con el otro rápidamente. El peso de la armadura, los protectores, y la espada comenzaban a lentificarlos.

Hall estaba respirando pesadamente. Buscaría que Edward cometiese un error.

-¡Bastardo! ¡Estúpido! ¡Ella gime cuando la tengo en mi cama y vos luchas por ella!

-Mentiroso- respondió suavemente. -Ella huye de vos.

Jasper lanzó un golpe para intentar nuevamente ir a las costillas de Edward. Edward se sacudió y el golpe casi lo desarmó. Furioso, Jasper lanzó todo su peso en el siguiente golpe, intentando entrar por debajo del protector de Edward. Edward giró y golpeó el casco de Jasper con toda su fuerza. Hall se tambaleó y retrocedió desequilibrado como si hubiese perdido la orientación.

Edward intentó tomar una respiración. El pecho le dolía, sus brazos le dolían, y pensó que sus pulmones estallarían. Hall se había recuperado y venía en dirección a él. Sangre corría por debajo del protector nasal y a un lado del casco. Jasper parecía desorientado aunque tenía su espada y el escudo elevados nuevamente. Edward estaba seguro de que lo tenía y lo rodeó.

Otro golpe dado contra el escudo verde apenas fue apartado. El corazón de Edward corriendo con la excitación de ganar. Jasper hizo un último intento salvaje. Edward retrocedió y perdió el equilibrio. Jasper se tambaleó encima de él, obviamente confundido. Lentamente elevó su espada.

-¡No! ¡Para! ¡No!

La cabeza de Jasper latía de dolor. Podía sentir su propia sangre corriendo por su cara. Apenas podía ver donde estaba. Pero podía oír a alguien gritando. Él estaba de pie, todavía sujetando su espada sobre el cuello de Edward.

-¡Edward! Era un grito venido del horror y del terror.

Garrett intentó agarrarla antes que pudiese acercarse más. Él no la dejaría ver a Hall matar a Edward y quiso agarrarla violentamente, pero ella lo eludió y corrió hacia el campo.

Hall giró para aprovechar su momento. Súbitamente, Edward rodó y lo empujó con sus piernas y cayó. Él cayó pesadamente y la sangre manó desde lo profundo de su casco. Edward buscó levantarse y lo logró con sus piernas temblorosas. Puso su espada contra la garganta de Jasper. Los ojos de Jasper transmitían dolor.

-¿Te rindes, mi Lord? - Edward murmuró.

-No.

Todos los músculos en el cuerpo de Edward gritaban de dolor y cansancio. Él elevó su espada y volvió a ponerla en el cuello de Hall.

-¡Ten clemencia, caballero! ¡Ten clemencia!

Antes que Edward pudiese dirigir el filo de la hoja hacia abajo para terminar la lucha de ocho años con Hall, Heidi estaba de rodillas en el suelo, llorando y apretando el borde de su capa. Él vaciló, sus ojos se fijaron en Jasper de Hall. Tomando una respiración profunda, preguntó una última vez,

-¿Te rindes, Jasper?

-¡Él se rinde! - Heidi gritó. -¡Él se rinde!

-No-, Hall jadeó.

-¡Jesús! -Edward miró a Isabella que estaba de pie a su lado, todo su cuerpo temblando. -¿Bella?

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Antes que Isabella pudiese responder, Heidi se había arrastrado para cubrir el cuerpo de Jasper con el de ella. Y Alec intervino abriéndose camino en el campo, mientras gritaba,

-¡Jasper, ríndete!

Hall cerró sus ojos y tragó algo de su propia sangre. Lentamente sus labios formaron un "Si" silencioso. Edward elevó la espada más alto y la bajó con fuerza para clavarla en el suelo a unos centímetros del cuello de Jasper. Heidi gritó y rodó fuera del cuerpo de su hijo.

-Dejo la justicia de Dios a Dios-, Edward dijo finalmente. Él podía ver los ojos de Hall abrirse y podía oír los suspiros de sorpresa a su alrededor. Usando el cabo de su espada clavada en el suelo como sostén, se inclinó hacia su enemigo derrotado. -¿Necesitas un sacerdote, Jasper?

-No, viviré-, Hall susurró roncamente. Respirar era un esfuerzo y conversar casi imposible. El pasto y la tierra estaban manchados con su sangre. Él cerró los ojos nuevamente, para luego abrirlos intentando focalizar a Isabella. -Llévala- jadeó. -Todo ha terminado entre vos y yo, Edward.-Tomó mas aire y juntó fuerza antes de continuar -Te la devuelvo porque descubrí que nunca se acostaría conmigo.

Isabella lo miró con sorpresa, incapaz de creer que él había mentido para aliviar a Edward y hacer que la aceptara como esposa nuevamente. Isabella no podía hablar por el nudo que se formó en su garganta mientras sus lágrimas fluían por sus mejillas dándole una liberación emocional. Miró a Edward que estaba de pie y se acurrucó en sus brazos. Él la apretó contra su saco sangriento hasta que ella sintió la dureza de la cota de malla y el bebé pateó indignado por la falta de espacio. Él le acarició el cabello en un gesto familiar.

-Bella, he venido para llevarte a casa.

-Si- susurró a través de sus lágrimas. -Yo tenía miedo, pero nunca dudé. -Su mejilla se apretó contra su hombro. - Dios misericordioso... ha terminado...

-Shhhhh- la calmó. -Para nosotros nunca habrá terminado, Bella. Tenemos toda una vida juntos.


Que les pareció el final… genial no… Jasper al final intento comportarse …jejejeje. Bueno … solo queda el Epílogo y se finite. Nos leemos mañana. Un besote bien grande.