En cuanto la profesora desapareció, la bruja de Gryffindor se encaminó hacia la puerta, sin mirar a Draco ni un segundo. En ese momento el rubio reacciona. Se supone que todo esto se ha montado para que pueda meterse con ella, ¿no?

-Eh, Slumber - le llama, poniendo el tono con mayor nivel de desprecio que pudo.

La chica se paró en seco y subió y bajó los hombros, mostrando a Draco que acaba de dar un largo suspiro. Lentamente se giró. Su cara mostraba un gran agotamiento, mucho más que antes, como si hubiera estado manteniendo la compostura y finalmente se hubiera derrumbado. No solo parecía agotada físicamente, sino también mentalmente. Parecía incapaz siquiera de sobreponerse a Draco.

Entonces, algo cambió en las intenciones de Draco. Ya no quería reírse de ella y vengarse por haberle ganado tantos asaltos. Solo quería acercarse a ella y sostenerla, como hizo hace unas semanas, porque realmente daba la sensación de que de un momento a otro iba a caer al suelo, rendida por el agotamiento.

Un gesto de impaciencia se pintó en el rostro de la joven, que esperaba a que Draco le dijera el motivo por el que la había llamado. El chico se dio cuenta y se aclaró la garganta. Tenía que actuar rápido.

-No estaba prestando atención. ¿Se supone que tenemos que venir a las clases de cuarto o a las de quinto?

Ella suspiró. Había colado.

-A las de cuarto, Malfoy. A las tres, hoy. Estate más atento para la próxima, no soy tu secretaria.

La chica desapareció antes de que Draco pudiera añadir alguna gracia. Y la tenía, como siempre. Pero en lugar de decir nada, salió del aula para dirigirse a la Sala de los Menesteres. Aunque no quisiera aceptarlo, aún tenía ciertas obligaciones que tenía que cumplir. Quisiera o no.

Sophie llegó a Aritmacia antes que el resto de sus compañeros y se sentó en su sitio habitual. Apoyó los codos y se acarició la sien con la yema de los dedos. Había empezado a sentirse mareada otra vez y durante la clase de primer curso, en un par de ocasiones, escuchó esas horribles voces. Pero pudo sobreponerse y aguantar las formas hasta el final.

Ya hacía casi un mes que habían comenzado los mareos y desmayos, y Sophie había aprendido a controlarlos un poco. Pero los dolores de cabeza eran otro tema. Después de un rato controlando su respiración y masajeando su sien, el malestar fue desapareciendo y para cuando sus compañeros llegaron se encontraba mucho mejor.

La clase terminó y Sophie se despidió de Hermione para ir a hablar con Dumbledore, prometiendo hablar con ella a la hora del almuerzo. Llegó al despacho del director y se detuvo antes de tocar. ¿Y si no podía atenderla? No había avisado. Qué imbécil. Bueno, ya que había ido hasta ahí, no perdía nada por probar. Levantó el puño para llamar a la puerta y esta se abrió antes de que ella pudiera hacer nada.

Un sonriente Dumbledore le miraba desde el fondo de la estancia.

-Sophie, amiga mía. Pasa, pasa, por favor - Sophie obedeció y se adentró en el majestuoso despacho-. ¿En qué puedo ayudarte, Sophie?

-Verá, señor, quería hablar con usted de algo que lleva sucediéndome unas semanas…

-¿Tiene algún problema? - dijo, preocupado.

-Oh, no exactamente, señor. Quiero decir… No me ocurre nada que me esté haciendo daño…

-Bueno, tus ojeras no opinan lo mismo, Sophie. Dime ¿estás durmiendo?

-No mucho señor. De hecho, lo que quiero tratar tiene mucho que ver con mi sueño.

-Vaya, Sophie. Me tienes confuso y en ascuas. Por favor, siéntate y cuéntame. ¿Te apetece tomar algo? ¿Un té, quizá?

-Sí, por favor - con un movimiento de dedos, dos tazas de té se sirvieron delante en la mesa -. Verá… Desde hace unas semanas me están ocurriendo algunas cosas… raras. Sueños, para ser más precisos. Sueño cosas… cosas que son sucesos reales. Pero sucesos que son imposibles que yo pueda conocer o recordar.

-Cuéntame esos sueños, Sophie. Bueno -dijo, como si hubiera tenido una brillante idea -. Mejor muéstremelos.

Se levantó de su asiento y se acercó a Sophie, tendiéndole la mano para que levantara. La joven lo hizo y se acercaron a lo que Sophie reconoció como un Pensadero.

-Bien, quiero que pienses en esos sueños y que cuando los visualices acerques tu varita a la sien, como deseando extraerlos, ¿de acuerdo?

Sophie asintió e hizo lo que le había indicado. Cerró los ojos y pensó en lo sueños, ordenándolos. La casa del Valle de Godric, ella en la cuna, la Orden del Fénix, las batallas y, por último, el sueño de la mansión y Voldemort. Acercó la varita a su cabeza y después la alejó muy lentamente. Sintió como si estuviera tirando de una pequeña piel muerta de su cuerpo. Era una sensación rara que no llegaba a ser desagradable. Cuando la sensación pasó, abrió los ojos y Dumbledore, asintiendo, agarró suavemente su mano y dirigió la varita al Pensadero, soltando una fibra brillante proveniente de la varita dentro. El recuerdo de Sophie cayó en el interior y se mezcló con la sustancia. Sophie había obviado a conciencia los sueños relacionados con Draco Malfoy, no necesitaba que Dumbledore le explicara qué fallaba en su cabeza para soñar esa clase de cosas.

El profesor le invitó a meter la cabeza con él en el Pensadero y juntos se introdujeron en los sueños de Sophie. Él, observándolos y estudiándolos detenidamente. Ella, reviviéndolos y observando detalles que antes había pasado por alto. Como ese momento en el que sus padres hablaban con los Potter, ella estaba en una alfombra, rodeada de juguetes y acompañado de un pequeñajo de grandes ojos verdes. Pudo ver muchas caras que ahora reconocía en la Orden del Fénix y entre los Mortífagos. Y, cuando llegaron al sueño relacionado con Voldermort, fue capaz de distinguir más partes de la conversación, que iba sobre La Copa de los Tres Magos.

Cuando terminaron, Dumbledore le dirigió de nuevo a la mesa en silencio y se sentaron, sin pronunciar ni una palabra aún.

-Sophie, esto es…

-¿Son cosas de mi imaginación o son cosas reales, señor?

-No puedo responderte con total seguridad a eso, Sophie. Pero me arriesgo a decir que son reales. Lo que he visto ahí, relacionado con la Orden, me resulta tan familiar… Y la casa de los Potter… está destruida. Es imposible que pudieras haberla visto después de que ellos murieran y por entonces tú no llegabas al año. Y realmente es la casa, la reconocería en cualquier lado. Creo que realmente son recuerdos, Sophie.

-Pero, ¿cómo es posible que recuerde todo eso? En los que aparezco, no llego ni al año. Y en el resto no había nacido o no estaba presente. Es como si…

-Como si fueran recuerdos de otras personas, así es.

-¿Cómo es posible? - dijo, con un hilo de voz.

-No lo sé, Sophie. Realmente no tengo respuesta a eso - dijo, suspirando-. Querida, vete al almuerzo. Lo consultaré y me informaré. Investigaré y en cuanto sepa algo te avisaré. Mientras tanto, si vuelves a soñar algo, lo que sea, o vuelve a ocurrir algo extraño, no dudes en hablar conmigo.

-De acuerdo.

La chica se levantó y se dirigió a la puerta. Le temblaban un poco las piernas. Tenía la esperanza de que el director pudiera darle una respuesta, pero ni él se la había dado.

-Sophie - le llamó.

-¿Sí?

-No te preocupes. No va a pasarte nada.

-Gracias, señor.

Salió del despacho y se dirigió al comedor. Posiblemente todo el mundo estaría ya allí. Recordó la promesa que le había hecho a sus amigos: les contaría qué pasaba en cuanto hablara con Dumbledore. Y realmente quería hacerlo. Tal vez ellos tuvieran alguna respuesta.