Capitulo 37

Wilhemina trataba de mantenerse tranquila, no pensar en que su tutor la evitaba por desagrado sino por sus diversas ocupaciones, de hecho la mantenía ocupada y eso le confirmaba que el poco tiempo que pasaban juntos era por su limitada agenda.

Tal vez si, era por su propia seguridad que él decidiera mantenerla como interna en Beauxbatons, alejada de Potter y cualquier cosa que atrajera a su padre.

Tan solo amaneció y Jumble junto con otros tres elfos le llevaron sus cosas al ministerio de magia, nadie, ni siquiera Snape le acompañaron para despedirse, una notita dejada a sus amigas Ginna y Annie fue todo.

Buscó el lado positivo a la situación, así ya no vería a Severus, ya no tendría la tentación de lanzarse a sus brazos y besarlo, se sonrió al pensar en ello que era casi cada hora, sobre todo tras una imagen que le quedo grabada en su mente tan solo al llegar al ministerio Francés.

Un hombre de edad mediana llevaba a una joven de aproximadamente 20 años de la mano y de repente la atrajo para plantarle un beso apasionado… que rompieron ante la incómoda y persistente mirada de la chiquilla de cabellos rojizos.

¿Por qué Snape no podía verla como lo que era? Una mujer que moría por él, que inexplicablemente se quemaba por dentro no solo por un deseo carnal sino también por un amor que le incendiaba el alma y el corazón cada vez que estaban cerca.

Se trataba seguramente por la muerta, por esa bruja del recuerdo donde lloraba el pequeño Potter y Severus se abrazaba al cuerpo laxo y frio de esa sangre sucia.

La odiaba, la detestaba por mil motivos y ninguno a la vez, ella logró ganar la atención de Snape, ella lo rechazó, ella mató a su padre… de alguna manera… pero la asquerosa sangre sucia era en gran parte la causante de sus peores sufrimientos.

Orfandad y desamor, si, Lily Evans era culpable y su muerte bien ganada ¿Por qué la comunidad mágica tenía a los Potter como héroes? ¿acaso la felicidad de una niña no importaba? Wilhemina había quedado totalmente desamparada gracias a ellos, todo mundo los alababa e ignoraban el hecho de que una chiquilla quedaba sentenciada al desprecio general solo por ser hija de quien era.

Fue en esos días que comenzó a pensar en que todos habían sido injustos con su padre, incluyendo a sus abuelos y quizá a su propia madre. Por lo que había estudiado e investigado Tom a pesar de ser mestizo era un alumno destacado en Hogwarts. Los registros escolares le mostraban como un joven inteligente, estudioso y digno representante de la casa de Slytherin, de quien aseguraba ser descendiente.

—Papá fue un genio incomprendido— musitó mientras leía un libro de historia moderna mágica en el Reino Unido –fue un visionario—

—¿eso crees?— le contestó la veela sin dejar de hojear un almanaque que recién le entregaran —¿Qué te hace pensar en ello?—

—buscó ser diferente y mejor, quiso salir de la mediocridad en la que se han estancado la mayoría de magos y brujas del país— susurró sin retirar la vista del texto –aquí dice que a pesar de ser mestizo fue un gran estudiante—

—la grandeza puede llevarte por dos caminos contrarios entre sí— Opinó Fleur.

—y él eligió el camino más difícil— Mina defendió su punto.

—¿difícil?—

—papá prefirió arriesgarse y salir de lo común— suspiró cerrando el enorme libro –para muchos los visionarios son solamente locos, pero creo que es la gente más lúcida que puedas conocer—

Fleur ya no le contestó, la miraba fijamente escrutando en la mente de la inocente muchacha, le dolía ver como por un desconocido la chica se iba secando lentamente.

Quinto y sexto grado los cursó impasible, con buenas calificaciones pese a sus distracciones, pese a que Fleur y Erick buscaban mantenerla entretenida.

—¿Qué le pasa?— preocupado Erick Carbajal, el hijo de bruja latina y sátiro griego la miraba desde lejos, Mina caminaba por los jardines impasible a las hermosas flores, al bello día y al cálido sol que brillaba sobre ella.

—El amor mon ami— suspiro Fleur –el amor la está matando—

—¿Sabes quién es?— preguntó curioso, desde que la conociera la pretendía, buscaba convencerla de ser su novia pero el corazón de la chica era inexistente para él, se encontraba acorazado y escondido entre gruesos muros de indiferencia.

—no, no quiere decirme— suspiró –ni siquiera quiso celebrar sus quince años— miró fijamente a su amigo –debes convencerla de hacer algo para sus dulces dieciséis—

—¿para que decirle? Ya sabes que me va a mandar a freír espárragos— contestó en un susurró decepcionado.

—¡que pasa! ¿Por qué esas caras?— escandalosa como siempre Anushka llegó de sorpresa —¿aburriéndose de lo lindo?—

—Pensando— respondió Erick alejándose un poco de sus amigas –voy a ver si quiere hablar conmigo— y con largas zancadas se acercó a Mina en menos de un minuto.

—¿Ahora que tiene Snape?— preguntó con fastidio la chica Lammar.

—No lo sé— Fleur se encogió de hombros, no le gustaba hablar a espaldas de su amiga, y mucho menos con la media vampira.

Severus estuvo medianamente tranquilo esos dos años, dejó de tomar la poción e incluso se percató de que ninguna alumna despertaba ya en él esos viejos sentidos perversos. Tal vez fue por la exagerada ingesta de poción, ahora temía ser totalmente inútil como amante, más ¿de que se preocupaba? Finalmente cuando necesitaba a una mujer era porque él era quien se desahogaría, con esto se ahorraría bastante en pociones, lupanares y prostitutas.

Mas no podía dejar de preocuparse por la chiquilla, pocas semanas después de que partiera, resultó que en el colegio se encontraba un basilisco oculto por Tom Riddle, ¿y quien le dio muerte? Ni más ni menos que la sabandija de ojos esmeraldas.

Cuando recibió carta de Madame Olympe informándole sobre las excelentes calificaciones de la chica acompañadas por una felicitación por su dócil comportamiento y un extrañamiento por su exagerado mutismo se vio tentado a acudir al palacio, pero la sombra de viejos enemigos borro su intención de ser por un momento un buen tutor.

Por un lado, la aparición de Remus Lupin en el colegio, la incómoda y molesta reaparición en su vida como el nuevo profesor de DCAO; y la peor de las noticias, la fuga de Sirius Black de Azkaban, además de que ahora Rubeus Hagrid, el torpe semigigante era ahora profesor de criaturas mágicas, sinónimo de una necesidad extra de pociones curativas en la enfermería.

Más se encontraba medianamente tranquilo, tanto como debería de sentirse tras la promesa una década mas o menos atrás, hecha a una mujer muerta, de cuidar a su hijo por sobre todas las cosas.

Cuidar a Potter de los dementores, darle pistas al niño despistado sobre que corría peligro con Remus Lupin pues según lo que él sabía, era un licántropo que aunque fuera amigo de James bien podía zamparse al enano en un bocado. Además de todo vigilar que Sirius no se acercara al colegio a pesar de los cuidados de Albus y como guinda en el pastel, estar pendiente de sus alumnos ya que Draco resultó herido en la estúpida clase de Hagrid donde los llevo frente a un hipogrifo psicópata.

Ese año definitivamente fue de locos y muy a su pesar no tuvo contacto con su entenada, ni siquiera escrito, y al parecer la mocosa desagradecida tampoco tenía intenciones de enviarle carta alguna, al menos la tentación de autosatisfacerse con un pergamino escrito por ella estaba muy lejana.

Pero, las cosas buenas no duran toda la vida, y tras atenderse tremendo golpe recibido en la cabeza gracias al imbécil de Harry que lo atacó por salvar al perro roñoso Black, recibió la noticia por parte de un exultante Albus Dumbledore que de no ser por contar ya quince décadas en su aniversario, habría saltado de alegría llevando de la mano a la no menos decrepita Minerva.

—¡Vamos a ser la sede del próximo torneo de los tres magos!— les informó conteniendo la emoción —¡por fin la unión de los colegios se va a reforzar con esta ancestral tradición—

—Tradición que se dejó de lado por la cantidad de muertos— opino Aurora desde su silla —¿Qué colegios participan?—

—Los de siempre Sinistra— petulante McGonagall se puso de pie desenrollando un pergamino – Drumstrang y Beauxbatons además de nosotros—

—¡Maravillosa noticia! ¿tu hija tendrá entonces la edad para ser candidata a campeona no Severus?— Pomona en su tremenda dulzura hizo saltar a Snape que no pensaba en ese momento en la pelirroja.

—Ella cumple los diecisiete en marzo— replicó –cuando sea el torneo todavía tendrá dieciséis—

—¿Entonces no vas a pedir que la dejen participar?— un tanto decepcionada Sybill lo miraba por sobre sus gruesas gafas.

—Se encuentra en calidad de interna en el palacio, no puede venir si no es con mi consentimiento— se jactó más la expresión de satisfacción que Albus hacia al mirarlo le molestó bastante— aunque, podría pedirle a Maxime que la deje venir—

—¡podría integrarse al equipo organizador del baile de navidad!— opinó entusiasmada Pomona –en su última crata me percaté que se ha convertido en una jovencita refinada y elegante que bien podría dar un toque especial a nuestra celebración—

¿Refinada? ¿elegante? La última vez que la viera llevaba puestos unos jeans gastados y abiertos en las rodillas, una camiseta que en un pasado pudo bien ser blanca o negra y ahora era de un color indefinido, la melena rojiza enmarañada sin cuidados y la pálida piel sin gota de maquillaje ¿elegante? ¿desde cuando se carteaba con la profesora? Miró escéptico a su compañera de trabajo que le sonreía de manera maternal.

—Me envió unas fotografías muy lindas de sus salidas escolares con sus compañeritos— Pomona era como una clásica abuelita —¿no te envió copias?— un poco apenada por su indiscreción le dio unas palmaditas en el brazo –cuando termine la reunión te las muestro, esta hermosa—

—¿Las fotos que tomó en la torre Eiffel?— curiosa Sybill se acerco hablando en voz muy bajita

—¡Si!— respondió su compañera

—¡Ejem!— carraspeo Albus incomodo, ahora resultaba que las profesoras se comportaban como chiquillas de tercer grado.

—Lo siento— murmuraron ambas al mismo tiempo

La reunión duró más tiempo de lo normal, o al menos eso percibió Snape; quería ver las fotografías…¿para que?... no hizo mucho caso a su lado frio y acompañó a Pomona y Sybill a la oficina de esta última.

El álbum lucía como nuevo, al parecer ambas profesoras compartían las emociones de la chiquilla sin que él lo supiera, estaban por cerrar la puerta cuando Aurora les dio alcance llevando en la mano un sobre lacrado.

—¡Me acaban de llegar otras!— anuncio con entusiasmo sin que notara a Severus en ese momento —¡creo que son con su novio!—

—¿novio?— siseo tratando de no mostrar nada, ni curiosidad ni enojo.

—¿Severus?— temblando Sinistra intentó ocultar el sobre

—Efectivamente, ese es mi nombre—

—Solo… solo…— titubeo la profesora de astronomía.

—no vayas a reñir a Mina, ella confía en nosotras— le recrimino Sybill –si quieres ver las fotografías debes guardar silencio y jurarnos que no vas a decir nada—

—¡Pero parecen estudiantes de tercer grado!— reclamó enojado, las tres mujeres lo miraron serias y Aurora abrazó el álbum junto con el sobre –está bien, prometo no decir nada y no enojarme— suspiro con fastidio.

Se trataba de una colección de fotografías y postales firmadas todas por su entenada; un pergamino cuidadosamente doblado fue retirado de su alcance por la ágil mano de Sybill.

—no se vale leer, son confidencias de la niña— le recitó muy seria.

A primera vista no pudo reconocerla, tres jovencitas perfectamente arregladas portando el uniforme de Beauxbatons saludaban a la cámara.

Las tres llevaban sombreros y pañoletas cubriéndoles el cabello, al parecer era un día ventoso y soleado, las tres con enormes gafas oscuras… dos sonriendo y una con un esbozo de sonrisa en los labios delgados.

Poco a poco se fue enterando de la vida de su entenada durante esos dos largos años que los distanciaban; una salida escolar al París muggle, la platinada acompañada de un guapo muchacho, la chica Lammar jalando el brazo de un chico que bien podía ser un semigigante y Mina caminando a su lado, intentando sonreír, con la mirada apagada y sosteniendo patéticamente un cono de helado que se derretía.

Wilhemina con vestido largo, aparentemente Olympe las llevó a la ópera y el grupo cabeceaba adormilado mientras la chica con la mirada en el horizonte fingía cierto interes; los jardines del palacio en completa floración, Fleur y Anushka haciendo coronas de flores y su entenada deshojando una margarita.

—creo que la niña está enamorada— suspiro Sinistra.

—me imagino que es de Erick— respondió Pomona extendiéndoles la mano con la fotografía del muchacho.

—¡No, ya le pregunté y no se trata de él!— respondió Sy, al parecer se habían olvidado de la presencia de Severus.

—Borren al búlgaro de la lista, yo mismo me encargue de que dejara de molestarla— gruño estudiando la foto del tal Erick.

—¿tú fuiste quien amenazó a Djan?— Sinistra lo miró con reproche.

—por petición directa de la niña— confirmó Sybill, al parecer ella conocía muchos de los secretos de la joven –pero entonces ¿de quién?—

—no lo sé, pero se está consumiendo en vida— suspiro Pomona con tristeza.

—¿podrían… prestarme su álbum?— cansado de tanta cháchara femenina Snape quería salir corriendo, pero también quería ver las fotografías.

—si prometes no decirle nada— un poco confundida Sinistra todavía se negaba.

—ya lo prometí, solo quiero saber que le pasa y creo que tengo más capacidad de análisis que ustedes tres juntas— refunfuñó cerrando de golpe el álbum abandonando de inmediato el aula de Sy.