Holaaa, personas.

De verdad lamento la demora, era la semana final en la universidad, pero ahora soy libre, por fin.

Les agradezco mucho sus comentarios, siempre que los leo me dan ganas de continuar enseguida con los capítulos, y no es soborno eh, sólo quería agradecer jaja y bueno, de paso creo que vale la pena decir que ya nada más nos quedan 5 capítulos para el final :c

Me divierto mucho con esta historia y quiero que vean ya el final, pero al mismo tiempo no. Ya saben, lo normal uwu

Nos leemos pronto, cuídense mucho.


—Lo siento, lo siento, lo siento tanto.

—No pasa nada, Anna, ya te lo dije, todo está bien.

Iban camino al colegio y se habían encontrado en la entrada, Anna no dejaba de pedir disculpas por haber olvidado que se verían el día anterior, pero tuvo tantas cosas en la cabeza que al final terminó olvidando lo más importante.

—Pero debiste aburrirte mucho y… te dejé plantada, perdóname.

Elsa la miró dedicándole una tierna sonrisa.

—Te perdono. Ahora avancemos que se hace tarde.

Anna todavía volvió a pedir disculpas otras cien veces más, pero ella hablaba en serio al decir que no estaba molesta, en realidad fue tiempo que le sirvió para terminar el discurso que le pidió el profesor, después de todo, la graduación se encontraba a la vuelta de la esquina.

Se despidieron en las escaleras y cada quien se fue por su lado a su respectiva aula.

— ¿Quieres ir a mi casa esta tarde? —preguntó el pelirrojo.

Apenas había ocupado su lugar y él ya la había interceptado. El maestro todavía no llegaba, así que tenían tiempo para procrastinar un rato.

— ¿Para qué?

—Nada más —dijo encogiéndose de hombros—. No hemos pasado tiempo juntos últimamente porque todo se lo dedicas a ya-sabes-quién, pero soy tu amigo y es poco probable que nos volvamos a ver saliendo de aquí.

—Nos veremos de todos modos, Hans. Eres mi mejor amigo.

—Sólo responde.

Trató de eludir el sentimentalismo y quizá estuviera bien porque ambos eran iguales en ese sentido. Ser cursis y amorosos nunca fue su fuerte.

—Claro, iré a tu casa.

—Podemos beber algo.

Puso una sonrisa de complicidad al saber ya de antemano su respuesta.

—Ugh, no. Nada de bebidas.

— ¿Por qué no si la última vez que bebiste te fue muy bien? ¡Auch!

Elsa había golpeado su brazo y la exclamación de Hans hizo voltear a algunas personas, pero enseguida volvieron a lo suyo. El pelirrojo no pudo evitar soltarse a reír al ver como el rostro de su amiga se había tornado carmesí.

La casa de Hans estaba tan desordenada como siempre, no porque le gustara tenerla así, pero siempre se decía que no había tiempo de limpiar entre tantas cosas que hacer, aunque en realidad lo único que ocupaba todo su día era la procrastinación.

Elsa observó el lugar casi con náusea.

— ¿Hace cuánto que no limpias este sitio?

—No lo sé.

— ¡Rayos, Hans!

—Oye basta, no te traje para que juzgaras mi forma de vivir —se quejó.

Movió algunas cosas simplemente arrojándolas a cualquier lugar para poder sentarse en el sillón. Elsa en cambio no era capaz de hacer lo mismo, se sentía en un vertedero.

—Te ayudaré a limpiar.

Él alzó una ceja.

—No te lo estoy pidiendo.

—Lo sé, pero es necesario.

A pesar de su negativa al final terminaron recogiendo. La basura se iba a la bolsa negra y lo que sí servía lo pusieron sobre la encimera para reacomodarlo al terminar la limpieza general. Elsa notó que a su amigo le estaba creciendo mucho el cabello cuando tuvo que recogerlo con una liga para que no le estorbara en la cara, al igual que había hecho ella.

Hans refunfuñaba y se quejaba cada que podía y en cuanto tuvieron todo listo se dejó caer en el suelo, gotas de sudor recorrían su rostro por todo el esfuerzo, pero su casa al fin estaba limpia y respiró profundo probando que ese extraño olor hubiera desaparecido. Vio a Elsa hacer lo mismo y rociar aromatizante haciéndolo toser y sentarse de golpe.

—Entiendo que estés enojada por esto, pero no tienes que matarme.

—Que exagerado.

— ¡Lo apuntaste hacia mí! Está claro que ha sido a propósito.

—También lo necesitabas.

Iba a quejarse al respecto, pero después de todo, quizá no fuera una mentira, así que prefirió callar y volver a su posición, recostado boca arriba en el suelo en compañía de su amiga. Quizá fuera el cansancio, pero no les apetecía iniciar ninguna conversación, por un rato sólo fue el silencio mientras ambos se entretenían en sus propios pensamientos. Era como si lo supieran y no quisieran interrumpirse.

El único sonido provenía del incesante tic tac del reloj en la pared hasta que Hans se movió dejando los brazos por debajo de su cabeza.

—Es bueno esto ¿no?

—Sí, lo es.

Se quedó otro rato en silencio antes de volver a hablar.

—Iré a verte en vacaciones.

—Eso esperaba que hicieras.

Sonrieron, disfrutando el momento. Elsa sabía que no iba a tener nunca más en la vida a otro amigo como Hans, a pesar de conocer a Kristoff desde hace tanto, nunca llegó al nivel de compenetración que mantenían ellos. Se entendían sin necesidad de decir palabra, y eso era algo, usualmente, difícil de conseguir, sin embargo, con Hans habían bastado sólo un par de meses para lograrlo.

— ¿Me vas a mostrar el discurso?

—No.

— ¿Tan malo es?

—Lo escucharás en la graduación, en caso de que te gradúes, claro.

—Ja, Ja, muy graciosa.

—Es broma, no voy a dejar que repitas el año.

—Ni siquiera estoy en riesgo de hacerlo, Elsa —se quejó.

La charla fue más o menos por la misma dirección hasta que el suelo comenzó a volverse incómodo. Hicieron palomitas y se dedicaron a ver un maratón de Transformer durante toda la tarde, antes de que su madre llamara diciendo que debía volver a casa pronto.

Anna cada vez se veía menos alegre, aunque estaba claro que trataba de aparentar que todo estaba bien, pero su expresión la delataba, ella siempre fue una persona muy transparente, y al ser Elsa la persona que más la conocía, notó fácilmente su decaída continúa cada día un poquito más. Aun así, no quería hablar al respecto, porque en el fondo conocía la razón de aquello y no sabía si estaba lista para afrontar tan pronto una despedida y el llanto, si Anna le pedía que no se fuera, estaba segura de que su plan se iba a tambalear. No sería capaz de negarse.

Es por eso que trató de hacerla feliz, en lugar de escuchar cuando parecía dispuesta a hablar con ella, prefería escapar o distraerla con algo que le gustara, después de todo, faltaba muy poco tiempo como para arruinarlo ahora.

—Te… quiero mucho, Elsa —le dijo un día mientras estaban acostadas en la cama.

Mantenía su cabeza apoyada en el hombro de la chica y abrazaba su cintura. En la televisión pasaban en esos momentos un programa de cocina donde la gente hacía un desastre al tratar de hacer un pastel.

—Yo también, Anna —respondió con las mejillas sonrojadas.

Eso la hizo sonreír. Ver su forma de avergonzarse siempre que le decía cosas lindas le comprobaba que sus sentimientos eran sinceros, y no es que dudara de ello, pero todavía le resultaba un poco difícil de creer, estar ahí, juntas.

—Elsa...

— ¿Quieres algo de comer? Creo que mamá hizo la cena, déjame ir a ver.

Se levantó y salió casi corriendo de la habitación, bajó rápido las escaleras, pero se detuvo a la mitad y se llevó la mano al rostro. No podría seguir evitando el tema por siempre y, conociendo a Anna como lo hacía, seguramente ella tampoco iba a dejarla ignorarlo por mucho tiempo.

— ¿Pasa algo cariño?

Dio un respingo y notó a su madre observándola desde el final de la escalera. Tenía el celular en una mano, tapando la bocina con la otra, al parecer estaba en una llamada.

—No es nada, mamá.

—Bien, dile a Anna que baje, la cena está lista.

Asintió volviendo a subir.

Evitar el tema se convirtió en costumbre, salir de la habitación, besarla, lo que fuera con tal de no dejarla continuar con esa frase que sabía bien había estado intentando sacar durante tantos días. Sabía que lo tocarían en algún momento, pero huiría de él siempre que le fuera posible.

Habló de eso con su amigo en repetida ocasiones, aunque ya conocía lo que diría y no se equivocaba, en cada charla le repetía lo mismo.

—No podrás evitarlo por siempre, Elsa.

—Lo sé, pero lo haré mientras pueda —respondió acomodando su birrete.

Sus padres habían llegado temprano. Ambos estaban sentados donde se encontraban todos los padres, lo bastante lejos el uno del otro, lo cual no le pareció extraño, desde que dejó la casa de su padre se soportaban todavía menos que antes, si es que eso era posible.

Anna también estaba ahí, junto a su papá, viéndola directamente e incluso desde la distancia podía notar la mirada llena de tristeza que le dirigía.

— ¿Asustada? —preguntó su amigo.

—Ni un poco.

Dejó de mirar a las sillas y se concentró en el frente donde el director estaba diciendo unas palabras respecto a lo orgulloso que estaba de todos aquellos que se estaban graduando en ese momento.

—Y ahora los dejo con la alumna de mayor promedio en nuestro colegio, Elsa Dagger.

Una ronda de aplausos llenó la sala mientras ella se levantaba acercándose al escenario. El director la recibió y cedió su lugar frente al atril para dejarla hablar.

Sus palabras conmovieron, diciendo las dificultades que se presentan en la vida de un estudiante y la forma en la que uno se esfuerza en resolver todo eso, entre otras cosas.

—En especial, es un momento de nuestra vida en que tenemos que comportarnos como adultos y elegir el camino a seguir para afianzar nuestro futuro. Se vuelve difícil, la elección de una universidad nos aterra y emociona por igual sabiendo que dejaremos atrás muchas cosas, pero al final, sabes que tienes que hacerlo...

Vio a Anna levantarse y salir del lugar, probablemente intuyendo que esa era su última respuesta, no iba a dejar su oportunidad para cambiarla por su compañía, por más que la quisiera. No podía sacrificar algo así sólo para que no se separaran.

Cuando terminó le siguió otra ovación de aplausos, y la chica todavía no regresaba, eso la hizo sentir un poco triste, ni siquiera el abrazo de felicitación de Hans logró reconfortarla por completo.

—Lo hiciste de maravilla cariño —dijo su madre dándole un abrazo.

Ya todos los estudiantes habían despejado el área de la asamblea y estaba cada quien reunido con sus padres. Incluso Hans quien parecía incómodo con el hecho de que su madre quisiera acariciar su cabello.

—Gracias.

—Me siento muy feliz por ti ahora, siempre supe que conseguirías salir como la mejor —comentó su papá llegando a su lado y depositando un beso en su coronilla.

Sus padres se miraron por unos segundos que le parecieron interminables para luego volver a ignorarse mutuamente. Se comportaron muy bien mientras tuvieron que estar juntos y Elsa se separó de ellos para ir a buscar a Anna ya que todavía no regresaba y, a pesar de que no le dijo dónde estaría, la conocía tanto que la encontró enseguida.

—Anna, tenemos que hablar.

El viento en la azotea se sentía más frío, pero a la pecosa parecía no importarle y se mantuvo recargada en la pared viendo las nubes en el cielo que en esos momentos obstruían el sol.

— ¿Ya quieres hablar? Creo que ya lo dijiste bastante claro, Elsa.

La chica se sentó a su lado sin importarle que pudiera ensuciar su atuendo y recargó la cabeza en su hombro.

—Lo siento, pero no quiero pelear contigo ahora, me gustaría pasar el tiempo que me queda aquí a tu lado y no enojadas sin querer hablarnos. —Le tomó la mano—. Recuerda que vendré a verte en cada día libre, cada festividad, o incluso podrías ir tú y yo te mostraré todo lo que haya conocido.

Anna soltó un suspiro y apretó su agarre. Elsa tenía razón, podía pasar estos días triste porque tendrían que separarse o dejar eso de lado momentáneamente para aprovecharla mientras todavía estuviera ahí.

—Eso suena lindo.

A pesar de que la mirada triste de Anna no desapareció, parecía estarse esforzando en ver lo bueno de la situación. No se despegaron en todos esos días, si no iban a dormir a casa de Agnar se quedaban con Iduna; en sus salidas usualmente iban solas, pero a veces también las acompañaban Kristoff o Hans, incluso más de una ocasión salieron los cuatro juntos, así que al final no desperdiciaron ni un segundo.

Pero la fecha se acercaba a pasos agigantados y un día, cuando menos lo tenía pensado, se vio empacando sus cosas para poder marcharse al día siguiente. Su madre había salido con Hammer dejando a Elsa acompañada de Anna, puesto que hasta ella comenzó a notar que esas sos iban a tener que despedirse.

—Son hermanas, después de todo, crecieron juntas —comentó a Hammer cuando salían de la casa.

Entre las chicas ninguna decía nada, mientras Elsa guardaba su ropa la otra la observaba de pie a un lado de su peinador viendo el cuadro que le había regalado para Navidad, aquella fotografía de un zorro blanco. Lo cierto es que aquel animal le recordó a ella en cuanto lo vio, por eso quiso fotografiarlo y regalárselo. Tenían la misma mirada de depredador, como si fueran capaz de todo para seguir su camino, de cierto modo, sentía que no se había equivocado en eso.

La dejó a un lado en cuanto Elsa se acercó a ella y la rodeó dejando las manos a un costado del mueble, atrapándola. Era innecesario puesto que Anna no planeaba moverse, pero no por eso dejaba de ser divertido y una sonrisa adornó sus rostros mientras le correspondía posando los brazos en sus hombros, estirándolos por detrás de su cabeza y así mantenerla cerca.

Acortaron la poca distancia que quedaba uniendo sus labios sabiendo que esta podría ser su última oportunidad de pasar un rato de intimidad juntas, el vuelo de Elsa saldría mañana temprano y con sus padres presentes sería imposible despedirse como les gustaría.

Anna pasó su mano por la nuca de Elsa provocándole un escalofrío, la hizo recordar aquel momento en el que habían experimentado algo similar, sólo que en aquel entonces todavía no eran nada y tuvieron que reprimirse, esta vez las cosas no serían igual, de eso estaba segura, podía sentirlo en ese beso lleno de deseo, en la forma que enredaba su cabello en los dedos jalando suavemente de él.

Se separaron apenas lo suficiente para poder respirar, sus mejillas estaban sonrojadas y Elsa había pasado de apoyar las manos en el peinador a sujetar con fuerza la cintura de Anna. Estaban tan cerca que podían sentir sus respiraciones agitadas. Sus ojos no querían desviarse de la vista de la otra y sonrieron levemente antes de volver a besarse, esta vez con más intensidad, la pecosa tomó con más fuerza a Elsa y terminó invirtiendo sus posiciones donde ahora ella tenía todo el control de la situación. Recorrió a besos la fina línea de su mandíbula hasta llegar a su cuello viendo con claridad la fuerza que Elsa parecía estar ejerciendo para contenerse, intuía que lo que quería evitar era hacer ruido para no sentirse avergonzada. Le pareció tan lindo que quiso seguirla provocando y una sonrisa de diversión apareció en su rostro; esta era una oportunidad que no planeaba desperdiciar.

Comenzó acariciando suavemente su cintura y le sacó la chaqueta con la mayor calma del mundo hasta verla caer al suelo, no quería apresurar las cosas, en su lugar planeaba disfrutar cada expresión y el suave roce de su piel.

No hacía falta decir nada, eso sólo arruinaría las cosas, pero podía verla morderse los labios y cerrar los ojos con fuerza mientras sus manos apretaban el borde del peinador donde ahora recargaba su cuerpo. Palpó su abdomen debajo de la blusa y comenzó a subirla. Elsa captó enseguida y se la quitó por cuenta propia, probablemente sorprendiendo a Anna con ese gesto, en especial porque a pesar de estar medio desnuda parecía más segura de sus acciones ahora que cuando comenzaron. Tomó sus hombros sin poder evitar soltar un gritito cuando Anna acarició sus piernas casi rasguñándola.

Eso fue todo lo que pudo soportar y le desabrochó la falda antes de subirla al peinador y quedarse entre sus piernas. Volvieron a besarse, entre tanta intimidad Elsa ya no sentía su propia desnudez, sin contar que, al estar en el equipo de natación se acostumbró a ser vista casi desnuda, y cuando Anna se sacó la ropa la notó menos, verla así era algo nuevo para ella, la piel de Anna era blanca y llena de pecas por todos lados, no podía dejar de verla hasta que la chica le tomó la barbilla y levantó su rostro obligándola a verla a la cara. Estaba sonrojada.

Elsa quiso decir algo, pero se arrepintió y en su lugar prefirió besarla. Vio como Anna se separaba de ella para hincarse frente a su parte más íntima y le quitaba la prenda de un tirón, nunca se había sentido más avergonzada y hubiera protestado enseguida de no ser porque no le dio tiempo ni de removerse cuando ya tenía el rostro en su entrepierna. Soltó un gemido sin poder evitarlo y por acto reflejo llevó las manos a la cabellera de Anna e intentó cerrar las piernas, pero se lo impidió sujetándoselas con fuerza.

¡Era una niña! Siempre la consideró alguien que debía ser cuidada y protegida de las malas influencias, y ahora se daba cuenta que en realidad nunca fue tan inocente como creía. La estaba volviendo loca, aunque al principio no había querido gemir, en estos momentos hacerlo era inevitable. Del mismo modo que le fue imposible no arquear la espalda cuando su cuerpo llegó al pináculo del éxtasis.

Anna sonreía triunfante y volvieron a besarse, pero las cosas no quedaron ahí, sólo porque Elsa quería intentarlo, aunque no sabía bien lo que hacía fue recorriendo su cuerpo con las manos y bajó del peinador, no sin algo de esfuerzo pues aún sentía débiles las piernas. Se abrazó al cuello de Anna y deslizó su mano por debajo de su ropa interior, pudo notar cómo le clavaba las uñas en los hombros y por los sonidos que profería entendió que no lo estaba haciendo tan mal. Incluso se atrevió a detenerse un segundo y llevarla hasta la cama donde le dio un leve empujón haciéndola caer para poder continuar ahí. Se acostó a un lado suyo y volvió a tocarla, viendo la forma tan natural en la que Anna soltaba gemidos como si realmente no le importara que ella estuviera escuchando, quizá no era que no tuviera importancia sino más bien que no era consciente del todo de lo que ocurría a su alrededor y, para qué negarlo, le entraba cierto sentimiento de orgullo al saber que era culpa suya.

Terminaron recostadas bajo las sábanas sin molestarse en volverse a poner la ropa, se mantuvieron así, en silencio, abrazadas. Anna mantenía los ojos cerrados mientras sentía la respiración de Elsa, ese subir y bajar de su pecho que la llenaba de paz. Todavía era difícil procesar lo que acababan de hacer.

Se sobresaltaron al escuchar un auto en la acera y reconoció enseguida que se trataba de su madre, ¿cuánto tiempo habían estado ocupadas? Se levantaron de un salto comenzando a ponerse la ropa de vuelta, para cuando escucharon los tacones de Iduna en la escalera ya estaban completamente vestidas, aunque poco pudieron resolver el problema de su cabello despeinado y las mejillas sonrojadas. Elsa fingió que estuvo acomodando sus cosas en la maleta todo ese tiempo y Anna la ayudó en lo que pudo.

—Ya llegamos niñas, trajimos comida para ustedes, ¿van a querer?

—Sí, bajamos en un minuto.

—De acuerdo, y… ¿les pasó algo? Se ven agitadas.

Evitar los nervios en una situación como esa fue prácticamente imposible.

—N-no... —tartamudeó sin saber que inventar.

—Tuvimos una breve pelea de almohadas, eso es todo —improvisó Anna.

—Ya veo —sonrió Iduna —. Pero paren con eso un segundo, todavía hay tiempo. No quiero que la comida se enfríe.

—Está bien, ya vamos. Gracias, mamá.

En cuanto la señora Lunde salió de la habitación respiraron aliviadas, se miraron y se les dibujó una sonrisa. Anna dejó escapar un resoplido, divertida.

—Eso estuvo cerca.

—Bastante. Será mejor que vayamos de una vez.

Asintió y le dio un beso en los labios antes de salir.

La despedida fue peor de lo que habían imaginado, sus padres la acompañaron al aeropuerto, Anna también fue e incluso Gerda y Hammer, aunque estos un poco más rezagados.

Su vuelo salía dentro de dos horas, pero sabiendo de antemano que el procedimiento puede llegar a ser tardado, tenía que entrar antes. De modo que, abrazó a su papá con fuerza y depositó un beso en su mejilla.

—Cuídate mucho pequeña, cualquier cosa me llamas, te envié tu dirección por mensaje.

—Gracias papá.

Su madre la abrazó como sólo una mamá podría hacerlo y le acarició el cabello. Le dolía saber que volvería a estar lejos de ella, sin embargo, esta vez no pensaba dejar que perdieran el contacto.

—Te amo, cielo. ¿Llevas todo listo? ¿No olvidaste nada en casa? Ten cuidado con tu bolsa, no la sueltes para nada ¿de acuerdo?

Elsa sonrió ante la preocupación de Iduna.

—Claro mamá.

—Llámame cuando llegues ¿bien?

—Te lo prometo.

Anna contempló cada escena, tratando de evitar el llanto y lo había hecho bastante bien hasta que Elsa le dio un abrazo, entonces no pudo evitar que gruesas lágrimas resbalaran por sus ojos y se quedó ahí, en su hombro, mientras la chica le daba palmaditas en la espalda, después de todo, a pesar de que también le dolía la separación, prefirió fingir tranquilidad para no empeorar todo.

—Volveré pronto.

—Más te vale.

Terminó las despedidas con Gerda y Hammer, de todos, a la que más le preocupó dejar sola fue a su nana, a fin de cuentas ya era una anciana y no sabía cómo podría resentir su partida.

El vuelo fue tranquilo, no dejó de ver a la ventana ni un segundo, notando como las cosas se hacían más pequeñas a su alrededor hasta que distinguir los autos o las casas le fue prácticamente imposible. Era tan temprano que el sol aún no había salido y las luces de la ciudad eran su único punto de enfoque.

Iba a extrañar todo eso, las conversaciones con Hans, sus regaños, los mimos de su mamá, la sobreprotección de su papá, los comentarios graciosos de Kristoff... Echaría de menos a Anna.

No le costó trabajo encontrar el apartamento que Agnarr rentó para ella, estaba justo frente a la universidad por lo que seguramente le costaría bastante dinero, pero no había podido hacer que cambiara de opinión conforme al lugar.

Observó el edificio desde fuera con las maletas todavía en la acera a un lado de ella, se preguntaba cómo haría para llevar todo eso hasta el tercer piso y notó que debería haber prevenido aquello desde antes de salir de casa.

Estaba pensando en eso cuando su celular comenzó a sonar sacándola de sus pensamientos. Se trataba de Iduna y no le sorprendió, tenía al menos una hora de haber aterrizado y todavía no la llamaba, en parte porque le daba pánico distraerse en un lugar desconocido.

—Estoy bien mamá.

—No me habías llamado.

—Lo sé, lo siento.

Sólo colgó hasta que le juró mil veces que no había tenido ningún contratiempo.

Respiró hondo tomando sus maletas, tenía que entrar, no podía seguir perdiendo el tiempo ahí afuera, además, el edificio tenía portero y debía presentarse con él al llegar o no la dejarían pasar.

En el lobby encontró un señor rechoncho con cejas pobladas y el cabello blanco como la nieve, le calculó tendría alrededor de cincuenta años, supuso que el casero debía ser él, así que se acercó todavía arrastrando sus maletas. Y pensar que había decidido dejar la mayor parte de sus pertenencias en casa.

—Hola, disculpe…

—Oh, hola jovencita, imagino que tú debes ser Elsa Dagger ¿no es así? —dijo tendiéndole la mano.

—Sí, señor, soy yo.

—Bienvenida, tu padre me avisó que llegarías hoy. Déjame presentarme, mi nombre es Maurice, estoy para servirte. —Notó por fin las maletas—. Ay hija, no cargues con eso tan pesado. Dame un segundo.

Entró a una puerta lateral y la dejó ahí esperando, volvió un rato después en compañía de un muchacho alto de cabello negro y largo recogido en una coleta que la saludó con una sonrisa al verlo. Por su aspecto, Elsa pudo deducir fácilmente que hacía deporte y si pudiera apostar, diría que natación.

—Éste es Gaston, deja que él te ayude a cargar eso. Te llevará a tu apartamento, aquí tienes la llave.

El chico tomó las maletas mientras lo seguía por las escaleras, en realidad no le agradó Gaston, no sabría decir cuál era la razón, pero desprendía cierto aire de superioridad combinado altanería, y eso que no había dicho una sola palabra todavía.

— ¿Haces deporte? —cuestionó.

—Sí.

— ¿Qué deporte? Tienes cuerpo de nadadora, he visto muchas en las competencias.

—No te equivocas.

No quería seguirle la conversación, pero resultaría grosero no hacerlo.

—Bien, llegamos —dijo deteniéndose frente a la puerta—. Yo vivo enfrente para cualquier cosa que se te ofrezca, my lady.

La forma en que lo dijo y su expresión casi le aseguraba que era un idiota. El típico niño deportista que se cree galán de telenovela.

—Gracias.

Metió sus cosas al apartamento y cerró la puerta recargándose en ella. Iba a ser duro estar aquí sola, pero quizá mañana conocería personas más agradables, después de todo, debía ir a entregar papelería en la universidad.

Sacó su teléfono al sentirlo vibrar de nuevo, se trataba de un mensaje de Anna.

"Ya te extraño".

"Yo también".


Respuesta a los reviews.

missmarvel2000: Bueno, para saber cómo lo tomará debemos esperar al menos al capítulo 39 uwu

Aw, bueno, los finales son tristes, pero necesarios, lamentablemente. jaja Enserio me hizo el día, te lo juro. Gracias por leer y por tus comentarios :3

miguel-puentedejesus: Tranquilo, a Elsa no le molestó el pequeño olvido de Anna uwu

Chat'de'Lune: Casi, pero todavía no las atrapan. Y bueno, hasta cierto punto tienes razón con lo que dices, vivirán su amor, pero bueno, aún faltan cinco capítulos en los que hay muchas cosas que seguramente no se imaginan. Gracias por el apoyo, saluditos.

Jenn: Perdona por sí demorar, pero ahora intentaré ya no hacerlo otra vez :3

Runcatrun: Sip, tal vez si todo sale bien pueda terminar la historia para año nuevo. jaja bueno, de lo de Aganarr te tendrás que enterar en el capítulo 38, tal vez, ya sólo unos cuantos más y todo se termina.

Por fin terminé mi semestre, gracias por el apoyo, también te deseo mucha suerte. Que la fuerza te acompañe :3 Saludos.