Disclamer: El mundo de Harry Potter pertenece a Jk Rowlings.
Capítulo 35
Baños de espuma, encuentros y traseros descubiertos
Hermione necesitaba relajarse después de lo que había sucedido el día anterior. Encendió las velas con olor a manzana y canela que había colocado alrededor de la bañera y un aroma dulce y exótico inundó el cuarto de baño de los prefectos.
Suspiró, el agua caliente había dejado una nube de vapor empañando los cristales y las paredes, de pie, quieta y relajada, contempló como una pequeña lágrima de agua se deslizaba por el azulejo al mismo tiempo que sentía una gota de sudor resbalando por el arco de su espalda.
Se quitó la bata blanca que llevaba puesta dejando que cayera suavemente por su cuerpo hasta quedar como un charco extendido a sus pies.
Con un golpe de varita, la música de violines llenó la habitación de suaves acordes cuando entró en la bañera y estuvo a punto de gemir. El agua caliente envolvía su cuerpo relajando sus músculos cansados.
Sonriendo comenzó a lavar sus piernas bajo la titilante llama de las velas que jugaban a dibujar sombras en el techo.
— Podría tener un orgasmo solo mirándote.
la chica se sobresaltó, dio un grito y salpicó agua por todas partes.
— ¡Draco!
Él soltó una carcajada.
Hermione vio cómo se sacaba la túnica y la camisa, dejando al descubierto su torso, ese chico conseguía poner su mundo del revés, no importaba cuantas veces le viera desnudo, siempre conseguía excitarla… se acabó su baño relajante aunque no perdía nada en absoluto con el cambio de planes.
Cuando Draco quedó desnudo ante su ávida mirada y vio que estaba semi erecto se mordió el labio inferior ahogando un gemido, él entró en la bañera tras ella, que sintió como un escalofrío recorría su columna, tenía la piel de gallina en cada lugar donde sus pieles se tocaban y no pudo evitar temblar como una hoja cuando su enorme cuerpo se amoldó al suyo y su miembro se acomodó en su trasero.
— ¿Qué opinas de Zabini y Ginny?
Ella cerró los ojos durante un instante, frustrada. ¿Ginny y Blaise? Dios, eso sí que podía bajar la libido a cualquiera. Ahí estaba ella imaginándose una escena muy caliente en esa bañera y él le preguntaba por aquellos dos… Adiós a su pequeña fantasía.
— ¿Qué hay con ellos? – Contestó resignada mientras seguía pasando la esponja sobre sus piernas.
El rubio se pasó la mano por la cara y resopló.
— ¿Qué pensarías si te dijera que creo que están… bueno, ellos, ya sabes… juntos?
—¿A qué te refieres?
- Para ser la bruja más inteligente de nuestra generación a veces no entiendes bien las cosas.
Los ojos de ella se entornaron al escucharle y después se abrieron sorprendidos durante un instante al comprender.
— Bueno, sé que no lo están si eso te tranquiliza – dijo mientras volvía a la tarea de enjabonarse – Creo que Blaise se enamoró de ella — dijo alzando las cejas, como si aún le sorprendiera aquel giro de los acontecimientos — pero Ginny ama a Harry.
Draco gruñó, no entendía por qué habría de preferir a San Potter por encima de Zabini. Nunca habían sido grandes amigos pero él no dudaría de parte de quien ponerse si se diera el caso.
— Así que… – continuó Hermione – no hay nada entre ellos, pero ¿Te has dado cuenta de cómo cuando estamos todos en una habitación Blaise la busca con la mirada? Y siempre acaba a su lado o cerca de ella.
Draco empezó a masajear los hombros de la bruja pensativamente.
—De todas formas – Hermione se giró para sentarse sobre su regazo, rodeándole con sus brazos. — Son mayorcitos, los dos.
¿De qué estaban hablando? El rubio perdió el hilo de la conversación en el momento en que sintió el cuerpo de la chica amoldarse al suyo, la suavidad de su entrepierna se frotaba contra su miembro, sus pechos se apretaban contra su torso mientras le abrazaba. Aspiró su olor, mezcla de las violetas del jabón y su excitación…esta mujer era todo cuanto necesitaba para mantenerse cuerdo, pensó mientras hundía los labios en su cuello olisqueando su pelo y lamiendo su vena azulada, cuando ella se estremeció con anticipación, se hundió lentamente en su cuerpo, que lo recibió con un gemido tan erótico que tuvo que contenerse para no embestir con brutalidad mientras los músculos de su interior le apretaban, exprimiéndole.
— Creo que necesitaremos una buena ducha cuando terminemos el baño – susurró en su oído – cuando acabe contigo, Granger, no tendrás fuerzas ni para llegar a la cama.
— Promesas promesas.
Fue todo lo que pudo decir antes de que él saqueara su boca en un beso devastador.
— ¿Has oído algo? — Preguntó Hermione mucho tiempo después, mientras ambos estaban sentados frente a la chimenea, haciendo las tareas de pociones — ¿Sabes que ocurrió ayer?
Draco negó con la cabeza y cerró su libro con brusquedad, aún no estaba seguro de haber perdonado a la chica por el puñetazo que había recibido como premio, de hecho solo la preocupación que había minado su razón y el ver el brillo desesperado en sus ojos castaños había obrado en su favor e impedido que la dejara allí sola y se largara.
— Había una reunión, Goyle fue quien me lo dijo y, sinceramente Granger, Gregory no es dado al engaño y el despiste… es demasiado simple.
Hermione sonrió, bastante de acuerdo con él en aquel punto.
— Allí no había nadie — se mordió el labio — bueno sí, un grupo de licántropos con ganas de jugar a las mordidas — soltó irónica.
— Seguramente eran una protección — dijo el rubio contemplando las llamas que crepitaban en el hogar — El Lord Tenebroso usaba mucho a los hombres lobo para rodear el perímetro, un medio de persuasión bastante efectivo.
— Podrías haberme dado esa información ayer, Malfoy.
Él arqueó una ceja y levantó la comisura del labio en una mueca de desdén.
— No pensé que unos niñatos fueran a usar los medios del Lord Oscuro para sus reuniones nocturnas en el Bosque, Granger… No les creía tan listos, la verdad.
— Pues te equivocaste. Todos les hemos subestimado.
— Sí, pero no creo que nos equivocáramos. Lo que creo es que quien sea que les está dirigiendo desde fuera sabe lo que hace.
— Lestrange — susurró ella.
— ¿Rabastan? — Draco soltó una carcajada — No fastidies Granger, Rabastan es casi más imbécil de lo que era mi tío Rodolphus y eso es mucho decir.
— Pues sea quien sea entonces ¿Crees que se hayan dado cuenta de que vamos tras ellos?
Draco dejó de reír, pero su sonrisa burlona siguió adornando sus labios.
— No imagino que nadie pueda imaginar a un grupo de adolescentes haciendo el trabajo del Ministerio.
— ¿Por qué no? — Ella torció la boca — no sería la primera vez…
— Sí, pero Potter no está aquí, sin él y Weasley a la vista supongo que no esperan que el resto del ED siga en marcha. La investigación que está llevando a cabo el Ministerio es secreta, no ha trascendido a la sociedad, de cara a todo el mundo vivimos en la feliz ignorancia de que todo va bien, de que una vez muerto el Lord no hay problemas en el horizonte.
Hermione suspiró y se frotó los brazos.
— Harry me contestó esta tarde — fijó los ojos en sus manos, que sujetaban el libro en su regazo — Ivanov no recuerda nada del secuestro y se les acaban los hilos de los que tirar. No tienen noticias de Viktor — frunció levemente el ceño — tampoco yo… me preocupa.
Draco gruñó.
— Olvida a ese orangután sin cerebro. No tiene que preocuparte — escupió con fiereza.
Ella chasqueó la lengua y le miró con fastidio
— Cállate Malfoy. Viktor es mi amigo y seguirá siéndolo.
El rubio apretó la quijada y compuso una mueca de asco que no pasó desapercibida para la castaña, pese a que le ignoró.
Se quedaron en silencio durante un rato, ambos abstraídos y pensativos.
— Es extraño — dijo de pronto el rubio golpeándose la puntiaguda barbilla con las yemas de los dedos que tamborileaban suavemente sobre su piel — Que Ivanov no recuerde nada… no sé, no me da buena espina.
— Harry piensa lo mismo — dijo ella obviando el modo en que él rodaba los ojos claramente disgustado por tener algo en común con Potter por nimio que fuera — Dijo que Ivanka tiene un aura extraña.
— ¿Un aura extraña? — preguntó divertido.
— ¿Qué se yo? — Hermione rió y le golpeó con el libro en el brazo con aire jovial — ¡Dejé adivinación en tercer curso!
Un rato después ella rompió de nuevo el silencio
— Me gustaría conocer a esa mujer. Siento que hay algo extraño en todo esto, pero no se qué es — parecía frustrada.
— Bien, mañana será otro día entonces — Draco se levantó cargándose a la chica al hombro y entre los gritos y las risas de Hermione, ascendió con ella las escaleras hasta su habitación — Ahora tenemos que buscar la forma de relajarte Granger, viendo lo tensa que estás, tendremos que practicar unos cuantos trucos.
…..
— ¡Ginny! Por Dios ¿Dónde estabas?
Cuando la pelirroja llegó a la torre de Gryffindor encontró a Harry dando vueltas delante del retrato de la Dama Gorda. Tenía el pelo revuelto, como si hubiese pasado una y otra vez sus dedos por los mechones hasta que lo había dejado de punta. Sus gafas estaban torcidas y la capa la llevaba muy sucia y desarreglada, pero el rostro se le iluminó al verla y sus ojos verdes resplandecieron con el brillo de las esmeraldas.
Ginny corrió a su brazos y se lanzó a su cuello, aferrándose a él como un koala.
— ¡Harry has venido!
Él chico rió, sintiendo que le nudo que había atenazado su estómago las últimas horas se aflojaba por fin.
— ¿Pensabas que no lo haría? — Señaló la escoba que se apoyaba junto al marco del retrato — Me aparecí en Hogsmeade y vine volando desde allí. — Tocó los brazos de la chica, acarició su rostro y su pelo, con los ojos, las manos y los labios. Besó su frente, sus mejillas y sus párpados antes de buscar su boca con dulzura — ¿Cómo estás? — Susurró rozándola con su aliento antes de besarla de nuevo — ¿Cómo se os ocurrió ir al Bosque? — Apoyó las manos en sus mejillas y clavó sus ojos en los de ella — No debisteis ir allí, Ginny.
Ella resopló y puso los ojos en blanco.
— Me lo dice el que entró en la cámara de los secretos donde no debía entrar, el que fue en busca de la piedra filosofal aunque le dijeron que no debía ir, el que usó un gira….
— Está bien, está bien — dijo Harry rindiéndose divertido — Creo que no soy el más indicado para hablar, después de todo.
— Pues no — Ella le abrazó por el cuello y le acalló con un sonoro beso — ¿Puedes quedarte? — preguntó ella con su voz convertida en un ronco murmullo, regando de besos su mandíbula hasta llegar a su oreja — Quédate, Harry.
El chico enrojeció levemente y rodeó la pequeña cintura de la pelirroja entre sus manos, apretándola contra sí.
— Tengo que ir a San Mungo a las…
Ella no le dejó terminar. Trepó sobre él, rodeándole las caderas como una enredadera, metió los dedos entre los mechones de su pelo y apoyó su frente en la suya, hablando sobre su boca en un jadeo.
— Harry…
Merlín, ella era adictiva. El auror perdió el hilo de sus pensamientos y agarró sus nalgas, presionándola contra su creciente intimidad, se tragó su gemido y ahondó en su boca, mordiendo aquellos labios que le volvían loco.
Cada vez que ella susurraba su nombre le hacía caer de rodillas, adorarla… nunca sería capaz de comprender como podía amarla tanto. La apretó entre sus brazos y caminó con ella hacia el pasillo cuando empezó a escuchar las exclamaciones ahogadas de los retratos que murmuraban acerca del comportamiento desvergonzado de los jóvenes de hoy en día.
— Sala… — Ginny intentaba hablar entre besos, sin querer soltar la boca de Harry — menesteres.
Pero no hacía falta. Él sabía perfectamente a dónde se dirigía y cargó con ella a ciegas por los pasillos hasta llegar al tapiz de Barnabas el Chiflado.
Cuando la puerta se abrió dejando a los jóvenes entrar a una habitación donde una enorme cama era la protagonista, no se sorprendieron en absoluto. Las llamas se prendieron solas y mientras ellos se perdían en aquel capullo de sedas y doseles, saboreando el placer de sus cuerpos desnudos y la dulzura de sus labios, nada más les importó que saberse en brazos del otro.
…..
― ¿Estás bien?
Blaise se acercó a Kat cuando la chica salió del cuarto de baño y apoyó la palma de su mano suavemente en su mejilla. Ella cerró los ojos un instante, del mismo modo en que lo había hecho Ginny un día antes… pero en seguida los abrió y le sonrió con un brillo divertido en los ojos.
― Sí ― Se acercó al moreno y se pegó a su cuerpo, insinuante ― sabes que puedes llamarme siempre que estés de mal humor.
Zabini torció los labios en una media sonrisa y se apartó levemente, recuperando su espacio.
― Es un placer hacerlo, Kateryn ― susurró con esa voz enronquecida que sabía las volvía locas ― ¿Cómo va todo por Londres? ― Preguntó invitándola a sentarse a su lado con un ademán mientras la tetera que había aparecido sobre la mesa servía el líquido hirviente en las tazas ― ¿Qué tal trabajar con Potter?
El rostro de ella se iluminó brevemente
― Es estupendo ― dijo tomando su taza con cuidado ― Me gusta trabajar con él.
― Que te gusta, querida, me quedó más que claro desde nuestro primer encuentro ― soltó él con una risa corta.
Kat frunció el ceño dándose cuenta del extraño humor que tenía aquel día.
Ella sabía de la obsesión de Zabini con Ginevra Weasley. Es más, en alguna ocasión, en los dos o tres encuentros que habían tenido en los terrenos cercanos a la Madriguera en Navidad, la había llamado por el nombre de ella cuando alcanzaba el orgasmo.
Al principio no le había dado importancia, pero cada vez estaba más convencida de que aquella insana y enfermiza obsesión de Blaise era dañina.
El hecho de que juraría que estaba empezando a sentir algo por el chico, podría tener algo que ver también en su percepción, no iba a negarlo.
Era imposible no sentir cuando era capaz de llevarla al paraíso y dejarla allí sostenida por las puntas de sus dedos una y otra vez, exprimiendo cada gota de placer que existía. La idea de que él la utilizara para olvidar a la chica de Potter le había parecido bien al principio. Una simbiosis perfecta. Ella olvidaría su encaprichamiento por Harry y él por la pelirroja… pero pese a que ella había desechado ese flechazo por el auror tras la primera cita con Zabini, no había sido lo mismo para él, ya que cada día parecía más perdidamente obsesionado con Ginny.
Kat había descubierto que se excitaba con la vena salvaje y dominante de él, que era capaz de someterse, sin sobrepasar los límites que habían establecido y disfrutaba de aquellos encuentros, sabiendo que al terminar, él sería de nuevo aquel joven divertido y amable que era capaz de jugar con cuero y cadenas un momento y servir un té al siguiente, con aquella elegancia innata y aquel saber estar digno de la aristocracia.
― Harry no es para mi ― dijo sin dejar de mirarle, buscando la reacción de él ante sus palabras.
Blaise se atragantó con el sorbo de té y la miró con fijeza.
― Vaya veleta eres señorita Maidlow ― soltó con un brillo burlón en sus oscuros ojos.
― ¡Oye! ― Kate le pellizcó por debajo de la mesa y le miró ceñuda ― Es solo que he descubierto que es un gran amigo, él y yo estamos destinados solamente a eso.
El moreno se quedó en silencio, sumido en sus pensamientos y Kate sonrió satisfecha de dejarle pensando. No sonreiría tanto si supiera lo que pasaba por la mente del muchacho, que se planteaba seriamente la posibilidad de dar por terminada aquella relación de placer que tenía con ella, consciente de las connotaciones de sus palabras y del brillo de interés que desprendía su mirada.
…..
Ron golpeó el retrato una y otra vez hasta que una voz femenina algo chillona y estridente le gritó en la cara.
―¿Acaso nadie te ha enseñado educación muchacho?
― Calla y abre ― dijo poco dispuesto a perder el tiempo en tonterías.
― ¡Pero bueno! Que terribles modales
― Sí, lo que tu digas pero abre.
― Contraseña ― dijo contrita
― ¡Que abras!
Se pasó las manos por el pelo, pronto a perder los nervios. Cuando había leído la carta de Harry hacía media hora escasa, pensó que se le saldría el corazón por la boca. Pensó en Ginny, en Hermione y se apareció en Hogsmeade bien entrada la noche. No fue capaz de entrar en Honeyducks y había tenido que pedir ayuda a Aberforth para llegar a Hogwards. Por si estar a las tantas de la noche buscando el modo de encontrar a su hermana y a sus dos mejores amigos atravesando Inglaterra no fuera suficientemente malo, había sorprendido a Zabinni y a Maidlow metiéndose mano en la puerta del Cabeza de Cerdo, Kat Maidlow, por suerte. No creía haberse recuperado de la impresión si hubiera sido otro Maidlow…
Les dejó despidiéndose y se dirigió al castillo, directo a la torre de Gryffindor, donde una Dama Gorda estúpida y desafinada, no le quiso dejar pasar por no tener la contraseña. De nada servía que fuera Ronald Weasley, ex prefecto, amigo de Harry Potter salvador del mundo y Hermione Granger, Premio Anual… nada le importaba a aquel esperpento oleoso con movimiento salvo la jodida contraseña. ¿Quién había despierto a aquellas horas? Solo Flinch y el intento de gata que tenía, pero de poca ayuda iba a servirle aquel squib malhumorado y gruñón.
Encontró a un Hufflepuff que, por las pintas que llevaba, acababa de pasar un buen rato en algún aula vacía, le paró y logró averiguar la dirección exacta de la torre de Hermione y Malfoy.
Ahogó un estremecimiento, solo de pensar en aquel lugar en esos términos se ponía enfermo. Por mucho tiempo que pasara, por muchas ayudas que les brindara, aquel hurón siempre sería un idiota oxigenado para él.
Cuando por fin llegó, llamó y llamó sin que nadie abriera la dichosa puerta, hasta que la dama de voz de pito empezó a increparle, del mismo modo que la Dama Gorda, exigiendo una puta contraseña que obviamente NO TENIA.
Llevaba una hora dando vueltas por aquel castillo al que habría deseado no regresar y todas las pinturas parecían confabularse contra él.
Sacó la varita y apuntó al retrato.
― O te abres o vas a conocer de primera mano lo bien que aprendí a conjurar un lacarnium inflamarae,
La mujer se calló y el cuadro dejó paso a una puerta por la que entró casi a la carrera.
― ¡Hermione! ― Entro en la primera puerta sin fijarse más que en la cama completamente hecha y siguió por la escalera hasta la siguiente. Se abrió igual de fácilmente que la otra aunque la oscuridad en esa era total ― Lumus ― murmuró ― AAAAAAAAAAGGGHHH Merlín Hermione!
Se levó las manos a los ojos frotándolos con fuerza, como queriendo borrar las imágenes de sus retinas a fuerza de restregones.
― ¡RONALD! ― Hermione echó sobre ella y sobre un somnoliento Draco una colcha, alcanzó su varita y cerró la puerta delante de la cara de su amigo.
― Ohhh Godric, que asco… puagggg ― Ron bajaba a trompicones con cara de espanto ― Le he visto el culo a Malfoy, le he visto el culo a Malfoy. Ha sido algo asqueroso…
Se dejó caer en uno de los sofás con la mirada perdida, deseando tener un giratiempos que le permitiera dar marcha atrás y no entrar en aquella habitación nunca, jamás, en ninguna vida ni realidad alternativa.
― ¡Ronald Bilius Weasley! ¿Qué crees que estabas haciendo? ¿Cómo se te ocurre entrar así en la habitación? ― estaba arrrebolada y furiosa
― Oh Merlín ― señaló tras ella ― Le he visto el culo ― dijo tembloroso, incapaz de salir del trance.
―¿Lo ves Granger? ― dijo el Slytherin mordaz, bajando tras ella ― Te he dicho que mi cuerpo deja sin palabras.
Ella rodó los ojos
― Callate Malfoy ― miró a Ron, cubierta por la camisa de Draco y pasó la mano por delante de su mirada perdida ― ¿Ron?
― Eso ha sido asqueroso Hermione ― Le dijo con voz trémula. La miró y abrió grandes los ojos fijando la vista en sus vestiduras ― No estoy preparado para ver esto.
Cerró los ojos con fuerza y Draco frunció el ceño al ver la forma en que ella estaba vestida, o desvestida más bien.
Agarró la horrorosa colcha de cuadros que la castaña dejaba siempre en el sillón y la tapó con ella casi hasta la cabeza, sonriendo aprobador al verla completamente tapada.
― ¿Qué haces Draco? ― Siseó la chica tratando de salir del peso de la manta.
― Estate quieta ― susurró aferrando sus caderas y pegándose a su espalda para impedir que siguiera quitándose la capa con que la había cubierto.
— Vamos joder ¿Tenéis que hacer eso? — Preguntó Ron — Malo era suponerlo, pero podría vivir sin haberlo visto perfectamente.
Hermione se pasó un rizo castaño tras la oreja y sonrió de lado
— ¡Merlín sonríes como él!
Se cubrió la cara con las manos, lo que evitó que viera el gesto de complacencia de Draco.
— Bueno ¿Qué haces aquí Ron?
— Amenacé a ese estúpido cuadro con incendiarlo
Draco se mordió el labio para no sonreír, no le parecía apropiado reír la gracia a la comadreja, ciertamente no le caía ni siquiera bien para empezar.
— ¿Que hiciste qué? ¡Ron!
— ¿Qué? No me dejaba pasar Hermione. Llevo casi una hora dando vueltas por el castillo. Primero la estúpida Dama Gorda no me dejó entrar en Gryffindor por no tener la contraseña, nadie despierto ¿A quien iba a buscar?¿A MacGonagall?
— Pero ¿Qué estás haciendo en Hogwarts?
— Harry me dijo lo que ocurrió ayer — Resopló — más bien me lo dejó escrito en una carta — Estaba preocupado ¡Maldita sea! No sé donde está mi hermana.
Hermione rodó los ojos
— Vamos Ronald... Si Harry ha venido hasta aquí ¿Donde crees que esté?
— Obvio que con ella, pero esperaba que pudieras entrar en la torre de Gryffindor. Quiero verla.
— No creo que sea posible Ron — Hermione carraspeó — No estarán ahí.
Ron se frotó la cara en un gesto infantil y Hermione acarició su cara con ternura. Draco gruñó.
— Vamos, te puedes quedar en mi cuarto por esta noche.
Le acompañó hasta la puerta y una vez alli, Draco la tomó en brazos
— Eso tú quédate aquí pobretón, con suerte mañana habrás madrugado y desaparecido. Tú Granger — Dijo subiendo las escaleras — Tendrás que seguir por donde lo dejaste antes
Tras el portazo del pelirrojo, la risa del Slytherin ahogó los murmullos ofendidos de Hermione.
Hola otra vez! (A los que les dio tiempo a leer la anterior actualización!)El capítulo 34 es demasiado oscuro, triste y angustioso a mi parecer, no me malinterpreteis. Quería que fuera así, ojalá haya conseguido darle ese toque negro que buscaba! Pero ni todo es malo ni todo es bueno en la vida, hay tristezas y alegrias, gente alegre y gente triste, personas que son felices y personas que no lo son tanto. Así que me animé, busqué un ratillo y decidí que como el ying y el yang, la cara o la cruz... También había algo bueno. Y aqui está este inciso en la historia ;) espero que os haya gustado!
Perdonad si veis algo raro pero aunque me manejo bastante bien con el movil no puedo poner todo decentemente! Si mañana encuetro un rato lo intento editar para poner las cursivas y demás.
Gracias una vez más por hacer podible esta historia!
Besos
AJ
Adarae: Jajaja pobre Draco! Disfrutas viendole sufrir! Bueno, he intentado reflejar a un Blaise dominante... Solo a ratos, no tanto como un dom, espero haberlo hecho medianamente bien! Jajaja no es algo de lo que sepa demasiado, pero esa parte oscura me gusta para él, sobre todo porque yo sé el final mas o menos xD El pc ya lo mande a arreglar, a ver que tarda! Besos!
Eleanor K. Black: Bienvenida!
Nikki: No sé si habrá más, espero que este capítulo sea más esclarecedor ;) y ha habido dramion no? XD
Abytutis: Bueno, aun queda un poco para el final! Igual hemos pasado ya la mitad del trayecto pero falta falta! Al menos eso creo! Tengo mucho que contar todavia! En cuanto a Ginevra... A mi me gusta, es dificil su edad y esa situación, el pensar en el futuro siendo tan joven pero a la vez tenerlo claro... Ufff yo no sé di caería en esa tentación! Jajaja pero facil es! Besos!
Luna White 29: A mi me está costando mucho ese personaje. Blaise me da mucha pena porque me gusta mucho, me resulta injusto y terrible. Quizás por eso, el recuerdo de Snape, solo que sin estar amargado, supongo que porque en el fondo Zabini no odia a Harry. Si yo fuera Ginny estaria comiendome los codos del estres jajaja besos!
