Se trata de un fan fiction de Crepúsculo por lo que la creación de los personajes corresponde a la señora Stephenie Meyer; todo lo demás que rodea a esta historia es única y exclusivamente mía.

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CAPÍTULO DEDICADO A MIS NIÑAS DEL TEMPLO; PORQUE DESPUÉS DE TRES AÑOS DE HISTORIA... ¡YA TOCABA!

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HOLA HOLITA!

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Esta vez no ha pasado ni un mes! estoy super feliz por poder actualizar antes que nunca; soy consciente de lo que todas estáis esperando... XD

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Algo importante antes de leer el capi:
Muchas me habéis preguntado por las pintas de Edward. Tengo foto en mi perfil y lo he puesto también en mi facebook (os recuerdo que soy Dulce M Cullen, por si me queréis buscar) ^_^

Las canciones que os estoy recomendando para leer el capi también las tengo en mi perfil. No obstante intentaré poner también los enlaces de youtube en mi facebook. Os pongo los videos con la traduccion de las letras, para que veais que algo tiene que ver la cancion con la historia ;)

Canciones recomendadas para el capítulo:

Fix You - Cold Play

Just give me a reason - Pink

How deep is your love. Bee gees

The scientist - Cold Play

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¡DraBSwan! gracias por betearme el capi a la velocidad de la luz a pesar de nuestras agendas llenas ;)

¿Te he dicho alguna vez que te adoro?

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Y como este es el capítulo MAS IMPORTANTE de la historia, no me enrollo más... Agradecimientos y demás notas varias al final :D

que lo disfrutéis!

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CAPÍTULO 37

LOS ÁNGELES

23 de mayo de 2013

Esa tarde Bella salía de su clase de infantil pensando que cuando llegara a casa tendría que hacer la compra. Pero antes debería pasarse por casa de sus padres y también hablar con Ali sobre la salida de compras que le esperaba este fin de semana... "Uff... pereza" pensaba mientras caminaba hacia su coche. Demasiadas cosas que hacer para ser un simple jueves de mayo.

Metió la carpeta con las fichas de sus alumnos en la parte trasera de su coche y se estiró antes de sentarse en el asiento del conductor.

Sin darse cuenta se puso a recordar de nuevo. En su vida, en la mierda de pantomima en la que se había convertido, en lo que estaría haciendo él... Siempre se quedaba parada, sumida en sus pensamientos, donde pillara en ese momento; en el super, en clase, en casa de sus padres.

Cada vez más a menudo le pasaban estos episodios; Alice le había pedido que fuera a ver a un especialista pero ella no quería ver a ningún loquero. Sabía lo que le pasaba; conocía demasiado bien su cabeza como para confiar en un extraño sus más oscuros secretos; además no había solución alguna. Lo único que podía hacer era pasar página, dejar de pensar... en lo que pudo ser y no fue, pero ella no estaba por la labor. Por lo que cogió aire, intentando despejar la mente antes de ponerse en marcha.

Con aire ausente miró el aparcamiento del colegio mientras metía la llave en el contacto y una triste sonrisa se formó en su rostro. Delante de ella, a unos dos metros de distancia, una embarazadísima Rose se despedía de sus dos amores: Emmett y el pequeño Noah.
Ese niño le estaba sorbiendo el seso. Había heredado el pelo de su madre. Pero los ojos y esa sonrisa enmarcada por dos graciosos hoyuelos eran de Emmett... Al igual que su carácter. Tan jovial, tan cariñoso, tan... hiperactivo. Si; idéntico a su padre.

Su grandullón...
Sin duda se había convertido en el hermano que ahora no tenía.

De nuevo se puso a divagar, recordando el día que rompió con Damon tras su ausencia en Nochevieja; fue su excusa perfecta para llorar sin control. Al parecer se había marchado de Los Ángeles porque una ex-novia había sufrido un accidente de coche y su hermano, que era el novio de la chica, lo llamó desesperado. Según le comentó había estado horas preguntando por él entre sueños, haciendo que se diera cuenta que realmente quería a Damon y no a Stefan. Cuando la chica estuvo un poco mejor, Damon volvió y le explicó que no había dejado de amar a Elena en ningún momento. Que lo sentía y que quería seguir siendo su amigo. Ella por supuesto que aceptó; él había sido su primera vez y no dejaba de ser alguien importante para ella. Además, siendo sinceros, ella también amaba a otra persona.

Aquel uno de enero que Damon se marchó lloró, sí. Lloró porque "la habían plantado en Nochevieja" cuando realmente lo que le pasaba era que Edward se había ido para siempre. El tres de enero seguía llorando porque "Damon la había abandonado del todo". Pero realmente no lloraba por Damon, no... Lloraba como si no hubiera un mañana por él. Sólo por él. Siempre por él.

Ese día tres llegó a casa de los señores Ortiz a media noche, rota en llanto, creyendo que sería incapaz de sobrevivir sin corazón. ¿Cómo le dices a tu cuerpo que tienes que seguir viviendo? Que debe moverse, alimentarse, sonreír de vez en cuando... ¿Cómo se supone que debes hacerlo si el órgano que mueve tu cuerpo está muerto?

Aquella lluviosa noche, gracias a todos los santos habidos y por haber, la bruja de Reneé no estaba en casa. Al parecer tanto ella como Rafael volvieron a marcharse de viaje para, según palabras textuales de Ali, darse otra oportunidad. Como fuera, le vino bien porque odiaba que esa señora estuviera pululando por la casa y cotilleando a escondidas sus conversaciones con los chicos.

Flash back

Cuando Emmett abrió la puerta y observó el aspecto de Bella pensó que había sufrido un aparatoso accidente o algo así; estaba empapada, llorando sin poder controlar sus sollozos y tenía la mirada perdida.

Emmett se abalanzó sobre ella para cobijarla. Alice dormía como una marmota y fue él, en silencio, el que se encargó de cuidarla.
Le llevó hasta el baño del cuarto de invitados en la planta baja y le dio toallas para que se diera una ducha. Mientras, cogió ropa de su cuarto: un pantalón de chándal y una camiseta que a él le quedaba justa y que estaba convencido de que a Bella le taparía las rodillas. Daba igual, era ropa seca y eso era suficiente hasta el momento. La dejó en la cama del cuarto y salió de allí.

Esperó paciente más de media hora en la cocina mientras preparaba dos tazas de té, hasta que escuchó ruidos en el pasillo.
Al rato Bella se asomó sin rastro de lágrimas en la cara y con unas pintas que habrían provocado la burla de Emmett durante semanas. Pero él no prestó demasiada atención; simplemente se acercó hasta ella y la abrazó. Pasaba las manos acariciando su espalda, intentando relajarla. Procurando que se sintiera tranquila, que supiera que con él estaría a salvo de lo que fuera. No sabía qué tenía esa chiquilla amiga de su hermana, pero desde que entró en sus vidas había sentido la extraña necesidad visceral de protegerla, igual que a Alice; exactamente como si fuera una hermana más.

—¿A quién debo partir las piernas, princesa? —susurró Emmett mientras seguía abrazándola con fuerza.
—A nadie —contestó ella contra su pecho, sintiendo la seguridad que antes sentía en otros brazos. Eso provocó una nueva tanda de lágrimas que alertó a Emmett—. Hey... Dime qué es lo que pasa Be... —susurraba mientras acariciaba su espalda. Cuéntame por qué has venido en ese estado, preciosa.
—Damon y yo hemos roto definitivamente —mintió.
—¿Y?
—Como que ¿Y? ¿Necesitas algo más? —susurró Bella esperando que se lo creyera y se quedara satisfecho. Necesitaba a Alice, y desahogarse con ella; ella era la que sabía todo. Pero era consciente de que eran las cuatro de la madrugada y que tendría que esperar a mañana para abrir su corazón y liberar toda la angustia que sentía.
—Ven —pidió mientras la dirigía al taburete de la cocina y la sentaba en él. Puso delante la humeante taza de té y se sentó a su lado, esperando.

Cuando se hubo calmado tomó aire y le contó lo que había pasado con Damon con pelos y señales. Se dio cuenta de que no sólo echaba de menos a Edward con toda su alma, sino que se encontraba tremendamente sola. Había estado toda su vida dependiendo de su mellizo y ahora... ahora se habían mezclado los sentimientos de tal forma que, además de perder al que sería el amor de su vida, perdía al que había sido su apoyo en todos estos años.

—También echo de menos a Edward —confesó con la voz queda antes de dar un sorbo al té. Ante el silencio de Emmett ella continuó—. Antes podía contar con él para todo pero ahora...
—Ahora me tienes a mí —sentenció Emmett con fuerza—. Yo seré tu protector mientras tu hermano no esté contigo. Me proclamo algo así como tu hermano sustituto sin fecha de caducidad.

Bella no pudo evitar soltar un carcajada que sirvió para relajar el ambiente y se abrazó a Emmett mientras al mismo tiempo lloraba por la ausencia de Edward.

Fin del flashback

Durante todos estos años, Emmett había cumplido su promesa y había estado a su lado incondicionalmente. Amenazó a sus escasos ligues con partirles las piernas, estuvo en su graduación e incluso pasó alguna que otra noche con ella en el hospital cuando tuvo el accidente de coche para que sus padres descansaran. Llegó a ser su confidente, su amigo, su "hermano sustituto" por derecho propio. Por esa razón amaba a Noah con toda su alma, era su sobrinito a todos los efectos, y le costaba dios y ayuda no ser más permisiva con él en su clase.

Parpadeó repetidamente al ver que había lágrimas en sus ojos. Y observó como Rose le hacía señas para que esperara mientras se acercaba al coche con pasos torpes. Sonrió al ver cómo resoplaba la rubia.

—Te juro que como salgan dos en vez de uno voy a matar a Zafrina se quejó al agacharse un poco sobre la ventanilla.
—¿Y porqué ibas a matar a tu ginecóloga? Al contrario, tenías que pagarle un plus por incentivos o algo así por aguantarte.
— y ja... Graciosilla... —contestó achicando los ojos—.Al verte parada pensé que te bajarías a saludar a Emmett.
—No... Sólo estaba pensando en mis cosas... —murmuró bajando la mirada el volante.
—¿Otra vez nena? Cada vez te pasa más a menudo... —comentó su amiga con un claro tono de preocupación en su voz.
—Lo sé... Pero antes de que digas nada no pienso ir a ningún sitio a que hurguen en mi cabecita —atajó señalándola con el dedo en claro gesto de advertencia.
—Eres una cabezota —sonrió tristemente Rose mientras observaba los ojos de su amiga. Ya nunca brillaban como cuando eran dos jovencitas que quedaban para ponerse guapas para salir.
Sabía que algo le había pasado, algo que no tenía que ver con Damon y también sabía que no confiaba en ella como para contarle su secreto. De cualquier forma no podría reprocharle nada después de cómo se comportó con ella en aquella época.
— ¿Te queda aún alguna clase? Yo me voy a pasar primero por el supermercado, pero te puedo acercar a algún sitio —propuso Bella mientras giraba por fin el contacto.
— La verdad que me vendría muy bien alejarme contigo de aquí, pero tengo que hablar con Benjamín.
— ¿Problemas? —preguntó extrañada de que su amiga tuviera que hablar con el director del colegio.
— La verdad es que todavía no lo sé... Quiero cogerme una excedencia de un año cuando mi princesa nazca —explicó mientras se acariciaba la tripita. Observó la extraña sombra que cruzó la mirada de su amiga.
— ¿Y crees que no te lo pondrá fácil? —musitó mientras pensaba que ella nunca sería madre.
— Depende de si ha follado esta noche...
— ¡Rose! —gritó Bella olvidando de pronto todo pensamiento catastrofista.
— ¡Qué! —contestó en el mismo tono—. Es verdad y lo sabes.

Ambas amigas se rieron con complicidad hasta que Bella al fin se despidió de ella. Su amiga le preocupaba... A ella y a Emmett. Llevaba años sin salir con nadie, ni siquiera quería quedar con todo el grupo porque, según ella, no quería ser un mal tercio.

Y ya no sabían qué hacer... Tomó aire y se volvió hacia la escuela, cruzando los dedos para que el cabrón de su jefe no le hiciera pasar un mal rato. Odiaba llorar, y últimamente lo hacía por todo... Y por supuesto que no quería hacerlo delante de ese desalmado. "Putas hormonas…"

Había decidido hacer la compra antes de ir a visitar a sus padres. Dejaría las cosas en el maletero mientras tanto e intentaría no comprar objetos perecederos. Eso era mejor que entretenerse en casa de sus padres, cosa que sucedería en cuanto su madre la cogiera por banda, y pasar de ir a la compra por pereza.
Pereza...
El pecado capital que regía su vida.

Le daba pereza salir, le daba pereza comprar, le daba pereza empezar una nueva relación con alguien sabiendo que acabaría al poco tiempo... ¿Para qué? ¿Para satisfacerse sexualmente? Se había comprado el último modelo de consolador, no necesitaba a un tío para tener orgasmos bestiales. Solo necesitaba a un tío para sentir algo más, y ese tío estaba prohibido.

Paró en seco observando el carro vacío de la compra. Había vuelto a pasar, llevaba media hora dentro del recinto dando vueltas a lo tonto, pensando en mil cosas y totalmente abstraída de la realidad.
Sabía que no debía estar recordando tanto el pasado pero era superior a sus fuerzas. Cada vez se conectaba más a facebook solo para ver las fotos que colgaba. O simplemente para intentar verle conectado en el chat. Ayer mismo tuvo la sensación de que él estaba conectado; fue como si alguien le dijera que realmente él estaba del otro lado de la pantalla. Por eso se decidió a colgar una de las últimas fotos que tenía; la única que había encontrado en la que aparecía sonriendo. Miró atenta su estado durante unos veinte minutos con el corazón en un puño. Esperando quizá alguna señal, rezando para que él diera el primer paso... Pero no sucedió nada. Estuvo llorando prácticamente toda la tarde... Y ahora se le volvían a humedecer los ojos.

Quizá sí debiera ver un psicólogo. Quizá sí tenía un leve episodio de depresión. Quizá...

—¡Mierda! —exclamó, asustando a una viejecita que pasaba por su lado, al observar que no se había movido del sitio. A este paso llegaría a casa de sus padres a las mil.

Hizo un duro ejercicio de concentración y rellenó el carro de una vez. Un poco de fruta y verdura, leche, arroz, napolitanas de crema, palmeritas de chocolate, donetes, panteras rosas...
Sonrió al ver que más de la mitad del carro eran golosinas, pero qué cojones, para un capricho que tenía una de vez en cuando...

Iba de camino a la caja para pagar cuando recibió un whatsapp de Alice recordándole que mañana irían de compras y que no admitía un no por respuesta. Iba a colocar unos cuantos emoticonos tristones al borde del suicidio, pero prefirió llamarla por teléfono mientras esperaba en la cola.

—¿Bella?
—Dime que vamos a tardar menos de dos horas en hacer las compras —pidió en cuanto su amiga cogió el teléfono.
—¿¡Dos horas!? ¿¡Tú esnifas o algo!? —gritó histérica.
—Alice... Todavía no sabéis el sexo del bebé...
—¿¡Y qué más da!? ¿¡Es que no sabes que existen lo colores neutros!? ¿¡Has oído hablar del blanco, amarillo, verde...!?
—Cariño, deja de gritar
—¡No estoy gritando! —respondió Alice histérica y se calló dándose cuenta de que, efectivamente, estaba bastante exaltada—. Dios Bella... Lo siento. No sé qué me pasa últimamente.
—Oh, yo sí... Y dentro de seis meses seguro que lo sabrás tú también. —Paró de inmediato en cuanto escuchó los sollozos de su amiga al teléfono, una extraña angustia empezó a extenderse por su cuerpo. Odiaba ver a su pequeña duende llorar; no lo soportaba. Era superior a sus fuerzas, algo visceral que siempre le sucedía cada vez que le pasaba algo—. Ali... Cariño no llores...
—No puedo evitarlo —contestó Alice entre sollozos.
—Por favor preciosa, hazlo por mí... ¿No ves que no estoy a tu lado para consolarte? Sabes que eso me mata...
—Lo siento —dijo rompiendo de nuevo en llanto—. Son las hormonas de los cojones, ¡que me están volviendo loca!— medio gritó.
—Lo sé, nena. Tranquila —paró de hablar al escuchar un carraspeo a su espalda. Al parecer una señora malhumorada no entendía que estaban tratando asuntos de hormonas y nada ni nadie interrumpía una conversación así. Levantando la ceja, cedió su sitio en la cola para que la señora dejara de tocar las narices—. Escucha, ahora me tengo que pasar por casa de mis padres antes de que Esme Cullen en persona se plante en mi apartamento amenazándome con uno de sus pinceles, pero ¿quieres que me presente después en tu casa?
—¿Lo harías? —preguntó esperanzada.
—¡Pues claro que lo haría! Es más... Puedo quedarme allí si quieres, ya sabes... A dormir contigo.
—¡Sí! Gracias Bellita... Eres la mejor amiga del mundo —sonrió Alice al otro lado—. Es que le echo de menos.
—Lo sé.
—Son solo tres días pero joder... Estoy harta de que su padre le tenga como su perrito faldero. —No se quería volver a enfadar pero pensar en su suegro la ponía del hígado, además, que hubiera mandado a su marido a Seattle para hablar con uno de sus clientes no le había hecho ganar puntos precisamente. Sólo esperaba que pudiera cerrar el negocio y Jasper por fin le plantara cara. Al menos eso le prometió antes de irse. Suspiró con profundidad intentando calmarse —. No quiero hablar más de ese hombre, ¿nos vemos luego, entonces?
—Claro Ali... Y por favor. Trata de mantener a las hormonas a raya —le dijo en tono cariñoso —. No creo que a mi garbancito le venga bien que te exaltes tanto...
—Lo sé. Gracias Bells; te veo luego.
—Hasta luego.

Bella se quedó mirando el móvil por un segundo con una sonrisa triste. Rose y Alice estaban embarazadas. Ángela seguía su eterno tonteo con Jake y si todo seguía el curso que quería su amigo, probablemente también se quedaría pronto embarazada. De hecho sabía que ella deseaba un bebé más que nada en el mundo; incluso estuvo mirando empresas de fecundación in vitro en uno de los miles de descansos que se tomó con Jacob. Pero ahora se estaban dando una oportunidad y su amigo le pondría un anillo en el dedo este sábado. Sabía que ella diría que sí, y seguramente en un par de meses otra amiga más se quedaría embarazada. Era como una plaga...
Y ella se moría de envidia. Otra vez.

Cuando por fin se sentó en su coche y puso rumbo a casa de sus padres pasaban de las siete de la tarde y había quedado con Alice a las nueve, así que esperaba que su madre no se pusiera demasiado charlatana.
Condujo por las atestadas calles de Los Ángeles en tiempo récord y consiguió aparcar media hora después frente a la casa de su niñez.

Pero algo llamó su atención...

La puerta principal de la casa estaba entornada.

—Qué raro... —murmuró para sí mientras salía del coche.

Con paso cauteloso subió los tres escalones de la entrada y antes de siquiera rozar la puerta empezó a escuchar gritos y a alguien llorando.

Con el pánico recorriendo sus venas, buscó su spray de pimienta en el bolso, maldiciendo entre dientes por no encontrarlo a la primera, y se dispuso a entrar de una vez.

El panorama con el que se encontró la dejó sin aliento por un segundo. Su madre lloraba desconsolada sentada en las escaleras del pasillo y un hombre alto tenía a su padre empotrado contra la pared. No hacía más que gritar "¡por qué, por qué!"

Empuñó el spray y se acercó hasta ellos.

—¡Déjale gilipollas! —gritó con todas sus fuerzas estirando el brazo lista para apretar el dispensador.
—¡Bella, no! —gritó Esme acercándose a ella para impedir que hiciera nada—. ¡Baja eso!
—Pero... Este hombre está...
—Bájalo... Es Edward.
—¿Edward? —susurró mientras bajaba lentamente el brazo y se acercaba más a él.

Edward había soltado un poco el agarre de su padre al escuchar su voz. Cerró los ojos pensando que su tono había cambiado un poco después de todos estos años; una lágrima de rabia y dolor descendía lentamente por su mejilla.

Se giró lentamente soltando el agarre de su padre, necesitaba verla. Necesitaba tocarla... Lo necesitaba todo. Pero sabía que tenía que esperar; ella merecía saber la verdad, pero él no le diría nada. No se atrevía...

Cuando por fin sus miradas se encontraron (,) Bella se llevó las manos a la boca en clara señal de sorpresa. Empezó a llorar sin emitir sonido alguno; ¿qué le había pasado a su hermano para presentarse así? Tenía el pelo mucho más largo y la barba poblada cubría su rostro. Pero no sólo eso la inquietó; una sombra oscura adornaba sus preciosos ojos. Esos ojos verdes que siempre la habían hechizado.

—Edward... —susurró.

Por un momento se olvidó de todo. Se olvidó de que sus padres estaban en esa misma habitación, se olvidó de que habían estado separados más de siete años y, definitivamente, olvidó que era su hermano cuando corrió hasta dejarse caer en sus brazos.

Ambos lloraban en silencio abrazados mientras sus padres los miraban sin saber cómo actuar. Apenas unas horas antes Charlie les había llamado explicándoles todo lo que había pasado, pero pensaban que tendrían más tiempo para prepararse, pensaban que primero podrían hablar ellos con Bella... Pero no iba a ser así.

Bella fue la primera en romper el silencio; levantó el rostro, sin separarse de él más de lo necesario, y tímidamente pasó los dedos por debajo de sus ojos, señalando sus marcadas ojeras.

—¿Qué estás haciendo aquí? —susurró sin apartar su mirada chocolate de él. Sintiendo por una vez que todo estaba bien, que todo era correcto, que era justo entre sus brazos donde necesitaba estar.

Él no pudo contestar; estaba totalmente emocionado y si abría la boca dejaría escapar el quejido lastimero que llevaba aguantando desde hacía rato. Simplemente se dejó acariciar, sentir sus dedos recorriéndole el consiguiendo que se relajara. Que la marea de emociones que llevaba sintiendo desde hacía horas se calmara, dando paso a un bajón anímico bestial.

—Ed... ¿Por qué le hacías eso a papá? —preguntó confusa con un poco más de voz. Un hormigueo se instaló en su pecho cuando sintió cómo su hermano alzaba sus manos para acunarle el rostro.
—No me corresponde a mí decírtelo, pequeña —susurró mientras se acercaba a su frente y depositaba un dulce beso—. Habla tú con ellos; ellos son los que te dirán qué pasa... Yo no aguanto más aquí —dijo mientras se separaba de ella por completo—. Me revuelve el estómago...
—Pero ¿de qué estás hablando? —preguntó extrañada mientras observaba cómo Edward se dirigía a la puerta—. Mamá, papá... ¿No vais a hacer nada?

Pero Carlisle y Esme no podían ni hablar; Esme lloraba y Carlisle abrazaba a su mujer con expresión furibunda. Charlie tenía razón, deberían haberle hecho caso siete años atrás, pero no quisieron remover el tema. Se negaron a considerar esa opción y ahora, frente a ellos, se presentaba la prueba de que sus hijos se amaban. Lo peor es que ambos vieron las señales y no las supieron o quisieron interpretar. Ambos sabían que entre ellos pasaba algo y no fueron capaces de sentarse con ellos a hablar. Eran unos críos... Y ellos no supieron hacerles reaccionar para que les contaran sus problemas.

Observaron impasibles cómo Edward atravesaba la puerta con los hombros hundidos, sin mirar atrás.

—¡Edward espera! —gritó Bella mientras le perseguía hasta la puerta.
—No Bella, déjale... —susurró Carlisle.
—¿Que le deje? —musitó atónita—. Lleváis años sin verle, casi te golpea ¿y me dices que le deje? —preguntó elevando cada vez más el tono.
—Ven Bella... Tenemos que hablar...
—¿De qué? ¿Qué ha pasado? ¿Por qué llora mamá? —preguntaba Bella ansiosa, deseando seguir a Edward y hablar con él.
—Ven hija —Esme se acercó hasta ella y la tomó de la cintura—. Será mejor que nos tomemos una tisana.
—No quiero tila —contestó mientras se zafaba del agarre de su madre—. Quiero que me digáis por qué Edward quería pegar a papá ¡y no voy a dar ni un paso más hasta que me digáis qué coño pasa!

Bella miraba a sus padres con enfado. Si Edward había vuelto después de tanto tiempo y sólo para armar bronca debía de haber una buena razón para ello.

—Edward se encontró a Charlie —comenzó a explicar Carlisle.
—¡No Carl! —Esme empezó a sollozar y a repetir su negación una y otra vez—. No, no, no...
—Estuvieron hablando y Edward se enteró de algo que debimos deciros hace mucho tiempo —siguió mientras sostenía a una Esme deshecha—, algo que habría permitido a Edward quedarse aquí, contigo...
—¿De qué mierda estás hablando papá? ¿Quién te ha dicho...?
—Edward se lo dijo a Charlie, y esta mañana Charlie nos lo ha dicho por teléfono a nosotros.

¿Edward lo había confesado? ¿Y por eso sus padres lloraban? Pero entonces… ¿por qué querría pegar a su padre?

—No entiendo nada... —musitó mientras se dejaba caer en la escalera en la que antes había estado sentada su madre.
—Nosotros no somos tus verdaderos padres, Bella... —dijo por fin Carlisle—. Alguien te dejó en nuestra puerta cuando eras un bebé.

Bella sintió cómo una bola de demolición chocaba contra su estómago haciendo que soltara el aire de golpe. Las lágrimas inundaron sus ojos y resbalaron por sus mejillas... "No puede ser... No puede..."

Su hasta ahora padre seguía hablando, explicando lo inexplicable, mientras su hasta ahora madre se había arrodillado frente a ella. Pero no escuchaba, no prestaba atención.
Las palabras engaño y decepción invadían su mente, pero algo mucho más importante consiguió que saliera de su ensimismamiento. No había incesto.

Sin decir una palabra se levantó y salió por la puerta. Detrás de ella escuchaba a Esme llorando implorando perdón y a Carlisle llamándola para que regresara, pero no. No quería hablar con ellos, no quería saber más; sólo necesitaba una cosa... Encontrar a Edward.

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Entró en aquella casa en la que había pasado tan buenos momentos con sus amigos. Estaba igual que siempre. Los dos sofás frente al antiguo televisor. La minúscula cocina americana con una vieja radio en la barra. Olía demasiado a ambientador.
Abrió las ventanas que daban al salón y entró en una de las habitaciones; despacio, recordando todos los momentos vividos. Con su hermana...

No sabía qué sentir, ni cómo tomarse aquello. Había estado a punto de enloquecer... De hecho, había enloquecido. ¿Cuántos años llevaba aguantando? ¿Cuánto tiempo estuvo negando lo que sentía por su hermana? Y es que, a pesar de no compartir genes, era su hermana, la seguía sintiendo como tal.
Su cabeza iba a explotar. Se incorporó hasta alcanzar la bolsa con las bebidas y sacó la primera que cogió. Whisky... No estaba mal para empezar.

Abrió la botella y le dio un trago bien largo. La verdad era que después de sus desfases en la facultad había dejado de lado el alcohol casi completamente pero, en este caso, se lo pedía el cuerpo. Lo necesitaba... Quería emborracharse, dejar la mente en blanco, olvidarse de que su vida y la de Bella había sido una farsa.

Bella… ¿Qué pensaría ella al enterarse? Porque para ser sinceros, era ella la que salía peor parada. Sus padres no eran sus padres ¿Cómo habían podido hacer algo así? ¿Por qué les habían ocultado esa información durante tanto tiempo?

Tantas preguntas sin respuestas…

Apuró otro trago y se dejó caer en uno de los sofás. Se puso a recordar cada momento vivido con ella. Aquél primer beso en la clase del instituto, su encuentro en la noria, en el baño, en la fiesta de Nochevieja...

Lloró.

Lloró de frustración, de rabia y de impotencia.

Lloró porque podía haber sido más valiente, haber contado lo que pasaba a sus padres... haber explicado que sentía una atracción enfermiza hacia ella. Pero no. Escogió el camino fácil... Huir. Huir de sus sentimientos, de ella...

Volvió a darle un trago a la botella; toda esta situación le superaba. Por que a pesar de que ya no tenía de qué preocuparse, no podía evitar pensar que se habían criado juntos, como hermanos... ¿Acaso eso era diferente a la situación actual? Sus sentimientos hacia Bella se habían despertado sabiendo que era su hermana, por lo que no dejaba de ser un monstruo, aunque ahora realmente no lo fuera.

Escuchó unos tímidos golpes en la puerta, pero ya había avisado a Sam que no quería que le molestaran, ni para cambiar las toallas. Así que sin hacer caso, volvió a empinar la botella e intentó ignorar aquel ruido.

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Era un presentimiento lo que la había llevado hasta allí, pero que le partiera un rayo si no había acertado.

Entró en la caseta donde sabía que Sam hacía guardia desde hacía mil años. Gracias a él y sus descuentos de personal toda la pandilla había acabado allí durante muchos veranos.

—Bella, qué sorpresa —la saludó enseñando su blanca dentadura.
—Hola Sam —devolvió una triste sonrisa—. Perdona que sea tan directa pero ¿has visto a Edward?
—Bueno... No sé...
—Vamos Sam. Es importante —tenía los sentimientos a flor de piel, por lo que en menos de un segundo sus ojos se tornaron vidriosos.
—¿Está todo bien? —preguntó Sam mientras buscaba la segunda llave de la casita—. La verdad es que no me ha gustado nada ver a Edward así...
—Necesito hablar con él Sam, es importante —atajó Bella sabiendo que Sam siempre se iba por las ramas.

Lo sabía, sabía que estaría allí. A su her... A Edward le encantaba la playa.
Tras dejar a Esme y Carlisle atrás, se montó en el coche y mientras se incorporaba al tráfico llamó a Alice por el manos libres. Cuando le dijo que no podría ir a dormir con ella y la razón casi le provoca a su amiga un infarto. Mientras hablaba y lloraba con su amiga consolándola al otro lado de la línea, decidió probar en Santa Mónica. Al fin y al cabo Edward siempre había preferido esa playa a cualquier otra de toda la costa Oeste.

Tras aquél intento de violación que sufrió por parte de Mike, todos vinieron a la playa para intentar pasar un verano tranquilo antes de los finales. Recordó cuando en ese mismo viaje Edward se enfadó con Jasper porque le dijo que le gustaba. Eso se lo confesó Alice al poco tiempo de que éste se fuera a Nueva York.

Era un pálpito. Debía estar allí… tenía que estar allí

Avanzó por el camino que conocía de sobra y se detuvo un segundo en la puerta de la tercera casita. No sabía qué decirle... Pero era él, siempre había sido él. Habían intentado pasar el uno del otro, olvidarse de lo que sentían, buscar en otras parejas; habían puesto miles de kilómetros entre ellos, pero no había dado resultado. Llevaba años deprimida, pensando que ojalá no formara parte de esa familia, y al final sus deseos se convirtieron en realidad... Tomó aire y llamó suavemente a la puerta.

Silencio.

Lo intentó de nuevo. Nada.

Cogió la llave que le había dado Sam y abrió la puerta. Lo que vio allí le partió el alma; el corazón comenzó a latirle frenético en el pecho y ahogó un gemido en su boca. Edward permanecía cabizbajo, sujetando la botella en una mano y en la otra aguantando su cabeza.

(N/A: os recomiendo escuchar Fix you de Cold Play)

Él no quiso girar la cabeza. Sabía quién era; su aroma había invadido la habitación en cuanto ella abrió la puerta.

Avanzó un paso y cerró la puerta tras de sí. Dios mío, no sabía qué hacer; temblaba de los pies a la cabeza. Entre ellos siempre habían sobrado las palabras, siempre se habían comunicado casi con las miradas, pero ahora había pasado tanto tiempo...

Se acercó sigilosamente hasta su posición y se agachó para arrebatarle la botella. Él no opuso resistencia.

Se acuclilló y sintió que el nudo en la garganta amenazaba con asfixiarla; las lágrimas habían hecho acto de presencia desde el momento que le vio, pero no se había dado cuenta de ello. Sin más inclinó la cabeza para obtener un contacto visual. Necesitaba mirar sus ojos. Esos ojos que tantas veces habían sido bálsamo para sus nervios. Los ojos que habían sido señal de sufrimiento durante el último año que estuvieron juntos. Demasiado había pasado. Demasiado se habían sacrificado.

Se acabó.

Se negaba a seguir así. Se habían enamorado siendo hermanos, pero ya no lo eran.

Se acabó.

Cogió su mano entre las suyas y besó sus nudillos. Ante el contacto Edward se rompió por dentro. Eran tantas las sensaciones, los sentimientos que le embargaban, que no pudo hacer otra cosa que volver a llorar. Lloró amargamente, gimiendo de dolor por todo lo que había pasado.
Bella clavó las rodillas en el suelo y rodeó su cabeza con los brazos; lo acurrucó sobre su hombro, acariciando suavemente sus largos cabellos. Llorando en silencio. Sintiendo cómo se rasgaba su alma por ver así a su amor...

—Edward —susurró en su oído—, para por favor...

Pero Edward no podía parar. Sentía una mezcla de liberación y angustia; y necesitaba sacarlo, necesitaba purgarse.

Observó la postura en que se encontraba Bella y la cogió de los codos para levantarla. Hizo que se acomodara en su regazo y se dejó consolar por la que hasta horas antes había creído su hermana. Ella no dijo nada más... Apretó su cabeza contra su pecho y siguió acariciando su pelo pausadamente mientras notaba su cálido aliento rebotar contra su escote. Hecho que le hacía estremecerse a cada exhalación.

Ella estaba con él; después del tiempo y la distancia volvían a estar juntos. Los sentimientos hacia ella que creyó dormidos en su alma despertaron con fuerza. La atracción, el deseo, la lujuria que en algunos momentos había sentido. No era algo sexual... Era vital... Se habían necesitado todo este tiempo para seguir viviendo. Volvió a sentir su corazón palpitar con fuerza, volvió a notar el nudo en el estómago por tenerla entre sus brazos. Tembló al notarla cerca, demasiado cerca... Como ahora.

Levantó la cabeza, más tranquilo, y se ancló en sus ojos. Observó como ella había estado llorando todo este rato; otro nudo esta vez en la garganta le impidió articular sonido alguno. Afianzó más su agarre en la cintura, evitando que se escapara de sus brazos. Ella sonrió dulcemente y le acarició su cara, limpiando a su vez la humedad de sus mejillas.
Casi sin pensar, él acercó su boca a la comisura de sus labios atrapando otra lágrima que impertinente quería alcanzar su boca. Este simple roce provocó que Bella soltara todo el aire de golpe en forma de jadeo...

Eran libres. Por fin eran libres de amarse si les daba la gana; no tenían por qué

preocuparse de nada más que de ellos. El sentimiento de culpa que les había perseguido durante años había abandonado sus corazones, dejándolos en total libertad para dejarse llevar.

—Todo este tiempo sin ti ha sido un infierno —susurró Edward mientras subía la cabeza y se acurrucaba en el hueco de su cuello. Aspiró su aroma y apretó el agarre en su cintura.
—Y sin ti... —dijo en el mismo tono mientras se movía ligeramente al sentir la barba de Edward rozar su piel.
—Dime... ¿Qué sientes?
—¿Qué siento? —preguntó mientras se separaba un poco para poder mirarle a los ojos.
—Si... Yo me siento engañado y un gilipollas cobarde a partes iguales —contestó mientras miraba a los ojos de Bella.
—Estoy confundida... La verdad que no he podido pensar con claridad, no puedo computar que mis padres no son mis padres. Ni me lo he planteado hasta ahora mismo.
—¿Entonces? —preguntó frunciendo el ceño.
—Lo único que he podido pensar desde que te he visto es que quería estar contigo. Que te necesitaba... Que no podía dejarte ir de nuevo —dijo sin levantar aún la voz mientras pasaba las manos por la cara de Edward, acunando sus mejillas y acariciando su barba con los pulgares—. Te he echado tanto de menos...
—Y yo a ti...

Tendrían que hablar. Tendrían que ponerse al día, saber lo que pensaban uno y otro de la nueva situación. Tendrían que hacer muchas cosas antes de ir más allá. Pero cuando Edward dijo esas últimas palabras mirándose a los ojos, ambos sabían que no esperarían más. Ambos pensaron que habían esperado lo suficiente.

Sus labios se encontraron a medio camino sin que ellos pudieran procesar el movimiento.
Sus bocas se abrieron y sus lenguas entraron en contacto casi en el mismo instante en que se rozaron. Sus corazones latían veloces al mismo compás mientras sus estómagos hormigueaban de excitación.

Y es que había pasado mucho tiempo desde la última vez que se saborearon, mucho tiempo desde la última vez que se pudieron tocar aún de forma clandestina, y ahora...

—Edward... —gimió Bella sobre su boca mientras notaba cómo él metía las manos bajo su camiseta.
—No me pidas que pare... —contestó ansioso besando su mandíbula, su cuello y volviendo a su boca.
—No pensaba hacerlo.

La electricidad que les rodeó fue tal que hubieran podido encender ellos solos un edificio de diez plantas.

Bella se quitó las sandalias y se acomodó a horcajadas sobre él haciendo que su falda se levantara hasta mitad del muslo. Mientras él seguía con sus manos bajo la camiseta acariciando sus costados, su espalda, ella habló.

—Sé que deberíamos hablar, asimilar todo esto. Pero ahora mismo lo único en lo que puedo pensar es en estar contigo. En tenerte... —confesó mientras desabrochaba lentamente los botones de su camisa— en sentirte. En terminar lo que empezamos aquella Nochevieja.

Edward miraba directamente a sus ojos, intentando ver algo de duda en ellos. Pero lo único con lo que se encontró fue determinación, la misma que lo invadió a él haciendo que cogiera el bajo de la camiseta y tirara de ella dejándola en sujetador, un sencillo sujetador de algodón blanco que le cortó la respiración. Su mirada se oscureció al encontrarse con sus pechos aprisionados a la altura de su cara. No, definitivamente ya no había vuelta atrás.
Deslizó las manos suavemente hasta llegar a ellos y apretó, provocando que su erección, que había empezado a despertar hacía rato, doliera al chocar contra la cremallera del pantalón.

—Te deseo Bells... Te deseo tanto que no creo que pueda ser tierno y delicado. Y tú te mereces que te dedique tiempo.

Colocó las manos sobre las de él apretándolas aún más contra sus pechos y se restregó descaradamente contra su miembro.

—No lo necesito tierno y delicado Ed —respondió con ojos brillantes, inclinándose sobre él y besándolo con fuerza.

Las pocas neuronas que aún funcionaban en la cabeza de Edward se fundieron al sentir la caliente intimidad de Bella, sólo tapada por las braguitas de algodón, restregándose contra su miembro.

Ansiosos, sus manos no paraban quietas en ningún lugar. Ella intentaba desabrochar el pantalón. Él su sujetador. Pero ninguno de los dos estaba logrando su cometido ya que lo hacían a ciegas; y es que bajo ningún concepto dejarían de besarse en un futuro cercano.

Harto del puto cierre del sujetador, pasó sus manos hacia delante y las coló por debajo de la tela para tocar por fin sus tetas. Apretó, tironeó y amasó mientras notaba el enloquecido vaivén que ejercía ella sobre sus ingles a la vez que sus lenguas imitaban a la perfección ese mismo movimiento.

—No puedo más —dijo mordiendo y tironeando de su labio inferior hasta hacerla gemir contra su boca. Subió del todo su fina falda de algodón hasta dejarla en su cintura y coló las manos bajo sus braguitas. Se encontró con su caliente humedad resbalando por sus dedos y eso terminó de desquiciarle.

Bella levantó sus caderas al notar cómo Edward con una mano intentaba liberar su erección y al mismo tiempo ella misma echó a un lado sus bragas.

Como si estuvieran totalmente compenetrados, él guió su miembro a su entrada al mismo tiempo que ella se dejaba caer sobre él.

Un gemido salió de la garganta de ambos al sentirse piel con piel. Separaron sus cabezas para poder mirarse a los ojos mientras ella comenzaba a cabalgarle sin piedad. Edward, con las manos ancladas en su trasero, la ayudaba impulsando sus caderas al mismo tiempo, propiciando un ritmo frenético.

Pero no era suficiente. La sujetó fuertemente del trasero y se dejó caer sobre la alfombra sin salirse de ella ni un segundo. Cuando la espalda de Bella tocó el suelo, colocó sus manos a ambos lados de su cabeza y comenzó a embestirla sin piedad, con desesperación. Aumentando el ritmo cada vez más, invadido por un total frenesí al saberse por fin dentro del amor de su vida. Excitado al máximo al observar sus ojos entrecerrados, su boca entreabierta, sus tetas botando en cada envite y las paredes de su vagina que se empeñaban en ordeñarlo, se derramó en su interior provocando con su caliente líquido el orgasmo de ella.

Una especie de rugido salió del pecho de él rompiendo el silencio de la sala al mismo tiempo que un quejido lastimero salía de la garganta de ella.
Las lágrimas resbalaban por sus sienes hasta perderse entre su pelo. Un sollozo solo fue el comienzo de muchos más que le siguieron.
Edward no estaba mucho mejor. El nivel de liberación había sido tal que la emoción lo había embargado. Pero, aún así no dejó de preocuparse por ella.

—Bells —susurró bajito mientras rozaba nariz con nariz— ¿Te hice daño princesa?

Ella no podía responder. No sabía por qué pero las palabras no salían de su boca. Así que respondió con su cuerpo, negando con la cabeza al mismo tiempo que apretaba sus piernas en la cintura de él.

No se movieron ni un milímetro. Depositaba suaves besos en su rostro, limpiando las lágrimas que encontraba a su paso, acariciando sus mejillas con los pulgares mientras ella acariciaba su espalda, sus hombros, sus brazos, intentando expresar con caricias lo que no podía decir con palabras.

No habían dejado de mirarse a los ojos, no habían dejado de estar íntimamente unidos en ningún momento. Necesitaban este momento, esta calma; sentir cómo sus corazones volvían a latir libres, felices.

Quizá pasaron unos minutos... quizá fue una hora, o más, pero fue ella la que hizo el siguiente movimiento. Arrastró las manos lentamente hasta su rostro y lo acercó a ella para besarle. Pasó tentativa la lengua por su boca al mismo tiempo que movía sus caderas contra él. Notó cómo su miembro comenzaba a endurecerse en su interior al mismo tiempo que su centro trataba de engullirlo. Pero Edward tenía otros planes.

—Para...
—No me pidas eso ahora —lloriqueó recuperando un poco el tono de voz—. Te necesito.
—Y yo —sonrió dejando un tierno beso en la boca—, pero no aquí. Agárrate fuerte —pidió mientras, sin salirse de su interior, le sujetaba del trasero y se incorporaba hasta quedarse de rodillas con ella encima—. Voy a hacerte el amor toda la noche Bells —prometió después de darle un beso incendiario—, pero de momento quiero una cómoda cama para poder comerte enterita.

Ambos sonrieron sin despegar sus bocas, prosiguiendo su beso al mismo tiempo que Edward terminaba de levantarse.
Le estaba costando horrores no empotrarla contra la pared más cercana y correrse de dos fuertes embestidas, pero esta segunda vez quería tomarse su tiempo, quería disfrutarla, quería que le disfrutara. Quería que fuese especial... Quería desfallecer enterrado en ella después de haber saciado a ese demonio interior que le martirizaba desde hacía siete años cuando, antes de cumplir los dieciocho, se dio cuenta de que estaba enamorado de su hermana.

Caminó con ella encaramada en él, sujetándola por el trasero y aún enterrado en ella, hasta llegar a una de las habitaciones, y se dejó caer despacio para no lastimarla. Siguió besándola, en su boca, en su cara, su cuello, al mismo tiempo que comenzaba su lento movimiento.

Se separó de ella un poco para mirarla bien. Y entonces supo que ya no se separaría de ella, que ya no había nada ni nadie que les impidiera estar juntos.

—Te quiero Bells —confesó con la voz entrecortada mientras se movía muy despacio—. Siempre te he querido y siempre lo haré.

Las palabras de su hasta ahora hermano, invadieron su alma como lava derramada de un volcán. Calentaron su cuerpo e hicieron que su corazón estuviera a punto de explotar de felicidad.

—Yo también te he querido siempre —susurró sobre sus labios antes de besarlo con desesperación.

Edward cogió una de las piernas de ella y la colocó sobre su hombro, provocando el gemido de placer de ambos al cambiar el ángulo. Entonces aceleró.

Los músculos del trasero de él se contraían y relajaban a un ritmo constante. Al mismo ritmo que se contraían y relajaban los músculos de la vagina de Bella.

Ambos habían dejado de besarse y se miraban a los ojos, intentando comunicarse sin hablar, intentando que el otro supiera que todo el dolor, la soledad y la desesperación que habían pasado en estos meses, habían valido la pena sólo por disfrutar de ese momento.
Lo alargaron todo lo que pudieron, pero el orgasmo les asaltó casi a los dos a la vez antes de que se dieran cuenta. Gritaron de placer. Gruñeron, jadearon... Pero lo que realmente valió la pena de ese momento fue la carcajada de completa felicidad que escapó de los labios de Bella. Carcajada que sí llegó a sus ojos, y que desembocó irremediablemente en la carcajada de Edward.

Por fin después de siete años ambos se permitirían ser felices.

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A la mañana siguiente Alice se presentaba en casa de su madre. Había quedado para comer con ella e ir de compras después de que Bella hubiera cancelado sus planes.

Estaban en la cocina tomándose un café cuando Reneé preguntó por fin.
—¿Y cómo es que Bella ha cancelado sus planes contigo? —preguntó curiosa su madre —. Siempre vais juntas a todo.
—Ay mami... No sabes lo que ha pasado —comentó con tono bajo y con rostro serio.
—¿Le ha pasado algo a Bella? —preguntó de pronto ansiosa. Aún recordaba aquel accidente de coche que tuvo dos años atrás.
—No... Bueno sí...
—Chiquilla habla, que me tienes en ascuas.
—Ella está bien; de hecho estoy convencida de que está mejor que bien... —aseguró intuyendo que su mejor amiga se estaría cobrando tantos años de separación.
—¿Entonces? —quiso saber mientras se llevaba la taza de café a los labios.
—Acaba de enterarse de que no es hija de Carlisle y Esme.

Renée dejó caer la taza casi sin darse cuenta, provocando un desastre de vajilla rota y café esparcido por la mesa de la cocina.


Bueeeeeeeno, pues ya están juntos ^^. En serio, no sabéis lo que me ha costado escribir 36 CAPÍTULOS SIN UN HOT EN CONDICIONES ENTRE ESTOS DOS! que se dice pronto...

Se que hay muchas lectoras fantasma, que por falta de tiempo o por pereza no comentan nunca... ¡pero creo que esta vez me he ganado un comentario! Aunque sea cortitito ;)

Recordad que vuestras palabras, tanto para alabar como para criticar son las que hacen que tengamos más o menos ganas de escribir ^^

Dicho esto, quería agradecer los comentarios de todas y cada una de vosotras. de las que dejais nombres y de las que no... Aunque a éstas no les puedo responder :(

Muchas gracias a todos por dedicar un ratito de vuestro tiempo a leer esta historia. Y mil gracias más a Nurymisu, Alysa Cullen, Pegn, DraBswan, Lilly Black Masen, xikita, Anaidam, anamart 05, ksts, yasmin cullen, Fanny Mars, Romi de Cullen, Diyola, Isa C, Smiletome, aea7, jamlvg, Anonybones, Camille Weasley, Camille Frost, Faty21, Eydi Swan, Jummy 1206, Soles, illiam, ely, ludgardita, cristina 2390, rousbella, lapteagalaxy, Rafaela monteroso, Pxa, Judy Cullen, vanesscsb, , Bella NyXH, Cami Sandoval y luna whitlock, mariajose, caritofornasier y Ale Cullen por dejar sus comentarios y hacer que me salga una sonrisa ^^

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Y no penséis que ya no queda nada que contar en esta historia... faltan saber algunas cosas que hemos dejado de lado.

¿Cuando va a saber la verdad de sus padres Bella?

¿Qué pasó con Ángela y Jake?

¿Y con Esme y Carlisle?

Y muchos más encuentros entre los no mellizos ;)

¡Nos leemos! ^_^